Portada Yo le hice una paja a Franco, de Furillo

Edición original: Yo le hice una paja a Franco (Autsaider Cómics, 2026)
Guion: Furillo
Dibujo: Furillo
Maquetado:: David Molina
Revisado y correjido: Eduardo Bravo
Edición: Ata
Formato y precio: Cartoné. 64 páginas. 16,5€

¡Arriba Furillo!

«¡¡Pero que operativo ni qué niño muerto!! ¡¡Una paja como un camión!! ¡¡Esa golfa le está haciendo una paja a Franco!!»

Hace más de diez años que Furillo, seudónimo con el que firma sus cómics Ignacio Murillo (Zaragoza, 1976), nos maravilló con esa bizarrisima ucronía que era Nosotros llegamos primero, premiado en el Salón de Zaragoza 2016 y nominado a Mejor obra Nacional en el Salón de Barcelona del mismo año. Un cómic que mezclaba lo mejor del underground con un sentido del humor cafre y vitriólico para hacer una brillante y mordaz sátira de lo más casposo del franquismo. En sus páginas éramos testigos de toda la mugre ideológica de un régimen fascista, ultranacionalista y ultracatólico que había cercenado la libertad de la mayoría de la población, con la excepción de los dirigentes franquistas más poderosos. Una realidad que, salvo algunos hijos ideológicos del franquismo, no era muy cuestionado, pero en estos diez años transcurridos el mundo ha sufrido una cuidadosamente planeada ola neofascista que ha llevado a un indigno blanqueo de esa época que está calando en una enorme cantidad de personas. Ante esa tesitura Furillo ha cogido el toro por los cuernos y ha creado la gloriosamente lubrica Yo le hice una paja a Franco, una especie de spin-off que augura el inicio de un universo propio que ríase usted de UMC. Como en el caso del primero, la editorial encargada de publicarlo es la sinpar Autsaider Cómics.

A finales de los sesenta algunos de los altos cargos del franquismo se encontraban en plena lucha por controlar quien iba a ser la persona que iba a suceder al dictador. Tomando esa lucha entre bandos opuestos Furillo idea una trama en la que es clave la Operación Paquito. Un plan auspiciado por Fraga que pretendía clonar a Franco para adelantarse a un Carrero Blanco que abogaba por que el sucesor fuera el príncipe campechano. Pero con sucedía en nuestra anterior visita al Furilloverso, lo que parecía un buen plan se convierte en desastre cuando se topa con la corrupción, la mezquindad y la ineptitud de los responsables de llevarlo a cabo. Lo que provoca que la historia transcurra por unos caminos inesperados haciendo que nos encontremos con una extraño y brillante mezcla entre Los niños del Brasil y algunas de las películas más casposas de Esteso y Pajares. Una delirante e incontrolado desparrame para los admiradores del humor grueso y la sátira política que, quizás, tiene un pequeño bajón durante la escena de negociación con el clero. Pero lo compensa de sobre con un final inesperado que enlaza el pasado del país con el presente y nos deja ver esa maravillosamente libre actitud provocadora que siempre ha tenido el arte.

Pese a lo que pueda parecer en un principio, Yo le hice una paja a Franco es mucho más que un cómic de humor extremo ya que se trata de una historia muy bien construida donde el nivel de sátira política y social alcanza cotas más altas que en Nosotros llegamos primero. Un cómic que nos recuerda a muchas de las historias de pudimos leer en revistas como El Víbora durante sus primeros años. La trama tiene mucho de película de espionaje de James Bond, pero debajo del esperpento, el humor castizo, las mujeres de curvas imposibles, las copas de Soberano y el humo de los Celtas se esconde una agria radiografía de las luchas intestinas por controlar el régimen de algunos de los bandos enfrentados y toda la corrupción del sistema, con los robos de bebes por parte de la Iglesia en primer plano. También hay espacio para la crítica sobre algunos de esas señas de identidad de masculinidad toxica que el régimen consiguió inculcar en la sociedad que todavía perduran pese a oler más a rancio que el Varón Dandy. Sin embargo, pese a toda esa carga crítica lo que prima no es la denuncia, sino la diversión y a lo largo de las páginas es imposible no estallar en repetidas ocasiones en carcajadas, a veces incomodas. Sobre todo, en los momentos protagonizados por el ínclito Dr. Menguélez, una suerte de Martínez el facha aunque mucho más miserable, lerdo y trepa, que ya conocimos en el cómic anterior y que en este es uno de los personajes principales. Un perfecto candidato para ocupar la cartera de Sanidad si el partido con nombre de diccionario llega al poder.

Furillo hace años que se han convertido en uno de los principales exponentes en el cómic nacional del humor irreverente, grueso y cafre, sin que ejercer ningún tipo de autocensura, pero apuntando siempre a los poderosos. Un dignísimo heredero de autores claves del underground mundial como Alfredo Pons o un Robert Crumb que es su principal referente. No solo en el humor también en lo gráfico, aunque con un estilo propio donde se cuelan otras influencias. En este cómic Furillo no tiene que hacer el mismo trabajo de diseño de elementos bizarros ligados a un viaje a la luna como en el anterior, pero sí que nos encontramos con algunas escenas de acción muy bien resueltas, además de una notable capacidad para caricaturizar a algunos de los popes del régimen que resultan muy fácilmente reconocibles. Un trabajo visual mucho más redondo que en sus anteriores cómics donde la legibilidad es la principal.

Como es habitual los chicos de Autsaider Cómics hacen un gran trabajo de edición con una reproducción y diseño exquisitas con unas guardas que son pura ambrosía.

Con Yo le hice una paja a Franco Furillo firma su mejor cómic hasta la fecha, ya que es el que mejor equilibra el humor puro con la sátira social. Como siempre nos encontramos con un humor bruto y provocador que da en el clavo y deja ver todas las miserias de un régimen que no se debería blanquear como está pasando actualmente. Ojalá el Furilloverso tenga más entregas en el futuro si son tan descacharrantes y ácidas cono esta.

Lo mejor

• El humor cafre que destila la obra.
• El reflejo de la lucha de poder en el seno del franquismo y todos su males.
• El Dr. Menguélez.

Lo peor

• Algunas escenas resultan demasiado largas.

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Diego García Rouco
Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
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