
Vía Crucis.
«En el cielo no hay coronas, tan solo hay cadenas.»
Independientemente de si estamos ante la historia de Jesús, Arturo o el Matt Murdock de Frank Miller en el transcurso de las historias del viaje del héroe siempre nos encontramos con unas fases entre las que obligatoriamente hay una caída y un posterior renacimiento. Un periplo por el que también debe pasar el cerrajero, el protagonista sin nombre de la serie Perros atados de Irra, seudónimo de Israel Gómez Ferrera (Sevilla, 1979), de la que casi coincidiendo con el final del 2025 Mondo Cane Books nos trajo la segunda entrega. En este volumen nos encontramos con un protagonista justo donde la dejamos tras la finalización del primer volumen, es decir, en su punto más bajo, medio muerto y destruido en cuerpo y alma tras ser salvajemente golpeado y humillado por la banda de Carrefour. Una venganza por sus “pecados” que había finalizado con él crucificado en lo alto de “La Torreta”, el edificio desde el que se gobierna con mano de hierro el Distrito Sur, la frontera entre África y Europa de una Península Ibérica que en 2079 se ha convertido en una colonia intervenida por Estados Unidos.
Completada la caída en desgracia del cerrajero en este segundo volumen nos encontramos con su renacimiento, pero, a diferencia de lo que suele suceder con las historias del viaje del héroe más canónicas, su destino no parece ser convertirse en alguien mejor, sino transformarse es una herramienta de venganza gracias a un exoesqueleto llamado WARmadura. Una premisa que conecta este episodio con muchas de las historias de orígenes de superhéroes que pueblan el mundo del cómic. Sin embargo, en mano de Irra esa trama no tiene nada de heroico ni se convierte en un camino al cielo, todo lo contrario, es un viaje a un infierno de dolor y sufrimiento que le separa definitivamente de su humanidad si quiere volver ascender. Un reflejo preciso e incómodo de esa filosofía terrible que sostiene el sistema actual en el que vivimos que se convierte en una reflexión descarnada sobre la naturaleza humana.
Como en todos sus cómics Irra nos ofrece una historia creada desde las tripas donde nos nuestra una realidad de una violencia absolutamente salvaje y desgarradora. Un retrato brutal de violencia que el hombre es capaz de ejercer contra sus semejantes y que es un fiel reflejo de lo que se demanda en una sociedad donde el individualismo más egoísta y egocéntrico promovido por el capitalismo más salvaje está construyendo sociedades cada vez más deshumanizadas. Todos los personajes del cómic han ido viendo como sus anhelos y deseos de tener una vida mejor se ha estrellado contra una realidad desesperanzadora. Un fatalismo y sufrimiento que provoca que su único recurso sea la misma violencia que los ha convertido en quienes son. Una repetición de un ciclo que sirve para que nunca se cuestione realmente el poder dominante. Justo lo mismo que vivimos cada día.
Al igual que en la primera parte estamos ante una obra que consigue algo tan difícil como ser local y a la vez tremendamente universal. Irra crea una historia muy personal y visceral ligada a esas vivencias en el barrio sevillano de San Juan de Aznalfarache y el entorno de Sevilla, pero con la que cualquiera puede conectar viva donde viva y pese a la incomodidad que le pueda hacer sentir algunas de las cosas que pone sobre la mesa. Una capacidad para emocionar al lector que no siempre tiene que está ligada a nuestra parte más sentimental también puede hacernos sentir rabia al ver un reflejo de lo peor de la sociedad. Y eso el autor de Amor de hombre (Hojas de hierba) lo consigue como pocos.
En el apartado gráfico nos encontramos con una obra que continua con todo lo que vimos en la primera parte, un magnífico uso del color como elemento narrativo, un trazo rebosante de fuerza y una capacidad para dibujar únicamente lo esencial para contar la historia prescindiendo de elementos accesorios. Algo que no es óbice para que nos muestre un futuro con un diseño propio que tomo elementos propios del ciberpunk, pero como unas tecnologías mucho más mundanas y cercanas a las que tenemos en la actualidad.
La misma continuidad nos encontramos en la estupenda edición de Mondo Cane Books que sigue con el cuidado diseño y perfecta reproducción del primer volumen. Como extras el volumen presente varios bocetos y estudios de personajes y un interesantísimo artículo de Alfonso Grueso.
En la primera parte de Perros atados Irra nos presentaba un futuro que parecía posible, pero muy lejano, sin embargo, un año y medio después el panorama ha cambiado tanto que ya no parece para nada tan alejado de una realidad que nos aboca a vivir en lugar tan sombrío como el que nos presenta en este personal viaje del héroe. Un viaje en el podemos ver todas las constantes temáticas y visuales de un autor capaz de mostrarnos siempre nuestra peor cara. Sin duda, una las voces imprescindibles de cómic actual capaz de crear cómic que nos den una bofetada de realidad como esta segunda parte de esta obra que pondrá punto final a la trilogía Iberpunk que forma junto a Palos de ciego (Astiberri) y No te serviré (Mondo Cane Books).
Lo mejor
• La rabia y fuerza que desprende el cómic.
• Aunque pueda parecer que nos muestra una realidad muy alejada e improbable es un espejo que nos devuelve una visión muy cercana a nuestro hoy.
• El uso del color sigue siendo maravilloso.
Lo peor
• La espera para ver concluida la historia en la tercera entrega.














