Portada El prisionero de las estrellas, de Alfonso Font

Edición original: El prisionero de las estrellas (Cartem Cómics, 2025)
Guion y Dibujo: Alfonso Font
Edicción y revisión de textos: Elena Hernández
Director editorial: Daniel Díez
Formato y precio: Cartoné. 152 páginas. 34,95€

Un clásico con mayúsculas de la ciencia-ficción española.

«¡¡Nunca serás libre!! ¡¡Ni en el más remoto confín del universo!! ¡¡Porque ahora eres prisionero!! ¡¡Prisionero absoluto!! «

Tras años de una cultura mayoritariamente gris donde los temas adultos estaban vedados por la censura franquista, a finales de los setenta y principios de los ochenta se produjo una explosión cultural por todo el país que en el cómic tuvo como resultado la aparición de todo tipo de cabeceras en las que se abordaban géneros como la ciencia-ficción, la aventura, la fantasía, el terror o género negro desde un nuevo prisma. Esa libertad provoco que surgieran cómics pensados para un lector más adulto en los que había una violencia más brutal, unos protagonistas más complejos y con más grises y se abordaban temas sociales y políticos de forma más abierta, pero también estamos en una época de destape que se traducía en muchas escenas con mujeres ligeras de ropa o desnudas que no aportaban nada. Esa explosión hizo que como en botica hubiera de todo, desde historias anodinas, obras resultonas y joyas que han perdura hasta nuestros tiempos como Frank Cappa de Manfred Sommers, Historia de la taberna galáctica de Beà, Las mil caras de Jack el destripador de Segura y Ortiz, las historias cotidianas de Carlos Giménez o, claro, El prisionero de las estrellas de Alfonso Font (Barcelona, 1946). En España la primera parte titulada como la serie apareció entre los números del 22 a 34 de la revista Cimoc publicados entre 1982 y 1983 y su segunda parte, titulada El paraíso flotante, se publicó en los números 65 a 70 de la misma revista, con color de Marta Cardona. En 1985 Norma recopilo la primera parte en el segundo número de su Colección BN, mientras que la segunda parte apareció en 1988 como el número 40 de la Colección Cimoc Extra Color.

Sin duda, la primera parte de la serie es uno de los mejores cómics de ciencia-ficción de la época que ahora podemos disfrutar de nuevo gracias a la reciente edición de Cartem Cómics. Una edición muy cuidada que se ha restaurado desde los materiales originales, pero que puede generar controversia, ya que se ha decidido colorear la primera parte de la obra creada en su momento para ser publicada en blanco y negro. Asimismo, se ha optado por recolorear la siguiente siguiendo el mismo estilo para dotarla de uniformidad. En ambos procesos se ha contado con la garantía de la supervisión y aprobación del propio autor. Una decisión que no suele ser de mi agrado, ya que prefiero disfrutar de las obras como fueron concebidas originalmente, pero tengo que reconocer que el resultado en la primera parte es más que notable usando unos colores que no tapan para nada el maravilloso uso del negro. El porqué de estas diferencias entre la edición de una y otra parte se la explico hace un par de años Alfonso Font a Tristan Cardona en esta estupenda entrevista. Además, también explica las causas que hicieron que la serie no quedara cerrada del todo. Aunque no es impedimento para disfrutar y mucho del tomo.

El argumento de la serie nos traslada a un futuro postapocalíptico donde el Sol está a punto de convertirse en una supernova haciendo la vida en la superficie de la Tierra algo mortal. Algo que ha provocado que las ciudades se hayan trasladado bajo la corteza terrestre y en la superficie solo vivan humanos rebeldes salvajes que son conocidos como los Exteriores. En este entorno tan duro nos encontramos con un amnésico protagonista sin nombre, conocido solo como el Prisionero, que trata de escaparse del Penal del Diablo y de autoridades que le persiguen de forma incansable, mientras trata de desentrañar el misterio que le envuelve. En su huida se acaba encontrando con una Exterior junto a la que tratará de llegar a la Ciudad de las Cúpulas, un lugar legendario en la Antártida donde la vida es mucho mejor.

Cuando crea está serie Font no era un neófito en la ciencia-ficción ya que unos años antes se había encargado de la notable Cuentos de un futuro imperfecto en la revista 1984 y en uno de sus relatos, Lluvia, aparecieron por primera vez los que serían los protagonistas de otra de sus series de ciencia ficción: Clarke y Kubrick, Espacialistas Ltd. Sin embargo, la principal diferencia entre esas y la que nos ocupa es que las anteriores estaban compuestas por historias cortas autocontenidas y El prisionero de las estrellas es una obra por capítulos de continuará que forman una historia lineal. Una estructura en la que Font se maneja con una enorme habilidad en la primera parte de la serie que resulta mucho más satisfactoria que la segunda en todos los aspectos, tanto visuales como de guion, ya que nos volvíamos a encontrar de nuevo con los dos protagonistas huyendo y envueltos en una lucha de poder entre dos facciones.

La serie bebe de grandes obras del género con cientos de referencias entre otras a obras como Dune, las novelas de aventuras de autores como London, diferentes relatos de Dick o la serie televisiva El prisionero, tal y como menciona Rafael Marín en el prólogo de esta edición. Y nos encontramos con elementos muy tratados en el género como una tierra a punto de dejar de ser habitable, un protagonista sin memoria, ciudad debajo de la Tierra, etc…, pero la habilidad de Font para dosificar la resolución del misterio que esconde el protagonista, junto con un ritmo endiablado, un poco de humor y unos diálogos brillantes la convierten en una lectura absorbente y que, con la excepción del gratuito diseño del vestuario de la protagonista que la cosifica de mala manera, ha envejecido realmente bien.

Además de sus buenas dosis de aventura y misterio, como en las grandes obras de ciencia-ficción Font aprovecha para tratar temas que preocupaban hace cuarenta años y que siguen de actualidad hace como los abusos de poder de gobiernos totalitarios y sus fuerzas de represión, la voracidad de unas elites económicas que solo buscan aumentar sus beneficios a toda costa, el daño al medio ambiente provocado por el ser humano o la búsqueda de libertad en un mundo cada vez más tecnológico.

Gráficamente Font hace un trabajo absolutamente espectacular en todos los sentidos. Narrativamente sabe manejar perfectamente los tempos a los que le obligaban las limitadas páginas que tenía para cada capítulo con escenas de acción muy bien resueltas y una lectura realmente fluida. Los diseños de los escenarios y todos los elementos son brillantes – con la excepción ya mencionada de los trajes de las mujeres- encontrándonos con unas prisiones realmente claustrofóbicas, unas naves que parecen perfectamente creada para volar, armas que parecen armas, etc… Pero lo que más brilla el dibujo es a la hora de reflejar esas atmósferas opresivas tanto en las escenas del interior como las ardientes del exterior. Cuando supe que se iban a colorear temí que se perdiera gran parte de ese impacto, pero lo cierto es que en la de interior si se puede notar algo, pero los paisajes desérticos resultan mucho más abrasadores gracias al color que como ya hemos dicho está dado con un muy buen criterio potenciando en la mayoría de las ocasiones las tintas en lugar de taparlas.

Como es habitual la edición de Cartem es muy buena con gran reproducción y buen tamaño y unas guardas realmente preciosas. Más allá de la decisión de colorear que es de SAF, el único pero que se le puede poner es que por un error en la rotulación donde debería poner capitulo 8 pone 7, pero no es algo que afecte en ningún caso para nada.

Con El prisionero de las estrellas Alfonso Font se consagro como autor completo regalándolos una serie fascinante en la que dibuja algunas de las mejores páginas de su carrera. Una historia de ciencia-ficción llena de aventuras y misterios que nos recuerda la importancia de la lucha por la libertad en estos tiempos que cada vez parecen más sombríos y auguran una pérdida de derechos que creíamos consolidados hace años.

Lo mejor

• El dibujo de Font y sus desiertos tan áridos como inhóspitos.
• El manejo del misterio que envuelve al protagonista.
• El ritmo de la serie.

Lo peor

• El traje de la protagonista que refleja el sexismo de muchos de los productos de la época.

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Diego García Rouco
Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
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hammanu
hammanu
Lector
9 enero, 2026 13:58

Muy buen articulo, todo sea dicho. Pero haced el favor de cambiar el precio y el numero de paginas del integral que no es ni de lejos el correcto. No vaya a ser que quienes lean el articulo se lleven un chasco.