¡Jo, qué noche!
Todo lo que ha pasado en este pueblo ha ocurrido en cuestión de horas. No tienes ni idea dónde te has metido.
Creado por Shinji Mikami y Tokuro Fujiwara para PlayStation, Capcom lanzó el primer juego de Resident Evil en 1996 redefiniendo el concepto survival horror para hacer historia en el medio. Descubierta la gallina de los huevos de oro, la franquicia fue tomando forma con diferentes secuelas y remakes que vendieron más de 135 millones de unidades por todo el mundo. Seis años después, en 2002, Paul W.S. Anderson se puso detrás de las cámaras en la primera adaptación con Milla Jovovich como cabeza de cartel. La actriz nacida en Kiev lideró el reparto en las seis entregas (Anderson hizo lo propio en cuatro de ellas), antes de que Johannes Roberts tomara el testigo del director de Horizonte Final en ese fallido reboot conocido como Resident Evil: Bienvenidos a Raccoon City. El universo Resident Evil, siempre en constante expansión, se completa con cintas animadas, series en plataformas streaming, cómics y novelas.
Desde La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968), infinidad de títulos han formado parte de un subgénero empeñado en no pasarse de moda. Por diferentes causas, con diferente aspecto y habilidades, los zombis siguen siendo un filón a explotar la mar de apetecible. Tras mucho tiempo sufriendo con las adaptaciones a cine de nuestros videojuegos favoritos, las tornas están cambiando en los últimos años. Resident Evil sigue la estela dejada por títulos tan sabrosos como Super Mario Bros: La película, Fallout o The Last of Us.
Zach Cregger es un director virguero. Tras presentar sus credenciales con la curiosa (e irregular) Barbarian, el cineasta virginiano se consolidó como uno de los nombres del momento gracias a Weapons. Sin dejar el terror a un lado, en Resident Evil, Cregger coloca la juguetona cámara en diferentes posiciones para recrearse con la perspectiva. Acompañado del veterano director de fotografía polaco Dariusz Wolski, Cregger consigue que el objetivo acompañe la visión del protagonista con rápidos movimientos, zooms, e, incluso, en primera persona. La inmersión, propia de los videojuegos, es trasladada con total acierto a la gran pantalla. En uno de los múltiples guiños a los videojuegos, en cierta escena en el interior de un coche no veremos lo que sucede fuera de plano al estar fija la cámara/visión del protagonista. De la misma manera, los cerrojos (la coña cada vez que Bryan se topa con uno resulta tronchante), las verjas o los callejones nos retrotraen a tiempos pretéritos cuando pasábamos las de Caín con nuestra Sony Playstation.
Austin Abrams (que parece el hermano feo de Timothée Chalamet) vuelve a colaborar con Cregger tras Weapons construyendo un protagonista corriente, con más defectos que virtudes, que ha de convertirse en héroe a la fuerza. Como Hideo Suzuki en I am a Hero, Bryan es un perdedor con no demasiadas luces. Abrams carga con el peso interpretativo a sus espaldas y lo hace a las mil maravillas. Conocido por su papel de Ethan Daley en la serie Euphoria, Austin Abrams ya sabía lo que era enfrentarse a hordas de muertos vivientes tras su paso por The Walking Dead, serie en la que durante nueve episodios se metió en la piel de Ron Anderson.

El argumento de Resident Evil no puede ser más sencillo. Bryan es un repartidor de productos médicos que, tras atropellar a una mujer en un servicio, comenzará su particular descenso a los infiernos. La realidad tal y como la conocía se ha convertido en pesadilla. Tanto las personas como los animales están mutando en criaturas grotescas. La bolsa médica que tiene que llevar el mensajero a Raccoon City funciona a modo de macguffin en buena parte del metraje. Cregger es un apasionado de los videojuegos Resident Evil y eso, unido a su talento detrás de la cámaras, se plasma en pantalla.
A riesgo de molestar a los más puristas, el Resident Evil de Zach Creeger es una comedia de terror. Eso sí, la cinta esta diseñada como si de un videojuego se tratase. El protagonista debe superar diferentes niveles y fases hasta llegar a un final boss totalmente inesperado. Precisamente, el desparrame del acto final recuerda un tanto a otra aplaudidísima cinta de terror como fue La Sustancia, de Coralie Fargeat.
La BSO sustentada por sintetizadores evoca a la partitura que Ennio Morricone compuso para La Cosa. Los hermanos Holladay crean una música atmosférica que encaja como un guante con lo que vemos en pantalla. El clásico de culto dirigido por John Carpenter fue un claro referente a la hora de gestar Resident Evil, primando lo artesanal por delante del CGI. Me parece que vi un lindo perrito.

Del escueto reparto, destacar los brevísimos papeles de Zach Cherry (Severance), Kali Reis (True Detective: Noche polar) y Paul Walter Hauser (Los 4 Fantásticos: Primeros Pasos). Precisamente, echamos de menos una mayor presencia de la ex campeona mundial de boxeo en dos categorías de peso puesto que el implacable personaje de Maxine parecía hecho a su medida. No obstante, como comentaba anteriormente, este es el show de Austin Abrams. Con un promedio de «fucks» por minuto capaz de rivalizar con cualquier película de Tarantino, Bryan es el alter ego del espectador promedio.
El Resident Evil de Zach Cregger no solo homenajea constantemente a la franquicia en la que se basa, sino al medio de los videojuegos en general y lo hace sin ningún tipo de complejo. La película es sorprendentemente divertida, un auténtico despiporre con ADN festivalero. Con un ritmo trepidante, la cinta se pasa, literalmente, en un suspiro. Resident Evil es desagradable cuando tiene que serlo, predominando el body horror, los litros de sangre y la casquería. Mención aparte merece el diseño de alguna de las monstruosidades que harán acto de presencia para ponernos los nervios a flor de piel.

La lluvia de infectados, que ya habíamos atisbado en los avances, es una de las escenas más potentes de la película. Como aquel famoso spot de Sony Bravia con el She’s a Rainbow de los Rolling Stones sonando a todo volumen, los engendros se estampan en el suelo tratando de acabar con la vida de Bryan. Inevitablemente, El incidente de M. Night Shyamalan revolotea sobre nuestras cabezas.
Al más puro estilo Weyland-Yutani, la corporación Umbrella es la verdadera villana de este universo. En su afán por jugar a ser Dios, acaban desatando el apocalipsis en tierra. Aunque el humor sea una constante en esta nueva adaptación de Resident Evil, esto no implica que no vayamos a pasar un mal rato en salas de cine. Un buen puñado de jump scares salpimentan la tensión permanente. Investigar el entorno, encontrar munición o nuevas armas… hacer frente a la escasez de recursos, en definitiva, es una de las marcas de la casa Resident Evil. La última película de Zach Cregger insufla supervivencia por todos sus poros. Resident Evil puede ser disfrutada por todo tipo de público amante del terror, independientemente de que sea gamer o no lo sea. Tomándose alguna que otra licencia, Cregger nos ofrece un pasaje a un entretenidísimo túnel del terror que vuelve a poner de manifiesto el excelente estado de salud del género actualmente.
LO MEJOR
+ Lo bien que marida el espíritu survival horror con situaciones de lo más cómicas.
+ El peso interpretativo de Austin Abrams.
+ La ausencia de complejos a la hora de trasladar las mecánicas de la obra original.
LO PEOR
– Puede haber fans de la saga que echen de menos a personajes icónicos de la misma.
– Probablemente no tengamos más Resident Evil con Zach Cregger detrás de las cámaras.
– Pasa en un auténtico suspiro.








