
Para amantes de las historias de vaqueros
Cuando Mike Richardson, fundador de Dark Horse y creador de obras como La Máscara, saca un cómic de vaqueros, a uno le despierta una ligera curiosidad como mínimo. Si a esa ecuación sumamos el dibujo de Jordi Armengol, el interés se dispara.
Publicada por Norma Editorial para el mercado español, en Gunslingers encontramos una historia de vaqueros y venganza con un sabor muy clásico. En ella, conoceremos la tragedia de Josephine, una niña de 12 años que presencia el asesinato de sus padres durante un día fatídico. Lejos de quedarse quieta, resulta que Josephine decide actuar en respuesta. En la oficina del sheriff, Josephine se deja llevar por la rabia. Sin que nadie se lo vea venir, agarra una pistola cercana y dispara a uno de los hombres implicados en el asesinato de sus padres. Para desgracia de todo el mundo, resulta que ese hombre es el hijo de un magnate semimafioso y despiadado. Lejos de mostrar compasión por una niña pequeña, el magnate quiere que la cuelguen por sus actos. Con una recompensa de 10 000 dólares como incentivo, medio mundo se dispone a dar caza a Josephine. Cuando todo parece perdido, un hombre misterioso se presenta con una convicción inquebrantable: piensa llevarla hasta un lugar seguro, cueste lo que cueste.
Voy a ser directo: me flipan las historias de vaqueros. Soy el primero que piensa que la gran mayoría son un poco clónicas y no tienen mucho de especial, pero hay algo en esa ambientación y en sus arquetipos que me hace disfrutarlas de una manera sorprendentemente cálida. Quizá sea por las muchas pelis de vaqueros que me tragué junto a mi padre de pequeño o quizá sea por haber trabajado como herrador del lejano Oeste en otra vida. En cualquier caso, encuentro un encanto particular dentro del subgénero.
Comentado lo anterior, Gunslingers no me parece ni sobresaliente ni anodina. Por ser igual de claro y directo, se podría decir sin muchos pelos en la lengua que es una historia de vaqueros como muchas otras. Tenemos venganza, dramas familiares, duelos entre pistoleros, pérdida de la inocencia, hombres grandotes y durotes que acaban revelando su lado más sensible… No es nada revolucionario ni que no se pueda encontrar en otras tantísimas obras.
Sin embargo, como decía, tampoco estamos ante una creación irrelevante. Para empezar, está claro que Richardson sabe escribir guiones. Sus diálogos destacan por ser auténticos y muy dinámicos, un divertimento dialéctico ejemplar del que es difícil cansarse. Los personajes tienen cierta chispa, no por la profundidad con la que se desarrollan ni por una tridimensionalidad despampanente… pero hay algo que llama la atención de ellos, un carisma inherente, como bien dicta la costumbre de las historias de vaqueros.
Al hablar de estructura, el resultado no es tan sólido. Lo más importante es que todo parece un poco acelerado. Si bien la trama tampoco es excesivamente ambiciosa y no da la impresión de necesitar el doble de páginas, no se puede evitar la sensación de que aquí faltan cosas. Faltan longitud en algunos momentos, desarrollo de ciertas relaciones, conclusiones para determinados hilos narrativos y escenas que sirvan de puente en lo que parecen saltos abruptos. Ninguna de estas carencias es muy grave ni impide el disfrute general de la lectura, pero en conjunto restan a la sensación de redondez y enrarecen ligeramente el regusto final. Tengo la impresión, igualmente, de que se podría haber logrado un resultado más nítido con el mismo número de páginas, ya fuera redistribuyendo el espacio dedicado a ciertas partes o proponiendo una narrativa un poco menos descomprimida. El ritmo ligerísimo de lectura aporta espectacularidad, pero también resta sustancia. Hablamos de unas 120 páginas que se leen en unos 30 minutos.
Por el lado más positivo, el dibujo de Jordi Armengol me ha conquistado. Al verlo, soy consciente de que no será un dibujo para todo el mundo, de que no se considerará tan espectacular como muchos otros. Aun así, en lo personal, valoro sobremanera el que apueste por un estilo tan único. Es un estilo que destaca más o menos en función de la viñeta, pero cuya personalidad general me ha resultado encandilante. En ciertos momentos, llegué a pensar que estaba viendo a personajes renderizados, modelos en 3D con una superposición de cel shading al más puro estilo Borderlands. Si alguien quiere hacer un videojuego con esta ambientación, que llame a Armengol.
Por último, desde el punto de vista narrativo, el dibujo también sorprende por un acabado sobrio en claridad, disposición y expresividad. Las distribuciones de viñetas no son revolucionarias, pero acarrean un impulso que ayuda mucho a la lectura; la ambientación está perfectamente lograda ―sobre todo a través de los escenarios, el vestuario y el color―, algo clave para las historias de este estilo, y las escenas de los duelos entre pistoleros son una delicia.
En definitiva, Gunslingers es una obra cuya lectura disfrutarán, sobre todo, aquellas personas con debilidad por las historias de vaqueros. No es revolucionaria ni ambiciosa ni extraordinaria, pero sí bastante sólida y dinámica. Por otra parte, los lectores que no tengan ese gusto encontrarán pocos motivos para acercarse a ella.
Guion - 6.5
Dibujo - 8
Interés - 6.5
7
Para aquellas personas con debilidad por las historias de vaqueros. No es revolucionaria ni ambiciosa ni extraordinaria, pero sí bastante sólida y dinámica. Por otra parte, los lectores que no tengan ese gusto encontrarán pocos motivos para acercarse a ella.













