100% Marvel HC. Doctor Muerte. Origen

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Edición original:.Books of Doom #1-6, Fantastic Four Annual#2, Astonishing Tales #1-8 y Marvel Double Shot#2
Edición nacional/ España:.Panini Cómics
Guión:.Ed Brubaker, Roy Thomas y otros
Dibujo:.Pablo Raimondi, Wally Wood y otros
Entintado:.V.V.A.A.
Color:.V.V.A.A.
Formato:. Tomo en tapa dura. Formato HC
Precio:.

27,95

 

Ser un villano en el Universo Marvel no es una tarea fácil. Enfrentarse a todo tipo de héroes, dispuestos a cualquier cosa para que prevalezca el bien y la justicia, te deja abocado a un triste papel de perdedor. Algunos llevan grabada la pátina del patetismo en su rostro, como arquetipo del eterno vencido; otros aguantan con entereza cada nuevo revés. Y luego están los grandes, aquellos que han logrado alcanzar sus objetivos, porque están destinados a algo más, nunca representados como simples malos de la película. De estos podemos contar con apenas unos elegidos. El Doctor Muerte es una más que digna representación de este tipo de personaje. Un ente complejo, construido a base de diversas tradiciones, la mágica y la científica, y con unas motivaciones claras y comprensibles. Un constructo cincelado por la acertada visión de dos leyendas del noveno arte como son Stan Lee y Jack Kirby. El antagonista suele cubrir un cupo, normalmente el medir la fuerza del héroe y pare de contar, pero ese procedimiento estándar no era suficiente en la editorial Marvel; así lo pensaban Stan Lee y Roy Thomas cuando decidieron darle algo más de protagonismo a un malvado marca de la casa, el citado Dr. Doom, a inicios de los setenta. Panini Cómics ha acometido la empresa de recopilar su primer serial, que compartía con Ka-Zar en Astonishing Tales, junto con una aproximación moderna, a cargo de Ed Brubaker, fechada en 2006, donde el de Maryland ponía en orden todo el tema de sus orígenes. Estos son los dos relatos principales, que ocupan el grueso del tomo, al que se ha añadido el segundo anual de los 4F, centrado en su regia figura, y un one shot de 2003, firmado por Christopher Priest y Paolo Rivera. El HC se ha estructurado en una suerte de relato “cronológico”, no tanto basado en su orden de publicación, aspecto que nosotros no vamos a tener en consideración, ya que preferimos ceñirnos a este último criterio, que consideramos más eficaz, dando como resultado que dividamos la entrada en dos partes bien diferenciadas. Por último, haremos una loa a un personaje que nos ha dado tantos momentos de gloria, en base a estas historias de origen. Que comience la función.

Astonishing Tales. Muerte como protagonista

Victor Von Doom debuta en julio de 1962 (fecha de portada) en la colección de los Imaginautas, sin dudas, el mejor cómic del mundo. En unas pocas historias, sus creadores originales, los nunca bien ponderados Lee y Kirby, supieron dotar de una clara personalidad a este curioso malvado. Lo suficiente para que el aficionado suplicara saber algo más del Doctor Muerte. La ocasión la pintan calva, debieron pensar nuestros creativos, puesto que desarrollaron el concepto de anual, de manera temprana, un cómic de mayor paginación pensado como un especial de cada colección. Para el Annual#2 de Fantastic Four va a cobrar protagonismo el flamante Dr. Doom, ya que se nos anuncia su origen canónico, por parte del equipo artístico al mando, Jack Kirby, Stan Lee y Chic Stone. El ejemplar se estructura en varias partes, con dos historias principales y un buen puñado de pin ups. Llama la atención que la trama del origen, más breve que la típica lucha entre héroes y villanos, sea la que abra el tebeo, algo que al lector de la época debió extrañar, pero que casaba con los intereses de nuestros autores, al darle la relevancia necesaria como personaje con entidad propia. Veamos cómo se desarrolla la misma.

Observamos, de buenas a primeras, a un hombre poderoso en la intimidad de su salón del trono, cuando el fiel Boris (nuevo secundario en el Universo Marvel) le advierte que es el momento….el expectante aficionado nota que se trata de un instante íntimo y personal, referente a su madre. Victor comienza a narrar su origen, sus vicisitudes como hijo de un gitano y una hechicera. Vivir subyugados, bajo las apetencias del tiránico gobernante de Latveria, no es algo agradable de recordar. Doom debe crecer sin la ayuda de sus padres, muertos por los caprichos del destino, ayudado solo por un cercano amigo de la familia, el buen Boris. Comienza su viaje hacia el interior de la magia y de la ciencia, haciendo estragos en la región. El nombre de Víctor von Muerte empieza a ser popular por los alrededores. Esos ecos hacen que llegue hasta la zona un importante miembro de la Universidad State, para reclutar al joven, todo un experto en ciencias y robótica. Este momento se marca en la vida editorial del personaje como su gran encuentro con Reed Richards (y con Ben Grimm), aquel que no solo se muestra como su igual, sino que también parece que le supera en intelecto.

Boris unido a Doom, cortesía de Kirby y Stone

La mala praxis en su periodo universitario da como resultado un terrible accidente, con las consiguientes consecuencias para el científico. Con su cara desfigurada, según él mismo se empeña en asegurar, decide iniciar la senda de lo esotérico y para ello debe marchar al Tíbet, donde su encuentro con una misteriosa orden de monjes perdidos en los albores del tiempo dará lugar al Doctor Muerte. De allí saldrá su avanzada armadura y la firme decisión de que nadie, jamás, podrá conseguir observar de cerca su rostro.

Esta pequeña pieza, de apenas unas pocas páginas, es un soberbio ejercicio de síntesis narrativa, donde dos creadores en estado de gracia son capaces de perfilar las bases de un personaje, sobre el que se le pueden haber hecho algunos añadidos por el camino, pero cuyo poso primordial se encuentra en esta parte del Annual#2 de los Fantásticos. Una muestra más de la genialidad de Jack Kirby y Stan Lee. El entramado que corresponde al origen se haya reproducido en este HC, mientras que todos los interesados en el episodio completo deben acudir al Omnigold titulado “La Batalla del Edificio Baxter”. El camino de Muerte, como posible titular de sus propias aventuras, quedaba abierto, debido al éxito de este especial.

Doom siguió unido al entorno de los 4F. Su incidencia en el devenir del cuarteto se antoja fundamental; el villano, con mayúsculas, de la serie. Pero en mayo de 1969 (fecha de portada) el gran Victor tuvo su recompensa, al protagonizar un segmento en la revista contenedor Marvel Super-Heroes (el #20, para ser precisos). Stan Lee dio un paso arriesgado al colocar como base de un tebeo Marvel, con toda la maquinaria del Comic Code vigilante, a un personaje villanesco. Desde luego, no era un proceder habitual en la Silver Age. Si no contamos a Namor, que se puede considerar más un antihéroe que un villano, estamos ante un caso único, en el mainstream americano. Este número fue realizado por Roy Thomas, el mejor discípulo de Lee, Larry Lieber, el “hermanísimo”, y Frank Giacoia, colaborador habitual de la casa. En él teníamos un elemento que va a ser fundamental en la concepción de la nobleza de Doom al presentarnos a Valeria, la que resulta ser su amor de juventud. Otro antagonista del entorno Fantástico, Diablo, trata de conseguir una interesada alianza con el monarca de Latveria, utilizando como moneda de cambio a la citada muchacha. Thomas y Lieber, que ejercen de co-guionistas, buscan asentar algo de humanidad en el personaje, al mostrar que Muerte tenía, y todavía conserva restos, sentimientos muy válidos por otros semejantes.

Este episodio no se encuentra recogido en la recopilación, lo que nos extraña sobremanera, al contener el debut de alguien tan importante como Valeria, para el entorno del malévolo Doctor. Boris y Valeria (que pronto serán asimilados como familia, abuelo y nieta, para ser exactos) serán dos actores recurrentes para los guionistas que se acerquen al trasfondo de Muerte. Además, se puede observar ya un molde maestro de lo que a no muy tardar se convertirá en modus operandi para Astonishing Tales. Stan, al no venirse el cielo abajo ni mandarle cerrar la editorial, por poner un malvado como reclamo, decide que por el bien de la compañía, en búsqueda de la historia más excitante y atrayente para los lectores, el Doctor Doom debe probarse como protagonista en solitario. De nuevo, tiramos de cabecera contenedor, la ya citada Astonishing, compartiendo espacio vital con Ka-Zar. Como bien rezaba la publicidad de la editorial, “desde las eternas y acechantes junglas de la Tierra Salvaje, hasta los siniestros callejones de Latveria…la poderosa Marvel está en movimiento, de nuevo, con Astonishing Tales#1…..”. Estaba claro que estos chicos sabían crear expectación.

Nos encontramos en agosto de 1970 (fecha de portada), cuando los quioscos americanos reciben las primeras muestras de la revista Astonighing Tales#1, protagonizada, a medias, por el Dr. Muerte. El segmento bajo su dominio cuenta con un equipo de auténtico lujo, Roy Thomas y Wally Wood, prueba de que se salía con todo para lograr que Doom se instaurara como un ente fundamental en el panorama editorial. Thomas era uno de los guionistas a tener en cuenta en Marvel, pero es que Wood era poco menos que una leyenda, un dibujante de innegable talento, un clásico en el noveno arte norteamericano. La idea de Lee era que Wally se encargase, casi en solitario, de las historias de Muerte. Thomas estaría como apoyo en los diálogos y para encajar aspectos de la continuidad; como garante de que la mezcla funcionaba, The Man se encontraba acreditado como editor.

El negocio se podía ver de forma clara. Wally Wood era uno de esos nombres que, incluso en horas bajas, vendía tebeos, sin más que añadir. A inicios de los años setenta, con problemas de salud derivados de un alcoholismo crónico, ya no era el talentoso chico, de trazo deslumbrante y preciso, que comenzó a despuntar en los años 50. Ahora era un veterano con estrella, cuyo mayor proyecto editorial, Witzend, iniciado en 1966, había dejado de lado por incapacidad. Todavía debían pagarse las facturas por lo que Marvel, Charlton, DC o periódicos militares eran válidos para sacarse unos buenos dólares como freelance. El editor de Marvel Comics, con el que ya había trabajo en Daredevil, le ofrece hacerse cargo de Doom y Wood acepta el trato. Tocaba hacer hincapié en la vida de Victor en su papel de monarca, en el cómo pasaba su tiempo mientras no se enfrentaba a los 4F o a los Vengadores. Podemos ver Latveria como un paisaje que hunde sus raíces en la tradición pero a la vez moderno como ninguno, gracias al influjo tecnológico de su mandatario. Como sabemos del ya famoso Annual#2, el deceso de sus progenitores fue debido al gobierno del Barón de la región y von Muerte no se detuvo hasta que tuvo su venganza. Lo que desconocíamos, hasta ahora, es que aquel regente tenía un hijo, Rudolfo, que como buen descendiente de sangre azul, estaba destinado a recibir el reino, como derecho de nacimiento.

Los tres primeros números de la serie se basan en esa premisa, en el constante hostigamiento de las fuerzas de la Resistencia hacia el reinado de Muerte, comandadas por un Rudolfo, que nunca podemos decir que sea el “bueno” de la función, puesto que no es más que otro señor dictatorial dispuesto a todo con tal de conseguir su objetivo. La providencia quiere que una creación del propio Victor, el Hombre Muerte, sea utilizada por el misterioso Sin Rostro para seguir la senda del príncipe destronado, en cuanto al acecho de Latveria. Doom sufre en esa posición pasiva, defendiéndose de los diversos atacantes. Porque si no es Rudolfo o el tal Sin Rostro, pues serán otros supervillanos, Cráneo Rojo y sus Exiliados, que tratan de conquistar Latveria para convertirla en la base del próximo Cuarto Reich. Todo muy frenético, hasta que el Doctor decide que ya basta. Toma las riendas de la situación y opta por invadir Wakanda, en busca del preciado vibranium, lo que va a dar lugar a una lucha regia entre Doom y Pantera Negra. Estos mimbres, la rivalidad entre Black Panther y Herr Doktor, será ampliada con el paso de los años, llegando a su culmen con la llamada Doomwar, una mini serie publicada en 2010…pero dejemos cuestiones accesorias de lado. El enfrentamiento entre los dos monarcas va a ser sin cuartel y las capacidades de ambos, y la honorabilidad de cada uno, se verá puesta en tela de juicio cuando llegue el momento.

Rudolfo y la Resistencia

El frenesí que se intuye en mi relato se basa en el que, en muy pocas páginas, ocurren muchas cosas, algunas buenas y otras no tanto. Pero nada se puede comparar con lo que se movía en los despachos, en los mismos instantes en que se publicaba la serie. Recordamos que empezaron Thomas y Wood, aunque Roy abandona tras concluir el #2. ¿Desavenencias? No, apagar fuegos. Lee y Kirby se estaban haciendo cargo del otro segmento de Astonishig Tales, el referente a Ka-Zar. Pero Jack decidió salir hacia DC por el ninguneo que sentía hacia su persona. Eso propició que Stan se enfadase, sobremanera, y no quisiese guionizar lo ya pactado, papeleta que pasó a Roy Thomas. Larry Lieber, que ya había co-escrito al personaje en Marvel Super-Heroes#20, se puso a dialogar al Doctor, mientras que Wally seguía de autor completo encubierto. El editor jefe llevaba desde el principio con la mosca tras la oreja (quién sabe si la salida de Kirby lo desestabilizó del todo) con respecto a Wood. El trabajo de Wally se movía en los límites de lo previsible, correcto pero sin llegar a despegar. A Lee le parecía que la aportación del dibujante no era enteramente suya, que utilizaba ayudantes, algo que no iba a consentir dado que era el artista que mejor tarifas recibía por parte de Marvel. La solución de Lee fue enviar a Thomas, a cara descubierta, para que deshiciera el entuerto. Wally Wood se enfadó, y mucho; no iba a permitir que se pusiera en solfa su profesionalidad, por lo que decidió abandonar el proyecto. Con la sombra de la duda, pues nunca contestó si era cierto o falso, dejamos la autoría de Wood en estos cuatro números de Astonishing. George Tuska sería el sustituto asignado; viniendo de una gran etapa en Iron Man, hizo equipo con Larry Lieber durante un par de ejemplares (en el #5 y el #6), antes del siguiente cambio. Gerry Conway, un jovencísimo guionista recién instalado en la compañía, y el maestro Gene Colan cierran el periplo de Muerte, con la segunda parte de la lucha con T’Challa (el #7) y el magnífico #8, del que vamos a hablar algo más largo y tendido.

T’Challa se las tuvo que ver con Muerte

Conway sigue el esquema del aquel Annual#2, con Boris reclamando al monarca para asuntos íntimos. Solo que Colan lo enmarca en un ambiente más lúgubre, como el gran genio de las sombras que era. Doom tiene una cita con los demonios, pues ansía el retorno del alma de su madre, maldita por el uso de la hechicería. Ese envite supone un desgaste para Muerte, pues no es fácil derrotar a las fuerzas del averno, por lo que su destino se halla escrito. Pero Doom no se amilana, ya que cada año volverá a proponérselo; aunque fracase, siempre volverá para intentarlo. Es evidente que nos encontramos ante el Muerte más humano de todo el serial, en el que, por cierto, se mostraba tan altivo e insoportable como siempre. Por tanto, este #8USA se puede considerar como la piedra de toque para dotar de una compleja nobleza a un personaje villanesco como nuestro protagonista. Esa lucha romántica, condenada a ser fallida, una y otra vez, nos hace ver a un Victor distinto y sin duda, con el tiempo, los guionistas tomaron buena nota de esta historia (el mismo Roger Stern la reconoce como su inspiración básica para la Graphic Novel de Triunfo y Tormento).

Desgraciadamente, pese al buen sabor de boca de esta trama, se notaba que la cuestión del villano no estaba funcionando. Ka-Zar se quedaría con Astonishing Tales, al completo, a partir del #9. Pero el hito está ahí, entre 1970 y 1971 hubo una colección protagonizada por un malvado marca Marvel, con un alto nivel gráfico (Wood, Tuska, Colan) y un aceptable nivel de guion, donde veíamos unas tramas simples pero adictivas (exceptuando alguna cosa ridícula como el buen Victor veraneando en la Riviera francesa, que es para echarse a llorar). No cambió el mundo del cómic para los restos, ni provocó una alteración en el Comics Code, pero abrió la mente a muchos profesionales, dejando abierta la puerta a que otros antagonistas consiguieran su propio espacio para brillar. En la misma Casa de las Ideas, no tardaría en llegar Super Villain Team-Up, con protagonismo del Doctor en persona, pero eso es ya otra historia.

Último número con Doom, cuya presencia es ya testimonial en la portada

Los Libros de Muerte. Relatos de orígenes

Ed Brubaker era uno de los escritores clave en el Bullpen de inicios del siglo XXI. Después de una temporada atado a Vertigo y a DC Comics, el joven guionista decidió probar suerte en la gran rival, Marvel Comics, y una de sus primeras asignaciones fue el Capitán América. Escritor muy inspirado por el noir y el pulp, Brubaker rápidamente captó el interés de los editores y del público; se notaba que había talento. Así, en el periodo que va de 2005 a 2006, asentó su posición en la Casa de las Ideas, desarrollando al susodicho Capitán, heredando Daredevil tras una exitosa etapa de Brian Michael Bendis o haciéndose cargo de un proyecto muy especial, Books of Doom, una mini serie de seis números donde el guionista debía actualizar el origen del villano para las nuevas generaciones. Algo así como coger el Annual#2 de Lee y Kirby, y sacar algo más de chicha para rellenar los ejemplares correspondientes. Si lo consiguió o no es parte de nuestro próximo razonamiento.

La mini serie está estructurada en torno a algo tan moderno como la entrevista. Hasta Latveria ha llegado una periodista para indagar sobre Doom y éste se presta al juego. Pero no solo tenemos la larga diatriba del Doctor, recordando hasta el más nimio detalle de su infancia, sino también las palabras de la gente de su entorno, lo que ayuda al lector al otorgarle un contexto más cercano. Así, podemos poner voz y cara a muchos integrantes del clan gitano que fueron parte de su vida (Boris, el más importante de ellos) o a Daniel Kurtz, aquel colaborador en la Universidad State que le ayudó con el fatídico experimento que se fue al garete. Pero ante todo esta Doom y su familia. Cynthia, la madre maldita, echada a perder por jugar con fuerzas que no podía controlar; Werner, el bondadoso padre, que trata de aleccionar a su hijo en base a su oficio, ser un sanador; o Valeria, el gran amor, su debilidad y a la vez su grandeza. Todo está colocado de tal forma que podamos entender mejor al Dr.Muerte.

Porque la historia la sabemos de memoria. Brubaker juega con el aparato básico que conocemos, es decir, el Fantastic Four Annual#2 y el Astonishing Tales#8, solo que lo amplía y lo actualiza. La realidad es que el grueso de la historia proviene de ahí. No vamos a repetir todo el periplo, desde su desdichada infancia, pasando por su viaje a EEUU, hasta llegar al remoto Tíbet, donde se hizo con su pesada armadura. Cualquiera con un mínimo de conocimientos puede estar apercibido de ese recorrido vital. Aunque hay que decir que expande cuestiones y añade matices, como por ejemplo, introducir el componente militar entre los valedores de Muerte en EEUU, el típico conflicto entre bloques, planteado en el interludio que va entre su salida de América y el viaje al Himalaya, periodo que aprovechó para instalarse en Europa, o un cierto componente mesiánico referente a la orden de monjes que habitan en esa inhóspita región. Lo importante para el guionista es llegar al alma de Víctor, siguiéndole por infructuosos caminos, ahondando en relaciones tan complejas como las que tiene con el legado de su madre o con Valeria. Los diálogos que incluye el guionista, los recuadros de apoyo, están llenos de altivez pero de vez en cuando asoma la humanidad, partes de alguien que una vez tuvo sueños y anhelos, pero que la vida le ha llevado por vericuetos muy complejos. Y por supuesto, como gran amante del pulp, Bru nos obsequia con un giro final de esos de quedarse con la boca abierta. Muy inteligente.

El aspecto gráfico goza de la misma cohesión que el apartado literario, puesto que tenemos un equipo artístico bastante estable. A los lápices nos encontramos con el argentino Pablo Raimondi, un artista que se prodigó por la Casa de las Ideas a principios de siglo pero que últimamente parece centrado en proyectos propios (Sacred Creatures). Comenzó de manera arrebatadora, desplegando su saber hacer, en la mini para Marvel Knights titulada Madrox, a cargo de Peter David, con quien también colaboró en el subsiguiente X-Factor. Entremedias, Tom Brevoort, editor de los “Libros de Muerte”, lo reclutó para el proyecto. Lo cierto es que es un dibujante de grandes hechuras, con una narrativa eficaz y un esmerado trato de la figura humana. En muchos momentos, su acabado en esta serie nos recuerda a Alan Davis. Quizás, mucho tenga que ver el entintador escogido, Mark Farmer, habitual colaborador de Davis. Las líneas de Farmer son impecables, otorgando una finalización al producto de primer nivel. También hay que decir que Mark no pudo cubrir la obra completa, los plazos de entrega son así de esquivos. Para los dos últimos episodios tuvo que entrar en acción Andrew Hennessy (y en el #5 cuenta con la ayuda de Robin Riggs) para tratar de que el cómic no sufriera retrasos. Al color tenemos a Brian Reber, que procuró que hubiera las suficientes tonalidades asociadas a Doom (el verde oliva, reflejos metálicos, etc.) en cada viñeta y un tratamiento de claro-oscuros, en consonancia con el perfil del personaje. Todo este cóctel ganador se complementa con las brillantes portadas de Paolo Rivera, para cada uno de los seis números. Simplemente, fantásticas.

Nos encontramos ante un gran trabajo por parte de Ed Brubaker, en aras de ordenar todo lo sabido respecto al Doctor. Utilizando métodos narrativos modernos pero con un innegable anclaje en la continuidad. Esto nos deja una obra especialmente indicada para aquellos desconocedores de la historia básica de Doom, pero que también van a disfrutar veteranos más curtidos en su vida y milagros, como repaso efectivo y ampliado de la misma. Y es que el origen de un villano como este siempre es un elemento llamativo. Solo recordar que hubo, en el año 2011, un anuncio por parte de Marvel que tenía que ver con las historias de un joven Victor Von Doom. Indudablemente, se puede considerar consecuencia directa del buen recibimiento de estos “Libros de Muerte”. Nick Spencer y Becky Cloonan iban a ser los responsables creativos pero finalmente la serie fue cancelada, sin explicación aparente, antes de ver siquiera un número la luz. Spencer hablaba feliz en CBR de cómo había tenido esta idea por 2004 y que entonces, un par de años después, se publicaron las historias de Brubaker, por lo que asumía que nunca las vería impresas. Lo cierto es que esa premonición se cumplió de buen grado; quién sabe si alguien volverá sobre los pasos de un jovenzuelo Muerte. Solo el tiempo lo dirá.

El Muerte que no llegamos a ver

Antes de cerrar este epígrafe, vamos a hacernos eco de la inclusión en este HC de una pequeña historia de apenas once páginas, rescatada de una revista contenedor, Marvel Double Shot#2 (cuya reclamo principal eran unos Vengadores al estilo “Los Simpson”), publicada en febrero de 2003. Christopher Priest nos muestra a Doom enfrentándose de manera directa a la traición; vemos como lidia con el peligro y como de nobles o indignos pueden llegar a ser sus actos. Una trama que puede resultar breve pero nunca simple, ya que está llena de matices. Lo cierto es que Priest aplica bisturí de cirujano a la esencia Doom pero los mejores halagos se los lleva su acompañante gráfico, Paolo Rivera. El artista italiano compone unas planchas que son puro arte pictórico en movimiento; la sublimación del arte secuencial. Que mejor despedida que dejar en la retina del lector el sublime talento de Rivera. Disfruten.

El Legado del Dr. Muerte

Desde su primera aparición, Von Muerte, tenía algo especial. Su imaginería medieval, con reino construido a imagen y semejanza, su imponente castillo y su armadura tecnológica, que como muchos de sus inventos, nos dejaba a la vista un estudiada dualidad. Compañero de Reed Richards en la universidad, previo paso a que éste fuera conocido como Míster Fantástico, su nivel intelectual le sitúa a gran distancia del humano promedio. Pero no es solo su cociente, un atributo inducido por vía genética, aquello que le distingue de la mayoría del elenco villanesco, sino que es algo más intenso lo que rodea el aura de este monarca, doctor y hechicero al mismo tiempo. Y es que no tuvo mucha suerte en la vida. Nacido como Víctor Von Muerte en una modesta familia de gitanos, la pérdida temprana de la madre y una vida itinerante marcan los inicios de un niño inquieto. Su mayor referente, un padre curandero dedicado al bien de los demás, es abatido víctima de la ignominia de los poderosos. Comienza el viraje hacia zonas oscuras pues, a pesar del empeño paternal en hacer el bien, el joven Victor albergará un deseo constante de venganza hacia sus semejantes. Si añadimos el descubrimiento de la verdadera ocupación de la madre, nada menos que una bruja, ya tenemos servido y preparado el caldo de cultivo para el ansia de conocimientos del muchacho, utilizando todas las direcciones posibles, ya fueran intelectuales o mágicas.

Portada obra de Jack Kirby

La fama de Muerte en su Latveria natal fue aumentando, llegando a los fértiles territorios norteamericanos, donde un eminente rector de ciencias lo recluta para su universidad. Sería allí donde se encontraría con Reed Richards, su mayor archirrival. Descubrimos el germen de un duelo a nivel intelectual a perpetuidad; una guerra fría basada en conocimientos de dos de los personajes más inteligentes del Universo Marvel; ambos recubiertos de innegables egos, que no tardan en entrar en colisión. El carácter megalomaniaco de Victor y su deseo de ser mejor que Richards le llevará a traspasar las líneas de la ortodoxia, con experimentos prohibidos que traerán como resultado la expulsión de la universidad y una cara mancillada con la herida del fracaso. Pero Muerte no acepta la derrota. Aquello que lleva aparejado una rebaja de sus capacidades no entra dentro de su concepción. Así que, ni corto ni perezoso, pone rumbo al Tíbet, con el objetivo de localizar secretos prohibidos de magia y brujería. Parajes ignotos representan gentes ancestrales repletas de suculentos secretos. Llegaría a dominar todo ese conocimiento, se haría construir su magnífica armadura, con su máscara de hierro como sempiterno recordatorio de un doloroso traspié, y volvería a Latveria para convertirse en monarca absoluto.

¿Y que hace que un gobernante, salido de los estratos más bajos de la sociedad, amante y dedicado con su pueblo, se enrede en planes de supervillano? La marca cincelada en el rostro, representación de un gran equívoco, le recuerda su discurrir en el tiempo, con desgraciadas vicisitudes de por medio. Victor planea y planea; pronto, se abrirá camino hacia el objetivo definitivo de una vida, demostrar su valía al mundo que le rechazó. La primera parada, Reed Richards, ahora un famoso superhéroe por obra y milagro de los rayos cósmicos. Esa dialéctica entre estos dos portentos nos deja una tensión intelectual no resuelta, que se ha mantenido hasta la práctica actualidad, como bien han demostrado las últimas Secret Wars de Jonathan Hickman y Esad Ribic. Un tira y afloja que ha tenido de todo a lo largo de más de cincuenta años, resumido en un deseo de venganza revestido de una indudable pátina de nobleza entre dos contendientes que rivalizan en intelecto. Porque si alguien ha estado cerca de derrotar a los 4 Fantásticos ese ha sido el Dr. Muerte. Pero no solo han sido los Imaginautas los blancos de su ira. Ha llegado incluso a convertirse en Emperador a nivel mundial, aunque los Vengadores terminaran por frustrar sus intenciones; e incluso llegó a arrebatarle los poderes a un dios Todopoderoso (o inhumano pasado de vueltas, según a quien preguntes), entre otros hitos relevantes.

Portada obra de Larry Lieber

A pesar de su evidente deriva hacia el lado oscuro, Muerte no está exento de los convenientes trazos grises, que se suelen aplicar a los grandes personajes. Qué parece si no ese hijo entregado a una batalla perdida por toda la eternidad al tratar de recuperar el alma de su madre, año tras año, de las garras de Mefisto. Se convierte así en un trasunto de anti-héroe romántico al arriesgar su propia integridad en una cruzada que se sabe imposible. O qué decir de su amor de juventud, Valeria, ante cuyo recuerdo se muestra como un abnegado guardián, tras cometer uno de sus primeros errores con fatales consecuencias. Esa conexión con su parte romántica ha generado un extraño vínculo con uno de los descendientes de la familia Richards, la pequeña Valeria Richards (nombre impuesto por Doom en homenaje a su primer amor), cuya rocambolesca historia de gestación nos deja a un Victor unido por lazos afectivos (y mágicos) con la benjamina de la familia. No en vano, gracias al monarca de Latveria, Sue Richards pudo tener al bebé, ya que nadie más parecía estar capacitado ante los problemas surgidos al final del embarazo.

Como se puede observar, el Doctor Doom no vino a cubrir el cupo de villano al uso. Monarca capaz, científico sobresaliente y hechicero de máximo nivel…. pero sobre todo, buscador insaciable. Esa necesidad de conocimiento le lleva por tortuosos caminos pero su aparente finalidad es demostrar que Víctor Von Muerte es superior, a todos, pese a que Reed es una piedra que se cruza con demasiada facilidad en su camino. Sus recurrentes derrotas son tomadas como el paso atrás para coger impulso ante un renovado contraataque, pues las apariciones del Doctor siempre se cuentan entre las más esperadas para el aficionado. Pocos personajes consiguen impactar tanto en el imaginario colectivo como la figura metálica de nuestro Doom. Y eso lo sabía muy bien el Rey Kirby, que gustaba de dibujarle en las portadas de una manera gigantesca y amenazante. Una imagen imponente para un personaje fascinante. Y que dure. Tras las Secret Wars, Victor Von Doom se situó en el entorno de Iron Man, controlado por Brian Michael Bendis. El guionista de Cleveland decidió convertirlo en el infame Hombre de Hierro. ¿Sus motivaciones? Las de siempre…y tengan meridianamente claro que él siempre aspira a ser superior, pues Muerte está destinado a la grandeza.

Portada obra de Joe Jusko

El relato comenzó en Fantastic Four#5, en 1962, y gran parte de su esencia la tenemos recogida en este tomo, con las calidades habituales (materiales restaurados, papel de calidad, artículos introductorios y tapa dura), no solo en tanto en cuanto a sus orígenes, sino también en lo que se refiere a sus genuinas aventuras individuales, por lo que es un buen momento para acercarse a la figura de Doom, en el caso de no ser un gran experto en ella. Hay que reconocerlo, un villano de los que hacen época.

  Edición original:.Books of Doom #1-6, Fantastic Four Annual#2, Astonishing Tales #1-8 y Marvel Double Shot#2 Edición nacional/ España:.Panini Cómics Guión:.Ed Brubaker, Roy Thomas y otros Dibujo:.Pablo Raimondi, Wally Wood y otros Entintado:.V.V.A.A. Color:.V.V.A.A. Formato:. Tomo en tapa dura. Formato HC Precio:. 27,95   Ser un villano en el Universo…

Doctor Muerte. Origen

Guion (Astonishing) - 5.5
Guion (BoD) - 7
Dibujo (Astonishing) - 7
Dibujo (BoD) - 7.5
Interes - 6

6.6

Valoración Global

Una combinación de pasado y presente, algo difícil de empastar, para conocer los orígenes del Dr. Muerte, uno de los grandes villanos del Universo Marvel

Vosotros puntuáis: 4.92 ( 8 votos)

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Gran reseña nuevamente, Señor Porras!!!! No soy muy fan de las colecciones protagonizadas por villanos. Pero la verdad es que de todos los villanos del cómic el que más me fascina es Muertr. ¿Consecuencias de llegar al cómic con los 4 F de Byrne? Es posible, pero recuerdo buenas historias con el doctor fuera de esa etapa. Desde los inicios con Lee y Kirby como comentas hasta las Secret Wars en las que den convierte en el amo d la función. Pero también la has mencionado. Recuerdo también que le roba los poderes en cierto momento a Estela Plateada con Lee y Kirby. Y con agrado recuerdo en la etapa Byrne como les introduce la mente a los 4 fantásticos en unos robots haciéndoles vivir en un pueblecito y sin poderes.
Un villano muy bien construido y temible para cualquiera, si hasta la máscara en solitario es capaz de ponerles en apuro a la primera familia.