Slash Maraud – lo macarra elevado a arte

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Las modas pasan, lo que se considera feo o bonito caduca y, por supuesto, la urbanidad es un constructo efímero. Por eso sorprende como Slash Maraud, una obra descaradamente hortera, feísta y políticamente incorrecta, puede soportar el paso del tiempo. Analizándola en profundidad, comprendemos el porqué.

En solamente 6 entregas de 28 páginas tenemos una películas de acción de los 80 que mezcla comedia y fatalismo. Pese a contar con todos los tópicos de la filmografía ochentera, destaca sobre ellos, precisamente, por la acumulación de ideas estrafalarias. Por dichas grapas desfilan extraterrestres, peleas de tribus urbanas, motorizados apocalípticos, amazonas, dinosaurios, caníbales, asalto a un tren conducido por drogadictos, neonazis y hasta monjas en patines con metralletas. DC lo anunciaba con una contundente frase “Todo el mundo en la tierra muere en 5 años, ¡fiesta!”. El guionista la definió como “surrealismo futurista”. El dibujante la llamó “el primer cómic MTV”. Y el editor dijo “desmesurada y delirante”.

Anuncio de la serie por parte de DC
Anuncio de la serie por parte de DC

Trabajos tan peculiares como este, que terminan irremediablemente considerándose con ese término tan sui generis como “de culto”, no surgen por casualidad. En el caso que nos ocupa se sumaron las circunstancias de sus autores, junto con el camino que habían emprendido los tebeos de grapa por aquel entonces. Particularmente los de DC que era la gran compañía donde surgió la miniserie. Y, obviamente, el contexto social y estético del momento.

Del contexto a los autores

Es 1987, el carismático exactor Ronald Reagan gobierna los EEUU dando rienda suelta a un capitalismo desenfrenado y un nacionalismo que roza el absurdo. Lo cual provocaría, por un lado, desde unos históricamente altos índices de mercado hasta el famoso lunes negro. Y por el otro, permite a su país meterse en guerras sucias, frías y tensiones a lo largo y ancho del planeta. Esto se traduce en un sinfín de películas, novelas y cómics, entre otros muchos medios de expresión, que reflejan una tendencia entre creativa y el establishment. Entre las ideas más locas y los argumentos más repetitivos.

Una crítica Platoon se lleva el Óscar a la mejor película a la vez que se estrena Depredador con un aún joven Schwarzenegger camino del estrellato machote. Nacen la irreverente Los Simpson y la pastelosa Padres Forzosos se asoma a la parrilla televisiva. Llegan las primeras versiones de Metal Gear en forma de táctica bélica y Final Fantasy mostrando las posibilidades del argumento. La sátira de La Hoguera de las Vanidades se abre camino entre los terroríficos éxitos de Stephen King. Suenan un comprometido U2 y el bailongo Rick Astley mientras, inmutable en su trono, Michael Jackson arrasa con Bad. Amén del lanzamiento de Sign o’ the Times por parte de Prince, una referencia en absoluto gratuita como veremos más adelante. En resumen, nos encontramos en plenos ochenta, la última década prodigiosa para muchos nostálgicos, el final del declive iniciado en los 70 para otros. Época de hombreras, cuellos altos, chulos y rockeras, del cyber-punk y los diseños “futuristas”.

Y en los comics El Regreso del Señor de la Noche de Miller aún resonaba mientras que el Watchmen de Moore y Gibbons termina de publicarse. Cayendo ambas como una bomba nuclear en el reinado superheroico, que ya no volvería a ser el mismo. Mientras, el mercado independiente sigue una línea ascendente fuera de este tsunami pijamero. Entre otras joyas, Cerebus de Sim y Usagi Yojimbo de Sakai se consagran. A la vez que los hermanos Hernández llevan Love and Rockets a su apogeo. Y en Marvel aún no se da cuenta de lo que acaba de pasar, ni falta le hacía porque sus ventas eran espectaculares. Pero DC disfruta de ese torrente de creatividad y se arriesga con muchas series diferentes al mainstream y de corte más adulto. De lo que se benefician algunos autores creativos para lanzar proyectos que hubieran sido inadmisibles en otras épocas de la estirada “Distinguida Competencia”.

Entre esos autores arriesgados se encuentra el plantel de artistas de esta (aparente) hija de su tiempo que es Slash Maraud. Tenemos al inigualable AndrewAndyHelfer (Nueva York, 1958) como coeditor, el cual estaba metido en el revolucionario y tronchante cambio de la Liga de la Justicia Internacional. Doug Moench (Chicago, 1948) era la otra parte de la edición y, por supuesto, el guionista todoterreno. Ya llevaba un tiempo en DC y se estaba currando una nueva y definitoria etapa para El Espectro. Al único Paul Gulacy (Youngstown, 1953) como dibujante y entintador tiempo completo. Éste venía de hacer su primera colaboración para la editorial también con Moench, un par de números para Batman. Juntos y un poquito antes, ya habían acometido su primera intentona en la ciencia ficción con Six for Sirius para Epic. Y ayudando a Gulacy al color, la incombustible y batmaníaca Adrienne Roy (Austin, 1953-2010). Lujo con mayúsculas.

El origen lo describe el propio Doug Moench en una entrevista irrepetible que le hicieron a él y Paul Gulacy sobre la serie que nos ocupa. Tras el fin de su relación con Marvel por culpa de Jimthe worst person in comicsShooter, Dick Giordano lo pescó con muchas promesas. El por entonces mandamás de DC) le ofreció, entre otras cosas, crear algo propio e incluso poder autoeditarlo. Sin embargo, una vez terminó con sus primeros encargos de fogueo en DC (principalmente Arion, Lorld of Atlantis), le ofrecieron que primero hiciera algo con algún personaje de la empresa. El que quisiera; “¿con quien quiera?”, efectivamente, “pues Batman”. Y salió una etapa del caballero oscuro para el recuerdo, incluida esa maravilla que ocupa los números 393-4 de la cabecera principal dedicada al Cosaco Negro. Una magnífica trama de auténtica película de espías con la guerra fría de fondo en la que Gulacy hace uno de sus mejores trabajos.

Portada Batman 393
Clasicazo

Después de esto, fue Andy Helfer el que le recordó a Moench la intención de crear algo propio. Si seguía con la idea él se ofrecía como coeditor y además le preguntó si le apetecería trabajar con Gulacy otra vez. Helfer convenció a este último, que fue el que dijo: “quiero dibujar un montón de tías en bikini, tíos raros en moto y bla bla”. Así que Moench hizo el guion a partir de ahí y nació Slash Maraud. Bueno, todo esto según la versión del guionista, de la cual el dibujante rechista de vez en cuando. Esta es, básicamente, Gulacy lanza millones de ideas, de las cuales algunas terminan en las viñetas, otras caen en la papelera, e incluso algunas crean la historia.

El proceso de convencer a Moench con Gulacy como gancho parece que fue exactamente igual para la creación de Six for Sirius pero con Archiethe nicest guy in comicsGoodwin como editor. En general, Gulacy siempre se ofrece a trabajar con Moench ya que, como ha dicho en otras ocasiones, lo que le encanta de él es la libertad para co-crear. Algo muy diferente de su trabajo con, por ejemplo, Don McGregor en Sabre, con el que nunca se sintió muy cómodo.

En todo caso, es obligatorio mencionar que el tándem Moench-Gulacy se conoció para crear una etapa que es historia del cómic en San Chi, Master of Kung Fu. Comentar aún brevemente el cómic favorito de Quentin Tarantino nos llevaría otra reseña como esta… Así que nos limitaremos a repetir una anécdota descrita por Moench (conste que la fiabilidad de la misma depende de la credibilidad del propio escritor): Resulta que éste estaba rondando por las oficinas de DC para echar un vistazo a la reciente primera prueba de portada de Slash Maraud. En ese momento, la mítica editora (de la línea Vertigo) Karen Berger, le indicó que pasara a su despacho. Allí le presentó al barbudo de Northampton, no menos que Alan Moore, el cual había visto la portada. Y aquí el quid, el gran Moore le dijo a Moench: “He aprendido todo lo que es posible hacer en los cómics gracias a (lo que hicisteis) vosotros dos en Master of Kung Fu”. Todo un piropo viniendo de una de las mentes más prodigiosas de las que ha disfrutado el cómic de las últimas décadas.

Y es que a la pareja Moench-Gulacy le debemos unas cuantas delicatesen. Éstas van desde las obras comentadas anteriormente, Kung Fu, Sirius, Batman, Slash… hasta: James Bond para Dark Horse, de nuevo según Moench, incluso los herederos de Ian Fleming felicitaron a ambos autores por haber sabido captar el auténtico estilo del famoso espía. Pasando por el celebrado Leyendas de Batman-Presa, una de las mejores y más recordadas miniseries de la primera etapa de Legends of the Dark Night (ya de por si un repertorio de grandes obras). Sci spy, un ejemplo de mil ideas por número que, si confiamos de nuevo en las declaraciones de Moench, inspiró al director de cine James Cameron justo cuando estaba creando Avatar). Batman versus Predator II, una vez más, según el guionista, ha sido considerada una de las 10 mejores obras de su género. Y tantas otras.

Y en esta ocasión tan especial, lo que crearon juntos se podría resumir de la siguiente manera: Slash Maraud es un cínico y duro aventurero que recibe la llamada de la despampanante Wild Blue. Ella pretende salvar a la tierra de los alienígenas (“cambiantes” o “peludos”, según jerga local) que la han conquistado. Éstos están en proceso de transformar nuestro planeta a sus gustos extraterrestres y en cinco años la tierra será inhabitable para los humanos. Por medio de un invasor arrepentido y un pequeño ejército que irán formando a lo largo de la serie, y a lo ancho de unos destartalados EEUU, se animarán a detener el proceso de terra-transformación. La ciencia ficción y la acción a raudales se darán la mano durante toda la historia hasta una batalla campal por la humanidad en Paris.

La clave, según insisten los autores, es la carga constante de que todo el mundo sabe que va a morir. Por tanto, “la historia va sobre la condición humana”. Aprovechando cada gota de esta máxima, veremos desfilar por la serie lo peor de dicha condición. Reflejado por ejemplo en los “lame-peludos”, que se dejan abusar de cualquier manera por los cambiantes, o en los adictos “nuloides”. Pero también sus mejores ejemplos, como demuestran nuestros héroes y las diferentes tribus de “xenos” (o humanos que no se han vendido) que deciden dedicar los pocos años de vida que les quedan a salvar la tierra. Y como en todo gran relato épico, ni todos los peludos serán negros ni todos los xenos serán blancos.

Los seis episodios que componen la serie parecen superficialmente enroscarse cada uno en un género de cine en particular. El primero es puro Ciencia Ficción. El segundo una road movie en toda regla, aunque no se puede olvidar mencionar esa mezcla de pelis de terror que conforman la “fa-mi-lia” (en una época en la que las referencias culturales de otros medios no eran tan típicas). El tercero homenajea a las pelis de gladiadores, en ese tono Mad Max admitido por Gulacy que impregna toda la obra. El cuarto es un inolvidable asalto al tren. Y el quinto y el sexto forman una dupla que homenajea al cine bélico. Si bien el primero es el típico de misión de equipo (además del necesario descanso donde todos los personajes más destacados tienen su momento), mientras que el último es una auténtica película de guerra con objetivo imposible y grand finale.

Calidad artística

En una trepidante historia de acción, Moench demuestra su talento a través de la inclusión de incontables matices humanos. Relaciones sentimentales en triángulos imposibles e incluso cuartetos, conflictos paterno-filiales (algo recurrente en sus guiones), colegueo entre pares, y respeto entre sexos, razas y hasta especies. También lo hace por medio de personajes increíblemente carismáticos, incluso entre los que tienen la impasible cara de una marioneta (como veremos más adelante). Y en general, por crear una historia que mantiene pegado al lector de principio a fin. Cabe destacar el acertado uso de la grapa a la manera de las series de televisión de la época, con finales impactantes que son repetidos en el siguiente episodio a modo de introducción.

Ya desde el principio las tablas del guionista quedan más que demostradas con la vibrante introducción de la historia. En la que en solo cuatro páginas ya conocemos al protagonista y su contexto, además de no poder levantar los ojos del tebeo. Todo gracias a la inteligente excusa del rescate de un desconocido charlatán, cuya incesante verborrea termina describiendo la situación en la que viven y provocando las reacciones características del duro Maraud. El propio Moench lo resume así: “Necesitábamos empezar con una escena de acción que explicara algunas cosas acerca de ese mundo”. Esto, sumado a las sugerencias de Gulacy de “empezar con una moto” y añadir una pizca de los westerns de Sergio Leone, hicieron el resto.

De hecho, a la ya de por si cinematográfica historia se suman las continuas referencias de cine. Como la ya mencionada Mad Max, la macarrísima 1997: Rescate en Nueva York, o más descaradamente a La Matanza de Texas y Psicosis. También encontramos retorcidas referencias musicales. Como el grupo de reggae con caretas de simio que versiona a Mozart “the habiline wailers” (Bob Marley and the Wailers), o esa constante nieve púrpura (Purple Rain). De hecho, como se mencionó al principio, Prince parece ejercer su influencia también en la estética. Lo cual se puede comprobar al comparar algunas fotos incluidas en el álbum Dirty Mind con la portada del número uno de la serie y el famoso estampado en cebra de su protagonista.

Prince Dirty MindPrince Dirty Mind PortraitSlash Maraud 1

Y finalmente, algunas reseñas culturales más comprensibles para el lector estadounidense. Como el oso humanoide que viene de Chicago (por el equipo de fútbol americano Chicago Bears).

Pero volviendo a las tablas de Moench, otra escena que merece atención son las páginas de “calma antes de la tormenta” que ofrece en el quinto número. Primero, por medio de un brevísimo flashback en una sola página. En el cual podemos disfrutar de un resumen de la historia hasta el momento, de una reflexión sobre el devenir de la humanidad e incluso la justificación de Slash para participar en esta locura sin retorno. En todo caso, si no fuera por Gulacy, la escena no sería la misma. Poco después, el chulito de Rexie Rumble (más tarde lo describiremos) recibe un doble varapalo a su hombría y sus deberes filiales en sendas escenas para el recuerdo. Y así, en pequeños flashes de 3 a 6 viñetas como máximo, el experimentado guionista va perfilando a esta panda de desafortunados. Además de hacernos tomarles cariño antes de la batalla final.

Slash Maraud art by Gulacy
Un flashback de una página

Claro que Moench también tiene sus vicios, pero es capaz de difuminarlos con maestría. Una prueba, es cierto que las tribus urbanas están muy estereotipadas (las amazonas se suponen lesbianas, el personaje de rasgos orientales es samurái, los afroamericanos forman su propio gueto, etc.). Sin embargo, Moench consigue aportar las delicadezas necesarias para hacer humanos a sus componentes y dar más capas a la historia de lo que parece. En un ejemplo digno de mención considerando la época, dicho motorista samurái proclama su homosexualidad en una escena tan natural como tierna. Gracias también a la sublime labor de Gulacy en una secuencia casi sin palabras. Igualmente, el abuso de machos alfa y sus confrontaciones llega hasta el paroxismo cuando el propio Moench ha de exclamar, a través de su personaje Wild Blue: “Oh, señor, dime para qué sirve hacerse el macho en este universo… ¿para dar malos diálogos?”. También es muy realista el trato entre la pareja protagonista, Slash y Blue, los cuales comparten una relación tan intensa como platónica. Pese a no terminar realmente juntos debido a la inmadurez de él, dejan una romántica puerta abierta para el futuro.

Pero si el trabajo de Moench es destacable, el arte de Gulacy es directamente alucinante. El maestro cambia constantemente la cantidad y distribución de viñetas por página al completo servicio del storytelling (aunque hay una cierta tendencia a las tres filas, se rompan con alguna vertical o no). Un elemento muy adecuado que si suele repetir son las vistas panorámicas de habitaciones y otros espacios para luego centrar la atención en viñetas particulares. Las muchas conversaciones son una delicia con planos americanos, primeros planos y planos detalle increíblemente expresivos. Gulacy domina además el silencio con algunas viñetas clave para crear sensaciones y comprender situaciones, como la mencionada del motorista.

La obra incluye por supuesto grandes momentos de narración made in Gulacy, como la salida en liana del antro de Las Vegas o sus clásicas escenas “multi-panorámicas”; paisajes divididos en viñetas donde algún personaje u objeto es el único en “moverse” a través de éstas. Y, sin duda, viñetas de acción para el recuerdo, como esa en la que Slash y Blue están derrapando entre la nieve con explosión de nave de fondo. La misma que Ediciones Zinco utilizó para promocionar la serie en otras cabeceras (y que nosotros hemos utilizado como imagen de este artículo).

Slash Maraud Pandamonium
Arte secuencial

Si es cierto que el dibujante también muestra sus tics característicos como cierta rigidez en las figuras y el parecido entre sus personajes femeninos. También se han criticado las deformidades que muestran la panda de asesinos cinematográficos o los adictos conductores del tren. Aunque Moench afirma haber incluido estos personajes para aprovechar la capacidad de Gulacy para dibujar caricaturas. Igual pasa con el famoso diseño de los extraterrestres, los cuales se han vilipendiado por parecer teleñecos. Quede claro que el dibujante defiende haberlo hecho a propósito, ya que bajo ningún concepto quería hacerlos “molones”. Incluso la tecnología alienígena sufrió cierta burla, sin embargo algunos diseños como el de las naves en forma estrellada son un acierto.

Los colores también se han criticado. Se supone que por la pobre separación de aquel entonces que hacía un flaco favor a las tintas de Gulacy, capaz de crear efectos de profundidad con el contraste. Sin embargo, la creatividad y delicadeza de Adrienne Roy quedan patentes creando una atmósfera única en ambientes, paisajes y en el tono de las escenas. Las tonalidades rosas y violetas de las escenas del bar, el dramatismo que añade a las explosiones con unos apropiados naranjas y amarillos que llenan toda la viñeta, o los extrañamente cálidos azules con los que envuelve algunas escenas nocturnas de carácter más íntimo, son prueba de ello.

Slash Maraud color by Roy
Roy no se queda corta

Por terminar con el dibujo, es bien sabido que a Gulacy le encanta usar actores famosos para crear los rostros de sus protagonistas. Como hizo en San Chi con Bruce Lee, Marlene Dietrich o Marlon Brando, por nombrar los más descarados. Es una práctica que entretiene a guionista y dibujante, aunque posteriormente se nieguen a confirmar quienes son los homenajeados por miedo a las represalias de Marvel o DC ante los potenciales problemas legales. En Slash Maraud, por ejemplo, Moench sólo a reconocido sin ningún genero de dudas que, para el charlatán, detonante de la primera escena comentada, Gulacy se basó en el actor Lance Henriksen. Utilicemos por tanto este juego de parecidos razonables para presentar al resto del elenco.

Slash Maraud y compañía

Slash (Maradovitch) Maraud es un “kick ass”, mezcla de “Mad” Max y “Snake” Plissken para la mayoría de los lectores. Sin embargo, no sería descabellado sostener que su rostro esté sacado de Don Johnson mezclado con Mickey Rourke. Ya que Miamy Vice estaba en boga en 1987 y por aquel entonces ya se habían estrenado 9 Semanas y Media y El Corazón del Ángel. Slash es un excombatiente, un mercenario que, decepcionado con la humanidad, vagabundea y sobrevive en este mundo apocalíptico. El carismático nombre del protagonista surgió fácilmente, pero sin embargo el de Wild Blue nunca termino de convencer a Gulacy.

Wild blue es una protagonista femenina fuerte, con su pelo cardado teñido de azul y sus mayas de motivo en cebra. Aunque comparte esa característica semejanza con otras mujeres dibujadas por el artista, su fortaleza y ojos azules no desentonan con la Jane Fonda de Barbarella. Si no con unas exquisitas arrugas de más que definen aún más su carácter. Ella sería lo contrario a una mujer fatal aunque vista como tal, ya que se dedica a salvar a almas perdidas y llevarlas al camino de la heroicidad. No tiene miedo a nada, ni a perder el orgullo para salvar a sus seres más queridos.

Las Damazonas, aunque sonroje admitirlo, fue una idea de Moench para que Gulacy dibujara mujeres. Entre ellas, destacan la acaparadora vaquera Deb O’Nair, un duplicado exacto de la actriz Kelly McGuillis. Y, por supuesto, su maravillosa líder Ángela. Ésta, aunque con un rostro más suavizado, en formas y peinados es claramente una copia de Grace Jones. Aunque se las supone unas duras guerreras algo misándricas, estas conductoras de Monster-Trucks demuestran la necesaria ternura en más de una ocasión.

Rex Rumble y su banda Botas Altas son “the 50’s Greases” según palabras textuales de ambos autores. Con un poco de atención, descubrimos que Rex se parece peligrosamente a Nicolas Cage en Arizona Baby, estrenada ese mismo año. Las otras tribus de gladiadores disfrutan de nombres tan maravillosos como los Cerdos Zen de Brass Taki, Tommy Gunn y sus Corsarios Congo, los Jeques Gritones y los Nitro-Punks. A todo esto, el padre de Rumble, Race Castigliano (otro nombre cuanto menos, curioso), tiene la barba, gestos y miradas de Sean Connery. Un reconocido modelo de Gulacy para otros muchos de sus personajes.

El “traidor” del Dr. X, en su piel humana, recuerda poderosamente al Tom Selleck experimentado que conocemos en la actualidad. Aunque al menos en aquella época ya había abandonado las películas de acción baratas y tenía una pinta más madura. En todo caso, interesantísimo personaje que demuestra en los diálogos una tridimensionalidad atípica para el producto del que hablamos.

Como sus compañeros alienígenas, Sarkh y Kargh. Es cierto que se parecen al Coco de Barrio Sésamo, aunque marrones y con dientes. Pero eso no impide que los consideremos como personajes tan profundos e importantes para la trama como cualquier otro más humanizado. Es imposible no simpatizarse con el primero, que ha cogido cariño a la humanidad a través de la cultura basura, hasta el punto de entorpecer la misión de sus congéneres con tal de disfrutar de más vicios terrenales. Como también es difícil mantenerse al margen de las crueldades y ambiciones del segundo.

Por último, hay que mencionar los montones, no ya de secundarios, si no de extras que circulan por la serie y hacen breves apariciones estelares. Entre los más carismáticos, la parejita que forman esa Liz Taylor rellenita y su mediocre Marco Antonio, que demuestran a través de una descontextualizada escena de amor esa “condición humana” característica de toda la obra.

El proceso editorial

Una obra cuyos derechos deberían ser de los creadores, según el acuerdo que alcanzó Moench con DC basado en la prometida autoedición. Sin embargo, la editorial es ya famosa por sus tejemanejes empresariales, como podría confirmar un malogrado Moore, y en este caso tiene derecho a un particular veto. Según el implicado “propietario” y guionista, cuando a los artistas les llegase una oferta para utilizar la obra, por ejemplo para realizar una película, la empresa madre tendría derecho a un tiempo de seis meses para decidir si hacen algo antes. Es decir, en el ejemplo de la película, Warner podría marear la perdiz hasta finalmente decidir si quieren hacerla ellos o no. Entre tanto, la oferta original terminaría por ser papel mojado… en fin, es un “pain in the ass” en palabras del afectado.

Cuando DC le dijo a Moench que podía ser el editor, se refería más bien a derechos para diseño de portadas y otras cosas menores. En el fondo era algo más de dinero y más control del producto. La otra mitad, Andy Helfer, fue en realidad coeditor porque al ser un fan boy de San Chi lo pidió a Moench como favor especial. A cambio, conseguía luz verde para todo (y a continuación hablaremos de ese todo), además de ser un buen amigo de Moench durante esa etapa. En palabras de este último, “como editor, Andy estaba más cerca de Archie (Goodwin)”.

De cualquier manera, el guionista insiste en que no hacía falta Helfer para pasar la censura, que él “hacía lo que le daba la gana”. También hay que añadir que el fin del Comic Code y el famoso epígrafe “recomendado para lectores adultos” ayudaron mucho. Pero en todo caso, para ser una obra del catálogo de DC, los autores disfrutaron de una increíble libertad. Es de rigor recordar que eran tiempos anteriores a Vertigo y que la mayoría de los compradores eran muy jóvenes. Por decirlo de otra manera y en palabras de Gulacy: “no creo que Marvel hubiera publicado eso”.

“Eso” incluye, entre otras, la controvertida escena en la que Wild Blue excita (¿sexualmente?) a un alienígena para agarrarle un extraño miembro, retorcerlo, y amenazarle con pincharlo para sacarle información. Los autores, aunque entre muchas risas afirman no acordarse, al final admitieron la intención de la escena. Pero al salir “esa cosa” del pecho y no de más abajo, y con una forma tan rara… De hecho, muchos se preguntan si DC puso problemas por la obvia carga sexual de la escena pero, según parece, al no ser explícitos se salvaron. Igualmente hay otras escenas sexualmente potentes y, sin embargo, al no salir claramente zonas erógenas, al retrógrado estilo estadounidense de autocensura, no pasa nada.

Slash Maraud Sex
La escenita de marras

Pero incluso para el american way of life, más polémica debía ser la escena en la que el alien cambia formas se encuentra atado a unos postes tras la descrita tortura. Éste se va transformado desde niña brutalmente golpeada hasta aparecer como la figura de Cristo crucificado. Con los tiempos que corren, difícilmente podríamos ver eso ahora en DC o en cualquier otra compañía de cómic norteamericana. Por último, no podemos olvidar a los adictos a una droga sintetizada por los alienígenas que conducen un tren de ganado humano. La polémica aquí viene en concreto porque la droga tiene claramente los efectos del ácido y algunos de los protagonistas aprovechan el asalto al tren para colocarse, sin aparente sentido de culpa y demostrando una clara diversión ante los efectos. De nuevo, la transformación de ácidos en chicles, evitando así ser explícitos, suavizó el paso de la edición.

Pese a todas estas locuras, la obra se editó en un formato llamado “de lujo”, que incluía cuatro páginas más de lo habitual en cada comic, las cuales daban mucho juego en palabras de Moench. Además de esas portadas ultra-kitsch con un marco más noventero que de la década correspondiente, lleno de colores chillones. En DC pensaban que venderían 40000 copias a lo sumo de esta rara-avis, pero finalmente vendieron, según parece, cerca de 100000 (por datos de ventas directas en tiendas de cómic especializadas). En consecuencia, es sabido que los mandamases de DC ofrecieron a la pareja realizar una segunda parte. Esto se anunciaba incluso en la entradilla de la edición española, con lo que los fanáticos a uno y otro lado del charco se ilusionaron esperando saber más de Slash y compañía. Sin embargo, quizá por otros compromisos de los artistas en aquella época o quien sabe si por injerencias editoriales, nunca llegó a producirse. Y ninguno de los implicados se acuerda ya porqué no hicieron aquella prometida segunda parte.

Más triste aún es que DC no ha reeditado nunca los seis números originales. Para ser una obra con tanta intrahistoria y tan admirada por un numeroso grupo de fans, no existe ni una edición en rústica. Puede ser que aquellos extraños derechos de autoedición comentados previamente supongan un bache para negociar con Moench pero, por lo que parece, él estaría más que dispuesto a una nueva impresión.

En España, Ediciones Zinco publicó la obra en 1990 aprovechando un nicho algo oscuro y para un público más experimentado que se estaba abriendo en el cómic de superhéroes. Amparado por las mismas obras de Moore y Miller mencionadas al principio. En aquellos meses se publicaban a través de dicha editorial muchas de las obras “adultas” del catálogo de DC: Como el Animal Man de Morrison, claramente diferente, necesitada de un pensamiento fuera del universo superheroico. Green Arrow de Grell, violenta, sucia y tratando temas desagradables de difícil digestión infantil. V de Vendetta de Moore y Lloyd, distópica, con muchas más capas que cualquier tebeo de grapa de por aquel entonces. El Escuadrón Suicida de Ostrander, atípica al dar el protagonismo a los villanos de la editorial y hacerte sentir la angustia de su arriesgada situación…

Aunque en Cómics Forum también se editaban bastantes joyitas para lectores ya mayores o con gustos más maduros: Como el Scout de Truman, obra infravalorada que más de uno necesitamos repasar y admirar en una más que merecida nueva edición. El Escuadrón Supremo de Gruenwald, un interesantísimo ejercicio de las consecuencias del poder absoluto en una editorial y unos tiempos totalmente ajenos a tales experimentos. O el Love and War de Miller y Sienkiewicz, por el formato, la visión fatalista de un gran villano y ese dibujo que tan rupturista hacia el que había evolucionado el dibujante.

Zinco añadió a las seis grapas un buen texto de presentación, una interesante entrevista a Gulacy y una serie de posters de otros personajes DC de ciencia ficción. Una buena idea esta última, porque los pocos correos que publicaron festejaban esta característica del tebeo. Curiosamente, tampoco en España se ha vuelto editar por ninguna de las editoriales que disfrutaron de los derechos de DC. Ni siquiera Planeta, y ECC no parece tener intención de hacerlo. Sin embargo, no parece que sea un problema derivado de las editoriales españolas, ya que como se ha apuntado, algo tiene que haber para que tampoco se haya vuelto a reeditar en su país. En todo caso, en el mercado de segunda mano, tanto norteamericano como español, no es muy difícil de encontrar, ni a un precio desorbitado.

Slash Maraud Zinco
Los regalos sorpresa de Zinco

Para concluir, es difícil discernir hasta que punto la pátina de los tiempos, tan generosa a veces, a suavizado tantos recuerdos. Aquellas poses chulescas, ese mundo abocado al desastre, las insinuaciones sexuales entre una gama de orientaciones, razas y especies, aquel variopinto grupo de perdedores que llevaban a cabo heroicidades fuera de toda duda… Sin contar con el favor que le hace un Gulacy inspirado y en sus mejores tiempos ¿Vale la pena repetir reseña? Sin embargo, basta con leer el impresionante primer número para redescubrir la inherente calidad de la obra por encima de modas o fanatismos. Un primer número de los que deberían enseñar en las escuelas de cómic, en el que justo en la última página, junto a un panda gigante y aterrador, podemos leer: “próximo episodio: Panda-Monium”. Lo dicho, lo macarra elevado a arte.

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Dr Kadok
Dr Kadok
Lector
24 noviembre, 2020 14:36

Un clásico total de las contratapas de Zinco, nunca supe de que se trataba. Ahora mismo le estoy echando una hojeada en cierto sitio americano…muy interesante.

Dr Kadok
Dr Kadok
Lector
En respuesta a  Enrique Doblas
24 noviembre, 2020 15:43

Ya lo leí en 15´ jeje era muy buena!!! Un pastiche de mil cosas (del Planeta de los Simios a Mad Max y El Eternauta II), muy atrevido tiene viñetas tremendas…la que el critter durlano se convierte en “neguita”, le embocan un trompazo y se ponen a fifar delante suyo…DC estaba con todo! Ahora que lo pienso, no era en El Espectro de Moench que Zatanna se pajeaba en bolainas con un Espectro fantasmagórico? Doug estaba on fire. Y encima el último número (lo leí USA) estaba lleno de lo que me encantaba en las Zinco: publicidades, publicidades y publicidades de cosas que no sabía ni que existian (un Phantom de Peter David!)

Last edited 1 mes atrás by Dr Kadok
Alejandro Ugartondo
En respuesta a  Dr Kadok
24 noviembre, 2020 17:16

Te refieres a esta página? Desde luego la DC de los 80 estaba muy lanzada! Esta serie la publicaron sin el sello del Comics Code

Víctor José Rodriguez
En respuesta a  Dr Kadok
24 noviembre, 2020 17:18

Es la página que señala Alejandro. Pero no era Zatanna, era Madame Xanadú. Igualmente, los contenidos adultos de entonces son impensables para ahora.

Dr Kadok
Dr Kadok
Lector
En respuesta a  Víctor José Rodriguez
24 noviembre, 2020 17:57

Jeje perdon mezcla de brujas

Víctor José Rodriguez
En respuesta a  Dr Kadok
24 noviembre, 2020 18:30

Entre brujas andaba el juego 😀 Hey! siempre he pensado que una serie de las dos estaría genial. Y ya si metemos a Raven molaría mucho más. Trío de brujas de DC!!!

Víctor José Rodriguez
Autor
24 noviembre, 2020 17:21

Genial artículo compañero. Sinceramente, no conocía esta obra y ya estoy como loco buscándola para leerla. Echo de menos que DC apueste por este tipo de series, alejadas de la línea superheroica convencional. Lo dicho, gran trabajo!

Paulo Hernando
Autor
24 noviembre, 2020 20:56

Enorme artículo Enrique, enhorabuena por el fantástico debut ¡¡. No conocía la obra pero me has hecho interesarme por ella, tiene muy buena pinta. Bienvenido¡

Ángel García
Autor
24 noviembre, 2020 21:07

Qué gran artículo, Enrique. Como otros te están comentando por aquí, no la conocía y me ha interesado mucho. Enhorabuena por el debut.

NerD
NerD
Lector
25 noviembre, 2020 16:56

Justo me he hecho con la serie esta mañana. En cuanto la termine cato tu artículo Enrique. Un saludo.

Drury Walker
Drury Walker
Lector
26 noviembre, 2020 15:38

Pues una pena que no veamos esto en ECC. Ademas podria tener multiples ediciones: grapa, rustica, cartone, edicion limitada tapa peluda….

Los articulos son geniales, pero luego me tengo que aguantar las ganas! A ver si consigo echarle un ojo en alguna parte…

Drury Walker
Drury Walker
Lector
En respuesta a  Enrique Doblas
28 noviembre, 2020 9:18

Jajaja! Pues nada, sigue, que lo haces muy bien!

Javier Agrafojo
27 noviembre, 2020 15:36

Estupendo artículo para una obra estupenda. Mis sinceras felicitaciones.

Slash Maraud es uno de esos “tapados” que molan mil y conviene recordarlo de vez en cuando. Moench & Gulacy es garantía de diversión en prácticamente cualquier proyecto y este -igual es herejía- es uno de los que más me gusta del dúo.

Inexplicable que no se reedite en tapa dura y (por qué no?) gran formato.

idem
idem
Lector
28 noviembre, 2020 14:00

Gran artículo/reseña sr. Doblas. Estoy de acuerdo en que para mí es una de las grandes colaboraciones de la dupla Moench – Gulacy.
No llega a la altura de la mítica serie Master of kung fu o Batman: presa, pero es una miniserie muy entretenida y transgresora para su época (y mucho más para la nuestra, donde lo políticamente correcto se va a cargar cualquier atisbo de creatividad e inconformismo. Alguien se imagina publicando esta mini ahora en DC o Marvel??).
No se, si como afirma por ahí, hay un serio problema con la reedición de esta obra debido a la famosa escena con el alien; pero el caso es que no se ha reeditado nunca y eso ha impedido que mucha gente desconozca este comic.
Un saludo a todos.

piscolabi
piscolabi
Lector
28 noviembre, 2020 17:12

Enrique, mis felicitaciones por lo exhaustivo y bien documentado del articulo, incluyendo esas anécdotas como la de Moore.
Alguien sabe si Six From y el James Bond de la pareja han sido editados en España?..