ZN entrevista a Jorge García; parte 2 (Incluye una historieta completa de Enviado Especial)

Por
3
1718

Continuamos con la entrevista a Jorge García, en esta segunda parte refiriéndonos a ciertos aspectos “profesionales” y a sus trabajos en Enviado Especial junto a Fidel Martínez y Zemo con David Rubín

Enviado Especial

Entrevista (parte 2)

TB– Ayer decías que Julián Espino fue la medida por la que luego has calibrado a los demás dibujantes con quienes has colaborado. ¿Qué le pides a un dibujante?

JG– Ante todo, que quiera colaborar conmigo. Eso es suficiente para mí. No es necesario que exista la empatía que se dio con Julián o, posteriormente, con Paco Marchante, Fidel Martínez o Pedro Rodríguez, aunque sí es importante que la relación discurra en un marco de cierta complicidad. En los últimos siete años he trabajado con casi una veintena de dibujantes distintos. Sus registros gráficos son tan diversos que cuesta trabajo encontrar rasgos comunes. De existir algún vínculo entre todos ellos, quizá sea la voluntad manifiesta de adecuar los recursos gráficos a las ideas contenidas en el guión. Es como si nos moviéramos en círculos: yo subordino el guión al universo gráfico del dibujante y éste acomoda su estilo a la historia que yo cuento. En la mayoría de los casos, el resultado es muy gratificante.

Además, he detectado en todos los dibujantes una especie de “ética del oficio”, un afán por elaborar la mejor historieta posible dentro de los límites que imponen los plazos de entrega. Alguna vez he sido testigo de cómo un autor guardaba su trabajo en un cajón porque el resultado defraudó sus expectativas. Es el caso de mi amigo Andrés González Leiva. Hasta la fecha, hemos hecho dos historietas juntos. La primera trataba sobre el remordimiento y la inmortalidad, y aún permanece inédita. Andrés dibujó la historia completa, pero se sintió insatisfecho con el resultado y me pidió que hiciéramos otra cosa.

Leiva/Tiempo de Marte Leiva/Tiempo de Marte

A mi juicio, ese nivel de autoexigencia es una virtud que honra y distingue tanto a Andrés como a todos los dibujantes con quienes he colaborado. Les estoy muy agradecido a todos ellos por haber puesto en pie mis guiones. Eso sí, existe un obstáculo que me gustaría eliminar en el proceso de trabajo: la distancia. Hasta ahora, he desarrollado mi trabajo alejado de los dibujantes porque no puedo pagarme el desplazamiento ni la estancia durante la gestación de cualquier historieta. Envío el guión por correo electrónico y rezo para que se aproxime a lo que el dibujante tenía en mente. Estoy convencido de que, si colaborase más estrechamente con los dibujantes, no habría cometido tantos errores, habría aprendido muchísimo más y estaría aún más satisfecho del resultado final.

Respecto al método de trabajo, es muy sencillo: entrego al dibujante un guión completo con sus partes técnica (descripción del encuadre y su contenido) y literaria (diálogos, voces en off, onomatopeyas…); a partir de ahí, el artista goza de total libertad para disponer las piezas a su antojo. Por lo general, respeta la parte literaria e introduce cambios en la técnica (modifica los encuadres, agrega o condensa viñetas, y cambia la disposición de éstas en la página); ese proceso enriquece el guión y convierte el resultado en una auténtica colaboración. Además, el dibujo tiene un valor expresivo que va mucho más allá de la dimensión narrativa de la historieta. Cuanto mejor es un dibujante, más cosas es capaz de sugerir y contar. Y yo he tenido la suerte de trabajar con grandísimos artistas. Por otra parte, y como ya te dije más arriba, suelo valerme de elementos gráficos con los que el dibujante se sienta cómodo. Luego, los dibujantes llevan mis sugerencias mucho más lejos de lo que yo había imaginado: Pablo Auladell incorporó el diseño como un valor añadido a la puesta en escena; Andrés G. Leiva concibió un montaje de viñetas horizontales y verticales sobre un fondo de colores vivos; Fidel disfrutó dibujando imágenes “fuertes” con iluminaciones contrastadas y atmósferas densas y opresivas. Lo importante es que lo pasemos bien en el proceso y el resultado sea interesante. No sé si podemos aspirar a más.

TB– ¿Realmente se puede SER guionista de cómic? ¿Hasta qué punto es viable? ¿No parece esa una especie en vías de extinción por lo que respecta a nuestro país, en el que sólo hay autores completos o dibujantes que trabajan para el extranjero?

JG– Claro que se puede “ser” guionista de historieta en España. De hecho, hay notables ejemplos entre la gente de mi generación. Piensa en Pedro F. Navarro, Juan Luis Iglesias o el gran Kike Benlloch (cuyo álbum Freda, en colaboración con el excelente dibujante Alberto Vázquez, es uno de los mejores libros de historieta que he leído en los últimos años).

El problema es buscar la fórmula para vivir de este oficio. Por mi parte, la mayoría de los meses no llego ni a “cieneurista”. Vivo de mis ahorros y, por tanto, nunca rechazo un encargo por insignificante que parezca. No obstante, existen perspectivas de que esta situación cambie a corto o medio plazo. Mis colaboraciones con Pedro Rodríguez y David Rubín están orientadas al mercado francés y, si reciben una buena acogida por parte de los editores galos (como ya ha ocurrido en el caso de Pedro), solventarán mi situación económica. Yo siempre bromeo con David y Pedro diciéndoles que voy a comer a su costa. ¿Quién sabe? Ojalá sea verdad y todos podamos vivir dignamente de nuestro trabajo.

Pero no todos los caminos conducen necesariamente a Francia. Existen otras posibilidades de ganarse el pan. En este momento, por ejemplo, los medios de comunicación manifiestan un interés evidente por la historieta en su registro más “adulto”. Fidel y yo queremos aprovechar la coyuntura y hemos pensado en dirigirnos a los periódicos para ofrecerles nuestros servicios como historietistas o humoristas gráficos. Creo que nuestro trabajo podría encajar bien entre los contenidos de un periódico o una revista. Soy realista y sé que existen pocas posibilidades de que alguien nos contrate, pero quizá hagamos contactos provechosos en el proceso. En fin, es cuestión de echarnos a rodar y ver si provocamos algún alud. Antes o después, las cosas caerán por su propio peso… O nos caeremos nosotros.

TB– Durante el Boom del cómic de los ochenta, tres fueron los guionistas españoles que destacaron de manera especial: Antonio Segura, Enrique Sánchez Abulí y Felipe Hernández Cava. Los tres han tenido maneras muy distintas de aproximarse a la historieta. ¿Qué destacarías de cada uno de ellos y a cuál te sientes más cercano por lo que respecta a tu trabajo?

JG– Tengo poco que decir sobre Segura y Abulí porque apenas conozco su obra. En cuanto a Felipe, no sé qué añadir a lo que he repetido ya mil veces. Es uno de los mejores guionistas del medio, a la altura de Carlos Sampayo, Giancarlo Berardi y Alan Moore. En España, su trabajo ha abierto puertas creativas que aún están por explorar. Es un narrador nato, un magnífico contador de historias que, lejos de rebajar los topes intelectuales en sus historietas, les inyecta grandes dosis de inteligencia y cultura. En la obra de Felipe, como decía Mario Vargas Llosa a propósito del novelista André Malraux, la inteligencia es una atmósfera que lo impregna todo. Además, posee una sensibilidad muy especial para captar el pulso de una determinada coyuntura histórica y volcarlo en viñetas. Y, por si todo esto fuera poco, tiene una capacidad asombrosa para descubrir dibujantes magníficos y extraer de ellos lo mejor de sí mismos. Ha firmado tantas obras maestras que resulta difícil llevar la cuenta. Entre mis favoritas, Sombras de El Cubri, Ventanas a occidente con Raúl y Las alas calmas con Federico del Barrio.

Federico del Barrio/Las alas calmas

Además, están todas esas historietas cortas maravillosas: “Paisa” o “Porque algo fallaba” de El Cubri, “La vida a fuego lento” y “Días de rejones” con Laura, “Humo” con Isidro Ferrer, “Carrera de conspiradores” con Raúl y Del Barrio… A mi juicio, Felipe es nuestro clásico más moderno. Si tengo que adscribirme a una escuela, que sea la de autores como Felipe o Carlos Sampayo.

El Cubri/Cadaveres de Permiso

TB– En “Enviado especial” vuelves a optar por una historieta “comprometida” que hoy en día no abunda demasiado. ¿A qué crees que se debe ese vacío y por qué intentas llenarlo?

JG– Supongo que te refieres a una historieta comprometida con los valores de progreso y justicia social de la izquierda, ¿no? Bueno, es que la Transición significó, entre otras cosas, una cura de realismo para los ideales de buena parte de la izquierda en este país. Por otro lado, como hoy no tenemos que leer aquellos catecismos marxistas de los años sesenta y setenta, somos mucho más conscientes de la conversión de los sueños utópicos en pesadillas totalitarias. Sin embargo, debemos reconocer que en las últimas décadas los valores éticos y morales se han desvirtuado y se ha impuesto un cinismo que roza la estupidez. Reflexionar sobre este asunto nos llevaría muy lejos del objetivo de esta entrevista. Para ilustrarlo, te pongo un ejemplo de andar por casa. Una buena amiga imparte clases de dibujo en un instituto concertado. Uno de sus alumnos se dedica a destrozar, literalmente, el trabajo y el ánimo de sus compañeros. Mi amiga me dijo: “A este muchacho no le falta nada… excepto un pedazo de corazón”. En la serie “Enviado especial” intentamos encontrar ese pedacito de corazón que, a mi juicio, se ha perdido en algún momento del siglo XX. Fidel y yo estamos intentando construir un personaje que no sea cínico o estúpido y que, como nos ocurre a todos, debe afrontar las consecuencias de sus actos. Como diría Juan Sasturain, “ni más ni menos que todo un hombre”.

Luis García, Fidel Martínez/Enviado especial

En cuanto a esa historieta “comprometida” que mencionas, yo no hablaría de “vacío”. Actualmente, existe un puñado de francotiradores realizando historietas con contenidos de peso. Keko es el mejor ejemplo que se me ocurre. Es un autor soberbio. Pero creo que tú te refieres a esos tebeos donde, además de la carga ética y moral, el contexto juega un papel decisivo. En ese sentido, mis favoritos son Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí con la ya citada “Las serpientes ciegas”, donde se reflexiona con lucidez sobre la traición, asunto que preocupa mucho a Felipe.

Bartolomé Seguí/Las serpientes ciegas

Pero también están Ángel de la Calle con Modotti y Javier de Isusi con La pipa de Marcos y La isla de Nunca Jamás. Por tanto, me parece que tendremos historieta “comprometida” para rato.

Además, existe una vertiente didáctica de este tipo de tebeos. Está al margen de la historieta comercial y utiliza los resortes del medio para explicar asuntos laborales, políticos, de género… Es el caso del mexicano Rius o de las historietas de “La Firme” en el Chile de Salvador Allende. Es una vertiente muy desprestigiada porque suele encomendarse a estudios publicitarios con escasa sensibilidad artística. Además, resulta difícil dramatizar el programa de un partido político o los derechos sindicales de un trabajador; esa aridez temática conlleva una gran aridez estética y formal. No obstante, a mí me interesa mucho esa vertiente didáctica y creo que hay autores que, aparte de los ejemplos citados, se han movido muy dignamente en este registro, como fue el caso de El Cubri. Hoy por hoy, el mejor ejemplo actual de este tipo de historieta son los álbumes de Alfons López sobre las lacras del capitalismo.

De Ponent/López/Gálvez

Y es que Alfons es uno de nuestros mejores autores y ya es hora de que alguien reconozca el extraordinario momento de forma en que se encuentra. ¡Qué grandísimo Capitán Trueno firmó con Pepe Gálvez! ¡Es el mejor dibujante que ha tenido esa serie desde los tiempos de Ambrós, Ángel Pardo y Fuentes Man!

Ediciones B/López/Gálvez/Mora

TB– Si Cuerda de presas nos recordaba a El Cubri, “Enviado especial” parece resucitar el espíritu de Héctor Germán Oesterheld: su Ernie Pike, su Ezra Winston por vuestro librero Diógenes, su Mort Cinder por vuestro Mirek.

JG– Muchas gracias por la comparación, de verdad, es muy generosa. Por supuesto, Oesterheld es uno de mis historietistas preferidos. Me encantan Mort Cinder, Ernie Pike, El Eternauta, Ticonderoga, Sargento Kirk, Sherlock Time y tantos otros. Oesterheld era un escritor extraordinario que supo rodearse de un gran elenco de dibujantes (Alberto y Enrique Breccia, Hugo Pratt, José Muñoz, Arturo del Castillo, Francisco Solano López, Carlos Roume…).

En sus mejores momentos, sus historias destilan lo mejor de la humanidad: la dignidad, el coraje y el respeto a uno mismo. Sin embargo, nuestro principal referente al concebir la serie “Enviado especial” fue el periodista polaco Ryszard Kapuscinski.

Kapuscinski era una figura muy respetada en el ámbito del periodismo. John Le Carré lo llamaba “el enviado de Dios”. Era un hombre de extracción humilde que aprendió el valor de la cultura en la durísima escuela de la Polonia de posguerra. Era amable, tierno y generoso, y escribía sus reportajes con una lucidez y una sensibilidad deslumbrantes. Sus libros son un fresco admirable de la vida en la segunda mitad del siglo XX. Nuestro Mirek, en tanto que héroe de historieta, responde a un perfil más “plano” y “aventurero” que Kapuscinski. Sin embargo, quiero pensar que a medida que trabajemos con el personaje iremos reventando esa cáscara de héroe y quedándonos con la semilla de integridad que la lectura de Kapuscinski sembró en nosotros. En el fondo, Mirek no es más que un hombre que se relaciona con sus semejantes en contextos donde establecer esa comunicación no es nada fácil.

En cuanto a su origen, es muy sencillo. Cuando Juanjo el Rápido llamó a Fidel proponiéndole colaborar en Humo, Fidel me pidió que escribiese los guiones porque él se encontraba demasiado ocupado para hacerlos solo. Desde el principio, me sedujo la idea de trabajar con un personaje que se moviese en distintos contextos históricos. Como soy de ideas fijas, le propuse a Fidel una serie donde contásemos la historia de uno de tantos españoles que perdieron la Guerra. Fidel me contestó que, para no repetirnos, era mejor que hiciéramos cualquier otra cosa. Entonces apareció una entrevista a Kapuscinski en El País a propósito de su último libro Viajes con Heródoto. Esa entrevista fue el detonante de “Enviado especial”. La referencia es tan transparente que incluso le pusimos a Mirek el apellido de la traductora de Kapuscinski al castellano, Agatha Orzeszek.

En el orden narrativo, “Enviado especial” tiene una gran deuda con Terry y los piratas de Milton Caniff. Me he pasado el último año analizando ese tebeo. Si pasamos por alto la filosofía machista de los personajes, Caniff lo dominaba TODO: la estructura, el diálogo, la secuencia, el encuadre, la iluminación… Su trabajo tenía la ambición y los ingredientes de las mejores novelas decimonónicas (Guerra y paz, El conde de Montecristo, Madame Bovary…). Si alguna vez existió una obra digna del término “novela gráfica”, esa fue, sin duda alguna, Terry y los piratas. “Enviado especial” es un humildísimo homenaje a aquella serie extraordinaria.

Milton Caniff

TB– Bien es cierto que, en los tiempos difíciles, el papel pesa demasiado. ¿Pero no es también cierto que las palabras nos ayudan a volar?

JG– Supongo que te refieres a “El peso del papel”, primer episodio de “Enviado especial”. La anécdota que contábamos allí era cierta: procedía de Un día más con vida, uno de los mejores libros de Kapuscinski. La historia transcurría en Luanda, capital de Angola, en septiembre de 1975. Cuando los portugueses descolonizaron ese país se declaró una guerra civil entre distintas facciones de nacionalistas angoleños. Por su parte, los colonos portugueses (que residían mayoritariamente en Luanda) se apresuraron a salir del país llevándose sus pertenencias embaladas en grandes cajas de madera. Por eso la ciudad estaba impregnada de ese olor a resina del que hablábamos en la historieta. Por otra parte, también es verdad que existía una librería donde no entraba ningún angoleño desde que alguien se llevó la última revista porno. Los colonos portugueses tampoco compraban libros porque tenían cosas más importantes que transportar en sus cajas de madera, así que la librería permanecía desierta. Y es que el papel pesa más de lo que parece… pero en según qué circunstancias es un “peso muerto”. Para Fidel y para mí, aquel episodio fue una manera de empezar la serie con humildad, recordándonos a nosotros mismos que nuestro trabajo no tenía más importancia de la que quisiéramos concederle. En realidad, son historietas modestas de cuatro páginas que intentamos contar lo mejor posible para conmover al lector. Ni más… ni menos.

TB– Con “Zemo” abandonas ese cómic comprometido tan característico tuyo para apostar por algo más liviano. ¿Por qué motivo?

JG– Porque me apetecía mucho colaborar con David Rubín y éste se movía en un registro gráfico distinto al de Fidel. David y yo nos conocimos en Barcelona durante una de las cenas que la revista Humo ofrece a sus colaboradores. Simpatizamos inmediatamente y ya entonces dejamos caer la posibilidad de hacer algo juntos. Mantuvimos el contacto durante varios meses y, un buen día, David me llamó para comentarme que Kiko da Silva buscaba colaboradores para la nueva etapa de la revista BD BANDA, orientada al público infantil y juvenil. Entonces, me propuso que le presentásemos un proyecto cuya semilla David tenía ya bien clara en su cabeza. A partir de ahí, me plegué totalmente a sus deseos y, como digo a veces, “le corté el traje a medida”.

Rubín/Zemo

David quería dibujar una serie de aventuras protagonizada por un muchacho cuyo cuerpo albergaba un demonio. A partir de ahí, yo tenía libertad para escribir lo que se me ocurriera. Me daba mucho miedo enfrentarme con ese registro aventurero y juvenil, pero ya había tenido una experiencia semejante con Pedro Rodríguez en “Las aventuras imaginarias del joven Verne” y, después de todo, no había ido tan mal. En fin, me inventé la anécdota del demonio huyendo de los ángeles y escondiéndose en el corazón de un niño, y las piezas empezaron a encajar. Por otra parte, el calor con que David defendió el proyecto convenció a Kiko de que podía confiar en nosotros y concedernos ocho páginas de su revista.

Cuando David me enseñó las planchas dibujadas, me llevé una sorpresa mayúscula. Yo le había pasado un guión cargado de texto porque teníamos que contar una aventura y, a la vez, presentar a los protagonistas. David le dio frescura y vigor a la historia: fragmentó los diálogos, añadió viñetas, mimó el lenguaje corporal de los personajes… Mientras leía sus páginas, experimenté la misma incredulidad que Gepetto cuando Pinocho se incorporó por primera vez: “¡P-pero si se tiene en pie!”. Estoy muy satisfecho con este trabajo, es uno de los mejores que he hecho.

TB– ¿Esa iconografía tan peculiar con la que retratáis a Dios, su Corte y el mismísimo Cielo fue idea tuya o de David Rubín?

Rubín/Zemo

JG– De David. Él convirtió el Cielo cristiano en un panteón siniestro donde conviven iconos de distintas religiones, desde los dioses griegos a los campeones mexicanos de lucha libre. Su idea era convertir el Paraíso en un lugar tan horrible que no mereciera la pena ser vivido. No lo vas a creer, pero David estudió las ilustraciones de Gustave Doré para La Divina Comedia de Dante y El paraíso perdido de Milton. Por mi parte, además de esas dos obras, he leído cuanta literatura cayó en mis manos relacionado con el Cielo y el Infierno: la Biblia, Borges, Bulgakov, Disch, Goethe, Lovecraft, Marlowe, Svedenborg… Esta labor de documentación no implica alarde cultural alguno; de hecho, ni siquiera se percibe en el resultado final. Es mi forma de aproximarme al universo de la historia, mimar el contenido y ofrecer un producto lo más cuidado posible. Por otra parte, yo era muy consciente de que estaba moviéndome en un registro comercial y debía dar toda clase de facilidades al lector para que éste entendiese en todo momento lo que se estaba contando. Si salí bien librado del empeño fue gracias a la astucia narrativa de David Rubín, sin duda, uno de los mejores narradores que conozco.

TB– ¿Cómo ves este florecimiento del formato revista que estamos viviendo últimamente?

JG– Con escepticismo. Hace mucho tiempo que, salvo El Jueves, las revistas españolas dejaron de ser el horizonte soñado por cualquier historietista. En España, las publicaciones comerciales fallecieron a principios de los noventa, cuando se cancelaron Viñetas y la excelente Top Comics (dirigida con muy buen criterio por Laureano Domínguez). Desde entonces, hubo varios intentos de revivir el cadáver, de los que destaca el esfuerzo de Mister K por recuperar el público infantil. Sin embargo, todo fue inútil. Los herederos de esa tradición de revistas comerciales son, hoy por hoy, BD Banda y El Manglar. Por supuesto, les deseo lo mejor porque sus respectivos directores, Kiko da Silva y Ricardo Esteban, están haciendo un trabajo magnífico. Pero soy muy pesimista respecto a su futuro. Ojalá me equivoque y tengan éxito, de verdad, sería estupendo para autores, crítica y público.

Por otro lado, existe un puñado de publicaciones donde los historietistas desarrollan su trabajo al margen de la industria. Los paradigmas fueron El Ojo Clínico y los primeros números de Nosotros somos los muertos a mediados de los noventa (como Trocha/Troya lo había sido a mediados de los setenta). Eran revistas extraordinarias donde existía una comunión muy especial entre ética y estética. En mi opinión, a sus sucesoras les falta hondura y parecen más interesadas en distinguirse por el formato que por los contenidos. En todo caso, mi preferida es Dos veces breve, donde José Vicente Galadí ha sabido comunicar desde el principio su amor por la historia bien hecha. Cuando algún estudioso realice el escrutinio del material publicado en esa revista descubrirá gemas sorprendentes como las historietas de Pedro Rodríguez, David Rubín, Joaquín Santiago o Jacobo Fernández.

Para concluir con esto de las revistas, me gustaría agradecer a Juanjo el Rápido el papel dinamizador que ha jugado en el mundo de la historieta durante los últimos diez o doce años a través de diversas publicaciones (La más bella, Idiota y diminuto, TOS y Humo). En sus revistas hay de todo, bueno y malo, pero no deja de asombrarme la generosidad y amplitud de criterio que demuestra a la hora de seleccionar el material. Desde hace mucho tiempo, leer cualquier tebeo a su cargo ha sido siempre una sorpresa muy agradable. Gracias por todo, Juanjo.


Artículo anteriorZN Exposición Negativa: La Historia Corta de Millar y Quitely
Artículo siguienteZN Marvel: And the Champions are…
“Me llamo Toni Boix y soy un DC-Adicto”. A pesar de que mi niñez esté inundada de Sal Buscema y mi adolescencia de Spirit, Metropol, Cimoc y Zona 84. Porque Zinco me devuelve al redil. Zinco y Wolfman y Perez y Moore y Totleben y Gibbons y Miller y Bolland y García López. Después, el ansía. La escasez. La falta absoluta de alegrías. Mueren las revistas de cómics y Zinco vegeta. Mi ilusión se marcha a hacer las Américas. Suerte del Previews… y de los cómics que se malvenden. Le pido a Raúl López que me deje escribir una reseña en Zona Negativa promocionando Fallen Angel… y el resto es esta historia.
3 Comments
Antiguos
Recientes
Inline Feedbacks
View all comments
José Torralba
12 junio, 2007 16:51

Un par de preguntas…

1. La primera referida al método. Tras recibir el guión, afirmas que, por lo general, [el dibujante] respeta la parte literaria e introduce cambios en la técnica (modifica los encuadres, agrega o condensa viñetas, y cambia la disposición de éstas en la página). Pero ahí hay algo que me intriga… a veces, de hecho muchas veces, el valor o los matices de la parte literaria se ven modificados por la narración gráfica; este método cobra así relevancia cuando la perspectiva del guionista y del dibujante acerca de la historia es parecida.

¿Pero qué pasa si el mensaje que se pretende transmitir es distinto desde la perspectiva del dibujante y de la tuya? Si, por ejemplo, el dibujante considera que un personaje debiera tener unas cualidades, o sus acciones un determinado tratamiento moral (y por tanto un tipo de dibujo que captara esos matices), y tú consideras que debe tener otras.

2. Gran historia corta la que se nos presenta aquí de “Enviado especial”. En tiempos de guerra el papel y su contenido pierden su valor; tal vez porque han sido sido incapaces de evitarla o, porque peor aún… la han promovido. En cualquier caso evidencia el fallo o la corrupción del medio escrito.

En todo caso, sí hay cierto cinismo en los personajes, pero es el cinismo que evidencia el distanciamiento que un periodista toma de los hechos que ve. ¿Para cuándo una evolución de ese cinismo en alguien con un papel más activo, como por ejemplo un espía o un embajador? Podría resultar en extremo interesante, dado el tratamiento que escoges.

Jorge García
Jorge García
13 junio, 2007 19:50

Estimado José Torralba,

no sé qué responder a tu primera pregunta porque nunca se ha dado el caso. Normalmente, el dibujante y yo establecemos un consenso tácito en torno a los valores y contenidos de la historia. Cuando trabajo a partir de una propuesta del dibujante, me pliego totalmente a sus deseos. Cuando la propuesta es mía, el dibujante elige si le interesa seguir adelante o prefiere hacer otra cosa. A partir de ahí, la idea original da muchas vueltas. En ocasiones, incluso, el dibujante modifica el diálogo o introduce secuencias enteras de su propia cosecha. Por mi parte, no hay ningún problema mientras el resultado sea bueno (como ocurre con Pedro Rodríguez en “Las aventuras imaginarias del joven Verne”). En mi opinión, el guión es el instrumento a partir del cual construimos la historia y, a medida que avanzamos en ese proceso, podemos retorcerlo a nuestro antojo. Por otra parte, jamás exijo absoluta fidelidad al guión. Si lo hiciera, aniquilaría un elemento esencial del proceso creativo: la confianza en la capacidad del otro.

En cuanto al episodio de “Enviado especial”, te agradezco mucho los elogios. Tu aliento es muy importante en medio del silencio general al que estamos sometidos algunos historietistas. Respecto a tu apreciación, es verdad que existe cierto barniz de cinismo en los personajes, pero tiene que ver con la combinación de ironía y estoicismo que les permite afrontar una situación amarga. Ah, y ya me gustaría a mí ser capaz de contar una historieta de espías y embajadores, una de esas historias con giros insospechados y traiciones ocultas a la vuelta de cada esquina que tan bien escribían Graham Greene y John Le Carre. Pero soy muy consciente de mis limitaciones y, por el momento, sería incapaz de hacerlo con alguna garantía de éxito.

Espero haber contestado tus preguntas con claridad. A veces me enrollo y olvido el cuerpo de la pregunta.

Un abrazo.

Jorge.

agu ariza
agu ariza
16 octubre, 2007 0:09

Fidel, está haciendo un trabajo valiente e impresionante. Increible.

Estoy intentando dar con su dirección de correo electrónico pero no hay manera y desde que dejó la facultad de Sevilla para irse a Valencia le tengo perdida la pista.

Con motivo de una expo de autores andaluces en Cádiz me acerqué pero no estaba.

En fin, si fueráis tan amables de pasarme su mail o pasarle el mío os estaría muy agradecido.