Brian K. Vaughan, de Y, El Último Hombre y Runaways a Paper Girls y Saga

Analizamos la trayectoria creativa de Brian K. Vaughan, desde sus obras en Marvel y Vertigo hasta sus series de éxito actuales en Image o Panel Syndicate

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El pasado mes de Mayo, Planeta Cómic publicó el primer número de Paper Girls, la nueva serie independiente de Brian K. Vaughan para Image Comics, junto al dibujante Cliff Chiang, mientras que este mes de Septiembre hará lo mismo con la segunda grapa de la serie recientemente ganadora del Premio Eisner a la Mejor Serie Nueva. Esta nueva licencia de la editorial de moda en Estados Unidos se suma este año a otros títulos independientes que han visto la luz en nuestro país como los Southern Bastards de Jason Aaron y Jason Latour (Paletos Cabrones en la edición de Planeta Cómic), Descender de Jeff Lemire y Dustin Nguyen (Astiberri Ediciones), Las Tierras Otoñales de Kurt Busiek (Norma Editorial) o, próximamente, la esperadísima Sex Criminals de Matt Fraction y Chip Zdarsky (que después de que Aleta Ediciones anunciase hace unos días su renuncia a publicarla parece que otra editorial española anunciará pronto su adquisición), además de la producción general de Millarworld y la largamente esperada (durante dos décadas) publicación en castellano del Miracleman de Neil Gaiman y Mark Buckingham de la que Panini Cómics ya nos ha ofrecido su primer tomo. Una buena cosecha a la que seguramente se le unan otras licencias los primeros meses de 2017 como Wytches de Scott Snyder y Jock, Bitch Planet de Kelly Sue DeConnick y Valentine De Landro, esa locura pop que es The Wicked + The Divine de Kieron Gillen y Jamie McKelvie o el reencuentro de Jason Aaron y R. M. Guera en las páginas de The Goddamned.

Portada de Paper Girls 1, obra de Brian K. Vaughan y Cliff Chiang
Portada de Paper Girls 1, obra de Brian K. Vaughan y Cliff Chiang

Sin embargo, pese a tanta calidad y cantidad, las Paper Girls han supuesto un antes y un después en la publicación de series independientes en nuestro país, y es que Planeta Cómic ha decidido publicar la serie en grapa primero y, especulación razonada y previsible mediante, posteriormente en tomo recopilatorio, como ya hace con su franquicia de Star Wars. Una manera más que segura de recuperar una inversión que a buen seguro ha sido elevada, ya que a nadie se le escapa que de todas las licencias en el aire, aquellas con el nombre de Brian K. Vaughan en la portada son un éxito comercial asegurado. Y es que no hay mejor manera de competir en el mercado de las mil y una portadas alternativas que con calidad a raudales, y eso es lo que ofrece hoy en día Vaughan. Aunque realmente no es algo puntual de la actualidad, sino que el guionista de Cleveland viene haciéndolo desde hace mucho, mucho tiempo. Así pues, toca una vez más subirse a nuestro particular DeLorean comiquero y viajar en el tiempo para analizar la trayectoria de una de las figuras más importantes de la industria americana hoy en día. Desde Runaways a Saga pasando por sus series para la línea Vertigo e Image Comics. Oh. Y Perdidos. No olvidemos a Perdidos… Empezamos.

De los mutantes a Vertigo

Nacido en Cleveland (Ohio, 1976), Brian K. Vaughan creció leyendo y disfrutando de los cómics Marvel, con especial predilección por la producción de Peter David durante los ochenta y noventa, y más concretamente por su larga etapa al frente de El Increíble Hulk. Tras el instituto, como tantos jóvenes americanos, se emancipó para empezar la carrera de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Nueva York, con vistas a labrarse un futuro en ese campo. Sin embargo, durante sus años estudiantiles los cómics se interpusieron en su camino y Brian K. Vaughan que se acogió a la oportunidad que supuso el Proyecto Stan-Hattan (término acuñado, como no podía ser de otra forma, por el propio Stan Lee), una alianza de la Casa de las Ideas con la Universidad de Nueva York para captar a jóvenes aspirantes a guionistas de cómics. Esta colaboración se prolongó únicamente durante dos años (1995-1996) pero cumplió su misión solo por el hecho de descubrir a nuestro protagonista, amén de otros talentos más precoces y/o fugaces como Joe Kelly (Deadpool) o Ben Raab (Excalibur). Gracias a este programa, Vaughan debutó en 1996 en Marvel Comics escribiendo algunos episodios de la por entonces franquicia estrella de la editorial: los X-Men. Así pues, el nuevo aspirante a guionista escribió historias como las recopiladas en el Tales from the Age of Apocalypse (con Steve Epting, en 1996), el número 42 de Cable (con Todd Dezago, en 1997), Ka-Zar Annual 1997, el número 131 de Wolverine (de nuevo con Todd Dezago, en 1998) o X-Men Unlimited #22 (con Patrick Gleason, en 1999). Historias tan auto-conclusivas como intrascendentes que quedaron diluidas entre la avalancha de cómics mutantes de la época.

Estas historias tuvieron continuidad, dos años después, en la forma de dos miniseries de cuatro números de la efímera línea Icons, centrados en Cíclope (con Mark Texeira y nada más, y nada menos, que Jimmy Palmiotti) y esa creación de Scott Lobdell y Chris Bachalo llamada Cámara (con Lee Ferguson). Como nota histórica, conviene destacar que estas oportunidades más en firme vinieron de la mano del editor Mike Marts. Se trata de dos proyectos ubicados en los primeros años de Joe Quesada y Bill Jemas, la Marvel de las películas de X-Men, con Grant Morrison y el omnipresente cuero negro como nueva tendencia superheroica. Proyectos puramente comerciales pero en los que Vaughan tiene la oportunidad de narrar historias más largas con los personajes que leía en su infancia, al menos en el caso de Cíclope, quien en aquel momento había pasado por una “muerte” a manos (y mente) de Apocalipsis, y todavía estaba reajustándose. Brian K. Vaughan no duda, impulsado por la nostalgia, en ambientar la historia en Alaska natal de Scott Summers y enfrentarle con Juggernaut y Black Tom Cassidy, quienes trabajan para un nuevo personaje, Ulysses. Miembro de un escuadrón policial, en el pasado el grupo de Ulysses se encontró en medio un enfrentamiento entre Patrulla-X y terroristas mutantes, con fatal resultado para los compañeros de Ulysses, quien desde entonces considera culpable al líder mutante. Con estos elementos, Brian K. Vaughan entrelaza una historia sobre la responsabilidad del fuego cruzada y venganza con una aventura clásica “claremontiana” (de Alaska a la Tierra Salvaje). Por otro lado, la miniserie de Cámara (ambientada en la Cleveland natal del propio guionista, siendo este uno de los primeros guiños personales del autor en sus obras) sigue el patrón más clásico de “temidos y odiados”, con nuevos personajes más propios de un fanzine infantil (“Magnetic North”, “Neutrino Annihilator”) que de una futura estrella del cómic.

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Portada de la edición Forum de Iconos Marvel: Cíclope

Mientras el currículum de Vaughan se va engrosando en estas pequeñas historias en la Casa de las Ideas el guionista llega en el año 2000 a DC Comics para hacer lo mismo con personajes y cabeceras como Superman, Batman y Los Jóvenes Titanes. Entre estos encargos alimenticios destaca su aportación a la antología Batman: Gotham City Secret Files and Origins. La historia titulada Lost Pages: Skullduggery cuenta cómo Batman se enfrenta a un hombre capaz de transformarse en algunos de sus adversarios más famosos y peligrosos. Pero lo relevante de este relato no tiene que ver sus posibles excelencias, lo importante es su “valor histórico” al ser la primera obra en la cual, gracias al editor Mike Carlin, Vaughan se reunió con el dibujante español Marcos Martín. Los dos autores eran en ese momento las dos caras de una misma moneda, un par de jóvenes talentos intentando hacerse un hueco en la voraz y frenética industria del cómic estadounidense. La coincidencia facilitó el primer contacto pero este no sería el último, ya que la colaboración dejaría buen sabor de boca a ambos autores. Este magnífico tándem ha mantenido a lo largo de los años una relación personal de amistad que se ha traducido en tiempos más recientes en una productiva sinergia creativa cuyos mejores frutos se derivan de la creación de su plataforma de autoedición Panel Syndicate.

No obstante, en el año 2000 Brian K. Vaughan se encontraba todavía en una posición muy distinta. El punto de inflexión en su trayectoria se produce con su desembarco en la línea Vertigo de DC Comics que mostraba en esos momentos algunos síntomas de agotamiento. Las gloriosas etapas de obras como Lucifer, 100 Balas, Transmetropolitan o Hellblazer estaban llegado a su final y sus relevos de calidad todavía se harían esperar unos años. Esta reformulación de la línea comandada por Karen Berger vendrá comandada por las Fábulas de Bill Willingham, el Blanco Humano de Peter Milligan y, principalmente, por Y, El Último Hombre del propio Vaughan y la dibujante Pia Guerra. Así pues, esta Vertigo entre dos épocas fue el abono necesario para terminar de ayudar a estimular la fértil imaginación de un autor que aprovechó los siguientes años de su profesión para experimentar, pulir y encontrar su voz como narrador en el mejor campo de cultivo de guionistas que había dado hasta la fecha el cómic moderno.

El camino hasta esa meta no estuvo exento de dificultades, ya que para poder saborear las dulces mieles del éxito Vaughan tuvo primero que paladear la derrota y la frustración, sentimientos que seguro pasaron por su cabeza durante su estancia en la colección de La Cosa del Pantano. El guionista escocés Mark Millar le había dejado en herencia una complicada papeleta al transformar al avatar del Verde en el maestro de todas las fuerzas elementales de la Tierra. Pese a ello, para nuestro protagonista la ocasión no dejaba de ser un sueño hecho realidad. El fundacional trabajo de Alan Moore en la misma publicación durante los años ochenta era una de sus lecturas de cabecera, un cómic que como a muchos aficionados le había impactado hasta el extremo de cambiar su manera de entender las viñetas. Pero un sueño bien puede mudar en pesadilla y el guionista estadounidense no tardó en descubrirlo al hacerse cargo del tercer volumen del personaje creado en 1971 por el guionista Len Wein y el dibujante Bernie Wrightson. “No tenía ni idea de lo que estaba haciendo”, confesaba Brian K. Vaughan hace un par de años en una entrevista al hablar de este tema, “pero trabajé con artistas increíbles y escribí cada capítulo como sí nunca me fuesen a dejar hacerlo de nuevo, cosa que parecía cada vez más posible viendo las ventas de cada mes”. La alargada sombra del mago de Northampton, la presión por estar a la altura de las circunstancias, y posiblemente los condicionantes editoriales que implicaban al personaje, le jugaron una mala pasada al autor que no acabó de encontrarse cómodo en su estancia en La Cosa del Pantano. “Yo prefería dejar caer las ventas de La Cosa del Pantano en lugar de escribir el cómic de la manera que los lectores decían que tenía que escribirlo”, explicaba el guionista para inmediatamente reflexionar sobre sus errores pasados como narrador. “Sólo porque una historia puede ser explicada en un único número, no quiere decir que deba explicarse sólo en un número”, comenta Vaughan al respecto, “[…] revisa mis números unitarios de La Cosa del Pantano, con esas páginas llenas de bocadillos, páginas de diez viñetas, y dibujos criminalmente abarrotados (es mi culpa, no de mis terroríficamente pacientes colaboradores). Ahora compáralo con un ejemplar relativamente descomprimido de Y, El Último Hombre. Sólo porque algo necesite más tiempo para ser leído no significa que sea mejor.”

Portada original del primer número de La Cosa del Pantano de Brian. K Vaughan y Roger Petersen
Portada original del primer número de La Cosa del Pantano de Brian. K Vaughan y Roger Petersen

Su etapa en La Cosa del Pantano, que tuvo como dibujantes principales a Roger Petersen y Giuseppe Camuncoli, y a Cliff Chiang (con quien se ha reunido quince años después en Paper Girls) en el especial Vertigo Secret Files & Origins: Swamp Thing, se tradujo en una irregular trama protagonizada por Tefé Holland, “la hija del monstruo”, y su búsqueda del Árbol del Conocimiento con la única intención de detener la inminente guerra entre el Verde y la humanidad. El autor puso sobre la mesa ideas y planteamientos atractivos pero la inexperiencia en estas lides dio como fruto un desarrollo irregular, inconexo y, finalmente, apresurado después de ser anunciada su cancelación que al menos le permitió cerrar sus tramas abiertas. El mayor aliciente de la etapa radica en la psicología de sus personajes, especialmente el de una tridimensional Tefé a la que Brian K. Vaughan describe como una “compleja, amoral, y a menudo desagradable protagonista femenina.” En manos del guionista, Tefé ejerce una poderosa y contradictoria fascinación sobre el lector y se puede identificar como uno de sus prematuros arquetipos femeninos tan maravillosamente abundantes en su trabajo. Esta sintonía a la hora de retratar personajes femeninos, y personajes en general, pronto se convertiría en un sello de identidad en los cómics del estadounidense. Una habilidad que acabó por tomar forma y fuerza en el primer trabajo importante de cosecha propia del autor, la mencionada Y, El Último Hombre.

La serie dibujada por Pia Guerra se presentó en 2002 ofreciendo a los lectores un ejemplo de la mejor ciencia ficción posible: la que nos habla de nosotros mismos. Antes de que la crisis económica pusiese de nuevo en el candelero de la cultura popular los futuros post-apocalípticos, Vaughan se adelantó con este producto donde la carga social y política sirve para abordar cuestiones de género desde una perspectiva fresca, entretenida y diferente. La obra supuso el reconocimiento mediático de Brian K. Vaughan que aprovechó la confianza depositada en él por la editora Karen Berger para explorar con total libertad su buena mano para la caracterización de personajes y las relaciones humanas (una cuestión que con el paso del tiempo se ha demostrado recurrente en sus relatos). Una vez más, la antigua editora jefe de Vertigo confió en su instinto y acertó de pleno concediendo plenos poderes y libertad absoluta, y el apoyo de la potente maquinaria de marketing de la editorial, a un relativamente recién llegado al mercado USA. El poder centrar sus esfuerzos en una creación propia, con un principio, nudo y desenlace pensados de antemano, con conceptos e ideas exclusivos, hizo emerger a la superficie al mejor Vaughan posible como de hecho esperaba Karen Berger. El propio autor recuerda en relación a esto unas palabras de la editora que daban de lleno en el blanco: “Me gusta tu forma de guionizar y la voz que le das a los personajes, pero sinceramente creo que lo más adecuado para ti es que escribas tus propias creaciones y que no escribas personajes ya existentes”. Toda una premonición que marcaría la carrera de una todavía tierna (no había superado siquiera la treintena) promesa del cómic estadounidense.

¿Pero de qué trata Y, El Último Hombre? La historia de la serie se sitúa en un mundo post-apocalíptico en el que una misteriosa plaga ha acabado en cuestión de horas con todos los seres vivos del planeta portadores del cromosoma Y. El joven y despreocupado Yorick Brown, un aficionado al escapismo, y su mono Ampersand, se convierten repentinamente en los únicos supervivientes de la catástrofe que ha obligado a millones de mujeres a adaptarse y tomar el mando de esta nueva realidad en la que los hombres aparentemente se han extinguido. Mientras Yorick viaja en compañía de la Agente 355, su autoimpuesta guardaespaldas, y la científica Allison Mann, que intenta resolver el origen de la plaga, varias facciones en conflicto buscan al último hombre vivo del mundo con intereses y objetivos muy distintos. Esta es una de las cuestiones más sugestivas de la premisa de Brian K. Vaughan, la inversión de los roles clásicos hombre-mujer de la literatura y la ficción de género. El protagonista masculino hace las veces de damisela en apuros y una buena galería de personajes femeninos asumen papeles fuertes y activos que en otras publicaciones y cabeceras suelen estar reservados a sus homólogos masculinos. Yorick se convierte en un hombre objeto, en las más diversas acepciones de este término que podamos imaginar. Es un reclamo sexual para muchas mujeres con las que se encontrará en su odisea, una simple curiosidad y recuerdo de un mundo extinto para otras, una ventaja estratégica para algunos gobiernos como el israelí que buscan asegurar su futuro mediante el control reproductivo, y también una amenaza al nuevo matriarcado para algunos grupos feministas radicales como las autoproclamadas Hijas de las Amazonas.

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Ilustración de Y, El Último Hombre, obra de Brian K. Vaughan y Pia Guerra

El planteamiento se estructura como una “road comic” que utiliza el género de aventuras como excusa para favorecer un estimulante debate y una lectura sociopolítica sobre la base de un statu quo ficticio pero creíble que recoge influencias de la literatura de ciencia ficción clásica cultivada por autoras como Mary Shelley, Alice Bradley, P.D. James o Joanna Russ. La historia deja además mucho margen a las lecturas e interpretaciones del lector. Esta es la excusa que han aprovechado desde algunas latitudes para acusar a la obra de presentar un discurso ultraconservador y claramente misógino respecto a la figura mujer. En contraste, en otros sectores las impresiones han sido justamente las contrarias, aplaudiendo las dotes de su autor para la definición y diversidad de sus personajes femeninos. No faltan tampoco los que han visto en ella una evidente propaganda sionista, o justo lo contrario, una postura xenófoba y antisemita, o los que han aprovechado para expresar su desagrado por su evidente “apología homosexual”. La polémica será a partir de este momento algo que acompañará a Vaughan en sus trabajos al plantear habitualmente en sus obras temas e inquietudes sensibles y controvertidas para los sectores más conservadores de la sociedad estadounidense.

Legado Marvel

Y, El Último Hombre se extendió entre el año 2002 y el 2008, y durante ese tiempo Brian K. Vaughan pudo seguir compaginando su serie más personal con otros tres proyectos de envergadura y miniseries varias en Marvel Comics, desafiándose a sí mismo y al consejo que le había dado Karen Berger cada vez que le surgió la oportunidad, con personajes y cabeceras como el Doctor Extraño, Mística o los Ultimate X-Men. El resto de sus proyectos Marvel quedan englobados en la categoría de “creaciones propias”, pese a que no le correspondan los derechos de explotación. Este es el caso de El Encapuchado y, sobre todo, de sus Runaways, el gran legado de Brian K. Vaughan a una Casa de las Ideas que a principios de este siglo se vería inmersa en una renovación que cambiaría para siempre su futuro.

La búsqueda de nuevos mercados y horizontes que la alejasen de unos convulsos años noventa llevó a la editorial a probar suerte con diferentes líneas, fórmulas e ideas. El sello Tsunami fue una de ellas, con cómics que pretendían robar la atención de lectores no habituales, a ser posible jóvenes y aficionados al manga, una inclinación cada vez más extendida en la industria estadounidense. La influencia de la historieta japonesa se puede palpar en cabeceras de este sello como Sentinel, New Mutants o la mencionada Runaways con la que Vaughan dejaba otra buena muestra de lo que era capaz de hacer cuando contaba con algo de espacio para manejar y desarrollar sus propios conceptos. Había también en el sello Tsunami obras con un tono ligeramente más adulto a mayor gloria de personajes secundarios de la compañía como Venom, Emma Frost o la mencionada Mística (de la que también se encargó Vaughan). También estaba una serie de Namor a cargo del jefe máximo Bill Jemas y Salvador Larroca, pero a base de esfuerzo hemos podido olvidarla de nuestra memoria…

En relación a Runaways, obra de cuyo apartado gráfico se encargó el canadiense Adrian Alphona (quien vuelve a triunfar hoy en día con otra serie de culto como es Ms. Marvel), Brian K. Vaughan planteó una curiosa vuelta de tuerca al paradigma de héroe adolescente que desde los años sesenta había dominado el cómic de superhéroes. El guionista supo ver que los tiempos estaban cambiando y se preguntó cómo sería la siguiente generación de héroes del Universo Marvel. La realidad era ahora una cosa más compleja, los peligros manifiestamente más grandes, y las tentaciones para desviarse y abandonar el buen camino más opresivas si cabe. Todo esto era parte del trasfondo que encontraríamos retratado en 2003 en el primer número de Runaways que se publicó en el citado sello Tsunami de Marvel Comics.

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La plantilla original de Runaways, según Adrian Alphona

El nuevo grupo de héroes propuesto por Vaughan son jóvenes de su tiempo, la personificación de la rebeldía contra todo lo establecido, y en su génesis el conflicto con sus progenitores resulta de vital importancia para comprender su manera de pensar. Los superhéroes de décadas pasadas habían tenido modelos de gran calado moral en sus mayores, este es el caso de Clark Kent y su familia adoptiva, el de Bruce Wayne y sus difuntos padres, o el de Peter Parker y sus tíos Ben y May Parker. El peso de su integridad y honestidad les había servido de inspiración y guía, mediante la simple proyección, o a través de la más dolorosa catarsis, para poder eclosionar como auténticos héroes. Pero la situación de partida de los Runaways resulta totalmente la contraria y en ella toma especial relevancia su sentimiento de desconfianza hacia el mundo de los adultos. Sus personajes no son de hecho superhéroes per se, son fugitivos que han decidido oponerse a los designios de sus padres que forman parte de una organización criminal secreta operativa en la zona de Los Ángeles llamada El Orgullo.

Este es el drama al que se deben enfrentar Alex Wilder, un chico emocionalmente distante pero muy dotado para la lógica y la estrategia cuyos progenitores son los jefes de la mafia local; Gert Yorke, una joven judía agnóstica cuyos padres son una suerte de viajeros temporales gracias a los que posee un dinosaurio con el que mantiene una sorprendente conexión telepática; Karolina Dean, una joven muchacha homosexual, vegetariana y pacifista descendiente de la raza alienígena de los Majesdanianos, rivales de los Skrulls; Chase Stein, un cabeza hueca hijo de una pareja de científicos locos; la pequeña Molly Hayes, dotada de fuerza y resistencia sobrehumanas, lo mínimo que se puede esperar cuando eres hija de un par de mutantes diabólicos; y, finalmente, Nico Minoru, una joven bruja criada por magos oscuros. Los Runaways representan por separado arquetipos de “villanos-tipo” y amenazas que podemos encontrar, por extensión, en todos los cómics de superhéroes. La suma de sus partes en cambio es un núcleo familiar disfuncional en el que los adultos quedan totalmente fuera de la ecuación. Vaughan recoge la idea principal de la novela de El Señor de las Moscas de William Golding para transformar esa isla en la que naufragan sus protagonistas en la obra original en el estado emocional de un grupo de adolescentes no siempre bien avenidos que deben aprender a sobrevivir unidos en un Universo Marvel que no les entiende.

La caracterización de personajes, su divertido sentido del humor, sus guiños constantes a la cultura popular, su trama impredecible y llena de cliffhangers, y su aire de “nuevo cómic clásico”, como el mismo Vaughan calificó la serie, hizo que el público reconociese en Runaways algo verdaderamente nuevo y diferente. En la historia Vaughan juega a sortear los clichés del género. Nada de uniformes ni de nombres en código. Prohibida la sexualización gratuita de sus personajes femeninos, una cuestión que se menciona de forma irónica en las primeras páginas de la serie. Y una manifiesta apuesta por la diversidad, sentida y natural, no forzada o impostada. En este sentido la cabecera es un pequeño antecedente a la política que en la actualidad Marvel Comics ha extendido a toda su línea editorial con cabeceras como Fuerza V, Ms. Marvel o La Imbatible Chica Ardilla. En Runaways las chicas son mayoría, son guerreras y tienen el control de la situación lo que convierte a Nico Minoru y sus compañeras en un referente para las actuales Kamala Khan, Spider-Gwen o Carol Danvers de igual manera que las primeras tienen como modelo a la Kitty Pride, Tormenta o Jean Grey de Chris Claremont.

El primer volumen de Runaways se planificó como la primera temporada de una serie de televisión compuesta por dieciocho episodios. Suficientes para convertirla en toda una obra de culto para los aficionados. Es esto último lo que hizo posible que sortease la cancelación cuando Marvel Comics comprobó las ventas de sus recopilatorios. En el segundo volumen de la serie, ya fuera de la línea Tsunami, sus creadores retomaron a sus personajes. En esta continuación la historia añadió a su mitología nuevos héroes y villanos y una mayor interrelación con el Universo Marvel. Por las páginas de Runaways se volvieron a pasear Capa y Puñal, y Spider-Man o Lobezno se sumaron a la fiesta dejando claro el salto generacional que en contraste representaban los recién llegados. El éxito de la propuesta incluso impulsó en 2007 el spin-off titulado The Loners encabezado por la organización Excelsior, un grupo fundado el becario Phil Urich y Turbo de los Nuevos Guerreros en el que militaban antiguos superhéroes adolescentes y que tenía por misión “enseñar a los jóvenes que hay alternativas más sanas a ponerse un uniforme.”

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El reencuentro Nico y Alex en Avengers Undercover, patrocinado por Dennis Hopeless y Kev Walker

Los Runaways parecía que habían llegado para quedarse. Aunque después de concluido el segundo volumen era el momento de para volar libres fuera de la protección de sus creadores. Ese había sido siempre el deseo de Brian K. Vaughan que estaba orgulloso de poder legarlos a la Casa de las Ideas y ver como otros autores se encargaban de las vidas de sus muchachos. Después de su fundacional etapa inicial compañeros como el mismísimo Joss Whedon o auténticos talentos como Terry Moore, Humberto Ramos, Christopher Yost o Sara Pichelli han ejercido como padres adoptivos de estos aspirantes a superhéroes adolescentes. El paso del tiempo los ha integrado cada vez en el Universo Marvel, llegando a la dispersión y su aparición por separado en otras cabeceras de la editorial. El impacto comercial de series propias más allá de Vaughan ha sido modesto pero el cariño por parte de los aficionados se ha mantenido. El impacto que a su vez han dejado los Runaways en Marvel resulta evidente a tenor de las imitaciones que ha generado el concepto de Vaughan con series y propuestas en las que se ha explotado su concepto (Jóvenes Vengadores, Academia Vengadores, Vengadores Arena…). Pero no es su única creación Marvel que ha sido explotada por la editorial. Hay más.

“Un gran poder conlleva una gran oportunidad”. Esa variante del lema motivacional arácnido por excelencia sirvió de premisa para la otra gran creación del guionista en la Casa de las Ideas: El Encapuchado (The Hood en inglés en el original). ¿Qué ocurriría si Spider-Man fuera un gamberro egoísta? Esa es la respuesta que el guionista decidió responder en esta miniserie de seis números ambientada en la línea adulta MAX de la editorial, lo más similar que tenía por aquel entonces la Casa de las Ideas al sello Vertigo o a la Image Comics actual. La historia presenta a Parker Robins, un secuaz de Kingpin que de pequeño presenció un enfrentamiento entre Daredevil y Electro y quedó marcado para siempre. Tras la muerte de su padre y la enfermedad de su madre, la vida y la mala influencia de su primo John King le llevaron por la senda del mal, de cabeza a un encuentro con un demonio Nisanti (concepto que el lector más espabilado reconocerá de sus Runaways), a quien Parker roba capa y botas para obtener poderes de levitación e invisibilidad. En el relato, dibujado por el poco prolífico Kyle Hotz, Brian K. Vaughan demuestra su maestría en la construcción de las distintas capas de la personalidad del protagonista, haciendo creíble cada una de sus respuestas emocionales y su comportamiento tanto en su vida familiar como en el submundo callejero, un panorama cercano al “neo-noir” muy poco habitual en el grueso de la producción del guionista y más cercano al de compañeros como Brian Michael Bendis o Ed Brubaker.

De todos los proyectos desarrollados por Brian K. Vaughan, esta miniserie destaca por ser el más breve de todos ellos (con la excepción reciente de la miniserie We Stand on Guard). Sin embargo, la huella que dejó el personaje fue significativa, ya que sería recuperado años después por el citado Bendis (nacido en la misma ciudad que el propio Vaughan) en su etapa al frente de Los Nuevos Vengadores. El desconocimiento de Bendis de la historia vengativa le hizo más cómodo trabajar con personajes de nuevo cuño que estuvieran libres. Como también haría con el Sentry de Paul Jenkins, la Eco de David Mack, el Ares de Michael Avon Oeming o incluso la Chica Ardilla de Dan Slott. El Encapuchado de Bendis se convirtió en una figura villanesca de primer nivel alejándose del ladronzuelo incomprendido y oportunista de Brian K. Vaughan. Aliándose (en todos los sentidos) con Madame Máscara y formando todo un Sindicato del Crimen en pleno escenario post-Civil War, Parker fue una de las piedras centrarles del Universo Marvel durante varios años, acumulando y perdiendo poder en un ciclo que no parecía tener final. Actualmente, y tras unos años desaparecido, en pleno relanzamiento All-New All-Different Marvel, el Encapuchado ha regresado a la acción en la serie Illuminati, a cargo de Joshua Williamson y Shawn Crystal, liderando un particular grupo formado por una nueva Encantadora, Titania, el Pensador Loco, Black Ant y Thunderball. Solo el tiempo dirá si la próxima generación de guionistas de la Casa de las Ideas son capaces de hacer funcionar (en crítica y ventas) a los personajes de Vaughan, algo que hasta ahora se ha mostrado tan difícil como los malabares que ha tenido que hacer el autor de Y, El Último Hombre con las creaciones de otros compañeros de profesión.

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El Encapuchado en Los Nuevos Vengadores de Brian Michael Bendis

En la línea Tsunami tenemos precisamente una excepción a esta última teoría: los trece números que Brian K. Vaughan y los dibujantes Jorge Lucas, Michael Ryan y Manuel Garcia dedicaron entre 2003 y 2004 la por entonces secundaria y hoy en día omnipresente Mística. El guionista recuperó las difusas líneas de grises seña de identidad del personaje creado por Claremont y Cockrum, inyectando de paso unas altas dosis de política en sus tramas y aprovechando una premisa en la que la famosa mutante asumía misiones secretas encargadas de forma clandestina por el mismísimo Charles Xavier a cambio de protección. Esta tampoco resulta una novedad, la política siempre ha estado presente en la obra de Vaughan (“¿Eres americana?. No, tan solo disparo como si lo fuera.”) y esta obra no iba a ser una excepción. Si hay que emplazar la acción en Cuba se hace con el mismo acierto que a la hora de hablar sobre los campos de concentración en territorio estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, el apartheid sudafricano o de la problemática con Corea del Norte así como de aspectos más curiosos como la transexualidad entre las reinas del Carnaval brasileño. Episodios en muchas ocasiones auto-conclusivos, un poco reminiscentes del Global Frequency de Warren Ellis o del Alias televisivo que tanto triunfaba por aquel entonces, amén de la plaga de referencias a James Bond que introduce el guionista cada vez que puede. En estas aventuras, a Raven Darkholme le acompaña Forja, antigua ex–pareja amorosa suya de los tiempos del X-Factor de Howard Mackie, y se desvela que la sexy metamamorfa es de origen austriaco, tras tantos años de sospechas entre su acento alemán y su pasado oscuro. Una serie trepidante, con diálogos muy acertados, con historias clásicas de espías dobles, y una historia de lucimiento para Mística revestida de múltiples lecturas políticas. Está muy lejos de ser una obra maestra pero el guionista sí ofrece algunos de los mejores momentos del personaje en su ya larga historia. Al fin y al cabo, por mucho interés que estuviese empezando a generar Brian K. Vaughan en la industria, nadie se esperaba nada de un producto como Mística y las expectativas no le iban a jugar ninguna mala pasada. Algo muy distinto de lo que le ocurriría con su siguiente trabajo, también en la parcela mutante aunque en este caso para el Universo Ultimate.

Hay que comprender que a principios de siglo la Casa de las Ideas (muchos años antes de Iron Man) iba a remolque de las productoras que manejaban y explotaban los derechos cinematográficos de sus principales personajes. La editorial hacía lo posible por canalizar el éxito de las superproducciones de Sony y FOX con sus respectivas franquicias arácnidas y mutantes y sus productos derivados dentro de un catálogo Marvel muy distinto al actual, con la por entonces moderna y cinemática línea Ultimate a la cabeza. Tras la marcha de Mark Millar de Ultimate X-Men tras tres años al frente del título cimentando la franquicia mutante, Brian Michael Bendis prolongó algunas ideas durante un año más con menos gracia que su antecesor antes de centrarse en otros proyectos. ¿Quién sería el reemplazo de Millar y Bendis en una de las series insignia de la editorial de Bill Jemas y Joe Quesada? A comienzos del 2004, Marvel filtraba a través de la todopoderosa Variety que su sustituto sería, nada más y nada menos, que Bryan Singer, director de las dos primeras películas de X-Men. Escudado por sus lugartenientes Dan Harris y Michael Dougherty, se encargarían de Ultimate X-Men mientras simultaneaban la adaptación de El Juego de Ender (la obra maestra de Orson Scott Card) a la gran pantalla y la preparación de X-Men 3. Así pues, qué mejor sinergia comercial y creativa que mezclar séptimo y noveno arte a través de Bryan Singer. Los rumores pronto dieron paso a confirmaciones pseudo-oficiales y declaraciones de Singer afirmando que “hay un montón de cosas que no puedo explorar en las películas debido a la restricción por edades. Los cómics me ofrecen la oportunidad de expandir las ideas que me interesan acerca del Universo Mutante y tomar más riesgos.” En un mundo en el que la FOX y Marvel todavía iban de la mano, el único problema era la agenda de Singer. Hasta que el hollywoodiense hiciera un hueco en la misma, Joe Quesada eligió a dos autores: David Mack (viejo conocido suyo) y Brian K. Vaughan (de segundo apellido “joven talento”). Ambos escribirían sagas provisionales, sin cambiar el statu quo, hasta la llegada del esperado mesías mutante. Sin embargo, el primero no llegó a escribir ni una sola línea, y Vaughan se vio al frente de una cabecera como Ultimate X-Men sin haber cumplido todavía los treinta años. Su paso por la serie era provisional, hasta que Warner Bros. anunció el fichaje del director para dirigir Superman Returns, con consiguiente enfado de la FOX, donde no dudaron (de hecho, corrieron bastante) en prescindir de él y, como consecuencia, del limbo creativo de sus historias para las viñetas. Sin embargo, la pena entre los aficionados fue entre poca y nula, porque durante ese año y medio Brian K. Vaughan supo mantener alto el nivel de la serie, conjugando nostalgia y respeto con enfoques novedosos y tramas rápidas, a pesar de algún resbalón considerable. En definitiva, una simple sustitución se convirtió en un puesto fijo que ayudó a Vaughan a ganar su primer Premio Eisner a Mejor Guionista en 2005, gracias también al trabajo realizado en las mencionadas Runaways, Ex–Machina e Y, El Último Hombre. Aquí ya sí, una estrella había nacido.

La provisionalidad en el título se hace presente en los desarrollos de las tramas de su primera parte en la serie. En ella, Vaughan ha de lidiar con la reciente muerte de La Bestia y en cómo afecta psicológicamente al grupo. Para ello, apoyado por el dibujo de Brandon Peterson, improvisa una moderna y urbana adaptación de la Masacre Mutante, que servirá para unir a la Patrulla una vez más y enfrentarse Siniestro muy distinto al que conocemos, alejado de las grandilocuencias y monólogos de la versión original. Este tatuado ex-biólogo de Oscorp está al servicio de una entidad conocida como Apocalipsis (tramas que heredaría, con poco acierto, Robert Kirkman en un futuro), más presente en su cabeza drogada que en ningún otro lado, impulsándole a matar a mutantes para poder emplear su energía. Si bien a Brian Michael Bendis siempre se le ha felicitado por el acierto con el que ha dialogado a los adolescentes en sus cómics, sobre todo en el caso de su Ultimate Spider-Man donde llegó a realizar unas declaraciones entre divertidas e inquietantes en las que afirmaba que “voy sólo a los centros comerciales y me quedo escuchando a los chavales cuando hablan entre ellos”, su compañero Brian K. Vaughan no se queda nada lejos, y tanto las relaciones románticas entre Jean/Scott y el trío amoroso entre Pícara/Bobby/Kitty Pryde son un buen ejemplo de ello, además de la naturaleza y ritmo con la que trató y descubrió la homosexualidad de Coloso.

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Portada para el número 53 de Ultimate X-Men de la etapa de Brian K. Vaughan

Por lo demás, y gracias al tierno estado de la línea Ultimate, Brian K. Vaughan aprovechó para “ultimatizar” muchos conceptos y elementos del Universo Marvel tradicional. Y es que, realmente, durante la etapa de Mark Millar en el título la totalidad de las sagas se habían centrado en la figura antagónica de Magneto, y tocaba dejar descansar al Amo del Magnetismo durante un tiempo y proceder con la revisión de otros conceptos mutantes. Su talento como guionista es evidente si tenemos en cuenta que fue capaz de mezclar en un mismo número conceptos tan dispares de la mitología mutante como Krakoa, Genosha, Longshot, Espiral o Mojo. Acompañado de Stuart Immonen y con algunas gotas de tintes políticos y televisivos (tan propios de Mojo, por otro lado), Brian K. Vaughan ofrece una historia de supervivencia, desobediencia y traición, donde las cosas no son siempre lo que parecen. A esta aventura (Ultimate X-Men #54-57) le sigue un número auto-conclusivo que supone una curiosa excepción en la carrera del guionista de Cleveland, ya que podríamos considerar la creación de Sindicato (un personaje nuevo Ultimate sin contrapartida tradicional) su “pequeño fracaso” en términos de creación de personajes. Pese a las implicaciones policiales del relato, este siamés poderoso pasó (y pasará) sin pena ni gloria por el título y el Universo Marvel. La primera aparición de Yuriko, la profundización en las implicaciones en la relación entre un adulto y una menor (en el caso de la relación Lobezno/Tormenta) o la relación entre Pícara y Gámbito en pleno enfrentamiento con el Juggernaut (y pseudo-homenaje a la clásica historia arácnida de Roger Stern) son la antesala de su gran historia de despedida del título. En ella, Vaughan explora la relación entre el Instituto de Emma Frost y la Escuela de Xavier, algo que Brian Michael Bendis pasó casi por alto pese a introducir esos elementos, y cataliza la historia en torno a la liberación de Magneto de su prisión en el Triskelion. Todos los conceptos introducidos en su etapa, desde Longshot o Dama Mortal hasta la relación Kitty/Bobby o la madurez de Scott Summers, confluyen en este relato en el que además Vaughan se da el capricho de renovar a Mística presentándola como una ex-pareja de Charles Xavier despechada por su desprecio en favor de Emma Frost. Una última aventura entretenida, mutante desde su corazón (con Salas de Peligro por todos los lados, como en los buenos tiempos de Claremont) con varios bandos en conflicto (visita de los Ultimates incluida), alguna muerte de guarnición, una nueva relación amorosa y un final abierto como mandan los cánones. Se trata del concepto más superhéroico que ha llegado a desarrollar Brian K. Vaughan en sus quince años en el mercado del cómic, y sin ser de lo mejor de su producción, ni lo mejor de la franquicia mutante de los últimos años, es una lectura muy divertida y de lo más digna. Toda una pena para los Marvel Zombies que su futuro fuera a discurrir por otros lares, aunque todavía quedaba un último caramelo en forma de juramento.

Debido a su entrada en Los Nuevos Vengadores, las altas instancias editoriales pensaron a finales de 2006 que era el momento de dar notoriedad al doctor, incapaz hasta entonces de mantener una serie regular en ventas (algo en lo que fracasó el inspirado J. M. Strazcysnki de principio de siglo). Para ello, confiaron el proyecto al tándem creativo formado por Brian K. Vaughan y Marcos Martín (Amazing Spider-Man, Daredevil), que se reunían seis años después en un punto muy distinto de sus respectivas carreras. La miniserie, titulada El Juramento, enseguida iba a plantear al lector un dilema no muy original pero si muy polémico: “¿merece la pena erradicar las enfermedades de este mundo a pesar de los problemas de sobrepoblación que causarían?.” La premisa resulta resbaladiza pero Vaughan no pierde el norte en ningún momento y es consciente en qué terrenos se está moviendo, ofreciendo por encima de todo un cómic de aventuras y banalizando por elección propia la cuestión. Apelando a los conceptos básicos de la historia del Doctor Extraño (contando el origen una vez más, como mandan los cánones, pero de forma más colorida que nunca) e introduciendo algunos nuevos, como el cuartel general de la Enfermera de Noche (antiguo personaje Marvel olvidado donde los haya) donde llega un desesperado Wong con el cuerpo de su maestro en las primeras páginas.

Con “ex” de Ex-Machina, éxito y exilio.

Estamos a mediados de la primera década de este siglo y Brian K. Vaughan había pasado de ser una promesa del cómic estadounidense a un valor real del mismo. Los titubeos y dudas del guionista en sus primeras obras habían quedado igualmente atrás como demuestra otra de sus más importantes creaciones en estos años: Ex Machina. En este caso fue Wildstorm la que acogió en 2004 la rompedora propuesta de Vaughan que nos presentaba al superhéroe retirado The Great Machine, alter ego de un Mitchell Hundred que un buen día decide dejar a un lado su identidad superheroica para buscar una manera mejor y más efectiva de ayudar a la gente. Esto, para su ingenuidad, le lleva a meterse en política y convertirse en el nuevo alcalde de la ciudad de Nueva York.

Este drama político, según ha comentado su creador en alguna ocasión, nació de su propia ira por toda la situación social y política de principios de siglo y, en consecuencia, por su necesidad de seguir explorando temas del mundo real en sus historias. En ella se tratan temas como la relación de la religión con los estados, el racismo o la homofobia, sin adscribirse a ninguna postura o ideología política concreta, apostando por el pragmatismo de su protagonista y descartando cualquier clase de idealismo o utopía. La acción se sitúa en una realidad paralela a nuestro mundo en la que sucesos como el atentado terrorista a las Torres Gemelas de 2001 o el apagón de Nueva York en 2003 son reinterpretados para adaptarse a una trama que vuelve a jugar con el concepto de la existencia real de superhéroes en nuestro mundo en la mejor tradición de Watchmen. El juego metaficcional llega al extremo de convertir al propio Brian K. Vaughan y su compañero de aventuras Tony Harris, dibujante principal de la serie, en una pequeña referencia de este universo paralelo al ser mencionados como los autores descartados para hacerse cargo la biografía gráfica del alcalde Mitchell Hundred. En el cómic los elegidos para llevar a buen puerto dicha tarea son Garth Ennis y Jim Lee.

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Ilustración para la edición especial de Ex-Machina

La estrategia que puso en práctica Brian K. Vaughan en esta cabecera fue la misma que ya había llevado a cabo en Y, El Último Hombre. Es decir, contar su historia en los números necesarios, ni uno más, ni uno menos, y moviendo sus tramas llenas de referencias culturales e impactantes cliffhangers al final de cada capítulo para adaptarse mejor a la posterior publicación en tomos. En relación al apartado gráfico de la cabecera los lápices de Tony Harris contaron con el apoyo puntual de nombres como Chris Sprouse y John Paul Leon. Todos ellos con un estilo comedido y parco de espectacularidad pero elegante y suficientemente preciso como para retratar perfectamente el trasfondo político de la publicación. Ex Machina ganó en 2005 el Premio Eisner y el Premio Harvey a la Mejor Serie Nueva. De forma casi inmediata, la productora New Line Cinema demostró su interés por realizar una adaptación a la gran pantalla de la obra. El proyecto no salió adelante de igual manera que pasaría con Y, El Último Hombre de la que se habló durante un tiempo de una serie producida por el canal FX, idea retomada hace poco por la cadena, y de una película dirigida por D.J. Caruso y protagonizada por Shia LaBeouf. En ambos proyectos estuvo implicado Vaughan como guionista. Esto no contribuyó a que llegasen a buen puerto aunque son un claro indicativo de la posición alcanzada en la industria por Brian K. Vaughan a mediados de la década pasada. La crítica había encontrado a su nuevo niño mimado y los lectores apoyaban ciegamente sus iniciativas al tener su nombre por un sinónimo de calidad garantizada. Esto hizo que en 2006 el responsable de Y, El Último Hombre lanzase con mayor seguridad al mercado la que ha sido hasta la fecha su última obra publicada en la línea Vertigo: Los Leones de Bagdad.

Este trabajo era diferente a todo lo anterior que había probado Brian K. Vaughan. La obra mantenía su interés por el devenir del mundo moderno pero en este caso lo expresaba en forma de fábula y contando con los lápices del canadiense Niko Henricho. Había otra novedad también llamativa en Los leones de Bagdad relacionada con su sistema de publicación. La historia se lanzó en íntegramente único volumen descartando el sistema de serialización tradicional. La decisión fue idea de su propio creador y la explicaba de la siguiente manera: “Yo quería que los lectores experimentasen la rapidez con la que cambian las vidas de estos animales y esto funcionaba mejor en un trabajo cuya historia se puede leer de un tirón.” En 2007 los Premios Harvey le dieron la razón al entregarle el premio a la Mejor Novela Gráfica Original.

La historia de Los Leones de Bagdad narra como una pequeña manada de cuatro leones se escapa del zoológico de Bagdad en 2003 durante el bombardeo estadounidense de Irak. El argumento está basado en hechos reales pero Brian K. Vaughan lo transforma en una parábola para lectores adultos que habla del absurdo de la guerra y sus todavía más absurdas y terribles consecuencias. Para lograrlo nos muestra dichos acontecimientos a través de la mirada y experiencia de estos animales que en la práctica manejan roles propios de una familia humana tradicional. Esta humanización de los personajes sirve para reinterpretar la manera en la que vemos el mundo, reflexionar sobre ese etéreo concepto que llamamos libertad, y articular un relato generacional en el que de manera trágica se nos recuerda que el hombre es el único animal capaz de tropezar las veces que haga falta con la misma piedra.

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Los protagonistas de Los Leones de Bagdad

El siguiente proyecto de Brian K. Vaughan se adentró igualmente en terrenos desconocidos para el autor al tratarse de una secuela en formato cómic de la novela Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay de su compatriota Michael Chabon. Esta obra publicada en el año 2000, y ganadora del Premio Pulitzer, es toda una carta de amor a la Edad de Oro del cómic estadounidense. En ella se narra la ficticia vida de un dibujante de cómics llamado Josef Kavalier y su primo y guionista Sammy Klayman. Juntos se convierten a comienzos de los años cuarenta en los creadores del superhéroe conocido como El Escapista que les aportará muchas alegrías y también algún que otro dolor de cabeza. La historia toma elementos de las vivencias reales de parejas de conveniencia del mundo del cómic como Joe Shuster y Jerry Siegel o Stan Lee y Jack Kirby, así como de otros autores célebres de la historieta como Joe Simon o Jim Steranko.

En 2004 en todo un ejercicio de metaficción Michael Chabon llegó a un acuerdo con la editorial Dark Horse Comics para crear el cómic de The Escapist en una publicación que tuvo por título Michael Chabon Presents the Amazing Adventures of the Escapist. En ella el novelista colaboró con autores como Howard Chaykin, Kevin McCarthy o Kyle Baker. Es entonces cuando entra en escena nuestro protagonista para hacerse cargo de una miniserie de seis números bajo el nombre de The Escapists (en plural) inédita todavía en nuestro país. La historia cumple con creces como secuela de la obra original de Michael Chabon y Vaughan sabe llevarla además a su propio terreno para ofrecernos una narración que tiene todas sus señas de identidad como autor. En la premisa de la obra conocemos al joven Maxwell Roth que después de la muerte de su padre encuentra su colección de cómics de The Escapist desarrollando al instante una enfermiza fijación por dicho personaje. En una decisión que cambiará su vida decide escribir sus propias historias para el llamado Maestro de la Ilusión intentando de esta manera devolverle la gloria de décadas pasadas. Esta misión le llevará a conocer a la dibujante Case Weaver y el entintador Denny Jones con los que mantendrá una simbiótica relación creativa durante años casi tan interesante y cautivadora como la historia personal resultante entre ellos.

The Escapists vuelve a ser un modélico ejercicio de caracterización de Brian K. Vaughan quien mueve los sentimientos de sus personajes a placer al mismo tiempo que rinde tributo al libro original de Michael Chabon. El relato realiza todo un viaje espiritual por la historia del cómic desde la Edad de Oro hasta nuestra más reciente actualidad y aprovechando la ocasión para proponer a los lápices de Jason Alexander y Steve Rolston, y los de Philip Bond y Eduardo Barreto, encargados del primer número, una exploración de las emociones y sentimientos de su trio protagonista a través de los recursos propios de la viñeta. Los cambios de estilo sirven para establecer tres dimensiones en la obra: la de los autores protagonistas, la de la creación de estos mismos inspirada en el mundo de The Escapist (a su vez referente a la realidad de la novela de Michael Chabon) y, por último, la nuestra misma como lectores. Todo un ingenioso ejercicio de ilusionismo en el que Vaughan remarca muy bien su declaración de intenciones en la conclusión del relato con esa página en blanco que nos muestra a cámara uno de los personajes principales para reivindicar la libertad creativa del artista. Este es el germen de una idea que Brian K. Vaughan llevaría a su máxima expresión con la creación de Panel Syndicate.

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Portada del número 6 de The Escapists

Para cuando el último número de The Escapists estaba en las tiendas especializadas el nombre de Brian K. Vaughan ya había trascendido más allá de la viñeta. Según la revista Wizard el autor no había tenido rival en 2006, y por ello lo reconocía con el galardón al Mejor Guionista de Cómics del momento. Mientras los rumores de adaptaciones a otros medios de sus obras continuaban el ahora guionista de moda también empezó a recibir ofertas de fuera del mundo del cómic. Este es el caso del productor Damon Lindelof, creador de la serie de televisión Perdidos junto al director J. J. Abrams, que enamorado del trabajo realizado por Vaughan en Y, El Último Hombre lo quiso fichar para su equipo de guionistas en el programa. Era una oportunidad difícil de rechazar para el estadounidense por su formación académica y por ser un declarado fan de la serie de televisión. Finalmente, en 2007, con los tambores de la huelga de guionistas que ese mismo año y el siguiente afectaría a la industria estadounidense ya resonando, se incorporó a la producción de Perdidos. Esto no pilló por sorpresa a muchos de sus lectores al haber dejado más de un guiño a la serie en algunas de sus últimas obras. En Los Leones de Bagdad uno de sus personajes tenía una línea de diálogo bastante curiosa. “Viviremos separados, o moriremos juntos”, exclama el joven macho alfa Ali a su manada. Una frase que inevitablemente nos retrotrae a Perdidos cuando el Dr. Jack Shepard interpretado por Matthew Fox, en una situación de supervivencia extrema similar, sermoneaba al resto de supervivientes del vuelo 815 de Oceanic Airlines: “Sálvese quien pueda no es la solución. Si no podemos vivir juntos, moriremos solos.” En el segundo volumen de Runaways encontramos igualmente esta conexión con Perdidos. En ella uno de sus protagonistas utiliza un contestador automático cuyo mensaje de presentación especifica que los miércoles no aceptará llamadas hasta después de haber visto el capítulo de Perdidos de la semana.

Esta nueva etapa obligó a Brian K. Vaughan a dejar algo de lado su desempeño en el mundo del cómic para centrarse como escritor y productor de esta serie de televisión a la que estuvo aportando ideas durante tres temporadas. Para cuando abandonó en 2009 la cabecera había colaborado en la escritura de siete capítulos, un par de mobisodes y además había ejercido como productor de muchos de ellos. El autor aportó su especial sensibilidad a la “macro-historia” de Perdidos como editor ejecutivo en diversos capítulos hasta que se lanzó a escribir con Jeff Pinker Catch-22. Después de este episodio correspondiente a la tercera temporada dejó su huella en otros tres en la cuarta: Confirmed Dead, Meet Kevin Johnson y The Shape of Things Come, en los que tuvo como compañeros a Drew Goddard y Elizabeth Sarnoff. En la quinta temporada Melinda Hsu Taylor, Paul Zbyszewski y nuevamente Elizabeth Sarnoff fueron sus parejas de baile para encargarse de episodios como The Little Prince, Namaste y Dead is Dead. Ese mismo año Damon Lindelof y Carlton Cuse rindieron culto al guionista en el capítulo titulado 316 en el que podíamos ver al bueno de Hurley, el peculiar personaje encarnado por el actor Jorge García, disfrutando de la lectura de un número de la edición española de Y, El Último Hombre.

La que para muchos sigue siendo la obra maestra de su autor llegaba precisamente a su andadura final en 2008 y sus excelencias fueron galardonadas con tres Premios Eisner correspondientes a la Mejor Serie, al Mejor Dibujante, para la alianza formada por Pia Guerra y José Marzan, Jr., y, por supuesto, al Mejor Guionista, para un Brian K. Vaughan que era así reconocido también por su trabajo en otras publicaciones como Ex Machina, Runaways y su etapa en Ultimate X-Men. La guinda del pastel fue la nominación de su trabajo en 2009 al Premio Hugo a la Mejor Historia Gráfica estrenando Brian K. Vaughan dicha categoría al lado de compañeros de profesión como Joss Whedon o Bill Willingham. Por otro lado, el progreso de Vaughan en el medio televisivo se confirmó en 2011 al encomendarle el mismísimo Steven Spielberg el desarrollo de la adaptación a la pequeña pantalla de La Cúpula. La novela de Stephen King presentaba una premisa de ciencia ficción propicia para el guionista estadounidense que avalado por el canal CBS asumió el cargo de productor ejecutivo y principal responsable de la primera temporada de la serie. La experiencia resultó positiva y la audiencia respondió pero Vaughan abandonó la cabecera en su segunda temporada para regresar por todo lo alto a los cómics. Lo mejor estaba todavía por llegar.

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Hurley leyendo la edición española de Y, El Último Hombre en un capítulo de Perdidos

Vuelta al ruedo por la puerta grande

En verano de 2011, en plena convención de Cómics de San Diego, Brian K. Vaughan anunció que volvería a escribir una serie regular de cómics. En realidad no había pasado tanto tiempo desde que cerró su última gran obra Ex-Machina, pero su salida del noveno arte se había interpretado como una despedida definitiva. Su itinerancia por el mundo del cine y la televisión era comprensible, ya que volvía al medio en el que se había formado académicamente y, al fin y al cabo, la lista de autores aclamados que optan por un retiro del mundo del cómic es larga (con Gaiman a la cabeza). Afortunadamente, la ebullición creativa de Brian K. Vaughan le empujó a regresar a los cómics. Sin embargo, al contrario de lo que todo el mundo podía esperar o suponer, ese regreso no se produjo en las páginas de Vertigo/DC o Wildstorm. Esa casa era muy distinta de la que había recibido a Vaughan diez años antes, así que el guionista de Cleveland eligió Image Comics para publicar su obra, provocando un efecto llamada en la industria del cómic al dar paso a una nueva era de la editorial dirigida por Eric Stephenson. Aunque no de forma exclusiva, Image sería su hogar desde entonces a la actualidad, dando cobijo a sus distintas creaciones: Saga, We Stand on Guard y, por supuesto, la mencionada en la introducción del artículo, Paper Girls.

Acompañado de la dibujante canadiense Fiona Staples (North 40), Vaughan canalizaría todas sus inquietudes recientes como padre para dar forma a Saga, un cruce de influencias desde la muy evidente de Romeo y Julieta hasta La Guerra de las Galaxias, Juego de Tronos o El Cantar de los Nibelungos. Poco queda por decir de esta space opera fantástica ganadora de los Premios Eisner y Harvey a Mejor Serie en 2013, 2014 y 2015, además de un Premio Hugo en 2013 e incluso el Premio a Mejor Obra Extranjera en el Salón del Cómic de Barcelona, un territorio habitualmente excluido a obras mainstream americanas con pocas excepciones (aunque merecidas, como The Walking Dead) estos últimos años.

Brian K. Vaughan afirma que concibió Saga en su juventud “mientras estaba aburrido en clase de matemáticas, y estaba influenciado por Star Wars, Flash Gordon y varios cómics de Silver Surfer pero no fue hasta que “mi mujer se quedó embarazada de nuestra segunda hija que di forma a los personajes, Alana y Marko”. Son los protagonistas de una guerra intergaláctica entre las razas de los Terrada y los Guirnalda (Capuletos y Montescos) sin un final a la vista que luchan por sobrevivir en la disputa entre ambos bandos natales mientras cuidan de su recién nacida hija Hazel, que funciona argumentalmente además como la narradora (desde el futuro) de la serie, un recurso narrativo completamente único en la biografía de Vaughan, quien hasta ahora siempre había prescindido de esta técnica tan en desuso en el siglo XXI. Pese a todo el envoltorio intergaláctico, la familia y la generación (de ahí, al fin y al cabo, es de donde Brian K. Vaughan ha extraído el título para la obra) están presentes en Saga, afirmando el guionista que buscaba “escribir sobre la paternidad, pero desde un punto de vista interesante, superponiendo la creación artística con la creación de un niño”. Este arraigo familiar se refuerza con la suma de nuevos personajes en los distintos arcos argumentales, como el caso de los padres de Marko (Klara y Barr) o la entrada de Gwendolyn, ex-prometida del padre de Hazel y muy reminiscente de la Agente 355 de Y, El Último Hombre.

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Teaser de Image Comics anunciando la publicación de Saga

El reparto de secundarios no acaba ahí ni mucho menos, ya que tan pronto Vaughan y Staples presentan un fantasma adolescente con intestinos colgantes que murió por pisar una mina anti-persona que une su alma con la de Hazel o a un inquisitivo Príncipe Robot IV, humanoide con una pequeña televisión por cabeza con síndrome de soldado veterano, problemas sexuales y con una nave con forma de calavera de dragón. Todo ello sin olvidarnos del autónomo cazarrecompensas conocido como La Voluntad, la Gata de la Mentira o más sorpresas que el lector irá encontrando por el camino, todos ellos condensando alguna de las inquietudes políticas o sociales (niña esclava incluida) o homenajes a sus influencias cinéfilas a través de los distintos parajes y planetas que visitan los protagonistas, que no son pocos, porque llega un punto en el que es difícil de saber si “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Pero, en el fondo, Saga no deja de ser una gran aventura. Los cliffhangers, las elipsis narrativas y los saltos temporales (al estilo Y, El Ultimo Hombre o la quinta temporada de Perdidos) entre macro-sagas están a la orden del día, acompañados de sexo (con polémicas con Apple incluidas por la distribución digital de sexo supuestamente hardcore), violencia XXL y cameos estrafalarios, todo ello salteado con pequeñas clases de historia (resurrección del Esperanto incluida). El trabajo de la canadiense Fiona Staples (una casi recién llegada al medio en aquel momento) demuestra una enorme virtuosidad en los lápices, una imaginación desbordante en personajes estrafalarios y ambientaciones oníricas y un sentido de la narrativa necesario para cualquier acompañante de Brian K. Vaughan, compensado por la excesiva vagueza en lo referente a los fondos de las viñetas, su gran punto débil, velocidad aparte. De hecho, el ritmo de publicación de Saga no es vertiginoso (un tomo al año desde 2012) y tampoco se prevé que incremente dado los nuevos compromisos de Staples. Y es que su labor al frente de Saga la ha convertido en una de las figuras más destacadas de la industria, siendo incluso seleccionada para relanzar la histórica cabecera de Archie, acompañando a Mark Waid en esta nada fácil tarea. Su estancia en la serie ha durado únicamente los tres primeros números, pero es el tiempo suficiente para que la dosis de nuevos capítulos de Saga haya disminuido. Al menos, Vaughan tiene otros muchos caramelos que ofrecernos en su lugar.

Panel Syndicate, el nuevo hogar

“La verdad es que, desde esa primera historia corta de Batman, habíamos intentado volver a trabajar juntos varias veces pero, dejando de lado la miniserie del Doctor Extraño, no había podido ser por una razón u otra. Finalmente, a principios del 2011, coincidió mi decisión de dejar la Marvel con la propuesta de Brian para hacer The Private Eye juntos”. Estas declaraciones corresponden a Marcos Martín, en una entrevista de 2013 concedida a Zona Negativa. Y es que aunque la importancia de los dibujantes en las obras de Brian K. Vaughan es algo innegable y cuesta imaginarse Y, El Último Hombre sin Pia Guerra, Ex-Machina sin Tony Harris o Saga sin Fiona Staples, la colaboración entre Martin y Vaughan alcanza un nivel más simbiótico en la que tiene mucho que ver su relación personal. Martin comenta que “nos conocimos a finales del 1999, al inicio de nuestra carrera, cuando nos juntaron para trabajar en una historia corta de Batman (en la comentada Batman: Gotham City Secret Files and Origins). “En esa época”, prosigue, “vivíamos los dos en Nueva York y resultó que éramos vecinos, así que quedábamos de vez en cuando para charlar y tomar café. Teníamos ideas y gustos similares y nos hicimos amigos, así que seguimos en contacto incluso después de que yo volviera a Barcelona y él se mudara a California”. Y el momento llegó. Un día después del anuncio y pillando por sorpresa a la práctica totalidad de la industria (lectores, editores, distribuidores, etc) ambos autores lanzaban su nueva obra: The Private Eye.

Cuando en un futuro no muy lejano, historiadores y periodistas del medio echen la vista atrás para analizar y estudiar la génesis de un mercado digital que se prevé dominante sobre el de papel a medio plazo, deberán marcar con un punto rojo bien grande la fecha de Marzo de 2013. A finales de 2011 y comienzo de 2012 se produjeron grandes avances en la distribución y financiación digital de comics como fueron los contratos de Marvel Comics y DC Comics con ComiXology o los primeros proyectos crowdfunding/Kickstarter (a los que se acogieron autores como Joshua Hale Fialkov, Gail Simone o Marc Silvestri), pero el impulso definitivo llegó de la mano de Panel Sindicate. Esta iniciativa, definida como “plataforma de auto-publicación”, aúna lo mejor de las dos estrategias previas cambiando la percepción del mundo del comic por parte de no pocos aficionados. Tal y como los propios autores afirman, “este formato de publicación directamente se salta a los distribuidores, comerciales y propietarios de las tiendas de comics por un lado y, por otro lado, dado su carácter de cómic independiente, a la propia editorial”. El importe íntegro que el lector destine a la compra de The Private Eye está destinado a los autores, mantenimiento de servidores y traductores aparte. Tradicionalmente (a ambos lados del charco), y con unos cálculos más o menos aproximados, un tercio del comic se ingresa por parte de los distribuidores, otro tercio por las tiendas que lo venden y el resto va para la editorial, quien reparte lo recaudado entre los autores después de descontar nóminas, publicidad, imprenta, etc. Eliminando muchos de esos eslabones de la cadena, queda claro que el porcentaje del beneficio autoral se maximiza, incluso ante un posible (que no probable) descenso en la recaudación.

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The PrivateEye, la obra de Brian K. Vaughan y Marcos Martin

Teniendo todos estos factores en cuenta, todo parece indicar que tanto los autores como los lectores son los beneficiados. Unos ganan más y los otros gastan mucho menos. Sin embargo, sacar la calculadora y jugar a ser tesorero no es cosa fácil y todavía hay muchas incertidumbres en el aire. A la inevitable pregunta de “¿Cuánto debo pagar por comprar el cómic?” cuya respuesta no es tajante y preestablecida sino personal, se le unen otras tantas incógnitas. ¿Dónde está el umbral del éxito? ¿Se conocerán las unidades vendidas? ¿Cómo reaccionarán los distribuidores ante esta iniciativa? ¿Optará la gente por pagar mucho en la primera entrega, para asegurarse que los autores completen la serie, y pagarán poco o nada en las sucesivas entregas? Y, sobre todo, ¿cuáles son las verdaderas posibilidades de que The Private Eye se acabe publicando en un tomo recopilatorio en papel? ¿Pagaríais lo mismo si supierais que os ibais a comprar dicho tomo? En definitiva, muchas incógnitas en un terreno inexplorado cuyas respuestas el lector conocerá a la vez que los propios autores, a quienes su prestigio y fama les permite poner en marcha esta arriesgada aventura. Y, teniendo en cuenta que tras la conclusión de los diez números de The Private Eye, ambos autores se han embarcado en un nuevo proyecto titulado Barrier, es muy ingenuo pensar que no les ha salido bien. Ahora bien, la senda abierta por los autores de momento tan solo ha tenido continuidad en Universe!, la obra de Albert Monteys.

En cuanto a The Private Eye, es inevitable señalar resulta cuanto menos curioso que un hombre que hoy en día vive recluido de las omnipresentes redes sociales (sin Twitter, Facebook, etc., herramientas casi obligatorias para un autor en los tiempos que corren) haya sido el encargado de revolucionar el medio digital escribiendo un cómic que, precisamente, trata sobre el peligro de Internet y las redes sociales en nuestra sociedad actual. Una gran ironía cuya gestación es entendible en los tiempos de Edward Snowden, Wikileaks, el Big Data, (supuestos) hackeos de Twitter de famosas desnudas, las presiones del FBI a Apple y acosos mediáticos varios. Nuevamente, se nos emplaza a un futuro distópico (el ya no tan lejano 2075) donde la singularmente conocida como “La Nube” explotó y toda nuestra información personal, datos privados y secretos más guardados fueron expuestos ante todo el público. Todos nuestros historiales de búsquedas, nuestros correos, contraseñas, cuentas de banco, Dropbox, Instagram… Al autor le es imposible resistirse a la tentación de evidenciar que vivimos en un mundo en el que los límites de la privacidad se recortan cada vez más en búsqueda de la prometida seguridad y donde la prensa juega muchas veces el papel de juez, jurado y hasta verdugo. En esa línea, y envuelto en un tapiz de thriller detectivesco del relato, Brian K. Vaughan nos presenta una sociedad en la que todo el mundo viste, de cara al exterior y las interacciones humanas, una máscara con la que disfrazarse y protegerse, siendo los detectives privados a la antigua usanza una de las pocas formas de descubrir nueva información. Ahí es donde entran los protagonistas principales del relato, una joven mujer llamada Taj McGill que contrata al también joven conocido como PI para que la investigue a ella, de cara a comprobar hasta qué punto está “limpia” de la explosión de la Nube. El relato se complica a medida que se suceden las muertes (empezando por la propia Taj, propiciando la entrada en escena de su hermana Raveena), las subtramas terroristas, asesinos gemelos internacionales de lo más pop, conglomerados industriales y hasta un cohete espacial modificado (para hacer el mal, claro). Un combo creativo y reivindicativo firmado por Marcos Martin y Muntsa Vicente en el culmen de su carrera, jugando con la horizontalidad del formato propio y las posibilidades de la ambientación futura, persecuciones coches voladores incluidas. Una obra cuya publicación en papel en nuestro país puede dejar de ser un sueño en poco tiempo…

2015 y más allá

Tras la conclusión de The Private Eye y con Saga batiendo cifras y récords de ventas, durante el pasado 2015 Brian K. Vaughan lanzó tres nuevos proyectos independientes al mercado, todos ellos recibidos notablemente por crítica y público. Estos son: la miniserie de seis números We Stand on Guard, la serie regular Paper Girls y el ya citado nuevo cómic digital en Panel Syndicate titulado Barrier. Tres productos completamente distintos pero profundamente personales y con la marca de identidad “BKV” en todas sus páginas.

En el primero de estos proyectos (ya concluido) está acompañado por Steve Skroce, un dibujante canadiense que alcanzó bastante prestigio a finales del siglo XX por su trabajo en la series de Spider-Man, Lobezno o Gambito, pero que encontró el éxito profesional en el campo de storyboard cinematográfico, cuando en 1999 fue el encargado de esa tarea en el Matrix de los hermanos Wachowski. Desde entonces, ha continuado colaborando con estos cineastas en producciones como V de Vendetta, Speed Racer, Ninja Assassin, El Atlas de las Nubes o la inexplicable El Destino de Júpiter. Durante las proyecciones de esta última, los hermanos Wachowski le presentaron al autor de moda y tras hablar con él decidió volver al mundo del cómic, embarcándose en un proyecto con el escritor que acabaría siendo esta miniserie, la cual será publicada por Planeta Cómic durante los próximos meses. We Stand on Guard se sitúa en el año 2112 y comienza por un bombardeo del territorio canadiense por parte del gobierno de los Estados Unidos respondiendo así a un ataque terrorista previo sobre la Casa Blanca. Casi nada. La posterior invasión del país vecino (Cleveland, la localidad natal de Brian K. Vaughan está a menos de media hora de territorio canadiense) se produce de forma rápida y atroz, y en un clima cuyos acontecimientos no dejan claros la culpabilidad del estado de Canadá. Vaughan propone pues un paralelismo y crítica subyacente y nada encubierta a la política exterior de los Estados Unidos, propensos por naturaleza a invadir y luego preguntar. Su autor juega nuevamente con elementos políticos en sus guiones y aquí los utiliza como un elemento catártico para la motivación de Amber, la protagonista (femenina una vez más) principal de la serie, quien contempla con horror como toda su familia muere en el conflicto. Doce años después del fatídico día, el país de la bandera de la hoja de arce continúa invadido por las fuerzas de ocupación estadounidenses, compuestas mayormente por gigantescos robots, y Amber forma parte del Escuadrón 2-4, la última célula de la resistencia canadiense. El creador de Ex-Machina aprovecha también estas páginas para recordarnos que la relación estado-canadiense ha sido menos pacífica que lo que la actualidad puede hacernos creer. Reflexiones trabajadas y encajadas en el momento y lugar adecuado.

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We Stand on Guard, de Brian K. Vaughan y Steve Skroce

Pero pese a toda la combinación de elementos (ya solo por la referencia metatextual al origen de Superman en estas páginas la miniserie vale su precio en oro), es cierto que We Stand On Guard no ha resultado una serie tan brillante como otras de las obras del currículum de Brian. Y aquí es donde se puede extraer otra de las reflexiones comunes a su forma de escribir, y es que Brian K. Vaughan tiene en su ADN de guionista mucho más de corredor de fondo que de sprinter velocista. Generalmente, sus grandes series (Y, El Último Hombre, Ex-Machina, Runaways, Saga…) no consiguen cautivar desde sus primeros números, sino que exigen un esfuerzo y paciencia extra del lector que se ve recompensado cuando las tramas de sus historias finalmente despegan. Antes de que el consumidor se haya dado cuenta y por motivos algunas veces inexplicables, el fuego lento de la receta de Brian K. Vaughan consigue encandilarle. También podríamos deducir que Vaughan tiene cierta predilección a la hora de trabajar con dibujantes canadienses como se desprende de una lista de colaboradores en la que encontramos a Pia Guerra, Fiona Staples, Adrian Alphona y el presente Steve Skroce, aunque seguramente esto tenga más de casualidad que de causalidad…

El segundo de estos proyectos, en orden cronológico, es al que hacíamos referencia al inicio del artículo: Paper Girls, el cual también el nuevo trabajo de Cliff Chiang, tras haber sido colmado de ofertas y proposiciones a raíz de la conclusión de su aclamada etapa en Wonder Woman para DC Comics. Esta serie regular, un canto a los años ochenta, se ha promocionado como un cruce entre el Stand By Me de Rob Reiner, el E.T. de Steven Spielberg y La Guerra de los Mundos. Aquí, Brian K. Vaughan expone un alegato a favor de las mujeres entre cliffhanger de órdago y cliffhanger de infarto. Ambientada en su Ohio natal y durante sus infantiles años ochenta, la serie está protagonizada por cuatro jovencitas de 12 años (Erin, Mac, Tiffany y KJ) que se dedican a algo tan norteamericano como el reparto de periódicos. Muy pronto en el relato (desde las primeras páginas, un tanto reminiscentes de Saga) se darán cita géneros tan dispares como el terror, la ciencia ficción, los relatos de espionaje y la fábula onírica, con espacio para las habituales referencias sociales y la crítica política made in Vaughan, ya sea sobre la posesión de armas domésticas (“Cada vez que me acuerdo de aquella época en la que mandábamos a nuestras hijas a las 4 de la mañana a dar malas noticias a los adultos…”) o sobre los comportamientos homofóbicos, siempre a la búsqueda de una radiografía certera de la época en la que han ambientado el relato. Según el guionista, “en el primer número una de las niñas emplea un término homófobo y odioso. Muchos lectores hoy en día se horrorizarán al leer o escuchar esa palabra, y tienen razones para ello. A mí mismo es algo que me horroriza, pero sólo cuando me acuerdo de mi infancia. La facilidad y frecuencia con la que los chavales usaban esa palabra para todo sin pensárselo. Y en lo rápido que ha cambiado eso, al menos para mejor. No quería convertirlas en unas niñas del siglo XXI, sino de 1988. Y eso pasaba en 1988”. En la misma entrevista a LA Times, Vaughan afirmaba que la razón de jugar con el género de ciencia ficción radica en el hecho de querer dar entidad por sí mismas a las niñas: “Las protagonistas femeninas siempre parece que quedan definidas por el niño del que están detrás o por el chico con el que acaban de salir. Así que yo quería escribir una historia sobre cuatro chicas… y sin ningún personaje del sexo opuesto”. Y no diremos nada más para no incurrir en posibles spoilers… En definitiva, toda esta conjunción de elementos bellamente ilustrados por un Cliff Chiang en plena forma que justifican el inminente desembarco en nuestro país de la serie.

paper_girls_vaughan
Las Paper Girls que dan nombre a la obra de Brian K. Vaughan y Cliff Chiang

Pero, aparentemente, plasmar su opinión sobre las políticas exteriores estadounidenses en We Stand on Guard o reclamar un mayor protagonismo para las mujeres no es suficiente para el guionista, quien todavía tiene otras inquietudes socio-políticas que transmitir, motivándole a publicar la miniserie de cinco números Barrier. Como el título puede sugerir y gracias a la absoluta libertad creativa que garantiza su propia plataforma digital Panel Sindicate, esta miniserie de cinco números ahonda en la actual crisis de los refugiados e inmigrantes. Para ello, tanto Vaughan como Martin se desafían a sí mismos y apuestan por un relato en donde todo el peso de la historia recae sobre la narrativa, haciendo de su lectura una experiencia bilingüe con algunas escenas en inglés y otras en castellano sin traducción (al contrario que con The Private Eye, que sí está disponible en varios idiomas). Este recurso obedece a la historia (más allá del auto-desafío de los autores) ya que Barrier presenta las historias de una mujer estadounidense residente en Texas que sospecha que su propiedad se está utilizando como terreno de paso por inmigrantes ilegales y de un hombre hondureño que quiere regresar a los USA, antes de que la ciencia ficción implosione literalmente sobre el relato en unas páginas finales magistrales. Cada pasaje está narrado en su propio idioma con las dificultades/mérito que ello implica (y haciendo más propio el título de la obra). Al cierre de este artículo tan solo se ha publicado un capítulo de Barrier (Diciembre 2015) y poco más podemos decir de ella, salvo que su publicación puede llegar a retrasarse debido a que ambos autores están preparando (atentos) un especial autoconclusivo de The Walking Dead para publicar en The Private Eye, con las creaciones y el permiso total de Robert Kirkman. Esta cesión, que servirá para promocionar por todo lo alto su plataforma de publicación es la compensación contractual por haber aceptado la oferta de Image Comics (de la cual Kirkman es jefazo) para publicar en papel en esa editorial un integral de The Private Eye, a pesar de que ambos autores siempre habían prometido a la hora de promocionar y vender su obra digital que eso no pasaría. Sea como fuere, los lectores siguen ganando (más cuando dicho recopilatorio llegue a nuestro país) si eso satisface además su morbosa curiosidad por ver qué hacían Brian K. Vaughan y Martin con los personajes de The Walking Dead.

En definitiva, estamos ante un autor que en un corto período de tiempo pasó de ser un total desconocido a convertirse en uno de los autores más prometedores del panorama del cómic estadounidense, un hijo pródigo que dejaba el medio entre súplicas y premios y, por último, una estrella absoluta y autor best-seller del cómic independiente garantía de calidad. Su nombre está en boca de todos y, normalmente, para cantar alabanzas sobre su talento y su personal manera de abordar las historias. Un legado pequeño pero perenne en la Casa de las Ideas y un reguero de obras en Vertigo e Image Comics con unas señas de identidad muy reconocibles pero difícilmente reproducibles por cualquiera de sus contemporáneos. Pese a la alta competencia, no es descartable reconocerle como el mejor guionista de cómics del presente siglo.

¡Es la hora de la encuesta!

En mi opinión los tres mejores trabajos de Brian K. Vaughan hasta la fecha son...

  • Saga (28%, 224 Votes)
  • Y, El Último Hombre (25%, 200 Votes)
  • The Runaways (11%, 87 Votes)
  • Ex Machina (11%, 86 Votes)
  • Paper Girls (8%, 68 Votes)
  • The Private Eye (6%, 46 Votes)
  • Los Leones de Bagdad (5%, 40 Votes)
  • Doctor Extraño: El Juramento (4%, 33 Votes)
  • La Cosa del Pantano (1%, 7 Votes)
  • Ultimate X-Men (1%, 6 Votes)
  • Mística (0%, 4 Votes)
  • We Stand on Guard (0%, 4 Votes)
  • El Encapuchado (0%, 4 Votes)
  • Barrier (0%, 2 Votes)
  • The Escapists (0%, 1 Votes)
  • Otra (¿Cuál?) (0%, 1 Votes)

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Daniel Gavilán
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Gran repaso, gente. De Vaughan le tengo especial aprecio a su Y, El Último Hombre y sus Runaways, sentimientos enfrentados con Los Leones de Bagdad y aversión absoluta a sus X-Men

Winch Thorgal
Lector
Winch Thorgal

Aunque no dudo de la calidad de sus trabajos (sus premios así lo certifican) es un autor que no me gusta: leí al completo Y, the last man y me dejó bastante frío, ni siquiera disfruté del camino, aunque con un final que no me desagradó.
Leí el primer todo de su Swamp Thing y me bajé del carro.
Y de Saga, otro tanto de lo mismo, leí el primer tomo y fue incapaz de captar la atención suficiente como para que me interesase por la lectura de los siguientes (a pesar de que mi librero me los deja leer gratis).
No es Vaughan para mí…

fer13
Lector
fer13

Lo leo y me suena haberlo hecho antes. Me estoy volviendo loco, doctor?

ZombieSquirtle
Lector
ZombieSquirtle

Muy buen artículo.
Mirando su repertorio he caído en que me faltan por leer sus dos obras más famosas: Ex Machina e Y, el último hombre. Siempre se ha dicho que a partir de la mitad empezaban a flojear, cosa que me tira mucho para atrás.
La etapa de Vaughan a la que guardo más cariño es Runaways. No me atrevía a leerla por todo el rollo adolescente y me la ventilé en un día del tirón.
Y recomiendo para quien no lo haya leído su Doctor Extraño: el juramento.

JH
Lector
JH

Sus obras personales, que son la mayor parte de su producción, son de una calidad al alcance de muy pocos guionistas. Ya es historia viva del medio. Para mí el mejor guionista de la actualidad junto a Jason Aaron, Robert Kirkman y Grant Morrison.
El final de Y, el Útlimo Hombre es para mí el mejor final que he leído en un cómic y la serie una de mis favoritas. De Ex Machina considero que está infravalorada por ser algo desconocida (a pesar de estar reconocida por la crítica y haber ganado muchos premios) para el gran público. The Runaways fue un hito que abrió el paso a muchas series de corte similar, y es su mejor trabajo en un Universo cohesionado (supes de Marvel o DC).
Los Leones de Bagdad y We Stand on Guard son preciosos y originales relatos.
El elemento feminista en sus historias es algo indiscutible y una de sus señas de identidad, por cierto, igual que rodearse de dibujantes excelsas como Fiona Staples o Pia Guerra.
Tengo fe en que Saga siga a ese nivel y Paper Girls acabe entre sus más grandes obras.

Vaughan es un gran defensor del decompresive storytelling en el sentido de que suele significar libertad de creación para el guionista, sin plazos ni intromisiones editoriales.Suele haber un lector de cómics un poco fanático de guiones de corte clásico de saturación de personajes y viñetas, que normalmente sólo lee superhéroes con contadas excepciones. No suelen entender historias de este tipo (las que suelen ser, por cierto, señaladas como las mejores por la crítica especializada). Hay que ser abierto de mente y disfrutar de todos los tipos de cómics de calidad, da igual género, estilo o corte.

Jack Knight
Lector
Jack Knight

Tengo sensaciones encontradas con Vaughan:

No creo que se le de precisamente bien caracterizar a los personajes. En mi opinión hay diálogos en Saga e Y el Último Hombre que son prácticamente intercambiables entre los personajes (anda que no se repite la fórmula “tía dura malhablada sarcástica” mil veces a lo largo de Y). Con todo, Y me gustó por la premisa y, sin parecerme la obra maestra que muchos dicen, sí me resultó entretenida y original.
Saga sin embargo tras tres tomos la dejé por parecerme soporífera, pocas veces he conectado menos con una obra. No consigo ver sus supuestas virtudes por ningún lado.

Su Dr.Extraño me pareció entretenido y un oasis en muchos, muchos años en los que no se había hecho nada potable con el personaje.

Para mí sin duda su obra maestra es Runaways, el cómic de una generación, como pudieron ser los Teen Titans de los 80 o los New Warriors en los 90. Brillante como dio la vuelta por completo al concepto de héroe adolescente, o más bien al adolescente con poderes. Excelente caracterización (ahora si), giros de guión, desarrollo de personajes, integración de unos personajes de nuevo cuño al Universo Marvel. Creo que es una serie infravalorada, quizá por ser de Marvel y no de una independiente (más “cool”) o por estar destinada en principio al público juvenil.

No he leído Paper Girls, esperaré al tomo, ni Ex-Machina.

En conclusión, Vaughan me parece un guionista muy sobrevalorado, con algún trabajo entretenido pero con una joya como son sus Runaways que consigue, varios años más tarde, que me acerque a su trabajo a pesar de algunas decepciones.

Luca Torelli
Lector
Luca Torelli

“anda que no se repite la fórmula “tía dura malhablada sarcástica” mil veces a lo largo de Y”. Jajaja me ha hecho reír esto porque opino lo mismo desde hace tiempo. De lo que llevo leído de Vaughan que, en general, me gusta siempre me llamó la atención el gran protagonismo que da a las mujeres con un “pero” y este es que parece que su concepto de feminismo es retratarlas en su mayoría como personas eternamente malhumoradas y malhabladas. No sólo en “Y” se repite este esquema una y otra vez sino que la madre de la protagonista de Saga es tan de ese modo que a mí se me hace un personaje insufrible. Creo que la fortaleza de la mujer se podría mostrar de muchas otras maneras menos “obvias” o acaso una mujer dulce (que no necesariamente dócil o sumisa) no puede ser un personaje fuerte e interesante. Y nada en particular contra Vaughan, repito, sus obras en general me agradan.

Jack Knight
Lector
Jack Knight

Totalmente de acuerdo con lo que comentas de la madre de Saga, un ejemplo más. Creo que mucho mejor tratamiento hizo del género femenino en Runaways, donde Molly, Nico, Karolina o Gert tenían una personalidad mucho más elaborada y alejada de tópicos.
A mi personalmente eso me desconectaba bastante cuando leía Y: no puede ser que todas las mujeres del mundo independientemente de la raza, edad o circunstancias que las rodean hablen todas prácticamente igual.

Luca Torelli
Lector
Luca Torelli

Tengo en la pila de lectura Runaways. Es una serie que reivindica mucha gente y que, sin embargo, no tiene la popularidad (al menos en España) de otras creaciones de Vaughan. Espero disfrutarla.

Japacore
Lector

Completísimo artículo!!

Yo me declaro fan de Vaughan; aunque sus Ultimate X-Men no me gustaron nada podría decir que he disfrutado mucho con el resto de sus obras.

Igverni
Lector

Muchísimas gracias por este extenso artículo, ¡ya lo tengo en favoritos!!

Además, tengo que decir además que el timing ha sido perfecto, sobre todo por las discursiones de los últimos días sobre SAGA en el post de los premios Harvey.

Mi resumen con Vaughan es que no es para mi. Sus historias, o la forma de plantearlas, no me enganchan. Podría decir lo mismo de Kieron Gillen, otro buen escritor que tiene sin duda una voz propia y una personalidad clara, pero que no cuentan algo que me interese. Y no será porque les dí pocas oportunidades para engancharme.

De Vaughan diría que lo que más me gustó ha sido Pride of Baghdad, seguido de los Runaways, Dr. Extraño y The Private Eye, este último principalmente por el dibujo de Martín que se sale, porque la historia es bastante montonera siendo generoso.

He comprado los 4 primeros tomos de SAGA. Ya en el 3º no estaba convencido de la serie pero lo compré a ver si me enganchaba y no fue así. Y tardé mucho en comprar el 4º, aunque al final piqué ante la unanimidad de la crítica, y solo conseguí salir despavorido de esta serie.

Empecé a comprar Ex machina en tomos usa, y lo tengo a falta de los 3 últimos tomos. Pero no tengo ningún interés en completar la colección y leer el final, principalmente porque no me ha enganchado y que gente con un gusto similar al mío que sí leyó toda la serie me dijo que el final es un bluff en toda regla. Igual que el de Y, the Last Man, serie que sí compré en su totalidad y que tampoco me gustó el final. Siempre digo que voy a comprar estos tomos en Amazon o Comicbookdepository, pero al final siempre hay algo que me apetece leer más que esta serie…

Saludos!!!

JH
Lector
JH

Mmmmmm… Creo que al igual que la mayor parte de la crítica considera a The Sopranos o The Wire como la mejor serie de la historia de la tv, o se considera Watchmen y The Sandman como dos de los mejores cómics de la historia, se suele considerar que los finales de The Sandman, Transmetropolitan y Y, the Last Man son los mejores desenlaces del medio. Eso tenía entendido… Entiendo que no te guste el final, para gustos colores, sólo quería puntualizar esto. Que cualquiera que lea habitualmente ZN y quiera leer cómics no va a tocar ni con un palo los cómics de Vaughan, Millar o Bendis. Espero que no os dé por Morrison, Tom King y Jason Aaron, que les jodéis vivos.

Igverni
Lector

Jason Aaron para mi es el mejor escritor de comics mainstream ahora mismo.
Les seguirían en mi lista sin ningún orden Kirkman, Brubaker, Remender
Tom King apunta alto, sobre todo si consigue cerrar Vision y Sheriff tan bien como pinta. Probablemente compren más pronto que tarde el tomo de Omega Men, que empecé a leerlo online y molaba y preferí parar para leerlo en papel.
Otro autor interesante ahora mismo es Simon Spurrier. Su Six-Gun Gorilla me encantó, aunque su Cry Wolf me encajó menos.

Por cierto, pensando en Spurrier, me acuerdo que Vaughan, Millar o Bendis que comentas siempre han tenido a grandísimos colaboradores a nivel artístico. Ya sabemos que una historia normalita luce mucho con un buen dibujo, y un dibujo mediocre (o directamente malo) arruina una historia genial. Y ¡anda si no estariamos hablando de Spurrier como un escritor “hot” si hubiera tenido mejores dibujantes!!

JH
Lector
JH

Sheriff… tengo que echar un ojo a esa serie.
Remender, como Hickman, me parece muy irregular, pero son dos grandísimos guionistas, claro. Black Science me encanta.
En absoluto estoy de acuerdo con lo que dices de los tres pájaros. Soy fanático de Bendis y Vaughan, claro. De Millar me encantan sus Ultimates con Hitch… y sus Old Man Logan y Civil War, claro.

Igverni
Lector

El 1er tomo de Sheriff de Baghdad es espectacular!!

Yo soy muy fan del primer Bendis, el de Sam & Twich, Goldfish, Ult. Spidey, Torso, Daredevil, Alias, los comienzos de Vengadores y Powers,… Era una voz original que tenía algo interesante que contar. Pero eso ya no es así, para mi su nivel ha caido en picado de los últimos años.

Millar tras unos primeros años en que claramente escribía historias “over-the-top” para llamar la atención (su Superman all-ages es genial y no lo compró ni el tato) y situarse en el mapa, está actualmente en una etapa de entretenimiento ligero sin más, con algunas obra mejores y otras peores. Pero me daba la sensación de que escribía con el piloto automático solo para hacer caja con Hollywood, no escribiendo nada realmente “bueno”, y creo que tienen calidad para poder hacerlo. En este sentido me ha sorprendido muy positivamente su Jupiter´s Legacy, que acabé de leer hace 10 días.

Pero lo que está claro es que ambos siempre han colaborado con los mejores artistas de Marvel, que para algo eran/es Arquitectos de la editorial. Así es más fácil destacar.

Vaughan desde hace mucho tiene cola de dibujantes deseando colaborar con él. Aunque trabaja sobre todo con amigos (Martín, Harris), puede elegir totalmente qué artista se amolda a su historia, y el resultado en más compacto. Esto no es una crítica, ojo!! Pero nunca ha sufrido a un Rock-He Kim, p.ej. con el que Spurrier si ha tenido que trabajar…

JH
Lector
JH

Vale… Estoy de acuerdo con lo de Bendis. Suscribo totalmente lo que dices de él (aunque no me gustó Torso).
Sobre Millar… siempre le defiendo porque aluciné con sus Ultimates, gracias en gran parte al dibujo de un Hitch que nunca ha vuelto a ese nivel. Y con el Viejo Logan y Civil War tiene un gran peso el espectacular dibujo de McNiven también.
Vamos, que sí, se rodean de los mejores artistas porque pueden elegir. Lo que dices, fueron los arquitectos de la editorial. Y te digo más, salvaron Marvel Cómics. Lo dijo Stan Lee mil veces. Sin el Universo Ultimate que ambos empezaron o sin los Vengatas de Bendis… hubieran caído como empresa.

Krokop
Lector
Krokop

Había una cosa que decía José Muñoz y era que sus cómics tenían grandes errores y grandes aciertos, porque intentaba hacerlos a lo grande.Con los cómics de Vaughan me da la impresión contraria.

Es un autor apañado, correcto, con premisas resultonas, trabaja con dibujantes eficaces, no hay ningún cómic suyo entre los que he leído que vea como una gran cagada…

Pero no sé si alguien va a la librería emocionado porque haya salido lo nuevo de Vaughan.

Entiendo que se lleve los premios por votación, por aquello de que uno de Ennis o de Hickman puede gustar más o menos a unos u otros, mientras que los de Vaughan siempre van a resultar correctitos y sin detractores, pero a mi juicio le falta ese puntazo que distingue a los geniales de los buenos autores sin más.

Es mi impresióin personal.

JH
Lector
JH

Creo que Vaughan siempre ha sido un poco provocador y polémico con sus argumentos. Y hay mucha gente que recomienda obras de Vaughan y está ansiosa porque salga algo suyo. Sino, mira las ventas.

guolberin
Lector
guolberin

“Pero no sé si alguien va a la librería emocionado porque haya salido lo nuevo de Vaughan.”

Yo mismo, no es que vaya corriendo a comprarlo desesperado como si no hubiera un mañana, pero Vaughan es uno de los mejores guionistas actuales para mí, si no el mejor. No tengo toda su obra publicada, pero sí bastante. Me faltarían cosas como Mística, Cíclope, Leones, We stand on guard (que caerá tarde o temprano) y Private Eye en papel (me jodió que después de asegurar que no saldría nunca en papel, lo sacaran, pero bueno, lo tengo en cbr y pdf, al igual que Barriers y el especial aquel de Walking Dead). Me gusta hasta su Ultimate XMen, que tiene peor crítica.

JH
Lector
JH

Y We Stand on Guard en España para cuándo? Hoy han dicho los de Panel Syndicate que no tienen planes de que The Private Eye salga en España en papel. Barriers qué tal?

guolberin
Lector
guolberin

We Stand on Guard ni idea, supongo que lo sacará Planeta de sacarlo alguien, yo tiraré de bookdepository o amazon, en inglés, pero me jode que lo hayan sacado solo en tapa dura, así que estoy dejándolo pasar por si acso sale el tpb, pero me temo que no. Private Eye lo anunció Planeta pero no sé qué movida hubo que no me enteré bien y se ve que al final nada. Barriers no lo he leído aún, van dos números pero prefiero esperar a que esté entera y que no me pase como con Private Eye, que la empecé a leer según salía, pero como tardaban mucho entre nº y nº, se me olvidaba todo y al final la leí de golpe cuando acabó.

JH
Lector
JH

Gracias! Yo estoy con algunas cosas que veo complicado que publiquen por aquí. El Jim Henson´s Musical Monsters lo quiero para mi sobrina, pero no sale… ni se espera ni nadie lo pide. Que yo sepa. Me gustaría que Aleta cogiera peso en el mercado con lo de Valiant y se atreviera con más cosas. En Planeta no tengo mucha fe…

Krokop
Lector
Krokop

¡Vaya! Pues nada, me alegra estar equivocado y ver tanta emoción por lo siguiente de Vaughan XD.

Personalmente, comprendo que tenga buenas ventas y sea el rey del mambo dentro de la industria, pero también que, por el momento no haya roto esa barrera, como sí han hecho algunos de sus contemporáneos, y no sea más considerado fuera de ésta. Creo que todavía le falta alguna obra que parta la pana como ‘Daytripper’, por decir algo que sí ha llegado a la crítica más ajena al medio o ‘Walking death’ por decir algo de éxito grandiosos y multimediático.
Por ejemplo, en los premios de la crítica española de hace poco proponían ‘Lazarus’ en tres categorías y en ninguna a la premiada en USA ‘Saga’. Así veo que hay cierto contraste entre su consideración dentro y fuera de su ámbito habitual bastante llamativo. No sé a qué es debido.
Conste que no estoy diciendo que sea un piernas (no lo creo en absoluto), sino que a mí no me parece genial aun siendo correcto. En cualquier caso, el tío es bastante joven y vete a saber lo mucho que le queda por
hacer en su carrera, aunque yo veo antes como ‘próximo autor conocido hasta por quienes no siguen habitualmente el cómic’ a Aaron .o Hickman que a él, pero igual me equivoco y tampoco pasaría nada.

Igverni
Lector

Pensé lo mismo sobre The Private Eye. Bueno, al menos ya somos 2… Yo tambien creo que tarde o temprano sacaran un trade barato, de momento al HC ni acercarse…

pelayo
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pelayo

“Pero no sé si alguien va a la librería emocionado porque haya salido lo nuevo de Vaughan.”

Pues yo soy uno: en cuanto sé que ha llegado a mi librería habitual un nuevo tomo de Saga, cojo la bici y me planto allí, luego me voy a un banco de alguna plaza o a una cafetería y me lo leo sin esperar a volver a casa. Private Eye lo pagué episodio a episodio en PanelSyndicate, y de Paper Girls he leído ya el primer TPB USA, pero voy a esperar a que Planeta lo saque en tomo, que lo hará más temprano que tarde -como ha hecho con Star Wars-.
!Nun Tuj Nun!

Save
Lector
Save

“El trabajo de la canadiense Fiona Staples (una casi recién llegada al medio en aquel momento) demuestra una enorme virtuosidad en los lápices, una imaginación desbordante en personajes estrafalarios y ambientaciones oníricas y un sentido de la narrativa necesario para cualquier acompañante de Brian K. Vaughan, compensado por la excesiva vagueza en lo referente a los fondos de las viñetas, su gran punto débil, velocidad aparte.”

Es una jodida vaga de cuidado y yo no entiendo que alguien que no se curra absolutamente NADA los fondos tenga tantos premios con los dibujantes que han destacado los últimos años. Una pena porque los diseños de personajes sí son muy imaginativos, pero a mí lo otro me saca por completo de la lectura.

Jack Knight
Lector
Jack Knight

Yo nunca he entendido el éxito de Fiona Staples, más allá de que le haya “tocado el gordo” de trabajar con un guionista tan valorado por la crítica como es Vaughan.
No me parece ni mucho menos de los mejores dibujantes de la industria, ni si quiera de las mejores dibujantes (Enma Ríos, Babs Tarr o Pichelli creo que le dan mil vueltas).
Al margen de los diseños no le veo la gracia a Staples.

Krokop
Lector
Krokop

Eso es porque Fiona seguramente no tiene una mascota tan inspiradoradora como el ya famoso Lopillo de Ana Miralles XD.

https://vimeo.com/173232430