Morir en el mundo de los superhéroes

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Recuerdo que fue de una de las primeras veces (el resto se cuentan con los dedos de las manos) en las que un superhéroe acaparaba un artículo de mas de media página en un periódico: Superman, el hombre de Acero, había muerto. Lo vendían como el suceso mas importante de DC en toda su historia.

Y le vimos morir, claro. Fue en el lejano 1992, cuando por aquí celebrábamos Olimpiadas, Expo y 500 años de descubrimiento de América.

La desilusión llegó cuando, al poco tiempo, el Kriptoniano apareció de nuevo en el mundo de los vivos. Algunos, los más ortodoxos, aplaudieron la vuelta a la normalidad. El resto, se sintieron defraudados. ¿Por qué matar a un personaje para luego resucitarlo?.

Si algo me gustaba(y me gusta) de los cómics de superhéroes era, salvando las distancias, la sensación de realidad. Está claro que uno no sale de casa y ve a Flash pasar a su lado dejando una estela roja, ni a Spiderman columpiándose por los tejados. Pero ellos tenían problemas de trabajo, sentimentales…reflejos de los que pueden tener los lectores. En muchas ocasiones, se tiraba tanto de las relaciones personales y conflictos entre personajes que estaban cerca de traspasar fina línea que separa una historia de un culebrón (y si uno leía a Vid y sus traducciones, esa línea estaba superada). Y lo que más credibilidad le daba era la muerte de un personaje.

Claro que, la muerte en un cómic está lejos de acercarse a la que todos conocemos, sobre todo en los últimos tiempos.

Siempre que muere un personaje, siento algo de pena. Me pasó con Pájaro Burlón, Illyana Rasputin, Peter Rasputin…porque sentía que desaparecían. Morían con cuenta gotas, no era lo habitual. Con cada muerte, algo cambiaba, para bien o para mal.

Si echamos la vista atrás, vemos algunas muertes de superhéroes que nos impactaron a todos: Ave de Trueno, Flash, Supergirl…ellos nos abandonaron para siempre. Tenemos otros personajes que los sustituyen de algún modo, pero no son ellos. Los recordamos por lo que fueron, pero si de repente reaparecieran, nos preguntaríamos: ¿Qué hace este aquí?

No quiero decir que antes no resucitaran personajes; La primera y posiblemente más importante fue la de Jean Grey. En su caso, estaba bien explicada, y sería la excepción que cumple la regla de “Si mueres, se acabó”. Verla morir y luego verla otra vez entre nosotros después de una larga temporada, fue un buen momento dentro de la historia de los cómics.

El problema viene cuando, para aumentar ventas, vemos noticias del estilo: ¡muere Spiderman!, ¡muere Iron Man!, ¡muere…! y luego, nos lo traen de vuelta al poco tiempo, inventando clones, extraños viajes temporales… Todo vale con tal de que se vender mas. Y eso mata el espíritu de los cómics y los aleja de esa realidad superheroica a la que nos tenían acostumbrados. Una mala decisión, en mi opinión.

Como morir es ahora “pecata minuta”, hemos pasado de no morir nunca, a caer como moscas. De esa forma creen que aumenta el dramatismo, pero en realidad, acaban con él. No sirve de nada matar a alguien “por exigencias del guionista de turno”. Una muerte debe tener sentido. Ahora, veo a uno que muere y me digo, “ya volverá”. Han acabado con esa sensación de pérdida irreversible.

Esta manera de ver la muerte cambió, sobre todo, en los noventa. Morir se convirtió en sinónimo de aumento de ventas. Por eso empezamos a ver macrosagas donde el fin de la misma acababa con alguna o varias muertes. Onslaught, La Era de Apocalipsis…todo valía. La pregunta siempre es la misma: “¿Esto es para siempre?”.

“Para siempre” no existe en el mundo de los cómics, afortunadamente. Lo que ocurre es que a veces se hacen malos usos de esa reversibilidad. Si vemos que las ventas decaen, matemos a alguien. Si no nos gusta como está evolucionando, lo matamos. Y si es de los personajes emblemáticos, mejor que mejor. Luego, ya veremos como vuelve. Y eso es algo que se ha arraigado de tal manera que no se imagina un suceso importante si no hay muertes de por medio.

Ahora se acercan macrosagas de DC (Crisis y mas Crisis) y Marvel (House of M). Se habla de muertos y que “nada volverá a ser como antes”.

Yo me pregunto “nada volverá a ser como antes…¿Durante cuanto tiempo?”.

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