El Regreso del Espíritu del Siglo XX
«¿Tienes fuego?»
Hablar de Jenny Sparks es hablar de un personaje de cómic norteamericano relativamente reciente. Creada por Warren Ellis y Tom Raney en Julio de 1996 para Stormwatch #37, su nacimiento está estrechamente vinculado al universo WildStorm, el sello de cómic superheroico independiente creado por Jim Lee para Image.
Sin embargo, y como por todos es sabido, Wildstorm fue adquirido por DC Comics en 1998, permaneciendo dentro de la editorial pero como universo independiente del conformado por la compañía de Burbank hasta el año 2010. Y es que, en el año 2011 con la llegada de ese reboot que supusieron los Nuevos 52 para el Universo DC, Wildstorm y sus personajes pasaron ya a formar parte del Universo (o mejor dicho, multiverso) DC, compartiendo por tanto viñetas con personajes como Amanda Waller, Deathstroke, Canario Negro y otros.
Sin embargo, más allá de un par de apariciones veladas en el reboot de Stormwatch dentro de los Nuevos 52 o, posteriormente dentro de Renacimiento, no ha sido hasta el año 2024 que DC ha decidido hacer algo de entidad con el personaje de Jenny Sparks y lo ha hecho a través de esta serie escrita por Tom King (Rorschach, Strange Adventures) y dibujada por Jeff Spokes (Power Girl, DCeased War of the Undead Gods) cuyo primer número ya fue reseñado por mi compañero Román de Muelas, al tiempo de su publicación en Estados Unidos.

Pues bien, lo que nos encontramos en este tomo es una historia fuera de continuidad (como suele ocurrir con casi todas las que nacen dentro del sello Black Label de DC que de este modo da más libertad a sus autores) en la que Jenny Sparks, espíritu del Siglo XX, que ha regresado en el Siglo XXI como Jenny Quantum, tiene que enfrentarse a Nathaniel Christopher Adam, más conocido como el Capitán Átomo, quien víctima de lo que podemos entender como neurosis de guerra, decide convertirse en deidad y rehacer el universo a su antojo.
Jenny Sparks, encajada dentro del Universo DC como responsable de evitar que los metahumanos acaben fuera de control (tal y como Superman y Batman le encomendaron años atrás segun nos muestra, precisamente, este cómic) acudirá junto con la liga de la justicia a enfrentarse a él, comenzando así esta serie limitada de seis números en la que sus autores aprovechan a explicarnos cómo encaja el personaje nacido en WildStorm dentro del Universo DC.

Lo que puede parecer un punto de vista interesante, que enfrenta a un metahumano de raíces militares contra una antiheroína que no es sino la encarnación humana del convulso Siglo XX; no pasa aquí de una historia anodina, sin mucho sentido narrativo y que tan solo encadena golpes de efecto poniendo a Jenny Sparks en medio de situaciones muy relevantes del Siglo XX vía flashback para después narrar una actualidad en la que el Capitán Átomo demuestra ser más fuerte que el resto de los superhéroes, manteniendo una batalla dialéctica en lugar de física con Jenny Sparks.
Las comparaciones son odiosas, pero tratándose de un personaje como Jenny Sparks, cuyo recorrido editorial no es excesivamente largo, resulta inevitable recordar la Stormwatch y posterior Authority de Warren Ellis, continuada posteriormente por Mark Millar, autores que tras el carácter hosco y malhablado de Jenny construyeron un personaje complejo al que el peso de la historia de la que había formado parte había terminado por convertirle en una mujer amargada y cínica.
Sin embargo, en manos de Tom King, Jenny Sparks no pasa de ser una molesta agente encubierta de la Liga de la Justicia que tan solo busca pronunciar la frase más ocurrente de cada diálogo, todo ello aderezado con palabras malsonantes (que además, por una cuestión de código de la editorial no se muestran) mientras encadena un cigarro con otro.

La cuestión no es tanto que Jenny Sparks esté mejor o peor representada respecto de cómo fue concebida originalmente, y es que todos los personajes cambian cuando los autores que escriben sus aventuras ya no son aquellos que los presentaron al mundo, sino que lo que se construye en este cómic con el espíritu del Siglo XX ni siquiera despierta el más mínimo interés del lector, que puede llegar a aburrirse con la lectura de esta obra, algo imperdonable en un producto de este tipo.
Y esto, estando ante un guion de Tom King resulta casi incomprensible a la par que extraño, dada la calidad de la gran mayoría de sus cómics, que pueden pecar en ocasiones de dar excesivas vueltas al mismo concepto o de encadenar demasiados golpes de efecto, pero que en general contienen guiones solventes y muy entretenidos.
Tom King no deja de ser además de un gran escritor de cómics y de uno de los pilares del Universo DC actual, un ex agente de la CIA con obras a sus espaldas como El Sheriff de Babilonia en la que demuestra conocer perfectamente el funcionamiento de los estamentos policial y militar, por lo que no deja de dar cierta rabia que el autor desaproveche tan flagrantemente las posibilidades que da esta historia, en la que el villano no deja de ser un militar que se siente utilizado por su gobierno y que desarrolla complejo de Mesías. King esboza de algún modo, pequeñas críticas a la labor de EEUU durante el Siglo XX, pero de forma timorata y sin entrar a desarrollar ninguno de estos conceptos, lo que sin duda, es una lástima.

Cuestión distinta es el dibujo de Jeff Spokes. Puede que estemos ante un autor que apenas se ha predicado por el Universo DC o por el cómic USA en general, pero su dibujo (que él mismo entinta y colorea) resulta más que cumplidor, con unas líneas suaves muy bien ejecutadas y unas escenas de acción fluidas que dan al lector la sensación de encontrarse ante un blockbuster cinematográfico contado en viñetas.
Y ello no es algo baladí, porque tras haber leído esta obra, y aunque me duela reconocerlo, Jeff Spokes es el único reclamo que puede tener el lector para adquirirla, ya que desgraciadamente, estamos ante la que muy probablemente, y desde luego para este redactor, sea la peor obra de Tom King en su productiva y dilatada carrera como guionista de cómic.
Una obra olvidable difícilmente recomendable que puede que ni siquiera contente a los fans más acérrimos de Tom King.
Lo mejor
• El dibujo de Jeff Spokes.
• La integración que se hace del personaje de Jenny Sparks, originario de WilStorm, dentro del Universo DC actual.
Lo peor
• Un guion con muchas posibilidades muy mal aprovechadas.
• Una obra que resulta olvidable y anodina.
Guión - 4
Dibujo - 7
Interés - 4
5
Olvidable
En manos de Tom King, y a pesar del solvente dibujo de Jeff Spokes, Jenny Sparks resulta un personaje desaprovechado que protagoniza una historia carente de interés que se encuentra entre los peores trabajos de su guionista.









leido el año pasado, no terminaba nunca…compite en el ranking de peores obras de King con Heroes en Crisis o Killing Time.
Yo como único aspecto positivo de guión es que leída del tirón gana más que número a número… Pero no es el mejor King, desde luego
Uh y me olvidaba Batman/Gatúbela
Creo que esta es un pelin mejor…
Totalmente de acuerdo con Kadok y la reseña. Y también me duele reconocerlo, que King me gusta muchísimo.
Y efectivamente, Spokes es la única baza que tiene el comic, que a este no le conocía y me ha gustado muchísimo.
Una pena.
Uy, pues bala esquibada, porque con lo que me gusta King iba a pillármelo, ¡así que gracias!
Otra obra mediocre más de King y van.
A la inversa de lo que consideran muchos para mi sus buenos trabajos son contados con los dedos de una mano.
Una discordancia muy clara entre el dibujo (el punto fuerte de Black Label) y el guión (el punto…. Eh… Y coma?).
La cosa empieza bien, con la composición en viñetas con distintos personajes en paralelo in media res, como piezas de puzzle que el lector tiene que ir encajando de manera activa. A partir de ahí, pues… La cosa empieza a ser cada vez más acomodada y reiterativa. Básicamente es un montaje entre pinceladas de como el espíritu del siglo XX no está contenta en el siglo XXI y de los berrinches del Capitán Átomo porque no le dan el imposible que pide. Los personajes secundarios acaban desdibujandose y, francamente… Es que la cosa es tan corta que no da para tanto, y King ni siquiera le saca todo el jugo, supongo que porque no le interesa (la muerte de iconos, la destrucción del Universo, las reiteraciones a partir de un mismo punto… Podía importarle ALGO a ALGUIEN, al menos de los implicados).
De las caracterizaciones de King (lo que a mí personalmente me enerva más) pues no voy a decir nada que no haya (hayamos) dicho ya. De la relación de King con Batman (aquí le dispensa un trato francamente humillante, de niño que va a jugar disfrazado con sus amigos «temáticos» mientras otros hacen cosas serias, reprimenda que escucha en una postura sumisa… es de los tratamientos más crueles al personaje que he visto en la editorial). A Superman al menos le plantea un desafío pero sin tratarlo con condescendencia.
Como juego final, en términos de continuidad podría encajarse con ciertas libertades como una historia entre la Liga de Bendis y la marcha de Superman al Mundo Guerra de Mongul.
Saludos!
A estos personajes de Wildstorm mejoran mejor en su propio universo e igual que con Sherlock Holmes mejor que sea un británico quien escriba a personajes de esa nacionalidad. De King que no soy muy fan suyo que digamos pues caracteriza a los personajes según le da a el la gana, ya que me da que apenas se lee mucho de cada cual para caracterizarlo correctamente. Lo de su Batman es de juzgado de guardia.