#ZNSeries – Jupiter’s Legacy. Primera temporada

Enfrentamos dos opiniones encontradas sobre la última adaptación de Netflix del cómic de Mark Millar y Frank Quitely

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Dirección: Steven S. DeKnight, Charlotte Brändström, Marc Jobst, Chris Byrne
Guion: Steven S. DeKnight, Julia Cooperman, Brian Gunn, Mark Gunn, basado en el cómic de Mark Millar y Frank Quitely
Música: Stephanie Economou
Fotografía: Danny Ruhlmann, Nicole Hirsch Whitaker
Reparto: Josh Duhamel, Ben Daniels, Leslie Bibb, Elena Kampouris, Andrew Horton, Mike Wade, Matt Lanter, Tyrone Benskin, John Bourgeois, Anna Akana, Tyler Mane, Jane Moffat, Jess Salgueiro
Productora: Di Bonaventura Pictures, Image Comics, Netflix
Nacionalidad: Estados Unidos

El pasado 7 de mayo se estrenaba en Netflix la primera temporada de Jupiter’s Legacy, la serie basada en el cómic de Mark Millar y Frank Quitely que venía a ocupar un nuevo espacio en cuanto a adaptaciones llegadas de las viñetas en la pequeña pantalla, esta vez con la historia de la primera generación de superhéroes de la humanidad formada a principios del siglo XX, un grupo encabezado por Utopian (Josh Duhamel), quien liderará a un grupo variopinto formado entre otros por su propio hermano, Brainwave (Ben Daniels) o su esposa, Lady Liberty (Leslie Bibb) e implantando un férreo código ético en las acciones superheróicas, algo que comenzará a chocar cuando una nueva generación formada por los hijos de esos mismos héroes intente tomar el relevo de sus padres en unos tiempos diferentes, algo que será especialmente duro para los hijos de Utopian y Lady Liberty, Brandon y Chloe (Andrew Hortonas y Elena Kampouris).

Eso sí, el cómic de Millar y Quitely, del que hemos hablado en abundancia en Zona Negativa, difiere en varios puntos de esta adaptación televisiva, en la que se han ampliado tramas y variado el rumbo de no pocos personajes; una adaptación que no ha estado libre de polémica, afectada por la pandemia y por un repentino un cambio de showrunner en mitad de la producción tras el abandono de Steven S. DeKnight (Daredevil) por supuestas diferencias creativas; aún así, DeKnight se ha mantenido como creador, productor ejecutivo e incluso director de los dos primeros episodios de esta temporada, aunque el manto de showrunner pasara a Sang Kyu Kim (The Walking Dead). Con una primera temporada de ocho episodios y apenas un pequeño arco adaptado desde el cómic, Jupiter’s Legacy se estrenó con una tibia acogida por parte de la crítica, aunque se ha mantenido como la serie más vista de Netflix (según la plataforma) desde su estreno, así que ya iba siendo hora de que en Zona Negativa diéramos nuestra opinión sobre la misma, invocando a dos redactores con opiniones dispares como son Jordi T. Pardo y Samuel Secades y esperando las vuestas en los comentarios. Vamos allá.

¡Por favor, Netflix, déjalo ya!, por Jordi T. Pardo

La sobresaturación de adaptaciones superheroicas que estamos viviendo en los últimos años -sumado a los años de lecturas de todo tipo de variantes de este género que algunos aficionados llevamos a las espaldas- hacen que cada vez sea más difícil reconocer la calidad intrínseca e incluso la originalidad de una adaptacióon determinada. Podríamos considerarlo como un cierto “efecto quijotesco”, porque como el honorable hidalgo Alonso Quijano que perdió la cabeza después de leer demasiadas novelas de caballerías, el consumo continuado de relatos superheroicos donde se repiten continuamente argumentos, tópicos y resoluciones, podría estar dañando seriamente nuestra capacidad para analizar objetivamente los productos relacionados con este género. Nos cuesta discernir la línea que separa la crítica medida y objetiva -llamémoslo realidad- de nuestros prejuicios y desidia como espectadores -la ficción que nos montamos en nuestra cabeza-.

Esta cuestión me ha sobrevenido viendo los últimos capítulos de la presente adaptación de Netflix de Jupiter’s Legacy, basada en un cómic homónimo parido por Mark Millar y Frank Quitely hace tan solo unos cuántos años. Y se trata de uno de los trabajos más interesantes de Millar, uno de esos en los que el guionista escocés se ha esmerado algo más, al contrario que en subproductos como Kingsman, Némesis o la secuela de Kick-Ass. Aunque la idea de partida, como tantas otras del currículum de Millar, viene a ser deudora de trabajos anteriores atribuidos a autores más talentosos y a los que el guionista les da una vuelta de tuerca y una pátina de actualidad para modernizarlos.

Las historias de Millar nos pueden resultar entretenidas -habitualmente esa es su mayor virtud- pero respecto al género de superhéroes sus historias son refritos y enfoques sobredimensionados de obras anteriores. No vienen a revolucionar nada, aunque tampoco lo pretenden. Pero resulta llamativo como una de sus características más habituales, ese cinismo suyo tan desmitificador y gamberro, ha sido la excusa que muchas adaptaciones de sus obras han esgrimido para descartar el resto de su propuesta original y reinterpretarla de las más diversas maneras. Para el recuerdo, películas como Wanted, Kingsman y la mencionada secuela de Kick-Ass, que de forma irregular han sabido explotar mejor ideas con las que Millar jugaba en sus propios cómics. Han perdido algo de mala baba en el camino y se han convertido en productos más acomodados, en favor de una mayor coherencia y una visión más amplia. Y eso se puede decir que pasa también en parte con la presente Jupiter’s Legacy.

Por nuestras reseñas de Locke & Key, The October Faction o Las escalofriantes aventuras de Sabrina, habréis intuido que en la web no somos muy fans de la fórmula Netflix a la hora de adaptar ciertas historias a la pequeña pantalla y a pesar de valorar muy favorablemente su apuesta por este tipo de productos que van más allá de las franquicias habituales en las que se interesan los grandes estudios. Pero lo original de estas propuestas suele convertirse en tedioso y rutinario en manos de Netflix, lo que ha hecho que seamos muy recelosos con sus nuevas adaptaciones. Esto, sumado a la saturación de historias del género superheroico en otros medios en las última década y media, y como decíamos al principio, nos pone realmente difícil la tarea de intentar ser ecuánimes y objetivos con esta producción. Las señas de identidad de Netflix están presentes en esta serie, pero ciertamente no se puede decir que su interpretación sea en este caso inferior al material de partida. Tampoco que no sea hasta cierto punto fiel al mismo, más allá de cierta alteración en su narrativa y en la sucesión de acontecimientos.

Puede que la linealidad de la obra de Mark Millar y Frank Quitely haya sido un beneficio en este caso a la hora de abordar la adaptación y al menos respetar sus puntos clave. Aunque eso no quiere decir que la serie no nos pueda echar fácilmente del visionado. Para empezar, por una estructura deudora de Perdidos que a día de hoy debería estar vetada en las series de televisión. Nos referimos a la estrategia de desmembrar la historia en dos corrientes temporales y desde el presente hacer viajes recurrentes al pasado de los personajes mediante flashbacks. La información en cada píldora en forma de flashback que nos tomamos es mínima, por lo que puede ocurrir que el misterio y la intriga con la que juega la historia nos acabe hastiando. Sobre todo, porque pese a tener unos personajes con ciertos matices interesantes, sus preocupaciones, sus confrontadas maneras de entender el mundo y sus historias personales se escudan con asiduidad en un tono excesivamente culebronesco.

La experiencia nos dice que esto se debe a la necesidad de paliar dos carencias: la falta de presupuesto y la de ambición. La suma de las dos lleva a tomar caminos fáciles y/o atajos. La finalidad de ello es hacernos creer que lo relevante de lo narrado son los personajes cuando en realidad los responsables de la producción recurrente a ellos para no tener que añadir acción a la ecuación y así rellenar minutos de metraje más fácilmente. Los ocho episodios de Jupiter’s Legacy se hacen largos, porque aplican esta fórmula y acaban siendo reiterativos. Para más inri, los personajes acaban al final de su viaje casi en el mismo punto de partida en el que habían empezado. Sí, hay revelaciones, hay conflicto y una especie de evolución psicológica entre líneas, pero al llegar al final de esta primera temporada en realidad apenas se han movido las piezas sobre el tablero.

Esto si pensamos en la trama situada en el presente, porque la que se centra en el pasado de los personajes estira una idea que en el cómic original se acaba ya resumiendo a grandes rasgos en sus primeras páginas. Posteriormente, se regresa a ello pero los elementos básicos ya se establecen en los preámbulos de la obra. En la obra de Millar y Quitely todo se explica de manera apresurada y todo sucede “porque así tiene que ser”, pero la serie de Netflix, por mucho que intente ahondar en los huecos que deja la historia y fagocitar el drama, deja una sensación muy parecida. Y casualmente, los puntos de mayor interés son resueltos mediante elipsis convenientes, no por narrativa, sino por esa falta de ambición comentada que solo permite a la propuesta brillar en momentos muy puntuales.

En relación a esto último, hay que reconocer que la serie sabe lidiar con sus carencias para sacar partido a algunas a unos escenas de acción resultonas, pero que tampoco plantean nada con especial personalidad. Los mismos encuadres y coreografías que hemos visto en mil producciones anteriores hacen acto de presencia en la serie. Si hilásemos algo más fino seguro que podríamos buscar equivalentes en las mismas series de corte superheroico que hemos visto en los últimos años, desde The Umbrella Academy a Titanes y Falcon y el Soldado de Invierno. Además, sucede una cosa curiosa, pues mientras el vestuario y su apego a los modelos vistos en las viñetas son notables y lucen realmente bien en pantalla, junto a un casting y una caracterización muy respetuosa con el original, el resultado acaba siendo fallido por un maquillaje que a la hora de envejecer a sus actores resulta realmente cantoso.

El reparto no parece preocuparse por ello y parecen pasárselo bien jugando en pijama. Las historias de superhéroes son hoy tan habituales que cada vez cuesta más encontrar a un actor que no haya estado involucrado de una manera u otra en una producción del género. No obstante, para estos trabajos, las producciones de Netflix no suelen recurrir a grandes nombres sino a ilustres secundarios, actores de segunda fila y jóvenes promesas con un caché más accesible. Dada la cantidad de producciones y tiempos que Netflix maneja es lo más normal del mundo, el problema es que los responsables de muchas de sus propuestas no suelen manejar muy bien el tema de la dirección de actores. En ese sentido, Netflix parece ser de la vieja escuela y su trabajo en este aspecto entronca más con lo que eran las series a finales del pasado siglo.

En definitiva, pese a que podemos hablar de que Jupiter’s Legacy es una serie mucho más agradecida que The October Faction y Locke & Key, e infinitamente más respetuosa con el cómic en el que se basa que estas dos atrocidades, la nueva serie de moda de la plataforma sigue promoviendo la misma idea que estas: el fast food. Todas estas series se consumen y devoran sin dejarnos un gusto claro en el paladar porque aquello que podría hacerlas originales y atractivas está tratado de manera harto convencional y rutinaria que no hace que perduren en el recuerdo. Hoy hablamos de Jupiter’s Legacy y, en realidad, todo lo que no sea haberlo hecho el día de su estreno -previo maratón- es llegar tarde, porque ya no es el trending topic de la semana y a nadie le interesa. ¿Cómo podríamos ser objetivos con un producto así sabiendo su fecha de caducidad?

Mejorando lo presente, por Samuel Secades

Hay veces en las que las expectativas juegan malas pasadas, pero en mi caso y con esta Jupiter’s Legacy, las dichosas expectativas han jugado a mi favor. Reconozco que no siento por Mark Millar la animadversión (comprensible, eso sí) que comparten muchas personas hacia sus manierismos, su transgresión muchas veces impostada y esa marca de la casa de hacer pasar por revolucionarias tramas argumentales que ya estaban más que inventadas. Por supuesto que comparto todos esos defectos del escocés, pero tengo que reconocer que en muchas de sus obras me dejo llevar y acepto lo que viene con ellas, entregándome al entretenimiento desenfrenado de sus cómics sin darles necesariamente muchas vueltas. El mayor problema que le veo es, sin duda, esa irritante capacidad para sacarse de la manga grandes premisas y marcarse potentes primeros actos, para terminar desinflándose en un mar de lugares comunes y sin saber cómo rematar muchas de sus tramas, perdiéndose en las prisas, los giros y los golpes de efecto. Es por eso que la serie de Jupiter’s Legacy, en mi opinión, le ha sacado los colores al propio cómic en el que se basa, y es que muchos de los defectos que le ha visto la gente, para mí han sido virtudes.

Y es que, en una de esas corrientes críticas para mi gusto inexplicables que condenan casi unánimemente a una obra desde el primer minuto, las críticas que se veían, oían y leían en los primeros días tras el estreno de la primera temporada de Jupiter’s Legacy no podían ser más desalentadoras: aburrida, lenta y adjetivos similares inundaban las críticas, poniendo como ejemplo esa supuesta falta de síntesis al alargar la trama del origen de las visiones de Sheldon y su relación con sus futuros compañeros de andanzas, algo que en el cómic de Millar se nos lanza en un imperdonable in media res con el que comienza la trama; ¿quién es ese grupo que acompaña a Sheldon en su absurdo viaje? No lo sabemos. ¿Por qué le acompañan? Porque es un fiera que encandila a todo el mundo. Y ya está, Millar está tan preocupado por meternos de lleno en el conflicto que se olvida de que nos importen sus protagonistas. La serie opta por cimentar toda la historia de la isla, y lo que para muchos es un estorbo en la trama en forma de flashbacks, para mí ha sido el alma de la serie, porque ha dado sentido a los conflictos de la trama del presente. ¿El mejor ejemplo? Sin duda el personaje de Walter (con Ben Daniels siendo el mejor del reparto también en su papel de Brainwave) y el George Hutchene/Skyfox de Matt Lanter. Con esos dos pilares y sus conflictos con Sheldon, y en el propio conflicto de Sheldon con su cordura (y sus principios) es donde encontramos el germen de una gran serie que busca ser algo más que trajes llamativos y poderes sobrenaturales. En esa conversación, por ejemplo, al borde de un acantilado, donde Walter saca a la luz todos sus reproches, es donde la serie alimenta el conflicto en ciernes de Brainwave con su hermano y George, y con su animadversión hacia este último engrandece aún más la figura oculta de momento de Skyfox. No es que Jupiter’s Legacy haya tardado ocho episodios en contar cincuenta páginas, es que esas cincuenta páginas apenas contaban nada como tiene que contarse.

Puede que Jupiter’s Legacy no haya llegado en un momento oportuno, o que juegue en otra liga diferente a otras apuestas con las que se la compara inevitablemente; haberse estrenado en un 2021 con la estela de The Boys como producto superheróico transgresor por excelencia, y recién terminada una Invencible que ponía de nuevo patas arriba el género, puede que sea demasiada presión para dejarnos ver las virtudes de una serie que, a pesar de sus vaivenes creativos, ha logrado mantener una línea visual y narrativa más que notable; los efectos especiales y las caracterizaciones no me han resultado ni mucho menos tan obvias como a mucha gente, y de hecho el diseño de producción me ha parecido de lo más acertado que ha parido la normalmente mediocre Netflix cuando se trata de meter dinero a sus series y hacer que se note; pero también veo un gran trabajo detrás de sacar adelante la serie, con un reparto que se va ganando a bocados a sus personajes sin tener nombres de relumbrón: desde un entregado Josh Duhamel hasta una Elena Kampouris como Chloe que esquiva el cliché que parecía en el primer episodio de personaje edgy con adicciones tan manido como la sobredosis de un rockero.

Jupiter’s Legacy coge los conceptos más interesantes del cómic y los convierte en una serie que, desde un punto de vista pragmático (es corta, su reparto cumple, y está bien hecha, así de simple), me ha dejado más que contento y esperando más. Me ha enganchado la mitología del origen de los poderes de Utopian y compañía y cómo es representado el misterio de la isla en la serie: quiero saber más sobre su irrupción en el mundo al estilo de Jupiter’s Circle, y a la vez quiero ver adónde llevan la trama de Brainwave y su conflicto con Utopian y Skyfox, porque me han alimentado tan bien como espectador que mi personaje favorito ha terminado siendo el Walter Sampson, siempre ignorado, siempre secundario… una gran semilla para un villano subrayado en exceso en el cómic que, milagros del streaming, puede tener una segunda vida más fructífera que en las viñetas. Qué alegría que Jupiter’s Legacy se haya tomado su tiempo y haya esquivado los trazos gruesos de su creador. Si fuera un personaje, Jupiter’s Legacy sería el equivalente seriéfilo de Rocky Balboa: no pretende ganar el combate contra los Apollo Creed del resto de plataformas ni ser el campeón del mundo de las adaptaciones, tan sólo pretende mantenerse en pie los doce asaltos. Y vaya si lo consigue.

Dirección: Steven S. DeKnight, Charlotte Brändström, Marc Jobst, Chris Byrne Guion: Steven S. DeKnight, Julia Cooperman, Brian Gunn, Mark Gunn, basado en el cómic de Mark Millar y Frank Quitely Música: Stephanie Economou Fotografía: Danny Ruhlmann, Nicole Hirsch Whitaker Reparto: Josh Duhamel, Ben Daniels, Leslie Bibb, Elena Kampouris, Andrew Horton,…
Jordi T. Pardo - 6
Samuel Secades - 8

7

Jupiter's Legacy divide las opiniones en esta segunda temporada entre los que ven un producto del montón marca de la casa de Netflix dentro de las adaptaciones del mundo del cómic y los que agradecen un acercamiento más pausado, una propuesta mejor llevada que en el cómic y un universo a desarrollar con potencial para futuras temporadas.

Vosotros puntuáis: 1.66 ( 300 votos)
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Eddie Brock
Eddie Brock
Lector
22 mayo, 2021 12:38

Entretenida. Creo que si no conociera el material original me habria gustado mas. Sabiendo a donde van las cosas y lo poco que han avanzado me fastidia.
En el comic lo de la isla lo arreglan en dos paginas y aqui estan toda la temporada con ello.
Creo que lo que mas me gusto es el dilema de Utopian de mantenerse ferreo al codigo y los mas jovenes que quieren saltarselo porque los tiempos y las circustancias cambian. Un poco Kingdom Come.

Grijaldo
Grijaldo
Lector
24 mayo, 2021 12:43

El cómic no es gran cosa y la serie tampoco.
Para echar el rato y arreando.

Yasirel
Yasirel
Lector
24 mayo, 2021 19:44

La serie no me atrae mucho después de ver a mi timeline echar pestes de ella… Demasiadas cosas pendientes para ver. Pero los trajes son de 10, creo que no he visto un producto tan rotundo en este aspecto.

RoboHunter
RoboHunter
Lector
En respuesta a  Yasirel
24 mayo, 2021 21:03

Yo también me fijé en lo mismo, y mira que en principio son coloridos y “horteras” pero están muy bien diseñados y no dañan los ojos, no entiendo como en otras muchas producciones de superhéroes, con gran presupuesto, la joden con los diseños de los trajes, y aunque la serie o película sea buena que los trajes sean chungos me impide disfrutarla, serán manías mías pero me matan los cutretrajes…

Carlitos
Carlitos
Lector
3 junio, 2021 12:48

No le cojais mucho cariño a la serie que Netflix ya la ha cancelado. Eso si, te van a sacar un spin off totalmente innecesario, ya que han pagado por lo derechos a Mark Millar los aprovechan.

A mi la serie me parecio mala, no tenia nada de interés. Cada vez tengo menos esperanzas en que Sandman salga buena en manos de esta gente y The Witcher, o espabila o la cancelan en la temporada 2.

Last edited 1 mes atrás by Carlitos