Edición original:Material de Superman 65, 79, 80, 96, 97, 127, Action Comics 151, 242, 252, 254-255, World’s Finest Comics 68, 75, Superman’s Girl Friend, Lois Lane 8, Superman’s Pal, Jimmy Olsen 13, Adventure Comics 210 y Showcase 9 USA
Edición nacional/España: Panini
Guion:Robert Bernstein, William Woolfolk, Jerry Coleman, Otto Binder, Edmond Hamilton, Bill Finger
Dibujo:Wayne Boring, Kurt Schaffenberger, Win Mortimer, Al Plastino, Curt Swan
Entintado:Stan Kaye
Traducción:Santiago García
Formato: 344 páginas. A color. Rústica con solapas.
Precio:35 €

El Superman de Weisinger

«Parece un trabajo para… Superman»

No inauguró la Edad de Oro de los cómics estadounidenses, pero casi. No podríamos decir estrictamente que nace como el primer superhéroe, pero casi. Lo que es indiscutible es que Superman fue un éxito arrollador que supuso el despertar de una industria hasta entonces casual, bastante marrullera y absolutamente desapercibida.

Las ventas de Action Comics, y el consiguiente aluvión de títulos dedicados a la fulgurante estrella, supusieron un antes y un después para el mundo de la grapa. Muchas editoriales surgieron de la nada aprovechando con más o menos beneficios la estela de Superman. Y por supuesto, enriqueció las arcas de la futura DC Comics.

Para estos años 50 que nos tocan, por tanto, Superman es una marca ya claramente establecida y con unos cánones a seguir muy claros. Marcados por las directrices inamovibles del secreto autor del éxito de Superman según la editorial. ¿El talento de Jerry Siegel y Joe Shuster? ¡Por favor! El taimado instinto de Mort Weisinger.

Superman
Ahívalahostia!

Si algo define las historias que encontramos en el presente volumen es el reinado de Weisinger (o al menos parte de él, pues fue dolorosamente largo). De hecho, durante los 50 es la época en la que Siegel y Shuster tienen vetada la entrada en las oficinas de DC, debido a su tímido primer intento de litigar por sus derechos. Pero eso es otra historia, ésta, para bien y para mal, es la de Mort

Weisinger entró en DC en 1941 de la mano de Whitney Ellsworth, el cual era su jefe directo. Ellsworth había sido contratado hace ya tiempo como director ejecutivo por el todopoderoso Jack Liebowitz, desde el momento que fueron conscientes de disfrutar de una propiedad seria. Jefazo y director, convencidos de atar bien atado su éxito, establecieron el código de conducta de los personajes de DC.

Superman, que había nacido como campeón de los oprimidos y luchador de gánsteres, políticos corruptos y extorsionadores de medio pelo, se vio sometido a unas reglas que le impedían luchar contra ellos, contra nadie en general. Las buenas acciones sin meterse en problema alguno se vieron pronto insuficientes para mantener el interés de los más jóvenes.

Sin embargo, el nuevo fichaje editorial tenía ideas que podrían salvar la gallina de los huevos de oro. Estudiaba detalladamente lo que vendía en base a argumentos y portadas, que para él eran casi lo mismo. Entre sus “grandes” ideas, en las que predominaba una fantasía galopante: Agigantar los protagonistas, hacerlos viejos, bebés, feos o extraños y, por supuesto, los gorilas.

El propio Liebowitz siempre prefirió la astuta experiencia que Weisinger se labró como editor de ficción para niños, que la despreocupada juventud de Siegel. Cuando Ellsworth se hartó de los cómics y se marchó a producir el show de televisión de Superman, el reinado del hasta entonces editor adjunto fue absoluto.

Murray Boltinoff
decía que Mort era un buen chico… antes de tener éxito, pero luego se volvió “irascible, arisco, egomaníaco…” Nunca pagaba por adelantado a los guionistas y así podía modificarles sin parar los guiones. A veces, pasaba la idea de uno a otro y viceversa. Lo que mejor se le daba: despreciar y humillar a sus trabajadores para obtener “lo mejor” de ellos.

Cuentan las malas lenguas que la situación llevó a que Don Cameron, prolífico guionista de DC en la edad de oro, lo amenazara con tirarlo mientras lo sostenía desde una ventana de las oficinas de la editorial.

Leyendas aparte, el dominio del tiránico editor supone historias en las que poco importa el guionista. Tenemos el Superman más rocambolesco, fantástico y loco que pudiera soñar cualquier esperpento de la Edad de Plata. Son historias tan infantiles que atravesaremos el maremoto de La Caza de Brujas casi sin darnos cuenta.

Ahora, no os asusten mis palabras, precisamente por todo ello son disfrutables al 200%. Así que pongámonos manos a la obra y analicemos con lupa lo que nos ofrece este tomo, aparte de una maravillosa introducción de Mark Waid, unos preámbulos de cada parte, las portadas originales si se relacionan con la historia reeditada y bibliografías de los principales autores.

Abrimos boca con Superman #65, de julio de 1950, casualmente el más antiguo del tomo, aunque no estén ordenados cronológicamente. Como decíamos, la portada de Al Plastino describe exactamente lo que encontraremos en el interior: no uno, ni dos, sino hasta tres Supermanes de Krypton. William Woolfolk escribe una historia de máquinas imposibles, lógica vapuleada (¿luces que atontan a las personas pero también detienen los objetos en el aire?) y Superman omnipotente.

Plastino, que también ilustra el interior, ya nos va metiendo como nadie en ese Supes “fuertecito” de mandíbula no ya cuadrada, si no trapezoidal. En su defensa, porque por otra parte es un maestro de la narrativa, recordaremos que no sólo los guiones estaban férreamente controlados, sino que el aspecto de la estrella de la editorial debía mantenerse claramente reconocible para el joven comprador, sin importar el artista encargado de reproducirla.

Seguimos por World’s Finest, revista editada en este caso por Jack Schiff, al igual que algún Adventure Comics que veremos por aquí. Pero vamos, fue Weisinger el que se trajo a la editorial a Schiff, amigo suyo y hasta su substituto cuando fue reclutado. De hecho, en dicho periodo, los títulos siguieron a sus órdenes igualmente, bajo cartas, telegramas y llamadas.

El número en cuestión de Finest, el 68, tiene una portadaca de Win Mortimer digna de ser incluida, lástima que la historia de los tres héroes huyendo de una mofeta no es la elegida. La que disfrutamos en todo caso es un clásico, «The Menace from the Stars!» de Woolfolk y Wayne Boring (cuya disposición de viñetas sirve más para empaquetar todo que a la narrativa), entintado por el omnipresente a lo largo del tomo Stan Kaye.

Había tantas ideas en la edad de oro que es difícil, hoy en día, ser original (¿eh, mr. Slott?), pero es que lo de enfrentar al Hombre de Acero con un asteroide ya viene de la famosísima por entonces Adventures of Superman de la TV. Y, lo creáis o no, también dio para dos posteriores adaptaciones televisivas en Superboy y en Lois & Clark: The New Adventures of Superman.

El siguiente es otra adaptación de un exitoso episodio de la ahora vetusta serie televisiva (y por tanto de la mente de Jackson Gillis). Superman #96, “The Girl Who Didn’t Believe in Superman!”, es una maravilla escrita por Bill Finger (cuyo talento algunos descubrimos hace poco) y perfilada por Boring y (cómo no) Kaye.

En el Action Comics #162 de 1951, con portada de Mortimer y Jack Adler, se nota especialmente la falta de violencia, incluso antes de la implantación del funesto código en 1954. El amenazante «Eso!«, perpetrada por el equipo precedente, resulta no ser más que un niño (no será la última vez que veremos el mismo truco). Todo muy colorido y loco.

Pasamos por el Superman #97, por Jerry Coleman y Boring (y Kaye!), curiosa aventura en la que aparece tanto Superman como Superboy a modo de flashback. Y por el Action #239 (cubiertaca descacharrante de Curt Swan… y Kaye), divertidísima historia de Edmond Hamilton, más Boring (+ Kaye), en la que lo que realmente oculta Superman es de traca

Aviso de Spoiler

su propio nombre en la frente

.

El Superman «feo», tiene aceros…

El Superman’s Girl Friend, Lois Lane #8, con cubierta de Swan (y sí, Kaye) y realizado por Robert Bernstein y Kurt Schaffenberger, es una tonteriíta con sonrojantes escenas a muchos niveles (machismo, clasismo, realismo…). Entre las chifladuras, la fingida paliza a Clark, que, atentos, no es perdonada ni por los lectores, pero por otras causas. Los frikis de por entonces se quejaron de que a Supes se le rompieran unas supuestamente indestructibles gafas (suspiro). Por cierto, que el Superman “feo” volvería a salir en Superman’s Pal, Jimmy Olsen dos años después.

Aceleremos para obviar el Superman #80, de Hamilton y Plastino (portada, interiores y, como era su costumbre, entintado), otra chorrada en la que impresiona lo crédulo que es Superman, o las ganas de familia propia que tiene. Y de paso el Action #223, de nuevo por Hamilton pero con Boring y Kaye (¡también portadista!), en la que no se puede ser más liante para tener al personal enganchado a la serie y, a la vez, qué locura maravillosa.

Medalla entomológica para el Adventure Comics #210, con portada de Swan más Kaye e Ira Schnapp, por ser la primera aparición de Krypto. El gran Otto Binder y el propio Swan, entintado por Kaye Seymour Barry, nos ofrecen el origen del Superperro vía retrocontinuidad. Lo dicho, lo que no este ya inventado…

Lo del Action #232, con portada de Swan, guion de Coleman y arte de Boring (que te Kaye) es para recuperarlo algún día. Un muchacho de la tierra al que lanza su padre en un cohete ante un peligro inminente, luego vuelve con poderes, Supes lo adopta y finalmente, como el chico sacrifica sus poderes para que le vuelvan a Supes (q los había perdido), éste lo deja tirado en Smallville.

Pero aún se puede supercar con el Action 247, con portada de Swan (se los lleva de Kaye) e historia de Binder y Plastino (me enKayé con este hombre). Recordemos que al Superman primigenio no le habían sobrevivido los Kent. Pues en esta historia parecen venir del pasado para visitarle (Supes es muyyy crédulo) y resulta que en realidad son unos actores que le quieren robar su identidad secreta ¿Cómo no los reconoció al instante? ¿Porqué asegurarse del secreto de esa rocambolesca manera si ya se habían disfrazado de los Kents? Eso lo dejamos para el lector adulto, porque el niño se lo debía de pasar pipa con estas absurdeces.

Instant classic, como dicen con (demasiada) frecuencia, el Action Comics #252, del mismo equipo pero sin Kaye, por fin. No sólo por ser la primera aparición de Supergirl (y en el mismo número, aunque no incluido, Mentallo!), sino porque ya contiene todos los tropos de la prima de Kal-El (parte de los cuales parece haber aprovechado únicamente el señor King). Como los padres de Kara Zor-El y su trágico destino en la ciudad superviviente del desastre de Krypton, o la curiosa elección del nombre de Linda Lee como alter ego, con la doble L característica de las mujeres del Super Hombre.

Vamos a correr que, si no, no acabamos. El Superman #127, de exacto equipo al de un párrafo más arriba, supone la primera aparición de Titano, o Toto para los amigos, mono gigante por antonomasia. En el Action #151, de Hamilton y Boring + Kaye (interior y portada), Prankster, Luthor y Mr. Mxyztplk hacen team-up. Para el Action #234, del mismo equipo pero con portada de Swan, tenemos otro enemigo que en realidad es un niño (de otro planeta). Y en el Superman #118, sin guionista conocido pero bien acompañado por Swan en la portada y Plastino en el interior, tenemos una de las muchas muertes de Superman, en este caso la finge…

Me paro en el Action Comics #236, con equipo de sobra conocido; Swan, Binder, Boring y Kaye, porque es una historia tan divertida como rocambolesca. Con uno de los planes más locos de Luthor, el cual incluye un uniforme horterísimo, probablemente en el top ten de la ridiculez que haya podido llevar en la vida el Hombre del Mañana.

No es cuestión de gustos

También merece la pena el Action #242, de similares artistas salvo “mandíbulas” Plastino, por ser la presentación de Brainiac. Además, ya incluye la ciudad de Kandor y algunas de sus curiosidades y habitantes. La ciencia loca es absolutamente indescriptible, como las maneras de nuestro héroe, ya sea como Clark o Superman, de derrotar a su enemigo.

Pero para inventos y salidas, los del Action Comics #249, de igual reparto artístico que el anterior. Un episodio, en el que la vieja pareja de Luthor y Supes dan cada uno más vuelta rocambolesca que el anterior (lo del mono, madre mía) a sus ataques y defensas hasta el esperado resultado. De verdad que luego me dudan de si para tanto fue lo que hizo Byrne con el calvo y me dan ganas de saltar a la yugular.

Lo del mono

En los Action #254-255, en los que sigue el equipo y, por cierto, son los más “modernos” del tomo (julio y agosto de 1959) tenemos la primera aparición del Bizarro número 1, enemigo del Superman adulto (pues el concepto de Bizarro como tal había aparecido en Superboy). No es la única peculiaridad, pues la historia ocupa dos partes publicadas en dos números contiguos. Bizarro surge enamorado de Lois y esto será parte de los embrollos y también de la solución del problema, una que, pese a lo deliciosamente delirante, sería mantenida unos números después (htrae.)

Portadaca

Oootro alien que resulta ser un niño para el Finest #74, con portadaca de Swan y Ray Burnley, escrito por Finger y dibujado por Swan (y Kaye!). Enredos varios y técnicas de superhéroe (super señal incluida). Lo mejor sin duda, el final, cuando el extraterrestre forma una figura bizarra a más no poder, mitad supes, mitad batsy. Monstruosa pero atrayente imagen que fue posteriormente utilizada para crear el Superman compuesto casi 10 años después, por Hamilton y Swan, y para un dibujo aterrador de Bernie Wrightson en una historia más modernita posterior (2009). Por cierto, que también es la primera vez que Superman aparece en la batcueva.

Surrealismoooo

Seguimos con el Superman #79 de Hamilton y Plastino, una buena historia, con sus líos habituales de la época, pero mucho más currada y realista. Lo mejor, ver a toda la plana del planet (juju) buscarse otro trabajo. Y pasamos por el Finest #75, de Finger, Swan y Kaye, dónde se nota más el talento del guionista, contándonos una historia dentro de otra. Final rebuscado y sorprendente pero bien hilado y coherente.

Nueva cabecera, Superman’s Pal, Jimmy Olsen, en concreto el #13, con portadaca tronchante no incluída de Swan (ergo Kaye) y la historia de Binder, Swan y Burnley. Jimmy siempre ha sido insoportable y esta historia lo demuestra, pero al menos antes no lo hacían pasar por alguien perdonable, es un bufón y punto, disfrutemos pues de que sus gracias venden tebeos. Sale el código Morse para salvar la situación, otra constante de la época… bueno, seamos sinceros, de todos los cómics de superhéroes, el que no sabe Morse es un parguela.

También merece mención especial el Showcase #9, que por cierto tiene una portada de Ruben Moreira y Plastino que es una lástima no sólo que no entre, aunque no tenga que ver con la historia impresa, sino negarle ser la elegida para el tomo entero. La historia, de Coleman con los autores de la mentada cubierta, es un brutal enfrentamiento de gatas cuando Lana Lang decide pasarse por Metropolis. La reina de Superboy contra la novia de Superman en un combate en el que sale perdiendo doblemente nuestro Supes.

y megaportadaca

A las puertas de finalizar, nos encontramos otro Jimmy Olsen, el #19. Admito que en esta historia ridícula me he llegado a reír en más de una ocasión con las ocurrencias del señor Binder. Ahora, lo mejor que tenía Olsen, sin duda alguna, es que lo dibujara Swan (con tintas de Burnley.)

Y no podía haber mejor final que con una de las historias más rarísimas. La que encontramos en el Superman #125, por Coleman, Boring y (redoble de tambores) Kaye. Desde la portada de Swan ya se crea la tensión de cual podrá ser ese nuevo poder de Superman que incluso le pasa factura a nuestro héroe. Pues nada menos que

Aviso de Spoiler

un Supes pequeñico que le sale de las manos tras sendos rayos arcoíris

, ahí lo flipas.

Esta entretenidísima historia nos deja el perfecto sabor de boca del reinado de este ogro capaz de crear historias de hadas. Un Weisinger que supo cabalgar la censura, la pérdida de interés en el género y hasta el resurgimiento de los superhéroes al final de esta década con el nacimiento de la Edad de Plata.

Volvería Shiegel, con el rabo entre las piernas, para soportar las burlas y miserias del editor y, sin embargo, proporcionarnos sus mejores relatos. Con un Superman fantasioso pero sufridor, que mira con nostalgia un tiempo pasado que nunca llegó a disfrutar de verdad, en duro reflejo de su propio autor.

Pero también volverían, como decíamos, el resto de campeones de la editorial. Nuevos héroes de una época de esperanza que formarían Ligas contra la injusticia y que difuminarían la pesada estela del omnipresente Superman. Weisinger seguría haciendo sufrir a jóvenes y veteranos, pero con el tiempo iría perdiendo importancia en el organigrama de DC y terminaría siendo invitado a retirarse por Carmine Infantino, que había pasado de artista a renovador editor jefe.

Era el fin de una era, una marcada por los tan puros como falsos años 50 americanos. Unos años que nos mostraron su propia imagen de Superman, el campeón de los niños, capaz de enfrentarse a marcianos, monos gigantes y deformidades imposibles.

Lo mejor

• Imaginación al poder

• Un retrato de otra época

Lo peor

• Imaginación sin control

• El férreo dominio editorial

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Linkin Boy
Linkin Boy
Lector
1 diciembre, 2025 20:39

Pese a la repetición de esquemas, yo me lo pasé como un enano. Ojalá más tomos de décadas anteriores.