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Martina y la isla de Jaume Pallardó

Edición original: Martina y la isla (Salamandra Graphic, 2026)
Guion: Jaume Pallardó
Dibujo: Jaume Pallardó
Color: Jaume Pallardó
Formato y precio: Cartoné. 216 páginas. 26,95€

Cómics dentro de cómics.

«Prefería volver a la ficción. Allí tenía todo el control. Además, en mi cabeza la puerta de la creatividad estaba abierta de par en par, un estado espiritual muy difícil de alcanzar.»

La creación de cualquier tipo de obra artística supone un enorme esfuerzo y sacrificio por parte de sus autores, algo que parece se olvida en estos tiempos de idiotas que creen que con una IA pueden hacerlo igual de bien sin talento. Un acto egoísta y ególatra que valida el sistemático roba de derechos de autor a los creadores que en ningún momento han dado su consentimiento para que se use. Por desgracia, su uso está a la orden del día en muchos tipos de manifestaciones artísticas, una tendencia a la que no ha escapado nuestro medio favorito. Así que siempre viene bien poder leer un cómic como este Martina y la isla, en la que su autor, Jaime Pallardó (Valencia, 1978), ha volcado muchos de los problemas, incertidumbres e inseguridades a los que se enfrentan cuando delante solo está la página en blanco. Un tema que ya se abordaba en la reciente Anatomía de un esqueleto, aunque en esta ocasión estamos ante una aproximación radicalmente diferente.

En las páginas de este cómic Pallardó nos cuenta la historia de Martina, un joven que trabaja como recepcionista de un hotel de Cala Bandido para ganar un dinero que le permite seguir trabajando en un ambicioso cómic en el que aborda el proceso de creación. El cómic de autoficción en el que está trabajando trata sobre Eric, un autor de cómic maduro que se encuentra en plena crisis creativa mientras trata de sacar adelante su propio cómic sobre María. Martina, y sus personajes que son alter egos suyos y del propio autor sirven como vehículo en el que reflejar muchas de sus preocupaciones y deben lidiar a diario con los problemas a la hora de conjugar su vida personal con el conflicto interno que les supone no poder vivir del cómic y todos los problemas inherentes al proceso creativo. Unos problemas a los que se suma la catástrofe en forma de lluvia torrencial que asola la isla cambiando todo su mundo y que acaba por reflejarse en su obra, algo en paralelo a lo que vivió el autor de La muerte rosa (Ediciones Contrabando) con la DANA. Una estructura que convierta a Martina y la isla en un ambicioso y complejo metacómic lleno de capas que como las matrioskas esconde varios cómics diferentes en su interior que se pliegan sobre sí mismos.

Como ya hemos dicho el tema principal de esta obra es la creatividad y todo lo que lleva ligado como las dudas, la presión por conseguir el éxito, todo lo que se deja atrás por lograrlo e incluso ver como esa pulsión por finalizar una obra se convierte en el único impulso de una vida. Una serie de problemas que vemos en primera persona en esta obra a través del uso de voz en off de Martina que nos permite meternos en su cabeza para conocer sus dudas y miedos, sus envidias y alegrías, pero también esos momentos en los que tenemos pensamientos un poco locos. Un recurso muy literario que es difícil de trasladar a otros medios, pero en esta ocasión está muy bien usado ya que no entorpece la lectura en ningún momento y nos permite empatizar con ella y con el propio Pallardó.

La historia gira alrededor de Martina y su crecimiento como persona al asumir su sino y tomar las riendas de su vida. Un crecimiento en el que resultan claves tanto Jon, que es mucho más que una figura cómica, ya que es quien la conecta con la realidad, como Sofía que representa todo lo que ella quiere conseguir y también sirve para exponer los problemas que provoca el éxito, además de convertirse en el punto de entrada a esa cultura indígena de la isla. Algo sirve para abordar otros temas más universales como nuestra relación con el mundo y los problemas medioambientales fruto del cambio climático provocado por el ser humano. Al igual que también vemos otros temas como las complejas relaciones familiares que tiene Martina con su padre y su madre. También hay que destacar el rol de la propia isla como espacio para que la realidad se entremezcle con la fantasía dotando a la historia de un toque de fábula. Además, sirve para acentuar todas esas cosas externas que influyen en las creaciones artísticas y en su concepción incorporándose a la propia historia.

El estilo de Pallardó en esta obra cambia en función de la historia que está contando en ese momento. En la de Martina nos encontramos con el más habitual de líneas claras y limpias emparentado con los trabajos de Daniel Clowes con toques de azul que es color predominante con el gris. Por su parte en la de Eric nos encontramos con un dibujo muy suelto gracias al uso de aguadas con un azul muy suave. En cambio, en la de María tenemos un dibujo mucho más sintético coloreado con tramas grises y un azul oscuro e incluso en la historia de sirenas que lee María nos encontramos con otro estilo diferente de una línea clara que nos recuerda a los trabajos de Hergé y en bitono gris. Ese cambio de técnicas de dibujo y colores sirve para definir perfectamente los diferentes niveles narrativos de la historia con un azul que tiñe toda la historia del toque melancólico de los sueños que parecen imposibles y permite dar profundidad a las imágenes y el uso de sombras. A ese cambio de técnicas plásticas le acompaña una estructura de páginas cambiante que responde a las necesidades de una historia que mantiene un gran ritmo sin que esa narración en off la lastre, ya que el autor sabe cuándo debe prescindir de ella.

Martina y la isla es todo un reto para su creador Jaume Pallardó, pero también para los lectores ya que estamos ante una lectura exigente y compleja que nos invita a reflexionar sobre la creación, pero también a lo hora de entender nuestro lugar en el mundo, como sociedad y como individuos. Un cómic lleno de capas que nos deja ver la lucha entre la realidad de lo cotidiano y la fantasía de lo ansiado. Una gran prueba de todo el talento de un autor a tener muy en cuenta.

Lo mejor

• El reflejo de todas las incertidumbres, dudas y alegrías asociadas a la creación.
• El juego de matrioskas de los diferentes estilos de cómic.
• Los diferentes estilos gráficos de cada parte.

Lo peor

• Todo lo que sucede en el enfrentamiento en el ático no acaba de casar con el resto de la historia.

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Diego García Rouco
Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
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