
La muerte a través de los ojos de un niño.
«- Pero ¿tú entiendes este libro?
– No, pero me hace cosquillas.»
Lorenzo Montatore (Madrid, 1983) ya había abordado la muerte como un tema secundario en cómics anteriores como Queridos difuntos (Sapristi), La verdad por delante (Astiberri) o Aquí hay avería (ECC), pero en No sé, pero… creo que moriré, recientemente publicado por Astiberri, es el tema principal y una suerte de resumen de todo lo que había apuntado con anterioridad. Un trabajo que ha sido el ganador de la primera entrega del Premio de Novela Gráfica de la diputación provincial de Cáceres y que por primera vez ha creado usando exclusivamente técnicas totalmente analógicas como fotos, recortes, manchas de tinta, máquina de escribir, típex, collages, etc… junto con un dibujo totalmente libre creando un artefacto narrativo de primer nivel donde el error y la imperfección tienen presencia que nos recuerda y transporta a todos esos experimentos y juegos que muchos hacíamos de niños como calcar dibujos en el cristal de la ventana.
En No sé, pero… creo que moriré nos encontramos con un cómic que desde la primera página es 100% Montatore, pero como con todos sus trabajos nos deja ver una cara diferente que hace el que reencuentro con su universo personal se sienta tan nuevo como siempre. En esta ocasión nos encontramos con una historia con algo de autobiográfica protagonizada en paralelo por Lorenzo, un niño con gafotas con una curiosidad que le hace estar constantemente preguntando, y su fantasma, con sabana y arrastrando la bola a la que está encadenado, girando sobre los mismos temas y lugares, pero sin llegar a cruzarse nunca. Ambos son las dos caras de una misma moneda, el propio autor, y mientras uno es un vivo indagando sobre la muerte, el otro es un muerto recordando la vida.
A través de retazos de su propia infancia que nos resultaran familiares a muchos, Montatore consigue reflejar a perfección y con mucha ternura ese momento de perplejidad, miedo y angustia ese momento en el que un niño descubre su propia mortalidad. Una ternura y cariño que son extrapolables a esos momentos en los que la infinita curiosidad del niño hace que este cuestionándose todo el mundo que le rodea, muchas veces para sorpresa de sus padres. Siempre contándonoslo desde la sutileza, con humor y con un marcado tomo poético, pero dejando que seamos nosotros quienes completemos lo que nos está contando con nuestras vivencias personales. Lo mismo que nos encontramos con las escenas del fantasma que a través de sus visitas a lugares desiertos reflexiona sobre la soledad que acompaña a la muerte y la añoranza por todo lo vivido.
Como ya es marca de fábrica nos encontramos con un cómic con cientos de referencias que van desde el tebeo clásico de Bruguera a autores underground como Max o Jim Woodring, pasando por la música, la literatura o los dibujos animados. Una mezcla sin ningún tipo de complejos que da como resultado la creación de un universo propio con un delicioso toque naif en donde lo onírico y sugerido siempre tiene una enrome importancia. Entre sus viñetas también nos encontramos con autorreferencias como la aparición breve de Boskov y alguno de sus otros protagonistas.
Narrativamente nos encontramos ante un cómic que funciona muy bien donde todas las técnicas usadas combinan a la perfección con el blanco y negro del dibujo. En las escenas protagonizadas por el niño, el trazo de Montatore es mucho más nervioso de lo habitual asemejándose a esos primeros dibujos titubeantes que todos hemos realizado de pequeños. Para que a esa experimentación con las técnicas artísticas tan estimulante luzca muy bien Astiberri ha realizado una edición extraordinaria en la que brilla el diseño del todo el cómic del que se ha encargado el propio autor cuidado hasta el más mínimo detalle.
Como siempre Lorenzo Montatore nos ha regalado un cómic mucho más reflexivo y complejo que lo que vemos a primera vista que es imposible que deje a nadie indiferente. En las páginas de No sé, pero… creo que moriré vuelve a demostrar que es un autor inquieto y que no se quiere acomodar amoldándose a un canón prestablecido y busca constantemente nuevos desafíos, pero siempre teniendo en cuenta el trabajo de quienes le han precedido y con una personalidad propia descollante. Algo de agradecer en un mundillo del cómic el que primar obras con tufo a prefabricado y autores acomodados produciendo por inercia. Por suerte, el fascinante universo creativo de Montatore está más vivo que nunca.
Lo mejor
• El uso de diferentes técnicas para crear un cómic único.
• La ternura y humor que respira todo el cómic.
• El diseño.
Lo peor
• Se hace un poco corto y siempre queremos más Montatore.














