Intercambio de vidas.
«Ya lo sé, David, pero en la vida no siempre podemos hacer lo que nos gusta.»
Hace unos años Timothé Le Boucher nos trajo Esos días que desaparecen (Nuevo Nueve), una obra desasosegante y turbadora que nos hablaba sobre la identidad y la vida que elegimos vivir. Una lectura de esas que dejan un poso que te acompaña durante mucho tiempo, ya que pese a tener un argumento con elementos fantásticos te fuerza a cuestionarte elementos de tu propia existencia por muy incomodos que te pueden parecer. Algo que también ocurre tras finalizar la lectura de El caso de David Zimmerman, un cómic coescrito por los hermanos Arthur Harari (París, 1981) y Lucas Harari (París, 1990) y dibujado y coloreado por este último con la ayuda de Roman Gigou en el color. A lo más cinéfilos les resultara familiar ya que es el director de dos películas, Diamant noir (2016) y Onoda, 10.000 noches en la jungla (2021), y ha coescrito dos películas con la directora Justine Triet, El reflejo de Sybil (2019) y la multipremiada Anatomía de una caída (2023), Palma de Oro del festival de Cannes, y que le sirvió para ganar un Globo de Oro, un Oscar y un César al mejor guion original. Por su parte Lucas Harari es el autor completo de otros cómics como L’aimant (Sarbacane, 2017) y La última rosa del verano (Dolmen, 2022), además de ilustrador de prensa. El caso de David Zimmerman publicada recientemente por
David Zimmerman es un fotógrafo treintañero de origen judío con un futuro laboral incierto y muy precario que vive en Paris. Es un hombre bastante apocado, gris y con problemas para relacionarse con los demás que acaba de salir de una relación sentimental de varios años con Alice. Para tratar de animarle su amigo Harry, un pintor de personalidad opuesta a la suya, le obliga a ir a una fiesta para celebrar el fin de año. Ese 31 de diciembre pondrá su vida patas arriba, tras fijarse en una misteriosa mujer que vio en una boda unos meses antes. A la mañana siguiente se despierta y descubre con horror que está encerrado en el cuerpo de esa mujer. A partir de ese momento comienza una desesperada búsqueda para encontrarla y revertir la situación, un periplo lleno de misterios y sorpresas que mantiene al lector en tensión continua y pegado a las páginas.
Estamos ante un thriller intimista que nos habla sobre la identidad y la alienación en el mundo moderno con una más que evidente influencia de los del maestro Alfred Hitchcock que, tomando como base algo tan tratado como son los intercambios de cuerpos, transita por terrenos novedosos manteniendo el interés del lector en todo momento, gracias a un muy buen uso del misterio desde la escena de arranque. Esa incertidumbre continua por el destino de los personajes está perfectamente integrada en una trama que también aborda su vida cotidiana y como cambia, además de conseguir reflejar muy bien la realidad del Paris actual, no el de las postales, desde el punto de diferentes grupos sociales con referencias al genocidio en Gaza o las huelgas en contra de los cambios laborales en Francia. Sin embargo, el director inglés no es la única influencia palpable de la obra, ya que por toda la lectura sobrevuelan todo tipo de ellas como Kafka, Taniguchi y los trabajos de dos maestros de los cómics con sensaciones y atmósferas extrañas, incomodas y turbias como Charles Burns (Agujero negro, Laberintos), que también influye enormemente en el dibujo y, sobre todo en el color, y Daniel Clowes (Bola Ocho, Monica), que incluso hace un cameo.
Tal y como podemos leer en la ficha de Astiberri del cómic la intención de los hermanos Harari era crear un cómic en el que explicar una realidad muy cercana y plausible tras un cambio en la vida del protagonista producto de un suceso de origen fantástico. Si bien el motor de la historia es la búsqueda de una solución al problema de David, con el desarrollo de la historia podemos ver que le verdadero interés de los autores es contar una historia sobre la identidad en todos sus aspectos, desde cómo se construye con todas las herencias del pasado familiar hasta la identidad sexual o sentimental. Creando una historia muy cercana en la que uno se mete con mucha facilidad y que resulta mucho más original y estimulante que las que solemos ver en otras ficciones sobre intercambio de cuerpos gracias a los temas que abordan y también una forma de contar una historia contenida, llena de pausas y emociones que se trasladan al lector a través de imágenes mudas y miradas vacías. Una mezcla que dota a la obra de un tempo perfecto que se aleja de esas ideas preconcebidas de los thrillers con escenas frenéticas llenas de acción que son las que hacen que la tensión vaya en aumento, pero en el cómic de los hermanos Harari esa sensación se produce por la angustia y la desesperanza en la que se van hundiendo los protagonistas al ir comprobando que la resolución a sus problemas no va a ser para nada sencilla.
Estamos ante una de las historias más estimulantes y novedosas que nos ha llegado en lo que va de año, algo que consigue sin tener que ser enormemente disruptiva a ningún nivel con las propuestas que nos llegan habitualmente desde el mercado francófono. Algo que se puede ver tanto en la estructura del guion como en la construcción de los personajes y también en el estilo gráfico que mezcla el underground más elegante con la línea claro con una acertadísima paleta de colores que nos zambulle de lleno en la atmósfera turbia de la historia y en los diferentes giros de guion que contiene. Algo similar sucede con la composición de las páginas en las no vemos ningún alarde ni ningún intento de forzar los límites del lenguaje, pero con un clasicismo para nada agarrotado donde prima la legibilidad dejando que sean las imágenes las que cuenten la historia. Una historia como ya hemos dicho de un tempo prodigioso que sabe cuándo hay que parar y cuando acelerar, pero sin hurtar del todo al lector el control de la lectura.
Con El caso David Zimmerman Arthur Harari y Lucas Harari nos han regalado un cómic absorbente y desasosegante que sobrepasa los tópicos más manidos de las historias de intercambios de cuerpos para ofrecernos una historia intimista sobre la identidad en un Paris actual vibrante y fiel reflejo de las preocupaciones actuales.
Lo mejor
• El perfecto equilibrio entre la cotidianidad y el misterio.
• El manejo del tiempo.
• El uso del color.
Lo peor
• Es una obra incomoda que te obliga a cuestionarte aspectos de tu vida, algo que puede no agradar a todo el mundo.












