¡Bienvenidos a este Más allá de la Galia tan especial!

Así es, vuestra revista del comic europeo, el Más allá de la Galia ha llegado a su edición número cincuenta. Estamos ante una ocasión muy especial porque coincide con el vigésimoquinto aniversario de Zona Negativa y también se corresponde con período estival cuando solemos preparar una propuesta diferente, para escapar un poco de la rutina. En esta ocasión os ofrecemos un listado de las grandes obras europeas de este siglo, de estos últimos 25 años, que nos parecen absolutamente imprescindibles. Es una propuesta en dos partes; en esta primera incluimos las 15 primeras y en la segunda, que saldrá el domingo que viene, incluiremos las 10 restantes hasta completar las 25 obras más destacadas. En esta segunda entrega también os nombraremos algunas de las candidatas que han estado a punto de entrar en el listado. Son unas finalistas que tienen tanta calidad y relevancia como las escogidas.

Para confeccionar esta selección Sergio Fernández Atienza, Diego García Rouco y Tristan Cardona han elaborado su propio listado de 25 preferidas. Las más votadas, las que han obtenido tres o dos votos han entrado en la selección automáticamente y hemos completado el resto por consenso, de una forma bastante natural.

Esperamos que os interese nuestra propuesta y, por supuesto, estamos ansiosos por conocer vuestras opiniones y así como vuestras escogidas como imprescindibles. Para esto están los comentarios.

Allons-y!
Let’s go!
Cominciamo!

Lupus (2003-2006), de Frederik Peeters – Astiberri

Frederik Peeters (Ginebra, 1974) es uno de los autores fundamentales de las últimas décadas del cómic europeo. De hecho otras tres obras suyas como son Píldoras azules (2001) o las miniseries RG (2007-2008) junto a Pierre Dragon y Saint-Elme (2021-2024) con Serge Lehman podrían haber entrado perfectamente en este listado de imprescindibles del siglo XXI. Su carrera está repleta de grandes aciertos y de otros trabajos, como mínimo, apasionantes. Nos hemos decantado por Lupus por su originalidad argumental, por su envidiable coherencia narrativa y por su enorme intensidad emocional. Esta obra, editada en un primer momento en cuatro tomos, recorre el camino que existe entre una road movie espacial y el relato de compadreo universal. Lupus es un cómic sobre dos amigos que se encuentran, que se reconocen, que se pelean y se aman, Lupus habla sobre el fracaso y sobre los sacrificios que a los que nos enfrentamos para seguir en pie cada día. Uno cree encontrarse ante una historia con el típico triángulo amoroso, pero en realidad estamos leyendo un maravilloso relato sobre una amistad extraordinaria.

Lupus tiene uno de los finales más conmovedores que se recuerdan en los comics y es además un prodigio tanto de dibujo como de fluidez narrativa. Frederik Peeters saca lo mejor que tiene dentro y tomando como punto de referencia a sus grandes maestros como Jean-Claude Mézières, Moebius, Hugo Pratt o también el Carlos Giménez de Érase una vez el futuro… lo sintetiza todo para llegar a un punto de madurez artística que lo hace uno de los autores más importantes de las dos década pasadas y también de las que nos esperan más adelante.
Frederik Peeters dibuja como los ángeles, narra como un maestro y teje historias tan llenas verdad como de emoción. Lupus es una obra soberbia que describe con absoluta fidelidad la enorme evolución experimentada por este nuevo gigante del comic europeo.

RESEÑA>>>

La esperanza pese a todo (2018-2022), de Émile Bravo – Dibbuks

Una de las decisiones editoriales más afortunadas de los últimos años en el cómic francobelga ha sido la de dejar a autores de peso que den su propia versión de algunos de los personajes más conocidos de la BD. Algo que ha producido algunas joyas que nos han reconciliados con esos personajes con los que hemos crecido y gozado, pero que no encontrábamos en sus series regulares que en muchos casos languidecían tras la muerte de sus creadores entre las imposiciones editoriales que provocaban que estuviéramos antes pastiches que buscaban repetir un modelo que, en muchos casos, era irrepetible. De entre todas esas nuevas visiones de personajes clásicos brilla especialmente la visión de Émile Bravo (París, 1964) de Spirou, sin desmerecer a otras como el Lucky Luke de Ralf König o el de Blutch, el Valerian de Manu Larcenet o el Blueberry de Christophe Blain y Joann Sfar, además de algunas propuestas más que también tienen sitio en esta selección.

Bravo tuvo un primer acercamiento al personaje con Diario de un ingenuo, un cómic en el que personaje popularizado por Franquin dejaba de ser un niño para pasar a ser un adolescente en los días previos al estallido de la Segunda Guerra Mundial, para posteriormente iniciar una ambiciosa y brillante continuación en cuatro álbumes titulada La esperanza pese a todo que superaba en todos los aspectos a esta primera incursión. La esperanza pese a todo arranca en Bruselas en enero de 1940, cuatro meses antes de que la Alemania nazi invada Bélgica obviando su neutralidad en el conflicto y a lo largo de los cuatro álbumes que dura nos permite conocer como fue la vida de los belgas bajo el domino nazi. Una situación que obliga a nuestro protagonista a convertirse en un adulto a la fuerza.

Aunque la obra no escatima a la hora de mostrarnos todas las dificultades y horrores que se vieron en aquellos años tiene un poso de esperanza que va más allá de incluir la palabra en el título. Y es que estamos ante un cómic en el que el humor tiene una enorme importancia y del que Bravo se nos nuestra como un maestro, algo que ya sabíamos todos los que habíamos leído Jules, con momentos descacharrantes de slapstick y un humor blanco, pero que esconde otro muy negro como la secuencia de la caldera. Visualmente estamos ante una obra que sabe ser moderna y a la vez respetuoso con los que hicieron los primeros encargados del personaje, pero sin caer en el intento de ser una copia. De esta forma estamos ante un trabajo en el que resulta muy fácil reconocer a Bravo, pero en el que también vemos a un Spirou y Fantasio diferente, pero que siguen siendo los nuestros. Y con una historia que es mucho mejor y más divertida que las últimas entregas de la serie regular y eso, que a diferencia de otras como Astérix, tiene etapas bastante dignas.

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Grandville (2009-2017), de Bryan Talbot – Astiberri

No cabe duda de que Bryan Talbot es toda una eminencia en el mundo de las viñetas. Nacido en Wigan hace 73 años, publicó su primer cómic en 1972, trabajando en el cómic underground durante cinco años. Además de participar en series como Hellblazer, Sandman o Juez Dredd, este autor británico es recordado por su obra propia. Las aventuras de Luther Arkwright, El cuento de una rata mala o Alicia en Sunderland le concedieron no pocos premios y nominaciones en los Eagle, Haxtur o Eisner.

Al más puro estilo Blacksad, la serie Grandville está poblada por animales antropomorfos que se comportan como seres humanos. Talbot nos presenta una ucronía en la cual Bretaña sucumbió en las guerras napoleónicas dos siglos atrás y hace apenas 23 años le fue concedida la independencia a regañadientes. Recordando a El hombre en el castillo de Philip K. Dick, Talbot se permite con elementos históricos y de la cultura popular para presentarnos una serie de historietas inolvidable.

El Inspector Archibald Lebrock, trasunto de Sherlock Holmes, es el protagonista de Grandville. Acompañado de su fiel Roderick Ratzi, Lebrock se muestra implacable y letal cuando tiene que serlo, mostrando una impresionante capacidad deductiva para solventar los casos más retorcidos. Lebrock es un tejón vigoréxico, tremendamente inteligente y enamoradizo.

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Como el mar que siempre vuelve a la orilla, Lebrock y Ratzi acaban regresando siempre a París, también conocida como Grandville en este universo. Cabe destacar que la Ciudad de la Luz también ha sufrido su particular lavado de cara. Una sociedad steampunk en la cual los dirigibles y los autómatas están a la orden del día.

En Grandville, Talbot no da puntada sin hilo apuntando a las corruptas clases gobernantes. Cualquier parecido con nuestra realidad no es pura coincidencia. París tiene su particular Zona Cero con una trama en claro paralelismos con el 11S. Intrigas políticas, conspiraciones o atentados de falsa bandera están a la orden del día en estas aventuras tan irresistibles. ¿Qué decir de Jean-Marie Lapin, como ese líder de un marginal partido de ultraderecha? Incluso se permite dar la vuelta al mito de Jack El destripador mientras una galería interminable de viejos conocidos como Spirou, Milú (adicto al opio) o Gaston Elgaffe se cuelan en alguna investigación.

Grandville se anuncia como un thriller científico-romántico pero, en realidad, es mucho más que eso. La xenofobia, tan recurrente a lo largo de toda la serie, provoca que su lectura sea de tremenda actualidad. Incluso los humanos tenemos nuestro lugar en este universo tan singular. Nos llaman carapanes y somos una especie de primate sin pelo evolucionado en Anguleme. ¿Acaso no es delicioso?

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Esos días que desaparecen (2017), de Timothé Le Boucher – Nuevo Nueve

A sus 34 años, Timothé Le Boucher (Strasbourg, 1988) ya había publicado en nuestro país vecino obras del peso de Esos días que desaparecen 82017), El paciente (2019) y la primera parte de 47 cuerdas (2021). Descomunal. Precisamente, la primera de estas, este autor francés la concluyó cuando todavía no había dejado la veintena demostrando al mundo que el futuro era suyo. En Esos días que desaparecen, la historia orbita alrededor de Lubin Maréchal, un acróbata que, tras un accidente en un espectáculo, comienza a tener una doble vida, literalmente. Mientras que los días pares, por expresarlo de alguna forma, sigue siendo él, de los impares no se acuerda absolutamente de nada. Aunque en un principio piensa que, quizá, esté durmiendo más de la cuenta como consecuencia de la contusión, pronto comprobará que hay otra versión de él que, podríamos decir, le suplanta cuando no es consciente.

Tras ir a terapia por consejo de su pareja, Lubin empieza a ponerse en contacto con la otra personalidad que habita en su cuerpo mediante mensajes de video y notas, con la idea de tender puentes entre ellos. Sin embargo, ambas personalidades son muy diferentes, acaban hartos el uno del otro y terminarán por distanciarse, reventando cualquier punto de encuentro. Como no podía ser de otra forma, con el tiempo, Lubin tardará más en aparecer, siendo “su segundo yo” quien se convierte en la parte dominante de su cuerpo.

Como en todos los trabajos de Le Boucher, Esos días que desaparecen contiene una potentísima carga psicológica. Los personajes están excelsamente desarrollados y es una obra con muchísimas capas de profundidad, siendo un cómic que se puede disfrutar leyéndolo tanto de manera literal, como profundizando en su subtexto. Temas como el paso del tiempo, el carpe diem, la amistad, el amor, la madurez e, incluso, la realidad virtual están presentes en una obra tan redonda que por supuesto no podía faltar en esta lista. Esos días que desaparecen es una historieta conmovedora que echa raíces en tu interior y, lo que acaba por germinar, no te abandona jamás. Aprovecho estas líneas para recomendar El caso David Zimmerman, de Arthur Harari y Lucas Harari, este cómic, primo hermano de Esos días que desaparecen, toca elementos comunes como la búsqueda de la identidad.

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Tamara Drewe (2007), de Posy Simmonds – Salamandra

La autora británica Posy Simmonds (Cookham Dean, 1945) es la responsable de una trilogía de obras de protagonismo femenino con vocación crítica y analítica. Tamara Drewe (2007), la segunda de este trio, es quizás la más redonda, publicada tras Gemma Bovery (1997) que inauguró la serie y puso las bases del formato narrativo y antes que Cassandra Darke (2018), excelente también, pero algo más oscura y dramática. En Tamara Drewe la ganadora del Gran Prix de Angoulême del 2024 nos describe la vida, entre aburrida, anodina e insustancial, de cierta burguesía británica de principios del siglo XXI. Su retrato de ciertos personajes tan característicos como humanos se mueve entre la ternura, la parodia y una lúcida acidez que acaba desnudándolos completamente.

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La crítica social, presente en esta trilogía y en otras obras como El mundillo literario o True love, viene servida con el acompañamiento de un tono humorístico elegante, muy suave, casi como un perfume fresco que no se distingue claramente pero que nunca dejamos de percibirlo. Cada personaje es puesto en ridículo, llevado a la humillación máxima, incluso algunos secundarios, pero de todos acabamos por olvidar sus flaquezas debido a la extraordinaria capacidad de Posy Simmonds para humanizarlos con certeras pinceladas de ternura.

la originalidad del estilo gráfico de Simmonds salta a la vista desde la primera página. Fuertemente condicionada por el formato vertical del espacio que le reservaba el rotativo The Guardian, la autora explora una equilibrada fusión entre la novela y el cómic; marida el texto con el dibujo en unas páginas insólitas donde conviven armónicamente los bloques tipográficos, con la letra manual y con los bocadillos de diálogo. Sus figuras son agradables, redondeadas y de movimientos orgánicos. Las expresiones faciales están perfectamente definidas y la ambientación es precisa pero no barroca. El añadido del color respecto a Gemma Bovery le da a todo el conjunto un aspecto más moderno y acorde a la ambientación frívola de la obra.

Posy Simmonds representa una sólida tradición que une el dibujo satírico con la historieta y la novela decimonónica con los cómics de prensa. Su concepción de la narrativa es completamente original y su sentido de la sátira se revela lúcido y agudo, lo que la convierte en una autora que conecta perfectamente con un público que no acostumbra a leer un tipo de historieta más convencional y, por supuesto, también entusiasma a los amantes del cómic de mucha calidad.

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Preferencias-del-sistema

Preferencias del sistema (2019), de Ugo Bienvenu – Ponent Mon

Con la desaparición de revistas como Métal Hurlant, a principios de este nuevo siglo la ciencia-ficción en la BD había caído en los tópicos del género más comerciales, las excepciones eran precisamente los trabajos de algunos de los popes del género como Bilal, Moebius o Druillet, entre otros, que se forjaron en las páginas de esas revistas. Pero era bastante difícil ver a autores creado cómics interesantes que nos recordaran los mejor de la ciencia-ficción con un toque más reflexivo y planteamientos originales. Por suerte, en los últimos años han aparecido unas nuevas generaciones de autores que abordan el género con propuestas menos trilladas entre los que podemos citar a Mathieu Bablet, con la excelente Shangri-La, o esta primera obra publicada en España de Ugo Bienvenu (1984) que le había servido para formar parte de la selección oficial del festival de Angoulême en 2019 y ganar el Gran Premio de la Crítica francesa (ACBD).

Año 2055. La capacidad para almacenar datos ha llegado a su límite, así que hay un cuerpo de funcionarios que se encarga de tomar la decisión de que datos hay que eliminar para dejar espacio a nuevos contenidos y cuales hay que conservar. El criterio que se sigue es la cantidad de reproducciones creando un sistema cortoplacista que elimina clásicos que ha permanecido durante generaciones para dejar sitio a contenidos de usar y tirar que pierden importancia al de unas horas. Entre los encargados de realizar esta labor esta Yves Mathon, que acaba revelándose contra el sistema como el Guy Montag de Fahrenheit 451. Pero a mitad del álbum la historia incorpora una nueva trama que nos habla sobre Mikki, el robot domestico en cuyo sistema Mathon guardaba las obras que ha ido salvando, y que también es el encargado de gestar a la hija que espera con su mujer.

Preferencias del sistema es un cómic situado en un futuro con estética retrofuturista repleto de elementos bastante plausibles que aborda temas tan importantes para la humanidad con es la pervivencia de la cultura, la reproducción, las nuevas concepciones de la familia y los peligros del uso de la tecnología planteándonos situaciones que nos obligan a repensar el mundo que estamos construyendo. Un cómic profundo y lleno de capas de total actualidad.

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Marshal Bass (2017-2025), de Darko Macan e Igor Kordej – ECC Ediciones

Marshal Bass de Darko Macan (Zagreb, 1966) a los guiones e Igor Kordey (Zagreb, 1957) al arte es un western atípico; muy atractivo, pero diferente. La serie, compuesta por doce álbumes y publicada originalmente en Francia, explica la vida y los trabajos de River Bass del cuerpo policial llamado United States Marshals Service. El personaje está basado en la figura histórica de Bass Reeves que fue el primer afroamericano en formar parte de esta agencia estatal dependiente del Departamento de Justicia norteamericano.

Esta saga, ambientada en el lejano Oeste norteamericano, nos pinta un panorama crudo y nada condescendiente del estado en que quedó la nación yanqui tras su cruenta Guerra Civil. Nos muestra, también, una realidad dotada de una extrema ferocidad, cargada de injusticias, siempre sometida a la absurdidad y a los caprichos de la fortuna. Los autores no obvian las tensiones raciales existentes que forman parte de la peor cara de una sociedad racista y segregacionista. Tampoco ocultan la violencia inherente al nacimiento de un imperio que se basó en el poder de las armas y la supremacía del más fuerte. El protagonista de la saga se caracteriza por su escasa empatía con los miembros de su familia, que sin embargo defiende con su vida, por un elevado sentido del deber y por una inteligencia natural poco común.

La particularidad de Marshal Bass es el punto de vista, el de los afroamericanos, en un momento crucial cuando legalmente son libres, pero socialmente – de facto – siguen siendo ciudadanos de segunda o tercera categoría. Las referencias a una República o un Reino de hombres negros es un aspecto significativo que tuvo su breve recorrido histórico al final de la Guerra Civil pero que la cruel realidad de la dominación blanca se encargó rápidamente de erradicar. El guionista Darko Macan consigue unir dos géneros tan dispares como el western y la serie negra en una serie de relatos cargados de violencia, tensión e injusticia social.

El arte de Igor Kordej brilla de una forma particulamente intensa a lo largo de las doce historias que conforman esta obra. Alterna con maestría las secuencias de acción con otras más dialogadas, emplea una gran cantidad de encuadres y angulaciones distintas y nos regala espectaculares splash pages que no resulta ni superfluas ni molestas para el ritmo de la narración. La caracterización de los personajes, la documentación gráfica y los decorados son excelentes y el tratamiento del color es apabullante; el trabajo que realizan tanto Desimir Miljić (Desko), Nikola Vitković como Anubis o el propio Kordej es espectacular y le dan un carácter distintivo al esta saga,

Por todo esto, Marshal Bass es uno de los mejores westerns de las últimas décadas y una de las grandes series europeas de la actualidad.

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La guerra de Alan (2000-2008), de Emmanuel Guibert – Salamandra

La guerra de Alan, el autor francés Emmanuel Guibert (París, 1964) nos descubre una realidad cotidiana que nunca se refleja en las crónicas convencionales de los enfrentamientos bélicos.
La guerra de Alan narra la transición que experimentó el norteamericano Alan Ingram Cope de la adolescencia a la edad madura en plena Segunda Guerra Mundial y cómo esta experiencia le cambió la vida. El protagonista le explica al coautor de Le photographe sus vivencias bélicas, anodinas y poco heroicas, pero que le marcaron de por vida. El encuentro entre el anciano jubilado estadounidense y el joven artista francés se produjo en la isla de Re, en Francia. Allí congeniaron, quedaron para seguir viéndose, trabaron amistad y empezaron un proyecto tan ambicioso como es el de narrar la práctica totalidad de una vida en formato de novela gráfica. Finalmente el primer capítulo salió a la luz en el año 2000, Alan Cope no llegó a verlo puesto que murió unos meses antes, en 1999.

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Alan Cope es llamado a filas cuando tenía dieciocho años. Estamos en 1943 y la Segunda Guerra Mundial está en su máximo apogeo. Empieza así un largo período de formación en diversos campamentos norteamericanos para completar su instrucción militar para ser apto y poder entrar en combate. Cope describe tanto el período de aprendizaje castrense como su experiencia en el frente de Europa de una manera cotidiana, con gran profusión de detalles y recalcando el componente azaroso de la vivencia. Ni el joven Cope ni sus compañeros tienen el más mínimo conocimiento de su destino. Son empujados, vapuleados, transportados y utilizados sin ninguna explicación, en nombre de unas órdenes que nadie conoce y que a menudo se revelan discutibles. Frente a esta absoluta falta de rumbo vital, el protagonista contrapone una inquebrantable capacidad de adaptación, una fe ciega en el futuro y un espíritu conformista que bordea el fatalismo.

La guerra de Alan supone un auténtico paso adelante en el arte de narrar con imágenes y texto. Su precisa combinación entre relato oral, novela autobiográfica y crónica histórica nos sumerge en un período del pasado de manera intensa y casi sin filtros. La discreta epopeya de Alan Ingram Cope resulta apasionante por la profunda autenticidad de los recuerdos del excombatiente y por la asombrosa capacidad del artista Emmanuel Guibert para evocarlos en el papel. La guerra de Alan es sin duda una de las grandes obras europeas de este siglo. La Nouvelle bande dessinée tiene con La guerra de Alan una de sus mayores cumbres y con Emmanuel Guibert uno de sus grandes exponentes.

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La levedad (2016), de Catherine Meurisse – Impedimenta

El 7 de enero de 2015, la alarma del despertador de Catherine Meurisse (Niort, 1980) no sonó, así que llegó tarde a la reunión del equipo de redacción de la prestigiosa revista satírica Charlie Hebdo de la que formaba parte desde 2005. Un afortunado descuido que le salvo la vida, puesto que fue cuando se produjo el brutal atentado que se llevó la vida de 12 personas (los autores Cabu, Charb, Tignous, Georges Wolinski y Honoré, al economista Bernard Maris, el corrector Mustapha Ourad, la columnista Elsa Cayat, y Michel Renaud, fundador del festival Rendez-vous du carnet de Voyage e invitado a la reunión, además de a los policías Franck Brinsolaro y Ahmed Merabet, y a Frédéric Boisseau, conserje del edificio donde estaban las oficinas) justificándolo con una ofensa a una religión, que como todas dicen procesar amor y bondad, pero en realidad son el perfecto caldo de cultivo para alojar a quienes solo buscan dividir y alimentar el odio y los comportamientos más barbaros independientemente de la fe que se profese. Para tratar de superar el dolor que le provoco la perdida de tantos seres queridos y entender la causas de lo que ha pasado, la autora de La joven y el mar o Los grandes espacios se refugia en la búsqueda de la belleza. Algo que refleja en un cómic que es toda una catarsis para ella, similar a lo que encontramos en Seguir dibujando de su compañera de redacción Coco, aunque con planteamientos tan diferentes como sus experiencias aquellos días.

La levedad es un cómic con el que es imposible no emocionarse mientras se acompaña a la autora en su búsqueda de motivos para seguir levantándose cada día y que se convierte en un sentido homenaje a sus compañeros, pero también a todo ese arte, y sus creadores, que solo con verlo no llena el corazón de paz y alegría. Esa búsqueda de la belleza está perfectamente reflejada en un dibujo de corte caricaturesco, pero que es capaz de captar el síndrome de Stendhal que la envuelve en su periplo por Roma. Algo que devuelve el color a su vida y las páginas de cómic en un recurso sencillo, pero muy bien llevado a cabo dejando claro todo lo que aprendió de sus maestros y amigos.

Aunque parece difícil estamos ante una obra llena de humor, lo que es el mejor homenaje a sus compañeros, que ante las amenazas de los intolerantes de cualquier credo o ideología decidieron seguir fieles a su compromiso de reírse de todo y todos. Un compromiso con la necesidad de proteger la libertad de expresión que está presente en uno de los mejores cómics de lo que va de siglo.

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Gus (2007-2017), de Christophe Blain – Norma Editorial

Gus es una serie de cuatro álbumes realizada por Christophe Blain (1970, Argenteuil), inacabada por el momento y que aborda la temática fronteriza del western desde un punto de vista romántico, con mucha experimentación narrativa y con estudiadas dosis de humor y parodia. Gus, Clem y Gratt son tres bandidos que se dedican a asaltar trenes y a desvalijar pequeños bancos de puebluchos perdidos en el Oeste. Pero lo que realmente les importa es conocer mujeres, Gus y Gratt están solteros y esta tarea les ocupa la mayor parte de su tiempo y de su mente. Clem está casado con Ava y tiene una hija pequeña llamada Jamie. Y sin embargo se le da mejor que a los otros dos congeniar con el sexo opuesto, casi sin proponérselo, especialmente con Isabella, una hermosa fotógrafa, pelirroja y bohemia. Esto y las diferentes formas de enfocar la vida producen un distanciamiento entre Clem y los otros dos componentes de la banda lo que les lleva a seguir sus carreras por separado. Mientras tanto Isabella tiene ideas propias. De paso vamos sabiendo como se conocieron estos tres peculiares miembros de la banda, los inicios de Gus en la actividad criminal y todas sus tentativas fallidas de encontrar alguien con quien compartir su vida.

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Porque esto es Gus, una serie que casa como ninguna la comedia romántica de situaciones con los tiroteos salvajes del western. Lo hace además usando el desparpajo, el humor e imprimiendo un ritmo endiablado a las escenas. Blain, además, construye sus revoluciones como lo hacen los grandes; volviendo su mirada hacia los clásicos y no sólo estudia a los maestros de la historieta – René Goscinny principalmente – si no que los literarios y los cinematográficos también están presentes.

Christophe Blain dibuja con un trazo sucio, ágil, que va a la esencia pero que recoge todos los elementos necesarios para la describir una atmósfera precisa y evocadora. Finalmente, llena sus viñetas de referencias y homenajes diversos, desde los más comiqueros como Blueberry, Lucky Luke o Jerry Spring, hasta los más cinematográficos; utilizando incluso los rostros de actores característicos del género o usando los de personajes secundarios de películas y series de televisión.
Una vez más, y van… el tebeo del Oeste se regenera; casi se reinventa desde el Viejo Continente. Y es Blain quien toma el relevo de todos los genios del pasado recogiendo sus estilos, sus convenciones y los clichés más conocidos para estirarlos, retorcerlos, ponerlos del revés como un calcetín y acabar entregando estos cuatro álbumes de la serie Gus que, sin embargo, despiden un aroma del Viejo Oeste por los cuatro costados.

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Cuadernos ucranianos (2010), de Igort – Salamandra

Igort, seudónimo del fumettista italiano con orígenes rusos Igor Tuveri (Càller, 1958), es uno de los autores italianos que han cogido el testigo de mitos como Pratt, Toppi, Battaglia, De Luca o Pazienzia, creando obras que se salen de lo establecido en cada momento. Un gusto por no repetirse que le ha llevado a lo largo de su ya prolífica carrera -que repasamos aquí– a convertirse en una figura indispensable del cómic mundial capaz de saltar de un género a otro sin problemas y a realizar los cambios narrativo y gráficos que le pida cada obra. Un perfecto ejemplo es este Cuadernos ucranianos que en un principio iba a ser un cómic que sobre el escritor Antón Chéjov estructurado en torno a las diferentes casas en las que había vivido, todas ellas esparcidas por la antigua URSS. Cuando estaba en Ucrania investigando sobre su vida en Ucrania a principios de este siglo descubrió un país sumido en pobreza y tras hablar con algunos de su habitante decido convertirlo en un artículo en forma de cómic que abordaba la vida del país bajo el régimen soviético centrándose en el Holodomor (la hambruna en Ucrania de 1933 provocada por Stalin), la ocupación nazi y el accidente nuclear de Chernóbil.

El cómic está construido a través de los testimonios que Igort recopilo in situ de personas que vivieron todo aquello. Un ejercicio de memoria histórica en el que mezcla esos testimonios con documentación de la época, para tratar de construir un relato lo más veraz posible, pero en el que en ningún momento cae en la tentación de juzgar nada de los que sucede. Algo nada sencillo porque relata algunas cosas realmente escalofriantes.

Visualmente estamos ante un cómic que es un catálogo de los diferentes palos que domina el italiano. A lo largo de las páginas del cómic conviven unas escenas del presente en las que vemos un estilo suelto y con aspecto casi de boceto que dota a la obra de una sensación de inmediatez y cercanía narrados en un formato de cómic clásico junto las escenas del pasado que se asemejan a un libro ilustrado dibujadas con un estilo más depurado un blanco y negro tan sobrio y frío con lo era la URSS.

Un cómic que sigue plenamente de actualidad, lo mismo que sucede con el posterior Cuadernos rusos, centrado en la represión que el régimen de Putin ha ejercido sobre cualquier disidencia y las barbaridades cometidas por el ejército ruso en la Guerra de Chechenia. Dos cómics imprescindibles que viene juntos en la edición de Salamandra Graphic que sirven para entender las causas de la guerra que lleva años asolando Ucrania. Un conflicto que el italiano también ha retratado en Cuadernos ucranianos. Diario de una invasión que narra los primeros días de un conflicto que parecía que iba a ser muy breve y que, por desgracia, cada día sigue aumentado las víctimas y los sufrimientos de quienes lo sufren. Tres perfectos ejemplos de cómics periodísticos creados por un autor que conoce el terreno de primera mano.

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La casa de las magnolias (2023), de Flavia Biondi – La Cúpula

La casa de las magnolias nos habla de personas golpeadas cruelmente por la vida que intentan salir adelante sin saber cómo. Flavia Biondi (Castelfiorentino, 1988) explora la relación entre dos seres torturados por sus propias emociones, pero al mismo tiempo hace un retrato preciso, certero, verdadero de las neurosis que nos acompañan a todos durante nuestras vidas. Y lo hace usando a dos mujeres valientes, a dos jóvenes que a pesar de todas sus dificultades quieren seguir hacia adelante y que, como la abuela de Amelia, son testarudas, quieren vivir a su manera y, por encima de todo, en paz. Es una obra emocionante, sincera y llena de aciertos. Además, supone un paso hacia delante en el apartado artístico de la autora de Tiempos precarios.

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En un pueblo perdido de Italia, aparecen dos mujeres jóvenes en el mismo momento para registrarse en el hostal. Una es la sustituta del profesor de letras, la otra tiene que resolver una herencia. Las dos son muy diferentes, pero las dos arrastran una infelicidad crónica, las dos tienen graves problemas emocionales y, sobre todo, las dos deben convivir cotidianamente con un monstruo que llevan dentro; el miedo.
En esta obra no solo encontramos a las dos mujeres protagonistas, Ada y Amelia, también conviven con ellas un pequeño grupo de personajes secundarios descomunal. Desde la abuela, la hermana de una y el hermano de la otra, la agente inmobiliaria y compañera de clase de Amelia o el sorprendente señor Ferri… todos tienen un papel fundamental en la trama y todos respiran verosimilitud y humanidad.

Esta obra se lee a pecho descubierto, con el corazón en la mano, sin filtros aceptando que los personajes te enamoren, que las situaciones te conmuevan, dejando que la obra te enseñe algo de ti mismo. Cada uno con sus cosas, no pretende ofrecer soluciones generales, pero mostrando una imagen precisa del dolor universal, aquel que nos atañe a todos, el que nos convierte en más humanos o en más inhumanos…
La casa de las magnolias de Flavia Biondi es una obra emocionante, profunda y sincera. Nos habla de cómo el miedo – un recurso vital que, como el dolor, nos permite que sobrevivir a los peligros externos – puede encadenarnos y llegar a ser una tortura. Nos habla de personas que sufren y que, para no sentirse rechazadas, han optado por vivir de manera solitaria. La soledad puede convertirse en un alivio, a veces es incluso una necesidad, pero nunca es la solución.

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Celestia (2020-2021), de Manuele Fior – Salamandra

Hay pocos dibujantes más elegantes y con un manejo del color tan buenos como el italiano Manuele Fior (Cesena, 1975) que, además de ser un extraordinario dibujante y narrador, también es un guionista muy dotado. En esta selección nos podíamos haber decantado por Cinco mil kilómetros por segundo, que le sirvió para hacerse con el Fauve d’Or al mejor álbum del Festival de Angoulême en 2011, también la magnífica historia de ciencia-ficción La entrevista o la más reciente Hypericon, una historia de amor en el Berlín de los años ochenta. Sin embargo, nuestra elegida es la evocadora y bellísima Celestia, una historia publicada en dos partes en su país de origen que aquí nos llegó recopilada en un precioso volumen.

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Celestia es una historia de ciencia-ficción que nos traslada a un futuro en el que la Tierra está en ruinas tras sufrir una misteriosa gran invasión que diezmo a la población. Los supervivientes se han refugiado en lugares como la isla que da nombre a la obra. Un lugar lleno de grandiosos edificios llenos de historia que es un evidente homenaje del autor italiano a la ciudad de Venecia en la que residió varios años. En ese enclave donde las esperanzas del futuro la personifican unos jóvenes con poderes telepáticos, como Dora y Pierrot, los protagonistas de la historia. No conocen nada más que la isla, ya que los gobernantes prohíben salir al exterior creando un gueto en el que el tiempo se ha detenido. Algo que le hace revelarse y emprender un viaje al exterior en busca de libertad.

Esta historia es mucho más que una de tantas de viajes iniciáticos, ya que Fior sabe dotarla de un apartado visual extraordinario en el que da rienda suelta a su capacidad para imaginar un futuro de unos diseños originales y vibrantes, algo a lo que no está acostumbrado ya que sus historias suelen estar enclavadas en la realidad. Como sucede con algunos de sus trabajos previos y de algunas de las grandes historietas de ciencia-ficción publicadas en revistas el italiano ha comenzado el cómic sin tener un guion cerrado dejando que la historia se fuera construyendo según la dibujaba, una apuesta de la que sale bien parado creando una trama absorbente y sorprendente que te obliga a leerla de una sentada.

Como en las historias de ciencia-ficción más recordadas Fior aprovecha en entorno alejado en el tiempo para invitarnos a cuestionarnos sobre de los problemas de actualidad como el intercambio de derecho por una presunta seguridad, el empobrecimiento de las sociedades culturalmente aisladas, los problemas derivados del cambio climático o el papel de los más jóvenes en la sociedad. Un cómic que en mucho sentido sabe modernizar esas historias de ciencia-ficción que podíamos leer en revistas como Métal Hurlant.

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Los combates cotidianos (2003-2008), de Manu Larcenet – Norma Editorial

Aunque Manu Larcenet (Issy-les-Moulineaux, 1969) llevaba publicando profesionalmente cómics desde 1994, no es hasta la aparición de la primera entrega de esta gran serie titulada Los combates cotidianos – diez años después – cuando alcanza con total merecimiento la fama. Antes ya había dado nuestras de su talento en obras de innegable calidad como son Tim Oruno, las diferentes entregas de La vida rocambolesca de… o la semibiográfica La vuelta al campo en las que nos demostraba su enorme talento para mezclar el humor y el costumbrismo, pero no es hasta esta serie cuando consigue conjugarlo de forma magistral, lo que le vale el más que merecido Premio al Mejor Álbum del Salón de Angoulême de 2004.

Los combates cotidianos es una serie de cuatro álbumes que nos cuenta la historia de Marco, un fotógrafo de guerra, padre primerizo y que está dejando atrás sus días de juventud. Un cúmulo de circunstancias que le han llevado a estar en plena crisis de identidad traducida en unos recurrentes ataque de pánico mientras trata de conjugar todos los aspectos de su vida: su trabajo, mujer, su hija, su pasado, su familia… Un personaje neurótico, volátil y gruñón, pero adorable con el que no cuesta trabajo sentirse identificado, ya que muchas de sus preocupaciones e inseguridades y preocupaciones son las nuestras. A lo largo de los diferentes álbumes vemos como Marco trata de tomar el control de su vida o, por lo menos, coserla de forma que pueda ser lo más feliz posible y legar un mundo mejor a su hija. Algo que posibilita que estamos ante un cómic que ha conseguido salir del gueto y que haya llegado a muchos de los lectores no habituales, un logro que nos habla de una historia que ha conseguido transitar, tanto a nivel de público como de temática, de lo local a lo universal de una forma natural sin la ayuda de una adaptación cinematográfica o campañas de marketing.

En el apartado gráfico no nos encontramos ante el virtuosismo que Larcenet demostró en obras posteriores como Blast, El informe Brodeck o La carretera, ya que estamos ante un estilo mucho más caricaturesco, pero pese a todo es una serie extraordinariamente dibujada y con un tempo narrativo perfecto.

Estamos ante un cómic de esos que muchos que solo leen historias vacías de diferentes géneros dicen que no cuenta nada, pero, a diferencia de esas de que en cuanto rascas un poco ves que realmente no cuentan nada que desaparecen de tu mente según las finalizas, la historia nos propone Larcenet cala muy hondo, ya que aprovechando el humor pone en solfa con brillantez muchas de las convenciones del mundo moderno y nos obliga a mirar nuestra vida con otros ojos. Algo muy difícil de conseguir y es la explicación por la que se ha convertido en un clásico moderno.

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Comfortless (2023), de Miguel Vila – La Cúpula

Pocas dudas albergaba de que en este ranking apareciera alguna obra de Miguel Vila (Padua, 1993). El autor transalpino nos conquistó con Dulce de leche (2021) y, desde entonces, aguardamos cada título suyo que La Cúpula tiene a bien publicar en nuestro país. Comfortless es la guinda de un pastel a lo que denominamos La trilogía de Padua, siendo Padualand (2020) la primera entrega del particular universo de este extraordinario artista italiano.

Más allá de la región donde tienen lugar los acontecimientos y algún que otro personaje que se deja ver en los distintos cómics, las historietas son autocontenidas. Vila explora la naturaleza humana y lo hace desarrollando personajes de todo tipo y condición: egoístas, mezquinos, abusones o solitarios. Con un estilo que recuerda a Chris Ware, el ilustrador de Fortaleza Volante realiza anárquicas composiciones de página. Gracias a un dibujo inconfundible, Miguel Vila gesta personajes únicos alejados de cánones de belleza. Verrugas, pecas, cuerpos flácidos o voluptuosos… Vila consigue una narrativa arrolladora alternando miniaturas con primerísimos planos cargados de expresividad.

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Si cualquier título de Vila ha de ser tenido en cuenta, Comfortless tiene el plus de tener la pandemia como telón de fondo. El dichoso Covid marcó nuestras vidas y, también, la de los protagonistas de esta historia coral que tiene un climax cuasi apocalíptico. Vila pisa el acelerador con un giro de guion imposible mientras nos sumerge, de lleno, en un nuevo estado de alarma. El particular humor negro del padre de la criatura posibilita que las miserias de las que somos testigos no duelan tanto.

Por lo tanto, Comfortless es una obra que invita a reflexionar sobre la crisis sanitaria que padecimos hace un lustro y de cómo respondimos ante ella. Vila añade en la ecuación el elemento de un accidente nuclear para echar más leña al fuego en un escenario, el nuestro, que cada vez resulta más frágil. Un futuro incierto el que nos espera, aviso para navegantes. Mientras podamos seguir disfrutando de la obra de Miguel Vila, las penas compartidas lo serán menos.

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Y hasta aquí la primera parte de este Más allá de la Galia tan especial. Dentro de 7 días volvemos con las 10 últimas escogidas de este listado de obras europeas imprescindibles del siglo XXI. Cuidaros y pasad la calor estival con los mejores cómics que podáis encontrar. Nos vemos el domingo que viene en vuestra revista preferida del comic continental y de las islas británicas.

Créditos: Más allá de la Galia es un producto original de Zona Negativa. Coordinador: Raúl López; Redacción: Sergio Fernández Atienza, Diego García Rouco y Tristan Cardona; Diseño Gráfico: Miguel Ángel Crespo.

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Enrique Doblas
Autor
16 octubre, 2025 16:24

Magnífica selección, que ganas de catar lo que aún no conozco! Gracias