Las pesadillas no son solo sueños
«Mueren hombres atragantados por la espuma de sus estómagos hirvientes.»
Los personajes
El Sandman original es un personaje creado por Gardner Fox y Bert Christman para DC Comics en 1939. Debutó en Adventure Comics #40, el cómic folletín donde había varios personajes por páginas. Nuestro héroe, que no dejaba de ser un remedo de La Sombra, se encargaba de los villanos ataviado con una máscara de gas, una gabardina y unos polvos que sumían en un sueño profundo; su primer enemigo fue el Tarántula, casi importante como ya veremos después cuando entremos en materia.
Diana Belmont, su eterna compañera y pareja, fue creada meses después en Adventure Comics #47 en 1940. Esta mujer no era lo habitual en el género, ya que conocía la identidad de nuestro héroe y en ocasiones —para la época que era, hay que tenerlo en cuenta— no ejercía demasiado de damisela o mujer florero; de vez en cuando mostraba un poco de iniciativa, aunque conocer las andanzas de su pareja y ser parte activa ya era una diferencia respecto a sus coetáneos en mallas.


No todo iba a durar. En los seis años que estuvo en la cabecera hubo cambios: nuestro héroe pulp y su atrevida ayudante seguían con el tono habitual de la épica, cazando a malhechores y enemigos poco coloridos. Este hecho hizo que al año siguiente —1941— el pérfido Mort Weisinger y Paul Norris rediseñaran de arriba abajo a Sandman con un traje morado y amarillo a lo The Phantom; incluso le dieron un sidekick como Robin —Sandman Boy— que los fans de la JSA conocerán muy bien.
Más tarde el famoso equipo de los Jacks —Jack Kirby y Joe Simon— se hicieron cargo del personaje, convirtiéndole en el famoso héroe de color amarillo que Gaiman utilizaría y que sería la inspiración para crear al eterno Morfeo, que a su vez, por retrocontinuidad, sería la epifanía de Wesley para vestirse como un justiciero.


Aunque Sandman fue uno de los primeros héroes en formar la JSA, su tiempo pasó como todos: se quedó en el ostracismo y décadas después volvería, pero no fue hasta la llegada de Roy Thomas con su All-Star Squadron que lo viésemos otra vez, y en el infame hoyo negro donde se convirtió en un anciano —su edad real— y se retiró a vivir con Diana.
Fue el principal instigador de la vuelta de la JSA en Starman de James Robinson y la vuelta de la Sociedad de Goyer, Robinson y Johns, pero eso es otra historia. De momento, centrémonos en que, una vez ambos personajes disfrutaban de su jubilación, una mujer llamada Karen Berger llevaba consigo a unos autores que decidieron escribir sobre las viejas aventuras de nuestra pareja.
La llegada de Matt Wagner, Steven T. Seagle y Guy Davis .
Todos conocemos a Matt Wagner en mayor y menor medida, el creador de la legendaria Grendel y Mage ya se hizo un lugar en el ámbito independiente y a raíz del crossover Batman/Grendel junto a Karen Berger acabó rodando en Vértigo y en algunas series de Batman entre medias y tiempo después.
Wagner tenía claras dos cosas, la duración de cada arco -4 números- y el dibujante sería Guy Davis, pero clásico de la escena independiente más tirando a underground que hoy día se asocia a su gran y larga etapa en AIDP dentro de la franquicia Hellboy y para los jugones ser una de las máximas influencias en términos artísticos para los videojuegos Darkest Dungeon.
Una vez el equipo estaba casi completo se empezó con la serie, sería una reescritura en clave adulta o madura como quería sobre el Sandman de la edad de oro que hemos hablado hace un rato, por ello los primeros casos son sus primeros enemigos en modo de homenaje y para darle más hincapié a la época en la que se basa.
Años 30, la Gran Depresión sigue dando coletazos aunque se quede atrás, esto es falso, una macabra mentira que poco a poco se irá destapando por el horror de otra guerra que está en ciernes mientras el racismo imperante, la falsedad entre las clases y el machismo van creando un caldo de cultivo que desata lo peor de la sociedad en su más macabra expresión.
La tarántula, la cara y la bestia es el ejemplo perfecto de toda esa gente psicópata, inadaptada y racismo imperante en las sociedades clasistas que sirven de excusa para crímenes atroces, insensibilidades y seguir ahogando al pobre y estigmatizar a los débiles comparándolos con los enfermos para que los de siempre dominen y nada cambie.
Se ve claro desde el primer momento cuando Dian Belmont, la eterna compañera de Sandman que va de fiesta en fiesta disfrutando de su juventud, siempre tiene el san benito de ser una solterona que no encuentra marido y por tanto no sienta la cabeza, lo paradójico de todo esto es que en parte de ello viene de su propio padre, el fiscal general, pero que a su vez quiere que su hija sea como él y siga sus pasos en un mundo de hombres donde la mujer tiene su máxima aspiración en ser una secretaria. Choca mucho como Wagner crea esa dualidad en el hombre antagonista.
El machismo que ha mamado de toda la vida socialmente, pero que así debe ser un hombre y una mujer, y también su manera de querer hacer que su hija sea mejor que los demás y aproveche todo su potencial, nada es baladí, ni blanco ni negro, todo es gris, todo tiene matices y una contradicción, porque así es el ser humano, una contradicción detrás de otra es lo que nos hace ser quienes somos.
En ese aspecto tanto Wagner como Davis son claros, te muestran las cosas como las lees y ves, no buscan romantizar nada, la realidad es la que es, lo tomas o lo dejas, a eso se une el componente pulp que es el propio Sandman, el vigilante contra los asesinos y psicópatas, historias cerradas que empiezan y acaban pero que en cada una vemos cómo la relación de Dian y Wesley se va formando a fuego lento con el carisma atronador que desprenden los dos personajes en su conjunto, resaltando a la propia Dian que como se comentó ya desde su concepción no era la típica novia y damisela en apuros.
Pero claro, entre todas estas tramas pulp de novela negra había un problema, Wagner no llegaba a tiempo al final y precisaban de ayuda y ahí entra en escena el último integrante de la trinidad del sueño. Steve T. Seagle, el que luego se quedaría en Vértigo haciendo La Casa de los Secretos y uno de los creadores de la maravillosa Ben 10, llegó y su presencia se hizo notar, pues eran los noventa y como tal se buscaba una conciencia social que llamase más la atención, que fuera una mezcla de algo expositivo junto a una denuncia llamativa que se le hiciera caso y eso ha envejecido bien, pero hay que tener en cuenta en la época en la que estaba.
Para concienciar y demostrar lo que ocurría, especialmente a los colectivos, la gente de a pie, había que ser un poco sutil y eso se nota con su llegada, la serie sigue igual pero no tan solemne ni tan oscura en aspectos clásicos, se adentra más en lo que años después se harán famosos, los casos más cruentos de asesinos o problemas de sexualidad en los propios asesinos.
Era un intento de ser vanguardista, no maniqueo. También hay que tener en cuenta que esta serie nunca vendió bien ni fue potente en ventas, pero sirvió para que tiempo después se redescubriera y se hiciera hincapié en los valores de los héroes en la edad dorada del pulp y clásicos bien entendidos, creo que se nos viene a todos Tom Strong, el sello ABC de Alan Moore y toda su obra posterior, incluso Planetary del añorado Cassaday y Warren Ellis.
En el apartado artístico el creador de The Marquis nos da un estilo que parece esbozado e inacabado, pero nada más lejos de la realidad, con ese nerviosismo que impera en sus dibujos recrea a la perfección los transeúntes, las calles oscuras, los callejones y esa ciudad que poco a poco se ve inmersa en lo negativo, lo mejor son sus personajes, figuras de todo tipo no normativas, no son guapos ni modelos como suele pasar en los cómics de superhéroes, son personas que puedes ver por la calle o en cualquier lugar, ayudado además por la moda, la forma de ser de los años 30. Junto a Watkins que le sustituye con un buen nivel de los clásicos del género del cómic y las tiras.
Un disfrute visual que se resiente cuando el resto del tomo no está dibujado por él sino por otro dibujante, en este caso R. G. Taylor que no suele destacar en nada y trae un trabajo competente, sin más.
En definitiva es un primer tomo maravilloso que permite redescubrir por qué esta serie desde Planeta era tan solicitada por la gente, un auténtico viaje al pasado que nos ayuda a entender ciertos caminos que ha tomado el cómic y por qué en Vértigo dentro de toda su oferta, que era bastante extensa y con diferentes registros, esta es uno de las mejores y mayores exponentes de la línea.
A la espera de los otros tres tomos restantes de Sandman que pondrán el broche a estos setenta números viendo el viaje de Wesley Dodds y Dian Belmont.
Lo mejor
• Obra crítica y rica en detalles.
• El dibujo de Guy Davis.
• Puro Pulp.
• No es limitado, ni un omnibus.
Lo peor
• Que la gente pase de la obra otra vez.
• Los primeros sustitutos de Guy Davis.














