Dentro del mundo de séptimo arte hay directores que siempre serán recordados o bien por haber realizado películas que a día de hoy se consideran clásicos imprescindibles para todo cinéfilo o bien por haber hecho avanzar al cine hasta su siguiente gran paso tecnológico.
James Cameron es sin duda de este segundo tipo, y no porque sus películas sean precisamente malas. Si acudimos a unos breves ejemplos para entender lo que Cameron ha conseguido para el cine, debemos comenzar por Terminator 2: El Juicio Final, película que en 1991 introdujo unos efectos digitales para el androide T-1000 y el metal líquido del que estaba compuesto, que a día de hoy han envejecido sorprendentemente bien.
Pero no solo eso, ya que aquellos efectos digitales serían después replicados por multitud de películas posteriores, ya que Cameron había marcado la tendencia a seguir.
Nuestro siguiente salto sería, a juicio de este redactor el año 1997, año en el que Titanic llegó a la gran pantalla. En esta película, Cameron (que de alguna manera siempre ha estado obsesionado con el agua) recreó la tragedia del famoso barco que impactó contra un iceberg construyendo prácticamente un barco para poder rodar aquel suceso de la forma más real posible.
Pues bien, no hay dos sin tres y es que en el año 2009 cuando Avatar llega a los cines, James Cameron logró que actores de carne y hueso fueran renderizados a nivel digital de una forma nunca antes vista, llevando a otro nivel lo que películas como El Señor de los Anillos: Las Dos Torres habían hecho con Gollum y Andy Serkis.
Por si esto fuera poco, Avatar transcurría en un planeta alienígena, Pandora, donde todo lo que veíamos era digital y sin embargo, parecía muy real.
Aquella forma de hacer cine, de nuevo, volvería a marcar tendencia y no serían pocas las películas que de una forma u otra la imitaron.
Si hoy, quince años después, vemos la primera película de Avatar, Pandora sigue pareciendo tan real como entonces, y eso solo es posible si tenemos en cuenta el talento y el mimo con el que James Cameron y su equipo llevaron esta película a cines.
Y ello sin mencionar que Avatar y sus secuelas son de las pocas películas que han conseguido entender lo que supone el cine en tres dimensiones, una moda pasajera que hoy día está prácticamente extinta y solo sirve de excusa para cobrar entradas de cine más caras, pero con cada película de Avatar siempre cobra sentido.
Cameron siempre había querido hacer una saga con Avatar, pero no vimos su segunda parte, El Sentido del Agua, hasta el año 2022 porque Cameron (siempre obsesionado con el elemento acuático) quería que la secuela transcurriera en una Pandora en la que el agua tuviera gran importancia. Como en el año 2009, Cameron no era capaz de renderizar agua digitalmente, aparcó al proyecto hasta que sí que pudo lograr crear un agua digital que pareciera real.
![]()
Pues bien, llega ahora el momento de hablar de Fuego y Ceniza, la tercera parte de esta saga aunque quizás (si esta película tiene el éxito que James Cameron quiere que tenga) no la última, ya que existen conceptos pensados para una cuarta y una última película, si bien tendría sentido que estas dos futuras y posibles películas ya no giraran en torno a Jake Sully y su familia.
Fuego y Ceniza es una película que, argumentalmente no solo comienza justo después de la segunda parte, el Sentido del Agua, sin saltos temporales ni digresiones de ningún tipo, sino que podríamos decir que desde luego no tiene el mismo argumentos que su predecesora (como erróneamente se lee en no pocos lugares de internet) pero que sí que funciona con un argumento espejado respecto de la segunda parte.
Si en El Sentido del Agua, teníamos una familia unida ante la adversidad, en la que Jake Sully (Sam Worthington) y su esposa Neytiri (Zoe Saldaña), junto con sus hijos Neteyam (Jamie Flatters), Lo’ak (Britain Dalton), Kiri (Sigourney Weaver) y Tuk (Trinity Jo-Li Bliss) y Spider (Jack Champion) el hijo biológico de Miles Quaritch, se enfrentaban al renacimiento del Coronel Quaritch (Stephen Lang) obsesionado con llevar a Sully ante la justicia y acabar con él; Fuego y Ceniza nos muestra el aspecto contrario.
![]()
Jake y Neytiri ya no quieren luchar. Ven a la gente del cielo como un enemigo imparable que terminará por asolar Pandora, y su rebelión tan solo como un sueño que fue bonito en su momento pero que les ha costado la integridad de su familia, que tras la muerte de Neteyam a duras penas se mantiene en pie.
La culpa por lo que pudo hacerse y no se hizo, y por lo que supone llevar a niños tan pequeños a la guerra atenaza los corazones de Jake y Neytiri, que deciden volver a su aldea de procedencia cuando un nuevo enemigo aparece en escena: La Tribu de la Ceniza, una subraza de los Na’Vi, distinta de los que conocimos en la primera película (como la gente del agua) pero que no son tan amistosos como estos últimos.
La gente de la ceniza, liderados por Varang (Oona Chaplin) solo busca saquear y amasar poder dentro de Pandora y le da igual si la gente del cielo quiere explotar los recursos del planeta siempre y cuando esto no les afecte a ellos en el corto plazo.
Varang unirá fuerzas con Quaritch y juntos buscaran la mejor forma de dar el golpe final a los Sully y a su familia.
Sí, está claro que en las tres películas de la trilogía, tenemos a un pueblo nativo enfrentado al invasor extranjero, pero con puntos de vista a juicio de este redactor lo suficientemente diferentes como para que no de la sensación de estar viendo la misma película por tercera vez.
![]()
Y es que, si nos ponemos quisquillosos, si eso es todo lo que vamos a ser capaces de decir de la franquicia Avatar, lo mismo podríamos decir de las adaptaciones fílmicas de El Señor de los Anillos, de Star Wars o de las treinta y siete películas que en diecisiete años se han estrenado bajo el paraguas de Marvel Studios.
Lo que debemos de entender es que estamos ante un cine familiar y de aventuras (de inspiración Pulp), con elementos que siempre están presentes en este tipo de producciones, dirigidas a padres con hijos (por mucho que los que no los tenemos podamos disfrutarlas igualmente) tienen más que ver con Indiana Jones o Solo en Casa que con adaptaciones de cómic dirigidas a otro tipo de público.
En cuanto al reparto, los actores ya mencionados hacen un papel muy creíble, lo cual resulta bastante difícil cuando todo lo que vemos en pantalla es digital, demostrando que han hecho suyos a los personajes tras tres películas.
Además esta tercera parte introduce un elemento muy interesante que estaba presente en las dos películas previas pero que todavía no se había desarrollado: El concepto de Eywa como algo más que la madre tierra, como la diosa omnipresente que tiene sus propios profetas a los que otorga dones divinos.
Cualquiera podría pensar que este discurso mesiánico en manos de un estadounidense sería manido y molesto, pero Cameron consigue vendérnoslo con éxito y dejándonos con ganas de que a futuro se explore aún más.
![]()
La dirección de James Cameron es como de costumbre efectista y espectacular, con planos amplios y en ocasiones, panorámicos, que solo buscan que contemplemos Pandora en todo su esplendor.
Esto, que también es criticado por no pocas voces, a juicio de quien esto escribe es precisamente lo natural cuando tenemos una saga que orbita en torno a un planeta ficticio, al significado que este tiene para quienes tratan de protegerlo y para aquellos que quieren saquearlo.
En este aspecto visual tiene mucho que ver Russell Carpenter, director de fotografía que lleva colaborando con Cameron desde Mentiras Arriesgadas y que logra que Pandora parezca tan maravillosamente real y a la vez imposible de alcanzar.
En lo relativo a la banda sonora, Cameron vuelve a confiar en Simon Franglen quien ya formó parte del equipo de El Sentido del Agua (rodada y producida a la vez que esta película) y que si bien recicla los temas que ya hemos visto en las dos películas propias, incluyendo muy pocos temas nuevos, de nuevo logra dar a Pandora el broche musical de oro que este precioso planeta necesita.
En resumen. No estamos desde luego, ante la quintaesencia del cine. No es la saga Avatar ni su tercera parte Ciudadano Kane. Pero es que Cameron nunca ha pretendido esto con esta saga. Avatar es ante todo cine familiar y de aventuras, y en dicho género, es a día de hoy, y pese a quien pese, uno de los mejores exponentes de su especie.
Dirección - 8.5
Guión - 7
Reparto - 7
Apartado visual - 10
Banda sonora - 6.5
7.8
Magnífica
James Cameron logra de nuevo con Avatar, cautivar a los espectadores con el mejor cine familiar y de aventuras, siendo Fuego y Ceniza un ¿cierre? con broche de oro a esta entretenida saga.






Yo pensaba antes como tú, que era un divertimento visual, cine palomitero y un avance técnico….pero en esta tercera me he sentido engañado, no hay nada nuevo, la trama no avanza con respecto a la segunda película. Sí soy de los que pienso que me han contado la parte uno y dos otra vez de forma diferente. Decisiones de los personajes extrañas, los niños solo aparecen para que los secuestren, las peleas con el villano para acabar como amigos… inexplicables. Sí me lo pasé bien viéndola, pero me peso más lo malo.