Fantasía adolescente
«Esta música-luz es lo más para el baile antigravedad»
Ay, la Legión. Las leyendas chocan contra la realidad como las olas, de la misma manera que su empuje termina creando la arena que se mezcla con el mar. Y de esta poética manera quiero expresar muchas cosas, como que este tomo está hecho del material de los sueños, aunque en muchos casos sean difíciles de tragar, pero que todo termina creando una playa perfecta para nuestro disfrute.
Como que las leyendas a veces no lo son tanto, pues efectivamente Jim Shooter disfrutaba de sólo 13 primaveras cuando envió sus primeros guiones a DC en busca de trabajo para sacar a su familia del agujero. No sería oficialmente contratado hasta los 14, pero igualmente me parece de récord (y de denuncia hoy en día, afortunadamente.)

Igualmente denunciable fue el trato que le deparó el editor Mort Weisinger, el cual, no sabemos si por tallar ese diamante en bruto o por puro sadismo, vejaba al jovencito guionista sin descanso. Aunque al principio usaba a su madre como intermediaria, pronto lo llamaba directamente a él para cantarle las cuarenta. De nada sirvió que Jimmy estudiara durante meses los cómics de las dos mayors concienzudamente para extraer lo que él consideró los secretos del éxito, pues el viejo editor tenía que dejarle claro quien mandaba en la rancia editorial.
Y eso que, efectivamente, parece ser que Shooter había dado con la clave de las ventas. Su primer encargo oficial sobre Supergirl vio la luz en Action Comics, pero en el mismo mes por fin pudo ver publicados aquellos guiones dedicados a la Legión que envió a los 13 añitos. Es en ellos donde dio rienda suelta a sus estudiadas ideas: Continuidad, personas y tragedia.

La Legión de Superhéroes fue creada nada menos que en 1958 por Otto Binder y Al Plastino para distraer a la versión juvenil de Superman en las páginas de Adventure Comics #247. Aunque aparecían esporádicamente, eran demasiado atractivos para la audiencia y en 1962 (AC #300) se hicieron permanentes en la colección. En todo caso, siguiendo la tónica de aquella vetusta DC, las historias eran conservadoras, rocambolescas y repetitivas.
El mencionado debut de Shooter (no acreditado) se produce entre el Adventure #346 (con portadaca de Curt Swan) y 347, en 1966, los cuales contaban incluso con sus propios layouts (adecentados por Sheldon Moldoff y Swan). Tanto llamaría la atención del fandom, que dos números después las cartas pedían saber quién había escrito la historia en dos partes. Había de todo; nuevos personajes, una trama cautivadora… y lo mejor estaba por venir.

El mayor atractivo del guionista debutante era la continuidad de los eventos. Es decir, lo que los lectores iban leyendo tenía repercusiones duraderas. Shooter mataría personajes que quedarían así para los restos, iniciaría relaciones entre los componentes, les daría nombres, familias… Era el estilo Marvel adaptado para DC y funcionaba como un tiro.
Pero como decía, la realidad supera a la ficción y hablamos de historias escritas por un adolescente para un público adolescente. Aunque los aciertos al caracterizar a los personajes son innegables, tampoco podemos decir que sean tridimensionales. Y ese supuesto drama que imprime el guionista no son más que excesivas vueltas de tuerca que suelen resolverse con finales en los que el Deus ex machina se queda corto.

Para rematar la faena, de esa continuidad que había impuesto Shooter solo disfrutaremos el final, pues el tomo no incluye el principio ni el cénit de su etapa sino sus últimos compases. Eso no es motivo de queja, ya que la mayor curiosidad de esta recopilación es mostrar el tránsito entre la Edad de Plata y la de Bronce como pocas veces habíamos podido apreciar.
Aunque no nos adelantemos, veamos ese final de etapa de Shooter que comienza en el Adventure Comics #374, con fecha de portada de noviembre de 1968. Desgraciadamente, por entonces Swan había abandonado la colección y tenemos a su substituto, Win Mortimer, que deja bastante que desear. Aparte de la rigidez propia de la época, el acabado es bastante pobre. Sin embargo, la composición de página y los planos son considerablemente arriesgados.

Las historias, lo dicho, tensión máxima (un espía a punto de ser descubierto, un concurso cuyo ganador debe salvar a todos, legionarios peseteros…) y soluciones de última hora (rayo teleportador, plan rocambolesco, extraterrestre con pócima salvadora…). Hay que admitir que se leen en un segundo y que la curiosidad te embarga, pero hay que hacer un esfuerzo de contextualización para apreciarlas.
Lo que no se puede negar es la habilidad de Shooter para manejar muchísimos protagonistas por número, dando a cada uno su momento de gloria, y crear constantemente nuevos personajes, en la forma de compañeros o enemigos. Entre éstos y bautizar planetas (Colu en este mismo tomo) y Legionarios, ha sido uno de los autores que más ha contribuido a aumentar el ya abultado lore de la Legión.

En los números de Adventure disfrutamos además de portadas que ya incluyen ese gancho inicial para tentar al lector. Sólo que, si son obras de Neal Adams, Swan o ambos, no tenemos queja al respecto. Como del episodio que cierra por el momento la tanda de Adventure, ¡La Odisea Espacial de la Legión!, que tiene todo lo bueno y esperpéntico del autor, una maravilla edadplatense.
Pasamos a los Action Comics, para seguir con el riguroso orden cronológico que presenta esta magnífica edición, en la que, aviso a despistados, los números que faltan de las tres cabeceras incluidas son reprints o dedicados a otros héroes. Incluso cuelan el único material nuevo del Adventure #403, que son los uniformes diseñados por los fans y los planos de la base. Además de las portadas correspondientes de los números con protagonismo Legionario.

Como en los Action las historias de la Legión son de complemento, no gozaremos de las portadas, las cuales (aunque divertidísimas) no tenían nada que ver con nuestro grupo favorito. Tampoco hay un quién es quién, que hubiera venido de fábula al principio para los ajenos al universo de la Legión. Y para los más añejos, los nombres de los Legionarios se han dejado en inglés en lugar de las tradicionales traducciones, pero eso no es una pega. Como tampoco hay queja del excelente prólogo de Santiago García.
Entre las inocuas historias de Action (aunque la de “¡La fruta prohibida!” tiene su aquel) se cuela una de E. Nelson Bridwell, pero sólo para demostrar que Shooter no tenía nada que envidiar al resto de la plantilla. De hecho, se empieza a apreciar una tendencia a historias más personales, dedicadas a miembros concretos de la Legión, que pasan por algún apuro psicológico en el devenir de sus aventuras.

Shooter se despide definitivamente, al menos por el momento (volvería, pero eso merece una historia que esperemos podamos contar para un siguiente tomo), haciendo sufrir a Mon-El en el Action #384 (enero de 1970). Aunque se vaya dejándonos otro de sus “inventivos” finales, al menos le acompaña Swan en esta última historia, tal como lo hizo durante la mayor parte de su etapa.
Se queda Bridwell y se queda Mortimer, con lo que el continuismo está asegurado. El guionista substituto vuelve a las historias más superheroicas y de ciencia ficción, olvidando lo que se había alcanzado en drama. Ahora, es capaz de dejarnos con la boca abierta en “¡Un héroe de más!” (sí, todos los títulos van con signos de admiración, faltaría más), en la cual echa del grupo a Superboy por un problema de impuestos ¡ahí queda eso! Y permanecería como reserva hasta 4 años después, no es moco de pavo.

Empieza asomarse por aquí mi querido Cary Bates a los guiones, lanzando conceptos locos como sólo él sabe hacer. Curiosamente, ahora era Bates el que recibía los desplantes de Weisinger, que le espetaba cómo un adolescente imberbe como Shooter escribía mejor que él. Con Bates cerramos la etapa Action y lo que se considera el final de la Edad de Plata para la Legión.
El comienzo de sus aventuras como complemento (de nuevo nos perdemos las portadas) en Superboy a partir del #172 da el pistoletazo de salida para la Edad de Bronce. Aunque al principio sólo lo notaremos, pero de qué manera, por el cambio de dibujante a un mucho más dinámico George Tuska, puesto que Bridell se queda un par de números más. Bueno, y por el cambio de color de pelo de Lightning Lord a blanco, nos hacemos mayores.

Pero sobre todo, aunque pase desapercibido, el gran cambio se produce en la edición. Al pasar de la terrible sombra de Wesinger a la mayor permisividad de Murray Boltinoff. Tampoco es que fuera del gusto de todos, pues son famosos sus fallos de memoria y sus posteriores conflictos con Cockrum y Mike Grell, pero al menos aportaba razones a sus enfrentamientos por encima del “porque yo lo mando”.
La marcha de Shooter se ha notado y la Legión ha pasado de mostrarse todos los meses en Action a aparecer en contadísimas ocasiones en Superboy entre 1971 y 1972 (salvo por reimpresiones), pero la situación va a cambiar. Poco a poco Bates va substituyendo a Bridell, aunque la verdad es que comienza cometiendo algunos errores de continuidad (los fans de la Legión somos inflexibles). Pero lo que cambia drásticamente la suerte del grupo es la llegada de Dave Cockrum en Superboy #184 (no, no son los nuevos uniformes de las Legionarias diseñados por el lascivo fandom).

Al principio las tintas de Murphy Anderson (gracias al cual había entrado en DC) le hacen flaco favor. Aunque delicadas, restan fuerza a los modernos dibujos de la nueva estrella. En el momento que Cockrum se entinta a sí mismo la acción sube enteros. En todo caso, la clave está en su dedicación, pues enseguida comenzó a conectar con Bates aportando nuevos personajes, diseños y hasta argumentos. Es la nueva versión en dibujante de esa hornada de antiguos fans que se han convertido en los actuales creadores de cómics.
Bates no sorprende a nadie con sus guiones, que siguen la tónica de provocar una situación difícil cuya estrambótica resolución aparece en el último momento. Sin embargo, van ocurriendo pequeños detalles y subtramas que si tienen continuidad número a número (entre otras cosas, tendremos la llegada de un nuevo legionario llamado a la grandeza, Wildfire, aunque al principio “muera” como ERG-1). Mientras que el dibujante potencia por cien el drama a través de rostros reales y atractivos y poses que reflejan la tensión del momento.

El trabajo conjunto es recompensado por fin a partir del número 197, en el que la cabecera pasa a llamarse Superboy starring the Legion of Super-Heroes. Con la portadaca que da cubierta al tomo, que aunque imite el estilo del dibujante del interior, es del talentoso Nick Cardy. De hecho, en el siguiente número Cardy seguirá dibujando a Superboy en la portada, aunque el resto de Legionarios sean obra de Cockrum.
La historia tiene de todo, hasta un nuevo villano recurrente, Tyr el terrible (y su mano loca). Cockrum se divierte y en Superboy #198 mete cameos de Vashnu (secundario de Deadman) y a la Cosa del Pantano y el Hombre Cosa en la misma viñeta. En el #200 tenemos bodorrio, el romance entre Bouncing Boy y Duo Damsel se veía venir desde Shooter, y el regreso oficial de Superboy a la Legión.

Sin embargo, Cockrum comienza a picar en más flores de las que debería. Tontea con Marvel y les ofrece un personaje que finalmente termina aceptando también DC, que se ve obligada a cambiarlo en el último momento para no entrar en conflicto (el Pez Diablo del #202). Por otro lado, Boltinoff le rechaza algunos diseños de personajes para la Legión (entre ellos el futuro Rondador Nocturno), algo que no hace gracia al dibujante. Y el remate final es un conflicto por recuperar sus originales del Superboy #200, que le son denegados.
Cockrum sale disparado hacia la Casa de las Ideas para hacer historia con los X-Men, pero los seguidores de la Legión pueden estar tranquilos. En Superboy #203 (agosto de 1974) debuta Grell, nada menos que para relatar la muerte de Invisible Kid. Hacía tiempo que no había muertes en el equipo (precisamente fue Shooter el que se atrevió a quitar del medio a su propia creación, Ferro Lad), pero eso no quita que cuando ocurren, sean para siempre. Y no será la última.

A Grell no le tiembla el pulso en substituir al favorito de los fans que ha sido capaz de restituir el éxito del grupo. De hecho, viene de reemplazar a Neal Adams en Green Lantern/Green Arrow. Con esa experiencia, tiene de sobra para hacerse con la Legión y, con el tiempo, convertirse en otro de los artistas más queridos de los aficionados ¡Esperemos ver por qué en un siguiente tomo! Porque con su debut cerramos este.
Parece mentira que estos cómics clásicos nunca hayan sido publicados en nuestro país hasta ahora. Cierto es que son duros para el lector actual y hay que comprender en qué época y para qué lector fueron hechos. Pero eso no resta su importancia, tanto para entender mejor la historia del ficticio universo DC, como para poder estudiar esa transición entre las distintas etapas del comic estadounidense superheroico.

La fantasía más alocada chocaba con una realidad política cada vez más oscura que terminaría impregnando de un supuesto realismo las aventuras de estos fantásticos superhéroes. La Legión de los poderes imposibles y los cachivaches de ensueño se enfrentaría al desamor, la pérdida y la derrota. Y, curiosamente, todos saldríamos ganando.
¡Larga vida a la Legión!
Lo mejor
• Material clásico nunca visto
• La transición dentre Plata y Bronce
Lo peor
• Es muy de su época y de su público









Esperaba tu reseña Enrique. Yo ahí lo tengo guardado en lo alto de la pila de lectura, para hincarle el diente en cuanto termine con lo que estoy leyendo ahora.
Gracias por el curro que te pegas!
Gracias a ti por tus palabras! Es durete pero seguro que te gusta
Como es muy de su época yo he ido dosificando su lectura a unos cuántos números entre otros cómics para que no se me hiciese pesada la lectura. Así lo he leído muy a gusto.
Se nota mucho la mejora cuándo llega George Tuska y después Cockrum.
No me ha gustado nada que no tradujeron los nombres. Estaba acostumbrado a Sombra, Soñadora, etc…
Es un auténtico lujo que podamos disponer de Clásicos DC en España. Un lujo que nos merecíamos después de tantos años de travesía por el desierto con ecc.
Todavía no he podido comprarlo,pero caerá.
Magnífica reseña como siempre Enrique. Un saludo.
Gracias Jaime, si que es un lujo y sé que lo vas a disfrutar
Panini y su esfuerzo para quedarse en la mitad. Publicas una serie como Nightwing, pero te saltas números. Sacas Silencio, pero lo llamas Susurro. Reculas al poco tiempo y dejas el título en inglés. Lo del lema de Green Lantern lo dejamos para otro día. Y ahora le toca a la Legión. La excusa es que, como unos nombres se traducirían y otros no, pues mejor todos en inglés. No como en Los Vengadores o X-Men que allí están todos traducidos (ironía off). Vamos que van improvisando sobre la marcha. Hacen muchas cosas buenas, pero los detalles les pierden.