Saigón-Hanoi

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Edición original: Saigon-Hanoi (Dupuis, 1992).
Edición nacional/ España: Saigón-Hanoi (Ediciones Junior, 1994).
Guión, Dibujo y Color: Cosey.
Formato: Novela Gráfica 48 páginas.
Precio: 12€.

 

Bernard Cosandey, más conocido como Cosey, es uno de los grandes nombres de la reciente historieta europea. Nacido en Suiza en 1950, empezó en el mundo del cómic a los 20 años y desde entonces nos ha dejado un puñado de brillantes trabajos como su western Jonathan, la bella En busca de Peter Pan, la indiscutible obra maestra El viaje a Italia o la que hoy nos ocupa.

Saigon – Hanoi es el título de un documental que emite una cadena de tv el día de Nochevieja. Especie de fábula de Navidad, con el profundo humanismo que caracteriza a Cosey, el programa queda en segundo plano ante la llamada de una chiquilla llamada Felicity que ha marcado al azar el nombre de un veterano de Vietnam quien, tras 20 años, aún recuerda a su amigo desaparecido en la guerra.

Premio al mejor guion en el Festival de Angouleme en 1993, en Saigon – Hanoi Cosey recupera el sabor de la bucólica El viaje a Italia con un veterano del Vietnam que bien podría haber sido Arthur (aunque se llame Homer), con un amigo desaparecido que bien podría haber sido Ian (aunque se llame Dean) y con una fortuita relación telefónica que bien podría haber sido Shirley (aunque se llame Felicity); solo que no lo son, ni lo podrían haber sido, en realidad, pues sus circunstancias son distintas y, hasta cierto punto antagónicas: su único nexo en común, lo que los emparenta indeleblemente, es la visión del autor, tanto en un sentido literario (argumental) como estético.

Homer es un solitario, anclado en el pasado, rodeado de recuerdos que aún le duelen pero que, al mismo tiempo, con la guerra han quedado vacíos de su ingenuo significado original: ese póster de los Rolling Stones, esa maqueta de un avión colgada en su habitación, esa pelota de béisbol que contempla ensimismado. En una página Cosey nos muestra su inadaptación a los tiempos modernos cuando, tras encender un fuego en la chimenea, el veterano apaga el televisor donde Madonna canta Like a prayer para salir a pasear de noche por el páramo desierto y nevado (pág.09); ni siquiera necesita palabras, más que la reproducción de un par de versos de la canción pop. Cosey no teme al silencio: las primeras seis páginas son mudas. El protagonista no habla hasta que descuelga el auricular para conversar con su desconocida interlocutora. En su actitud reflexiva, pero también en sus rasgos, ajados pero aún nobles, como los de un Marlon Brando cincuentón, Cosey deposita el recuerdo de una herida aún no cicatrizada. Es la pérdida, pero también el paso del tiempo, la desilusión, la incertidumbre de no saber por qué hicieron lo que hicieron. Una vida que se sigue viviendo sin un propósito. Necesita recordar a la vez que darle un nuevo sentido a lo vivido para poder pasar página.

Felicity es una niña de once años que se ha quedado sola en casa pues su madre ha tenido un accidente de tráfico y ha sido hospitalizada en vísperas de Año Nuevo. Llama esa noche para consolar su soledad, pero quizás ella también necesite respuestas a sus preguntas imprecisas. Como la Natalie Portman de Beautiful Girls (Demme, 1996), es una niña que sólo se entiende en un mundo adulto, que enfrenta al adulto con las ilusiones que tuvo y perdió. De tal asimilación nace la posibilidad de un nuevo futuro. Las ventajas para la niña son más oscuras, pero ya hemos dicho que el tebeo es una suerte de fábula de Navidad. Felicity (reparemos en el nombre) es un ángel que se aparece al protagonista en un momento de encrucijada y que desaparece en una nube de humo una vez completado su cometido.

Felicity rescata el alma de Homer de pudrirse en un pozo de lamentaciones. Huyendo de convencionalismos y sentimentalismos, Cosey lo desvela en un juego intertextual entre las imágenes del documental, convenientemente mudas (son el pasado), y la charla telefónica entre ambos. Pero es tan sutil, tan etéreo, que la sensación queda, aunque siempre parece que se nos escapa algo, alguna precisión que tal vez aflore en una segunda lectura o tal vez nunca. Como Homer, debemos volver sobre los recuerdos, estudiarlos de nuevo, esperando que una voz en la distancia les conceda su significado final. Mientras, paladeamos la melancolía, pero también la satisfacción de Homer por haber encontrado lo que llevaba años buscando, acaso sin saberlo.



Cosey revalida las habilidades demostradas previamente, aún con más acierto, en El viaje a Italia: desde la precisión de la línea al virtuosismo en los paisajes o el alarde de reflejar distintos tipos humanos con sobresaliente convicción (para conseguirlo visitó Vietnam entre diciembre de 1988 y enero de 1989); pero hay dos aspectos que destacan: el primero es la decidida apuesta por largos paneles horizontales a los que confía los momentos más definitorios, incluido el principio y el final. La composición de página sigue siendo variada e imprevisible, alejada de academicismos, como ya viéramos. No obstante, se ha vuelto más funcional, más tipo “cámara invisible” (no hay que olvidar que más de la mitad del álbum se nutre de las supuestas imágenes del documental) y, por tanto, menos audaz que antaño, cuando era más frecuente la búsqueda de efectos sorprendentes y originales. El otro aspecto llamativo es el uso dramático del color, reservando tonos sepias para las imágenes grabadas y una paleta más variada, con predominio de azules, para la acción que se desarrolla en el presente. Las secuencias con la nieve son particularmente memorables, como no sorprenderá a quienes hayan leído En busca de Peter Pan.

Saigon – Hanoi no es un tebeo de guerra, mucho menos aún si pensamos en ello como un Hazañas Bélicas o una sucesión de tipos duros a lo Garth Ennis. Es una historia de supervivencia y hubiera sido esencialmente igual en muchas otras circunstancias traumáticas, desde una migración forzosa a la pérdida de un hijo, por poner un ejemplo. Al final, a poco que uno haya vivido, entiende que el tiempo hace estragos y solo nos queda superarlo y seguir viviendo… con un poco de esperanza.

Saigon – Hanoi fue editada en 1994 por Ediciones Junior en el nº 14 de su colección Trazo Libre, que apostaba -en sus propias palabras- por “la calidad como elemento preferente”. Ya descatalogada, en 2006 fue recuperada por Planeta DeAgostini en su colección Trazado, donde se publicó junto al álbum Zeke cuenta historias en un volumen de 144 páginas en tapa dura al inmejorable precio de 15 euros.

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Mr. X
Mr. X
Lector
26 agosto, 2013 10:44

Aunque a mi Beautiful Girls siempre me ha parecido sobrevalorada ;), tiene una pinta buenísima.

Masmalo Kearbeloa
Masmalo Kearbeloa
Lector
26 agosto, 2013 11:21

Me lo encontré en un tenderete que vendía libros frente a la playa hace un par de años y me costó tan sólo 3 eurillos. Se lee en un suspiro (en ese aspecto los 3 euros me parecen más justos que los 12 originales), es una lectura agradable aunque requiere de la complicidad del lector para aceptar como verosímil el personaje de la niña, un tanto “viejoven”.

Fran
Fran
Lector
26 agosto, 2013 13:55

Cosey fue un grato descubrimiento…me leí está historia despues de “Viaje a Italia” (posiblemente el mejor final que he leído)
y me parece un gran preámbulo a dicha obra.

Mr. X
Mr. X
Lector
26 agosto, 2013 14:50

“Mr.X, ¿Beautiful Girls sobrevalorada? ¡Pero si no la conoce ni el tato! “

Jo, pues yo conozco a un montón de gente enamorada de esa peli. Y la verdad es que yo nunca le he pillado el puntito y me ha parecido muy convencional. La que me encantó –dentro de la línea de comedia indi con la Portman- es Garden State http://www.filmaffinity.com/es/film544824.html (me niego a nombrarla con el horrible título español)

Retranqueiro
Retranqueiro
Lector
26 agosto, 2013 15:32

¿Y esto se publicó en Trazado? En ese caso debería ser fácil de conseguor, ¿no? Bueno; pues entre esta y Viaje a Italia ya tengo deberes.

Fran
Fran
Lector
26 agosto, 2013 21:03

Pues me traiciona mi ignorancia…desconocía que “Saigon-Hanoi” se publicase un lustro antes que “Viaje a Italia”…coincido en que la obra reseñada deja la expresión de ser un ejercicio de estilo, tal vez sea la mejor manera de definirla (y no me parece nada peyorativo).
Ambas fueron publicadas en la colección trazado (“Viaje a Italia” es una obra en dos números y así fue en principio publicada) y se pueden conseguir sobretodo en librerías de segunda mano (muy fácil tampoco creo que sea…). Aunque ambas fueron reeditadas por planeta, una en integral y otra recopilada en “zeke cuenta historias” como bien indica la reseña.

Mr. X
Mr. X
Lector
26 agosto, 2013 21:10

Winter´s bone es un peliculón y la novela original aún mejor. Pruebe con Garden State que seguro que le mola.