Se ha escrito tanto y tan bien sobre Paracuellos y el gran Carlos Giménez (Madrid, 1941) en esta casa y en otras publicaciones digitales y en papel que resulta difícil aportar algo nuevo. Pero no podemos ignorar la salida de la magnífica edición con motivo del 50 aniversario de la concepción de esta obra clave para entender el cómic para adultos y la memoria histórica en España que ha publicado Reservoir Books, en una nueva edición que corrige el error de la primera y se incluye la historia que no había aparecido en la primera edición. Así que vamos a tratar de hacer algo diferente, pero que haga justicia a una obra de un calibre internacional que ha traspasado fronteras haciéndose merecedora de premios tan importantes como el de mejor álbum en Angoulême en 1981 por la primera entrega de la serie, el Premio del Patrimonio de Angoulême de años 2010, dos premios del Saló Internacional del Còmic de Barcelona, Gran Premio en Expocómic de Madrid y un largo etc. Un reconocimiento que nos deja claro que estamos ante una obra a la que el paso del tiempo ha otorgado con todo merecimiento el marchamo de clásico y que se merece estar siempre disponible para nuevos lectores. Algo a lo que hace justicia esta edición repleta de extras. Así que vamos a tratar de desgranar los motivos por lo que debe estar en cualquier tebeoteca que se precia. Más en estos días, ya que Paracuellos es muchas cosas, pero sobre todo una denuncia y una advertencia de lo que puede hacer la brutalidad de una ideología que de nuevo campa a sus anchas por el mundo. Un cómic imprescindible de verdad del que os damos algunas de las razones que le han llevado a ser considerado una obra maestra del cómic mundial.

Un cómic adelantado a su tiempo.
Paracuellos es una serie vital para entender cómo se produjo el cambio en el cómic en España, que pasó de historias de género bastantes planas con autores intercambiables a otras donde la personalidad del autor las convertía en algo único abordando temas diferentes que tenían que ver con los interés e inquietudes de sus creadores. Un tránsito hacia el cómic adulto que no fue nada fácil y que en sus primeros tiempos tenía algunas peculiaridades y tics bastante chocantes en la actualidad que con el tiempo se ha dejado de lado como la excesiva sexualización de las mujeres, algo que, por suerte no vemos en esta serie. Con el tiempo esos avances han desembocado en la libertad total para contar sus historias de la que gozan hoy los autores cuando son los dueños de sus personajes e historias. Así que no hay que olvidar que sin Paracuellos y Carlos Giménez posiblemente hoy en día no habríamos podido leer obras como El arte de volar de Altarriba y Kim, Los surcos del azar de Paco Roca, Las cinco banderas de Pau, o La balada del Norte de Alfonso Zapico, por citar algunos de los cómics sobre memoria histórica más destacados de los últimos años. Y es que cuando Giménez comenzó a contactar a mediados de los años setenta con los diferentes editoriales españoles para que le publicaran las primeras historias de Paracuellos solo recibió rechazos. No hay que olvidar que era en una época en la que el cómic era considerado para niños y en el panorama editorial no tenía cabida una propuesta tan dura como la que planteaba unas historietas en las que no había acción, ni mujeres despampanantes, el sentido del humor era caustico y no se podían adscribir a ningún género tradicional. Así que las primeras entregas en las que se daba a conocer una realidad silenciada durante años se tuvieron que publicar en revistas de humor y eróticas como Mata Ratos, Muchas Gracias o Yes pasando totalmente desapercibidas como sucede con muchos trabajos pioneros. No fue hasta que se publicó en Francia dentro de las páginas de la revista satírica Fluide Glacial y cosecho un rotundo éxito de crítica cuando las editoriales españolas de cómic se interesaron en la serie. A partir de ese momento, encontró en las páginas de Comix Internacional su hogar, para finalizar la primera etapa que se puede leer en los dos primeros álbumes del recopilatorio.
Esa concepción del cómic no era algo exclusivo de España, ya que sucedía en todo occidente – y sigue pasando como podemos ver en la mayoría de los cómics más comerciales- donde, salvo puntuales excepciones como los cómics costumbristas de Will Eisner o Crumb y algunas propuestas de carácter más rompedoras en Francia, la industria tenía bastante acotados el tipo de cómics que se podían publicar en las cabeceras más exitosas. Y en ninguna de ellas tenía sitio el amargo y descarnado retrato de la vida diaria de los niños que vivían en los Hogares de Auxilio Social de la posguerra franquista. Nunca se había hecho nada como eso, nunca un cómic había desbordado tanta humanidad, mostrando lo mejor y lo peor de la especie y la persona ideal para contarlo era alguien que lo había sufrido, ya que sentía que si no lo contaba él no lo contaría nadie.
Un clásico con todas las de la ley.
Sin embargo, Paracuellos no es un clásico únicamente por su importancia para la industria, que la tiene y mucha, ya que además de abrir nuevas vías y temáticas en el medio lo hace con una calidad extraordinaria que puede mirar a los ojos a cualquier de los mejores cómics de la historia y que ha resistido el paso del tiempo de una forma más que notable. A diferencia de lo que nos encontramos en un cómic como la primera entrega de Action Comics que, aunque posiblemente se trate del cómic industrialmente más importante de la historia del medio, siendo honestos y centrándonos en la primera aparición de Superman nos encontramos ante una historia de dibujo tosco y amateur con un guion simplón y muy maniqueo. Un cómic que, en términos artísticos, palidece ante lo que habían hecho y estaban haciendo cuando se publicó gigantes del medio como Frank King, Herriman, Segar, McCay, Gottfredson, Gould, Milton Cannif, Raymond o Hal Foster, entre muchos otros coetáneos. Una lista en la que nadie con un cierto conocimiento del medio se atrevería a poner a los tristemente expoliados por DC Jerry Siegel y Joe Shuster. Sin embargo, no sucede lo mismo con el Carlos Giménez de principios de los setenta que puede mirar a los ojos de cualquiera de ellos como podemos ver en las demoledoras primeras entregas de Paracuellos y en otros extraordinarios trabajos como Hom o Koaluu El leproso en los que dio sobradas muestras de ser un autor de unas capacidades narrativas sobresalientes a la altura de los autores más grandes del medio. Esos que habían sido sus maestros. Una calidad narrativa que se mantiene en todas las entregas de la serie, ya que estamos ante un narrador que siempre ha sabido hacer fácil y sencillo lo difícil haciendo que cada historia funcione con la precisión de un relojero y con unos diálogos en los que los niños hablan con tal. Un combo perfecto que se mezcla con una capacidad para conseguir transmitir sentimientos que hacen se puede paladear en las miradas de Pablito, Peribáñez, Adolfo, Hormiga, Gálvez, Toñín… Todos esos niños sufren en sus carnes la violencia a todos los niveles de un régimen fascista que nunca dejo olvidar que habían ganado la guerra y ostentaban un poder total sobre los vencidos. Giménez firma un cómic intenso, negro y con momentos dolorosísimos, tanto que puede resultar incomodo por la dureza de lo que relata y que deja ver en todo momento a un autor que se niega a olvidar por todo lo que pasaron él y sus indefensos compañeros y siente la pulsión de contarlo tal y como lo recuerda. Un cómic lleno de alma y verdad que transciende las barreras del tiempo para convertirse en un testimonio inmortal a la altura de obras como Maus o El diario de Ana Frank, y es que como es esas historias es imposible no sentir en la propia piel lo que viven sus protagonistas.
Es memoria histórica, antes de la memoria histórica.
Con Paracuellos Giménez comienzo una serie de historias de carácter biográfico entre las que hay que incluir Barrio, Rambla Arriba, Rambla Abajo, Los profesionales o Pepe que le han convertido por derecho propio en uno de los mejores cronistas de la postguerra y la transición españolas. Tomando como base sus vivencias hemos podido ver cómo era la vida bajo el régimen fascista de Franco y como toda la represión, violencia, miseria y abusos van dejando paso a la libertad. De entre todos esos cómics de extraordinaria calidad, Paracuellos brilla con luz propia, ya que seguramente es el mejor testimonio de lo que sucedió en los Hogares del Auxilio Social. Una institución copiada de los Winter-Hilfe nazis formada por una serie de colegios internos benéficos en los que estudiaron huérfanos y niños de familias sin recursos. En principio no sonaba mal, si no fuera porque muchos de los niños eran hijos de represaliados republicanos y asesinados en la Guerra Civil a lo que buscaban reeducar en los valores ultracatólicos y ultranacionalistas del franquismo, mientras sus corruptos rectores desviaban los recursos para enriquecerse personalmente y se tomaban la revancha con unos niños. Los métodos para lograr esa reeducación eran el hambre, la crueldad y los castigos físicos y psicológicos que ejercían las monjas, curas, profesores e instructores falangistas. Hay que destacar que todo lo que vemos en las diferentes historias es cierto, ya sean experiencias vividas por Giménez o relatadas por otros que como él pasaron por esas infames instituciones y que le contaron con el tiempo, aunque es posible que se hayan cambiado nombres y lugares. Que la serie haya tenido diferentes etapas a lo largo de estos cincuenta años hacen que el retrato de la época se haya enriquecido y vuelto más poliédrico. Algo que dota de una dolorosa verosimilitud a una realidad que muchos quieren que olvidemos en estos tiempos de blanqueo de la ultraderecha. Por suerte, testimonios con el que vemos en estas historias quedan para la posteridad y servirán para que no olvidemos. Al ser historias vividas en primera persona no estamos ante un cómic documental donde se trata de ser lo más neutral posible, aquí el autor hace un relato rabioso, apasionado y sentido que siempre se sitúa del parte de los niños, como haría cualquier persona con corazón, que son las victimas incuestionables de cualquier conflicto, independientemente del color de su piel y su credo.
Un ejemplo vivo de la evolución en paralelo de la serie, el autor y la industria.
A lo largo de las décadas y diferentes etapas de la serie hemos podido ver reflejado como ha ido cambiando la industria desde unas primeras historias contadas solo en una páginas y media para ajustarse al formato de publicación serializado en revista, hasta un último álbum que cierra la serie en el que nos encontramos con una larguísima historia de más de cien páginas. Unos formatos que hacían que en las primeras historias marcadas por el afán de denuncia nos encontráramos con páginas atiborradas de las viñetas necesarias para poder contar la historia en solo dos páginas o página y media. Una evolución que también se puede ver en el estilo de Giménez que con el tiempo se ha ido volviendo más sintético y con mayor economía de líneas y dando un toque más caricaturesco en sus personajes, sobre todo unos niños flacos que son todo ojos y orejas, un reflejo físico del hambre, miedo y penuria que marcaba sus días. Todos ellos dibujados con un pincel limpio, preciso y precioso que les dota de vida. Esa libertad a la hora de poder elegir el número de páginas de cada historia posibilita contar de una forma más pausado y detallada que permite que estas historias tengan un tono más costumbrista y con matices. De esta forma podemos ver un marcado contraste entre las primeras historias, mucho más brutales y duras, y las posteriores donde hay cabida para la esperanza y un poco de alegría. De forma que podemos ver como pese a las circunstancias horribles en las que viven siguen queriendo ser niños. Si bien la violencia ejercida sobre ellos constantemente acaba por oscurecerlo todo. En las historias generan, sobre todo, las lágrimas de impotencia y rabia ante la injusticia y el horror, pero también para hay un pequeño resquicio para las risas y la ternura. Además, podemos ver cómo se va forjando el amor por el medio del autor madrileño gracias a los cuadernillos de El cachorro. El menor número de páginas no es la única explicación para la dureza de las primeras historias puesto que también hay que tener en cuenta que ante los problemas que Giménez había tenido para encontrar quien publicara la serie opto por contar primero las historias que sentía eran más importantes dar a conocer, por si no podía seguir con la serie. Una catarsis que fue el motor para dar a conocer la vida en los Auxilios Sociales, que no eran más que reflejo a pequeña escala del sistema cruel, mezquino y vengativo que gobernaba el país.

Una edición de verdadera calidad.
Hace años que los seis primeros álbumes de la serie estaban agotados y la única alternativa para poder leerlos era la infame edición apaisada de la serie que había editado DeBolsillo. Una edición terrible que remontaba las páginas alterando el trabajo de Giménez. Lo mejor de esa edición era el magnífico prologo que había escrito Juan Marsé. Por suerte, está incluido en la edición de que acaba de sacar Reservoir que respeta las páginas tal y como fueron concebidas, con gran tamaño y muy buena reproducción para disfrutar del dibujo de Giménez y una abundante cantidad de extras como textos en los que se explica la génesis de la obra y el proceso creativa ilustrados con numerosos bocetos y curiosidades. Una edición a la altura de la que posiblemente sea la mejor serie para adultos del cómic español y uno de los mejores y más duros cómics de la historia. Un ejercicio de memoria que nos recuerda que debemos conocerla para no volver a repetir esa barbarie. Algo que en un país en el que se los neofranquistas están volviendo a alzarse se antoja más necesario que nunca. Un pedazo de la historia de nuestros abuelos o padres que si hubiera sido publicado en cualquier otro medio le habría granjeado a Carlos Giménez premios que transcienden el medio como el Princesa de Asturias a las letras, pero, pese a la evolución del cómic hay quienes todavía lo consideran un arte menor. O quizás, sea porque es un autor que nunca se ha doblegado ante nadie y siempre ha demostrado un enorme compromiso político y social, algo que se paladea en cada página de esta edición definitiva de Paracuellos.













Si ya arreglaron la edición, habrá que hacerse con ella.
La nueva es la que debería estar ya en todos los puntos de venta.