Guía de Lectura: Capitán América, Halcón y Soldado de Invierno

La serie de Disney + ha puesto de relevancia la figura del Capitán América, en la persona de sus dos mejores compañeros, el Halcón y el Soldado de Invierno. Os presentamos un recorrido por los cómics que recogen la vida editorial de estos tres personajes.

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Finalizada la primera temporada de Falcon y el Soldado de Invierno, en Disney Plus, es el momento de volver a los cómics. Es la fuente de la sabiduría, de donde el material base ha sido extraído. Y para ello qué mejor que forjar una imagen a gran escala. Una guía de lectura. Sabemos que caminamos sobre hombros de gigantes. Ya elaboramos una entrada con información detallada sobre los tebeos del Centinela de la Libertad. La novedad en este caso es que, aparte del Capi en sí, tenemos un resumen pormenorizado de la vida editorial de Sam Wilson y Bucky Barnes, protagonistas totales del show televisivo. Recordamos que nos fijamos en sus recorridos individuales, dejando de lado el paso de los tres por series grupales. Esperamos que esta actualización sea de su agrado.

Otro detalle que queremos comentar, en esta introducción, es que la manera de proceder cuando se organiza un guía de lectura es colocar los enlaces directos a la edición española, para información del interesado. En esta ocasión, no se ha hecho así, por dos razones. La primera de ellas es que pretendemos que la guía sea lo más completa posible, por lo que hacemos referencia a material que puede que todavía no esté publicado, que se encuentre agotado o de próxima aparición. El otro motivo tiene que ver con las sucesivas remodelaciones de la página web de Panini. No es la primera vez que la editorial italiana reforma su página oficial, dejando inservibles todos los enlaces. Debido a esta inconveniencia, preferimos dejar el link directo a su tienda oficial y que cada uno busque aquello que le genere interés. Advertimos que no va a ser una tarea fácil ya que la actualización más reciente ha dejado una web mucho menos intuitiva y más complicada de manejar, a nivel de usuario.

Sin más dilación, procedemos a ingresar en el mundo del Capitán América. Una historia de 80 años, con una serie regular que se ha mantenido fuerte a lo largo de los años, más un buen puñado de miniseries y especiales. Comenzamos en los años 40 y llegamos hasta la actualidad, por lo que ya pueden imaginar que nos embarcamos en todo un viaje. Solo disfruten de la experiencia, tal y como estos redactores lo han hecho en su confección.

Captain America Comics. La Golden Age

El Capitán América es creado en la editorial Timely Comics en 1941, justo hace ochenta años. Los responsables son Joe Simon y Jack Kirby, recién llegados a la compañía de Martin Goodman. El ambiente que tenían a su alrededor era una clima de guerra palpitante, con el avance nazi sobre Europa. Hay que recordar que, cuando nació el Centinela de la Libertad, los EEUU todavía se mantenían como país neutral. Estos dos muchachos judíos se anticiparon, percibiendo que era necesario un símbolo patriótico frente a la tiranía y la maldad del fascismo.

El primer ejemplar de Captain America Comics fue un completo éxito, vendiendo más de un millón de cómics en varias tiradas. Tras lo inevitable, debido al famoso incidente de Pearl Harbour, el comic-book solía ser acompañante del soldado norteamericano y el Capi estaba entre los favoritos, convirtiendo al título en uno de los más vendidos de la época. Eso le hizo perdurar en el tiempo, como una colección asentada, llegando a contar con 73 números y un especial sin numeración. El cierre de la contienda mundial propició la bajada de popularidad del superhéroe, por lo que en 1949 la serie se renombró como Captain America Weird Tales, donde prácticamente se prescindía de la figura del Abanderado para orbitar hacia el terror. Solo dos ejemplares duró el experimento (#74 y #75), que acabó por cancelarse para dejar paso a otros proyectos.

Algunos años después, en 1954, Martin Goodman pensó que, en su flamante editorial Atlas, tendrían cabida de nuevo esos viejos luchadores por la libertad, recuperando a su amada trinidad Timely. El Capitán volvería a la acción, manteniendo su numeración (números 76, 77 y 78) con todas sus características intrínsecas, pero ahora luchando contra el peligro del momento, el comunismo. Desgraciadamente, no caló en los lectores, cerrando tras apenas dejar tres ejemplares en las tiendas, siendo olvidado el personaje hasta la llegada de la Era Marvel.

Todo este material se puede considerar añejo, con presupuestos difícilmente de encajar a día de hoy, por lo que se puede entender que hay muy pocos números de la Golden Age publicados en castellano. Salvando dos casos excepcionales, es territorio inexplorado, por lo que de momento, poco podemos aportar. Un Marvel Limited Edition, un especial Décadas y un número suelto, el Captain America Comics #16, de Stan Lee y Al Avison, que al ser recopilado en un popurrí sobre el propio Stan (Visionarios o el Treasury Edition, en ambos dos lo tienen recogido), lo vamos a dejar de lado.

Capitán América. La edad dorada. (#1-10).

La legendaria etapa de Joe Simon y Jack Kirby aglutinada en un único tomo en formato Marvel Limited Edition. Los diez primeros ejemplares de Captain America Comics, donde surgió la leyenda. Aquí podemos observar las intenciones de la dupla creadora, crear un símbolo patriótico de la nada, al presentarnos a Steve Rogers, un muchacho no apto para el servicio militar pero de gran corazón. Eso hizo que fuera seleccionado para un experimento muy particular, convertirse en el primer supersoldado de la historia. Con poderes y habilidades aumentadas, Steve compagina la vida de superhéroe con las obligaciones diarias en el Campamento Lehigh, donde conoce a Bucky Barnes, mascota del destacamento y pronto su compañero de aventuras en la lucha contra la Quinta Columna.

Nos encontramos ante unos cómics que son pura diversión y entretenimiento. Su aparente simpleza nos transporta a un carrusel donde debemos suspender la incredulidad y dejarnos llevar por una época repleta de sentido de la maravilla. La acción desenfrenada a la que someten los dos creadores a los personajes, junto a situaciones imposibles y villanos excesivos, nos dejan unos tebeos que son de otros tiempos pero que se disfrutan si sabes resetear la mente y disfrutar de tu yo infantil. Kirby y Simon abandonaron Timely, por desavenencias con el gran jefe, Martin Goodman, por lo que el personaje quedó en otras manos, con un escaso recorrido de diez números, durante el resto de su periplo en los años 40. Al menos quedó un buen surtido de tebeos, hasta su primera cancelación, a finales de la década, ya que llegó a cubrir otros sesenta ejemplares más, llegando hasta el #73.

Este material, por ser añejo, muy desfasado, raramente podremos verlo aglutinado de manera íntegra para el mercado hispano. De momento, nos contentamos con estos números de Simon y Kirby, a la espera que Marvel vaya recuperando su legado de la Golden Age, para poder optar a verlo publicado por Panini en castellano.

El Capitán América de los años 50 (Young Men #24-28, Captain America #76-78, Captain America: Theater of War. One-shot).

Con motivo del ochenta aniversario de la editorial, acaecido en 2019, Marvel publicó una serie de volúmenes especiales donde se aglutinaba, alrededor de una temática, lo más significativo de las ocho décadas creativas de la Casa de las Ideas. Un línea de carácter efímero y conmemorativo llamada Décadas. En el tomo dedicado a los años 50, era complicado consignar algo de tipo superheroico, dado que los personajes en pijamas habían dejado de estar de moda. Sin embargo, determinados iconos son tan trascendentes que cuesta dejarlos de lado, tal es el caso del Capitán América. De ahí que se optara por recuperar el retorno del Abanderado en 1953, como momento clave de ese periodo.

Por aquellas fechas, con la guerra de Corea como trasfondo real, el principal enemigo, para el ciudadano medio, era el temido comunismo. Por lo que Martin Goodman decidió que había que dar un giro al personaje, recordemos, luchador contra los nazis, en consecuencia con los cambios de la época, no solo a nivel social, sino también editorial, ya que no estamos en la joven Timely; es la hora de Atlas Comics. A Stan Lee le tocó la papeleta de poner en marcha el regreso de Steve Rogers, ahora reconvertido en un simple profesor. Asignó el puesto de guionista a gente de confianza, como Don Rico o John H. Compton, y el de dibujante a una joven promesa llamada John Romita, entre otros artistas más casuales. La primera intentona pasó por la típica cabecera contenedor, la prolífica Young Men, para después recuperar la numeración de la cancelada serie del personaje, allá por 1949.

El resultado es del todo atípico, un producto muy desfasado para las épocas actuales, aunque curioso como documento histórico. Hay que tener en cuenta que estas historias fueron desechadas para continuidad por el propio Stan Lee. Así serían, ¿verdad? Lo cierto es que en un único tomo tenemos todo lo relevante de esta segunda venida de Rogers. Como regalo, este volumen cuenta con una interpretación moderna del Capitán, fechada de manera ficcional, eso sí, en los cincuenta, a cargo de Howard Chaykin, que nos ayuda a contextualizar mucho mejor esos convulsos años.

Tales of Suspense. El esperado regreso del personaje.

Stan Lee conocía bien al Centinela de la Libertad. Lo guionizó durante años, editó su vuelta al ruedo en los cincuenta, es decir, sabía muy bien de las posibilidades del personaje. Por eso cuesta trabajo ver la reincorporación de muchos conceptos previos (de Timely y Atlas) y no observar al bueno de Steve Rogers desde el mismo comienzo de la Era Marvel. La razón es que a Lee no le parecía que un símbolo patriótico casara bien en una época de cambios. Pero, aún con todo, Stan hizo una probatura en una cabecera secundaria como Strange Tales. Planteó la aparición de un trasunto del Capitán, enfrentándose a la Antorcha Humana. El correo del lector se inundó de misivas reclamando el regreso del Abanderado. Lee y Kirby lo ubicaron en continuidad en Avengers #4 (marzo de 1964) y desde allí pasaron a otorgarle peripecias individuales.

Este el comienzo de una aventura que se ha mantenido en tiendas, de manera permanente, desde ese momento. El Capitán América empezó en una cabecera compartida, Tales of Suspense, heredando numeración, como era norma en la compañía de Goodman. A su #100, contó con un renombramiento, Captain America volumen uno, que llegaría hasta un asombroso #454. Debido a su amplitud, ese volumen va a ser fraccionado en dos partes, comenzando por Tales of Suspense #59 (noviembre de 1964).

La primera etapa de Stan Lee y Jack Kirby (Tales of Suspense #59-99, Captain America #100).

Ya hemos comentado que la posición del Capitán, tras su breve revival de los cincuenta, no es que quedara de manera óptima para su recuperación. Hasta el propio editor en jefe y máximo impulsor de la Era Marvel, Stan Lee, tenía serias dudas al respecto. Pero Lee y sus principales colaboradores (Jack Kirby, Steve Ditko y compañía) venían de la Golden Age, por lo que siempre pensaron en rendir la obligada pleitesía a esos días. La prueba de fuego la tuvimos en Strange Tales #114, dónde Lee y Kirby jugaron al despiste, al mostrar a un farsante con los ropajes del Abanderado. El experimento fue un éxito y cientos de cartas inundaron la redacción. El público tenía ganas del Capitán América, que sería recuperado de manera oficial en Avengers #4.

Por aquellos entonces, en Marvel tenían un serio problema con la distribución. Apenas ocho cabeceras mensuales (o 16 bimestrales) les permitía Independent News, encargada de mover la mercancía de Goodman en los quioscos. Es por eso que vivimos una era repleta de colecciones compartidas y al Capi le tocó ser parte de Tales of Suspense, en la que se había establecido otro superhéroe de la época, Iron Man. Precisamente, en Tales of Suspense #58 se produce el habitual malentendido entre héroes, provocando una aparente lucha entre Steve Rogers y el alter ego metálico de Tony Stark. Quedaba preparado el terreno para la llegada del Capitán América, con grandes fastos, a partir del #59, donde ocuparía la mitad de la revista, hasta el cambio definitivo de la misma.

Todo este ciclo se ha recuperado por Panini en un Marvel Gold tapa dura llamado “La Leyenda Viviente“. En este Omnigold vemos como la pareja de autores, es decir, Stan Lee y Jack Kirby, modernizaron al viejo símbolo patriótico, tanto en su vida de civil, como en actualizaciones de su aparejo; hablamos de su escudo, ya que aquí observamos como Stark le somete a sugerentes mejoras para unos días transistorizados. Pero no solo de presente vive el lector Marvel. Los creativos tiraron de abundantes referencias a la II Guerra Mundial, periodo de gloria del personaje, además de ahondar en nuevas revelaciones respecto al origen del Capitán.

A la llegada del #100 en la colección, el éxito del título parecía consolidado. Con unas ventas estables y mejores posibilidades para la expansión, Goodman separa a los dos personajes; mantiene al Capi y la numeración, únicamente cambiando el encabezado por Captain America, mientras que Iron Man migra a una nueva cabecera.

Nos encontramos ante historias fundacionales, necesarias para la mejor comprensión de su figura, en los que Kirby se mueve de manera brillante con los lápices, entintado por Chic Stone.

Las etapas de Stan Lee, Jim Steranko y Gary Friedrich (#101-148).

El cambio de nomenclatura supuso un empujón importante para el personaje. Pero eso no quiere decir que la colección sufriese un cambio de dirección radical; al contrario, Lee y Kirby agarraron la directa, con el regreso de Cráneo Rojo, aventuras con S.H.I.E.L.D., relaciones con Sharon Carter y más viajes a la II Guerra Mundial. Esa persistencia de viajar al conflicto armado era uno de los requisitos del creador gráfico del personaje, el gran Jack Kirby. De hecho, el #109, es la enésima reescritura del origen del personaje.

El #110 nos trae un cambio importante, la llegada de Jim Steranko como autor completo a la cabecera. Steranko era uno de los grandes innovadores gráficos de los sesenta. Su aproximación a la viñeta, su interés en trascender, tenía simplemente hechizado a Stan Lee, por lo que el editor le ofreció probar en solitario con las aventuras del Capitán. Su estancia fue muy breve, pero dejó un poso importante. Tanto que se volvería sobre ello en números venideros.

La cuestión es que, tras salida de Steranko, el editor en jefe volvió a reclamar el mando al procesador de textos. Kirby también volvería, pero su carga de trabajo le haría abandonar la serie en breve. Le sustituyen genios del talento de John Romita, John Buscema o Gene Colan. Fue este último, en el #116 USA, el que se encargó de diseñar gráficamente al Halcón en su debut editorial, conectado a un ciclo muy conocido con Cráneo y el cubo cósmico. El bueno de Sam Wilson fue un soplo de aire fresco para las peripecias del Capitán, aumentando su influencia de manera paulatina, llegando a ser parte del encabezado a partir del #134, ya renombrado a Captain America and the Falcon.

En el número 142 se renueva el aparato literario; sale Lee, entra Gary Friedrich, un talento joven en ciernes. Acompañado al dibujo por Romita Sr., el guionista juega con la imaginería habitual del Abanderado, a saber, villanos ancestrales de la II Guerra Mundial, aventuras con S.H.I.E.L.D., importancia de Hydra, disensiones con el Halcón… pero las ventas comienzan a bajar peligrosamente. Friedrich no consiguió el favor del público, llevando al título a una situación muy peligrosa que costaría un esfuerzo en recuperar.

Este periodo, que podríamos considerar, de cambios y ajustes profundos, se concentra en dos tomos Omnigold, titulados “El Hombre Bajo la Máscara” y “¡El Quinto Durmiente!

La etapa de Steve Englehart (#149-191).

Con la espada de Damocles sobre su cabeza, a primeros de 1972, los responsables editoriales toman medidas; Friedrich es relevado y se nombra a Gerry Conway, un escritor que había recabado un gran prestigio por su labor en Spiderman. Tampoco funciona. Era hora de llamar a la caballería y esa se llamaba Steve Englehart. El recorrido de este autor, definitorio y trascendental, se concentra en dos Marvel Gold en tapa dura, “¡El Otro Capitán América!” y “La Saga del Imperio Secreto“. El cuarto Omnigold comienza con el breve periplo de Conway (#149-152), para pasar rápidamente a lo que nos importa, la llegada de Steve Englehart (a partir del #153 USA). El desembarco de este escritor fue muy importante para el futuro del personaje, ya que supo insuflarle tal cantidad de vida, en muy poco tiempo, que pasó de cabecera abocada a la cancelación a ser un top en ventas.

Englehart, acompañado de Sal Buscema, que ya venía de ser el dibujante titular desde la llegada de Conway, inicia una renovación profunda, otorgando a Steve Rogers un mejor desarrollo como personaje, líneas argumentales del todo interesantes, baste recordar el feudo con el Capi loco de los 50, y una mayor importancia para el Halcón. Son cómics que logran meter subtextos interesantes, en los que sentimos una instantánea empatía por la leyenda de la Golden Age. Un crescendo continuo que nos llevará al clímax de su etapa.

Con un clima político complejo, fuera de las oficinas de Marvel, con el escándalo del Watergate en todos los tabloides, Englehart y Buscema organizan la trama del Imperio Secreto (#173-176), donde se muestra que peligrosos miembros de ese enclave se han infiltrado en los altos estadios del gobierno. Esto provocó que Steve abandonase el uniforme de las barras y estrellas, para transformarse en Nómada, durante una temporada. Una decisión polémica, que pudo no gustar a mucha gente, entre ellos al artista que había acompañado al guionista durante este viaje, el pequeño de los Buscema, siendo sustituido por el genio de las tiras de prensa, Frank Robbins.

Las cosas se fueron complicando a nivel editorial para Steve Englehart; demasiadas injerencias, problemas editoriales entre bambalinas, fueron mermando las ganas del guionista de mantenerse en la editorial. Poco a poco iría finalizando sus encargos y se marcharía a la Distinguida Competencia. Su último ejemplar acreditado, el #186, que ni siquiera estaba finalizado (completado con prisas por John Warner), dejaba cerrada otra lucha a muerte con el Cráneo Rojo. A partir de ese instante, una pequeña terna de guionistas rotatorios mantenía la silla caliente para el siguiente guionista, otra leyenda del medio, el Rey de los Cómics.

La vuelta de Jack Kirby (#192-214, Annual #3-4).

El retorno de Jack Kirby a Marvel, después de una temporada en DC, fue harto celebrado. Se da la circunstancia de que es uno de los creadores originales del personaje, por lo que se antojaba una elección perfecta para el buen Capitán. Kirby viene con todo a la colección, como autor completo, además con la figura de autor-editor bajo el brazo, por lo que era el responsable último del producto.

El Rey sabía que se enfrentaba a una efeméride muy especial, dado que en 1976 se celebraba el Bicentenario del nacimiento de la nación, por lo que su primera saga, “La Bomba Loca”, fue un largo ciclo que incluían elementos de corte político y mucha aventura, a la manera clásica. El gran finale desembocaría en un especial de mayor paginación, celebrando el 200 aniversario de los EEUU. Hay una vuelta a ciertos presupuestos básicos de la historia del Capi. Es algo que Jack se esforzó en recuperar, un componente de diversión desenfrenada que muchos lectores parecían haber perdido de vista.

Para Kirby fue un momento definitorio, ya que sus ideas no calaron tanto como a él le hubiera gustado. Hubo una parte del aficionado que se mostró descontenta con su tratamiento de personajes. Al creador nunca le preocupó el pulso del momento; confiaba mucho en su talento y siempre tenía gran carga de trabajo por delante, por lo que no solía estar atento a la respuesta del público. En este caso, sí que le llegó el descontento, digamos generalizado, por lo que su segunda estancia en Marvel no fue lo todo placentera que al Rey le hubiera gustado.

De cualquier forma, Jack siempre afrontaba sus trabajos con una tremenda ilusión. Este Capitán, en cierta forma, era una vuelta a su tratamiento más clásico, repleto de acción y aventuras. Para Kirby era tan importante el personaje que se preocupó de que tuviera dos anuales (el tres y el cuatro) con material nuevo. Los dos primeros annuals fueron rellenados con episodios publicados previamente, por lo que se puede aseverar que fue Jack Kirby el que abrió la senda para episodios especiales con el Capitán América. Si les gusta el planteamiento, tienen todos sus números, especiales incluidos, en un único tomo Marvel Gold tapa dura, titulado como su ciclo más famoso, “La era de la Bomba Loca“.

El Capitán entra en la modernidad.

El bueno de Steve Rogers tuvo que asimilar su persona como el hombre fuera de su tiempo. Stan Lee, Jim Steranko, Gary Friedrich y demás colaboradores trataron de implementar al personaje en la actualidad Marvel, junto a sus aventuras en Vengadores. Un momento de gran trascendencia es la llegada de Steve Englehart, un autor que supo reinventarlo para tiempos modernos, con una fuerte carga política en sus páginas. Su larga etapa se vio cortada, por injerencias editoriales, cediendo el paso a Jack Kirby, que hizo un poco de back to the basics, generando un debate acerca de la concepción del Capitán América.

Los autores que sucedieron a estos titanes tuvieron que asumir la disyuntiva de elegir un camino. Cuando los que te preceden marcan distintas visiones, aristas a elegir, las posibilidades aumentan y las visiones acerca del personaje, por necesidad, oscilan. Debido a eso, es interesante observar el baile de autores que sufre la colección durante un tiempo, con aproximaciones que han pasado sin pena ni gloria, como la de Roger McKenzie u otras que se han instalado en el imaginario popular, pese a su brevedad, caso de la conjunta de Stern y Byrne. Era la hora de que el Capitán América se adentrara en la modernidad. Sin duda, contamos con guionistas que fueron de una importancia capital para mantener la leyenda, como J.M. DeMatteis o Mark Gruenwald. Sin ellos no podríamos entender el desarrollo del personaje. Con esta renovada perspectiva, llegaremos al final del volumen uno del Abanderado.

La etapa de Roger McKenzie (#215-246).

La huida de Jack Kirby, según la versión oficial, por problemas de agenda (una novela gráfica con surfista plateado se cruzó en su camino) provocó un pequeño terremoto en la oficina que se encargaba de editar al Capi. Por tanto, nos vamos a encontrar, de inicio, con un cierto baile de autores, tanto en el procesador de textos como en la parte artística, durante al menos una temporada. Es un momento incierto, donde la diferencia de sensibilidades entre creativos hace que estos números sean pasados por alto, cuando hablamos de las mejores etapas del héroe de la Golden Age, y con razón.

El primero que tiene intención de asentarse en el puesto es el bueno de Roy Thomas, un amante total de los cómics clásicos. Su primer ejemplar, dibujado por George Tuska, es nada menos que una puesta a punto del personaje; una mezcla entre recontar el origen y estipular el punto donde quedaban sus aventuras, en aquel instante. Pero pasado muy poco tiempo, Roy acepta el hecho de que no puede hacerse cargo del título, por escasez de tiempo, por lo que se lo cede a su mejor pupilo, Don Glut, quedándose únicamente en tareas de edición. Glut tampoco aguanta mucho; era un tipo bastante bohemio, que apenas logró labrarse una carrera en Marvel Comics, siempre bajo la supervisión de Thomas.

A partir del #221 comienza una rotación importante de nombres, tanto en guion (Steve Gerber, David Kraft, Peter Gillis) como al dibujo (Sal Buscema, John Buscema, Mike Zeck). Lo que más llama la atención es el breve paso de Steve Gerber, ya que sabiendo de sus filias y sus fobias, pueden esperar que sus números no sean el material acostumbrado por el seguidor del Abanderado.

De todas maneras, el gran nombre que tenemos en estos días convulsos es el de Roger McKenzie, guionista que venía de hacer cosas interesantes durante esta década, debido a su currículo en obras de terror, principalmente en Warren. A su llegada a Marvel, tuvo que adaptarse al superhéroe y entre su producción destacan su etapa en Ghost Rider y este periplo en Captain America (#226-245, aunque no toda de corrido, ya que hay diversos fill-in en esa numeración). También regresa un nombre muy asociado a la colección como Sal Buscema, pero hay que advertir que la estabilidad gráfica no es habitual en este periodo.

McKenzie empieza fuerte, muy fuerte; recogiendo una trama muy psicológica de Steve Gerber, donde el anterior escritor había despojado del suero del supersoldado al Capitán (como ven, no es ninguna novedad lo de perder el suero); el flamante guionista se enfrenta a un escenario donde Steve Rogers vuelve a ser un alfeñique y además, con una edad algo más madura de lo acostumbrado. El primer paso sería recuperar al personaje en toda su esencia, para luego traer a némesis clásicas como Cráneo Rojo, Zola o el Doctor Fausto, recordar el peligro del nazismo o reconectar con viejos amigos como Sharon Carter o Sam Wilson, más conocido como el Halcón.

La etapa McKenzie no es de las favoritas de nadie. El autor admitió basarse en material añejo de Tales of Suspense, legendaria etapa de Lee y Kirby, por lo que la originalidad no es una de sus características. Pero es que, además, hubo muchas interrupciones en el camino, con guionistas como Peter Gillis, Chris Claremont o Steven Grant saliendo a rellenar los espacios vacíos, dejando una sensación de etapa montada a base de remaches. Si continúan interesados en estos números, vienen recopilados en dos Marvel Gold tapa blanda, el formato con solapas ya olvidado por Panini, llamados “La manera en que ocurrió” y “Si América Cae“.

Un par de autores con muchas ganas vendrían, a renglón seguido, para recolocar a la colección en el centro del interés de los aficionados.

La etapa conjunta de John Byrne y Roger Stern (#247-257, Annual #5).

Las aventuras del Capi de Stern y Byrne destilan un aire clásico. Se trata de historias de corte sencillo. Pasarán por sus páginas villanos como el Hombre Dragón, Batroc, Mr. Hyde y el Barón Sangre. En España, Panini Cómics ha editado estas aventuras en tres formatos distintos, uno dentro del coleccionable Marvel Héroes, otro en el primer Marvel Gold, aquellos finitos de tapa blanda, en dos entregas, y posteriormente reeditado en formato Marvel Gold tapa blanda, el estándar, en único tomo, apodado “La Primera Luz del Amanecer“. La última edición es la disponible. Los números en cuestión son Captain America 247-257, Marvel Fanfare 18 y Annual 5 USA.

En estas páginas, Roger Stern trata ampliamente la vida privada de Steve Rogers, es decir, podemos llegar a sentir su día a día en su vida civil. Alejado de la mansión de los Vengadores, vive en un apartamento en Brooklyn, interactuando con unos vecinos muy dispares. Una de las vecinas es Bernadette Rosenthal, que será su aspiración amorosa.

Tal y como hemos mencionado, estamos ante aventuras de corte clásico, sencillas, pero no por ello carentes de contenido. Empezamos ubicando a Steve en el mundo. Vemos y percibimos a un personaje fuera de su tiempo, que poco a poco parece querer adaptarse a la época en la que vive. Es una de las pocas veces donde observamos que predomina su vida personal. Incluso veremos cómo se cierra una puerta con respecto a Sharon Carter (en aquella época fallecida), abriendo una nueva respecto a su vecina, Bernie Rosenthal. Su día a día, su trabajo, sus preocupaciones mundanas son lo que hacen ver un personaje cercano.

En un primer arco el Capitán América se enfrenta a un doble problema. Por un lado, debe aclarar sus recuerdos que ahora le colocan en una familia distinta con un supuesto hermano. Indagando y pudiendo acceder a objetos de su pasado, descubrirá que su mente había sido manipulada con recuerdos superpuestos, para el caso de que hubiere sido apresado por los nazis. De ahí surgen sus falsos recuerdos, siendo lo que siempre habíamos conocido su verdadero origen. Tendrá también que enfrentarse a una nueva amenaza, el Forjador de Máquinas, el cual no solo crea un robot perfecto del Barón Strucker, sino que despertará al Hombre Dragón, poniendo en jaque a nuestro héroe. Finalmente, en una serie de enfrentamientos con diversos cuerpos, que son copias artificiales del enemigo en la sombra, descubrimos la tragedia en la que se ve inmerso, con una final que supone un descanso eterno para una mente encerrada en un cuerpo sintético incapaz de sentir.

Seguidamente el bueno del Capitán América se ve inmerso en un conflicto alejado de los villanos a los que se ve acostumbrado. En concreto, es engatusado para presentarse a presidente de los EEUU. Steve Rogers no está convencido pero el pueblo lo percibe como ese líder necesario y falto en la nación estadounidense. Se trata de un número que pone en la mesa cuestiones importantes como el liderazgo, la corrupción del poder, y sobre todo las fuertes convicciones frente al clientelismo y servilismo de la clase política. Finalmente, el Capitán América declina en público la oferta puesto que alega que no dispone del tiempo suficiente para poder desempeñar a la vez ese cometido y defender a la humanidad, como Capitán América.

A continuación, el Capitán América debe enfrentarse a Batroc y a Mister Hyde en una historia de dos números en la que deberá no solo evitar la destrucción de Nueva York, sino sobrevivir a la furia de un enemigo poderoso como lo es Hyde. Con el secuestro de un barco cargado de gas dirigido hacia Nueva York, el Centinela de la Libertad deberá evitar que estos dos enemigos consigan el precio puesto a cambio de no destruir la ciudad.

La siguiente historia nos lleva a Inglaterra. Allí Steve se encontrará con Union Jack y con Spitfire, antiguos compañeros suyos cuando formaba parte de Los Invasores. Juntos deberán combatir a la vampírica amenaza que representa el Barón Sangre, un antiguo enemigo del supergrupo al que perteneció el Capi durante la II Guerra Mundial.

El último número realizado por el dúo formado por Roger Stern y John Byrne es el #255. Se trata de un número conmemorativo del 40º Aniversario del nacimiento del personaje. En este cómic se nos vuelve a narrar el origen del Capitán América.

La etapa de J.M. DeMatteis (#258- 301, Annual #6-7)

Cada vez que un equipo creativo abandona el barco antes de tiempo, se produce el habitual nerviosismo en las oficinas editoriales. Son momentos en los que se suele echar mano de fill-in o de equipos de transición, hasta encontrar los nombres adecuados. En los momentos post Stern-Byrne fue más sencillo de lo habitual. El guionista asignado fue J.M. DeMatteis y la historia de cómo llegó al título fue de lo más cinematográfica. Un joven Jean Marc fue seleccionado por Jim Shooter para escribir un cómic promocional con motivo de un próximo estreno de una película para televisión, protagonizada por el Capi. Esa idea fue desechada cuando los integrantes del Bullpen vieron la bazofia que era la citada cinta, por lo que el lanzamiento de ese tebeo fue cancelado. Pero a Shooter le gustó mucho lo que había planteado el guionista, por lo que se convirtió en su primera opción cuando salió el anterior equipo creativo.

En cuanto al dibujante, tenemos al elegante Mike Zeck, que se había coronado en Shang-Chi y que poco a poco lograba más asignaciones. Una de ellas era un par de fill-in con protagonismo del Abanderado, firmados por Chris Claremont y David Michelinie, en un caso, y por Michelinie y Shooter, en otro. Ambos dos salieron a la luz de manera improvisada para cubrir los huecos de los números 258 y 259. Para el #261, es nombrado dibujante titular, coincidiendo con la llegada de DeMatteis; un cómic en el que se reciclaron algunas de las ideas de esa obra promocional que fue cancelada por Shooter.

Nos encontramos ante una fase fundamental del personaje, a inicios de los años 80. Representó una consolidación efectiva de la Leyenda Viviente, pues hablamos de una larga etapa, de septiembre de 1981 a diciembre de 1984. Esa longitud no nos debe llevar a considerar este recorrido como algo monolítico, ya que es la típica etapa que empieza de manera modesta y comienza a crecer, y crecer, conforme avanzan los números. También es muy destacable la unión del equipo artístico DeMatteis-Zeck durante la mayoría de esta cronología. El guionista necesitó descansos, en ocasiones concretas, de los típicos que salían en su auxilio, escritores como Peter Gillis o David Anthony Kraft. El dibujante mantuvo una buena regularidad, con ausencias suplidas por Sal Buscema o Brian Postman. En la recta final de la era DeMatteis, Zeck acudió a hacerse cargo de las Secret Wars, siendo sustituido definitivamente por Paul Neary.

Lo dicho, DeMatteis presenta ciclos cortos, en los que se alterna con Kraft, en su comienzo, con la lucha contra el Ameridroide, una vuelta de Cráneo Rojo y la llegada del Hombre de la Calle, un villano ridículo con una historia de fondo muy triste. También probó con un crossover con otra de las colecciones que escribía, Los Defensores. Una cabecera modesta pero que se asentaba poco a poco, con las relaciones del Capi y su entorno (S.H.I.E.L.D., el Halcón y especialmente con su nuevo acompañante, Nómada) y la presentación de amenazas como Alimaña o la recuperación de Puercoespín. Donde el guionista está de diez es en su versión del hombre bajo la máscara, en la vida privada de Rogers. Ahí destacan dos personajes, Arnie Roth, el vecino de la infancia de Brooklyn, uno de los primeros caracteres de peso abiertamente gays en el Universo Marvel; y Bernie Rosenthal, creada por Stern y Byrne, pero desarrollada a fondo por DeMatteis y Zeck, centrados en su relación amorosa con Steve, su trasfondo judío y cómo este tendrá su importancia en algunas tramas.

La colección empieza sin grandes aspavientos, pero a partir de un punto coge la velocidad de crucero. Ese instante es el ciclo llamado “Shock del Futuro”, en el que se traía de vuelta a Deathlok, el Demoledor, un ciborg forjado en el futuro, mitad hombre, mitad máquina. Se trata de una idea con claro sabor años setenta, creado por Doug Moench y Rich Buckler, que había caído en el olvido. Los autores montan una larga trama, donde alternan elementos de ciencia ficción muy interesantes con la típica narrativa superheroica, con el objetivo de asentar al Deathlok en el entorno compartido.

Seguimos con otro triunfo ya que así se puede denominar a la definitiva puesta en relevancia del Barón Zemo. El antiguo jerarca nazi fue el artífice de la muerte de Bucky y de que Steve estuviese tantos años congelado en el hielo. Tras el regreso de Rogers, Zemo continuó hostigando a los Vengadores con sus Amos del Mal, hasta el desafortunado Avengers #15, en el que murió sin que los Héroes más Poderosos de la Tierra pudieran hacer nada para salvarle. Con el paso del tiempo, se supo que este Barón, llamado Heinrich, tenía un hijo, Helmut, el heredero del patrimonio Zemo. Roy Thomas lo sacó a la palestra, disfrazado de manera pintoresca y haciéndose llamar Fénix, eso sí, utilizando el famoso Adhesivo X, marca registrada de su progenitor.

Pues bien, DeMatteis es el responsable de que el Barón Zemo que tanto nos gusta sea la versión definitiva y no la ridícula del Fénix. Fue Jean Marc el que decidió vestirle con su famosa máscara, en honor a su padre, y el que le hizo mostrar sus actitudes de superioridad. Esta trama es perfecta para conocer al Helmut maquinador, dispuesto para cobrarse venganza por la afrenta cometida por el Capitán América y para ello se vuelve a servir de las esvásticas y los partidos neonazis, esos que nadie ignora que todavía existen en el mundo.

Los ejemplares iban avanzando y estaban cogiendo una numeración interesante, acercándose al #300 de la colección. Para ello, y ya sin Mike Zeck en sus filas, sustituido por Paul Neary, el guionista plantea su saga más ambiciosa en la colección, con el enfrentamiento definitivo con el Cráneo Rojo, previo conocimiento de las Hermanas del Pecado, cuyo líder, la Madre Superiora, no es otra que la propia hija de Shmidt (luego transmutada en Pecado, que en la actualidad Marvel ha tenido su importancia). Se trata de una lucha que supera lo físico, centrado más en lo psicológico, en la contraposición de dos figuras que representan las distintas caras de una misma moneda.

Nos hallamos ante el DeMatteis más intenso, que busca comprender las motivaciones de un villano, alejando esa pátina de malo de opereta que tanto ha adornado las acciones del Cráneo. Una lucha hasta la muerte que llevará a Steve Rogers prácticamente al límite de sus fuerzas. Sin duda, estamos ante la obra magna del guionista en la colección; una historia muy poderosa que sigue manteniendo un influjo trascendente, pasados los años de su publicación.

Es aquí, en el #301, cuando DeMatteis cierra su etapa, sustituido de manera temporal por Mike Carlin. Podría pensarse que era el final pensado por Jean Marc, pero la realidad es más áspera de lo que aparenta. El escritor tenía la intención de dejar al Capi inutilizado para el servicio, tras la lucha con el Cráneo Rojo, y estaba todo organizado para el cambio, en la figura de un personaje recién presentado, Jesse Cuervo Rojo, como su eventual sustituto. Alguien que era miembro de los nativos americanos, qué mejor representación de lo que representa América que sus auténticos y originales pobladores. En las oficinas editoriales la idea no convenció, ni a Shooter ni a Gruenwald, este último editor del título, por lo que DeMatteis, a modo de queja, se plantó y abandonó la colección.

Esto no emborrona una de las mejores etapas, en su conjunto, del recorrido del Centinela de la Libertad. Panini publicó el periplo completo de J.M. DeMatteis en cinco volúmenes, en Marvel Gold tapa blanda, con solapas y colores saturados, con los nombres de “Sueños Americanos”, “La Muerte de un Héroe”, “Shock del Futuro”, “De Monstruos y Hombres” y “La Muerte de Cráneo Rojo”. Algunos de ellos son difíciles de conseguir por lo que no pocos aficionados aspiran a verla reeditada en Omnigold. Las historias lo merecen.

La etapa Mark Gruenwald (#302-443, Annual #8, #10-12).

La década de 1980 fue territorio de Mark Gruenwald. Su llegada fue en julio de 1985, tras una efímera etapa de transición, a la finalización del autor anterior, cortesía de Mike Carlin. El veterano escritor tomó las riendas del Capitán América y tras diez años al frente de la colección (Captain America vol.1 #307–422, 424–443, Annual #8, #10-12) dejó una huella que a fecha de hoy perdura en nuestro recuerdo. En España se está reeditando esta etapa con dos volúmenes en Marvel Héroes (#302-350, Anual #8), hasta la fecha y con previsión del tercero en el mes de julio. Esperemos verla completa para hacer justicia a un escritor muy importante.

Con la llegada de Mark Gruenwald arribaron nuevos enemigos, como Sin Banderas o Azote. En el comienzo de esta etapa sirve para sentar lo que vendrá a continuación. En concreto, Azote se enfrentó a causa de sus actividades a algunos héroes que intentaban salvar a sus víctimas, básicamente villanos, caso de Iron Man o Spiderman. El Capitán América, al que se enfrentó por primera vez cuando intentaba matar a Constrictor, que estaba en el hospital. El Centinela de la Libertad consigue finalmente apresarlo sin embargo, antes de que el Capitán América pudiera llevarlo a las autoridades, acaba con su vida, empleando un arma igual a la del Azote, y gritando “se ha hecho justicia”, grito de guerra del Azote.

Mientras que el Capitán América renuncia a su rol cuando el gobierno intenta obligarlo a trabajar únicamente para ellos, se ve obligado a renunciar a su escudo y uniforme, el cual es entregado a un antiguo enemigo, John Walker, conocido hasta la fecha como el Superpatriota. El juego al que nos hace partícipes a los lectores es comprobar qué es ser el Capitán América y si es algo más que un símbolo. Ver directamente la progresiva decadencia del sustituto de Steve Rogers, el cual se dirige a un camino violento, una espiral de muerte y destrucción que supone la antítesis de lo que es el Capitán América.

Por otro lado, Steve Rogers, vistiendo un traje negro que le dio el Hombre Demolición y un nuevo escudo negro diseñado por Tony Stark, asume la identidad de “El Capitán”. El Capitán reúne a un grupo de héroes formado por él mismo, el Halcón, Hombre Demolición, Nómada (Jack Monroe). Este grupo de héroes viajará por los Estados Unidos para luchar contra el crimen y contra el Escuadrón Serpiente.

Durante este tiempo, Steve tiene algunos enfrentamientos en los que tiene que recurrir a trabajar fuera de la ley por mucho que le duela. Tanto Rogers como Walker se tendrán que ver las caras como una pugna de dos versiones muy distintas de lo que es ser el Centinela de la Libertad.

Steve Rogers finalmente descubre que un resucitado Cráneo Rojo es responsable de que Steve sea derrocado y reemplazado. En este caso, Arnim Zola traspasa la consciencia de Herman Schmidt a un cuerpo clonado de Rogers. Finalmente, El Capitán se enfrenta con su némesis, quedando este desfigurado y siendo vencido en Captain América vol.1 #350. A Steve se le permite recuperar su icónico disfraz y escudo; mientras que Walker recibe el traje negro convirtiéndose, tras un simulacro de muerte, en el héroe conocido como USAgente.

La etapa de Mark Waid y Ron Garney (#444-454).

Encontramos esta etapa en dos tomos, 100% HC Operación Renacimiento y Hombre sin Patria, exceptuando el #449 que se publicó en el crossoverPrimer Signo“. Tras el final de la etapa de Mark Gruenwald, el Capitán América queda en una situación en la cual el suero de supersoldado acaba finalmente con él. Desapareciendo de manera misteriosa, solo queda su armadura, la cual se había visto obligado a llevar para poder continuar con vida y su carrera como superhéroe.

Con “Operación: Renacimiento“, Mark Waid y Ron Garney vuelven a traernos al Centinela de la Libertad totalmente renovado y de una manera nada forzada. Un primer número expone la situación y el reconocimiento público de los Vengadores acerca del fallecimiento del héroe por excelencia de Estados Unidos. Sabremos que ésto no es del todo cierto y que el cuerpo de Steve Rogers es rescatado a tiempo para ser conservado y purificada su sangre. Al despertar de nuevo (como si se tratase de aquel mítico Avengers vol. 1 #4) descubrimos que detrás de semejante renacimiento está Sharon Carter y Cráneo Rojo. Sharon, la cual había supuestamente fallecido en Captain America vol.1 #237, se mantuvo en el anonimato haciendo funciones de espionaje entre las líneas enemigas, siendo ocultado este dato a nuestro héroe. Por otro lado, Cráneo Rojo cuya consciencia está dentro de un clon de Rogers, es el único que puede facilitar el suero en sangre que permite que renazca el Capitán América.

Tras ser resucitado, tanto Sharon como Schmidt ponen en antecedentes a Rogers y cómo no, en juego el destino de la Tierra, estando el Cubo Cósmico de por medio. De tal forma que Hitler (en la figura del Aborrecededor), al permanecer dentro del mismo, está a punto de colapsar la realidad, modificándola a su arbitrio, transformando el mundo que vivimos en un nuevo Reich. Finalmente se desbaratan las pretensiones de los nazis y el propio Cráneo Rojo que traiciona a Sharon y Steve desaparece en un flujo de energía al destruir el Cubo.

El siguiente arco “El hombre sin patria”, Steve Rogers sufre el escarnio de ser exiliado y apartado del manto del Capitán América siendo sospechoso de traición. El presidente Bill Clinton exilia temporalmente a Rogers al Reino Unido hasta que se resuelva el asunto y se pueda aclarar su nombre. Para no asociarse con los Estados Unidos, Steve usa un traje completamente azul (similar al uniforme de Isaiah Bradley, pero sin estrellas ni rayas). En este arco recibe por primera vez el famoso escudo de plasma que portará más adelante (en este caso es amarillo sin ser aún la versión de colores rojo, azul y blanco). Tras desbaratar la trama orquestada por el Forjador de Máquinas, nuestro héroe recupera la confianza del Gobierno de los EEUU. Este arco es una de las mejores y más intensas aventuras de los noventa, orquestada por un pletórico equipo creativo. A pesar de ésto ocurrió la tragedia y llegó Heroes Reborn, siendo apartados injustamente por el nuevo guionista y dibujante: Rob Liefield.

El camino hacia el nuevo milenio.

El cierre de una colección tan longeva debía venir justificado por algo muy grande. El volumen dos es el que corresponde a Heroes Reborn. Los noventa fueron años complicados en Marvel; dificultades económicas, malas decisiones de negocios, llevaron a la editorial hacia una bancarrota. Los entonces dueños de la empresa pensaron que dejar sus juguetes a una serie de autores mediáticos propulsaría el interés y por ende, las ventas. Tras arduas negociaciones, se consiguieron los servicios de Jim Lee y Rob Liefeld, con sus respectivos estudios, formados por artistas cortados al patrón de lo que se llevaba en aquellos días. Al Capitán América le tocó bailar con la más fea, dado que el bueno de Rob se hizo cargo de sus destinos, además de los Vengadores, donde también era parte fundacional. Con la perspectiva del tiempo, sabemos que esto no fue, en absoluto, una buena idea, por lo que la colaboración no se renovó, pasado el año de rigor.

Con los nervios templados, los editores devolvieron al Capitán a manos más aptas, aquellos que vieron cortadas sus tramas por el lanzamiento de Heroes Reborn. Hablamos de Mark Waid y Ron Garney, que hicieron frente a su segunda etapa, que se identifica en el mercado USA como el volumen tres, con un mayor sentimiento de libertad. Aun así, los dos autores tuvieron marejada entre bambalinas con una historia de Cráneo Rojo que fue retocada por los altos estamentos editoriales. Esto provocó su salida del título, por lo que muy cercana al siglo XXI, la colección recayó en manos de un autor como Dan Jurgens, que unido a una estrella del dibujo como Andy Kubert, trató de tirar del carro de las esencias del Centinela de la Libertad. No se puede decir que el guionista lo intentara todo, incluso llegando a matar a Steve Rogers, pero la cabecera no terminó de despegar.

Estamos en pleno S.XXI, envueltos en un periodo complicado de la historia norteamericana, con el ataque terrorista a las Torres Gemelas y la subsecuente lucha contra el terror, por parte del presidente Bush Jr. Se necesitaba un Capitán América para esta nueva sensibilidad conservadora e intervencionista. De ahí surge el volumen cuatro, ubicado bajo el paraguas de la línea Marvel Knights. Esta andadura pasó sin pena ni gloria, tras unos exiguos treinta números y de la que apenas se ha recuperado nada de manera reciente.

Mucho más importante es el volumen cinco, ya que es el que el abre el guionista Ed Brubaker. Estamos ante una de las etapas fundamentales del personaje, en su larga historia, para muchos, la mejor de todas. También es cierto que hablamos de más de ocho años de historias, por lo que los altibajos se compensan con creces, cuando te acercas a lo que tenía preparado Brubaker. Dicho lo cual, tuvo la oportunidad de relanzar el personaje en un volumen seis, justo el previo al relanzamiento que supuso Marvel Now!, que nos sirve de punto de corte para este epígrafe.

Heroes Reborn. Capitán América (vol. 2 #1-13).

Con una crisis sin parangón en la editorial, Bob Harras tuvo que supervisar la llegada de ciertas estrellas de relumbrón para dar lustre a los iconos Marvel, que según los susodichos, se veían gastados. Para ello les dejó vía libre para cargarse toda la continuidad (repetimos, todo el bagaje de personajes muy importantes) para comenzar desde cero y así atraer a millones de nuevos lectores. Nos encontramos ante Heroes Reborn, una de las peores decisiones que jamás se han tomado en la Casa de las Ideas, pero que en la cabeza de los ejecutivos debía sonar fenomenal.

Con el Capitán América, que es el fondo quién nos interesa, desembarcó Rob Liefeld y su estudio, Extreme, repleto de clones del bueno de Rob. Este tenía mucho interés en guionizar y dibujar al Centinela de la Libertad, cosa que ocurrió a medias. En la editorial decidieron ponerle una carabina, en la figura de Jeph Loeb, para que supervisara la parte literaria. En la vertiente artística no hubo tal filtro, por lo que pueden suponer la calidad del producto.

La historia no empieza del todo mal, pues el pitch del argumento suena interesante. A Steve Rogers lo mantienen en una especie de falsa realidad, ya que nuestro protagonista se nos presenta como un trabajador de la construcción, casado y con un hijo. Una vida idílica que solo se ve interrumpida por ciertas pesadillas que nos hablan de una guerra interminable. Finalmente, la verdad sale a la luz, ya que es una tapadera de S.H.I.E.L.D. para utilizar al Capitán América a su antojo, algo muy crudo y terriblemente desalentador para alguien como Steve.

Desde aquí, que puede parecer al menos imaginativo la forma de interpretar al Capitán, la colección va cuesta abajo. Gran parte de culpa la tuvieron los retrasos con los que Marvel tenía que lidiar, por culpa de Liefeld. Lo cierto es que es una etapa con tan mala prensa que se suele sacar a colación cierta ilustración promocional, el Capi con tetas, para denigrarla, una imagen por cierto, que nunca verán en los cómics. El trabajo de Liefeld es el que es, no hay más. Pero también es una realidad que Rob fue apartado a partir del #6 de la colección, pasando a escribir los argumentos un guionista más capaz como James Robinson, cambiando de paso el dibujante titular; gente como Travis Charest o Joe Bennett al menos no te daban ganas de quitarte los ojos mientras leías las aventuras del Abanderado.

Panini Comics recopiló los doce números de Heroes Reborn en un tomo en tapa dura, algo que solo se puede tildar de valiente. Hay un ejemplar que se queda fuera del volumen, ya que aunque esta andadura contó con trece números, ese último era parte de un crossover con personajes de Wildstorm. Por problemas de derechos, como pueden suponer, a día de hoy es imposible de publicar.

Heroes Return. La segunda etapa de Mark Waid y Ron Garney (vol. 3 #1-24, Annual 1999).

Parte de esta etapa se ha dividido en Colección Extra de Superhéroes (fueron 3, interesándonos ahora el 17 como complemento al HC de Heroes Return) y en Heroes Return, Capitán América 1. El Capitán América volvió a los Vengadores para enfrentarse a Onslaught. Aunque aparentemente murió junto al resto de los Vengadores y los 4 Fantásticos, en realidad fue enviado a un universo de bolsillo con los demás héroes por Franklin Richards, el hijo de Reed y Sue Richards. Allí revivió su vida hasta que todos descubrieron lo que había ocurrido y consiguieron regresar a la dimensión de la Tierra real.

Tras el fiasco de este retcon, Mark Waid y Ron Garney vuelven a tomar las riendas del Capitán América. Con el regreso desde ese mundo de bolsillo, el Capitán América se encuentra en Japón en medio de una histeria de fervor a la figura del Capitán. En su año de ausencia, el Capitán América descubre que se ha convertido en una figura icónica. En ciernes, una saga donde jugamos con lo que significa ser un símbolo que trasciende más allá de la nación cuyos colores porta. Steve descubrirá que su mayor arma no es el escudo, preparación física y el suero que fluye por sus venas, sino el ejemplo que su figura da al mundo entero.

Enfrentándose a Hydra, pierde su escudo en el Océano Atlántico e incluso Namor no puede encontrarlo. Como sustituto, en primer lugar, usaría uno idéntico al utilizado en sus primeras andanzas y luego, oficialmente, el Capitán América se servirá de un escudo de energía sólida, muy similar al que había usado anteriormente facilitado por Sharon. Ya más adelante colaborará con Carol Danvers, la cual había sido expulsada de Los Vengadores, por su adicción al alcohol en el evento “Vive como un Kree o muere”.

Cráneo Rojo que había desaparecido en el arco “Operación: Renacimiento“, quedando solo su silueta en un muro tras un destello de energía del Cubo Cósmico, haría su regreso cuando el ser conocido como Korvac lo reviviera. No solo es traído de nuevo al mundo de los vivos sino que además está imbuido de los poderes del Cubo. Sus poderes aumentarán después de obtener más poder de la nave de Galactus. Korvac manipulará tanto al Capitán América como a Schmidt acabando en una lucha entre ambos con la muerte del nazi. Finalmente incapaz de vencer físicamente a Cráneo Rojo, el Capitán América lo engaña para que se desintegre a sí mismo y al Cubo Cósmico también. Estos números son magníficamente ilustrados por Andy Kubert.

Finalmente, el escudo que se había perdido en las profundidades del océano, se recuperó, pero cuando cayó al suelo, se hizo añicos con el impacto, con la cara de estupefacción, no solo de Steve, sino también de los lectores. Este fue un giro impactante teniendo en cuenta la naturaleza indestructible del escudo. Veremos enfrentarse al Centinela de la Libertad contra Klaw en una saga donde descubrimos que el Todopoderoso manipuló el escudo del Capitán durante las Secret Wars originando un “virus o cáncer de vibranium”. Años antes, en Secret Wars vol.1 # 12, de Jim Shooter y Mike Zeck, el escudo del Capitán América había sido destruido por el Doctor Muerte. Sin embargo, gracias al Todopoderoso, Steve pudo devolver su escudo a su forma original. Aún así, una pequeña molécula se desestabilizó de su alineación original. Dado que el vibranium convierte el sonido en energía, cada vez que se golpeaba el escudo, esta extraña molécula se propagaba. Este “cáncer de vibranium” infectó moléculas vecinas en el escudo y eventualmente lo destruyó. Peor aún, el cáncer se propagó a otras fuentes de vibranium. Finalmente el escudo de toda la vida, es restaurado y equilibrado quedando en perfecto estado e indestructible, todo ello gracias a Klaw.

La etapa de Dan Jurgens (vol. 3 #25-50, Annual 2000-2001).

El cierre abrupto de la etapa de Waid y Garney, provocó la correspondiente ansiedad en las oficinas editoriales. Tras el breve paso de Tom DeFalco y Ron Frenz, pareja de autores clásica a más no poder, al final se decidió otorgar la confianza a Dan Jurgens, que estaba guionizando a Thor en aquellos momentos. Se le asigna al dibujante Andy Kubert como compañero y partir del #25 de este volumen tres, comienza un nuevo periodo para el Capi.

Jurgens, autor que le gustaba de moverse en las esencias puras de cada personaje, sabe que no hay nada más relacionado con el Abanderado que la II Guerra Mundial. En el primer ciclo nos presentan un retorno de las esvásticas a la primera plana, con el ejército del Aborrecedor, que llegado el momento logrará sustraer el escudo original del Capi y tunearlo con el máximo símbolo nazi. En esta aventura ya notamos a un Steve Rogers categórico con la defensa de los valores de EEUU, por los que nos autores nos retrotraen a esa imagen del Capitán como defensor a ultranza de la bandera, algo que va a ser característica en este periodo. Tampoco se olvida de secundarios muy atados al lore de esta cabecera, como Sam Wilson, Sharon Carter, Dum Dum Dugan o Nick Furia. Jurgens suele jugar con una serie de ideas que ya se han utilizado en el pasado, añadiendo un toque nuevo, para que no suene a pastiche.

La siguiente parada es la Tierra Salvaje, un paraje que no es desconocido para nuestro héroe pero que tampoco es que haya sido su patio de recreo habitual. Sin embargo, mientras Rogers se encuentra luchando por terrenos inhóspitos, el guionista nos muestra una subtrama que va a ser de especial importancia durante la primera mitad de su etapa. En los salones de I.M.A. se está trabajando con el descubrimiento del siglo, pues han sido conocedores de que Steve Rogers no fue el primer sujeto de pruebas para el suero de supersoldado. Otros antes que él pasaron como conejillos de indias y quedó uno en animación suspendida, que los malvados científicos han conseguido agenciarse de una base gubernamental y están a la espera de recuperar para el servicio. Bautizado como el Protocida, es la gran baza con la que Jurgens juega para generar impacto, ya vestido como autor completo, puesto que Kubert se marchó de la colección tras apenas seis números.

Este Protocida es una imagen deformada del Capitán América. Una demostración de que el suero es una herramienta más, desde luego no la base, para confeccionar un supersoldado como Rogers. Algo que está muy bien destacar…. si no se hubiera hecho ya previamente, unas cuantas veces (casos del Capi Loco de los 50 o del mismo John Walker). Ya sabemos que lo clásico es lo que le gusta a Jurgens, por eso en el camino nos dejó episodios de flashback, fechados directamente en la gran contienda bélica, aunque hay que ser justos con él y declarar esta saga como su mejor aportación a la colección, con un emocionante enfrentamiento final entre los dos soldados mejorados. A su conclusión, parece que el Protocida ha quedado eliminado de la ecuación, pero el autor se reserva una última viñeta misteriosa, donde nos quiere dar a entender que quizás habría escapado de la gran explosión. ¿Saben qué? Ningún guionista lo ha vuelto a utilizar, por lo que a efectos prácticos, su estatus es desaparecido en combate.

Siendo el Protocida su gran regalo para la mitología del Capitán, el guionista introdujo nuevos secundarios de peso, como el agente Cameron Klein, o retomó personajes ya presentados por otros autores, para darles más peso, tal es caso de Connie Ferari, abogada y con un hermano en S.H.I.E.L.D. Esta última cobraría importancia a partir del inicio de la segunda fase del guionista, que tenemos presta a debutar a partir del #39 de la colección, punto exacto en el que entra Bob Layton al dibujo, hasta casi la misma conclusión de la etapa. Es aquí donde se va cocinando la historia entre Steve y Connie, con Sharon como observadora pasiva. Un romance que no cerró del todo bien cuando Ferrari supo de la identidad secreta del Capi, el saber quién se encontraba bajo el uniforme de las barras y estrellas no le hizo bien a la relación.

Jurgens y Layton se mantenían en esa tesitura de contar historias con sabor clásico, tirando de villanos añejos del estilo de Batroc o Cráneo Rojo. Nos narraban historias de los Invasores y montaban una larga trama para homenajear a Bucky Barnes (ya saben, muerto en tiempo Marvel), con la presentación de Rebecca Barnes, la anciana hermana del viejo sidekick. Todo sencillo, con mucho sabor americano. En ese aspecto cabe resaltar el anual de 2001. En él se presenta una entrevista del Capi, en persona, con el presidente de los EEUU, cuyo semblante tiene un parecido muy evidente al de Bush Jr., autoridad al cargo en aquellos días, donde, aparte de la aventura de rigor durante la II Guerra Mundial, a modo de recuerdo, se habla de los lazos entre el personaje y el despacho oval.

La numeración iba avanzando y en las oficinas editoriales decidieron preparar un número conmemorativo para el que correspondía al #50 de la cabecera. En él estaría Dan Jurgens, guionista oficial hasta ese momento. Además, se recuperaría a Bob Layton, desaparecido unos ejemplares antes, para que hicieran pareja artística, por última vez. Pero también se suman creadores nuevos, para historias de tipo autoconclusivo, como Kathryn Kuder, Stuart Immonen, Brian David-Marshall, Igor Kordey, Jan Van Metter, Brian Hurtt, Evan Dorkin o Kevin Maguire.

La sorpresa viene de cara a la conclusión de ese número conmemorativo, ya que en una refriega con adoradores de Cráneo Rojo, Steve Rogers muere en una explosión, dejando las últimas historias para el duelo y el funeral por uno de los héroes más estimados de Marvel. Así, como lo oyen, en febrero de 2002, se mata al Capi y se deja la colección en hiato, pues tras este #50 no hubo un continuará. El impacto es nulo dado que Steve Rogers estaba vivito y coleando, por esas mismas fechas, en los Vengadores de Busiek, que se encontraban en el medio de su guerra contra Kang.

Un golpe de efecto fallido para una etapa con un sabor clásico, en muchos aspectos, y que no generó demasiado interés en el aficionado. De hecho, en España la completó Panini en dos formatos distintos. Continuó la parte del Protocida en Colección Extra de Superhéroes, que era un formato reducido, como extensión natural a la etapa de Waid y Garney, y luego decidió pasar a Héroes Marvel, en tapa blanda y tamaño completo, con dos volúmenes, “Fracturado” y “Funeral por América”.

La etapa Marvel Knights del Capitán América (vol. 4 #1-32).

El 2002 fue un año complicado para el Capitán. No solo por tener todavía muy presente el ataque a las Torres Gemelas, algo que le afectaría profundamente, sino porque en esa fecha murió y a nadie pareció importarle. En febrero de ese año, se clausuraba el volumen tres, y en junio se volvía a recuperar al personaje bajo la línea Marvel Knights. De manera oficial, se considera el volumen cuatro, por lo que nosotros mantendremos esa misma consideración. Para este nuevo ciclo se asigna al guionista John Ney Rieber, autor que había sido prolífico en Vertigo, el sello más indie de DC, al que se le notaba que gustaba dejar argumentos reflexivos y trabajados. Para el aspecto gráfico tenemos a John Cassaday, una auténtica estrella del tablero de dibujo. Un equipo artístico que prometía.

Para empezar, se supone que se debía solucionar el tema del fallecimiento de Steve. El editor del título, Stuart Moore, no debió comentar ese tema con los autores, ya que estos lo pasaron por alto. Comenzamos con un #1 que busca retratar cómo se debió sentir Steve Rogers un día tan aciago como el 11 de septiembre de 2001. Con una ominosa entrada, con narrador en off y con la imagen de Osama Bin Laden en el fondo, ya nos vamos poniendo en tesitura que esto va ir directo al corazón, a las entrañas de un soldado. Se refleja en la imagen de un Capitán América vestido de civil, tratando de ayudar, buceando en los escombros en busca de víctimas; pero también en la defensa de un ciudadano americano y musulmán, ante el rechazo de cierta parte de la comunidad. Es una puesta a punto de lo que está por venir y una traslación a viñetas de un panorama que se vivía de una manera muy real.

Pasados los trámites, tenemos el leit motiv del primer ciclo argumental: un pueblecito de la América profunda, Centerville, es víctima de un ataque terrorista por parte del infame Al-Tariq. Otro ataque terrorista en suelo patrio, además con rehenes. Esto es la guerra. Furia envía al Capitán como su más importante efectivo para infiltrarse en el terreno, mientras los autores se recrean en alternar estampas idílicas, previas a la llegada terrorista, con la devastación producida. Rogers, como buen soldado que ha batallado en contiendas, se ve muy afectado por lo que ve a su alrededor, evocando recuerdos que creía ya pasados de la II Guerra Mundial. El peso puede ser que se vaya relajando con el paso del tiempo, pero siempre estará ahí.

La implicación de Steve es tan grande que decide pagar con las últimas consecuencias, hacer lo necesario para acabar con el ataque, todo ello frente a un mundo que les mira, a través de la televisión. La resolución del conflicto no gustará en las altas esferas, no por la decisión en sí, sino por la manera pública de la misma. Nuestro héroe muestra sus convicciones frente a un organigrama gubernamental que le juzga por sus acciones, cuando estas estaban justificadas. Con mucha pompa y boato, repleto de banderas norteamericanas, frases patrióticas y panfletarias, además de mucho peso del 11-S, finalizaba esta primera saga de Rieber y Cassaday.

El siguiente ciclo argumental, “Los Extremistas”, sufre de ciertos vaivenes creativos. Cassaday es asignado a otros encargos, por lo que es sustituido por Trevor Hairsine, primero, y Jae Lee, después. En el procesador de texto también tenemos ajustes, ya que Rieber, que si bien es el encargado del plot general no lo guionizó de manera completa, tuvo asistencia de Chuck Austen. Además, este argumento estaba pensado inicialmente para constar de cuatro partes y al final terminó siendo un ciclo de cinco, remendado a varias manos. La temática es muy similar a lo anterior, un grupo de agitadores buscan remover los cimientos del bonito estado americano, mientras que el Capi más patriota del mundo se opondrá con todo su ser.

A partir del #12 USA, entra como escritor titular el ya citado Chuck Austen, teniendo como socio en el arte a Jae Lee, aspecto que venía cubriendo desde números anteriores. La trama es una que busca revivir los momentos en los que Rogers fue descongelado en un mundo que no entendía. Apelando a ciertos elementos del pasado, como el general Phillips, Austen trataba de hacer su propia loa a la figura del Capitán América.

Nos metemos en otro cambio de tono y de autores, ya que para el #17 USA pasan por la serie Dave Gibbons, como guionista, y Lee Weeks, como artista principal (en este número se veía asistido por otros autores). Gibbons, el legendario dibujante de Watchmen, da un giro de timón importante para alejarse del tono propagandístico y sensiblero que había agarrado la colección. Su deriva va más por la ciencia ficción, aunque como buen autor europeo, no exenta de trasfondo. Para resumir el argumento, Steve Rogers se despierta en un mundo donde los alemanes han vencido en la II Guerra Mundial y de paso han conquistado los EEUU. Cráneo Rojo es la máxima autoridad del Reich y desde esa posición se le cuentan innombrables fechorías.

Una vez acabado el ciclo argumental anterior, cambio de guardia. Robert Morales, ideólogo del cómic “La Verdad”, y Chris Bachalo nos traen al presente más candente al Capitán, con problemas mundanos, como el dichoso terrorismo. Como se puede observar, la colección pareció tomar la cualidad de ser una revista antológica, donde cada grupo de autores nos contaba su historia y así hasta el siguiente, sin más hilo conductor entre ellas que el personaje central, el Capitán América. Este tipo de aproximaciones tiene su público, pero no termina calando como serie regular para alguien de la importancia del Centinela de la Libertad. Morales se hizo cargo de otro argumento más superheroico en su siguiente saga, conectado a la actualidad superherioca, para dejar paso a Robert Kirkman, el creador de Invencible y The Walking Dead, que trataría de enlazar con los sucesos de Desunidos, el gran movimiento que estaba pertrechando Brian Michael Bendis en la franquicia de los Vengadores. Con todo, este volumen cierra en el número 32 con un bagaje ciertamente pobre.

Esta corta etapa tiene serias complicaciones para su lectura, a nivel español. No hay nada más publicado por Panini que los seis primeros números de Rieber y Cassaday, en un formato Best Of Marvel Essentials, totalmente agotado. El resto, la editorial italiana ni lo ha intentado recopilar, por lo que vemos muy complicado a estas alturas que estos cómics tengan la viabilidad para verlos en tiendas, próximamente.

La etapa de Ed Brubaker (vol. 5 #1-50; #600-619).

Corría el año 2004 y en Marvel Comics se avecinaba una época de grandes cambios. La editorial quería aprovechar el cambio de siglo para reinventarse, y así venía haciéndolo con casi todas sus colecciones, por lo que la correspondiente al Centinela de la Libertad no iba a ser menos. Arrancando con un nuevo volumen, el quinto, y un número 1, Ed Brubaker, acompañado de Steve Epting, comenzaban su larga andanza al frente de la serie con “Otro Tiempo“, un arco argumental en el que Steve Rogers era invadido por confusos recuerdos de su pasado anclado en la Segunda Guerra Mundial. Unos recuerdos en los que cada vez tenía más importancia Bucky, su sidekick del histórico conflicto bélico, que perdió la vida en un accidente de avión luchando contra el Barón Zemo, accidente que dejaría a Rogers congelado para ser rescatado muchos años después por Namor y los recién formados Vengadores.

En efecto, las referencias a Bucky no eran inintencionadas, y es que Brubaker decidía en esta etapa traer de vuelta al personaje, pero como un agente durmiente al servicio de la Unión Soviética que había ido cambiando de villanescas manos, hasta acabar en las de Alexander Lukin, huérfano soviético que odiaba a Estados Unidos y todo lo que representaba y que, por tanto, odiaba al Capitán América. James Buchanan Barnes ya no era Bucky, sino el Soldado de Invierno, quien no recordaba ni a Steve ni a nadie de su jovial pasado, como miembro de Los Invasores y soldado aliado, y que solo podía seguir las órdenes del pérfido Lukin.

Eventualmente, Bucky recuperaba sus recuerdos (cubo cósmico mediante) y comenzaba un largo y costoso viaje de redención en el que trataba de compensar ,como héroe, sus errores como Soldado de Invierno, aunque estos no fueran culpa suya. Steve le ayudaría durante poco tiempo en esta íntima misión, pues tras los sucesos de la Guerra Civil Superheroica de Mark Millar y Steve McNiven, Rogers era asesinado, por lo que América se quedaba sin su Capitán, y Bucky sin su más fiel valedor y amigo.

Ello llevaba a la etapa de Brubaker a su siguiente gran etapa, en la que Bucky, siguiendo las instrucciones dejadas en el testamento de Steve, cogía el escudo y asumía el manto del Capitán América, centrándose la serie en la fuerte crítica del panorama político estadounidense, en el que el fascismo disfrazado de liberalismo se aprovechaba del miedo de la población para hacer de las suyas.

Bucky portaría el pesado escudo hasta el retorno de Rogers, quien no estaba realmente muerto sino perdido en el espacio-tiempo, y quien volvía a asumir sus deberes como Capitán a regañadientes una vez que Bucky era juzgado y apresado por el gobierno ruso que no le iba a dejar escapar de su pasado tan fácilmente como el pueblo americano que (también juzgado mediante) había llegado a perdonarle.

La etapa continuaría con Steve como Capitán América y tomaría una deriva un tanto pulp, en el que viejos conocidos de la Segunda Guerra Mundial mezclaban la realidad con el mundo de los sueños como medio para lograr sus malvados cometidos.

Brubaker abandonaría la serie principal dejándola por todo lo alto con un Steve Rogers más heroico que nunca, despidiéndose de William Burnside, el Capi Loco de los 50 (que había tenido una marcada importancia a lo largo de esta etapa), quien moría a causa del cáncer que el corrupto suero del supersoldado que llevaba en las venas le producía.

La Era Brubaker va a ser de las más reeditadas de la historia, no nos cabe duda. Aparte de seguirla en su momento en grapa mensual, Panini hizo la compilación en los Marvel Deluxe clásicos (trece de ellos, ocupan justo este periodo) y también ha empezado a sacarla en Integral, por lo que disponen de variadas posibilidades de acercarse a uno de los mejores cómics modernos publicados por Marvel.

La etapa Team-Up. Capitán América y Bucky (vol. 1 #620-628). Capitán América y los Vengadores (vol. 1 #629-640).

En el año 2009, el Capitán volvió a recuperar su numeración original, con un retorno al volumen uno. Se continuó a partir de ahí, llegando hasta el #619, momento en que Marvel aprovechó para otorgarle otro reinicio, ya que Steve Rogers volvía a vestirse de nuevo con el traje de las barras y estrellas. Una ocasión para celebrar. Sin embargo, los lectores americanos observaron que en la tiendas se vendía un #620, con un renovado encabezado, Captain America & Bucky. Sinergias con cierta película que se acababa de estrenar, pero tampoco seamos entusiastas, puesto que Marvel Studios carecía de la fuerza que posee ahora. Ed Brubaker seguía luciendo en los créditos, aunque decide no hacerlo solo y se le añade un co-guionista, Marc Andreyko. En la parte gráfica se ficha para este movimiento a un novato Chris Samnee.

Es de pura obviedad que estamos ante un cambio de timón. La nueva colección se va a centrar en la relación y aventuras de dos amigos en los años cuarenta, como una aproximación desde la óptica actual. Los guionistas van a tener el tino de contar este tipo de historias sin necesidad de copiar el material de la Golden Age, añadiendo cosas de su propia cosecha. Tanto es así que Bru, en su segundo ciclo, unido en esta ocasión al escritor James Asmus, se atrevió a una inmersión en los días en los que William Burnside se hacía pasar por el Capitán. Normalmente, las aproximaciones al Capi loco han sido muy escasas y totalmente estereotipadas. Pero Brubaker y Asmus nos muestran una versión más templada, de algo que está claramente distorsionado, pero sin optar por el maniqueísmo.

Tras el #628, Brubaker se retiró de esta cabecera, centrado como estaba en finalizar su recorrido en la principal. Pero en Marvel decidieron seguir confiando en las posibilidades de esta colección secundaria, solo que de nuevo sería necesaria una reconversión. El Capitán América se mantenía en la titulación y se continuaba indagando en la relación de Rogers con otros asociados, eliminando la limitación de centrarse en los tiempos de la Golden Age. El panorama se abría a contar historias desconocidas y por aquí pasarían reconocidos vengadores como Ojo de Halcón, Iron Man, la Viuda Negra y Namor.

Toda esta última parte ha sido recogida por Panini en dos volúmenes bien diferenciados, lo que hace que su comprensión sea bastante sencilla. El que hace referencia a Bucky, salió en 100% Marvel en tapa blanda, mientras que el de Vengadores, en el mismo 100% pero en tapa dura. En cuanto a este segundo, pese a los cambios de encabezado y de artistas, mantiene un vínculo común y ese es el guionista Cullen Bunn. De hecho, se esfuerza es que hayan líneas entre las distintas aventuras del Capi y asociados, sobre todo por la figura de Kashmir Venneva, un personaje de nueva creación cuya sombra será preeminente en estos números. Esta variante de team-up cerró con la llegada de Marvel Now!, cediendo el protagonismo total del Capitán América a uno de los escritores estrella de la casa.

Los últimos números de Ed Brubaker (vol. 6 #1-19).

El volumen seis del vengador de las barras y estrellas se abrió en septiembre de 2011. Ese año es muy importante para el personaje ya que en julio se estrenó “Capitán América. El Primer Vengador”, la película de Marvel Studios, que a la larga sería la primera piedra en la consolidación del Capi como icono multimedia. Por aquellos días, el guionista oficial en los cómics Marvel era Ed Brubaker, el escritor que había construido una mitología moderna respecto al personaje. Brubaker, que entre otras cosas había matado a Steve Rogers y convertido a Bucky en Centinela de la Libertad, se vio impelido por la oficina editorial a una vuelta al statu quo, un back to the basics en toda regla.

El guionista no era tonto; sabía que Steve debería volver, tarde o temprano, y así lo hizo, trayéndole de vuelta en la miniserie Reborn. Lo que supo jugar es con un as bajo la manga, ya que el regreso de Rogers no propició su automática puesta de largo con el manto, como había ocurrido en ocasiones previas, sino que su antiguo adlátere lo mantuvo durante una estimable temporada, demostrando que era tan buen Capitán América como su mentor; diferente, pero cumplidor con el deber impuesto por llevar ese traje. Esta tesitura acabó con el estreno de la superproducción, dejando además una serie de movimientos editoriales por el camino. La numeración del volumen anterior continuó mostrando aventuras fuera de continuidad de Rogers y Bucky (visto arriba), mientras que se abría uno nuevo para enseñar al mundo que Steve recuperaba el uniforme y el escudo.

Estamos hablando del volumen seis, en el que mantiene los galones Ed Brubaker, como guionista, o lo que viene a ser sus últimos números con el Capitán. De cara a su conclusión, se añadiría a la escritura Cullen Bunn, que estaba gestionando los team-up del Abanderado con otros vengadores (visto arriba, también). En el aspecto gráfico, contamos con un ramillete ciertamente extenso de artistas, pese a ser un recorrido de solo 19 ejemplares. Hablando en plata, iríamos a dibujante por arco argumental. Empezaría Steve McNiven, para luego pasar Alan Davis, Patrick Zircher y Scott Eaton. El último número, el que cerraba el paso de Bru por la franquicia del Capitán, tenemos una emotiva reunión con Steve Epting, para narrar un final maravilloso para William Burnside, el Capi loco de los 50.

Brubaker sabía que la exigencia era alta, aunque hay que señalar que a estas alturas se siente ya un autor quemado, con respecto a las historias en curso. Su primer ciclo se basa en sacar a la luz secretos ocultos desde la II Guerra Mundial, lo que nos lleva a la típica narración en dos tiempos, pasado y presente. Luego se metería en una larga saga en la que se trata de reflexionar acerca de la problemática biología de Steve Rogers, con la posibilidad de arrebatarle el suero de supersoldado de la sangre. A renglón seguido, nos obsequia con la enésima reinterpretación de Azote, lo que no está nada mal, el homenajear a un autor como Mark Gruenwald. Y para terminar, una involución del Barón Zemo, mezclado con los asuntos de Hydra, y el episodio de despedida de Burnside.

Como hemos adelantado, estos últimos de números de Brubaker carecen del vigor de la mayor parte de su recorrido. Es material hecho con increíble oficio, pero que huele a simpleza, a poca complicación. Lo cierto es que el guionista ya tenía claro que iba abandonar Marvel. Muchísimas historias después (en Daredevil, Patrulla-X, este Capitán América…), el bueno de Bru estaba bastante cansado de su asociación con el mercado mainstream, por lo que aprovechó el relanzamiento Marvel Now! para agarrar sus maletas y dejar su talento en el territorio de las independientes.

Por todo lo ofrecido, aun sabiendo de que estos ejemplares no entran en el top de su mejor producción, no podemos afear la trayectoria de un guionista ejemplar, que supo reinventar no uno, sino varios personajes, y que nos dejó tantas horas de diversión. La totalidad de este volumen se concentra en dos Marvel Deluxe, el 14 y el 15, que cerraban la recopilación en España de una etapa legendaria.

La actualidad del Capitán América.

Nos metemos en los tiempos más cercanos a nuestro presente, dado que nos vamos a centrar en los años que van de 2013 hasta la práctica actualidad. En estos días, con el género de los superhéroes en boca de todos, aficionados o detractores, se puede decir que muchos de estos personajes han traspasado el estatus de simples figuras del cómic; son iconos y como tales se ha producido un fenómeno fan alrededor de ellos, algo que un lector añejo nunca hubiera imaginado. El Capitán América se puede decir, sin ningún género de duda, que es uno de los más propulsados hacia el estrellato. Su trilogía fílmica, más sus apariciones en las pelis globales de Vengadores, lo ha convertido en fan favourite y en Marvel no quisieron desaprovechar la ocasión. Para su relanzamiento en Marvel Now!, pusieron a uno de los escritores con más proyección de la casa, Rick Remender, junto a los lápices de toda una leyenda del medio, John Romita Jr. El escritor lo tenía complicado, pues veníamos de la larga etapa Brubaker, una de las más (si no la más) apreciadas por el aficionado.

El guionista decidió dar un golpe de timón y se llevó a Steve a vivir aventuras pulp, en una dimensión desconocida, mientras preparaba el terreno para uno de esos cambios que generan polémica. Por inesperado arte de villano, Rogers perdió el suero de supersoldado y le tocó a Sam Wilson recoger el escudo. Esto dio lugar a un cambio de nomenclatura en la serie (y a un nuevo número uno), pasando a ser All-New Captain America. Poco, muy poco, duró este volumen ya que las Secret Wars cerraron las historias en curso para desarrollar un gigantesco problema multiversal. Con ellas también vino la renuncia de Remender, que terminó por salir de Marvel para jamás regresar (por ahora…).

El siguiente guionista en pasar por el título fue Nick Spencer, prometedor escritor que había dejado una producción interesante, tanto en Marvel como en las indies. Spencer abrazó el concepto del Halcón como sustituto de Steve Rogers y así pasamos a tener Sam Wilson. Captain America, bien evidente en el encabezado, que sería la colección de referencia durante su periplo, tocando temas sociales a la par que heroicos, ya que a partir de un punto tenemos la recuperación de Steve Rogers, con su propia cabecera. Esto era muy típico de la era de Axel Alonso, el desdoble en dos colecciones, pero es que Spencer tenía pensado algo muy grande. Hablamos, claro, del Capitán Hydra y su conveniente evento para resolver el entuerto, Imperio Secreto. Sam Wilson contó con 24 ejemplares en su haber, mientras que con Steve Rogers tuvimos 19.

Llegamos a unos de esos momentos que editorialmente solo generan confusión. Como ya hemos dicho, Sam Wilson Captain America llegó hasta el #24. Pues al mes siguiente, como epílogo a Imperio Secreto, la colección pasó a titularse como Captain America #25. Este es el último ejemplar de Nick Spencer, quedando ahí colgado, de mala manera, para ubicarlo en su volumen correspondiente.

Decimos esto porque tras ese tebeo, la colección, en un eterno retorno, volvió a su volumen uno, sumando todo su bagaje. Nos encontramos ante la iniciativa Legacy, que trajo consigo un nuevo equipo creativo, el formado por Mark Waid y Chris Samnee, por lo que a partir del #695 y hasta el #704, tenemos una breve etapa caracterizada por el equipo creativo que había lanzado al éxito a personajes como Daredevil o la Viuda Negra. Como decimos, casi un interludio.

La etapa actual, que por otro lado está presta a finalizar, la protagoniza Ta-Nehisi Coates, escritor proveniente de medios ajenos al cómic, de probada solvencia y prestigio, que comenzó a colaborar con Marvel guionizando a Pantera Negra. Suyo es el honor de abrir el volumen 9, en 2018, y ya se ha anunciado, desde organismos oficiales, que su recorrido tiene fecha de caducidad. Con este autor, cerramos el recorrido. Ochenta años de historias en nueve volúmenes muy variados y estamos convencidos de que le queda mucho por vivir al Capi.

La etapa de Rick Remender (Captain America vol. 7 #1-25, All-New Captain America #1-6).

Como hemos comentado antes, Rick Remender fue el guionista que, venido del mercado independiente, fue elegido por Marvel Comics para afrontar la siguiente gran etapa del Vengador abanderado. Remender tenía muy claro que Brubaker había dejado la serie en lo más alto, y precisamente por eso, para evitar ser comparado con su predecesor, decidió, en lugar de continuar la serie por los derroteros marcados por Bru, llevarla por nuevas vías muy distintas que, si bien no negaban nada de lo que Brubaker había realizado, nos dejaban una colección muy distinta.

De este modo, y nada más arrancar su periplo, Remender (acompañado del dibujo de John Romita Jr.) llevaba a Steve Rogers, tras un enfrentamiento con Arnim Zola en principio sencillo y sin importancia, a la Dimensión Z, un universo creado por el propio Zola, al que éste llevaba a Rogers para aprovechar su particular biología y así aumentar la fuerza de los mutantes deformes que había creado en dicho lugar. Lo que parecía una aventura convencional, acababa con Rogers atrapado durante doce años en la Dimensión Z, en la que criaba como propio al hijo de Zola, al que bautizaba como Ian.

El bueno del Capitán América lograría escapar de la Dimensión Z, pero a cambio de un alto coste: la pérdida de Ian Rogers y de Sharon Carter (quien al ir a buscar a Steve, supuestamente perecía en la Dimensión Z). La serie afrontaba su siguiente etapa, en la que Steve, roto por el dolor y de nuevo desubicado en otra época (solo que esta vez estaba en el tiempo que había dejado atrás, ya que su periodo en la Dimensión Z había sido mucho más corto en nuestro mundo) en la que no se sentía en absoluto comprendido o situado.

Ahora, Steve tenía que enfrentarse a Nuke, quien estaba de nuevo siendo utilizado por un misterioso enemigo, que lo llevaba a atacar países en guerra, mientras que Rogers se enfrentaba al loco villano y a sus demonios interiores, a la par que trataba de introducir en sociedad a Jet Black, la hermana de Ian e hija de Arnim Zola que había llegado a la Tierra buscando seguir los planes de su padre, pero que finalmente y gracias a la influencia de Rogers, se había convertido en una suerte de anti-heroína.

Seguidamente, llegaba el gran villano de la etapa Remender: el Clavo de Hierro. Si en la literatura pulp, el miedo al perdido Este y al comunismo había acaparado gran parte de la creación literaria de ese tipo, con el malvado Fu Manchú a la cabeza, en el Capitán América de Remender, el Clavo de Hierro sería el asiático de extraños poderes que trataría de acabar con el Oeste a toda costa.

Rogers, henchido de felicidad, pues había recuperado a Ian y a Sharon, una vez más, y además frustrado los planes de Zola, se enfrentó al Clavo de Hierro y triunfó… pero no sin pagar un alto coste. La ralentización del envejecimiento de Steve desaparecía y éste se convertía en el anciano que debía ser… por lo que ya no podía ser el Capitán América, pasando a desempeñar labores organizativas dentro de S.H.I.E.L.D.

Ello requería que un nuevo Capitán América retomara su legado, eligiendo Rogers a su sucesor (como por testamento lo había hecho antes), solo que esta vez no pasaba el escudo a Bucky, sino a Sam Wilson, nuevo Capitán América.

Sam se estrenaba como Capitán en un corto periodo de seis números (All New Captain America), que servía como cierre a la etapa de Remender y en la que el héroe antes conocido como Halcón, con Ian Rogers de sidekick, se ocupaba de luchar contra Hydra en una, contra Zemo y sus Señores del Mal, en otra, todo ello acompañado del maravilloso dibujo de Stuart Immonen. Estos números, además, servían para conocer un poco más el pasado de Sam, quien había quedado huérfano de pequeño, teniendo que hacer de padre de sus hermanos menores, a muy temprana edad.

Un recorrido del todo interesante, con diversas variantes, que la editorial italiana ha finalizado en Marvel Deluxe, dividida en tres voluminosos tomos.

La etapa de Nick Spencer (Sam Wilson vol. 1 #1-25, Steve Rogers vol. 1 #1-19).

Cogiendo la serie donde Remender la había dejado, Spencer comenzaba su etapa, una de las más recordadas del presente siglo. Nick Spencer, político frustrado y guionista de la magnífica Enemigos Superiores de Spiderman, guionizaría no una sino dos series sobre el Capitán América. Por un lado, estaría la protagonizada por Sam Wilson, en la que el nuevo Capitán América luchaba contra el liberalismo y el capitalismo exacerbado, mientras que en la de Steve Rogers (que eventualmente recuperaba su juventud) éste se revelaba como un agente encubierto de Hydra desde su concepción.

En la serie protagonizada por Sam Wilson, al comienzo de la misma y aprovechando el lapso de ocho meses que las Guerras Secretas de Jonathan Hickman le habían dado a Spencer, Wilson narraba en retrospectiva como poco después de asumir el manto de Capitán América había dado un discurso en el que se pronunciaba sobre determinados asuntos de tipo político. Su opinión, más cercana a la del ciudadano de a pie, obrero y trabajador, y a la de las clases más desfavorecidas, no gustaba al gobierno estadounidense, ni a los poderes económicos que, como Wall Street, en realidad se encontraban moviendo sus hilos.

Por ello, estamos ante un Capitán América que tiene a S.H.I.E.L.D. en contra, que prácticamente ha roto su amistad con un Rogers que considera que se ha inmiscuido donde no le corresponde, que no es querido por la mayor parte de la población, y que decide centrar su actuación como héroe en aquellos que a través de internet piden su ayuda. Spencer popularizó dentro del propio cómic los hashtag de #NotMyCaptainAmerica (no es mi Capitán América) y #TakeBackTheShield (devuelve el escudo), reflejando en las viñetas lo que para muchos lectores retrógrados suponía que un hombre de raza negra empuñara el escudo del Capitán.

Estaba claro que Spencer no le temía a nada, puesto que para evitar que los fans más acérrimos de Steve Rogers acudieran a la colección protagonizada por éste, para escapar de la de Sam Wilson, decidió, como hemos dicho, convertir a Steve en el villano de la historia (por supuesto, cubo cósmico mediante), siendo éste un agente de Hydra encubierto que terminaba por convertirse en su jefe supremo, asolando el Universo Marvel en el evento Imperio Secreto (que retomaba un fantástico concepto de la era Englehart), que serviría como cierre a esta peculiar etapa, que terminaba con Sam retornado a su papel de Halcón y con Steve de nuevo como el joven y bien parecido Capitán América de siempre, intachable y sin dobleces morales de ningún tipo. Este periodo es el que se encuentra en curso en recuperación en Marvel Deluxe.

La breve etapa de Mark Waid y Chris Samnee (vol. 1 #695-704).

Tras Imperio Secreto, evento que cosechó grandes ventas pero que dejó al fandom muy dividido, la era All New, All Different de Marvel Comics llegaba a su fin. Axel Alonso salía de la editorial y era reemplazado por C.B. Cebulski quien, recogiendo lo que había funcionado de la etapa anterior compuesta por grandes cambios, llevaría de nuevo a Marvel a una época más clásica que sirviera para calmar las ansias del ala más tradicional de los lectores, al tiempo que preparaba a la editorial para su siguiente gran paso.

En el caso del Capitán América, por mucho que éste se hubiera redimido por las maldades cometidas durante su colección y durante Imperio Secreto (que en realidad ni siquiera habían sido perpetrados por él), necesitaba que los lectores volvieran a confiar en el personaje, y por ello Mark Waid, uno de los guionistas que mejor comprende el noveno arte y buen conocedor del Abanderado, fue el elegido para llevar a cabo, junto a Chris Samnee, una corta etapa en el personaje.

En estos diez números, Waid devuelve al personaje a las esencias, a ese Capitán América héroe del pueblo que campa por el continente buscando entuertos que desfacer. Su traje, cortesía de Samnee, es más clásico que en muchos años y sus enemigos, una banda de supremacistas que nos recuerdan por qué ellos son los malos y Steve Rogers el bueno.

No se trata de una etapa larga, ni hoy día muy recordable, a pesar de que hablamos de los años 2017-2018, pero sí de unos cómics muy notables que demuestran que lo luminoso siempre tendrá un lugar en el cómic superheroico, que no cae en el ridículo porque sus protagonistas sean buenos héroes que hacen cosas buenas, sin grises que oscurezcan sus acciones, intenciones o pensamientos. Para los interesados en esta vertiente clásica, tienen las grapas de Panini para ponerse al día.

La etapa de Ta-Nehisi Coates (Captain America vol. 9 #1-30).

Finalmente, toca hablar de la actual etapa del Capitán América, la del guionista Ta-Nehisi Coates, que todavía no ha terminado (si bien está próxima a finalizar) y en la que el escritor de Pantera Negra, muy adscrito a la novela de tipo social, y a la lucha de los derechos de los ciudadanos afroamericanos, comienza la siguiente etapa larga del Centinela de la Libertad.

Para ello, Coates, una especie de Spike Lee del cómic mainstream, lleva a Steve Rogers a prisión por un crimen que no ha cometido, el asesinato del General Trueno Ross, lo que hace que el pueblo esté en su contra, una vez más, algo no muy difícil tras lo ocurrido en Imperio Secreto. Steve tendrá que escapar de prisión y limpiar su nombre por los horribles actos del Capi Hydra, en una etapa que si bien está muy bien escrita, pierde interés por el desagradable baile de dibujantes al que se enfrenta casi en cada número.

Ello hace que la serie pierda consistencia, a pesar de que una vez avanza la etapa, Rogers vuelve a adoptar su identidad de El Capitán, rescatando del olvido a las Hijas de la Libertad, para ayudarle en su lucha contra el mal, no dejando Rogers que la opinión que el pueblo tiene de su labor como héroe, frente su actuación justiciera, ni que retroceda su sentido del deber.

Conceptos de la etapa Brubaker vuelven dieciséis años después a las viñetas. Y es que, aquí tenemos de vuelta Lukin (o mejor dicho, a la esposa de éste), o a Cráneo Rojo, mientras que la influencia del cine se abre paso y nos trae a una joven Peggy Carter, que comparte espacio y tiempo con su sobrina.

Como decimos, todos ellos conceptos muy interesantes que en guion están exquisitamente tratados, pero que no terminan de encajar por cuestiones de un dibujo irregular y poco más que funcional.

No obstante lo anterior, hablamos de una etapa que por ser la actual, quizás merezca la pena releer cuando esté completa, porque de este modo el baile de dibujantes mensual se resentirá mucho menos, permitiéndonos disfrutar del recorrido como un viaje completo mejor construido. Como pueden suponer, al ser muy cercana en el tiempo, la única forma de leer este ciclo son las grapas de Panini.

Selección de miniseries y especiales

Lo importante, la chicha para seguir al Capitán América se concentra en su larga serie regular, que hemos visto líneas arriba, y en su participación en colecciones grupales, sobre todo Invasores y Vengadores (ya sea el grupo oficial, los Secretos o los Imposibles). Sin embargo, queda un pequeño reducto que se suele pasar por alto, las miniseries y colecciones especiales que se han lanzado a lo largo de los años. Suelen ser espacios donde se tratan aspectos menos relevantes del personaje, y en especial, es muy habitual volver al sempiterno pasado, que tan importante es en la confección de la quintaesencia del Abanderado. Por aquí vamos a dejar una pequeña selección de aquellas que consideramos más destacables, sin ninguna intención de exhaustividad, ya que es muy probable que nos dejemos cosas en el camino.

Las Aventuras del Capitán América, Centinela del a Libertad (#1-4). Nos encontramos en el año 1991 y en Marvel pensaron dedicarle una serie de cuatro ejemplares, en formato prestigio, al origen del Capitán América. Era algo que se había puesto muy de moda, gracias a DC, que generaron éxito tras éxito con el concepto “Año Uno”. En la editorial estaban convencidos de que el Capi tenía una historia de nacimiento a la altura, por lo que plantearon este a proyecto al guionista Fabian Nicieza, un nombre que se haría grande en la franquicia mutante, y a Kevin Maguire, dibujante de múltiples talentos que había asombrado con la Liga de la Justicia de América.


Así pues, podemos decir que esta mini se organiza alrededor de los detalles más clásicos del personaje, tales como el escudo triangular, el joven Bucky como su acompañante, la eterna lucha contra los nazis, esa vida en los barracones y un poco de Cráneo Rojo, que nunca viene mal vértelas con tu archinémesis, de toda la vida. Esta es una obra muy recomendable para entender los orígenes del bueno de Steve Rogers, más allá de lo típico y evidente. Además, magníficamente dibujada por Maguire, al menos la parte de la que se hizo responsable, ya que el último número viene firmado, en el apartado gráfico, por Kevin West y Steve Carr. Panini recopiló recientemente esta pequeña joya en un formato HC, por lo que la tienen disponible si quieren acercarse a ella.
Capitán América. Rojo, Blanco y Azul (#1). Damos un salto importante en el tiempo y nos situamos en septiembre del año 2001. Correcto, el año del ataque a las Torres Gemelas, el mayor atentado terrorista que ha sufrido los EEUU en sus más de doscientos años de historia. Una fecha, al igual que ya ocurriera con el ataque a Pearl Harbour, que será difícil de olvidar para el ciudadano de a pie. El año siguiente, con Joe Quesada como editor en jefe, se pensó en sacar algo de tipo conmemorativo y qué mejor respuesta ante la injusticia tenemos en Marvel Comics que el Capitán América. En septiembre de 2002 se expuso en tiendas un número unitario, bastante potente, pues hablamos de 100 páginas de tebeo, titulado Captain America. Red, White & Blue, montado a base de relatos cortos y confeccionado por muchos autores.


La intención que subyace en ese especial es celebrar al símbolo patriótico por excelencia, a la vez que sirve de una especie de terapia de choque para lamer heridas. Las historias que contienen varían en la temática, cronología y aproximación artística. Igual tenemos un relato de orígenes solemne a cargo de Paul Dini y Alex Ross, que pasamos a un relato de humor sobre Cráneo Rojo y el Barón Zemo, a cargo de Evan Dorkin, además representado en clave cartoon. Cualquier cosa es posible. Sin intención de hacer esto una retahíla de nombres sin sentido, vamos a citar a escritores de renombre como Bruce Jones, Mark Waid, Karl Bollers o Jeff Jensen, junto a artistas de la talla de Pasqual Ferry, Mike Deodato o Frank Quitely. Una obra muy interesante, que ahonda en aspectos importantes desde distintos puntos de vista, pero que no se reedita desde los tiempos de Forum, por lo que su adquisición puede ser harto complicada.
Capitán América. La Verdad (#1-7). Durante muchos años, Steve Rogers fue un ejemplar único. Debido a que el doctor Abraham Erskine falleció, gracias a la acción de un infiltrado nazi, en el mismo experimento en el que nació el Capitán América, la posibilidad de que hubieran otros supersoldados fue cortada de raíz, ante la dificultad de replicar ese suero. Es cierto que muchas historias en Marvel sugerían que se había tratado de duplicar la fórmula (como por ejemplo, el caso de William Burnside o el del científico Ted Sallis), con dispares resultados. Había obras que indicaban, de alguna manera, que los experimentos habían continuado (sin ir más lejos, la de la mini de Nicieza y Maguire, arriba citada) sin Erskine, ya que el hecho de poner contar con supersoldados era prioridad para cualquier gobierno. La más cercana en el tiempo era la de Dan Jurgens, que nos presentaba al Protocida, otra cobaya en la búsqueda del milagro Steve Rogers.


Quedaba un paso más en esta senda. Puede que todas esas pistas no fructificaran en aquellas series, quizás por no ser el momento indicado. Pero los Estados Unidos del presente siglo ya presentaba un buen surtido de cadáveres en el armario, por lo que plantear otro más no resultaba descabellado. Y no hay lacra más encastrada en la sociedad norteamericana que el racismo. Cuando Joe Quesada, como editor en jefe, y Axel Alonso, como responsable del título, dieron el visto bueno a Truth: Red, White & Black (publicada durante el año 2003) sabían muy bien que iban a generar un debate profundo en la sociedad. Guionizada por Robert Morales y dibujada por Kyle Baker, ambos dos personas de color, esta serie exponía, bien a las claras, que los experimentos para crear soldados suprahumanos no pararon con el despertar Rogers. Y para ello se buscó un pequeño nicho, un batallón de reclutas afroamericanos, que se vieron sometidos a tratamientos experimentales, sin que el resto del mundo estuviera apercibido de ellos. Tenemos ante nosotros la odisea de Isaiah Bradley, un hombre que luchó por su país y que este decidió ningunear, cuando sus servicios ya no fueron necesarios. Un drama que se vio sepultado por los organismos oficiales y que este junio estará disponible, gracias a Panini, para todos aquellos que quieran saber de su historia.
Capitán América. El Precio de la Gloria (#1-4). El diseño del personaje es algo que se ha ido manteniendo, a lo largo de los años. La presencia y la iconicidad del trabajo de Joe Simon y Jack Kirby eran complicadas de superar. La fuerza del símbolo reside en esas barras y estrellas, por lo que cualquier artista que pasara por el título debía referenciar un legado. El aporte de Jack Kirby, en su vuelta a la vida a los sesenta, es fundamental. La rotundidad y dinamismo que supo aportar el Rey de los cómics convirtió en molde maestro una forma de hacer tebeos. Si bien es cierto, con el paso de los tiempos los estilos fueron evolucionando, dejando el canon Kirby de lado, el influjo del creador original volvía, de año en año. Pocos artistas podrían emular el estilo de Jack y de paso sentirse como repleto de personalidad propia. Y uno de ellos es Steve Rude. Esta miniserie de cuatro números, publicada a inicios de 2003, está pensada para su lucimiento, para que disfrutemos de las capacidades de un dibujante excepcional. Pero empecemos por dotar de algo de contexto a la trama.


Bruce Jones se encarga del guion de esta obra. Nos presenta a un Steve Rogers muy cotidiano, con un surtido de secundarios afectos a nuestro protagonista, en cuyo ambiente que percibe una relación cercana, a los que merece la pena hacerles un favor. La cuestión es que Rogers tiene un asunto en Las Vegas, un lugar de vicio y corrupción en el que han llegado a mercantilizar las figuras del Capitán América y de Cráneo Rojo. Y poco más que añadir. El argumento no es para tirar cohetes, pero eso da igual. Tenemos a Steve Rude. Solo por eso ya merece la pena echarle un vistazo. Es indudable que el artista realiza un trabajo de primera, homenajeando al mejor Kirby y para más inri, tenemos a Mike Royer, habitual colaborador del Rey, en las tintas. La conclusión es que el equipo creativo nos deja una obra que no trae grandes revelaciones para Steve Rogers, ni siquiera para el Capitán América, en la que no hay peligrosos supervillanos, sino que el antagonista es de lo más mundano. Esta miniserie no se ha reeditado desde los tiempos de Forum. La editorial Panini comentó de publicar en un volumen la trilogía de Steve Rude, pero de momento no ha hecho efectivo ese anuncio.
Lobezno/Capitán América. Primera Sangre (#1-4). El mutante de las garras de adamantium y el Centinela de la Libertad tienen una historia curiosa. Representados como dos viejos soldados cuyas actitudes podríamos denominar como antagónicas, el Capi y Lobezno son como agua y aceite, en el modo básico de resolver conflictos. Mientras Logan es más de sacar las garras y luego ya si eso preguntar, Rogers se caracteriza por ser un carácter más reflexivo, intentado comprender las motivaciones de aquellos que le rodean. Un cómic que nos recuerda esa dicotomía es el legendario anual ocho del Capitán América, a cargo de Mark Gruenwald y Mike Zeck, editado allá por 1986. Sin embargo, otros autores se esforzaron en difuminar esas líneas, dejándolas en borrosas. Caso de Chris Claremont y Jim Lee, que en el Uncanny X-Men #268 nos presentaban una historia en plenos años 40, con la Viuda Negra, el Capi y Lobezno, luchando codo con codo contra los nazis. Por tanto, se puede intuir una relación de camaradería desde estos años tan convulsos, aspecto que se ha acabado consolidando en tiempo actual, debido a la larga membresía de Logan en los Vengadores.


En el año 2004 todavía no era algo habitual ver en el mismo tebeo a Lobezno y al Capitán América; es más, se podía considerar lo más parecido a un evento, un acontecimiento que podía atraer a múltiples compradores. Es por eso que, en las reuniones internas del Bullpen, cuando se planteó la opción de producir una serie semanal, durante abril de ese 2004, se pensara en juntar a estos dos personajes. El guionista designado es R. A. Jones, que en el mainstream no era muy conocido, pero que era un autor que llevaba veinte años de experiencia en independientes, sobre todo en cómics de ciencia ficción. El dibujante es Tom Derenick, para nada una estrella del tablero, aunque cumplidor en sus asignaciones en Marvel y DC. La historia es bastante arquetípica, nuestros protagonistas acabarán uniendo sus destinos ante la intención de I.M.A. y su nueva líder de utilizar un peligroso artefacto que puede terminar con millones de vidas. A destacar, la participación de Carol Danvers como estrella invitada durante la totalidad de la miniserie. No es una obra para tirar cohetes, divertida y con buena dinámica entre los dos viejos soldados. Panini la publicó en el abandonado formato Héroes Marvel de tapa blanda, por lo que les puede costar bastante localizarla.
Capitán América. El Elegido (#1-6). El Centinela de la Libertad nació como un símbolo patriótico frente al avance nazi, allá por 1941. Eso es innegable. Tampoco se puede obviar que esa carga le ha acompañado en muchas facetas de su vida editorial, sin importar en qué año exacto nos encontremos. Pero ceñir su importancia a esa carga simbólica es un tremendo error. Steve Rogers ha evolucionado desde aquel abnegado soldado al servicio de su país; el hombre bajo la máscara se ha impuesto, en múltiples ocasiones, primando su conciencia sobre su deber, dejando historias memorables por el camino, a cargo de autores que supieron entender lo que hacía grande al personaje. El peligro de tergiversar esa visión, inmersos en problemática post-11 S, era alto, si se empezaba a asociar a un espíritu militarista y expansivo, basado en ese mantra de la “Guerra contra el Terror” que tanto se utilizaba bajo la regencia de Bush Jr.


No busquemos justificaciones antes de comenzar. Esta historia en seis partes se ubica bajo la línea Marvel Knights, entre el año 2007 y 2008, por tanto, no estamos en continuidad tradicional. Parte de un hecho que puede ser chocante para el lector y es que vemos compartir protagonismo al mismísimo Capitán con el soldado James Newman, inmersos en pleno conflicto en Afganistán, paisaje habitual en estos tiempos oscuros llenos de contiendas armadas. Este Newman tiene un importancia capital, ya que vemos de cerca el día a día de un soldado, con la barbarie de la guerra como espada de Damocles sobre su cabeza. El Capi aparece en esos momentos de flaqueza del pobre James, para darle ese empujón, esa pizca de esperanza para seguir luchando. Sin desvelar el impactante giro de la relación entre ambos personajes, David Morrell (nada menos que el autor literario que creó a John Rambo) y Mitch Breitweiser, artista muy conocido en las majors, nos brindan una obra en la que convierten al Capitán América en poco menos que un mesías de la guerra. Esta impactante historia fue publicada por Panini Cómics en el formato 100% Marvel con solapas pero en este momento se encuentra bastante agotado.
Capitán América. Renacimiento (#1-6). El Centinela de la Libertad tuvo en Ed Brubaker uno de esos autores que consiguieron dar lustre a su figura. Otorgando una mezcla entre tono noir y pulp a la cabecera, con el retorno de Bucky Barnes vestido de Soldado de Invierno como novedad más sonada, consiguió recabar una gran cantidad de apoyo por parte del aficionado, siempre a la espera de más sorpresas. Y el bueno de Bru supo dar donde más dolía, presentando un ciclo que por su importancia llegó a ser portada de la prensa generalista. Hablamos de la muerte del Capitán América. Algo de ese calado no se había apreciado de una manera tan cruda, pero la ocasión era única y el guionista no quiso perder la oportunidad de epatar de tal manera. Tras los graves incidentes de Civil War, Steve es asesinado mientras se dirigía a su juicio por la rebelión en la guerra civil superheroica. La comunidad debe asumir la pérdida de un símbolo como el Capi; las reacciones entre sus compañeros no se hicieron esperar y las pudimos ver, de primera mano, en la miniserie The Fallen Son, “El Hijo Caído” (insertada en los Marvel Deluxe del personaje).


Sorprendentemente, esta situación duró más de lo esperado. Bucky Barnes suplió a la perfección la ausencia de Steve convertido en el nuevo Capitán América, aunque Brubaker siempre supo que el original volvería a la acción, tarde o temprano. Llegado el instante, el guionista organizó el regreso de Rogers en una miniserie aparte titulada Reborn, acompañado del talento gráfico de Bryan Hitch y de Butch Guice. Una rocambolesca trama, que conjunta pasado, presente y futuro, donde una fuerza de la naturaleza como nuestro protagonista pugna por salir del espacio entre dimensiones donde había sido confinado, tras su aparente deceso. Steve volvería, respetando la posición de Bucky como Capitán, demostrando que Ed Brubaker sabía muy bien cómo jugar con sus juguetes. Esta serie limitada salió por primera vez en España en un formato 100% Marvel, aunque ese sea ya inencontrable, y su edición más reciente pertenezca a Marvel Deluxe. De todas maneras, por la importancia de la historia, esta obra tiene garantizada la reedición por los días de los días.
Capitán América. Teatro de Guerra (colección de one-shots). El simbolismo del Capitán América ha sido algo recurrente durante todo este repaso. Su figura mítica, su longevidad en el tiempo, nos permite un recorrido por los grandes conflictos que han asolado a los EEUU. Jack Kirby, uno de sus creadores, siempre le gustó de mostrarlo así, como una concepción idealizada de los mejores valores que posee la gente de a pie. Y por eso a Kirby le encantaba, más que a nada, volver sobre la II Guerra Mundial, ese escenario que no dejaba lugar a los grises y que amplificaba los evidentes puntos fuertes de Steve Rogers. El hecho de volver una y otra vez sobre esta contienda se entiende cuando buscas tal grado de mitificación que pretendes convertir al Capi en el símbolo perfecto que define la democracia liberal. La jugada tiene su punto de interés, ver a Rogers en un escenario de conflicto total, sometido a los quehaceres de soldado mientras debe tomar decisiones, que varían entre salvar el mundo o salvar a un único compañero.


Entre el año 2008 y el 2009, Marvel decidió publicar varios one-shots, con protagonismo del Capitán América, con el encabezado principal Theater of War, para luego girar cada historia hacia un momento concreto, pero siempre, con una guerra efectiva en el fondo. Paul Jenkins, escritor que ya había dejado su propia reinterpretación del nacimiento del Capitán en otro especial Mythos, es el guionista que más firmó créditos en estos especiales, nada menos que cuatro, acompañado al dibujo por variados artistas (Fernando Blanco, Gary Erskine, John McCrea, Elia Bonetti). En cada uno de ellos vamos a tener un viaje a una época distinta (alguna tan lejana como a 1776) pero se mantiene el espíritu de ver la impronta del Capitán América en un escenario de batalla. Panini aglutinó los especiales firmados por Jenkins en un 100% Marvel tapa blanda, pero se dejó varios sin publicar. El de Howard Chaykin, que tenía protagonismo del Capi de los 50, se terminó añadiendo en el correspondiente a la línea Décadas. Nos faltarían dos, que se han quedado inéditos: uno de Kyle Higgins, Alec Siegel y Agustín Padilla, centrado en la Alemania Nazi, y otro de los Knauf, (padre e hijo, guionistas reconocidos) asociados a Mitch Breitweiser, también con la II Guerra Mundial como invitada especial.
El Proyecto Marvels (#1-8). En el año 2009 se celebró el nacimiento de Timely Comics. Ya saben, ese lugar idealizado que fue la empresa de Martin Goodman antes de ser Marvel. La Golden Age, dónde nacieron los conceptos ligados a los superhéroes y que tanto han perdurado, hasta llegar a nuestros días. Tres personajes destacaron sobremanera aquellos días, a saber, la Antorcha Humana, Namor y nuestro Capitán América, convertidos en la sagrada trinidad Timely. Los tres estaban plenamente establecidos en continuidad, siendo el Abanderado uno de los iconos más importantes de la era moderna. Era necesario establecer proyectos a la altura. Entre las diversas ideas que surgieron por el Bullpen, el editor Tom Brevoort tuvo la mejor. Qué tal si revivimos el inicio del Universo Marvel (hasta ese punto se ha buscado unir el pasado Timely) con un toque muy actual pero con ese componente pulp tan asociado a la época.


Dicho y hecho; el editor le propuso a Ed Brubaker, que le estaba dando ese toque especial a la colección del Capitán América, que afrontara esos años mágicos desde una perspectiva heredera del Marvels de Busiek y Ross, pero con su toque noir tan efectivo. El resultado es el Proyecto Marvels, una miniserie de ocho episodios, que discurrió entre finales de 2009 y mediados de 2010, en la que se unía en la parcela gráfica a un colaborador muy querido, Steve Epting. Ambos dos forjaron, con retrocontinuidad, las bases del Universo Marvel y aunque el Capitán América es parte fundamental de la obra, se puede decir que es más bien un canto coral a la Era Timely, por lo que aquí tendrán historias ampliadas del Ángel, de la Antorcha, de Namor, de Toro, de Erskine, de Cráneo Rojo…. Un título repleto de calidad, que se ha editado en múltiples formatos y que nos parece que siempre va a estar disponible en tiendas.
Capitán América. Las Tiras de prensa. 1940 (#1-3). En el principio, cuando el arte secuencial apenas había nacido, no había nada, salvo la tira de prensa. En un formato apaisado, los creadores introducían su arte en los periódicos para que fuera degustado, de manera semanal, o ya a modo especial, los domingos. Con una estructura de pocas viñetas, los artistas contaban historias con el escaso espacio que les permitían los tabloides. En 1937 se inventó el formato comic-book, con el motivo principal de aglutinar diversas tiras en un formato vertical y así exportar más contenido. El resto es historia; se convirtió en la manera estrella de publicar cómic y así permanece en la actualidad. Algo que no debe obnubilarnos, ya que la tira de prensa se ha mantenido en el candelero y durante años fue lugar de prestigio para los artistas. Es más, muchos de los grandes superventas en comic-book trataban de hacer carrera en el mundo de las strips, con las editoriales más importantes haciendo negocios con los sindicatos de prensa, ya que era un medio con gran difusión.


El Capitán América nació en 1941, cuando las tiras de prensa vivían un momento dulce de negocio. Además, fue un personaje con un éxito tremebundo en los puntos de venta, con tiradas larguísimas que solía agotar. Es uno de los fuertes, en materia económica, de la Timely de Martin Goodman. Pero el Capi jamás tuvo su oportunidad en tiras de prensa. Al Publisher, versado en revistas pulp y pronto en comic-book, no le interesaba el mundo de los diarios, sabedor que debía compartir ganancias, una cuestión que a Goodman le dolía muchísimo. El tema de fondo es que el personaje no hubiera desentonado en unas tiras de prensa. Eso mismo debió pensar Karl Kesel, guionista con una especial querencia por lo clásico, cuando le planteó a Tom Brevoort un arriesgado proyecto, recreando unas ficticias strips del Abanderado en 1940. Juntar al Capitán y a Bucky, con tres o cuatro viñetas, y así ir ensamblando la historia, dibujada por Ben Dimagliw, artista que se había hecho un nombre en el noble oficio de colorear. Brevoort quiso probar la idea como contenido digital destinado a Internet, lanzándolo por Unlimited, aunque a mediados de 2010 fueron recopiladas en tres volúmenes en papel. Panini publicó este contenido en un único volumen apaisado, con tapas blandas, aunque tememos que sea un tomo complicado de localizar.
Capitán América. Patriota (#1-4). Un detalle que parece repetirse a lo largo de estas miniseries es que se centran muy mucho en el pasado de Steve Rogers. Momentos definitorios durante la Guerra Mundial, su relación con Bucky, parecen acaparar los intereses de los guionistas de tanto en cuanto. Muchas veces olvidamos que no solo Rogers vistió el traje de las barras y las estrellas durante la Golden Age. Stan Lee determinó que Steve y Bucky desaparecieron en 1945; por tanto, el cuerpo del Capitán quedó en animación suspendida hasta que fue recuperado en Vengadores. Esto le funcionó a mucha gente pero no a Roy Thomas, que había leído tebeos del Centinela de la Libertad en 1946, en 1947 y demás años sucesivos. Por eso, se organizó un desarrollo de acontecimientos que iba tal que así: Steve y Bucky caen en 1945; en ese mismo instante, el presidente Truman avisa al superhéroe conocido como Espíritu del 76, William Naslund para los amigos, para que coja el manto y el escudo, con su Bucky correspondiente. Naslund muere en una misión con los Invasores en Boston, lugar donde operaba el Patriota, Jeff Mace, reportero de profesión, luchador por la libertad en sus ratos libres. Mace se convertiría en el Capitán durante el resto de la década, abandonando en 1949. En los años 50, un William Burnside dopado con un suero alterado, sería el encargado de vestir el traje y el escudo, hasta que fue retirado del servicio.


De la entente entre Tom Brevoort y Karl Kessel, de nuevo, surge la idea de ahondar en un personaje tan desconocido como Jeff Mace, el Patriota, alguien que se había establecido con el inmenso honor de vestir las barras y estrellas. Cómo fue la imponente tarea de llenar las botas de semejantes fenómenos, pues recordamos que Mace luchaba en Invasores junto a seres superpoderosos y él no era más que un hombre normal, ni siquiera con un suero que aumente sus capacidades que le avale. Karl Kessel, al guion, y Mitch Breitweiser, al dibujo, nos dejan un relato intimista, poderoso, de lo que conlleva ser una figura mítica e idealizada. Mucho más impactante si consideramos las fechas, ya que esta obra se publicó en 2010, muchos años después de saber que el bueno de Mace murió de cáncer (tal como nos mostró DeMatteis en un anual de su etapa en el Abanderado). La gravitas y el impacto en el lector es mayor, si ahondamos en el trasfondo del Patriota. Esta miniserie fue recopilada por Panini en el desaparecido formato Héroes Marvel, por lo que se avisa que es una rara avis complicada de alcanzar.
Capitán América. Aliados para siempre (#1-4). Cuando hablamos de la figura del Capitán América, hay un poderoso influjo de hablar acerca del pasado. Parece que fue en la Golden Age donde se forjaron sus esencias y gran cantidad de autores trataron de indagar en esos pagos para comprender las motivaciones del personaje. Pero claro, en 2010 el Abanderado no es otro que James Buchanan Barnes, el acompañante juvenil de Steve Rogers durante la Edad Dorada. Y eso sí que nos obliga a dirigirnos a los años 40 ya que Stan Lee estableció que el joven Barnes había muerto en 1945, dejando vacíos sus huecos en la historia del Universo Marvel, hasta que llegó Ed Brubaker para rellenarlos, con la trama del Soldado de Invierno. En aquellos días, aparte de su continuo acompañamiento en las misiones del Capitán, Bucky hizo amigos entre los de su edad, perteneciendo a formaciones como los Jóvenes Aliados o los Comandos Juveniles.


Roger Stern se encarga de esta miniserie donde se busca trazar hilos entre ese pasado mítico y el presente de Bucky como Capitán. Con un gran apartado artístico, gracias la trabajo de Nick Dragotta, Stern nos presenta un trabajo de superhéroes, a la manera tradicional, en el que se nota el excelente uso de los resortes de la continuidad. Por ello es importante la estructura, ya que la narración se divide en dos tiempos bien claros, la actualidad y los años 40. Comenzamos por el momento emotivo que nos involucra en la trama, la muerte (debido a su avanzada edad) de Washington Jones, el último miembro que quedaba de los Jóvenes Aliados, exceptuando a Bucky, claro. A partir de aquí, saltos entre el presente y el pasado, recuperando a una villana arquetípica de la época como Lady Loto, pero ante todo una reivindicación de aquel Bucky juvenil, que ha llegado a convertirse en marca en la Marvel moderna, debido a su ausencia. Todo este ciclo apareció en nuestro país recogido en el formato habitual de hace unos años para estos proyectos, el 100% Marvel de tapas blandas, por si alguien quiere hacerse con ella.
Steve Rogers. Super-Soldado (#1-4). El desempeño de Bucky Barnes como Capitán América, durante la etapa de Ed Brubaker, fue impecable. El guionista consiguió que el aficionado aceptase que el eterno sidekick de Steve Rogers fuera el Capitán América, sin problemas. El propio Bucky era consciente de que no era su mentor por lo que las diferencias eran puestas sobre la mesa, para dejar claro que se trataban de dos personajes bien diferenciados, cada uno con una idiosincrasia propia. En el fondo, tenemos la confección del Universo Cinematográfico de Marvel, con el estreno del Primer Vengador en la salas de cine. Tamaña oportunidad no debía desaprovecharse, por lo que después de una larga ausencia, se procedió a recuperar a Steve Rogers para la continuidad, como hemos visto previamente, en una miniserie llamada Reborn. ¿Cuál sería ahora el futuro de Bucky? ¿Perdería el manto en favor de Steve? Esas preguntas resonaban en las cabezas de los lectores pero Brubaker no había llegado hasta aquí para abandonar tan rápido. Mantendría a Burnes como el Capitán; solo había que otorgarle otro rol al bueno de Rogers.


Efectivamente, algo tan sencillo como eso. Bru determinó un nuevo papel para Steve Rogers, conocido ahora simplemente con el mote de Súper-Soldado. Su papel en el Universo Marvel, ascendido al rango de Comandante, sería el de ser el policía del mundo conocido, algo que ya habían probado figuras como Nick Furia o Tony Stark. El personal bagaje de Steve le hacían el hombre indicado para ello. Para consolidar esa nueva posición, además de liderar una formación de Vengadores Secretos, Brubaker lanzó una miniserie, con el talento gráfico de Dale Eaglesham, donde le veríamos en una aventura en solitario en ese cometido de Súper-Soldado. En esta ocasión, el guionista vuelve a una problemática harto socorrida, pues la entrada en acción del nieto del profesor Erskine abre la posibilidad de que se estén fabricando más viales de supersoldados. ¿Qué pasaría si esa información terminase en malos manos? Rogers no puede permitir tal afrenta ya que su misma esencia está en juego. Estamos ante una de las aproximaciones más mediocres de Brubaker con el personaje. Pero lo cierto es que sale bastante del terreno habitual con estos productos, aunque no pasa de ser la típica aventura del día. Recopilada en un 100% Marvel con solapas, a la vez que incluido en los Marvel Deluxe del personaje, recomendada solo para completistas del trabajo del guionista.
Capitán América. El Hombre Fuera de su Tiempo (#1-5). La recuperación del personaje para la Era Marvel de los cómics no fue tan sencilla como pudiéramos pensar. El buen Capitán quedó muy tocado gracias a la aproximación excesiva de su representación en los 50. El Capi aplasta comunistas no le hizo ningún bien al prestigio del personaje. De ese detalle era consciente Stan Lee, el hombre que lo editó en aquellas aventuras, que dudó y mucho en la forma de ubicarlo en continuidad. Finalmente, se optó por el tratamiento de “hombre fuera de su tiempo”, donde se nos presentaba el choque cultural de un hombre venido de los cuarenta ante una sociedad con tanto cambio, como era las de los sesenta. Desde las pequeños objetos del día a día hasta las relaciones entre personas, Steve se mostraba confundido, expectante, aunque nunca reacio a encajar. De hecho, los tebeos de aquellos días no dejaban espacio para respirar. Tras su recuperación en Avengers #4, lo vemos integrarse en el servicio normal de Vengadores y alistarse en las mil movidas de S.H.I.E.L.D., quizás porque allí tenía una cara amiga en la figura de su director, Nick Furia. No había tiempo para más; la seguridad del mundo era más importante que la adaptación de un solo hombre.


El mantra del “hombre fuera del tiempo” es una característica básica que ha acompañado a Steve Rogers a lo largo de los años. Pese a su evidente adaptabilidad, siempre será visto como ese pez fuera del mar. En 2011 una idea recorría la mente de Tom Brevoort. De manera reciente, se había visto la recuperación de Steve tras la aparente muerte acaecida después de Civil War. Se había analizado desde su mismo proceso de vuelta hasta su reinserción en un panorama donde otro ocupaba su puesto con honores. Pero nunca jamás se había visto de cerca el proceso de adaptación tras su descongelación en el cuarto ejemplar de Avengers. Aquí había material para una buena historia. El editor reclutó a un grupo excelente de profesionales para hacer frente a este argumento, que se convertiría en serie limitada de cinco números. El primero de ellos, el guionista Mark Waid, todo un experto en continuidad, para seguir con el dibujante Jorge Molina, y el encargado de poner las tintas un conocido de este repaso, Karl Kesel. El equipo creativo haría una reinvención y puesta a punto del concepto, ya que lo ambientan en los momentos actuales, no tanto en los sesenta, pero el fondo de la cuestión permanece intacto: cómo Steve Rogers debe enfrentarse a un mundo que no es el suyo y cómo va a afectarle en su desempeño como superhéroe. Una idea más que interesante que Panini recopiló para el mercado hispano en un 100 % Marvel de tapa blanda.
El Ejército del Capitán América (#1-5). Algo que debe quedar claro, cuando hablamos de la figura del Capitán América, es que pese a que muchos la identifican única y exclusivamente con la persona de Steve Rogers, hay que argumentar que eso no ha sido cierto. Años ha que se ha determinado que el símbolo ha sido de tal importancia que ha tocado ser vestido por diversas personalidades. El propio Rogers, William Naslund, Jeff Mace, Isaiah Bradley, William Burnside, Bucky Barnes, Sam Wilson, etc., todos ellos han representado las barras y estrellas, cada uno dándole un toque personal, afecto a su personalidad. Pero es que, incluso, si nos centramos solo en Rogers, dependiendo del escritor que se hiciera cargo de sus aventuras, observamos matices. No llega a ser del todo lo mismo el símbolo patriota e inmaculado de Simon&Kirby, que el “hombre fuera de su tiempo” de Stan Lee, que el soldado cono conciencia política de Steve Englehart o que el aventurero de la etapa en solitario de Kirby…. y así podríamos seguir, un buen rato. Lo que sí parece claro que se tiende a desterrar es considerar al Capitán como una figura monolítica, carente de matices.


En 2011, Roger Stern había concatenado una serie de trabajos en Marvel, después de muchos años alejado de la primera plana. Ya hemos comentado que precisamente ese año tiene una importancia especial para el Abanderado ya que es la fecha seleccionada para su primera película de la factoría Marvel Studios. Era casi obligado que surgieran proyectos varios con protagonismo del Capitán. Roger Stern y Philippe Briones son asignados a una limitada de cinco números apodada Captain America Corps, en la que asistimos a la resolución de una problemática multiversal por parte de cinco capitanes distintos. Se encarga de reunir tan variopinto grupo Tath Ki, un personaje ideado por Jack Kirby para los viajes por el tiempo durante el especial del Bicentenario, y que finalmente quedó instaurado como un primigenio del universo. Tenemos, como integrantes del equipo, al Capi actual, Bucky en aquellos días; el primer portador, aquel del escudo triangular, Steve Rogers recién administrado el suero; al USAgente, John Walker, sustituto ocasional durante la etapa Gruenwald; Sueño Americano, o mejor dicho Shannon Carter del Universo MC2, un espacio de ficción desaparecido en estas fechas; y por último, una nueva creación, el Comandante A, venido de un futuro lejano y repleto de gadgets tecnológicos. No deja de ser una historia curiosa, que ejemplifica muy bien lo que significa ser el Capitán América. La tienen recopilada en el habitual 100% Marvel con solapas, un formato que se utilizaba mucho para este tipo de proyectos.
Capitán América. La Leyenda Viviente (#1-4). Las historias y proyectos van cambiando con el tiempo. Muchas veces se presentan las ideas, se aprueban y estas van cambiando, evolucionando, llegando al punto de perderse en el limbo de los proyectos olvidados. Este podría ser un caso de la historia que tenemos entre manos. Andy Diggle y Adi Granov ensamblaron el plot de una trama que involucraba otro retorno más a los días de la II Guerra Mundial, con Steve Rogers de protagonista. La miniserie fue anunciada dentro de la gran cantidad de proyectos acerca del Abanderado del año 2011. Se publicitó en los canales oficiales como Astonishing Captain America, llegando a estar incluso su fecha de salida estipulada, dentro del calendario oficial, pero el cómic nunca llegó a salir en esas fechas. Pudiera ser que nos encontráramos ante una cancelación encubierta, dado que nunca se adujeron razones para la no salida del título.


El cómic, al menos los cuatro primeros números, estaba completo, ahora lo sabemos, ya que dos años después, Marvel lo lanzó al mercado, en un formato serie limitada. Se mantienen los autores y el argumento, pero el encabezado se cambia a Captain America. The Living Legend. Como hemos apuntado, el argumento tiene un eje fundamental en la gran contienda armada, con el Capitán América haciendo de las suyas en terreno enemigo, mientras que en tiempo presente Sharon Carter se apercibe de una serie de extrañas naves, dispuestas a causar mucho daño. Nos encontramos ante una historia que conjunta varias tradiciones, bien construida y dibujada al estilo Granov, que tiene su buen surtido de seguidores. La complejidad para su publicación en los EEUU se puede trasladar al mercado hispano, ya que en su momento histórico, Panini dejó inédita la miniserie. Años después, y con un hueco en la publicación en grapa, tratando de ajustar los lanzamientos de la colección americana, la editorial italiana se propuso incluirla en formato serializado dentro del título mensual. Por tanto, la tenemos por ahí, previa a la llegada de Sam Wilson como Capitán, en los números #48 y #49 de la grapa española.
Capitán América. Blanco (#1-5). Hablando de cómics que casi se pierden en las arenas del tiempo, tenemos este proyecto, a cargo de Jeph Loeb y Tim Sale. Este equipo creativo había hecho las delicias de los aficionados con una serie de historias, ubicadas en momentos cronológicos importantes para sus protagonistas, y cuyo hilo conductor eran los colores. Así, baste recordar obras tan aclamadas como Spiderman. Azul, Hulk. Gris o Daredevil. Amarillo. En el año 2008, apareció en tiendas un especial que nos adelantaba un próximo título sobre esta serie de colores, Capitán América. Blanco. Un breve esbozo que prometía un regreso a los días en los que el Capi luchaba en la II Guerra Mundial junto a su querido Bucky. Los aficionados comenzaron a salivar, pensando en otro gran lanzamiento de la dupla formada por Loeb y Sale…. pero este nunca llegó a producirse. Cuando se le preguntaba a los autores por el tema, contestaban que había planes pero que era necesario encontrar el momento adecuado.


Finalmente, el hecho consumado acaeció a finales de 2015. Una buena espera desde aquel septiembre de 2008, momento en que se publicó el número cero. El argumento viene en consonancia con lo ya visto en la serie de los colores, de los mismos autores. En este caso, los años cuarenta representan ese periodo idealizado en el que se luchaba por la continuidad del mundo libre, frente a la tiranía del Eje. El Capi y su fiel compañero, Bucky, se enfrentan, a cara descubierta, con las fuerzas del Führer y sus acólitos, representado perfectamente en la malvada imagen de Cráneo Rojo. En la guerra se trazan camaraderías intensas, como la Rogers y Barnes, o la de los Comandos Aulladores, secundarios en esta serie. Y ahí es donde los autores colocan su bisturí, puesto que algo que ha definido a Steve Rogers durante la Era Marvel, al menos en el periodo en que Bucky estaba ausente, es la culpa del Capi por la aparente muerte de su sidekick. Ese vacío existencial es explicado por los lazos generados entre los dos compañeros de armas y cómo ese pesar influyó en las acciones del Capitán, durante gran parte de su andadura. Panini ha recopilado este ciclo, en su totalidad (incluido el #0), en un 100% Marvel HC, con multitud de extras para un mejor disfrute de la obra.
Instantánea Marvel. Capitán América (one-shot). Y ya para finalizar, nos acordamos de este número unitario publicado en España en 2020. Marvels, la legendaria obra de Kurt Busiek y Alex Ross, estaba teniendo su correspondiente revival, por lo que se organizó una serie de one-shot, siguiendo esa estela, donde equipos artísticos muy variopintos, revisitaban momentos claves de la editorial. Una colección que busca homenajear grandes momentos de la larga tradición Marvel, con un toque nostálgico, pero sin perder de vista que nos encontramos con un producto totalmente actual, por lo que sus resortes deben de ser modernos, para que la intentona no se quede en fallida.


Para el número específico del Capitán América, tenemos el debut en Marvel del aclamado guionista Mark Russell, con un muy interesante currículo a sus espaldas, mientras en la parte gráfica contamos con Ramón Pérez. Los autores centran sus esfuerzos en la Era de la Bomba Loca, aquel ciclo pergeñado por Jack Kirby en su vuelta a casa, a mediados de los setenta. Solo se puede decir que es necesario echarle un vistazo por su gran calidad y que pese a la brevedad de las veinte páginas, ya que el único formato que se ha visto es el de la grapa, se puede considerar un grandísimo homenaje al trabajo del Rey de los cómics.

El Soldado de Invierno. Guía de Lectura

Después de ver al Capitán América en profundidad, vamos a repasar a sus dos mejores compañeros. En realidad, estamos siendo injustos con ellos pues, como es bien sabido, ambos dos han sido portadores del manto, por lo que están de sobra incluidos en el anterior repaso. Pero aquí nos vamos a fijar en su recorrido individual, con personalidad propia, alejados ya de su papel como sidekick o como sustituto ocasional. El primero de ellos es James Buchanan Barnes, más conocido como Bucky. Este personaje debutó en Captain America Comics #1, en 1941, por lo que no se puede decir que falten tebeos para observar de cerca sus aventuras, ya que el primer volumen del Capi, el de la Golden Age, llegó a superar los 70 ejemplares, por no hablar de la participación de Bucky en los diversos grupos juveniles de los 40.

Lo que hace a Barnes algo especial es que, durante un largo periodo de tiempo, se consideró que estaba muerto. Stan Lee odiaba el concepto de acompañante juvenil, por lo que cuando empezó a levantar la Era Marvel de los cómics, prohibió taxativamente esa figura. A ese respecto, cuando se estableció que Steve había quedado congelado en animación suspendida, también se las apañó para dejar a Bucky muerto y enterrado. Lo gracioso es que, pese a todas las intentonas de Lee, Bucky aparecía en las páginas del Capitán América, ya fuera en forma de recuerdo, de flashback o de un Rick Jones que trataba de revivir el concepto. Roy Thomas, en los setenta, dio salida a una colección de carácter retro como Invasores, donde Bucky era un elemento fundamental. Se sabía que estaba muerto, todos, autores y lectores lo asumían, pero ahí teníamos al joven Barnes, de cuando en cuando mostrando su rostro por los cómics Marvel.

El gran boom nos lo trajo Ed Brubaker. Al inicio del volumen cinco del Capitán, nos presenta a un personaje llamado Soldado de Invierno, un asesino con múltiples recursos, que resulta ser…. ¡¡Bucky Barnes!! De repente, conocemos más su historia, la de su caída tras el accidente aéreo en territorio soviético, su programación mental como asesino, congelado hasta que se necesiten sus servicios… Esto provocó un gran pesar en Steve Rogers, que trató de recuperar a su viejo compañero. Una vez conseguido, Bucky se consolidó como secundario hasta que la muerte de Rogers le hizo dar un paso adelante. En el #34 de ese vol.5, El Soldado se transforma en el Capitán América, manteniendo el escudo hasta el crossover de Miedo encarnado, tiempo después de que volviera Steve a la vida, probando su valía como Abanderado. La conclusión del evento de la Serpiente, trajo consigo que el Universo Marvel volviera a sentir la muerte de Bucky Barnes, otra vez, defendiendo nuestro planeta de amenazas mitológicas.

Este deceso formaba parte de un plan de Nick Furia para recuperar las habilidades del Soldado de Invierno, y así limpiar su nombre trabajando para S.H.I.E.L.D. de manera encubierta, al lado de su amor, la Viuda Negra. Bucky volvía a vestirse el traje de Winter Soldier, escrito por Ed Brubaker, en una serie propia. Toca prepararse porque nuestro viaje comienza aquí. Desde este instante, varios volúmenes como protagonista en solitario, asumiendo papeles importantes como el de Hombre en la Muralla o ser líder de los Thunderbolts, consolidando así su lugar en el entorno compartido. Y ese lore podemos decir que se ha extendido a otros medios, como bien demuestra su importancia en las producciones de Marvel Studios, con la reconocible cara de Sebastian Stan .

Soldado de Invierno vol. 1 (1-19) de Ed Brubaker y Jason Latour. Todo el mundo asumió, casi de manera inmediata, que Bucky era un buen sustituto para el puesto el Capitán. Durante un tiempo fue así, pero llegado el instante de las revelaciones, la exposición de las acciones del Soldado de Invierno llegaron a dañar el símbolo. Barnes, incluso, llegó a aceptar el ir a prisión para limpiar su nombre, pero la sombra de la duda siempre estuvo, pese a sus innegables buenas acciones como Capitán. La solución que nos presenta Ed Brubaker es la de falsear la muerte de Bucky para que este pudiera pasar a la clandestinidad y así retomar su papel como Soldado de Invierno, con muy pocos apercibidos de la realidad. El fatal hecho se produjo en Fear Itself #3, pero al personaje lo tendríamos como protagonista de su primera serie regular a partir de abril de 2012.


Brubaker se uniría a dos de sus más fieles colaboradores gráficos, Butch Guice y Michael Lark para presentar más de lo mismo; aventuras de tipo noir, con un punto subido de violencia, espionaje, intrigas, recuerdos del pasado soviético y un acompañamiento constante de la Viuda Negra. Natasha y Barnes se enamoraron ya en las páginas del Capitán América y aquí se muestran como una pareja bien avenida, en la tranquilidad de su retiro o con los balas volando por doquier en una misión. El guionista consiguió asentar la colección, ya que en muchos aspectos, era heredera directa de lo que había estado organizando en su periplo con el Centinela de la Libertad. Pero Bru tenía un plazo de finalización con Marvel, convencido por seguir la senda de la creación personal, por lo que llegado ese punto, abandonó la editorial para nunca más volver. Jason Latour y Nic Klein tomaron el testigo, a partir del #15, intentando replicar la fórmula del éxito, pero la magia no se mantuvo. La cabecera cerró en su #19. Estos cómics han sido publicados en dos formatos, el de 100% Marvel tapa blanda (repartido en dos tomos) y en Integral, edición más reciente que recoge esta primera aventura del Soldado de Invierno en solitario.
Bucky Barnes, Soldado de Invierno (#1-11) de Ales Kot. Uno de los grandes momentos que tuvo el personaje, fuera de su entorno habitual, fue el protagonismo que le otorgó Jason Aaron, en 2014, en el evento Pecado Original. Bucky formaba parte de uno de los grupos de investigación que buscaban descubrir al asesino de Uatu el Vigilante. Aquel rocambolesco caso quedó para sentencia cuando se supo que Furia era el responsable final, pasando este a ocupar el lugar del Vigilante, convertido en el Invisible, mientras que los lectores sabíamos de la figura del Hombre de la Muralla, papel que estaba jugando el viejo espía de manera inmemorial. Barnes fue designado como el sustituto de Fury y esto daba pie para contar sus peripecias en el espacio profundo, en el segundo volumen específico del personaje.


El cambio de tono es importante. Pasar de alguien que se había caracterizado por lo terrenal, por el noir, el espionaje, las conspiraciones, a situarlo en contextos cósmicos, pese a que se función seguía siendo la defensa de la Tierra, era un salto importante. Para llevarlo a cabo se buscó un guionista que por entonces prometía mucho y que seamos sinceros, se ha quedado en nada, Ales Kot. En la parte gráfica contamos con un artista con un toque lisérgico como es Marco Rudy; sus composiciones son ideales para cómics con un componente irreal, aunque no será el único que pase por la colección, ya que necesitará ayuda de Langdon Foss y Michael Walsh, en algunos episodios. La cuestión de fondo es si un personaje como Bucky Barnes pega en un contexto cósmico. Ni siquiera tenemos claro que funcionara en Pecado Original, para convertirlo directamente en un viajero entre mundos y dimensiones, luchando con Loki por la galaxia, auxiliado por Daisy Johnson, que retomaría el papel de compañera de armas, como antes fue la Viuda Negra. Esta breve aventura la recopiló Panini en sendos 100% Marvel, para todos aquellos interesados en ver a un Soldado de Invierno fuera de su tono habitual.
La Marcha Implacable (#1-5) de Rick Remender. El trasfondo que nos había dejado Ed Brubaker sobre el Soldado de Invierno nos venía a decir que el gobierno soviético tenía una sección especial para fabricar asesinos, el Departamento X, análogo al programa de la Sala Roja, ya saben, de donde surgen las distintas Viudas Negras. Miembros de ese departamento localizaron el cuerpo inerte de Bucky, le implantaron un brazo biónico y le lavaron el cerebro para poder utilizarlo a su antojo. El Soldado era liberado para cumplir una misión y vuelto a poner en congelación hasta la siguiente ocasión. Se estima que empezó a operar en la década de los 50, pero es complicado conocer fechas porque el hombre con el brazo metálico era una especie de fantasma, una leyenda urbana que se contaba en los círculos del contraespionaje, algo que hablaba muy bien de la capacidad del Departamento X de crear al asesino definitivo. Sin preguntas, ni remordimientos.


En el año 2014, Rick Remender era el autor que manejaba las riendas del Capitán América. Como tal, gozaba de cierto rango para solicitar proyectos acerca de sus secundarios. A Remender le pareció estimulante el contar una trama perdida acerca de las acciones del Soldado de Invierno, gracias a ese oscurantismo de su pasado. “The Bitter March” es el nombre de la historia, en la que el propio Remender se une al talento gráfico de Roland Boschi para un argumento situado en 1966, donde no solo Barnes es protagonista, sino que también adquiere preeminencia la eterna disputa entre Hydra y S.H.I.E.L.D., con especial atención para el agente Ran Shen (todos aquellos que hayan leído la etapa de Rick Remender en la serie principal les sonará de algo ese nombre). Durante gran parte de la trama, observamos una lucha a tres bandas por los conocimientos de un par de científicos asociados a Arnim Zola. El Soldado se muestra implacable, como una máquina de cumplir misiones perfecta, aunque de tanto en tanto le asaltarán recuerdos de alguien que le es familiar, pero que no termina de asociar. De todas maneras, poco importa esa evolución del personaje pues el destino del Winter Soldier será perder la memoria y volver a ser congelado. Estos cómics se identifican en el mercado USA como el volumen tres, pese a que no es más que una miniserie, por lo que está recopilada en el formato habitual para estas producciones, el 100% Marvel.
Tales of Suspense (#100-104) de Matthew Rosenberg. Este título nos retrotrae a una colección de otra época. Tales of Suspense es la cabecera contenedor en la que desarrolló sus aventuras el Capitán América tras su periodo de descongelación. Steve Rogers se amolda a los nuevos tiempos, los locos sesenta, mientras se asocia a S.H.I.E.L.D. y a su círculo de espionaje (Nick Furia y Sharon Carter). Tales of Suspense fue renombrada tras su #99, por lo que al siguiente mes teníamos un número 100 del Capitán América y del encabezado anterior nunca más se supo…. hasta 2018. Como habrán supuesto, nos encontramos en los tiempos del Legacy de C.B. Cebulski, donde muchas colecciones recuperaron, por un tiempo, sus numeraciones clásicas. La cuestión es que a Tales of Suspense, al ser un título genérico, no se le esperaba en este movimiento, pero ahí lo tuvimos, con protagonismo de Ojo de Halcón y el Soldado de Invierno.


El trasfondo de esta corta etapa viene heredado de Imperio Secreto. El destino de la Viudad Negra en aquellas páginas provoca la unión de Ojo de Halcón y de Bucky Barnes, dos de sus enamorados recientes, que se embarcarán en una búsqueda de respuestas a los interrogantes sobre el destino de Natasha. El guionista designado para tamaña empresa es Matthew Rosenberg, guionista prolífico durante un periodo en Marvel, mientras que en la parte artística contamos con Travel Foreman, que venía de cerrar Ultimates con Al Ewing. El equipo creativo nos presenta una trama repleta de intrigas, medias verdades y rémoras del pasado, en una colección muy asociada a los tres personajes, ya que tanto Natasha como Clint nacieron aquí, en la parte que correspondía a Iron Man, mientras que Bucky era habitual de los segmentos del Capitán, en los recurrentes episodios de flashbacks que articulaban Stan y Jack. En España, estos números vieron la luz en el añorado 100% Marvel en tapa blanda y con solapas.
Soldado de Invierno vol. 3 (#1-5) de Kyle Higgins. Bucky Barnes, después de una vida programada para matar, sin ser consciente de ello, y una costosa recuperación, gracias a su colega Steve Rogers, consiguió algo que es muy difícil, redimirse de sus pecados. Su relación amorosa con Natasha Romanoff, su asociación con la comunidad superheroica y, por encima de todo, su fase como Capitán América, hizo que nuestro protagonista sintiera que tenía algo parecido a una vida. Lo sinsabores de las movidas de los héroes muchas veces no te dejan pensar, pasando de una amenaza a la siguiente. Pero a la altura de 2019, Bucky Barnes parece que había hecho ya casi de todo: liderar a los Vengadores, ser el Hombre en la Muralla, viajar al espacio, intentar ser el tutor de una niña, que para más inri era un cubo cósmico, tratar de recuperar a la Viuda Negra…De ello se extrae que, pese a continuar en el negocio, siendo un activo importante en la sombra, el Soldado de Invierno está en paz consigo mismo, tras recibir una segunda oportunidad.


Sobre eso, podríamos decir, que va este breve tercer volumen sobre el personaje en solitario. No en vano, es el título del recopilatorio, “Segundas Oportunidades“. Bucky Barnes se topa con lo que podríamos denominar un admirador, un chico llamado R.J. Lo duro de este chaval es que ha sido entrenado para ser un asesino sin sentimientos, emulando un camino que Barnes tuvo la desgracia de recorrer. El Soldado lo reduce, tras la lucha de rigor, pero en vez de entregarlo a las autoridades se propone redimirlo, sacarle esa programación mental, para liberarlo de su carga. Se encarga de esta historia el guionista Kyle Higgins, escritor versado en independiente y en DC, ya que en Marvel apenas ha dejado unos pocos trabajos. Es muy interesante su aproximación ya que pensar en el Soldado de Invierno como alguien que provee redención, más que ser el mismo una máquina de matar, subvierte muchos de los estándares establecidos con el bueno de Bucky. En la parte gráfica encontramos a Rod Reis, que nos presenta unas planchas soberbias, gráficamente impecables. Como no podía ser de otra forma, este volumen fue recopilado por Panini en el formato 100% Marvel tapa blanda, pero el moderno, ya sin las solapas, y sería la última vez que veremos al Soldado en el encabezado, hasta que cierta serie de televisión unió sus destinos con cierto héroe alado. Esto lo veremos en el epígrafe siguiente.

El Halcón. Guía de Lectura

Sam Wilson, más conocido como el Halcón, debuta en las páginas de Captain America #116, en un saga, a cargo de Stan Lee y Gene Colan, donde Steve Rogers se las veía con Cráneo Rojo y sus Exiliados, a cuentas de un cubo cósmico. Sam, entonces embutido en llamativo traje verde, era un chico que había tenido problemas en el pasado y que ahora trataba de redimir, enfocando su vida laboral hacia cuestiones sociales. El encuentro con el Cráneo y el cubo desarrolló una especial telepatía con las aves, más concretamente en la figura de Ala Roja, un espécimen de halcón, que le servirá para buscarse su famoso sobrenombre. Una vez hechas las migas con el Capitán América, se convertirá en un secundario, más o menos recurrente al principio, para alcanzar más peso conforme pasen los números. También observamos una transformación en la esencia del personaje ya que T´Challa, el alter ego de Pantera Negra, le confeccionará un exoesqueleto que le permite volar (sus alas mecánicas), lo que trae un cambio de atuendo, pasando al más conocido rojo y blanco, a lo que se une su conexión con las aves y el entrenamiento con Steve, convirtiéndolo en todo un superhéroe. Como decimos, su peso en la cabecera del Abanderado irá subiendo con el tiempo, reconociendo los autores su valía, al incluirlo en los créditos, a partir de #134, lo que venía a ser a la altura de febrero de 1971.

El Halcón se mantuvo en esa posición preeminente hasta el #223, es decir, julio de 1978. Nada menos que siete años compartiendo los focos con una leyenda como Steve Rogers, siendo parte fundamental de las tramas, especialmente con Steve Englehart, que supo desarrollarlo como algo más que su acompañante, otorgándole entidad propia. Y ese ha sido el principal escenario de nuestro protagonista, ser el telonero de las aventuras del Capi. Tuvo alguna que otra aventura en solitario, que luego consignaremos, y las consecuentes asociaciones con otros superhéroes (casi siempre, Vengadores), por lo que si queremos observar su ciclo vital con amplitud, hay que referirse a la serie troncal del Capitán América.

Su gran momento vino con el guionista Rick Remender, que lo posicionó como el sucesor de Steve Rogers, cuando este se vio imposibilitado. Aquí pudimos ver su más destacada aportación al Universo Marvel, en la colección All-New Captain America (de solo seis ejemplares) y la continuación natural, Sam Wilson: Captain America, ahora a cargo de Nick Spencer (que llegó hasta los 24 números). Estas dos colecciones están vistas, líneas arriba, porque pertenecen a la evolución natural que estaba tomando el concepto de Centinela de la Libertad. Por eso, quedan excluidas de este punto, remitiéndonos a lo visto previamente.

Dicho lo cual, nos queda todavía algo de material que incluir en la guía de Sam. La primera vez que Wilson tiene un argumento propio, alejado de la sombra de Steve, es en Marvel Premiere #49, fechada en agosto de 1979. Número unitario en una colección contenedor, que servía para presentar ideas y personajes. Guioniza Mark Evanier y dibuja Sal Buscema, con tintas de Dave Simons. Un historia simple, donde se enfrenta al villano del día (the Silencer), y poco más. Este episodio está previsto que se recupere en el Omnigold ocho de Vengadores (mayo de 2021), cosa que se había omitido en la anterior recopilación del grupo, en Marvel Gold tapa blanda. Después de esto, podemos anotar dos únicos volúmenes con su nombre en exclusiva en el encabezado, y otros dos con compañía. Veamos la selección.

The Falcon vol. 1 (#1-4) de Jim Owsley. Nos encontramos en el año 1983 y en Marvel deciden darle su primera serie limitada al Halcón, después de haber sido parte importante en Captain America y miembro de los Vengadores. El editor Larry Hama le ofrece el proyecto a Jim Owsley, autor que ya llevaba un tiempo en la editorial y que destacaría en las colecciones de Spiderman. Owsley, al que muchos reconocerán por su nombre actual, Christopher Priest, era de los pocos afroamericanos que trabajaban en el Bullpen y alguien que siempre ha recelado del mantra que dice que al ser negro, tenía que dedicarse a escribir personajes de color, y pese a eso se le recuerda por ser uno de los grandes autores que ha pasado por Pantera Negra. La cuestión es que Owsley, o Priest, que sería lo correcto, a día de hoy, aceptó ponerse tras los guiones de esta limitada, acompañado de Mark Bright al dibujo.


La historia parte de conceptos muy pegados a la tierra, al barrio, si se quiere. Sam Wilson, como conocedor de los bajos fondos en su faceta de asistente social, se inmiscuye en cosas de gamberros, que al final le van a llevar a una problemática inmobiliaria. Pero tan pronto estamos en asuntos mundanos, como nos aparece un Centinela, de esos que tanto abundaban en X-Men (durante años, se jugó con la posibilidad de el Halcón fuera mutante), o tenemos que luchar contra Electro. Como no podía ser de otra manera, gozamos con la aparición estelar de Steve Rogers, ya que la ocasión lo requiere, nada menos que el debut en solitario de su compañero. Nos encontramos ante un material curioso, pero también irregular, con el único aliciente de tener ante nosotros la primera serie como protagonista total de Sam Wilson. Con tan poco reclamo, es normal que esto no se haya reeditado en España, desde los tiempos de Forum, por lo que forma parte del material inédito que tiene pendiente Panini, a la espera de ese momento indicado.
Capitán América y el Halcón (#1-14) de Christopher Priest. Nos hallamos ante una serie regular muy difícil de catalogar, ya que técnicamente no es un producto en exclusiva del Halcón, puesto que como su propio nombre indica, es de protagonismo compartido con Steve Rogers. Captain America & The Falcon fue el encabezado, durante varios años, de la serie principal del Abanderado. Ese mismo título fue recuperado en 2004 para una serie, guionizada por Priest, que la propia Marvel no enlista en los volúmenes correspondientes al Capi. Su recorrido cronológico ocupa la parte final del Marvel Knights (que la compañía considera su vol. 4) y el principio de Brubaker, es decir, de mayo de 2004 a junio de 2005. Es muy curiosa esa tierra de nadie, ya que esta colección enganchaba con asuntos editoriales muy candentes, tal que Desunidos, pero también es cierto que la aproximación del guionista no es nada al uso, con un protagonismo muy marcado del Halcón, lo que nos ha llevado a situarla en este apartado.


No se puede decir que Steve sea un secundario corriente y moliente. Las tramas se dividen para seguir a nuestros dos héroes, aunque cuando toque se juntaran, para su perfecta comprensión; estamos hablando, pues, de una colección con protagonismo dividido entre los dos caracteres. Comenzamos con el Halcón desaparecido y buscado por las autoridades, lo que hace Rogers se interese en la misión de localizar a Sam. Por otro lado, la problemática del suero del supersoldado, que de nuevo, ha sido replicado. Tramas que se entrecruzan en un mundo post-11 S, en el que los juegos de poder del estado priman sobre las personas. Una de las mejores características de esta serie es que sabe conjuntar muy bien la narrativa superheroica con jugosos subtextos, a la vez que ahonda en los dos personajes principales. Cada uno de ellos, parte de una ambiente muy distinto, lo que les hace chocar en no pocas ocasiones, pero a la vez prevalece esa amistad que se ha forjado a lo largo de los años. Es una pena el apartado gráfico, con un baile de dibujantes importante (Bart Sears, Joe Bennett, Dan Jurgens….), ya que Christopher Priest traza una historia muy meritoria a la que merece volver, digna de relectura. La obra completa fue reunida por Panini Cómics en tres tomos finos de la colección Héroes Marvel y, que sepamos, actualmente está fuera de catálogo.
Falcon vol. 2 (#1-8) de Rodney Barnes. Con esta segunda intentona con el personaje, vamos a hacer un pequeño ejercicio de repaso. El primer volumen se data en 1983 mientras que este segundo se publica en 2017. Una diferencia considerable de años que nos deja bien claro el carácter gregario del Halcón. Si bien es cierto que, antes de esta serie, nos encontramos en la época de oro de Sam Wilson, ya que durante unos años se paseó por el Universo Marvel como el Capitán América. Este título venía a mostrar la posición en la que quedaba Wilson tras recuperar Steve Rogers el traje y el escudo, con un flamante rediseño del uniforme y trayéndose para su terreno algunos personajes afectos de su etapa de Capitán, como Misty Knight, interés amoroso reciente, o Joaquín Torres, que asumió el rol del Halcón mientras Sam vestía como Abanderado.


Para una empresa de este calibre se puso frente al procesador de textos a Rodney Barnes, guionista de cine y televisión, que se atrevió una breve temporada a labrarse un currículo como escritor de cómics. En la parte gráfica contamos con Joshua Cassara, artista de carrera ascendente en la editorial, recientemente nombrado Stormbreaker (al que tuvo que sustituir en una ocasión Sebastián Cabrol). La trama que plantea Barnes se aleja bastante del papel social que se le presume a Sam Wilson. Sí, ahora lo tenemos a pie de calle, luchando por los inocentes, pero la amenaza es de tipo sobrenatural. Vampiros, nada menos. Suena a excusa para que el guionista aproveche y nos traiga a Blade a la mezcla, resultando una historia con un ligero toque de terror. La problemática vampírica ocupa la totalidad de los ocho números de este segundo volumen, que permanece inédito en España, ya que Panini no ha llegado a sacarlo por estos lares.
El Halcón y el Soldado de Invierno (#1-5) de Derek Landy. Es obvia la existencia de esta cabecera, uniendo los destinos de ambos personajes. Desde que se anunció que Disney + había puesto en marcha una producción televisiva con Sam y Bucky, en Marvel no se pudieron contener y lanzaron este proyecto, por otro lado de duración muy efímera. ¿Se parece en forma y en esencia a la que nos ofrece la serie de Marvel Studios? No, para nada. Dudamos mucho que en la editorial supieran de las intenciones de los guionistas, por lo que más vale ir a algo de producción propia, con las mejores características de la factoría de la Casa de las Ideas.


Para comenzar, se le ofrece el proyecto a alguien ajeno al medio. El guionista es Derek Landy, que se ha hecho un nombre como escritor de novelas infantiles (la más famosa, la saga del Detective Esqueleto, en España publicada por SM). En el apartado gráfico consta Federico Vicentini, artista italiano criado en la factoría Bonelli al que últimamente se le ve de forma asidua en Amazing Spider-Man. Había que juntar de una manera creíble a estos dos y para ello se parte de una serie de asesinatos de elementos gubernamentales. En el proceso, se ve involucrado Bucky y gracias a las habituales pesquisas, converge con Sam Wilson. De ahí que los dos superhéroes terminen haciendo equipo para enfrentarse a la sempiterna Hydra. Una historia cumplidora, sin más, que Panini acaba de sacar al mercado español en el formato 100% Marvel sin solapas.
Marvel-Verse. El Halcón y el Soldado de Invierno. Para finalizar el repaso, vamos a fijarnos en una de esas rarezas que de tanto en cuanto vemos por ahí. Nos encontramos ante un volumen recopilatorio de aventuras diversas, con protagonismo de Sam y Bucky, pero básicamente separados, exceptuando algún caso. Se trata de un compendio muy habitual de los USA, pero que en nuestro país no se suele utilizar casi nunca, por eso extraña y mucho que Panini probara con este formato contenedor el año pasado. Es un producto que no busca al lector versado en el mundo del cómic, sino que apela a esa figura mítica que es el espectador que ve una serie o película y decide pasarse por un tienda, para ver si compra algún tebeo sobre ese personaje que le ha encantado a imagen real. Por tanto, popurrí de tramas, de cronologías, de estilos artísticos, en definitiva, variedad total.


En este Marvel-Verse, tenemos el debut de Sam Wilson como el Halcón, en el #117 de Captain America, cortesía de Stan Lee y Gene Colan, el episodio en el que Ed Brubaker nos relató el pasado de Bucky, en el #11 del volumen cinco de la colección, la asunción del manto de Abanderado, por parte de Sam Wilson, en la etapa de Rick Remender y Stuart Immonen, una colaboración ambos superhéroes en la época de Nick Spencer, un especial de reciente Marvel Comics Presents, protagonizado por Bucky Barnes, y el primer número de la serie conjunta, la guionizada por Derek Landy. Un tomo antológico, pensado para el profano, publicado en tapa blanda, tamaño reducido y con un precio muy económico.
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David For President
David For President
Lector
23 abril, 2021 21:40

Pues un artículo para atesorar, sí señor.

Eso sí, un apunte: la miniserie del Halcón de Owsley no está inédita en España. Se publicó como complemento en la cabecera de Forum de La Patrulla-X entre los números 57 y 67.

Vielmehr
Vielmehr
Lector
23 abril, 2021 22:52

Sobre el apunte de Aleš Kot como alguien que quedó en nada, no me parece que sea así. En superhéroes no lo he leído, pero sobra en Image me parece notable, aunque imperfecta, para qué negarlo.

Vielmehr
Vielmehr
Lector
En respuesta a  Arturo Porras
24 abril, 2021 16:39

Ah, eso es cierto. En reseñas de aquí lo ponían a la altura del nuevo Morrison, alguien destinado a ser un guionista excepcional. El final de Zero bajó el hype enormemente. Sí, es uno de tantos guionistas, no nada exactamente pero sí alguien recluido a miniseries y sólo uno o dos proyectos anuales.
Un saludo a ti también.

Ignacio Yebra
Ignacio Yebra
Lector
En respuesta a  Vielmehr
24 abril, 2021 17:34

Yo no pude acabarme Zero. Ahí tengo el cuarto tomo, que no fui capaz de terminar. Maybe one day…

Vielmehr
Vielmehr
Lector
En respuesta a  Ignacio Yebra
24 abril, 2021 20:14

Yo quedé con una cara de WTF mundial al terminarlo, pero no me pareció malo. En la relectura se me hace muy bueno y algo original. El problema es que es muy abrupta la transición. Más números para anestesiar ese shock habrían caído muy bien.

Meyol
Meyol
Lector
24 abril, 2021 9:53

Muy interesante el repaso del trío abanderado “pero”.

El “pero” (o la pega que tengo) es que me parece casi criminal que no hayáis mencionado la soberbia miniserie de 12 números de finales de los 90 “Centinela de la libertad” ¡ojo! No me refiero a la que relatáis aquí de Maguire, me refiero a (espero que el enlace funcione): https://fichas.universomarvel.com/esp/capamcenlibf101.html

Por dar una pincelada y no estropear la lectura, esta miniserie nos actualizó/rehizo el maravilloso Strange Tales 114 como bien comentaban en el “orbe de Koky” y que vosotros mismos comentáis en este artículo.

Lo dicho, salvo este “pero”, el repaso me ha parecido sobervio.

Last edited 17 días atrás by Meyol
Meyol
Meyol
Lector
En respuesta a  Arturo Porras
24 abril, 2021 21:59

Global es sin duda y es normal que se os escape algo no se puede leer todo en esta vida (de hecho siempre me asombro de todo lo grande que es Marvel/DC (no digo ya otras editoriales) viendo todo lo que reseñáis aquí y que yo desconozco) pero me sorprendió este caso.

Podría sacar el cuchillo y destriparlo pero no quiero privaros del placer de descubrirlo y menos viendo el artículo que os habéis marcado, pero es que estoy tan seguro de que lo disfrutaréis que editaréis esta entrada y lo incluiréis (como mínimo mentaréis un par de detalles).

En cuanto a reediciones hasta donde se por no tener no tuvo ni retapado, yo creo que se debe a que al tener el mismo nombre que la de Maguire pasa desapercibida y por eso no la han reeditado y yo al menos lo espero tanto como lo inédito de Gruenwald (y en mi opinión de cara al Capi Brubaker fue bueno, Gruenwald excelso pero es que para definir a Waid no se ha creado el adjetivo).

Pd: Si alguien conoce a alguien que conoce a otro alguien que etc, hablad con Clemente/Panini y que lo reediten (si han dado luz verde a los 40, a los locos 50 o a Liefeld, no me creo que este vaya a vender menos o peor).

Linkin Boy
Linkin Boy
Lector
24 abril, 2021 19:12

¡Ay, qué recuerdos! Mi entrada en el Universo Marvel fue con los cómics de Waid y Garney, me flipaban… ¡Qué momentazo fue cuando el escudo del Capi absorbe el sonido de Klaw y se recompone!

Tengo el tomo de ‘En la Tierra Salvaje’ que publicó Formu en su día y tengo taaaaan gratos recuerdos… Me pasaba horas leyendo y releyendo la historia de Jurgens.

Meyol
Meyol
Lector
En respuesta a  Linkin Boy
24 abril, 2021 22:00

Otro que también entró con Waid y opino igual, es brutal esa etapa

alcaudon
alcaudon
Lector
24 abril, 2021 19:43

Pues yo solo he leído de Kot los secret avengers y me parece una etapa de lujo y bien divertida. Recomendáis algo más de este hombre?

Vielmehr
Vielmehr
Lector
En respuesta a  alcaudon
24 abril, 2021 20:16

Sus series indie siempre tiene algo muy interesante para rascar. Ahí están El Cambio, Days Of Hate, Zero, The New World y Lost Soldiers. La mayoría está editado en español.
Eso sí, te aviso que Kot tiene cierta maña con los finales que da.

alcaudon
alcaudon
Lector
En respuesta a  Vielmehr
24 abril, 2021 21:59

A ver si me animo a probar una de esas