#ZNCine – Dragonball Evolution, de James Wong

En nuestro apartado de retro-críticas hoy abordamos un espinoso asunto: la adaptación a la gran pantalla de la obra de Akira Toriyama dirigida en 2009 por James Wong

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Dirección: James Wong.
Guion: Ben Ramsey y James Wong (Manga: Akira Toriyama).
Música: Brian Tyler.
Fotografía: Robert McLachlan.
Reparto: Justin Chatwin, Chow Yun-Fat, Emmy Rossum, James Marsters, Joon Park, Eriko Tamura, Randall Duk Kim, Jamie Chung, Ernie Hudson, Luis Arrieta, Texas Battle, Richard Blake, Shavon Kirksey, Julian Sedgwick, Megumi Seki.
Duración: 90 minutos.
Productora: 20th Century Fox, Dune Entertainment, The Star Overseas.
Nacionalidad: Estados Unidos.

Aviso de Spoilers: El artículo que sigue a continuación destripa por completo el argumento, la trama y a los responsables (aunque no literalmente) de Dragonball Evolution, por lo que si estabas pensando en ver y “disfrutar” de este auténtico atentado al buen gusto te recomendamos encarecidamente que aproveches tu tiempo libre en algo mejor.

“No estoy preparado para esto.”

Hay veces que hablamos muy felizmente de malas adaptaciones, nos cebamos con las producciones de Zack Snyder, le damos caña a la cansina fórmula de Marvel Studios, nos ponemos exquisitos con propuestas ligeras como La vieja guardia… Pero, en realidad, todos somos conscientes que pese a las limitaciones como adaptaciones de muchas películas basadas en cómics, eso no las convierte necesariamente, y en consecuencia, en malas producciones. La cosa cambia cuando se juntan una mala adaptación y una mala película en un mismo producto. En ese sentido, hay una frontera que nunca jamás se debería traspasar: Dragonball Evolution. Este filme dirigido en 2009 por James Wong es la ecuación perfecta del anti-cine y una de las adaptaciones más desastrosas de la historia del cine. Esta retro-crítica podríamos terminarla en este justo momento y ya estaría todo dicho, pero dado que para esta publicación me he obligado a revisionar la totalidad de esta cinta, prefiero compartir mi desasosiego y contrariedad con todos vosotros.

Lo que mal empieza…

Esta historia comienza en 2002 cuando 20th Century Fox se hace con los derechos de Dragon Ball para realizar una adaptación a la gran pantalla. Ni siquiera en Japón se han atrevido a realizar un live action de la obra de Akira Toriyama hasta la fecha, aunque hay dos versiones no oficiales rodadas en Tailandia y Corea del Sur. La primera tiene por título Dragon Ball: La Magia Comienza (1989) del director Ryong Wang; los que tenéis algunos años más de la cuenta recordáis haberla visto alguna vez en el videoclub del barrio. La otra producción es más desconocida, aunque tiene un tono similar: Dragon Ball:¡Goku Lucha! ¡Goku Vence! (1990) de Wang Ryong. Las dos cintas se centraban en los acontecimientos relativos a las primeras aventuras de Goku en el manga original y lo único que podemos valorar de ellas es su entusiasmo porque no atesoran ningún tipo de valor cinematográfico más allá de su simple existencia. No obstante, estás producciones son más respetuosas con la obra original de Toriyama que la presente DragonBall Evolution. Ni punto de comparación.

Las señales de que nada bueno podía salir de Dragonball Evolution estuvieron siempre a nuestro alcance. La primera, y más evidente, la implicación de 20th Century Fox en un proyecto de este tipo. No habla el rencor, pero esta productora nos había “deleitado” en esos años con el estreno de fiascos como Daredevil (2003), Elektra (2005), Los 4 Fantásticos (2005), X-Men: La decisión final (2006) y, especialmente, la posterior X-Men Origenes: Wolverine (2009), entre otras. Si había una productora capaz de hacer la peor película posible de la obra de Akira Toriyama esa era la histórica compañía fundada en 1935 por Joseph M. Schenck. Si hubo alguna decisión acertada que los productores de 20th Century Fox tomaron con la cinta seguramente no fue idea suya. Sin embargo, son los únicos que no han levantado la voz en todo este tiempo mientras guionistas, actores y responsables técnicos han renegado de este engendro cinematográfico y criticado muchas decisiones tomadas por el estudio en su día.

El director James Wong todavía está maldiciendo el día que aceptó esta oferta de trabajo. El cineasta venía de rodar Destino Final 3 y producir con éxito el remake de la película de terror de 1974 Black Christmas. Dragonball Evolution podría haber sido la oportunidad para acabar de lanzar su carrera (y realmente lo fue, aunque no en la dirección esperada). Wong no ha vuelto a dirigir una película desde el estreno de su versión del universo Dragon Ball, aunque ha intentando reconducir su carrera al mundo de la televisión donde ha colaborado en productos fallidos como Tower Prep y The Event y en la resurrección en 2016 de Expediente X. No se conocen en la actualidad próximos proyectos para este cineasta que llegó a afirmar hace unos años que antes de hacerse cargo de la adaptación de Dragon Ball a la gran pantalla desconocía la obra de Akira Toriyama. Pero en 20th Century Fox debieron de pensar que la procedencia asiática de Wong lo hacía ideal para una propuesta de este calibre, al fin y al cabo esto no era más que otra historia de artes marciales. Sabemos que Wong se leyó el manga para preparar su película, la cuestión es si lo hizo algún ejecutivo de la Fox.

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También hay que admitir que el escaso presupuesto de 30 millones de dólares que le ofrecieron a Wong pocos milagros se podían hacer. Pensemos que adaptaciones como la primera Iron Man de Jon Favreau y Batman Begins, la primera entrega de la trilogía de Christopher Nolan sobre el Caballero Oscuro -estrenadas ambas cuatro años antes de Dragonball Evolution– tenían un presupuesto cercano a los 150 millones de dólares. Y hoy se podrían consideradar modestas para lo que una superproducción de este tipo puede costar. Un universo como el de Dragon Ball, asentado en unas claves de ciencia ficción como las que presenta la obra original, y con una historia cercana al cómic de superhéroes, necesitaba de una inversión de partida mucho mayor. Eso obligaba a Wong, y al encargado de las coreografías del filme, supuestamente Stephen Chow, a recurrir a técnicas clásicas del cine oriental que en Hollywood habían pegado fuerte unos años antes con el éxito de Matrix de las Wachowski y la posterior Tigre y Dragón de Ang Lee.

La maldición de las bolas

Pero a finales de la primera década del siglo XXI esta influencia empezaba a perder fuerza y, definitivamente, no encajaba en una historia como Dragon Ball de la cual sus aficionados tenían el vivo recuerdo de sus sobrehumanos combates. Sin embargo, esto explicaba la inclusión en el reparto del filme del actor Chow Yun-Fat que de forma inesperada interpretaría al mítico Muten Roshi. Esta era la cara más conocida de un reparto en el cual el canadiense Justin Chatwin encarnaría a Goku, aceptando un papel que estaba destinado a consolidar su salto al estrellato. Pero, después de haber compartido plató en 2005 con Tom Cruise en La guerra de los mundos de Steven Spielberg, Chatwin se vería relegado después de Dragonball Evolution a su participación en series como Shameless y Orphan Black y producciones de bajo perfil como Poor Boy, No Stranger Than Love y The Assassin’s Code. Este es el mismo caso de Emmy Rossum, actriz seleccionada para interpretar a Bulma, que después de participar en proyectos como Mystic River, El día de mañana y El fantasma de la Opera, la adaptación de Dragon Ball no supuso precisamente un revulsivo para su carrera.

Ese mismo revulsivo es el que buscaba el actor James Marters que había ofrecido los mejores años de su carrera -entre 1997 y 2004- interpretando a Spike en las series de Buffy Cazavampiros y su spin-off Angel. En la producción de James Wong el estadounidense fue seleccionado para interpretar al villano de la función: Piccolo. Esto le obligó a llevar unas prótesis y maquillaje que en perspectiva parecían algún sobrante de las series del buffyverso de John Whedon que el actor se había llevado al rodaje de Dragonball Evolution. Precisamente, respecto al presupuesto de la cinta, Marters hizo unas declaraciones hace unos años en las que contaba que al firmar el contrato para el proyecto le habían asegurado que Dragonball Evolution sería “una película de 120 millones de dólares y que Steven Chow estaba en la producción.” Pero cuando el actor llegó a Durango para iniciar el rodaje el presupuesto se había reducido a 30 millones de dólares. “Además Steven Chow solo estaba en el papel para engañarnos a ir a Durango”, aseguraba Marters.

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En el reparto también destacaban los roles de Jamie Chung como Chi-Chi, Park Joon-hyung encarnando a Yamcha, Eriko Tamura en el papel de Mai y Randall Duk Kim como Gohan, el abuelo y maestro de Goku. El único nombre del elenco que ha logrado salir -relativamente- adelante, y hacerse un hueco en el cine de Hollywood, ha sido Jamie Chung que ha colaborado posteriormente en producciones como Sucker Punch, Big Hero 6, Sin City: A Dame to Kill For y X-Men: Días del futuro pasado. Puede que tengamos que empezar a acuñar a partir de ahora el concepto “la maldición de las bolas” asociada a Dragonball Evolution; a fin de cuentas, hay producciones que por mucho menos tienen su propia leyenda negra. Y esta no solo se ha cebado con su reparto y su director, a parte del revés económico que supuso para la productora, sino también con su principal guionista Ben Ramsey que definió el libreto de la película a cuatro manos junto a James Wong.

Previamente a Dragonball Evolution, Ben Ramsey había trabajado como actor en algunas olvidables producciones de finales de los noventa y había escrito el guion de Equipo Mortal, filme dirigido en 1998 por Kirk Wong (su tercer y último largometraje hasta la fecha) con un Mark Wahlberg protagonista que venía de sacársela -nunca mejor dicho- en la Boogie Nights de Paul Thomas Anderson. En 2016, Ramsey pediría perdón a los aficionados de Dragon Ball por su responsabilidad en la cinta de 20th Century Fox. El guionista describía la película como “una mancha creativa” en su carrera y reconocía que era desgarrador haber participado en una obra “tan vilipendiada a nivel global”. Pero al inicio del proyecto, 20th Century Fox estaba tan convencida del éxito que tenía en mente una trilogía y había dado luz verde a un videojuego basado en la película para la consola portátil PSP de Sony. Las críticas lo destrozaron y, obviamente, la propuesta no tuvo ningún tipo de continuidad.

El propio Akira Toriyama se mostró receloso de la producción de James Wong, aunque antes de su estreno ánimo a sus aficionados a verla pensado en ella como “una versión alternativa de Dragon Ball”. En 2013, con la polémica muerta y enterrada, sin posibilidad de resucitar gracias a Sheron, el mangaka se permitió ser más claro y aportar algún detalle. Toriyama recordaba que al leer el guion “tenía muy poco parecido con el mundo y sus características (de Dragon Ball).” El creador de Goku y compañía sugirió cambios a sus responsables, pero simplemente le ignoraron. “Era una película que no podía llamar Dragon Ball y que no cumplió mis expectativas”, concluye Toriyama en unas declaraciones al diario japonés Asahi. Llegados a este punto empieza a ser difícil encontrar algo positivo derivado de la existencia de Dragonball Evolution, pero al parecer el equipo de producción y reparto tuvieron la iniciativa en su día de sembrar algunos árboles en la zona de Durango donde se rodó el filme y este punto no lo podemos considerar negativo.

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En las entrañas de la evolución

¿Puede que estemos juzgando injustamente esta producción y no hayamos sabido apreciar sus verdaderos valores? ¿Los 17.869 votos en Filmaffinity que le otorgan a esta película un 1,6 de media están equivocados? ¿Son las 15 críticas favorables que hay en esta misma web a Dragonball Evolution -de una total de 374- las únicas que están apreciando la cinta en su justa medida? La verdad es que comentarios como “la pelí mola mogollón, goku maneja, y Piccolo es dios”, “si hubiese sido anterior a los dibujitos nadie se acordaría de ellos” y “las chavalas que salen están muy buenas”, claramente te hacen ver la producción desde otro punto de vista. Luego están quién se curra más su crítica, aunque la debe haber pegado en la ficha de la película equivocada porque de referirse a Dragonball Evolution no se entiende un comentario como el presente: “la película no es el bombardeo de efectos especiales tan habitual en el cine últimamente y eso la hace mucho más agradable de ver porque el peso de la película recae en los actores y no en la espectacularidad de los efectos.”

Llevamos ya rato despotricando de todo y todos, pero realmente aún no hemos entrado a analizar los valores intrínsecos de la película. Estábamos intentando retrasar el trance, pero toca afrontar el tema. Si volvemos a Filmaffinity esta es la sinopsis del filme que encontramos: “cuenta la épica aventura de un joven que descubre su destino: salvar al mundo de las fuerzas malvadas. Como regalo de su dieciocho cumpleaños el revoltoso Goku recibe una misteriosa Bola de Dragón. Sólo existen seis más y se dice que al unir las siete cualquier deseo puede ser concedido a quien las posee.” Siendo justos, a priori no vemos ningún problema con este punto de partida, vemos que Goku es mayor que cuando empieza su aventura en el manga, pero eso no debería suponer un gran problema. Lo que provoca más repelús es la aparición de la palabra “destino”. Desgraciadamente, nada más empezar la película nuestros temores se confirman cuando se empieza a hablar de señores de la guerra, elegidos y otras mandangas.

En una introducción con voz en off se nos habla de una amenaza que en el pasado estuvo a punto de destruir la Tierra: Piccolo. ¡Y este contó con la ayuda de un discípulo llamado Ozzaru! Finalmente, un grupo de guerreros consiguió detener a Piccolo gracias a una técnica secreta llamada Mafuba y Ozzaru desapareció. En mi larga experiencia, todas las películas que comienzan haciendo referencia a un pasado remoto, una lucha ancestral entre el bien y el mal, bla, bla y más bla, tienen muchas papeletas para ser un auténtico bodrio. Si los responsables de esa producción son incapaces de introducir la mitología de su historia de una manera orgánica sin darnos la chapa en los primeros minutos de la cinta algo está fallando. Pero lo más destacado de este punto es como Dragonball Evolution liga de manera torticera el destino del héroe y el villano -algo muy habitual en las adaptaciones superheroicas desde el Batman de Tim Burton– lo que a larga provoca toda una serie de contradicciones y preguntas incómodas que se podrían haber evitado.

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Si se hubiese querido relacionar de esta forma al héroe y el villano de la cinta la historia original de Dragon Ball lo dejaba muy fácil: habría bastado con adaptar la saga de los guerreros del espacio. Pero, admitamos la licencia creativa, asumamos que estamos hablando de dos medios distintos y que una adaptación literal podría caer en el ridículo. Sí, esos manidos mantras que muchos cinéfilos tienen que repetir una y otra vez para autoconvencerse y/o justificar que les guste una adaptación que no tiene nada que ver con su original. Pasada esta introducción chusquera -no tanto por lo que cuenta sino porque ya evidencia una carencia de presupuesto preocupante- hace acto de aparición nuestro protagonista. Lo encontramos entrenando con su abuelo sobre las cuerdas de tender la ropa. Son Gohan le transmite a su nieto una sabia enseñanza que nos suena a otra película: “la primera regla es que no hay reglas”. La escena de lucha pretende ser simpática y nos muestra a Goku a cámara lenta con una cara de auténtico meme que parece una referencia a Hora de Aventuras (comparad una y otra). El ridículo enfrentamiento acaba con Goku por los suelos.

Está claro que esta manera de acercarse a la acción no encaja con lo que conocemos de Dragon Ball, un manga que si destacaba por algo era por el dinamismo y el ritmo vertiginoso de sus combates. El que Dragonball Evolution recurra a coreografías con cables y actores con escaso bagaje en estas lides no fue precisamente una buena decisión. Pero más sagrante resulta el retrato de un Goku, no tanto por sus características físicas -las de un estudiante de instituto estadounidense medio- sino por su personalidad que parece un troleo intencionado en toda regla a los aficionados al manga y el anime originales. Este Goku no tiene interés en las artes marciales y lo que necesita de su abuelo es que le ayude a “conseguir una chica”. ¡Lo han clavado! Y ya no mencionemos la forzada manera de intentar convertir al personaje es un outsider víctima de acoso por parte de los habituales matones de instituto. Por supuesto, Goku está pillado de Chi-Chi, su compañera de clase y es tan tímido e inepto intentando relacionarse con el sexo opuesto que ella se acaba fijando en él. Estaría bien ver una secuela de esta historia en plan Cobra Kai dentro de unos años.

Entre tontada y tontada, descubrimos que Piccolo está de vuelta aunque nunca llegamos a saber cómo lo ha logrado ni que intenta reuniendo unas bolas de dragón que en la primera parte de la película no parecen interesar al argumento. Además, esa casi extinción de la raza humana estuvo a punto de producirse hace 2000 años. ¿Hemos de asumir que entonces ese Ozzaru que se menciona como discípulo de Piccolo era Goku? ¿Era otro guerrero del espacio? No lo sabemos, pero nos podemos consolar pensando que tampoco lo saben el guionista y el director de Dragonball Evolution. Aunque esto no es nada en comparación a ver a Piccolo arrasar una ciudad entera con unos efectos especiales de mierda. Llegados a este punto puede que encontremos la única escena que justifica esta producción, una frase en boca de Chi-Chi. El personaje encarnado por Jamie Chung descubre que Goku tiene unos poderes increíbles y este intenta ocultarlos cual superhéroe montonero. Entonces, Chi-Chi se sincera: “Que me llame Chi-Chi no significa que sea idiota”. ¡Magistral! Tanto como las escenas románticas entre ella y Goku a lo largo de la película. No olvidemos además que Goku es una especie de elegido, porque si tenemos dudas los responsables de la película nos lo remarcan con las visiones que el personaje va teniendo a lo largo de toda la producción. Es la manera definitiva de convertir a un atípico héroe japonés, en un convencional chico de la profecía.

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En un momento de la trama el abuelo de Goku es asesinado por Piccolo, por supuesto el dramatismo y emotividad de esta escena se encuentran fuera de cobertura. En sus últimas palabras, Gohan le revela grandes cosas a su nieto y le pide que busque a su maestro Roshi para salvar el mundo. Goku se dispone a emprender su misión, pero antes entierra a su abuelo al lado de casa (lo cual en este mundo alternativo de Dragon Ball queda un poco raro porque el personaje no vive realmente aislado de la civilización). Goku además encuentra un maletín que al abrirlo brilla con la misma intensidad que el que aparecía en Pulp Fiction, aunque en este caso sabemos que contiene: un uniforme que no se ha ganado. En ese justo momento, entra en escena Bulma alias Lara Croft, hay un pequeño rifirrafe y pronto se llega a un acuerdo en beneficio de las dos partes para encontrar las “esferas de Prometio”. El retrato de Bulma no entraña mayores problemas respecto a su homólogo de la ficción, aunque se hubiese agradecido que los productores abriesen un crowdfunding -si el tema era problema de presupuesto- para poder teñir por completo de azul el cabello a Emmy Rossum.

Las desventuras de la pareja le lleva hasta la famosa Kame House que aquí está a las afueras de la ciudad en un socavón. La verdad es que detalles como este hacen que parezca que toda la acción de la película transcurre en un área bastante reducida. Cosa que confirma la facilidad con la que los protagonistas encuentran las bolas de dragón, algo que no favorece precisamente el sentido de la aventura de la cinta. Por otro lado, hay que reconocer que Chow Yun Fat parece pasárselo en grande interpretando a Roshi, aunque el parecido con el personaje original apenas pasa de sus camisetas hawaianas. Este cambio, como del de Bulma, tampoco supondría un gran problema en una adaptación que al menos fuese capaz de brillar en algún apartado y tuviese claro lo que quiere contar. Los personajes van deambulando por un mundo muy poco cohesionado, más bien parece que los actores se vayan moviendo de una parte del plató a la otra sin molestarse en poner conectores y sin tomarse en serio lo que está contando.

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Una buena prueba de ello es la aparición de la versión poligonera de Yamsha que intenta timar a los protagonistas para un par de escenas después estar super implicadísimo en su misión. En la escena que se encuentran con él, Goku, Bulma y Roshi han caído en un hoyo en mitad del desierto y Yamsha se niega a ayudarles sino hay una compensación previa. La cuestión es que dicho hoyo no es tan alto y profundo como para suponer un problema para Goku y Roshi, en escenas anteriores hemos comprobado que son capaces de hacer cabriolas y saltos mucho mayores. Pero por alguna extraña razón -y teniendo en cuenta que el mundo se puede ir al garete en cualquier momento- el profesor y el alumno más tontos de la historia del cine prefieren desperdiciar horas en el hoyo esperando a saber qué aparición mariana. El ridículo se confirma cuando en un momento dado Roshi cansado de esperar da un salto sin apenas esfuerzo y sale del hoyo para enfrentarse a Yamsha. ¿A qué ha estado jugando el guionista mientras estaba escribiendo esto?

Las escenas absurdas no dejan de sucederse a medida que avanza la película. Unos “masillas” creados por Piccolo se enfrentan a Goku y compañía en el interior de un volcán y como si esto fuese un juego de Super Mario Bros. nuestro héroe no tiene mejor idea que coger los cadáveres de sus enemigos y tirarlos a la lava para pasar dando saltos sobre ellos. En mitad de todo esto Goku tiene tiempo para entrenar con Roshi para apagar velas con el Kame Hame. Por su lado, Mai -la poco habladora secuaz de Piccolo- también tiene tiempo libre y decide asistir a un torneo de artes marciales en el que participa Chi-Chi, robar su sangre y hacerse pasar por ella para seducir a Goku y robarle su bola de dragón. ¿Se puede saber para qué organizar plan tan rebuscado por parte de Piccolo que al principio de la cinta muestra que es capaz de destruir una ciudad entera con tan solo un puñado de efectos especiales penosos? El ver posteriormente a Goku esforzarse por sortear una vulgar columna de fuego acaba por dejar claro que los responsables de Dragonball Evolution no tienen muy claro el nivel de poder de sus personajes ni la manera de desarrollar la mitología asociada a esta historia.

En esta producción se establece que para convocar al dragón Shenron hay que reunir las bolas de dragón en el llamado Templo del Dragón, una argucia que parece que solo tiene como motivación trasladar a los personajes al desierto en el clímax de la historia. Piccolo les lleva la delantera y cuando empieza la confrontación parece ser que Goku no ha tenido mejor momento para ponerse el puto chándal que mientras su enemigo está a punto de conseguir su objetivo. Se produce un eclipse y Goku se convierte en una especie de hombre-lobo que en nada se parece al simio monstruoso en el que los guerreros del espacio son capaces de convertirse. Seguimos tampoco sin saber porque Goku bajo esta transformación obedece las órdenes de Piccolo. ¿Pero a quién le importa nada habiendo llegado a este punto de la película? Finalmente, todo se resuelve por el poder de la fe, algo que cualquier aficionado a Dragon Ball sabe que siempre ha caracterizado a Son Goku. Lo de volver a su forma normal y tener nuevamente el uniforme impoluto y dispuesto para la foto mejor ni comentarlo.

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La batalla entre Piccolo y Goku no es apta para estómagos sensibles, ni para nadie que aprecie el cine por sus valores artísticos. Si queréis ver una batalla de Dragon Ball bien recreada podéis ver esas joyitas que muchas veces hacen los fans en Youtube o darle un repaso al final de Matrix Revolutions, con ese monumental enfrentamiento de Neo y el Agente Smith tan deudor de Dragon Ball. La escena acaba con un bonito happy end en el que Goku consigue a la chica y comen perdices y esas cosas. Mención especial a la escena postcréditos en la mejor tradición de Marvel Studios en la que vemos al pobre Piccolo en cama con su informe y siendo atendido por una desconocida, una escena tan ridícula que solo le falta un gorro de dormir y una frase final en plan “para comerte mejor”. Por fortuna, hoy podemos asegurar que no hay ni habrá secuela de Dragonball Evolution, pero tened presente que tal como están las cosas aún no nos hemos librado de un posible “director’s cut(re)”

Conclusión

Tenéis que perdonar que no hayamos destripado en su totalidad Dragonball Evolution, pero recrearse en demasié en este tipo de contenidos no puede conducir a nada bueno. La conclusión que podemos sacar de esta retrospectiva -que habréis de admitir que está más currada que la película – es que la cinta dirigida por James Wong era un proyecto que desde sus propios orígenes ya hacía aguas. Es la mejor muestra de una época en que las productoras como 20th Century Fox manejaban las adaptaciones de cómic a la gran pantalla con un nulo respecto al material original, presuponiendo que provenían de un medio de segunda fila y que era fácil con unos cuántos retoques mejorar la propuesta original. El aficionado no era una parte importante en este proceso, ni tampoco había una mentalidad de futuro y plan a largo-medio plazo para explotar de forma conveniente las franquicias que caían en su poder. Era una manera de ganar dinero rápido con licencias que se podían desechar una vez ya se habían exprimido, pero siempre pensado en el antiguo modelo de trilogías.

Esto se suma a la nula visión que ha tenido Hollywood a lo largo del tiempo para abordar sus adaptaciones procedentes del mundo del manga. Los fracasos de El Puño de la Estrella del Norte (1995), Speed Racer (2008), el remake de Oldboy (2013), Ghost in the Shell (2017), la versión de Death Note (2017) producida por Netflix y Alita: Ángel de combate (2019), vienen a atestiguar una difícil relación entre este tipo de productos y el interés del público por ellos. No todas ellas son malas películas, incluso alguna es una adaptación con puntos meritorios, pero los universos que retratan tienen en sus obras originales matices muy difíciles de reproducir. El fracaso de estos productos responde en parte a la incomprensión por parte de occidente de las particularidades de la cultura japonesa; sus historias, sus héroes y su forma de hacer las cosas necesitan de responsables que sepan reconocer sus virtudes. Pero de lo que podemos estar seguros -y eso supuestamente es un motivo para la esperanza- es que difícilmente ninguna adaptación a la gran pantalla basada en un manga podrá tener unos peores resultados que la presente Dragonball Evolution.

Dirección: James Wong. Guion: Ben Ramsey y James Wong (Manga: Akira Toriyama). Música: Brian Tyler. Fotografía: Robert McLachlan. Reparto: Justin Chatwin, Chow Yun-Fat, Emmy Rossum, James Marsters, Joon Park, Eriko Tamura, Randall Duk Kim, Jamie Chung, Ernie Hudson, Luis Arrieta, Texas Battle, Richard Blake, Shavon Kirksey, Julian Sedgwick, Megumi Seki.…

VALORACIÓN GLOBAL

Dirección - 2
Guión - 2
Reparto - 3
Apartado visual - 1
Banda sonora - 4

2.4

Infracine

Dragonball Evolution es una decálogo de todo lo que no se debe hacer al abordar una adaptación de cómic a la gran pantalla. La propuesta falla de raíz a causa de la visión de una productora como 20th Century Fox que a lo largo de este siglo ha demostrado una gran incompresión por este tipo de productos. La cinta inspirada en la obra de Akira Toriyama náufraga en todos los aspectos, convirtiendose en la peor adaptación de Dragon Ball con diferencia, tanto si hablamos de las versiones apócrifas vistas en algunas películas asiáticas, como si incluimos producciones como El hombre de acero de Zack Snyder y Matrix Revolutions de las hermanas Wachowski.

Vosotros puntuáis: 8.8 ( 100 votos)
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ultron_ilimitado
ultron_ilimitado
Lector
18 septiembre, 2020 11:23

Entre Blueberry y esta deberíais crear una sección dedicada a los grandes truños de la historia del cine. XD Sobre esta peli recomiendo la crítica sosegada de Loulogio, que es mejor que la propia película.

Justiciero Desmesurado
Justiciero Desmesurado
Lector
18 septiembre, 2020 14:19

Quizá la película le gusto al director de casting de Shameless viendo que dos de sus actores acabaron allí , tanto el prota como Emmy Rossum (y ella estupenda además).
 
En cuanto al presupuesto esta claro que es muy bajo para una película que requiere una superproducción y es mal punto de partida, pero es mucho peor el hacer las cosas con muchísima falta de ganas. Eso es falta de profesionalidad.
 
Pero el tema que quería comentar es que si vais a hacer más reseñas de películas como esta (no la he visto ni pienso hacerlo jamás) deberíais suscribir algún tipo de seguro medico para posterior tratamiento psiquiátrico y/o psicológico debido a los traumas que os pueda dejar los visionados de estos engendros.

JuliusBCK1
JuliusBCK1
Lector
18 septiembre, 2020 15:40

En mi opinion el producto de Dragon ball que mejor funcionaria en la pantalla grande es el episodio especial de Bardock.
Creo que el tono oscuro que tiene pegaría con peliculas actuales de ciencia ficcion como prometheus, the arrival o la futura dune. Ojo, hablo solo de adaptar la historia de bardock, no el resto del manga\anime.

Itano_Circus
Itano_Circus
Lector
En respuesta a  JuliusBCK1
20 septiembre, 2020 16:11

Quita, quita. En pantalla grande que sigan sacando las pelis de animación tradicional; que además, a Broly le fue muy bien en taquilla.

Dr Kadok
Dr Kadok
Lector
18 septiembre, 2020 23:01

Jajaja que buena reseña, seguro un millón de veces mejor que la reseñada…la verdad nunca me animé a ver ni un segundo, mi hermano menor que si agarró toda la moda acá en Argentina a pleno (a mediados de los ´90 lo pasaba Magic Channel, yo ya estaba en la secundaria totalmente en otra) fue ilusionadísimo al estreno y me dijo que se quería arrancar los ojos y hacerles un hame hame ha. Los admiró por el visionado, ahora vean al oftalmólogo…o al psiquiatra!!!

Jose Gomez
Jose Gomez
Lector
19 septiembre, 2020 0:40

Inmejorable esta reseña, chapeau.

Aunque me temo que has tentado feo al destino con eso de decir que ninguna otra adaptación de manga o anime podría ser peor.

Ziggy
Ziggy
Lector
19 septiembre, 2020 2:14

Oh., como me he reído leyendo esta reseña. Parece que en efecto esta película fue una suma de malas decisiones que acabo con varias carreras, lo cual no deja de ser lamentable. Pero siempre se puede volver.
Por cierto, ¿Habrá alguna reseña de Mulan pronto? ¿O ya la hubo y se me pasó?

Ziggy
Ziggy
Lector
En respuesta a  Jordi T. Pardo
19 septiembre, 2020 19:35

Hay alternativas… que Jack Sparrow recomendaria. No sugiero nada, solo comento.
En cualquier caso, por la critica de los canales que he visto, parece que la version actual de Mulan es la antitesis de la animacion original y cuyo fallo, es el mismo del que describiste para esta otra pelicula: no entender la franquicia

Dr Kadok
Dr Kadok
Lector
En respuesta a  Ziggy
19 septiembre, 2020 20:37

Acabo de verla y te puedo hacer la mía: no se si la antítesis, pero definitivamente el mensaje, bien disney pero ligeramente original en su momento, es lo más distorsionado (e igualado con frotacho a toooodas las pelis de los últimos años): en la de dibujitos Mulan destacaba porqué era más viva que todos los tipos. Acá destaca por que es Jean Grey, o en otras palabras más fuerte que todos (otra vez…). Insertaron a la hechicera de la peli de Red Sonja que se convierte como David Bowie en Laberinto…y termina con mensaje a lo “vivas nos queremos, lucha por nosotras”, cuando era la más mala de todas…en vez de un ejercito “pseudomongol” tenemos un ejercito “pseudoárabe”!!! (los malos en EEUU no cambian)Y así, y así. Increiblemente muuuucho más bolacera que la original. Que se yo, como todos los productos Disney de los últimos 20 años: para ver una tarde de sábado como hicimos y descartarla, mi pibe estaba con la espada de Star Wars luchando mientras la miraba…eso siempre funciona.

Carlitos
Carlitos
Lector
En respuesta a  Dr Kadok
19 septiembre, 2020 21:02

Acá destaca por que es Jean Grey”.

Yo la veía más una mezcla entre Goku, Neo y Messi (esas chilenas que se marca para lanzar flechas…).

La película es mala con ganas.

Dr Kadok
Dr Kadok
Lector
En respuesta a  Carlitos
19 septiembre, 2020 22:30

Jejeje si es mejor tu comparación, imaginarás porqué dije lo de Jean…

Carlitos
Carlitos
Lector
En respuesta a  Dr Kadok
20 septiembre, 2020 12:28

Si jajajaja, entendí tu referencia a Jean Grey. No incluyeron a Mushu por hacerla “más realista” y luego nos metieron eso, entre otras lindezas.

Ziggy
Ziggy
Lector
En respuesta a  Dr Kadok
20 septiembre, 2020 1:13

¿”Pseudoarabes”? ¿No serian “pseudo-uigures”?

Dr Kadok
Dr Kadok
Lector
En respuesta a  Ziggy
20 septiembre, 2020 1:33

A raiz de tu comentario acabo de leer sobre los uigur y ahora entiendo porque andaban con cimitarras…y entonces la cosa es peor de lo que pensaba!!! o sea, explicitamente mezclan a los mongoles (vamos, se llama Bori Khan!)con una tribu musulmán, que nunca invadió China, y que está siendo apresada en campos de concentración en la misma zona donde se filmó la pelicula. SI pensaba que la película era mala con esto…el ratón es realmente maléfico.