De injusticias y persecuciones contemporáneas
«Ves, Vivès, es por este tipo de reacciones por lo que la gente te detesta. Te lo tienes muy creído.»
Como esta es una reseña muy especial, al ser la que hace 300 de las que he perpetrado en Zona Negativa, déjenme jugar a un divertimento algo inocente y fútil, por una sola vez. Voy a imaginarme una situación totalmente ficticia que podría explicar toda la verdad sobre el llamado “caso Vivès”.
Si se trata de recapitular, estamos ante un episodio persecución judicial y de cancelación de un autor de bande dessinée llamado Bastien Vivès debido a unas acusaciones de creación, difusión y apología de la pedopornografía. Es decir, que algunas de sus obras promocionan e incitan al abuso sexual de menores. Diversas asociaciones de defensa de las víctimas han llevado al autor y a las editoriales responsables a juicio. Un proceso donde el abogado del autor francés, Richard Malka, ha tenido que exponer verdades tan básicas como: “un autor de novela policiaca no es responsable de los asesinatos de sus personajes…” Así están las cosas en este mundo actual.
De momento el Tribunal de Nanterre, donde se ha celebrado la vista, se ha declarado “territorialmente incompetente” por lo que el caso ha entrado en un hiato administrativo puesto ningún otro tribunal reclama el caso. Veremos si es el cierre definitivo del proceso judicial. Pero hasta llegar aquí Vivès ha sufrido acoso cibernético, acoso presencial, se ha cancelado una ambiciosa retrospectiva de su obra en el Festival de Angoulême por «motivos de seguridad” y ha visto reducida casi a cero su actividad profesional durante unos dos años.
A finales del 2024 parecía que su calvario empezaba a menguar con la publicación de este álbum que nos ocupa, llamado La verdad sobre el caso Vivès, y por su participación decisiva en el lanzamiento de Charlotte mensuel, una revista de cómics que combina obras de importantes autores contemporáneos – como él mismo – con trabajos históricos de grandes genios del noveno arte como Georges Pichard, Florence Cestac, Chris Ware o Gerard Lauzier. Parecía… Porque hace unas semanas nos hemos enterado que un organismo administrativo encargado de supervisar las desgravaciones fiscales a la prensa y a las revistas ha decidido que parte del material de Charlotte mensuel es pornográfico y por lo tanto le niega a la publicación importantes exenciones de impuestos. Las obras consideradas inapropiadas son, principalmente, auténticos clásicos realizados en la década de los ochenta por autores como Andrea Pazienza o la dupla española Abulí/Bernet. Otro gran despropósito… y fin de la puesta en contexto.
El juego que les proponía al principio de este artículo consiste en especular que el bueno de Bastien, un sujeto brillante, inquieto, respondón y algo faltón, en algún momento le pisó un callo – metafóricamente hablando – a alguien importante e influyente de la sociedad biempensante francesa, a alguien poderoso y de ahí todas sus desgracias. Se trataría de una venganza especialmente cruel y sibilina que demostraría un rencor infinito. Si no es así, las tribulaciones de este autor nos resultan realmente descorazonadoras, son difíciles de asimilar si no es por la creciente estulticia líquida de la sociedad contemporánea y sus redes sociales. Fin del juego. Vayamos por fin a la reseña.
Todo lo expuesto anteriormente no aparece explícitamente en el álbum irónicamente titulado La verdad sobre el caso Vivès, por lo que el delito más tangible que podría haber cometido Bastien Vivès es el de publicidad engañosa, pero aquí no lo vamos a denunciar porque consideramos que esta obra es apasionante, inteligente y divertida. Perdonen, me resisto a parar de jugar…
Este álbum de ficción nos explica las vicisitudes que ha de pasar el propio Bastien Vivès debido a las acusaciones de difusión de la pedofilia que ha sufrido. Aunque parece que el caso no se sostiene el protagonista es obligado a seguir unos cursos presenciales para pedófilos. Estas sesiones duran unas cuantas semanas y debe internarse en un centro lejos de su casa. Allí sufre todo tipo de insultos, vejaciones y acoso. Para cuando consigue superar los test absurdos, las sesiones delirantes y la imposible convivencia con los monitores, unas declaraciones de cuando era estudiante le conllevan más sufrimiento.
En este libro hay varios momentos absolutamente memorables como la secuencia del test con la doctora Heinrich o cuando en la editorial pasan el nuevo proyecto del artista por una máquina llamada sensibot, con el protagonista con su hijo pequeño en brazos; también la salida de la prisión como si estuvieran en la puerta de un colegio… pero para el que esto escribe el momento estelar del libro son los dos talleres de Deconstrucción del cómic donde el grado de paroxismo esperpéntico alcanza cotas insuperables.
Hay que destacar la labor de la traductora Violeta Alarcón Muñoz que ha resuelto con eficacia algunos giros humorísticos de dificil solución.
El estilo narrativo de esta obra es parecido al de sus célebres libros temáticos que llevan su nombre y tratan de temas de actualidad. Son páginas sin viñetas delimitadas, con uno, dos o tres dibujos en cada una y la secuencia, que puede durar varias planchas, se resuelve en planos fijos donde solo evoluciona el diálogo.
El trazo es muy suelto, los fondos inexistentes y la definición de los personajes minimalista, pero suficiente para reconocerlos y apreciar la personalidad de cada uno. Bastien Vivès se ha convertido en uno de los artistas con más talento del medio en sus obras más elaboradas, como su recreación de Corto Maltés, y también aquí donde todo fluye de una forma mucho más suelta y descuidada.
La confección técnica y física del tomo a cargo de Diábolo Ediciones es mejor que la de su homólogo francés. El libro es en cartoné, tiene un tamaño idéntico al original, está bien impreso y cuenta con un papel excelente. No contiene ningún material adicional, ni escrito ni gráfico y su precio es razonable.
La verdad sobre el caso Vivès es una obra de ficción que retrata la sociedad occidental actual mejor que muchos sesudos tratados sociológicos. La mala baba que destila el autor de Polina no sirve solo para que pueda ejercer su derecho a la pataleta sino que nos entrega un relato satírico, con un humor inteligente y despiadado, lleno de momentos hilarantes y resuelto con una maestría gráfico narrativa fuera de lo común.
Bastien Vivès nos vuelve a demostrar que es uno de los autores más importantes de los últimos veinte años y respecto a su indignante episodio de persecución solo nos queda decirle: No te preocupes Bastien; lo que no mata, engorda.
Salut!
Lo mejor
• La mala baba que destila toda la obra y el humor ácido, inteligente y chispeante.
• La cuidada edición de Diábolo.
• El talento narrativo y gráfico de Vivès.
Lo peor
• La situación real en que se basa la obra.
Guion - 10
Dibujo - 9
Interés - 10
9.7
Sátira
Una obra incisiva, divertida e inteligente que consigue hacernos reír, para no llorar… Gran edición de Diábolo.














