Portada La fábrica de papel, de Marta Kayser

Edición original: La fábrica de papel (Lumen, 2026)
Guion: Marta Kayser
Dibujo: Marta Kayser
Color: Marta Kayser
Compuesto: Fernando de Santiago
Formato y precio: Cartoné. 272 páginas. 24,90€

Buscando las raíces.

«Mucho deberían pasarse por aquí para hacer balance. Pero la gente prefiere lo malo conocido. Porque lo que realmente les aterra es quedarse en silencio.»

Aunque no le sucede a todo el mundo por igual y por mucho que creamos que nosotros somos diferentes el peso de la herencia familiar marca en buena parte nuestra vida y algunas de nuestras decisiones. Incluso aunque no lo conozcamos en profundidad como le sucedía a Marta Kayser (Madrid, 1986) que, en medio de una crisis personal y laboral, tras la muerte de su padre encuentra entre sus cosas unos dibujos que pertenecieron a su abuelo. Una faceta de su vida que desconocía y que la lleva a investigar la historia de su abuelo y la de su bisabuelo paterno descubriendo que ambos tuvieron una faceta artística a la que tuvieron que renunciar por otro tipo de obligaciones. Una disyuntiva en la que también se encuentra ella. Esa búsqueda de información, junto con su propia búsqueda personal es lo que nos encontramos en La fábrica de papel el bellísimo y honesto cómic recientemente editado por Lumen con una edición cuidadísima que supone su debut en el medio por todo lo alto.

A través de las páginas del cómic vemos un trayecto que recorre lugares como Madrid, San Sebastián y Cebreros, lugares claves para que Marta Kayser consiga romper el silencio que rodeaba a la historia familiar y descubrir sus raíces. Un puzle del pasado que se comunica con el de debe resolver en su presente ligado a su futuro laboral que la lleva a mirar al pasado para poder afrontar el presente con unas respuestas y posibilidades que no tenían su abuelo y bisabuelo y decidir si ella debía dejarlo todo para atender a su vocación. Un cómic muy personal e íntimo donde la autora nos expone sin tapujos sus preocupaciones y su búsqueda de identidad. Un proceso arduo en el que ha empleado más de siete años tal y como cuenta en esta entrevista y que ha cristalizado en un cómic que es un sincero ejercicio de memoria y un sentido homenaje a su familia.

Si bien la historia que conocemos en La fábrica de papel no es la nuestra resulta muy difícil que la búsqueda de Marta Kayser no nos remueva el corazoncito. Algo que consigue sin caer en trucos baratos, sino mostrándonos sus recuerdos y los testimonios de sus allegados que nos dejan ver un enorme amor por la familia y amigos. Unos familiares que siempre buscaron conseguir que sus descendientes vivan mejor que ellos y quienes les precedieron llegando a renunciar a sus vocaciones artísticas que quedaron en escondías en secreto. Un silencio que es bastante común en los miembros unas generaciones que tuvieron que sufrir mucho en otros tiempos mucho más duros y que esta presenta en el cómic con muchos momentos en el que es atronador. La obra también aborda otros temas como el proceso de duelo por la pérdida de un familiar y la necesidad que tenemos a veces de buscar un cambio en nuestra vida para reemprenderla con un nuevo ánimo y objetivos. Unos temas que nos pueden hacer creer que estamos ante una obra triste, pero, aunque es cierto por sus viñetas revolotea una sensación de melancolía y nos damos de bruces con momentos muy emotivos, también hay momentos que nos sacan una sonrisa de complicidad cuando Marta Kayser encuentre pistas sobre sus origines familiares o recuerda momentos alegras. Un equilibrio muy bien modulado que hace que tras finalizar la lectura nos queda una sensación muy agradable, de esas que perduran durante varios días.

La historia salta entre el presente y el pasado de sus familiares de una forma muy orgánica sin necesidad de explicar con cajas de texto la época en la que estamos. La investigación que emprende la autora se ve reflejada en el propio cómic a través de la inclusión en sus páginas de cartas, dibujos, fotografías y collages que están muy bien integradas gracias a un uso del color en el que priman los tomos grises y sepias. Una gama cromática que no solo cumple esa función de integrar esos elementos, ya que también sirve para marcar el tomo emocional de todo el cómic. Esa mezcolanza de técnica visual también está presente con una de diferentes referencias culturales como el recuerdo de diferentes canciones o libros como el maravillo relato de Jean Giono El hombre plantaba árboles.

El estilo de Marta Kayser se emparenta con el que podemos ver en los trabajos de autoras como Ilu Ros o Ana Penyas que no responden a la ortodoxia estética ni narrativa del medio. Pero con una personalidad muy marcada llena de figuras humanas de líneas redondeadas y paisajes bellísimos que, por momentos son un personaje más de la trama. Sus personajes tienen un cariz poco expresivo, pero que en muchos casos sirve para reflejar como han ocultado bajo una capa de silencio una parte de su vida al renunciar a su vocación. Narrativamente brilla con luz propia la secuencia en plena postguerra en la que su abuelo de niño va a buscar un trabajo, una delicia que nos deja ver que pese a estar ante una obra de debut estamos ante una autora que sabe manejar muy bien las herramientas del medio.

Con La fábrica de papel Marta Kayser firma un destacable debut en el medio gracias a una historia en la que explora las raíces familiares ocultas bajo una capa de silencio. Un cómic que desborda honestidad y amor y nos hablar sobre la vocación, identidad y el duelo. Una carta de amor a su familia que nos toca el corazón.

Lo mejor

• El amor que desprende.
• La forma de tratar el duelo y las dudas sobre una vocación.
• Lo bien integradas que están las cartas, collages y fotografías con el dibujo.

Lo peor

• Algún personaje resulta un poco inexpresivo.

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Diego García Rouco
Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
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