El infinito en un junco, de Tyto Alba e Irene Vallejo

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Portada El infinito en un junco de Tyto Alba e Irene Vallejo

Edición original: El infinito en un junco (Debate, 2023)
Guion: Tyto Alba adaptando el libro de Irene Vallejo
Dibujo: Tyto Alba
Color: Tyto Alba
Formato: Cartoné. 192 páginas. 24,90€

Todo cabe en un libro.

«De alguna forma misteriosa y espontanea, el amor por los libros forjó una cadena invisible de gente – hombres y mujeres – que, sin conocerse, ha salvado el tesoro de los mejores relatos, sueños y pensamientos a lo largo del tiempo. Esta es la historia de una novela coral aún por escribir.»

Desde su aparición en 2019 el fascinante ensayo sobre la historia de los libros de Irene Vallejo (Zaragoza, 2019) El infinito en un junco se ha convertido en un fenómeno literario que ha conquistada tanto al público como a la crítica cosechando un sinfín de premios. Un delicioso y profusamente documentado canto de amor a los libros que ha sido adaptado gráficamente por Tyto Alba (Badalona, 1975), un autor con una larga carrera en la que ya adaptada otros libros a al cómic como la reciente El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince (Salamandra Graphic), en un volumen editado por Debate que está en nuestras librerías desde hace unas semanas con el objetivo de atraer a nuevos lectores que no se habían atrevido a acercarse al fascinante trabajo de la escritora maña.

Viñetas El infinito en un junco de Tyto Alba e Irene Vallejo

El infinito en un junco nos propone un recorrido por la historia de los libros desde su origen hace cinco milenios, cuando los egipcios transformaron un junco en un papiro, pasando por la biblioteca de Alejandría y todas las más destacadas de la historia, las librerías primigenias, los talleres de los amanuenses hasta llegar a nuestros días. Un completo viaje en el tiempo centrado sobre todo en la época clásica en el que vemos batallas y caídas de imperios mientras conocemos a los firmes defensores de los libros, pero también a sus mortales enemigos. Una lectura repleta de anécdotas y referencias a otros medios que se entrecruzan con los sucesos históricos y un repaso por algunos de los grandes escritores de la historia con especial atención a las mujeres, cuya aportación ha sido demasiadas veces silenciada. Además de ese repaso por los orígenes de libros que se extiende al de la palabra escrita, también sirve para tratar otros temas como la importancia de la memoria y del conocimiento de nuestra historia, y otros de desgraciada actualidad como el bullying.

Adaptar un texto a imágenes siempre es una tarea ardua para el encargado de hacerlo, porque debe tomar muchas decisiones complicadas al traducirlo a un lenguaje diferente en el que se combinan las imágenes con las palabras de manera que ambos formen un todo y no tengamos la sensación de encontrarnos ante un libro donde los dibujos y los textos se pueden disociar. Al tratarse de un ensayo esa unión entre texto e imágenes es mucho más ardua y en varios momentos tenemos la sensación de estar más ante un libro ilustrado formado por viñetas que ante un cómic propiamente dicho, de forma que el resultado es un hibrido entre ambos, aunque la batuta la llenan en todo momento los textos, pero que no impiden encontrar páginas en las que el lenguaje propio del cómic está muy presente y logrado como en esa maravillosa secuencia de las páginas 32 y 33.

Ilustración El infinito en un junco, de Tyto Alba e Irene Vallejo

Otra de las grandes dificultades de una adaptación que se torna mucho mayor en un ensayo que en una novela, más si como es el caso de la obra de Vallejo contiene una enorme cantidad de información, es un necesario proceso de poda del texto en el que hay que identificar cuáles son las parte esenciales del ensayo y potenciarlas, pero también hay que tomar la decisión de eliminar algunas como sucede con el segmento del libro dedicada a la censura, aunque es un tema que se trata a lo largo de la adaptación. Un problema que se agrava al tener en cuenta que Alba debe condensar las más de cuatrocientas páginas del original en poco menos de doscientas, pero del que sale bien parado ya que el espíritu del ensayo está intacto y tiene una sensación de historia de aventuras que hace que se devore cada página con un placer infinito, aunque estén repletas de unos textos realmente abundantes que, por momentos pueden resultar casi apabullantes y no dejan ver los dibujos que los acompañan.

En la parte gráfica del trabajo de Alba destaca la ingente labor de documentación que ha realizado para llenar el cómic de unas acuarelas repletas de estampas de gran belleza y que nos transportan a cada una de las épocas en las que suceden los hechos relatados. Al igual que sucede con el texto en las ilustraciones abundan las referencias al cine clásico o contemporáneo. Pese a ingente cantidad de información que hay en cada página la narración es bastante fluida, aunque no es una obra para leerla del tirón, pero sí que es un trabajo que nos acompaña muchos tiempos tras haber concluido su lectura al igual que sucedía con el original.

Viñetas El infinito en un junco de Tyto Alba e Irene Vallejo

Tyto Alba consigue que esta adaptación de El infinito en un junco conserve toda la magia del texto original de Irene Vallejo, además nos regala algunas acuarelas realmente bellas. El único problema que tiene la obra es la abundancia de texto que hacen que por momento sea una obra muy densa a medio camino entre el cómic y el libro ilustrado. Pero es una magnífica ocasión para acercarse a una obra que es un canto de amor a los libros y la palabra escrita como herramientas de cambio y refugio dependiendo del momento y la persona.

Lo mejor

• Conservar el amor por los libros que ya tenía el texto original.
• Hay escenas de una belleza increíble que dejan ver la maestría de Alba con las acuarelas.

Lo peor

• Hay páginas en las que la imagen y los textos van cada una por su lado.
• La enorme cantidad de textos pueden abrumar a algunos lectores.

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Diego García Rouco
Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
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