Edición original: The Amazing Spider-Man vol.4 #800 (Marvel Comics, 2018)
Guion: Dan Slott.
Dibujo: Nick Bradshaw, Humberto Ramos, Giuseppe Camuncoli, Stuart Immonen, Marcos Martín y Mike Hawthorne.
Entintado: Nick Bradshaw, Víctor Olazaba, Cam Smith, Wade von Grawbadger, Marcos Martín y JP Mayer.
Color: Edgar Delgado, Java Tartaglia, Marte Gracia, Muntsa Vicente y Jordie Bellaire.
Formato: Grapa.

«¿Por qué…? ¿Por qué has…?»

«Porque podía… y tenía que hacerlo. Porque todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. Con todos. Incluso los peores.»

Ochocientos números contra una marea revuelta

En mayo de 2018, The Amazing Spider-Man se convirtió en el primer cómic de Marvel en alcanzar los 800 números. En su momento no fue una hazaña menor, especialmente en una industria donde los constantes relanzamientos han fragmentado las numeraciones hasta el absurdo y en la que conservar la numeración original desde 1963 se ha convertido poco menos que en un acto de resistencia editorial. Como vimos en el 700, Marvel había sabido combinar la inercia de las altas numeraciones con el empujón comercial de los números redondos. Aquí, seis años después, recoge el fruto de esa apuesta de la manera más tangible posible: más de 450.000 pedidos previos, convirtiéndose en el cómic más vendido del mes y ayudando a que mayo de 2018 se convirtiera en el mejor mes de ventas del mercado desde noviembre de 2016.

El contexto editorial, sin embargo, no era precisamente favorable. Marvel había publicado One More Day, Civil War II y Secret Empire en rápida sucesión, quemando etapas a un ritmo que empezaba a agotar a los lectores. En ese panorama de eventos perpetuos y reinicios constantes, The Amazing Spider-Man representaba algo inusual: una cabecera con memoria, con continuidad real, con un escritor que llevaba años construyendo algo en lugar de demolerlo. El hecho de que Dan Slott estuviera a punto de marcharse convertía el 800 en algo más que un número redondo. Era una celebración y una despedida al mismo tiempo.

The Amazing Spider-Man 800 Imagen 1

La despedida de Dan Slott

Para entender el 800 hay que entender lo que representa Slott para el Spiderman moderno. Stan Lee fue el escritor más longevo del personaje en términos de años, con once al frente de la cabecera entre 1962 y 1973, pero Slott escribió más números del título específico de The Amazing Spider-Man que nadie: 177 en total. Una cifra que hubiera resultado inverosímil cuando en 2008 entró a formar parte del turno rotatorio de Brand New Day como uno de varios escritores, y que se volvió posible porque en 2010 Marvel decidió apostar por él como voz única de la serie.

La situación que heredó no era sencilla. One More Day había dejado el fanbase en su punto más bajo en años, con Peter Parker habiendo vendido su matrimonio al diablo y el universo Marvel olvidando que era Spiderman. Lo que Slott hizo a continuación fue construir sobre esos escombros con una paciencia poco habitual en la industria. Spider-Island, Ends of the Earth, Superior Spider-Man, Spider-Verse… cada arco alimentaba al siguiente, cada decisión apuntaba hacia algún lugar. Spider-Verse en particular demostraría tener un alcance que nadie anticipó: el concepto de los Spiderman multiversales resultó tan exitoso que Sony lo convirtió en una película de animación ganadora del Oscar.

Slott es un guionista polarizante: capaz de momentos de brillantez absoluta y de giros que generan urticaria en partes iguales. Pero lo que nadie puede negarle es que mantuvo a The Amazing Spider-Man como un título del que hablar durante una década entera, y que supo cuándo marcharse. El 800 es su último gran movimiento, y llega sabiendo exactamente lo que quiere decir.

Cuando el Duende se viste de rojo

El arco «Go Down Swinging» arranca en el número 797, pero sus raíces se hunden mucho más profundo en la etapa de Slott. Norman Osborn había sido «curado» de su locura mediante nanobots que impedían que la Fórmula Duende afectara su mente, en un acto de compasión tan característico de Peter Parker como discutible en sus consecuencias. Norman, naturalmente, ha estado buscando la manera de revertirlo desde el primer momento. Y la encuentra en la forma más aterradora posible: el simbionte Carnage.

La fusión es lógica y terrorífica a partes iguales. Carnage representa caos puro, violencia sin restricciones. El Duende Verde es locura calculada, obsesión personalizada con destruir a Spiderman. Juntos forman algo nuevo y absolutamente letal: el Duende Rojo, una amenaza que combina lo peor de ambos sin ninguna de sus debilidades individuales, salvo una: el Anti-Veneno. Slott había querido trabajar con simbiontes durante toda su etapa, pero otros títulos tenían bloqueados esos personajes. En su despedida, finalmente puede hacerlo, y lo hace a fondo.

La estrategia del Duende Rojo es cruel en su precisión: implanta fragmentos del simbionte Carnage en todos los seres queridos de Peter, convirtiéndolos en rehenes a los que puede matar con un chasquido de dedos. Para contrarrestarlo, Slott convoca a prácticamente todos los jugadores que ha desarrollado durante diez años: Miles Morales, Silk, Veneno, el Doctor Octopus reconvertido en Superior Octopus —que reaparece aquí para proteger a la tía May en uno de los giros más inesperados y bien ganados del número—, e incluso J. Jonah Jameson pilotando un Spider-Slayer en un momento que resulta tan absurdo como inevitable. Es el tipo de escena que solo funciona cuando un escritor lleva suficiente tiempo con un personaje como para haberse ganado el derecho a hacerlo.

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La caída de un gran héroe

Eugene «Flash» Thompson lleva en la mitología de Spiderman desde Amazing Fantasy #15. El matón de instituto que se convirtió en el mayor fan de Spiderman sin saber jamás que su ídolo y su víctima eran la misma persona. Veterano de guerra, alcohólico en recuperación, Agente Veneno, y en este número portador del simbionte Anti-Veneno. Su trayectoria es uno de los arcos de personaje más sostenidos y genuinos de toda la etapa de Slott, una transformación de décadas que lo convierte en algo irreconocible respecto al chico que empujaba a Peter contra las taquillas del instituto, y sin embargo completamente coherente con él.

En el 800, Flash hace lo que siempre ha hecho: ser el héroe que Spiderman le inspiró a ser. Cuando descubre que los fragmentos de Carnage implantados por el Duende Rojo son la amenaza real, usa los últimos restos del Anti-Veneno para extraerlos de todos los seres queridos de Peter, salvándolos uno por uno hasta quedarse completamente seco. Cuando el Duende Rojo lo encuentra, Flash ya no tiene nada que dar. Lo que sigue es devastador, y en el contexto de todo lo que Slott ha construido, completamente ganado.

En sus últimas palabras, momentos después de haber descubierto la identidad secreta de Spiderman y haber luchado a su lado, Flash le dice a Peter que la gente le necesita. Que muera habiéndole confesado que él, Spiderman, es su héroe, convierte la escena en algo difícil de leer sin un nudo en la garganta. La muerte de Flash no se siente gratuita. Se siente como la conclusión lógica de un personaje que eligió, consciente y repetidamente, ponerse en el camino del peligro para proteger a otros. El hecho de que sea el personaje más antiguo de la mitología después del propio Peter Parker lo que Slott sacrifica en su número de despedida dice mucho sobre lo que este escritor entiende del legado que tiene entre manos.

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El ego como gran talón de Aquiles

El enfrentamiento final entre Spiderman y el Duende Rojo se resuelve de una manera que dice mucho sobre lo que Slott entiende de ambos personajes. Peter no derrota a Norman mediante la fuerza bruta, aunque el número ofrece también su cuota de espectáculo en ese frente. Hay una fusión temporal con el simbionte Veneno que produce la imagen de un Spiderman de negro enfrentando al Duende Rojo en medio de Times Square en llamas, un guiño a la era McFarlane que funciona tanto visualmente como narrativamente. Pero es solo un desvío.

Lo que finalmente quiebra a Osborn es su propio ego: la idea insoportable de que si mata a Spiderman mientras está fusionado con Carnage, el mérito será de Cletus Kasady, no suyo. Norman se arranca el simbionte. Y en ese momento de vulnerabilidad, Peter lo derrota. Lo que queda de Osborn es un hombre murmurando incoherencias con una sonrisa rota, su mente aparentemente destruida por la agonía del simbionte al arder. Peter no mata a su peor enemigo. Pero quizás ha hecho algo más definitivo: ha ganado tan completamente que Norman simplemente deja de ser.

El epílogo añade otro giro: J. Jonah Jameson, responsable en parte del desastre al haber revelado accidentalmente la identidad de Peter, intenta rematar a un Osborn indefenso. Peter se interpone y recibe la bala. Su respuesta a Jameson sobre por qué protege incluso a sus peores enemigos es la cita que abre este texto, y también el mejor resumen posible de por qué Peter Parker sigue siendo Peter Parker después de cincuenta años y ochocientos números.

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Un número de muchas manos

Coordinar ochenta páginas de historia principal entre varios artistas es un desafío logístico y creativo considerable, y el resultado es inevitablemente desigual. La estructura por capítulos asigna a cada uno su dibujante: Nick Bradshaw abre con energía, Humberto Ramos retoma el terreno familiar que ya pisó en el 700 aportando el peso emocional que mejor maneja, Giuseppe Camuncoli aporta una línea más clásica que conecta visualmente con décadas de historia del personaje, y Stuart Immonen, el más sólido del conjunto, lidera el capítulo final con una claridad narrativa que sostiene el ritmo en los momentos más exigentes.

La coordinación de color entre Edgar Delgado, Marte Gracia y Java Tartaglia hace un trabajo notable manteniendo una paleta coherente a pesar de los cambios de mano. El rojo del Duende Rojo domina las páginas como una amenaza visual constante, un acierto que unifica estéticamente lo que de otra manera podría dispersarse. Pero las transiciones entre estilos se notan, y hay momentos en que el cambio de artista interrumpe el flujo narrativo más de lo deseable.

La historia complementaria más significativa es Goodbye, dibujada por Marcos Martín con colores de Muntsa Vicente, que recoge el funeral de Flash y el discurso de Peter. Martín, con su línea limpia y su dominio del espacio en la página, es el dibujante perfecto para un momento que exige contención. El resto del material de soporte cumple funciones variadas: un epílogo para Norman en Ravencroft, el regreso oficial de Harry Osborn con un último plano que deja la puerta abierta a algo más oscuro, y un guiño postcreditos con Otto Octavius presentándose bajo nombre falso en la Universidad Horizon de San Francisco, prometiendo que siempre se esforzará por ser superior. Slott cerrando con humor, que también es una forma de decir adiós.

El balance final

En 2020, Diamond Comics publicó su lista de los cien cómics más vendidos de la década, y nueve de ellos eran títulos escritos por Slott, entre los que figuraban The Amazing Spider-Man #800, The Amazing Spider-Man #700 y Superior Spider-Man #1. Es un dato que resume bien lo que fue su etapa: una presencia constante y dominante durante diez años, con picos que marcaron la industria.

The Amazing Spider-Man #800 es grande, ruidoso y emocionalmente honesto en sus mejores momentos. No es un número perfecto: ochenta páginas dan para mucho y el ritmo se resiente en tramos, la rotación de artistas cobra su peaje y algún giro se siente apresurado. Pero como cierre de etapa funciona porque Slott sabe exactamente qué quiere decir y a quién quiere honrar.

La muerte de Flash Thompson es el centro emocional real del número, más que el espectacular enfrentamiento con Norman. Y eso dice algo sobre lo que Slott valora: no el espectáculo por el espectáculo, sino los personajes que ha construido durante una década. Que el número más importante de su etapa gire en torno a un secundario que lleva en la mitología desde el primer número es, en el fondo, el mejor argumento que podría hacer sobre por qué ha merecido la pena seguirle durante diez años.

Los que ya llevamos un tiempo leyendo varias etapas del personaje recordamos la incertidumbre con la que se recibió la llegada de Slott como escritor único tras el mefistazo de One More Day. Diez años después, el 800 y el 801 que lo acompaña son la respuesta a esa incertidumbre. No perfecta, pero sí honesta.

Nos vemos en el siguiente hito.

The Amazing Spider-Man 800 Imagen 5

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1 Comment
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Eddie Brock
Eddie Brock
Lector
28 julio, 2026 17:25

Este recuerdo en el lejano recuerdo haberlo pillado con ganas por la premisa. AL final creo que queda algo descafeinado para lo que tendria que ser unir a dos de los peores enemigos de Spiderman. Si Flash siguiera muerto serie recordado como el numero donde murio Flash Thompson, ahora es simplemente un numero mas.