El hombre que plantaba árboles, de Sandra Hernández

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Portada El hombre que plantaba árboles de Sandra Hernández

Edición original: El hombre que plantaba árboles ESP (Bang Ediciones, 2021)
Guion: Sandra Hernández adaptando un cuento de Jean Giono
Dibujo: Sandra Hernández
Realización técnica: Rocio Gómez de los Riscos
Formato: Cartoné. 40 páginas. 15€

Sembrar para los demás.

«Cuando pienso en que un solo hombre fue capaz de hacer surgir del desierto esta tierra prometida, me doy cuenta de que, a pesar de todo, el ser humano es admirable. Siento un inmenso respeto por este anciano campesino.»

En 1953 el escritor francés Jean Giono (1895 – 1970) público El hombre que plantaba árboles, uno de los relatos breves más bellos de la literatura del s. XX. Gracias a que el escritor permitió su reproducción y difusión de manera gratuita se convirtió en una obra realmente famosa traspasando rápidamente las fronteras de su país. Se trataba de una pieza breve, que se lee en apenas veinte minutos, pero cuyo mensaje y filosofía de marcado tomo ecologista y humanista te impregna durante años y que resulta ahora más actual y necesaria que cuando fue publicada por primera vez. Este maravilloso texto es el que ha elegido Sandra Hernández (Barcelona, 1977) para realizar su debut en el cómic tras una larga carrera como ilustradora y dinamizadora cultural.

El relato nos cuenta el encuentro entre un narrador anónimo en 1913, muy cerca de Vergons, en los Alpes de Haute-Provence, con un pastor, Elzéard Bouffier, que dedica sus días a plantar robles y otros tipos de árboles para hacer renacer esa tierra desértica. Una labor que realiza de manera desinteresada y que ninguna de las dos Guerras Mundiales consigue parar. Durante un tiempo se creyó que la historia era real y que fue el propio Giono quien se encontró con el pastor, debido a que todos sus libros se desarrollan en la esa zona que además también había sido objeto de una reforestación unos años antes del comienzo del relato, aunque realmente estaba organizada por las autoridades locales, algo que le llevo a publicar una carta en 1957 aclarando que la historia se tratada de una invención literaria.

La adaptación de Sandra Hernández resulta modélica, respetando el espíritu y mensaje del texto original y usando sus dibujos para potenciar la magia y el lirismo de sus palabras convirtiéndolas en un vergel repleto de vida. Leyendo el cómic, quienes ya conocíamos y admirábamos el relato, podemos redescubrirlo y volver a disfrutarlo y los que no lo conozcan (¡Qué afortunados aquellos que lo lean por primera vez!) podrán descubrir una obra llena de ternura con un, más que necesario, mensaje lleno de esperanza, generosidad y amor por la naturaleza.

A lo largo de las páginas vemos como los dos temas principales de la obra, la bondad humana y el ecologismo, están personificados en la figura de Elzéard Bouffier, un personaje que debería servirnos de ejemplo. En un mundo en que muchas personas tratan de hacer oír su voz para que los gobiernos mundiales, de una vez por todas, se tomen en serio el cambio climático nunca está de más que obras como la de Giono se vuelva a poner de actualidad y nos recuerden que estamos ante un problema que ya era patente hace casi setenta años, pero que, con buena voluntad y generosidad, todavía se puede comenzar un cambio para construirnos un presente y futuro mejor. Es posible que los más misántropos y pesimistas puedan considerarla algo ingenua y poco realista, pero, ¿qué sentido tiene la ficción sí no nos sirve para llenarnos de esperanza?

En su adaptación Sandra Hernández hace gala de algunos recursos excelentes como las viñetas en las que nos nuestros los horrores de las dos guerras mundiales, demostrando que con muy poco se puede decir mucho si se tienen las ideas claras. Unas viñetas llenas de negrura y muerte que contrastan con la frondosa naturaleza que va inundando las páginas a medida que germinan las semillas que planta Elzéard Bouffier, que también terminan por germinar en los corazones de sus vecinos haciendo que en ellos crezcan la misma bondad y generosidad que bombea su viejo, pero infatigable corazón.

Bang Ediciones hace una muy buena edición dentro de su colección Clasicómic, con un diseño realmente precioso que lo convierte en un regalo ideal para cualquiera, puesto que es una obra de la que pueden aprender y disfrutar lectores de todas las edades.

El hombre que plantaba árboles es una fábula para todos los públicos que debería formar parte de la biblioteca de cualquier amante de la naturaleza y de aquellos a los que el cinismo imperante no los ha llevado a perder la fe en la generosidad humana. Un fantástico debut que posiciona a Sandra Hernández como una autora a la que habrá que seguir con suma atención en sus próximos trabajos.

Lo mejor

• Sandra Hernández potencia con sus coloridas páginas el mensaje del relato original.
• La representación de la naturaleza, viva, verde y exuberante.
• La explicita y sintética representación de las Guerras Mundiales.

Lo peor

• Que el mensaje de obra sea hoy más necesario que cuando Giono la escribió.

Edición original: El hombre que plantaba árboles ESP (Bang Ediciones, 2021) Guion: Sandra Hernández adaptando un cuento de Jean Giono Dibujo: Sandra Hernández Realización técnica: Rocio Gómez de los Riscos Formato: Cartoné. 40 páginas. 15€ Sembrar para los demás. "Cuando pienso en que un solo hombre fue capaz de hacer…
Guión - 8.5
Dibujo - 8
Interés - 9.5

8.7

Plantar esperanza

La adaptación de Sandra Hernández refuerza el mensaje ecologista lleno de esperanza y bondad de la obra original en un momento donde es más necesario que nunca.

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Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
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