EDITORIAL
Bienvenid@s a Más allá de la Galia
René Goscinny ya es centenario. Su figura, su legado, sus obras permanecerán para siempre, pero es importante que también perdure su recuerdo. Para ello nosotros os ofrecemos este modesto especial, para que recordemos quién fue, para que volvamos a admirar su genio, su extraordinario sentido del humor, su inteligencia, su talento…
Nos gustaría equivocarnos pero creemos que no habrá muchas iniciativas parecidas. Estamos todos demasiado sumidos en lo inmediato, en lo superficial, en lo accesorio para pararnos a pensar en algo tan importante como su obra, en alguien tan fundamental como él. Nos gustaría tanto equivocarnos…
¡Como se hubiera reído René Goscinny de nuestro tiempo!
¡Por Toutatis!
SUMARIO
ESPECIAL RENÉ GOSCINNY
¿QUIÉN FUE RENÉ GOSCINNY?
EL OTRO RENÉ GOSCINNY
DOSSIER: BENJAMÍN Y BENJAMINA
GOSCINNY. MOMENTOS ESTELARES
GOSCINNY EN ZONA NEGATIVA
DESPEDIDA Y CRÉDITOS
¿QUIÉN FUE RENÉ GOSCINNY?
René Goscinny nació en París en 1926 en el seno de una acomodada familia judía de origines polacos. Cuando tenía solamente dos años toda la familia se trasladó a Argentina donde a su padre le habían un ofrecido un trabajo. Una circunstancia casual que sirvió para que consiguieran escapar del régimen nazi que extermino a muchos de sus familiares en diferentes campos de concentración, algo que le marco profundamente. Pese a todo, en Buenos Aires pasa una infancia y adolescencia feliz estudiando en el Liceo Francés y recibiendo formación en Bellas Artes. Esa felicidad familiar se ve interrumpida por la muerte de padre cuando René tiene apenas 17 años lo que le lleva a trabajar. Primero en una fábrica de neumáticos y luego como ilustrador junior en una empresa de publicidad. En 1946 se traslada a Nueva York junto a su madre para vivir con un tío suyo, pero las apreturas económicas hacen que un año después se aliste en el ejército francés para cumplir con el servicio militar ejerciendo como ilustrador para diferentes publicaciones militares. En 1948 vuelve a Nueva York para trabajar como ilustrador y empieza a trabajar de ayudante en un estudio en el que conoce a Will Elder, Harvey Kurtzman, John Severin o Jack Davis que en unos pocos años se convertirán en destacados miembros de la mítica revista de humor MAD y que ejercerán una enorme influencia en sus trabajos posteriores junto con Tex Avery. Poco tiempo después conoció a dos dibujantes belgas que estaba haciendo un viaje por Estados Unidos en busca de trabajo: Joseph Gillain y Maurice de Bevere más conocidos como Jijé y Morris. Enseguida trabo una gran amistad con ambos que le pusieron en contacto con Georges Troisfontaines, director de las agencias World Press e International Press que trabajaban con revistas como Spirou que le ofrece trabajar para su agencia como encargado de la oficina en París en 1951.

A su llegada a París enseguida se hace amigo del mítico dibujante de orígenes italianos Albert Uderzo con el que comienzo una fecunda colaboración que se prologara hasta la muerte de René. Entre 1951 y 1956 ambos darán vida a personajes como Juan Pistola, Luc Junior o Bill Blanchart para la revista católica La Libre Belgique junto con una primera versión de Umpa-Pá que no llego a ver la luz. En todas estas creaciones se pueden ver algunos elementos que posteriormente tendrán presencia en su serie más famosa. Además de colaborar con Albert Uderzo, en esos primeros años trabajando para la agencia también sustituye a Jean-Michel Charlier en los guiones de la serie Fanfan et Polo dibujada por Dino Attanasio al que más tarde ayudaría con la serie Signor Spaghetti.
En esta época todavía no había abandonado los lápices y seguía dibujando ilustraciones, alguna que otra historieta como la serie Dick Dicks, Le Capitaine Bibobu y tiras cómicas para la revista Le Moustique que firma como René Maldecq, René Macaire o Jacob.
En los años cincuenta también publica en la revista Spirou, encargándose de algunos episodios de la serie Les Belles Histoires de l’Oncle Paul, del guion de L’Or du vieux Lender, de la séptima entrega de Jerry Spring, la serie western de Jijé. Una rara avis en la carrera de Goscinny, ya que se trata de una las pocas historias de aventuras realistas sin espacio para el humor. Sin embargo, su paso por la revista de Dupuis es sobre todo recordado por sus guiones para Lucky Luke que convierten a la serie en algo mucho más que una mera parodia del western aumentando su calidad de forma exponencial y convirtiéndose en una de las grandes series del medio. Aunque hacía años que conocía a Morris y este le enseñaba y consultaba los guiones para la serie no es hasta 1955 cuando, cansado de tener que escribir y dibujar la serie, le propone a su amigo hacerse cargo de los guiones para que él pueda centrarse en lo que realmente le gustaba que era el dibujo. La primera historia en la que colaboraron fue Raíles en la Pradera que comenzó a publicarse el 25 de agosto de 1955 en el número 906 de la revista Spirou. Y, tras una pausa en la siguiente historia, todas las siguientes entregas de la serie contaron con guiones de Goscinny hasta su muerte. Treinta y ocho álbumes que hicieron que la serie alcanzara una popularidad enorme y en los que vieron la luz personajes claves para la serie como Los primos Dalton o Rantamplán, el perro más estúpido del mundo.

Tras varios años trabajando para diferentes agencias con bastantes problemas, en 1955 decide firmar junto a Uderzo y Jean-Michel Charlier un manifiesto para defender los derechos de autor. Algo que no gusta a las agencias que despiden a Goscinny al que consideraban el instigador. Tras enterarse, Uderzo y Charlier dimiten por solidaridad con su amigo y montan junto a Jean Hébrard, el antiguo responsable de la publicidad de World Press, la agencia de publicidad Édi-France y la de prensa Édi-Press.
En el año 1956 crea, junto al exquisito dibujante Jean-Jacques Sempé, la hermosísima serie El pequeño Nicolás para la revista belga Le Moustique. Se trataba de historias cortas de humor protagonizadas por un niño de unos ocho años perteneciente a una familia de clase media que en la que René Goscinny, que firmaba en un principio con el seudónimo d’Agostini, trataba de recrear la inocente visión del mundo de los niños. Pese al éxito de la serie a Sempé no le gustaba dibujar cómics así que cambian el formato y, a partir de 1959, la serie pasa a tener un formato de relatos cortos ilustrados que se publican en las páginas de las revistas Sud-Ouest Dimanche y Pilote hasta 1965.
De forma paralela, a sus trabajos en Lucky Luke y en El pequeño Nicolás, Goscinny comienza a colaborar también con la revista Tintin para la que trabaja en la ya mencionada Signor Spaghetti, además de escribir guiones para la serie Profesor Tric de Bob De Moor y colaborar junto al gran André Franquin en la serie Modesto y Pompom alternándose en la escritura con Greg. Pero la obra más importante que realiza para la revista es Umpa-Pá realizada junto a Uderzo. Se trata de una serie que es, en muchos sentidos, una suerte de primer ensayo de Astérix. Está protagonizada por un indio de la tribu Yavayavá, durante los tiempos de la colonización de América del Norte por Francia e Inglaterra. Cinco divertidas aventuras en la que comparte protagonismo con el torpe Hubert de la Pasta Hojaldrade.
En el año 1958 el publicista François Clauteaux propone a Édifrance/Édipresse la creación de una revista destinada al público juvenil para competir con semanarios como Spirou o Tintin en colaboración con Radio Luxemburgo. El 29 de octubre de 1959 aparece en los kioskos de Francia y Bélgica el primer número de la revista Pilote en la que Goscinny y Charlier ejercen como redactores jefes y guionistas. En las páginas de la cabecera se pueden leer series imprescindibles como Barbarroja y Tanguy y Laverdure, y sobre todo la primera aventura de Astérix. Una serie que no necesita presentación y que se convertiría en un fenómeno a nivel mundial haciendo que sus autores ganaran un enorme prestigio y mucho dinero, pero curiosamente no fue la primera opción que barajaron para publicar en la revista ya su primera intención era, en realidad, hacer una versión en cómic de El cantar de Renart, una fábula medieval protagonizada por animales antropomórficos. Sin embargo, tras realizar una primera página que les gustaba mucho descubrieron que el dibujante Trubert estaba haciendo también una adaptación para la revista Vaillant, así que desecharon la idea y comenzaron a pensar en otras épocas históricas para situar su nueva serie. Tras descartar la prehistoria por la gran cantidad de cómics que había situados en esa época, la siguiente en la que pensaron fue en la de los galos. El resultado fueron veinticuatro maravillosos álbumes con joyas como Astérix y Cleopatra, Astérix legionario, La cizaña, La residencia de los dioses u Obélix y compañía.
El éxito de Astérix hizo que con el tiempo Uderzo se dedicara únicamente a dibujarla, pero no sucedió lo mismo con Goscinny que siguió creado nuevos guiones para series como Tromblon et Bottaclou con Christian Godard, Les Dingodossiers con Gotlib o La Forêt de Chênebeau con Mic Delinx por citar solo algunas. Pero la que más popularidad conquisto fue Iznogud con lápices de Jean Tabary. Una serie de humor protagonizada por nuestro querido visir que quiere ser califa en lugar del califa que había aparecido como secundario en una historia de El pequeño Nicolás. Una serie con momentos descacharrantes en la que vemos desatado el irónico sentido del humor del guionista.
Además continuó siendo el redactor jefe de Pilote hasta finales de los años sesenta cuando una disputa con algunos de los autores más jóvenes sobre la dirección que debería tomar la revista le hicieron dejar el puesto. Un puesto en el que dio sus primeras oportunidades a autores tan destacados como Jean (Mœbius) Giraud, Enki Bilal, Jean-Claude Mézières, Jacques Tardi, Philippe Druillet, Marcel Gotlib, Fred o Annie Goetzinger.
Tras su salida de la dirección de la revista continúo escribiendo guiones para Astérix, Iznogud y Lucky Luke, lo que compatibilizo con los guiones de algunas de las películas de esos personajes y varios libros en prosa. Unas actividades que le mantuvieron en plena forma hasta su desgraciada muerte en 1977 cuando falleció de un ataque cardiaco mientras hacia una prueba de esfuerzo.
Con su muerte el cómic mundial perdió a uno de los mejores guionistas de su historia, dueño de una vis cómica que nos había regalado algunos de los momentos más divertidos de la historia del medio. Pero también a un autor que era capaz de introducir en sus cómics una visión extremadamente critica con la sociedad. Por suerte, sus cómics son tan inmortales como su legado.
EL OTRO RENÉ GOSCINNY
Uno de los puntos álgidos de la extraordinaria carrera de Rene Goscinny es la creación de la serie Asterix el galo en 1959 junto al artista Albert Uderzo (1927-2020).
Sin embargo, su principal contribución a la historieta mundial es la fundación de la revista semanal Pilote (1959-1989), junto al también guionista Jean-Michel Charlier, con la colaboración de Albert Uderzo y Jean Hébrard.
Pilote en sus 30 años de existencia se convirtió en la revista juvenil más importante de la bande dessinée clásica, albergando en su seno una cantidad de autores y artistas extraordinaria, capitalizando su talento hacia series algo más adultas que sus dos principales competidoras Le journal de Tintin y Le journal de Spirou.

Goscinny, en la época de la creación de la revista, ya era un guionista experimentado con más de 10 años de carrera trabajando para empresas de edición como World Press, Dupuis, L’Avenir… además de Radio Luxemburgo. En el primer número de Pilote del 29 de octubre de 1959 se publicó el primer episodio de la serie Astérix el galo. Su éxito contribuyó a la consolidación definitiva de la revista y al nacimiento de un mercado estable para los álbumes de bande dessinée. En palabras de Goscinny las intenciones eran:
«Intenté dar a mi revista un tono especial; una mezcla de experimentación y sátira. Publicar a nuevos autores que no tuvieran oportunidades y experimentar con estilos muy diferentes, no pedir a los colaboradores que volvieran a hacer lo que ya había tenido éxito«.

Otras series fundamentales de la revista Pilote fueron Tanguy y Laverdure (1959) de Jean-Michel Charlier y Albert Uderzo; Achille Talon (1963) de Greg; Fort Navajo/Tte. Blueberry (1963) de Jean-Michel Charlier y Jean Giraud; Philemon (1965) de Fred; Valerian et Laureline (1967) de Pierre Christin y Jean-Claude Mézières o Las aventuras siderales de Lone Sloane (1970) de Philippe Druillet, entre muchas otras.
En 1960 la editorial Dargaud compra Pilote y nombra René Goscinny como redactor jefe de la publicación y es cuando ésta se convierte en la revista de las grandes series juveniles de la BD. Durante su etapa de responsable editorial de Pilote da la oportunidad a grandes autores, escritores y artistas que luego capitalizarán la renovación del cómic franco belga, son los: Jean Giraud, Gotlib, Claire Bretécher, Jacques Tardi, Pierre Christin, Philippe Druillet, Georges Pichard, F’Murr, Julio Ribera, Gerard Lauzier, Enki Bilal, Jacques Lob, Víctor Mora y muchos otros.
En 1968, el estallido social y político que sacude Francia alcanza la revista cuando, además de las dificultades de distribución, Goscinny es acusado de ser un servidor del antiguo régimen por sus compañeros de profesión como Jean Giraud, Fred, Mandryka, Gotlib, Mézières. Esto le produce una gran decepción puesto que él se consideraba más un compañero que no un patrón, pero no abandona el puesto y acepta un hacer cambio de la línea editorial aún más audaz, más acorde a los tiempos que vivían y con un contenido más crítico con la sociedad, más politizado y más contracultural. Sin embargo su decepción fue profunda como él mismo explica:
«Esto hizo que casi perdiera definitivamente el sentido del humor. (…) Di un portazo, pero me vinieron a buscar, suplicándome que volviera. Me dije que era una ocasión para hacer algo nuevo, los reuní a todos y les propuse hacer una revista más apegada a la realidad, más directa, con reuniones de redacción, páginas de actualidad… Todos aceptaron y empezamos a hacer una revista más dinámica, suprimiendo un montón de conceptos anticuados«.

Unos años más tarde, gran parte de los protagonistas de la rebelión dejarán Pilote para fundar sus revistas. Es el caso de Claire Bretécher, Marcel Gotlib y Nikita Mandryka que fundaron L’Écho des Savanes (1972) y algunos años más tarde cuando Jean Giraud, Philippe Druillet y otros crean Métal Hurlant (1975).
René Goscinny deja la revista en 1974, tomando el relevo en su cargo el también guionista Guy Vidal, justo cuando Pilote está a punto de convertirse en una revista mensual. La publicación saldrá por última vez en octubre de 1989.

Antes de Pilote, en 1956, René Goscinny participó en una rebelión muy importante que hace más dificil de entender la posición de los autores jóvenes contra él en el Mayo francés. En esta época el creador de Astérix estaba trabajando en diferentes proyectos para diferentes empresas belgas y francesas como Le petit Nicolas con Sempé, había publicado en Spirou su primer guion para Lucky Luke titulado Des rails sur la prairie (1957) que dibujó su creador Morris y también había escrito un episodio del western realista Jerry Spring titulado L’or du vieux Lender (1956) para ayudar a su creador Joseph Gillain, más conocido como Jijé.
En aquella época, Goscinny, junto a otros autores y artistas como Albert Uderzo, André Franquin, Jean-Michel Charlier y algunos más se reunen para pedir a los editores que se les concedan los derechos de autor de sus obras y no sólo sean pagados por cada encargo, además está la intención de crear un sindicato. A raíz de esta reunión – de la que Goscinny siempre ha negado el liderazgo – se redacta un manifiesto que enviarán a los empresarios lo que provoca que la editorial donde trabajaba Goscinny, la World Press, dirigida par Georges Troisfontaines, lo despida fulminantemente. Algo que asombra e indigna a Goscinny que se quejará, también, de la falta de solidaridad de sus compañeros:
«El día siguiente a la reunión, Georges Troisfontaines me despidió. Me dije que no habría ningún problema, los compañeros pararán de trabajar en solidaridad. De hecho solo Uderzo lo hizo«.

A consecuencia de este manifiesto, Goscinny tiene muy difícil volver a trabajar en Bélgica por lo que se dirige a París donde junto a Uderzo y Charlier se asocian con Jean Hébrard para fundar Édipresse/Édifrance germen de la revista Pilote. El resto es historia.
Además de dibujante primerizo y guionista de cómics legendario René Goscinny también se convirtió en un reputado guionista de cine y no solo de animación.
Su primer trabajo en el séptimo arte fue la segunda película de la serie Asterix titulada Asterix y Cleopatra (1970), en la primera no participaron los autores. Luego le siguió Daisy Town (1971) una aventura de Lucky Luke que contó con el arte de Morris. En ambas producciones la dirección corrió a cargo de Pierre Tchernia (1928-2016) un todoterreno del cine galo y pionero de la televisión francesa. Goscinny escribió también los guiones de Le Viager (1972) y Les Gaspards (1974), películas protagonizadas por actores como Gerard Depardieu, Michel Serrault o Philipe Noiret entre otros.
En 1974, junto a Albert Uderzo y Georges Dargaud, nuestro protagonista funda los Studios Idefix que pretendían producir totas las películas basadas en la serie Asterix el galo y de otros personajes populares. Goscinny lo califica como la consolidación de un sueño:
«Era un antiguo sueño infantil que compartía con Uderzo. (…) Y es la culminación de 10 años de trabajo. Empezamos a colaborar en otros estudios y tardamos una década en conseguir el nuestro donde realizar los proyectos que queríamos hacer. Fue Astérix, nuestro personaje milagro, que nos permitió realizar nuestro sueño«.
Estrenaron tan solo dos títulos Les Douze Travaux d’Astérix (1976) y La Ballade des Dalton (1978) con guiones de Goscinny, la colaboración de Uderzo y Morris (respectivamente) y la dirección de Tchernia. Estaba previsto un tercer proyecto basado en la serie Iznogoud cuando se produjo la muerte de Goscinny lo que supuso el cierre de los estudios.
OTROS CÓMICS:
Astérix el galo es la gran serie de René Goscinny, Lucky Luke e Iznogoud son otros de sus trabajos capitales, pero hay un puñado de creaciones suyas no tan conocidas que también tienen su importancia en la historia del cómic franco belga. Empezando por:
Le Petit Nicolas (1955-1965) con Sempé.
Esta serie de cuentos escritos por Goscinny e ilustrados por Jacques Sempé (1932-2022) donde se mezclan humor, ternura, camaradería e ingenuidad convirtiéndose en un éxito de ventas en el país galo. Su publicación se inicia en las páginas de periódico Sud-Ouest Dimanche y luego se crea su propia revista y posteriormente la editorial Denöel publicará cinco álbumes recopilatorios. Está considerado como un clásico de la literatura infantil.
Les Dingodossiers (1965-1967) con Gotlib
Esta serie sin personaje fijo es una suerte de sainetes de dos páginas, generalmente, donde se describe de manera ácida, crítica y humorística la sociedad francesa de los años sesenta. Dibujada por Marcel Gotlib (1934-2016) se publicó en la revista Pilote, principalmente, y llego a los 169 episodios. Finalizando su trayectoria en 1967. La saga tiene una suerte de continuación a partir de este momento, con Gotlib como autor en solitario que, por respeto a Goscinny, la bautizó con el nombre de Rubrique-à-brac, para que no hubiera confusiones. Se han publicado tres tomos recopilatorios de la serie a cargo de Dargaud y un número especial con material diverso.
Bill Blanchart (1954-1955) con Albert Uderzo
Goscinny, junto a su inseparable Albert Uderzo crea en 1954 la serie de aventuras Bill Blanchart para la revista semanal La Libre Junior, apareciendo entre noviembre de 1954 y marzo de 1955 y posteriormente en la publicación mensual Jeannot, entre 1957 y 1958; es una de las pocas series realistas escrita por el escritor parisino y la única que realiza junto al artista de Astérix el galo. El protagonista es un cazador de animales exóticos, con ciertas reminiscencias al Jungle Jim de Alex Raymond, que tan solo protagonizará una aventura de 24 páginas.
Luc Junior (1954-1957) con Albert Uderzo
Otra serie creada por Goscinny, anterior a la explosión de Astérix el galo, fue Luc Junior, dibujada también por Albert Uderzo y que se publicó en La Libre Junior a partir de 1954. Los episodios escritos por Goscinny son:
Luc Júnior y las joyas robadas (La Libre Junior 07/10/1954 a 03/03/1955)
Luc Júnior en América (La Libre Junior 10/03/1955 a 11/08/1955)
Luc Júnior y el hijo del Marajá (La Libre Junior 18/08/1955 a 12/01/1956)
Reportaje a la sombra (La Libre Junior 19/01/1956 a 21/06/1956)
Luc Júnior y los Paspartos (La Libre Junior 05/07/1956 a 29/11/1956)
Luc Júnior y los marcianos (La Libre Junior 06/12/1956 a 02/05/1957)
Luc Júnior, náufrago voluntario (La Libre Junior 16/05/1957 a 10/10/1957)
En esta serie de aventuras, protagonizada por un joven reportero, un veterano fotógrafo gruñón y su perro, el guionista parisino homenajeaba a los que hacía posible con su trabajo cotidiano que los periódicos y revistas salieran puntualmente cada día o semanalmente.
Existe otra gran aportación, algo más intangible, que René Goscinny ha legado para siempre a la cultura europea. Es una forma de entender el humor, una manera de describir la sociedad, un camino por el que entender la vida que lo emparenta con sus admirados Harvey Kurtzman y Bill Elder y que transformará la cultura de masas de la segunda mitad del siglo XX. Esta conjunción entre acidez y ternura, esta mirada crítica y paródica a todo y a todos influirá en generaciones posteriores de una manera absolutamente fundamental y prefigurará una gran parte de los preceptos de los cambios sociales de los setenta que, paradójicamente, lo considerarán como una figura del pasado.
Sin embargo el legado de René Goscinny ya ha prevalecido 100 años y durará, como mínimo, otros 1000 años más.
¡Por Tutatis!
DOSSIER: BENJAMÍN Y BENJAMINA
En Zona Negativa hemos abordado muchos de los cómics que firmaron Goscinny y Uderzo, pero no habíamos comentado nunca Benjamín y Benjamina, algo imperdonable teniendo en cuenta el estupendo integral que publico Salvat en 2017 que además incluía otros trabajos breves de la pareja como Nené y Chucho y La familia Borrego.

Lo primero que hay que señalar es que no estamos ante una serie creada por Goscinny y Uderzo, ya que se trataba de una serie creada por Christian Godard para la revista Benjamin, pero que tras poco más de un año tuvo que abandonar ya que tenía que hacer el servicio militar. Así que el editor de la revista pensó en los autores que en aquella época estaban trabajando en todo tipo de publicaciones para tratar de hacer despegar sus agencias Édi-France y la de prensa Édi-Press que serían el germen de la revista Pilote. Así que tomaron sin miedo las riendas de la serie desde 1956 y durante los siguientes tres años dieron a luz cuatro trepidantes y divertidísimas aventuras que están recopiladas al completo en este integral.
Benjamín y Benjamina son dos jóvenes que parecen vivir juntos, pero de los que nunca tenemos muy claro que relación tienen ni de que viven. Pero eso no es ningún inconveniente para que vivan cuatro disparatadas aventuras donde prima la pura diversión y el humor made in Goscinny. Con muchos elementos que podemos ver en otras de sus series que serán clave para que sea considerado como uno de los mejores guionistas que ha dado el medio como los juegos de palabras, los gags físicos, los chistes autorreferenciales que se repiten a lo largo de las aventuras, las tramas que reflejan y satirizan la actualidad, los personajes secundarios que en una sola aventura se vuelven imprescindibles (Lamberto Julio o el inspector Calabaza)… Todo lo que pudimos ver en sus series más conocidas ya estaba aquí, aunque seguramente sin refinar.
El resultado son cuatro aventuras la mar de disfrutonas y con una sucesión de gags que no dan ningún respiro al lector. En Náufragos del aire sirve tenemos una historia que como tantas de la época transcurre en un país sudamericano ficticio gobernado por un régimen militar dictatorial en continua revolución. Una de las características de la serie en esta etapa es que los protagonistas terminan embarcados en una aventura sin que sepamos muy bien cómo, algo que puede descolocar en un principio. Sin embargo, al dejarlo de lado se va a disfrutar de la serie como un niño. La siguiente historia es ¡Pajaritos a volar!, en la que los protagonistas se ven envueltos en una aventura provocada por el invento de un profesor genial llamado Pajarito que hace volar cualquier cosa. Un tópico mil veces visto, pero al que Goscinny sabe sacar un enorme partido y donde comenzamos a ver que Benjamina es claramente la parte más cabal de la pareja quedando Benjamin como el más impulsivo. La tercera historia es un enorme salto de calidad El Gran Buduchú resultado la más descacharrante de todas con una historia tan inverosímil como divertida en la que los protagonistas se ven envueltos en el enfrentamiento entre dos sectas milenarias cuando Benjamín acaba por accidente como líder una de ellas. En sus páginas nos encontramos con algunos gags realmente gloriosos protagonizados por el inspector Calabaza y su jefe. La cuarte historia es Benjamín y Benjamina y los vaqueros donde los personajes acaban de nuevo por accidente como dueños de un rancho y mezclados con una trama llena de gánsteres y escenas típicas de las historias de vaqueros, pero al inimitable estilo de Goscinny. Ojito con la gloriosa escena en la que tienen que contratar a un guardaespaldas que bien podría ser parte de la sección que viene a continuación, ya que es una de las mejores de la carrera del guionista.
Aunque Benjamín y Benjamina no es una de las series más conocidas de Goscinny nos encontramos ante un muy bien ejemplo de todo el buen hacer del que era capaz, aunque sin llegar a los increíbles picos de sus mejores series. Algo mucho más que un tomo para completistas de los admiradores de los creadores de Astérix.

GOSCINNY: MOMENTOS ESTELARES
Todos tenemos en nuestra memoria grandes secuencias, gags hilarantes, finos comentarios escritos por René Goscinny. Es muy difícil quedarse con uno. Nosotros hemos hecho un esfuerzo y hemos intentado seleccionar algunos de sus momentos más memorables.
A veces basta con una frase, con una exclamación, con un eslogan. Veamos…
Román de Muelas escoge: Iznogoud
Es difícil decir una escena o un cómic favorito de René Goscinny, puede que sea el único autor que disfruto igual de pequeño y de mayor, genio absoluto del humor sus cómics apenas envejecen y están llenos de crítica social, humor absurdo, juegos de palabras, situaciones repetitivas, anacronismos deliberadamente humorísticos… Siempre fui fan de Astérix, mi álbum favorito fue desde niño El Combate de los jefes. Pero de más mayor, ya en la universidad, descubrí los álbumes de Iznogud… Donde conocí al que para mí es el Goscinny más desatado, divertido y salvaje con un humor intenso lleno de cambios en el tiempo, de viajes a otras dimensiones y magia con el mismo final siempre, siempre… el fracaso del malvado . El dibujo intenso y nervioso de Tabary era perfecto y a pesar de que sus historias eran cortas y apenas eran una sucesión de gags absurdos… Me quedo con su Iznogud y su eterna retahíla «Quiero ser Califa en lugar del Califa«. Origen y final de todas sus historias.
A veces basta con una sola viñeta para llegar a lo sublime. En el álbum Astérix en Bretaña los autores explican la invasión de las tropas romanas a las Islas. Como gag recurrente describen como los bretones dejan de luchar cada día a las cinco de la tarde para tomar el té y todos los viernes por la tarde para disfrutar del fin de semana de descanso. Julio César, “fino estratega” decide atacarlos en estos momentos para dar el golpe definitivo a la ocupación. El comentario del ligeramente indignado jefe bretón Cassivellaunos es antológico… Lo encontramos en la página dos del libro.
Diego García escoge: Astérix y Cleopatra
No es nada fácil escoger una sola de entre todas las secuencias maravillosas que nos legó Goscinny, uno de los guionistas con más capacidad para crear gags y juegos de palabras que ha dado el medio. Podrían ser cientos de escenas diferentes, ya que hay tantos grandes momentos en series como Iznogud, Lucky Luke, Umpa-Pá o El pequeño Nicolás. Pero es cierto que cuando pienso en Astérix, la primera secuencia que siempre me viene a la mente es la de Obélix trepando a la Gran Esfinge de Guiza para tener mejor vista destruyendo su nariz por accidente. Algo que sucede mientras Astérix y Panoramix lo contemplan con estupefacción y enfado, encargándose luego de ayudarle a enterrarla. El estropicio provoca que los vendedores de souvenirs tengan que modificar la pequeñas estatuas que venden.


Una de las mejores secuencias de Astérix y Cleopatra, el sexto álbum de la serie. Cuando a leí de muy pequeño no sabía que la Esfinge no tenía nariz, así que cuando lo descubrí me vino a la mente la escena, algo que desde entonces me sigue pasando cada vez que la veo -y seguramente me pasara si algún día voy a verla in situ, tendré que hacer un enorme ejercicio de contención para evitar la tentación de ir vestido de Obélix, como ir a Petra vestido del Doctor Jones-. Una secuencia que trascurre en las páginas 20 y 21 del álbum que además de ser hilarante con varios gags encadenados es un prodigio de narrativa y planificación demostrando los extraordinarios narradores que eran Goscinny y Uderzo, con un manejo brutal de los diferentes planos y encuadres.
A veces basta con poco más de una página. En Astérix en Hispania, los galos atraviesan la península de norte a sur, desde la Galia, para devolver al hijo del jefe del poblado irreductible de iberos en Córdoba que los romanos han secuestrado para tenerlos controlados. Durante esta travesía los tres viajeros (Astérix, Obélix y el niño) atraviesan distintas ciudades hispanas “en fiestas” donde los habitantes tienen extrañas costumbres…
Y por si la metáfora no estaba clara, lo rematan con una viñeta antológica al inicio de una página siguiente. Recordemos que este álbum se estrenó en 1969 y que el nacional catolicismo estaba muy en boga en España. Y lo que te rondaré morena… Lo podemos disfrutar en las páginas 35 y 37 de este espléndido álbum.
Enrique Doblas escoge: La vuelta a la Galia de Astérix
Qué ilusión escoger el momento favorito de UN GRANDE. Un auténtico maestro de la historieta que nos ha dado tanto placer, tanta risa, tantas historias que rellenan los huecos de una infancia recordada idílica.
Inevitablemente me vienen las frases que me hacían sonreír de El Pequeño Nicolas (“Mamerto, ¡que es un idiota!”), pero como esto es un blog de cómic habrá que ir a su obra más aclamada (con permiso del vaquero) y la que más he leído y releído como niño y adulto; Asterix y Obelix (sí, los dos).
La verdad es que me hubiera gustado hacerme el interesante y escoger alguna de las continuas y certeras burlas de René Goscinny al capitalismo o a cualquier tipo de dictadura o líder con ínfulas… sin embargo, vuelvo a recorrer los pasajes de mi niñez y le debo una escena tontísima que me provocó carcajadas una y otra vez.
Estamos en La vuelta a la Galia, nuestros héroes de cascos alados pasan por la región de Champagne y descubren la característica bebida espumosa de esas tierras. Viéndose en la tesitura de escoger la mejor variedad ante la amenaza de los centuriones…
-¿Brut?
-Brut
¡POP! ¡PAF!
-¡Brutos!
Puro humor galo, puro Goscinny, puro cómic. Lo podemos encontrar en la página 14 de este magnífico álbum.
A veces lo memorable es toda una secuencia. En la última historia de la serie Umpa-pá, titulada Umpa-pá contra Hígado-Enfermo la batalla a cuatro bandas entre dos tribus indias, aliadas – una con los prusianos y la otra con los franceses – resulta absolutamente antológica puesto que las tropas europeas, subordinadas a los caprichos políticos o personales de los líderes de sus metrópolis, dejan literalmente tirados a sus socios indios en medio del campo de batalla. La lucha entre las tribus no se detiene y tiene como espectadores privilegiados a unos admirados y algo cínicos soldados europeos.
Tristan Cardona escoge: Astérix y el combate de los jefes
El magisterio de René Goscinny alcanza una de sus cotas más altas en este sensacional álbum de la colección Astérix el galo. Un reto tribal de un jefe galo aliado a los romanos lanzado al líder de la aldea de Astérix provoca una serie de situaciones rocambolescas entre las que está la locura transitoria de Panoramix – el druida del poblado galo y único conocedor de la receta de la poción mágica que le da la fuerza sobrehumana a los galos – debido a un golpe de menhir. Los galos necesitan este brebaje para luchar, pero el druida enloquecido por la conmoción intenta encontrar la receta sin conseguirlo. De conejillo de indias tenemos a un pobre soldado romano prisionero que va probando las pociones y cuenta con un simpático búho como admirador… Todo esto parece un menjunje sin sentido, pero como en las mejores películas de Los hermanos Marx, todo funciona perfectamente y es absolutamente sorprendente, hilarante y magistral…
Y Goscinny lo remata todo con el comentario del búho completamente entusiasmado con su nuevo camarada: ¡Y encima vuela, esto sí es un compañero!
Ex-tra-or-di-na-rio.
Y a veces es todo un álbum que mantiene un nivel excepcional. Lucky Luke es una serie que tiene varios de los mejores trabajos de Goscinny, como Lucky Luke. 7 historias completas que es un ejemplo de calidad y diversión sostenida, pero hoy nos fijaremos en el tomo titulado Western Circus donde el pistolero que dispara más rápido que su sombra acompaña a un circo en su gira por el Viejo Oeste americano. Desde la desternillante secuencia inicial, pasando por la manera que los miembros del circo se libran de un peligroso pistolero a sueldo, hasta el colofón final… todo el álbum es una maravilla.
Llegados a un pueblo, el cacique local se enfrentará a los componentes del circo porque teme que le haga sombra al rodeo anual que organiza. Al final el circo es destruido, pero esto no es impedimento para que sus componentes se sumen al rodeo, acompañados de los jinetes participantes y de los indios que se suman a la fiesta formando todos un carrusel final que entusiasma a los espectadores y a los asombrados lectores.
Luis Javier Capote escoge: Goscinny, el divulgador del pensamiento crítico
Cuando Tristan planteó la propuesta de homenajear a René Goscinny en el centenario de su nacimiento y escoger una aventura, una escena o un tebeo en particular en la que el escritor galo estuviera implicado. Quería participar en la iniciativa, pero ¿por qué podría decantarme? Una de Astérix era la elección lógica, pero ¿cuál? ¿Lo de no chabemoch dónde echtá Alechia que uso cuando no quiero seguir una conversación? ¿Aquello de con te, como Timeo danaos et dona ferentes (con la coda de cantar Lavanderas de Lusitania)? ¿Tirar por el producto nacional bruto con aquello de que el romano que me diste lo tiré a un pozo? La lista de frases y juego de palabras que debo a Goscinny -a través de las traducciones de Víctor Mora– es larga, pero cuando miro hacia atrás en el tiempo, creo una de las mejores aportaciones que Goscinny hizo junto a Uderzo fue su capacidad como divulgador del pensamiento crítico.
En El Adivino encontramos un paréntesis en torno a quienes afirman poder conocer el porvenir y su conclusión no puede ser más demoledora y cierta: unos caraduras que, por decir, dicen cualquier cosa y viven de la credulidad ajena. En Obélix y compañía hay una magistral clase de economía en torno al capitalismo, al hacer que el elemento central de la historia sea el ansia consumista por un producto, el menhir, sin utilidad aparente. ¿Desde cuándo los romanos producen menhires? Desde que la gente los compra. No hay más preguntas, señoría.
Solamente por eso, los álbumes clásicos de Astérix y Obélix merecen ser leídos y releídos, porque siempre se puede sacar algo nuevo y aleccionador. Al niño que fui, le gustaban las escenas de pelea a puñetazos; al adulto que soy, le siguen gustando, pero salpimentadas con la sana y aguda sátira crítica que don René hacía y que ninguno de sus sucesores en las tareas de contar y cantar las aventuras de los irreductibles galos ha conseguido emular con éxito.

Están locos estos galos; Apúntate a la legión y verás mundo, decían; el pistolero que tira más rápido que su sombra; ¡Quiero ser Califa en lugar del Califa!; No puedes tomar la poción porque te caíste dentro cuando eras pequeño… Son algunas de las frases de este genio de la escritura que han pasado al acervo popular y que nos sirven para culminar este modesto, incompleto, pero admirado repaso a los mejores momentos de la obra de René Goscinny. Seguro que nos hemos dejado un montón de vuestras secuencias favoritas en el tintero, dejándolas en los comentarios y quizás hagamos una segunda versión de este apartado.
RENÉ GOSCINNY EN ZONA NEGATIVA
– Lucky Luke Integral 01, de Goscinny y Morris por Tristan Cardona
– Umpa-pá, de Goscinny y Uderzo por Diego García
– Astérix y los Juegos Olímpicos, de Goscinny y Uderzo por Diego García
– Astérix: El Menhir de Oro, de Goscinny y Uderzo por Diego García
– Astérix y los laureles de César, de Goscinny y Uderzo por Diego García
– Astérix y la Residencia de los Dioses, de Goscinny y Uderzo por Diego García
– Todo Luc Júnior, de Goscinny y Uderzo por Tristan Cardona
– Astérix y el adivino, de Goscinny y Uderzo por Diego García
– El profesor Tric, de Goscinny y Bob de Moor por Tristan Cardona
– Astérix: 60 aniversario por Nacho Teso, Sergio Fernández Atienza, Diego García y Tristan Cardona (podcast)
– Homenaje a Albert Uderzo por VV AA
Sitio oficial sobre René Goscinny
Las palabras de René Goscinny usadas en este especial están extraídas del recopilatorio de entrevistas publicado en Dossiers de la Bande Dessinée. René Goscinny (2002), dirigido y coordinado por Olivier Maltret y Frédéric Bosser. Editorial DBD
Y hasta aquí hemos llegado en este número tan especial de la revista del cómic europeo de Zona Negativa. Os esperamos dentro de unas semanas. No nos falléis porque queremos ser multitud y, esta vez más que nunca, llegar mucho… Más allá de la Galia.







































Excelente homenaje para un autor genial e irrepetible. Muchas gracias
Para mí una de las grandes virtudes de Goscinny como guionista era el absoluto dominio del ritmo, algo fundamental en las historias cómicas, y que él manejaba como nadie
Gracias Alejandro.
Estoy de acuerdo con lo que comentas, era una de sus múltiples virtudes. Se nota mucho entre los primeros Lucky Luke escritos por Morris con los que empezó a hacer Goscinny.
Salut!
Qué buen homenaje a uno de los mejores escritores de la historia del cómic.
Por escoger un momento, de los cientos destacables, diré uno de Raíles en la pradera que releí hace poco: el momentazo de las señales de humo y el comentario de un indio sobre la ortografía del que las envía. Hilarante.