La Chelita. El Salvador 1992

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Edición original/ España: La Chelita. El Salvador 1992 (Dolmen, 2013).
Guión: Ruma Barbero, Charo Borreguero.
Dibujo: Ruma Barbero.
Color: B/N.
Formato: Tomo rústica, 152 págs.
Precio: 14€.

 

Con el paso de los años y el peso de lecturas y experiencias admito que he ido perdiendo el gusto por la aventura fantástica, por el héroe salvador, por las dicotomías de buenos y malos, por el sencillo escapismo, en definitiva; cada vez me es más difícil entrar en ese juego de ilusión que, sin embargo, condicionó mis primeros acercamientos (y que aún aprecio ¡ojo! en propuestas como Saga o Battling Boy) y necesito -esa es la palabra- sentir que al cerrar el libro algo se ha quedado conmigo, que he aprendido algo, que algo ha cambiado dentro de mí, siquiera un poquito. “Leemos para saber que no estamos solos”, afirmó C. S. Lewis. Y para mí esta sentencia es cada día más verdadera y definitoria.

Dentro de este proceso de introspección y descubrimiento mis intereses viran cada vez más a la vivencia personal y al testimonio, terrenos que pocos años atrás estaban más bien al final de mi lista. Así, el hallazgo de La Chelita ha llegado en el momento justo, como quien dice. Estoy bastante seguro de que me ha gustado por encima de sus méritos estéticos reales simplemente por el hecho de acercarme a una cruenta realidad que percibimos difusa desde nuestra condescendiente “superioridad” occidental, esa que nos susurra arteramente “Eso no te va a pasar a ti” mientras leemos en la placidez acogedora de nuestro salón. Solo que ahora otra vocecita, más ladina, cloquea “¿De verdad te crees a salvo?

La Chelita sigue las peripecias de la psicóloga salmantina Charo Borreguero en El Salvador de 1992, a los pocos meses de la firma de los Acuerdos de Paz de Chapultepec que pusieron fin a una guerra civil de doce años. Fundamentalmente narra sus experiencias como colaboradora de la asociación Madeleine Lagadec en la elaboración del Informe para la Comisión de la Verdad para El Salvador de la ONU, iniciativa que la puso en contacto con supervivientes de las horribles matanzas perpetradas por el ejército. La obra está contextualizada por el autor, Ruma Barbero, con información extraída de diversas fuentes, incluidas declaraciones de guerrilleros y otros cooperantes.


Con un sesgo más didáctico que dramatizador, más cercano a los trabajos de Joe Sacco (Palestina, Gorazde) que a los de Art Spiegelman (Maus) o Paco Roca (Los surcos del azar), La Chelita prescinde de cualquier atavío argumental o estético que desvíe la atención de sus fuentes. Barbero, lejos de enmascarar el testimonio oral dentro del relato, lo potencia, lo subraya casi obsesivamente (esos nombres que quedan en “fulano”, esas frases que terminan en “blablablá”), incluso en la cadencia de las imágenes, a medio camino entre las evocaciones imprecisas de una charla y la asepsia del documental. Desprendido de florilegios, como se ha dicho, las páginas se suceden en composiciones de 3×3, normalmente planos medios que contextualizan las palabras (y no al revés). El propio dibujo es discreto, inexpresivo, casi infantil, incómodo en su colisión con lo narrado. Piénsese, por ejemplo, en la página 85, un momento de comprensión terrible inaprensible únicamente por la imagen; o en la página 105, cuya tragedia es percibida en la prosa: la plasmación gráfica es solo un aderezo.

La lectura es densa. Aunque muchas de sus páginas se dedican a las anécdotas del viajero fuera de su sitio, deja la sensación de haber tratado con un informe expurgado, resumido en una sinopsis esencial. Este carácter académico sale reforzado por una estructura concebida alrededor de los testigos, levantada en apoyo de sus palabras, apenas reconstruidas o completadas para conformar un relato novelado. Piadosamente, se nos evita presenciar una y otra vez los recuerdos de los supervivientes. El autor recoge atrocidades significativas del periodo; el lector entiende que, una y otra vez, las entrevistas versan sobre dolores similares, sin necesidad de hurgar en cada herida. Con todo, las primeras treinta páginas, previas al viaje de Charo, saltan de un crimen a otro, sumergiéndonos en las duras condiciones de vida del país hasta el alto el fuego de 1992.


Ruma Barbero (1971), autor de los comic books Los Aguarones y del álbum Manzajú (que obtuvo el premio Alfonso Iglesias), firma un trabajo honesto, a veces conmovedor, donde la fuerza está en lo contado, aceptando un segundo plano estilístico. Es posible que debiera haber ido más lejos en el aspecto gráfico, buscando tal vez que las ilustraciones fueran memorables por sí mismas. En todo caso, el resultado es un contundente documento sobre unos seres humanos en lucha continua por la supervivencia en las más adversas condiciones imaginables.

La Chelita fue publicada por Domen Editorial el año pasado en un cómodo volumen en rústica por 14€.

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asthur-kong
asthur-kong
Lector
13 enero, 2014 15:48

Totalmente de acuerdo con su magnífica reseña señor Agrafojo,un cómic que pretende ser didáctico con una primera parte que el autor dedica a repasar la historia de El Salvador (El Pulgarcito de América Latina)con momentos tan trágicos como la llamada «Guerra del Fútbol» que estallaría entre Honduras y El Salvador;y una segunda parte que aunque más personal,ya que narrará las vivencias de Charo Borreguero,no deja de ser didáctico ya que nos muestra escenas que se repiten guerra tras guerra y precisamente por eso nunca debemos olvidar.Como pequeño apunte comentar que Dolmen publicó este cómic en su versión en castellano el año pasado pero previamente había sido editado en llingua asturiana en diciembre del 2012 por la editorial Tierra Llibros