Portada Yo, Fadi, el hermano robado. Tomo 1 (1986-1994) , de Riad Sattouf

Edición original: Moi, Fadi le frère volé Tome 1 FRA (Les Livres du futur, 20246)

Edición España: Yo, Fadi, el hermano robado. Tomo 1 (1986-1994) (LGD 175) (Salamandra Graphic, 2026)

Guion: Riad Sattouf

Dibujo: Riad Sattoufr

Color: Riad Sattouf

Traducción: Julia C. Gómez Sáez

Compuesto por: Sergi Puyol

Formato: Rústica · 144 páginas · 23,95 €

La historia de Fadi.

«Vamos, Fadi. ¡Hemos llegado a casa!»

Con El árabe del futuro (Salamandra Graphic), Riad Sattouf (Paris, 1978) firmo una de las mejores series del medio en los últimos años. Un relato de su infancia a caballo entre Francia y Oriente Medio marcada por la búsqueda de identidad, los choques culturales, el desarraigo y los problemas de convivencia entre su madre francesa y su padre sirio, que explotaron cuando este último secuestro a Fadi, su hermano pequeño, para llevarlo a la Siria de Hafez al-Asad (1930-2000) perdiendo la familia todo el contacto con él hasta el estallido de la primavera árabe. En los seis volúmenes que componen la serie habíamos podido conocer la historia de la familia desde el punto de vista del Gran Premio de Angoulême de 2023, pero no como vivió esa terrible situación Fadi, ya que desaparecía de la serie cuando su padre lo secuestraba. Una deuda que Sattouf ha decido saldar con Yo, Fadi, el hermano robado, un díptico en el que relatara las vivencias de su hermano tal y como él se las ha contado del que Salamandra Graphic acaba de publicar el primer volumen que transcurre entre los años 1986 y 1994, cuando Fadi es todavía un niño.

La principal incógnita a la hora de afrontar esta historia era saber si iba a aportar algo a lo que Sattouf ya había contado en El árabe del futuro y, por suerte, la respuesta es que sí, ya que la visión de Fadi es diferente a la del autor de Las pobres aventuras de Jeremías (Nuevo Nueve). Una visión que como sucedía con la serie original comparte una de sus grandes virtudes como es que el relato está contado en todo momento con los ojos del Fadi, de forma que su visión comienza siendo la de un niño muy pequeño que no entiende nada de lo que sucede a su alrededor, para ir cambiando a medida que crece. Algo en lo que Sattouf es un absoluto maestro. Lo que si cambia es la forma de narrar la historia, ya que, aunque está narrada en primera persona el autor francés es consciente de que no está contado su propia historia por lo que el tomo tiene un toque de tristeza que refleja el dolor que ha sentido durante años por la ausencia de su hermano y, aunque el humor y sátira están presentes no al nivel que cuando relata su propia historia. Sobre todo, en la figura de su padre, ya que la visión que tiene de él Fadi está lejos del ser idealizado que veía el Riad niño al que quería dar todo su amor. Otra de las dudas que, a priori, puede despertar este díptico es saber si se puede leer de forma independiente sin conocer la serie previa o no. De nuevo, la respuesta es afirmativa, ya que se entiende perfectamente, pero si ya se conoce la serie anterior el impacto de lo que sucede y la vinculación emotiva con los personajes es mucho mayor y se pueden ver muchos paralelismos entre las vivencias de Fadi y Riad en Siria que nos permiten comprobar como las cosas han cambiado poco. De hecho, en Francia este cómic es la séptima entrega de la serie, así que lo recomendable es leerla primero, aunque no es imprescindible.


Aclarados esos puntos, hay que señalar que es una historia que muy continuista con lo que veníamos en la serie autobiográfica tanto a nivel de dibujo como de decisiones narrativas. Sattouf sigue dibujando con un estilo heredero de la línea clara, con unos personajes caricaturescos de una enorme expresividad. También nos encontramos con un uso muy interesante del color que emplea diferentes colores para indicarnos en país transcurre la historia tal y como sucedía en El árabe del futuro, aunque aquí cambian los tonos elegidos. En las partes que transcurren en Francia el color principal es el amarillo mientras que en Siria usando el rojo y el verde para enfatizar alguna acción u objeto y también para destacar alguna emoción. Un recurso que ya había demostrado usar muy bien. Como también controla a la perfección el ritmo narrativo sabiendo cuando acelerar y cuando parar, poniendo siempre por encima de todo la legibilidad como sucede con todos los elementos del relato.

Aunque conocemos gran parte de la historia de Fadi, ya que nos encontramos con cosas que Sattouf ya nos había contado, lo cual hace que se pierda en parte la capacidad de sorprendernos. Pero verlas desde el punto de vista de un niño pequeño las enriquece. Al igual que hace ese sentido del humor que tiene que, en esta ocasión, no está tan centrado en reflejar todos esos choques culturales, si no en dejar ver lo cruel y egoísta de la decisión de su padre. Sin embargo, ese sentido del humor y esa naturalidad con lo que se cuentan las cosas no rebaja para nada el drama que vivió Fadi teniendo que ver como su padre constantemente va tratando de reescribir la realidad y manipularle, mientras trata de adaptarse a un nuevo entorno y cultura.

En Yo, Fadi. El niño robado Riad Sattouf vuelve a demostrar que es un autor único a la hora de reflejar como va cambiando la forma de ver y entender el mundo y lo que nos rodea a medida que crecemos. En las páginas de esta nueva serie por fin podemos ver todo lo que tuvo que vivir su hermano pequeño tras ser secuestrado por su padre y llevado a Siria. Una nueva prueba de que estamos ante uno de los mejores autores que ha dado el cómic en los últimos años con una personalidad desbordante, una enorme sensibilidad para ver el mundo y un sentido del humor muy especial.

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Lo mejor

  • Ver la parte que no conocíamos de la historia familiar de Sattouf.
  • Como siempre es un trabajo narrativamente impecable.
  • Ver de nuevo la realidad de la Siria de los años ochenta y noventa.
↓

Lo peor

  • Ya conocíamos la historia de Fadi a grandes rasgos.

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Diego García Rouco
Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
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