Portada Barrio 5. El debutante, de Carlos Giménez

Edición original: Barrio 5. El debutante (Reservoir Books, 2026)
Guion: Carlos Giménez
Dibujo: Carlos Giménez
Formato y precio: Cartoné. 128 páginas. 23,90€

Retrato del historietista adolescente.

«Pero que lo que yo quería es ser dibujante de tebeos.»

Aunque siempre ha dicho que en sus cómics mezcla realidad de su vida con historias que le sucedieron a otras personas, hace más de cincuenta años que Carlos Giménez (Madrid, 1941) ha ido ficcionando su vida en diferentes series. En Paracuellos nos relataba algunos pasajes de sus años de infancia en los Hogares de Auxilio Social de Falange mientras que en Barrio nos relataba sus años en el Madrid de la postguerra de adolescente y en Los profesionales veíamos sus años de joven adulto como dibujante para la agencia Selecciones Ilustradas de Toutain. Unas series que se han convertido en uno de los mejores testimonios de cómo era la vida durante el Franquismo que Giménez ha ido pausando y retomando a lo largo de los años a veces por decisión propia y otra por los vaivenes editoriales, pero que en estos últimos años ha decidido ir cerrando de forma progresiva. Así hemos podido ver como Pablito, su alter ego, salía de los hogares de Auxilio Social en la novena entrega de Paracuellos o como los miembros que todavía permanecían vivos de Los profesionales se reunían en La última cena de los veteranos para cerrar la serie. Solo nos faltaba por leer un cómic que enlazara Barrio con Los profesionales y eso es justo lo que nos encontramos en El debutante, la quinta y última entrega de Barrio, que acaba de publicar diecinueve años después de la anterior entrega que está disponible desde hace unas semanas gracias a Reservoir Books que lo hace con el mimo y la calidad habituales. Un tebeo en el que vemos como Carlos comenzaba a dibujar tebeos profesionalmente y tomaba la decisión de ir a vivir a Barcelona para trabajar en Selecciones Ilustradas.

Barrio comenzó a publicarse en las páginas de la revista satírica El Papus en 1977 en la que veíamos como Carlitos volvía a vivir a casa de su madre en el Madrid de la postguerra tras salir del Auxilio Social después de ocho años interno. Se encuentra con una ciudad marcada por las penurias económicas, el frio, el hambre, la incultura y la represión. Una crónica de primera mano que rebosa sinceridad y que nos solo nos muestra la vida del protagonista, ya que amplía el foco para dejarnos ver que sus padecimientos eran el día a día para la mayor parte de la población. Unos tiempos terribles que no quedan tan lejanos, aunque parece que nadie quiere recordarlos, algo que nos aboca a repetirlos. Esta primera etapa de la serie es la que encontramos en el primer álbum que, junto a las primeras historias de Paracuellos, fueron las que le dieron a Carlos Giménez su merecida fama internacional. En 2001 Glénat reedito esas primeras historias en un álbum y publico la segunda etapa de la serie en tres nuevos álbumes aparecido entre 2005 y 2007. En esos álbumes publicados 27 años después del primero, el autor madrileño prosigue radiografiando la cotidianidad de la época mientras vemos como Carlos y sus amigos dejan la niñez para convertirse en adolescentes con todo lo que ello conlleva. Unos debutantes en el despertar sexual, los primeros amores y en muchas de las responsabilidades que ligadas a la edad adulta como la necesidad de creer deprisa para contribuir en casa económicamente y, en el caso particular de Carlos, la de convertirse en un debutante en el cómic profesional. Sin duda, la serie se trata de una de las grandes obras maestras del cómic mundial, uno de los mejores exponentes de la capacidad del cómic como vehículo para la memoria histórica que también nos habla sobre el complejo tránsito entre la infancia y la adolescencia en una época oscura de España, pero donde, pese a todo, hay espacio para que un niño cumpla sus sueños de ser dibujante de tebeos.

Esta quinta entrega de Barrio está dividida en dos partes que casi podrían tratarse de dos entregas diferentes de la serie. En la primera titulada como el álbum vemos como Carlos deja su trabajo en el taller de cerámica para comenzar a colaborar como ayudando con el dibujante Manuel López Blanco, conocido por la serie Aventuras del FBI, a los diecisiete años encargándose de los fondos y del entintado. Mientras que en la segunda parte titulada Rio Manzanares vemos como Carlos comienza su carrera como historietista gracias a sus primeros trabajos para la agencia Ibergraf. Unos tiempos en los que compartió estudio junto a Esteban Maroto y Adolfo Usero, otras dos de las figuras más destacadas del cómic nacional. Esta segunda parte conecta a la perfección la serie con Los profesionales. El tomo comienza con una interesante entrevista a Carlos Giménez en que entre otras muchas cosas nos revela los motivos que le han llevado a realizar este álbum.

Estamos ante un álbum que, a diferencia de otros de la serie, se centra mucho más en las vivencias de Carlos y en los comienzos de su carrera como dibujante de tebeos dejando un poco de lado la denuncia de las muchas injusticias de la época. Pero, aunque no aparecen en primer plano de la trama, las miserias de la vida de un barrio pobre están muy presentes en las escenas con las que se abre cada capítulo de la primera parte. Un prodigio de narrativa que con unas pocas imágenes nos ofrecen un retrato de esa terrible realidad. Y es que la enorme capacidad como narrador de Giménez sigue intacta y aquí vemos como es capaz de construir historias de todo tipo de longitud con la misma precisión. Esa misma verosimilitud también la podemos en las personas que se cruzan en la vida de Carlos, que lejos de ser arquetipos son tridimensionales y muy creíbles. Al igual que las vivencias y anécdotas que componen el tebeo independientemente si son reales o no.

El tema principal de este álbum la lucha de Carlos por convertirse en un autor de tebeos, un sueño que parece sencillo, pero que producto de una pasión por el medio que surgió gracias a tebeos como El Cachorro de García Iranzo o El capitán Trueno de Ambrós, a los que trata con un enorme cariño. El mismo que encontramos por todas las personas que le ayudaron en su camino y aquellas con quienes lo compartió como los tristemente desparecido Alfonso Usero o Enrique Ventura, al que va dedicado este álbum.

El debutante es un cómic maravilloso que nos deja con la agridulce sensación de estar ante una despedida. El capítulo que faltaba de una historia enorme formada por series 36-39. Malos tiempos, España. Una, Grande y Libre, Paracuellos, Barrio, Los profesionales, Pepe y la Trilogía del Crepúsculo que, a través de las vivencias de cientos de personas anónimas, se convierte en uno de los mejores y más realistas frescos del siglo XX de España. Un viaje que nos permite ver la dureza y penuria de la guerra, la represión y crueldad de la dictadura, la falsa bonanza del desarrollismo, la esperanza de la Transición y la explosión de libertad de la Democracia. Una época llena de claroscuros de la que Carlos Giménez es uno de sus cronistas más dotados capaz de convertir nuestra historia en historia viva del cómic.

Lo mejor

• Las escenas que abren cada capítulo de la primera parte que reflejan con una brillantez enorme la vida diaria del Madrid de esos años.
• El amor por el medio que desprende el cómic.
• El retrato de cómo era la vida de un autor de cómic en los años sesenta.

Lo peor

• La sensación triste que nos queda al saber que, posiblemente, ya no volveremos a leer nuevos cómics de Carlos Giménez sobre estas épocas de su vida.

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Diego García Rouco
Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
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