Portada Perros atados 2, de Irra

Edición original: Perros atados vol 2 (Mondo Cane Books, 2025)
Guion: Irra
Dibujo: Irra
Color: Irra
Revisores: Alfonso, Grueso, Gus Díaz y Luis E. Sánchez
Edición: Moisés Donoso
Formato: Rústica con sobrecubierta. 152 páginas. 25€

Vía Crucis.

«En el cielo no hay coronas, tan solo hay cadenas.»

Independientemente de si estamos ante la historia de Jesús, Arturo o el Matt Murdock de Frank Miller en el transcurso de las historias del viaje del héroe siempre nos encontramos con unas fases entre las que obligatoriamente hay una caída y un posterior renacimiento. Un periplo por el que también debe pasar el cerrajero, el protagonista sin nombre de la serie Perros atados de Irra, seudónimo de Israel Gómez Ferrera (Sevilla, 1979), de la que casi coincidiendo con el final del 2025 Mondo Cane Books nos trajo la segunda entrega. En este volumen nos encontramos con un protagonista justo donde la dejamos tras la finalización del primer volumen, es decir, en su punto más bajo, medio muerto y destruido en cuerpo y alma tras ser salvajemente golpeado y humillado por la banda de Carrefour. Una venganza por sus “pecados” que había finalizado con él crucificado en lo alto de “La Torreta”, el edificio desde el que se gobierna con mano de hierro el Distrito Sur, la frontera entre África y Europa de una Península Ibérica que en 2079 se ha convertido en una colonia intervenida por Estados Unidos.

Completada la caída en desgracia del cerrajero en este segundo volumen nos encontramos con su renacimiento, pero, a diferencia de lo que suele suceder con las historias del viaje del héroe más canónicas, su destino no parece ser convertirse en alguien mejor, sino transformarse es una herramienta de venganza gracias a un exoesqueleto llamado WARmadura. Una premisa que conecta este episodio con muchas de las historias de orígenes de superhéroes que pueblan el mundo del cómic. Sin embargo, en mano de Irra esa trama no tiene nada de heroico ni se convierte en un camino al cielo, todo lo contrario, es un viaje a un infierno de dolor y sufrimiento que le separa definitivamente de su humanidad si quiere volver ascender. Un reflejo preciso e incómodo de esa filosofía terrible que sostiene el sistema actual en el que vivimos que se convierte en una reflexión descarnada sobre la naturaleza humana.

Como en todos sus cómics Irra nos ofrece una historia creada desde las tripas donde nos nuestra una realidad de una violencia absolutamente salvaje y desgarradora. Un retrato brutal de violencia que el hombre es capaz de ejercer contra sus semejantes y que es un fiel reflejo de lo que se demanda en una sociedad donde el individualismo más egoísta y egocéntrico promovido por el capitalismo más salvaje está construyendo sociedades cada vez más deshumanizadas. Todos los personajes del cómic han ido viendo como sus anhelos y deseos de tener una vida mejor se ha estrellado contra una realidad desesperanzadora. Un fatalismo y sufrimiento que provoca que su único recurso sea la misma violencia que los ha convertido en quienes son. Una repetición de un ciclo que sirve para que nunca se cuestione realmente el poder dominante. Justo lo mismo que vivimos cada día.

Al igual que en la primera parte estamos ante una obra que consigue algo tan difícil como ser local y a la vez tremendamente universal. Irra crea una historia muy personal y visceral ligada a esas vivencias en el barrio sevillano de San Juan de Aznalfarache y el entorno de Sevilla, pero con la que cualquiera puede conectar viva donde viva y pese a la incomodidad que le pueda hacer sentir algunas de las cosas que pone sobre la mesa. Una capacidad para emocionar al lector que no siempre tiene que está ligada a nuestra parte más sentimental también puede hacernos sentir rabia al ver un reflejo de lo peor de la sociedad. Y eso el autor de Amor de hombre (Hojas de hierba) lo consigue como pocos.

En el apartado gráfico nos encontramos con una obra que continua con todo lo que vimos en la primera parte, un magnífico uso del color como elemento narrativo, un trazo rebosante de fuerza y una capacidad para dibujar únicamente lo esencial para contar la historia prescindiendo de elementos accesorios. Algo que no es óbice para que nos muestre un futuro con un diseño propio que tomo elementos propios del ciberpunk, pero como unas tecnologías mucho más mundanas y cercanas a las que tenemos en la actualidad.

La misma continuidad nos encontramos en la estupenda edición de Mondo Cane Books que sigue con el cuidado diseño y perfecta reproducción del primer volumen. Como extras el volumen presente varios bocetos y estudios de personajes y un interesantísimo artículo de Alfonso Grueso.

En la primera parte de Perros atados Irra nos presentaba un futuro que parecía posible, pero muy lejano, sin embargo, un año y medio después el panorama ha cambiado tanto que ya no parece para nada tan alejado de una realidad que nos aboca a vivir en lugar tan sombrío como el que nos presenta en este personal viaje del héroe. Un viaje en el podemos ver todas las constantes temáticas y visuales de un autor capaz de mostrarnos siempre nuestra peor cara. Sin duda, una las voces imprescindibles de cómic actual capaz de crear cómic que nos den una bofetada de realidad como esta segunda parte de esta obra que pondrá punto final a la trilogía Iberpunk que forma junto a Palos de ciego (Astiberri) y No te serviré (Mondo Cane Books).

Lo mejor

• La rabia y fuerza que desprende el cómic.
• Aunque pueda parecer que nos muestra una realidad muy alejada e improbable es un espejo que nos devuelve una visión muy cercana a nuestro hoy.
• El uso del color sigue siendo maravilloso.

Lo peor

• La espera para ver concluida la historia en la tercera entrega.

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Diego García Rouco
Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
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