Emperador Muerte

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Muerte es uno de los vilanos capitales de la editorial Marvel. Lo hemos visto tantas veces, amenazante, sibilino, dispuesto a todo por lograr su objetivo, que pudiera ser que nos cogiera por sorpresa observar que, efectivamente, el buen Doctor ha logrado satisfacer su gran ambición de conquistar el mundo. Ese es el plot principal que nuestro autor, David Michelinie, puso sobre la mesa para lanzar “Emperador Muerte”, como parte de la iniciativa que impulsó Jim Shooter acerca del formato de Novela Gráfica durante su mandato. El editor jefe trató de diversificar el mercado con renovadas formas de publicación, por lo que trazó un ambicioso plan para instaurar lo que se denominó las Marvel Graphic Novels, una línea de obras autoconclusivas, publicadas en un tamaño mayor al habitual comic-book y con una calidad detallista en sus acabados. Así pues, y dado que Emperor Doom es nuestra elegida para celebrar el #DavidMichelinieDay, vamos a determinar que supuso esta nueva forma de publicación en la editorial, para luego pasar a echar un vistazo a la obra en sí.

Marvel Graphic Novel. Una historia

Simple y muy básica, sin necesidad de pararnos en cada hito, pero si vamos a hablar de las MGN, nos parece necesario un poco de contexto. Por supuesto, vamos a obviar debates peregrinos que cada vez más nos asolan, asumiendo una especie de mayoría de edad en cuanto se habla de la Novela Gráfica con respecto al cómic, al tebeo de toda la vida. Esas, de forma clara y notoria, son visiones reduccionistas, amparadas en un cierto complejo, que además apelan a un rancio elitismo intelectual. Para más inri, la gran mayoría de veces confunden contenido y continente. Por lo tanto, ni caso. La tendencia a apelar al concepto de Novela Gráfica viene determinada por la forma de publicación de cada uno de los grandes mercados del noveno arte. Para simplificar, los tres lugares prominentes a los que nos referimos serían el japonés, el franco-belga y el americano. Al principio de los tiempos, era habitual la existencia de un formato barato, revistas en su mayoría, donde se aglutinaban todas esas historietas, pero con el paso del tiempo cada una ha optado por darle preeminencia a uno en particular: Tankobon en el manga (aunque las revistas siguen siendo un fenómeno), el álbum en el europeo y el comic-book en el yankee. Nos vamos a centrar en este último, motivo final de estas líneas.

La viñeta norteamericana tiene un desarrollo importante a inicios del S.XX. Su formato básico de difusión es la strip, la tira de prensa. Por tanto, era un arte muy atado a los periódicos. Cuando autores y editores se dieron cuenta de que la tira se quedaba corta para lo que en muchas ocasiones pretendían narrar, se optó por crear el comic-book a mediados de los años 30. La strip no desapareció (ni lo hará en un futuro cercano, pues sigue siendo habitual), pero el espectro se diversificó. Lo cierto es que el invento comenzó por razones puramente logísticas; alguna mente avispada se dio cuenta de que se podían agrupar varias tiras en cuadernillos de manera horizontal. Pero pronto surgió toda una industria alrededor de aquellos comic-books, con material nuevo, creado para la ocasión, sobre todo cuando se probó su solvencia económica al venderse en los numerosos puntos de venta de la nación (quioscos, supermercados, farmacias, gasolineras, etc.). El formato se convirtió en habitual en los años 40, 50 y 60.

Blackmark, un proyecto arriesgado de Gil Kane y Archie Goodwin

Los setenta vinieron con ganas de innovar. El comic-book reinaba triunfante pero en las majors que dominaban el mercado, Marvel y DC, tantearon de forma directa el formato magazine. De hecho, autores tan importantes como Jack Kirby, a inicios de la década, veían como improbable la supervivencia del medio si no se evolucionaba, tanto a nivel de historias como de formatos. En el ambiente se percibían las intenciones de creadores que buscaban superar viejo anclajes, muchos de ellos imbricados en el llamado cómic underground (Robert Crumb, Harvey Kurtzman, etc.). Otro dato relevante es que en estos días la tienda especializada se fue convirtiendo en un lugar cada vez más usual para el lector de tebeos. El quiosco fue dejando adeptos en pos de la tienda y esta demandaba productos especiales para ella. Recopilaciones de cómics para venderse en librerías (el caso de la revista MAD es paradigmático) ya se habían dado en el pasado. El propio Kurtzman había creado uno específico, en 1959, llamado Jungle Book; Gil Kane y Archie Goddwin se arriesgaron con Blackmark (1971), una suerte de libro ilustrado, pero eran la excepción, no la norma. Aun así, los años finales de la década fueron llenando las tiendas de este tipo de productos (Katz o Cerebus fueron recopilados en libros de alta tirada), aunque Marvel y DC todavía eran ajenas a estos movimientos.

El año 1978 es el momento clave de nuestra narración. Es el año en que se va a acuñar el término “Graphic Novel”, básicamente gracias a dos obras muy particulares. La primera de ellas es “Sabre: Slow Fade of an Endangered Species”. Este era un proyecto tremendamente personal del guionista Don McGregor, que decidió publicar fuera de su antigua compañía, Marvel Comics, cabreado con el establishment que dirigía la Casa de las Ideas. Consiguió interesar a una estrella del momento, el dibujante Paul Gulacy, y que un aficionado a los cómics de toda la vida se liara la manta a la cabeza y fundara una nueva editorial, Eclipse Comics, para poder darle salida. La idea de todos los implicados es que se tratara de una historia completa, publicada a la manera europea, con papel de mayor calidad y precio mucho más elevado que un comic-book al uso. El desarrollo de la trama sería algo más adulto, con la inclusión de sexo y violencia sin pudor, fuera, por tanto, del influjo del Comics Code. Colocar a un personaje desconocido y con esas bases era todo un riesgo; el arrojo de sus creadores dio sus frutos, debido a que se convirtió en el primer producto pensado de manera exclusiva para la librería especializada. Sabre obtendría su continuación en el futuro, y ha quedado para la historia como la primera “Comic Novel” original que se publicó en EEUU, con total crédito, intelectual y monetario, para los autores.

Sabre, de McGregor y Gulacy

Apenas unos meses después sale a la luz pública “A Contract with God” (Contrato con Dios, en nuestro país) de Will Eisner. Una trama que afectaba de manera directa al autor, acerca de cuestiones religiosas, pues toda esta creación surge de los demonios internos de un judío practicante que perdió a su hija a la tierna edad de dieciséis años. El creador de Spirit puso en ella toda su rabia, su frustración, ante un hecho tan dramático, pero a la vez se permitió incluir un debate de tipo teológico en sus páginas. Eisner no quería publicar esta obra más que de una manera autónoma, por lo que decidió reunirlo en un volumen y acuñar el concepto de “Novela Gráfica”. De ahí que se le considere el autor material de la idea, el creador, pese a que ya hubiera intentos anteriores (Blackmark o Sabre, que tuvo el infortunio de que “Comic Novel” no gustase al respetable). A partir de este momento, la producción de este renovado formato fue algo habitual en el mercado americano.

Eisner y el Contrato con Dios

El año 1978 también representa el primer intento de Marvel Comics de subirse al carro de la modernidad. Jim Shooter autoriza la publicación de The Silver Surfer como obra unitaria, autoconlusiva, con materiales de primera y pensado para el circuito de las librerías, en exclusiva. Producida por Stan Lee y Jack Kirby, creadores originales del personaje, la Novela Gráfica fue un proyecto más que rentable, por lo que Big Jim pensó en el formato como una oportunidad a largo plazo. El editor requirió a todos los integrantes del Bullpen por una sencilla razón, que le plantearan posibles historias que se publicarían a la manera que se había hecho con el Silver Surfer.

Estamos a finales de los años setenta pero el proyecto no se concretó hasta 1981, fecha en la que se tiene completa y finiquitada la primera Marvel Graphic Novel. Todo nuestro razonamiento, hasta ahora, ha sido seguir la línea cronológica que dio pie a Shooter a proponer un nuevo formato de publicación, con unas buscadas características a la “europea”: mayor tamaño y paginación (ergo, también precio), historias autoconclusivas, encuadernadas en un formato álbum y con las librerías especializadas como principal destino. Jim Shooter tomó notas de un movimiento que se percibía en los ambientes editoriales (Blackmark, Sabre, Contrato con Dios…) y tuvo la intención de trasladarlo a Marvel. Unas obras con un aire más sofisticado que el comic-book al uso. La primera de todas ellas, “La Muerte del Capitán Marvel” de Jim Starlin, tiene como fecha oficial de portada 1982. Este fue el comienzo de un largo recorrido, que sobreviviría, incluso, al mandato del editor jefe.

Como hemos indicado, las MGN fueron algo habitual en el panorama de la Casa de las Ideas. Se publicaron desde el año 82 hasta 1988, con la obra firmada por Ann Nocenti y Bret Blevins, titulada The Inhumans, como la postrera de la lista. Treinta y nueve “novelas gráficas” (las primeras veinte vienen numeradas; después, se dejó de lado esa costumbre), con todo tipo de personajes, tanto de creación propia como iconos de sobra conocidos por el aficionado, se batieron el cobre en el panorama editorial durante casi toda una década, pero en un momento dado, se decidió abandonar el formato. Evidentemente, no caló de la manera necesaria, ya no solo para desbancar al formato cómic, algo del todo improbable, sino que ni siquiera para ser un fiel escudero del mismo. El concepto se olvidó de forma continuada hasta bien entrado el S.XXI, cuando Axel Alonso, editor jefe hasta el año pasado, trató de impulsarlas de nuevo. En 2013 se anuncia las Original Graphic Novels, marca continuista de la ideada por Shooter. Desde entonces, a cuentagotas, nos ha ido llegando alguna que otra; la última, el regreso de Rob Liefeld al personaje de Masacre, titulada Bad Blood…. Y se espera para este 2018 una continuación. Pero, desgraciadamente, se trata de movimientos aislados y no se percibe una apuesta fuerte tal y como se presentía en las palabras de presentación de las OGN por parte de Alonso (mucho más ahora, que ha desaparecido de la circulación).

Y por fin, llegamos a nuestra obra reseñada, Emperor Doom. Forma parte de la iniciativa organizada por Shooter (de manera cronológica, se trataría de la vigesimoséptima). Guionizada por David Michelinie y dibujada por Bob Hall (con algo de ayuda de Keith Williams), teníamos una premisa potente, la conquista del mundo por parte del Doctor Muerte, y como los Vengadores (lo que queda en pie de la formación) deciden actuar en consecuencia. Ese es nuestro paso siguiente, el análisis de la MGN en sí.

Emperador Muerte

 

Edición original:.Marvel Graphic Novel. Emperor Doom
Edición nacional/ España:.Panini Cómics
Guión:.David Michelinie
Dibujo:.Bob Hall
Entintado:.Bob Hall y Keith Williams
Formato:. Tomo en tapa dura
Precio:.

9,95 euros

 

Ya hemos visto la importancia de las MGN dentro de la estructura editorial de los años 80. Sin duda, su salida al mercado era motivo de relevancia. Emperor Doom data de 1987, una fecha en la que el fenómeno era ya habitual para el lector Marvel. Esta obra surgió de una tormenta de ideas entre tres importantes elementos que transitaban por el Bullpen, Jim Shooter, Mark Gruenwald y David Michelinie. Los dos primeros, pesos capitales en el organigrama. Shooter, mandamás editorial, mientras que Gruenwald era el editor de una de las cabeceras con más relevancia para el aficionado, The Avengers. Ambos habían tratado el tema de la consecución del poder total, ya fuera como escritores o como editores. Big Jim nos había dejado en las Secret Wars la odisea de un Víctor von Muerte que casi consigue ser el ente más poderoso del universo conocido. Gruenwald lo había analizado a pequeña escala, en su maxi serie de Escuadrón Supremo, donde este supergrupo se hacía cargo del poder político, no solo de EEUU, sino de todo el planeta Tierra. Las ramificaciones y consecuencias se tornaban impredecibles. También había editado el ciclo en que la Visión se apropiaba del control del armamento nuclear, que vimos en los Vengadores de Stern, con un sintezoide convencido de que era lo mejor para el mundo. En esta tesitura, Shooter y Gruenwald se reúnen con David Michelinie para exponer los detalles de una futurible trama para alguna MGN: ¿qué pasaría si algún villano fuese capaz de controlar todo el mundo? ¿Cómo actuarían los Vengadores?

David Michelinie ya era un reputado guionista en aquellos días. Fue uno de los artífices de la notoriedad de la cabecera de Iron Man, a finales de los setenta, introduciendo de una manera revolucionaria el problema de alcoholismo de Tony Stark. Junto a Bob Layton, nos dejó una etapa dorada con el bueno de Tony (en realidad, dos periodos notables: de 1978 a 1982, sus primeros pasos, y de 1987 a 1989, fecha de su segunda andadura). En esos momentos, supo plantear unas tramas donde el villano de la función era el malvado Dr. Doom, por lo que el personaje no lo era nada extraño. De 1978 a 1982 fue en encargado de dirigir los destinos de los Vengadores, los Héroes más poderosos de la Tierra. Tampoco era ajeno al supergrupo Marvel por antonomasia. En ese mismo 1987, David pasaría a escribir al personaje franquicia de la editorial, Spiderman, por lo que estaba claro que se le tenía por uno de los autores más competentes de la compañía.

En el aspecto gráfico contamos con el trabajo como autor completo (lápiz y tintas) de Bob Hall, un dibujante que había desembarcado en la Casa de las Ideas a finales de los setenta y que no le faltó trabajo durante la era Shooter (de hecho, fue de los primeros en acudir cuando el antiguo editor jefe fundó Valiant a mediados de los noventa). No se puede negar que es un artista surgido de la escuela John Buscema, con un trazo preciso y detallista, por lo que la solvencia gráfica quedaba asegurada. Contaría con una pequeña ayuda de Keith Williams para finalizar la obra, al que se acredita sobre todo en el acabado de fondos.

Con el equipo creativo ensamblado, ya podíamos concretar algunos detalles más. Un villano amenazante, nadie mejor que Víctor Von Muerte; un malvado de clase A, en lo que a posibles antagonistas se refiere. Además, megalómano y tendente a querer dominar el mundo, tal y como actúa en su pequeño reino de Latveria. Perfecto para el papel. Los héroes del drama serían nada más y nada menos que los Vengadores. Se da la curiosa circunstancia de que hacía poco tiempo que había echado a andar la segunda cabecera vengativa, West Coast Avengers (o Los Nuevos Vengadores, como los conocimos la Generación Forum). En esta MGN tendríamos la reunión de los dos equipos, el oficial y el de la Costa Oeste, lo que en términos de aceptación para los aficionados era todo un plus. La práctica totalidad de los Avengers reunidos en una sola obra.

Namor y Muerte, dos viejos aliados

Ya hemos comentado que Shooter y Gruenwald habían puesto un posible escenario sobre el tapete, pero sería Michelinie el encargado final de llevarlo a término. La historia, más o menos, ha quedado esbozada: el Doctor Muerte tiene un plan definitivo para hacerse con el control del mundo. David, conocedor de la continuidad, recuerda las viejas alianzas del monarca de Latveria con otro soberano, Namor, el Príncipe Submarino (de su etapa en Super Villain Team-Up). Doom llevaba largo tiempo intentándolo (incontables veces en los 4F o en las ya citadas Secret Wars) pero ahora tenía la herramienta necesaria. Una que tenía nombre y apellidos, Zedebiah Killgrave, más conocido como el Hombre Púrpura. Este era un villano clásico de Daredevil al que Frank Miller consiguió sacarle algo de lustre en estos mismos años ochenta, en una aventura publicada con motivo del cuarto Anual de Marvel Team-Up. Los autores supieron ver su potencial y lo convirtieron en herramienta para el bueno de Muerte. Nadie pudo escapar al influjo de Killgrave, ni siquiera los mejores héroes del mundo, ni siquiera los Vengadores. Incluso, Namor y Doom tuvieron el cuidado de ocuparse de agentes robóticos (Ultrón, Hombre Máquina, Visión) inmunes a las capacidades del Hombre Púrpura. Como decimos, todos, excepto uno, Wonder Man, que se hallaba en un tanque de animación suspendida. A su vuelta al mundo real, se va a encontrar con un panorama difícil de creer. Simon Williams pasa a convertirse en el héroe de la función, sin comerlo ni beberlo. Suyos son los focos para un personaje que solía ser un simple secundario.

Esta MGN nos vuelve a dejar una imagen que ya se tornaba habitual en esos días. Muerte como un villano rodeado de una cierta pátina de nobleza. Es cierto que desde la creación del personaje, por parte de Stan Lee y Jack Kirby, se notaba que no era un malo al estilo estándar. El uso de los creadores, y también de sus continuadores, le fue dotando de capas y de un extraño código propio que no le permitía vencer nada más que en las situaciones en que se demostraba que era mejor que los héroes. Lo habíamos visto de forma evidente en las páginas de Fantastic Four o de Astonishing Tales, cabecera donde discurrían sus primeras aventuras individuales. En una de ellas, Gerry Conway nos mostraba a un hijo empeñado en recuperar el alma de su madre. Todo entrega y nobleza. Apenas unos años antes a este Emperador Muerte, Shooter lo trataba con una gran dignidad en Secret Wars; y a finales de la década, igualmente lo haría el equipo formado por Stern y Mignola con Triunfo y Tormento (sabemos que esa trama es muy anterior a su publicación, por lo queda enclavada en esta corriente). Michelinie nos presenta un Doom frío y calculador, por momentos bastante violento, pero para nada entregado a la furia y a la venganza. Su objetivo es ser mejor, y para ello invierte su tiempo en arreglar múltiples problemas que adolecen al mundo.

El problema para los Vengadores, cuando se aperciben de la situación, es saber hacer lo correcto. Si algo destaca en esta trama es que trata de alejarse de la típica narrativa superheroica, dándole una pequeña capa de grises. Hay un debate que subyace en sus líneas argumentales, la tan traída y llevada disyuntiva entre seguridad o capacidad de elección. Lo cierto es que hubiera sido deseable algo más de atención a esa parte, pero el guion tiende a enfatizar los momentos de acción, para el lucimiento de Bob Hall. El artista hace un trabajo más que correcto, aunque hay que decir que apenas sale de la zona de confort del género. Exceptuando alguna que otra composición llamativa, la MGN luce como cualquier cómic al uso, lo habitual de la época.

Simon Williams, solo ante el peligro

Tampoco es que la trama tuviera el impacto necesario en el Universo Marvel ante la magnitud del acontecimiento. El mundo ha cambiado de forma radical, moldeado a la manera de Muerte, y nadie parece hacer mención a la malograda ocasión. Ni los héroes, ni el propio villano, algo que le hubiera servido de experiencia para el futuro. Pero la verdad es que nada de nada. No se hace mención en otra colección, no se habla de ello en boca de otros personajes. Por tanto, ha quedado como una historia recluida en su propia burbuja, una especie de What If? sin ser mencionado como tal, lo que resta y mucho su interés.

Esta obra fue publicada por Panini Cómics en el año 2013, dentro de la línea homónima de la editorial. Sesenta y cuatro páginas respetando el modelo original americano, solo que cambiando la tapa dura, más propia del mercado europeo, por la habitual blanda de las MGN yankees de los ochenta. Un acabado de calidad, con una reproducción impecable, a partir de materiales restaurados. Con sus aciertos y errores, la editorial italiana tiene un historial de buen hacer con los derechos Marvel, por lo que al formato poca queja se le puede poner.

En definitiva, nos encontramos con una lectura amena, entretenida, bien dibujada y que nos deja un cierto poso de reflexión. También es necesario apuntar que, cuando planteas una línea de debate, se espera algo más de extensión y este Emperador Muerte se queda claramente corto a ese respecto. Por tanto, visto con ojos actuales, a muchos lectores les puede parecer un quiero y no puedo de manual, una visión a medio camino entre la dinámica clásica entre superhéroes y antagonistas, y la pretendida especulación sobre el uso del poder que sus autores le presuponían. Y ahí es donde radica su mayor problema, el navegar entre dos aguas y no definirse de forma nítida. Haberse centrado o en un blockbuster palomitero o en una obra con un mayor poso reflexivo, enfocado quizás en los quehaceres del Dr. Muerte en su papel de líder supremo. No ocurre así, lo que nos deja el habitual cómic Marvel con algún tema a reflexionar.

Como despedida y cierre, qué mejor que parafrasear al Capi para entender las intenciones últimas de los autores: “el mundo no es perfecto… pero la gente es libre para tomar sus propias decisiones… y así es como debería ser”.

Bonus Track. Michelinie y las MGN

Puede parecer que Emperor Doom es la primera vez que David Michelinie se ponía al frente de una Novela Gráfica marca Marvel, pero no. Existen dos experiencias previas, de las que dejamos constancia, solo por curiosidad. La primera de ellas se fecha en 1985 y se titula The Aladdin Effect. Es un curioso experimento, del que también está detrás Jim Shooter, como co-argumentista, pues éste le propuso al escritor un mundo realista donde una pequeña apasionada de los superhéroes se vería inmersa en asombrosas peripecias. La pequeña Holly vive en un pueblo de Wyoming, en un ambiente no muy excitante y cuyo único escape son los tebeos de supers. Sus ídolos, algunas de las féminas Marvel por antonomasia (Hulka, la Avispa, Tigra y Tormenta). La separación entre realidad y fantasía pronto va a difuminar sus líneas, permitiendo la entrada de los personajes que Holly tanto ama. Sin duda, la intención inicial era positiva, un cómic donde las principales protagonistas son todas mujeres. Pero claro, el trazo grueso no tarda en hacer aparición, con innecesarios desnudos de las heroínas o incluso, un intento de violación hacia la Avispa (otra intentona de violación de superhéroe Jim; otro The Hulk!). El arte de Greg LaRocque, a los lápices, y Vince Coletta, a las tintas, luce impecable, pero la historia se hace algo irrisoria y carente de sentido. Una MGN con una buena intención pero mal trasladada al papel.

Más interesante es el siguiente proyecto, The Revenge of the Living Monolith, con fecha de portada 1985, al igual que la anterior. El Monolito Viviente era un personaje de gran poder surgido en las páginas de X-Men (primero como el Faraón Viviente). Una persona normal y corriente que descubre un día que es un mutante, contactando con una larga tradición que lo une con el Antiguo Egipto, capaz de manipular energías cósmicas. Desde su primera aparición en X-Men#69, ha sido un malvado recurrente para la formación, siendo su feudo más recordado el que se dio durante la época conjunta de Roy Thomas y Neal Adams. En realidad, la MGN no se pensó en base a este mutante. Básicamente, y así consta en el prólogo de la edición americana, Jim Owsley (actualmente, Christopher Priest) tenía una idea acerca de un gran monstruo gigante arrasando Nueva York, una especie de homenaje a los films con monstruos que proliferaron los años cincuenta.

Michelinie recoge ese concepto y lo presenta a Shooter como parte de un plot para una Novela Gráfica. Ahora, exclusivamente en solitario, David elige al Monolito Viviente como el monstruo, un mutante con un gran registro de poder. Ante tamaña amenaza, muchos héroes aparecen por sus páginas: Vengadores (Capitán América y Thor), 4 Fantásticos y Spider-Man se las verán con el gigantesco malvado. Todo en aras de salvar una ciudad que se ve sojuzgada por un peligro muy real. El apartado gráfico se lo debemos a un primerizo Marc Silvestri (alejado del pozo del “noventerismo”, afortunadamente todavía lejano), entintado por Geof Isherwood, y no se puede más que alabar el acabado de las viñetas. El cómic entra por los ojos a la manera de una gran producción superheroica, espectacular y contundente. El argumento es simple y efectivo, permitiendo conjugar tratamiento de personajes con la acción desenfrenada. Desde luego, es un proyecto más satisfactorio que el anterior Aladdin Effect.

Estas dos MGN no tienen edición en curso en nuestro país. Recientemente, Panini ha hecho públicas sus intenciones de recuperar (aquellas libres de derechos alternativos) muchas de estas producciones tan características de la era Shooter. Quién sabe si alguna de estas dos Novelas Gráficas se encuentra en los planes de la editorial italiana para el futuro. Nosotros, con motivo de este día tan especial, dejamos cumplida nota de su existencia, para conocimiento del respetable.

Muerte es uno de los vilanos capitales de la editorial Marvel. Lo hemos visto tantas veces, amenazante, sibilino, dispuesto a todo por lograr su objetivo, que pudiera ser que nos cogiera por sorpresa observar que, efectivamente, el buen Doctor ha logrado satisfacer su gran ambición de conquistar el mundo. Ese…

Emperador Muerte

Guion - 6
Dibujo - 6.5
Interés - 4.5

5.7

Valoración Global

Una MGN con un trasfondo que suena interesante pero cuyo desarrollo no llega a lo esperado

Vosotros puntuáis: 7.18 ( 7 votos)

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Dynamo
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Dynamo

Siempre es un gusto leer estos artículos, enhorabuena. En principio creo que no llegue en su día a leer esta novela en la época de Forum en España. Pese a conocer de la premisa y resultar esta interesante. Lo que me extraña es recordad tan bien esa viñeta que enlazas con el Capi y Simon Williams.
Aunque si con alguna de estas “novelas gráficas” tengo la necesidad de leer para ser consecuente con la historia de Marvel es con La muerte del Capitán Marvel.

Mimico
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Excelente artículo e interesante repaso a las MGN, sr. Porras. Por lo que cuenta es mucho más disfrutable la de Dr. Extraño & Dr. Muerte: Triunfo y Tormento… 😉

Que maravilla de portada de Silvestri en RotLM, por cierto.

Imparcial Enmascarado
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Imparcial Enmascarado

Muy de acuerdo con Mímico: Arturo, vale bastante más tu artículo, con la habitual presentación-introducción (que en realidad es mucho más que una introducción) y toda la puesta en contexto, que el cómic que se reseña.

La verdad es que las Marvel Graphic Novel fueron una apuesta ambiciosa pero se desinflaron pronto. Justo fueron a aparecer en los inicios de una época donde, gracias a autores como Miller o Moore, pronto se iban a encontrar historias más modernas y experimentales en los propios comic-books mensuales de 22 páginas en estos álbumes.
La muerte del Capitán Marvel estuvo bien, era un producto que encajaba perfectamente en la idea, narrando más una historia personal que una aventura de superhéroes al uso; lo mismo vale para Dios ama, el hombre mata, quizás para Elric… pero el resto no se diferenciaban mucho de un cómic de grapa normal, con más extensión. La novela gráfica de los Nuevos Mutantes, siendo de las primeras, hubiera tenido cabida perfectamente por su tono en un anual o en uno de los Giant-Size que se estilaban en los 70. Y las siguientes se fueron volviendo más y más rutinarias, muy de compromiso.

Sí me gustaría echarle un vistazo a ese The Silver Surfer de Lee y Kirby que sirvió de precedente a las novelas gráficas. Pero sigue inédito en España, ¿verdad?

Kaulso
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Kaulso

En absoluto, la Novela Gráfica de Estela Plateada de sus creadores la sacó Forum en un tomito que está ahora un poco inencontrable.

http://www.universomarvel.com/fichas/esp/ssleekirbyf.html

Por cierto, es curioso que digas que la novela gráfica de los Nuevos Mutantes hubiera funcionado bien como annual porque… realmente la intención era sacarlo como el primer número de la colección, pero a causa de varios factores al final lo metieron dentro de esta colección…

https://www.cbr.com/new-mutants-1-scrapped-comic-legends-shooter-claremont/

Imparcial Enmascarado
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Imparcial Enmascarado

Pues no tenía ni idea de que la novela gráfica de Estela Plateada estaba publicada, ¡muchas gracias a los dos por la información! Por lo que veo, Fórum la publicó justo en los años en que andaba yo apartado de esto de los cómics por culpa de los Liefeld y demás. Pues nada, a Todocolección a rastrearla.

Tampoco conocía el dato de la de los Nuevos Mutantes, pero me alegra confirmar mi sensación: es que olía a reciclaje a varios kilómetros.

ultron_ilimitado
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ultron_ilimitado

Jo macho, qué chunga la portada del monolito viviente. Ya se me había olvidado esa escena derribando las torres gemelas.

Sith
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Sith

Muchas gracias por el artículo, ojala sea así y Panini logre recuperar otras de estas novelas, especialmente la que mencionan del Monolito Viviente.