Los combates cotidianos

Hablamos de la obra maestra Los combates cotidianos de Manu Larcenet

Por
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Edición original: Combat ordinaire (Dargaud)
Edición nacional/ España: Norma Editorial
Guión: Manu Larcenet
Dibujo: Manu Larcenet
Color: Manu Larcenet
Formato: Cartoné, 264 págs.
Precio: 24,95€

 

Releyendo Los combates cotidianos para escribir esta reseña me preguntaba cómo podía esa historia sin historia, esa narración que vira del costumbrismo al uso hacia la (auto)biografía intimista, haberse convertido en uno de mis títulos favoritos. La respuesta, como todo «lo que de verdad cuenta» en la vida (cito el título de uno de los cuatro volúmenes en los que se divide la obra), la trajo el tiempo. No sólo el discurrir de la historia, el paso de sus páginas, sino el poso que aquélla deja en el lector: Los combates cotidianos, es una obra que crece en la memoria.

La peripecia que Manu Larcenet nos trae en su obra más emblemática es, en realidad, fácil de sintetizar: Marco, un fotógrafo de guerra que atraviesa una crisis personal, decide retirarse a vivir al campo. Allí le conocemos, allí conoce él a Emilie, su futura pareja, y allí se enfrenta a sus fantasmas y a los de toda una nación para, en definitiva, poder seguir viviendo y conquistar un pequeño remanso de felicidad personal. Es, salvando las peculiaridades individuales, la historia de muchos de nosotros. Sin embargo, lo que consigue Larcenet en este cómic, y acaso lo que perseguía, no es sólo contar una historia; es otra cosa, algo tan meritorio como difícilmente planificable: influir de hecho en la vida. Pero vayamos por partes.

Empecemos por el final: la larga conversación que mantienen Marco y Pablo, trabajador recién jubilado de los astilleros en los que trabajó el padre del protagonista es, en sí, un resumen perfecto de la obra. Y la frase que éste le dedica al final de la misma, es una síntesis brillante: «A partir de este segundo, el mundo te pertenece… Te lo cedo oficialmente. Ahora te toca a ti apañártelas con él.» Porque si de algo trata Los combates cotidianos es de la necesidad del individuo de reconciliarse con la vida, de hallar un lugar en un entorno hostil e intentar legar un mundo un poco mejor del que nos encontramos. Si se consigue o no es cuestión de perspectiva. La única certeza es que las cosas mutan. El cambio es la única constante de la Historia, con H mayúscula. No se le puede negar a Larcenet la habilidad con la que traza el paralelismo entre Marco y Francia, entre Historia e historia, entre el individuo y el mundo. Un protagonista en crisis que intenta encontrarse a sí mismo sin saber por dónde empezar a buscar, intentando forjar una identidad con los precarios materiales que almacenan la memoria y el subconsciente. En paralelo, un país —un mundo, en realidad— que intenta (re)construirse una nueva identidad, reinventarse para el nuevo milenio (el primer volumen de la obra es de 2004) sobre la ciénaga de la guerra de Argelia —epítome en el relato de todas las guerras—, de las ruinas de la lucha obrera, del racismo y los discursos del miedo, etc.

Para una empresa tan ambiciosa, Larcenet se vale del viaje tranquilo —si bien no sin incidentes— de su protagonista. Marco lucha por superar las crisis de ansiedad que le asedian mediante el análisis, la psicoterapia y los ansiolíticos. Poco a poco va superando etapas, venciendo temores, ganando esos combates cotidianos de los que habla el título de la obra. Desde la tensa relación con sus padres hasta la paternidad y la calmada madurez de las últimas páginas transcurre un viaje largo y accidentado en el que se va encontrando con personajes que afluyen a él como al río principal de la historia y que le ayudan en uno u otro de los muchos frentes abiertos que tiene en su vida. Cabe hacer aquí un reproche a Larcenet, y es que muchos de esos afluyentes no acaban de tener entidad propia, se limitan a ser instrumentos de los que se vale el autor para motivar la reflexión y el cambio en el protagonista. Emilie, la pareja de Marco, por ejemplo, es un personaje maduro desde el principio, no asistimos a su evolución. Pese a ello, el autor demuestra una gran habilidad técnica y un profundo conocimiento del medio que trabaja. Los largos —y, en ocasiones, artificiosos— diálogos se alternan con silencios, con miradas y gestos que revelan mucho más que las palabras; la peripecia se mezcla con la elipsis pasando del estilo caricaturesco dominante en la obra a un tono más realista y reflexivo. El relato está plagado de símbolos y metáforas que no hacen sino enriquecerlo, creando el subtexto que es la verdadera esencia de la historia. «Nada se oculta sino para ser descubierto y nada se esconde sino para se revelado», le dice el viejo Mesribes a Marco en un momento dado. Ese personaje, como casi todo en la obra, también oculta una sorpresa.

Todo este juego de ocultación, revelación y trascendencia de lo cotidiano son el punto fuerte del relato. La obra le da al lector tanto como éste esté dispuesto a buscar; puede leerse desde muchos puntos de vista, pero sin duda el nivel más profundo, como en todo arte, es aquel en que aquélla trasciende su medio y penetra en la realidad. Si dejamos que nos llegue, Los combates cotidianos consigue hacer con nosotros los mismo que con Marco: hallar victorias en todas las derrotas, reconciliarnos (si bien temporalmente) con la vida.

Firma Invitada: Víctor Palomeque

  Edición original: Combat ordinaire (Dargaud) Edición nacional/ España: Norma Editorial Guión: Manu Larcenet Dibujo: Manu Larcenet Color: Manu Larcenet Formato: Cartoné, 264 págs. Precio: 24,95€   Releyendo Los combates cotidianos para escribir esta reseña me preguntaba cómo podía esa historia sin historia, esa narración que vira del costumbrismo al…
Guión - 8
Dibujo - 8
Interés - 8

8

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Krokop
Krokop
Lector
10 mayo, 2017 17:18

Una reseña muy lúcida de una historeta que sigue siendo muy actual. Señala el único defecto (mínimo) que le veo al cómic: eso de que, a ratos, hay cierta artificiosidad formal, en el sentido de que los personajes y la trama se acomodan levemente a las ideas que quiere transmitir el autor. Con todo, pueden mucho más las virtudes de la obra.
Pero sobre todo creo que da con la clave que hace este cómic especial, y es que en eso de la autoficción en la historieta con ciertas pretensones autorales, Larcenet no se centra exclusivamente en el ombligo de su protagonista. En esta historieta, vemos y comprendemos su entorno cercano, pero también (muy bien expresado: ‘de su sociedad y del mundo’) y cómo la relación con éste tratando de hacer lo mejor posible es su forma de evolucionar y salir adelante. Eso es lo que le diferencia de otras obras similares. Miguel Gallardo también incide en esto en su introducción.
Tampoco podemos olvidar que es muy agradable de leer sin resultar pasteloso y tiene unos cuantos buenos chistes.
Con su posterior Blast y la adaptación que ahora saca Norma de ‘El informe brodeck’ , creo que va camino de convertirse en el autor francés más versatil y talentoso de su generación.