Marvel Héroes: Capitán Britania

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Edición original: Marvel UK – septiembre 1981 – febrero 1986
Edición España: Panini Comics – noviembre 2018
Guión: Dave Thorpe, Alan Moore, Steve Craddock, Alan Davis, Mike Collins, Jaime Delano
Dibujo: Alan Davis, Noel Davis
Entintado: Alan Davis, Noel Davis, Mark Farmer
Color: S. D.
Portada: Alan Davis
Precio: 39,90 euros (tomo en tapa dura de 552 páginas, nonagésimo segundo de la colección Marvel Héroes)

 
Prólogo: Capitán Britania, Marvel británica

La Historia -con mayúsculas- se compone, a su vez, de innumerables pequeñas historias, cuya influencia en el relato general es de importancia variable. Más allá de la solemnidad y grandilocuencia de la disciplina, están las anécdotas que, al correr del tiempo, adquieren, vistas con la perspectiva de su evolución, el peso específico que les corresponde. En esta ocasión, las historias recopiladas en este tomo, son un ejemplo de cómo la persistencia de un editor, sirvió como puerta de entrada a la industria estadounidense de algunos nombres que, en poco tiempo, se convertirían en imprescindibles en el género súper-heroico.

A principios de los ochenta, la división británica de Marvel se limitaba a la edición -en glorioso blanco y negro- de los tebeos que la casa madre yanqui publicaba al otro lado del océano. El interés de la empresa norteamericana por el mercado en lengua inglesa del viejo continente, se había concretado en la aparición de un personaje con colección propia, el Capitán Britania. La creación llevaba la firma de Chris Claremont y Herb Trimpe y, en honor a la verdad, su serie no era particularmente brillante. El guionista aún no era el talentoso patriarca mutante que conoceríamos después y al dibujante solían caerle más palos que flores en las críticas. Cuentan las crónicas que las razones del encargo se debían a la nacionalidad del primero y a una residencia temporal del segundo pero, en todo caso, la cabecera se preparaba en Estados Unidos y se remitía luego al Reino Unido.

Eran los primeros días del gobierno de Margaret Thatcher, cuando Paul Neary, a la sazón editor en jefe de la Marvel británica, presionó a la sede central para que le permitieran publicar algo más que reediciones. Como quiera que el presupuesto asignado para aquella aventura era, más bien, magro, el caballero asumió que no podía fichar a nombres ilustres del panorama «comiquero» insular, por lo que abrió la convocatoria a aquella parte de la afición que supiera usar un lápiz. Uno de los que respondió a la llamada fue un tal Alan Davis que, en sus propias palabras, no tenía excesivo interés en dedicarse profesionalmente a los tebeos; su entorno los percibía como algo infantil y, desde luego, como un laburo impropio de un adulto que acababa de ser padre, por primera vez en su vida. El resto es una historia sobradamente conocida.

«Rule, Britannia…»

El debut de Davis como dibujante del Capitán Britania, se produjo como parte de un relanzamiento en el que, para empezar, se modificaron tanto su apariencia como la fuente de su poder. Claremont y Trimpe habían creado al personaje como el campeón del país artúrico, siendo Merlín -cómo no- el artífice de su creación. Sin embargo, el joven Brian Braddock -identidad civil del héroe- era persona de ciencia y no de fuerza, por lo que escogió un emblema no bélico -un medallón- en desmedro de otro que sí lo era -una espada… clavada en una piedra-. El resultado era un uniforme estrafalario, pródigo en emblemas del país representado -la Union Jack, los leones pasantes…- y un cetro que daba a Brian sus poderes. El primer paso será, pues, transformar aquel atuendo tan tópico en algo distinto… aunque no muy separado de la citada naturaleza. En su viaje de regreso hacia la Tierra, Brian verá que su uniforme cambia, para convertirse en una versión modernizada y evocadora del uniforme de la caballería de la guardia real, con los tres colores de la bandera británica. La fuente del poder del héroe estará integrada en estos nuevos ropajes, desapareciendo la herramienta original. De sus peripecias precedentes, queda su escudero, el elfo Jackdaw, que testimonia el carácter eminentemente fantástico de sus aventuras precedentes.

Braddock y su acompañante aterrizan en una Tierra que, pronto, se revela como otra distinta de aquella de la que Brian había partido. El primer recibimiento llega de la mano de un grupo de villanos, autodenominado la Banda Loca y comandada por un tal James Jaspers, el cual se auto-etiqueta igualmente de orate y da la primera pista a los recién llegados de que algo no va bien. Han llegado a un mundo en el que la actividad enmascarada ha sido prohibida. Las acciones del Capitán como justiciero, son directamente ilegales y, pronto, se verá como fugitivo en un mundo que no comprende y que se torna crecientemente surrealista ante sus ojos. Todo tiene un aroma a Alicia en el país de las maravillas, pero en una versión bastante más siniestra, como si a una parte de la galería villanesca de Batman se le hubiera añadido un fuerte contenido mágico. Jaspers no será, empero, el único personaje relevante que se presentará en estos primeros capítulos. Poco después, hará su aparición Ópalo Luna Saturnina, guardiana del omniverso y alguien que antepondrá sus objetivos a cualquier otra cosa. El desubicado Brian se verá forzado a una incómoda alianza con esta misteriosa agente de un poder superior, mientras se plantea cómo retornar a su propia Tierra.

Estas primeras historias, firmadas por un novato Alan Davis y el guionista Dave Thorpe, están constreñidas por la extensión con la que cuentan, en las distintas revistas por las que pasan. No hay que olvidar que se trata de contenidos complementarios a las reediciones de material yanqui, pero, pese a ello, los autores logran presentar un buen puñado de conceptos sumamente interesantes. Estamos ante un tebeo del género que debe mucho a la obra de Lewis Carroll pero, también, a aquella Britania construida a base de tópicos: los bombines, el té de las cinco de la tarde, el lluvioso Londres. Una relectura de esos tebeos me hace recordar, y mucho, a Steed y la señora Peel, los vengadores televisivos. Bajo la superficie, engañosamente «camp», se oculta algo más oscuro e inquietante. Siempre ha habido algo siniestro en el hecho de tomar un elemento pretendidamente infantil o humorístico y llevarlo hacia el extremo contrario y, aquí, el truco funciona, hasta el punto de que será luego utilizado para buena parte de las aventuras de Excalibur. Para eso, sin embargo, quedan bastantes años. Antes, habrá otro guionista que tome el relevo de Thorpe y muestre un poco de la magia que le hará célebre poco tiempo después: Alan Moore.

El caballero barbudo se incorpora a la historia con el tren en marcha y, tomando todas las piezas del juego, se encarga de llevarla a su terreno, jugando con ideas que, más tarde, desarrollará a fondo en V de Vendetta o Watchmen. El pobre Brian Braddock va dando tumbos por un multi-verso que no es otra cosa que un gran tablero de ajedrez, en el que su antiguo valedor, Merlín y la hija de este, Roma, juegan una extraña partida por el destino de todas las realidades. El Capitán es una pieza más en este duelo-rompecabezas, en el que aparece otra, aterradora: la Furia. Antes de la llegada de los T-800, Moore y Davis trajeron a la palestra de la viñeta un ser con una misión exterminadora, determinación inagotable y capacidad para un aprendizaje constante. La supervivencia de Braddock constituye el impulso necesario para que la Furia cruce dimensiones y Tierras paralelas, en pos de una presa algo más que esquiva. Sin embargo, con cierta perspectiva, si terrible resulta la máquina, más temible es la razón de su origen: el ser es creación de Jaspers, el demente jefe de la Banda Loca. Este hombre fue, una vez, un destacado político de aquella Gran Bretaña alternativa, que abogó por la proscripción del colectivo justiciero enmascarado y utilizó sus talentos como mutante para convencer a la población de la validez de su propuesta, dándole además la herramienta definitiva, en la forma de la Furia. Cuando Brian retorne a su Tierra de origen, descubrirá que, también allí, hay un Jaspers que amenaza con seguir el camino de su contrapartida.

Cuando Moore y Davis abordan estas historias, el Reino Unido lleva varios años gobernado férreamente por la primera ministra Margaret Thatcher. La política conservadora -que definirá, junto a Ronald Reagan, un modelo gubernativo y económico cuya influencia está presente aún a día de hoy- se caracterizó, durante su tiempo en el poder y después del mismo, por no quedarse nunca en el plano de la indiferencia. El guionista, de ideología anarquista, pintó aquí un esbozo de lo que, desde su punto de vista, podía ser la Gran Bretaña thatcheriana, llevada hasta sus últimas consecuencias. Una vez más, la extensión y el formato impidieron que se desarrollaran todas las implicaciones, pero la imagen de un Capitán Britania convertido en símbolo, en un país poblado de campos de concentración, sigue siendo impresionante. También lo es la evolución de un Alan Davis que, poco a poco, va dando más y más muestras del talento que, a no mucho tardar, le haría célebre.

Antes de Excalibur…

Después de la etapa Moore-Davis, llegaría otra, en la que el Capitán Britania recuperaría, por un breve período de tiempo, una cabecera propia. El Alan dibujante se mantendría, para ilustrar los guiones de otro ilustre escritor británico, Jaime Delano. Sus trabajos continuarán la línea precedente, empleando los personajes y situaciones precedentes. De todos ellos, será uno en particular el que experimente, en mi opinión, un mayor grado de desarrollo: Meggan. Aquel personaje, que era un secundario más, pasará a tener un papel preponderante, evolucionando, tanto en su aspecto exterior como en su relación con el protagonista. Aquí, el aire feérico se combina con las reminiscencias científico-ficticias modelo Doctor Who, dando como resultado una curiosa combinación, en la que queda patente que el antiguo complemento de relleno ha dejado paso a un material con autonomía y estilo propios. También hay que destacar la progresiva importancia de Elizabeth «Betsy» Braddock, gemela de Brian y futura integrante de la Patrulla-X. Por un tiempo, ella ocupará el puesto en la capitanía britana de la Tierra 616, hasta que un enfrentamiento con uno de los viejos adversarios de su hermano la deje ciega. El final de esta etapa tiene patentes reminiscencias con el que cerraba el período Moore, dejando a sus personajes listos para el siguiente capítulo de sus existencias «comiqueras».

Epílogo: y ahora, algo completamente diferente

Este tomo de Marvel Héroes es la oportunidad perfecta para recuperar un material que, por estos barrios, ha ido llegando por entregas y, no necesariamente, en el orden correcto. Primero, tuvimos, hace casi treinta años, una edición en cuatro tomos prestigio del segundo volumen de las aventuras del Capitán Britania. El gancho era el éxito de Excalibur, cuya aventura fundacional había abierto el primer volumen de aquel formato, tan exitoso entre los ochenta y los noventa. Cinco años después, tuvimos, por fin, las aventuras contadas por Alan Moore, en un tomo de la línea «Archivos» que, desgraciadamente, se editó a partir de un material en el que se omitía una página. Ahora, existe la ocasión para tenerlo todo reunido en uno de estos volúmenes que han de leerse usando un atril.

Por lo que a los personajes se refiere, Brian compaginaría sus andanzas finales con un encuentro con el Capitán América -publicado recientemente en el tomo ¡Se ha hecho justicia!– y, junto a su hermana Elizabeth, acabaría entrando en la órbita mutante, reencontrándose con su creador literario. Betsy acabaría convirtiéndose en destacada integrante de la escudería-X -y sufriendo toda suerte de profundos cambios-. Por su parte, Brian cambiaría el tono oscuro y siniestro de estas aventuras, por el humor que definió los primeros tiempos de Excalibur. Claremont demostraría que no solo sabía escribir drama y Davis le acompañaría, para dejar patente, a su vez, que podía dar un giro cómico a aquella tópica Gran Bretaña que mostrara en sus primeros tiempos como dibujante a tiempo parcial.

Niños, pequeñuelos, personas diminutas: la Furia
Niños, pequeñuelos, personas diminutas: la Furia

  Edición original: Marvel UK – septiembre 1981 – febrero 1986 Edición España: Panini Comics – noviembre 2018 Guión: Dave Thorpe, Alan Moore, Steve Craddock, Alan Davis, Mike Collins, Jaime Delano Dibujo: Alan Davis, Noel Davis Entintado: Alan Davis, Noel Davis, Mark Farmer Color: S. D. Portada: Alan Davis Precio:…

Pijamas al estilo inglés

Guión - 8
Dibujo - 7.5
Interés - 8.9

8.1

Los inicios yanquis de unos señores británicos

Brian Braddock, por Alan y Alan

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JOSE
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JOSE

Yo tengo los 4 prestigios y el tomo de archivos que publicó Forum hace casi 30 años. Esta nueva edición incluye algo más que esa página perdida que justifique su compra? Qué extras trae? Gracias…

Captain Eo
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Captain Eo

Yo también tengo todo lo de la época y es una maravilla que prefiero mantener en ese formato y no en papel satinado brillante, eso sí, no sabía que faltaba una página, podría el autor del artículo especificar qué página es? un saludo y buen artículo

Jesusy
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Jesusy

La nueva edición cuenta con una reproducción mucho mejor, sobre todo en la etapa de Moore, que en la edición de forum era muy mala, con unos negros muy agrisados.

Kaulso
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Kaulso

La reproducción no varia mucho realmente, lo que si lo hace es el papel que no es el mismo y es mejor en el tomo de Panini ya que casa para el color de los noventa que tiene la parte de Moore.

Jesusy
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Jesusy

La reproducción del material mejora con el papel y, tal vez, con una mejor labor por parte de la imprenta, luego sí varía. Lo que no varía es la resolución del material de reproducción ya que debe de ser el mismo. Insisto, en la edición de forum los negros tienen poca intensidad y queda todo un poco fofo.

Captain Eo
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Captain Eo

cuestión de gustos, a mí donde se ponga el papel poroso que se quite cualquier papel satinado, no sporto el negro con destellos, hablo sin saber porque aún no lo he hojeado, pero viendo las chapuzas q se han hecho con Moon Knight, 4f de Byrne etc… no tengo gran esperanza de que lo hayan hecho mejor con éste

Jesusy
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Jesusy

En efecto, es cuestión de gustos. Yo prefiero que el negro quede intenso y no compita con los colores y en la edición de forum, el negro estaba muy mal impreso. Por otra parte, el papel no es satinado, es mate, pero es un tipo de papel estucado que da un aspecto más brillante a los colores.
Y tengo que decir que a mi me encanta la edición de 4F de Byrne o de Moon Knight de Sienkiewicz. Cuestión de gustos.

Captain Eo
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Captain Eo

de los 90? más ochentero no puede ser esto

Kaulso
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Kaulso

La obra es de los 80 editandose originalmente en Bllanco y Negro, pero la reedición en Archives de la etapa de Thorpe, Moore y Davis es de los 90 y se coloreó para la ocasión usando colores de esa época, aunque sin brillitos ni nada parecido, pero moderno al fin al cabo. En cambio el material posterior como se editó antes en los 80 en un tomo recopilatorio si tiene el color de esa época.

Captain Eo
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Captain Eo

cierto, gracias por la info, pero es lo que dices, este color aún no era tan recargado como cuando entró la fiebre hortera photoshopera de los 90 donde todo era brillos y degradados, es algo sobrio y bien hecho