#ZNLibros – Coraline

Reseña de Coraline, el exitoso y alabado libro con el que Neil Gaiman debutó en la literatura infantil y que más tarde fue adaptado al cómic y el cine.

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coraline

Edición Nacional/España: Salamandra
Autor: Neil Gaiman
Formato: Cartoné
Páginas: 160 páginas
Precio: 12,50€

 

Aunque ha dedicado gran parte de su obra al mundo del cómic y es el autor de uno de los más importantes de la historia del medio, The Sandman, el escritor británico Neil Gaiman también ha editado un buen puñado de libros. Desde aquel Buenos Presagios que realizó conjuntamente con su amigo Terry Pratchett el autor de Batman: ¿Qué le Sucedió al Cruzado de la Capa? ha abordado, normalmente adscribiendo su obra al género fantástico que tan bien conoce, piezas bastante reconocidas como American Gods, Los Hijos de Anansi o El Océano al Final del Camino. Pero sería en 2002 cuando publicara Coraline, su primera novela dirigida a lectores infantiles, aunque sin eludir las constantes autorales que había cultivado tanto en el arte secuencial como en la literatura. Años después volvería a repetir la fórmula con otras piezas como El Libro del Cementerio, pero sería esta atípica aventura protagonizada por la peculiar niña que da nombre a la obra la que ofrecería a su creador uno de sus mayores éxitos editoriales.

Coraline es una niña con afán aventurero y explorador que se muda junto a sus padres a una nueva casa. Durante el primer día en el inmueble y después de que, por culpa de sus quehaceres personales y profesionales, sus progenitores no hagan mucho caso a su incipiente aburrimiento Coraline decidirá investigar su nuevo hogar. Tras abrir trece de las catorce puertas de las que consta el piso descubre que con la última no puede hacer lo mismo. Una vez ha conseguido la llave para tener acceso a ella, por mediación de su madre, cumple su misión y se da cuenta de que esa misteriosa habitación conecta con un oscuro pasillo que a su vez es colindante con una versión casi idéntica de su propia casa. Allí la comida es más sabrosa, los juguetes más divertidos y hay dos versiones alternativas de sus padres (cuya única y significativa diferencia física con los originales es que en sus ojos portan dos botones de color negro) que están muy interesados en complacerla y compartir tiempo con ella. A pesar de la extrañeza de la situación Coraline no encuentra motivos para no quedarse en este mundo en el que tiene todo lo que ansía en la realidad, pero cuando descubre que otros niños fueron capturados y sus almas encerradas en espejos situados en dicha localización cambia de parecer y decide luchar por volver con sus verdaderos padres y a la vida que tenía anteriormente.

Viniendo del autor de The Sandman era considerablemente fácil dilucidar que su obra literaria dedicada a lectores infantiles no iba a seguir los caminos propios de la ortodoxia de este género en concreto. Coraline es un producto claramente dirigido a infantes, ya que el tipo de narrativa que Neil Gaiman utiliza para construir el relato y perfilar a su protagonista es sencilla y ligera, poseedora de una prosa directa y de un ritmo perfectamente medido que no cae nunca en el hastío o la redundancia. Pero como es lógico el británico no puede evitar incluir en el argumento algunos pasajes de terror que, casi con toda seguridad, despertarán la inquietud de más de uno de los lectores que se encontrarán con situaciones localizadas en la realidad alternativa en la que se adentra Coraline protagonizadas por versiones perversas de los personajes que el autor nos había presentado con unas breves pero acertadas pinceladas durante los primeros compases de la novela a modo de entrañables individuos. Estas versiones deshumanizadas de las señoritas Spink y Forcible o el señor Bobo, el trío de vecinos de Coraline, y sobre todo las de sus padres, la de su madre resulta particularmente retorcida, ofrecen un añadido genérico de terror que demuestra el control por parte del creador de 1602 a la hora de diseñar roles amenazantes y perversos con cierta ambigüedad que puede llegar a resultarnos incluso atractiva.

Como obra literaria Coraline se alimenta de la obra de otros autores que han influenciado en el discurso de Neil Gaiman y el estilo de varios de ellos se deja notar a lo largo del devenir de acontecimientos que construyen la trama de la novela. Más allá de las referencias obvias a Lewis Carroll y Alicia en el País de las Maravillias, es indudable la deuda que el británico tiene con Michael Ende, del que toma no pocas señas de identidad en forma de homenaje, sobre todo de Momo, desde un punto de vista estructural en cuanto a la narración o a la hora de perfilar la personalidad de varias de las criaturas que pueblan la historia y por otro lado la que contrae también con su ya citado amigo, Terry Pratchett, con el que comparte una imaginación desbordante a la hora de crear un contexto fantástico. Pero las referencias no se quedan en el medio literario, ya que a la hora de utilizar las someras y efectivas descripciones de los personajes que pululan por la “otra casa” en la que se introduce Coraline la deuda estética con la imaginería entre gótica y barroca de Tim Burton se hace notoria en no pocas ocasiones, cineasta al que Gaiman ha hecho referencia a nivel estilístico en varias de sus obras adscritas al arte secuencial y que, como vemos aquí, también tiene cabida en sus trabajos novelísticos. Por suerte como narrador tiene el suficiente talento para beber de todas estas fuentes sin perder su propia personalidad y así construir una pieza 100% hija de su impronta independientemente del género al que se adhiera.

El autor de Mitología Nórdica ya había demostrado en el mundo del cómic sus especiales dotes para diseñar riquísimos mundos oníricos que apuntalaban las bases de algunos de los microcosmos más elaborados de la historia del medio. Este don especial por su parte lo hemos podido ver en su labor literaria con obras como American Gods o Stardust, y Coraline no es una excepción. Evidentemente, y teniendo el cuenta el género al que pertenece el libro que nos ocupa, Gaiman no puede permitirse un complejo despliegue espacial del universo al que está dando forma a lo largo de estas 160 páginas ya que debe adaptarse al tipo de lector al que está dirigiendo su relato, de modo que sólo ofrece pequeñas pinceladas (dentro del plano alternativo en el que se introduce la protagonista no vemos nada más que la casa y sus inmediaciones) de lo que podría haber sido un lienzo mucho más ambicioso desde el punto de vista conceptual. Por suerte este terreno en el que despliega sus dotes de storyteller es aprovechado al máximo para construir una historia ejemplar desde cualquier perspectiva permitiéndose el lujo de conectar con todo tipo de lector, desde el adulto que comprenderá toda la simbología detrás de la obra y su subtexto hasta el infantil que empatizará inmediatamente con esa Coraline que encuentra en su imaginación la mejor arma para afrontar los numerosos problemas a los que se enfrentará desde que abra esa catorceava puerta.

Coraline, que cuenta con ilustraciones del gran Dave McKeann, supuso la confirmación de que a Neil Gaiman no se le resiste ningún género o medio y a día de hoy la podemos considerar una novela infantil perfectamente ejecutada en fondo y forma que nos muestra una versión más accesible de su prosa, aunque condensando todo su talento como narrador de historias repletas de magia, ensoñaciones que bordean lo pesadillesco o personajes que se mueven entre lo entrañable y lo grotesco con una infalible facilidad. Su éxito editorial (ganó premios tan prestigiosos como el Hugo, el Nébula o el Bram stoker) fue tal que tras ella llegaron tanto una adaptación al cómic a manos del guionista e ilustrador estadounidense P. Craig Rusell, de la que seguramente hablaremos aquí en un futuro no muy lejano, como una excelente y alabada traslación cinematográfica en stop motion impulsada en el año 2009 por la indispensable productora de cine animado Laika (Kubo y las Dos Cuerdas Mágicas) y realizada por Henry Selick, el director en la sombra de aquella obra maestra, que nos retrotrae una vez más a Tim Burton, llamada Pesadilla Antes de Navidad y que se revela como una adaptación notablemente fiel a la letra del autor inglés y a sus planteamientos argumentales y estilísticos. Los mismos que nos hacen enamorarnos de Coraline y la aventura que vivió en aquella nueva casa repleta de misterios, historias aterradoras y puertas conectadas directamente con la imaginación de uno de los autores más peculiares de la narrativa contemporánea.

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