Amor y deseo, o A en busca de B.
«¡No tengo que rendir cuentas! ¡Tengo libertad de movimientos!»
La nueva frontera de Blutch, seudónimo de Christian Hincker (Estrasburgo, 1967), es una maravilla visual y narrativa que acaba de editar hace unas semanas el sello de Salamandra Sapristi. Unos de esos cómics que desde la primera página te vuela la cabeza y cuando te vas adentrando en la propuesta del autor quedas absolutamente hechizado con una propuesta valiente y brillante como pocas como reconocieron incluyéndolo en la Selección oficial de Angoulême del año 2023. Pero no es una obra para todos los paladares y solo lo disfrutaran quienes quieran dejar atrás sus prejuicios para entrar en un juego donde las convenciones a la hora de narrar una historia saltan por los aires desde la primera página o los que disfruten del espectacular dibujo de un Blutch que aquí firma su trabajo más espectacular en lo visual. El autor de obras como Peplum (Ponent Mon), La voluptuosidad (Ponent Mon), Blotch (La Cúpula), Velocidad Moderna (La Cúpula), El pequeño Christian (Norma) o La luna al revés (Norma) deja de lado cualquier idea académica sobre la estructura y todo que esperamos de una narración al uso para jugar con la cronología, la coherencia espacial e incluso la propia paginación. Un ejercicio de libertad total cada vez más necesario en un mundo del cómic que tiene a acomodarse entre aburridos ejercicios de nostalgia y revivals cíclicos que nada aportan al medio. La misma libertad con la que Blutch afronto sus colaboraciones como dos series míticas de la BD como son Tif y Tondu y Lucky Luke.

En La nueva frontera Blutch nos cuenta una historia de amor, atracción y deseo entre un hombre (B) – con sus propios rasgos- y una mujer (A) que están todo el cómic tratando de encontrarse en una Bruselas con ecos de la nuestra, pero donde experimentaran visitaran los lugares más insólitos experimentando una serie de encuentros a cuál más surrealista. Una historia donde el amor y el deseo son el tema principal sin estar revestida de ningún otro género, algo muy poco habitual en el cómic, pero que en manos del autor francés se convierte en algo mucho más complejo que la típica historia de comedia romántica más manida jugando y retorciendo todos los lugares comunes del género. El titulo original del cómic, La mer à boire, viene de la cita del libro Monsieur Paul de Henri Calet: «L’amour, c’est la mer à boire· que se puede traducir como El amor es como beberse el mar. Algo que el autor francés trata de enseñar en un cómic que tiene mucho de introspectivo, onírico y surrealista, pero que consigue reflejar y que rememoremos lo que pasa por nuestra cabeza cuando nos dejamos llevar totalmente por esos sentimientos que nos llevan a tratar de hacer imposibles ejercicios de equilibrismo entre la razón y la pasión o entre la obsesión y el amor. Sin embargo, no hay lugar para esa concepción del amor tan tóxica que ha primado en la ficción durante años y que lleva a pensar que para amor hay que renunciar a nuestro yo y libertad. En cambio, Blutch nos nuestra un amor libre y adulto, que se deja llevar por el deseo y la ternura, pero sin que ninguno tenga que renunciar a nada.

La loquísima búsqueda que emprenden los dos protagonistas para encontrarse los lleva por unos lugares variopintos en los que se cruzan con personajes con rostros muy reconocibles y a viajar entre una viñeta y otra por el tiempo y espacio posibilidad que Blutch nos muestre a la perfección su talento como caricaturista y para dibujar todo tipo de cosas, lugares y personas con diferentes estilo, pero siempre conservado esta trazo nervioso y vivísimo que es una de las marcas de fábrica de un talento único. Como se puede ver en la increíble secuencia en la que A camina por una cuerda como una experta funambulista, todo un prodigio de imaginación y capacidad narrativa que se convierte en un viaje interior y exterior que nos permite conocerla y saber qué es lo que ansía. Un despliegue de imaginación, humor y surrealismo que convierte a esta obra en una especia de versión para mayores de edad del fabuloso e inclasificable Philémon de Fred y es que en este cómic vemos alguna escena muy explicita como no podía ser de otra manera en un cómic que nos habla del deseo y el amor, pero sin caer en lo vulgar y chabacano. Algo para lo que el cómic es mucho más apropiado por su capacidad para sugerir que medios que recogen la realidad tal cual es como el cine o la fotografía. Otro punto que hay que destacar es el uso de una paleta de color que mutando y que quiere asemejarse al color que podíamos ver en las revistas de los años setenta y ochenta en las que se produjo la explosión del cómic de autor.

Aproximarse a La nueva frontera es una experiencia más que una lectura, ya que en su cómic Blutch nos propone acompañar a los protagonistas en un viaje onírico, lubrico e introspectivo en busca del amor e impulsados por el deseo donde nuestros compañeros son la imaginación, el arte y el surrealismo con un dibujo y narrativa de primera. Un cómic exigente con el lector, pero de esos que dejan huella y nos hacen pensar días después de haber acabado su lectura.
Lo mejor
• Lo bien que refleja lo que sentimos cuando nos dejamos llevar con el deseo y el amor.
• Tiene algunas de las mejores páginas que ha dibujado Blutch.
• El sentido del humor y la capacidad de sorprender al lector en cada viñeta.
Lo peor
• Una apuesta arriesgadísima que nos es para todos los gustos.










