Grandes Sagas Marvel Los Nuevos Vengadores: Último asalto

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Edición original: Marvel Comics – marzo 1993 – enero 1994
Edición España: Comics Forum – diciembre 1994
Guión: Roy Thomas, Dann Thomas, Dave Ross, Dan Abnett, Andy Lanning
Dibujo: Dave Ross, Andrew Currie
Entintado: Tim Dzon, Don Hudson
Color: Bob Sharen, Aaron McClellan
Portada: Dave Ross
Precio: 1750 pesetas (tomo en tapa blanda de 272 páginas)

 
Prólogo: tras la marcha de John Byrne

El noveno tomo de la colección Grandes Sagas Marvel se dedicó a recopilar los últimos números de la colección protagonizada por los Vengadores Costa Oeste. Los que aquí, para la publicación de dicha cabecera, fueron conocidos como los Nuevos Vengadores, se despedirían de una afición lectora que les había acompañado durante ocho años, con una sucesión de desventuras que habrían de desembocar en su disolución. En Último asalto (subtítulo fetiche de Forum para esta colección) veríamos la despedida de Roy y Dann Thomas, responsables literarios de la tercera de las tres largas etapas que compusieron la vsnrvrts. No serían ellos, empero, los encargados de echar el cerrojo a la serie. El dudoso honor corrió de cuenta Dan Abnett y Andy Lanning, responsables de lo que habría de venir después, aquella cosa llamada «Fuerza de Choque».

Los Thomas habían desembarcado en la segunda cabecera vengadora, tras la marcha de John Byrne. El canadiense, que había llegado con la intención de hacerse con la franquicia y escribir las dos series principales de la misma, había estado en la división californiana el tiempo suficiente como para volver del revés unas cuantas cosas: desmanteló a la Visión, martirizó a la Bruja Escarlata todo cuanto pudo, echó a Ojo de Halcón del liderazgo, reclutó al U. S. Agente, rescató a la Antorcha Humana y original y apuntó unas cuantas ideas respecto al poder de Wanda y el interés que Inmortus tenía por ella. Don John, que no tenía inconveniente en irse en medio de una historia más o menos larga -ya había pasado cuando abandonó la serie de los Cuatro Fantásticos- dejó un montón de cabos sueltos, los cuales serían recogidos por don Roy y doña Dann y resueltos con mayor o menor fortuna. Él tenía a sus espaldas una etapa clásica en la serie vengadora original, por lo que era una elección que aportaba, hasta cierto punto, seguridad. Sin embargo, también es menester indicar que la propia colección tenía, en su primera etapa, un precedente que indicaba que no todos los regresos eran necesariamente venturosos. Steve Englehart había recibido sus buenas raciones de mojicones durante sus tres años y tres meses en la serie y, aunque soy de la opinión de que con un dibujante distinto de Allen Milgrom esa etapa sería mejor valorada, el caballero había dilapidado buena parte de su prestigio en Marvel con este trabajo y el que realizó en Los Cuatro Fantásticos (que, según mi criterio, tampoco estaba tan mal). Roy Thomas, que venía de pasar una larga e interesante etapa en DC, volvía a Marvel y cabía preguntarse, como siempre en estos casos, si quien había tenido había retenido o si, por el contrario, cualquier tiempo pasado había sido mejor. En esta ocasión, el buen señor venía haciendo tándem con su esposa, doña Dann y, ambos acabarían firmando una larga etapa junto al dibujante canadiense David Ross -al que la afición española recordaba de su estancia en Alpha Flight junto a Bill Mantlo- que también firmaría como co-guionista.

Los Thomas y Ross acabarían dando a la parroquia lectora un trabajo coherente y sólido, pero sin la más mínima chispa. Las aventuras narradas no tuvieron trascendencia alguna y, en la mayor parte de los casos, se cerraron en la propia colección, a través de la fórmula de secuelas integradas en la propia cabecera (truco que don Roy conocía bien). No obstante, hay que tener en cuenta que, a estas alturas, la franquicia vengadora había vuelto a dividirse. La división californiana estaría circunscrita a sus personajes fundacionales, con las adiciones de la Antorcha Humana original y el U. S. Agente -de la mano de Byrne- y la de Spider-Woman -ya en plena etapa Thomas-. Ya en los días de Englehart se había incorporado a la Avispa -que se tomaba unas vacaciones tras su presidencia de la división de la costa este- y, puntualmente, pasaron a saludar Mercurio o el Hombre Máquina. Con aquellos ladrillos, hay que reconocer que el equipo creativo no hizo una mala labor, aunque el favor del público no siempre fue uniforme: así, Spider-Woman ganaría hasta el honor de una serie limitada propia, en tanto que el Rayo Viviente -el clásico ejemplo «thomasiano» de villano reconvertido en héroe- pasaría sin pena ni gloria. En la parte gráfica, hay que advertir que don Dave, si bien sabía componer y narrar, tenía su talón de Aquiles en los rostros y las expresiones. Siempre me ha dado la sensación de que sus personajes tenían somnolencia pero, apreciaciones personales aparte, hay que indicar que su estilo gráfico no estaba próximo al que imperaba a principios de los noventa.

En España, la serie limitada fundacional había cerrado la mítica colección en tomo Extra Superhéroes y, como se ha dicho, la continuación se denominó Los Nuevos Vengadores. Esta cabecera aguantó aquí hasta la debacle de principios de 1994, de la cual se ha hablado en otras entradas relativas a la colección Grandes Sagas Marvel y sobre la que no es menester hacer ulterior especificación. Para lo que aquí importa, hay que indicar que restaban muy pocos números, los cuales estuvieron dedicados a contar el fin de los Vengadores Costa Oeste.

Los noventa y sus brillitos
Portada del centésimo número

Cierre para una despedida

La primera víctima en el proceso de destrucción de la división californiana será el espectacular rancho que hacía las veces de cuartel general. El responsable de su cuasi-demolición será Erik Josten, Goliat -cuando aún ni se olía su conversión vía Thunderbolts-. Este viejo enemigo se embarcará en un duelo de titanes -literal y metafórico- con un Clint Barton que ha recuperado su identidad como gigante y el nombre código del filisteo bíblico, para poder ir con el equipo del Capitán América en Operación: Tormenta Galáctica. Este giro argumental, llevado a cabo por Bob Harras, será rápidamente revertido por Roy Thomas. Las partículas Pym no pueden competir con la energía iónica y Clint volverá rápidamente al arco, las flechas y la identidad de Ojo de Halcón.

A continuación, don Roy y don Dave -ya sin la firma de doña Dann- irán cerrando algunas historias cuya primera parte se había desarrollado en los años precedentes. Por un lado, volverán a Demónika, la nación insular de nuevo cuño que ha servido de cuartel general a algunos villanos que, merced a su condición de gobernantes, gozan de inmunidad diplomática. Por otro, tendremos el regreso de la Legión Letal, la colección de enemigos investidos del espíritu de personajes históricos -y de la visión que los guionistas tenían de los mismos-. Su regreso marcará el camino a un enfrentamiento de corte demoníaco entre Mefisto y Sattanish -dos de las múltiples entidades que gobiernan dimensiones infernales- y una tragedia que dará la puntilla al grupo, pero no adelantemos acontecimientos.

Antes del fatídico final -marcado para el centésimo y antepenúltimo número de la serie- el equipo se verá envuelto en los eventos de la tercera parte de la saga del Infinito. La Diosa -lado bueno de Adam Warlock- se hará con la lealtad de aquellos vengadores que han tenido alguna experiencia cercana a la muerte o tienen fuertes convicciones religiosas, con el consecuente enfrentamiento con aquellos que se han quedado fuera del colectivo de elegidos para la gloria. En fin, uno de los múltiples episodios intrascendentes que no aportaban gran cosa a la historia principal y de los que se podía prescindir.

Entretanto, la colección refleja algunos de los éxitos de la editorial en aquellos turbulentos días, en la forma de nuevos fichajes. Anecdótica será la aparición de Darkhawk, un héroe adolescente que recibe sus poderes de un talismán; permanente será la presencia de Máquina de Guerra, la evolución del Hombre de Hierro creada por Len Kaminski y Kevin Hopgood y convertida en una armadura a vestir por James Rhodes. Rhodey permanecerá hasta el final de la colección y será, al fin y a la postre, una de las pocas versiones «noventeras» de personajes clásicos que tenga cierta duración.

Ilustración de Dave Ross
Máquina de Guerra y Halcón Oscuro

Un final amargo (en todos los sentidos)

La última aventura de la colección supone, como se ha adelantado en el apartado precedente, el regreso de la Legión Letal, un puñado de personajes de nuevo cuño, animados por los espíritus de gente tan edificante como Heinrich Himmler. Su líder es un aspirante a actor que ha vendido su alma a un demonio de primer orden, Sattanish. Su regreso y el enfrentamiento de su patrón con Mefisto, llevará al equipo a un paseo por el inframundo, el cual se saldará con la muerte de Pájaro Burlón. Bárbara «Bobbi» Morse, que había fundado el equipo californiano junto a su esposo, marca con su caída en combate el fin de una época. Ella y Clint habían retomado su relación y este había dejado paso a la Bruja Escarlata en el liderato del grupo. El fallecimiento de Bobbi provocará la marcha de Ojo de Halcón -que decidiría aislarse del mundo para afrontar la pérdida y acabaría en su propia miniserie- y el penúltimo paso hacia la desaparición de los Vengadores Costa Oeste.

Antes del final, Roy Thomas tendrá ocasión de despedirse en el centésimo primer número de la serie, el cual no fue incluido en el tomo, sino enmarcado dentro de la miniserie Lazos de Sangre. Ya llegará el día de hablar de esa historia pero, para lo que aquí interesa, se trata de un adiós de puntillas, enmarcado dentro de una aventura mayor, donde los Vengadores Costa Este se llevan la parte del león y los Vengadores Costa Oeste son casi meros comparsas. Ambos grupos actúan, por última vez, como uno solo, al estilo de lo que ya se había visto en Operación: Tormenta Galáctica.

El último número aparece firmado por el equipo literario que se ha de encargar de la continuación de las aventuras de la membresía de la división californiana: Dan Abnett y Andy Lanning. Este dúo -que se hará célebre en los años siguientes, gracias a sus trabajos con los personajes cósmicos de la casa de las ideas- va a ser el responsable de Fuerza de Choque, una colección integrada en la recién creada franquicia férrica. La forma en la que llevan a cabo la transición no puede ser más chapucera y supone un anticipo de lo que se ha de esperar de la nueva cabecera. El Capitán América -secundado por buena parte de la alineación neoyorquina- considera que la sucesión de desastres sufridos por sus colegas californianos es predominantemente culpa suya, por lo que propone una disolución, al tiempo que otros vengadores -como un alarmado Henry Pym- plantean una solución de compromiso, que los aludidos consideran ofensiva. La llegada del Hombre de Hierro marcará la marcha de un Máquina de Guerra que aún no le perdona por su falta de confianza -si bien no tardarán mucho en tomar el camino de la reconciliación- y, con su voto, se certificará el fin de los Vengadores Costa Oeste. Tony Stark rompe los lazos con el equipo que había fundado y propone a los supervivientes -la Bruja Escarlata, el U. S. Agente, Spider-Woman- unirse a un nuevo grupo. Como epílogo-prólogo, tenemos el regreso de un ausente Hombre Maravilla -que retornaba tras una breve ausencia y, sobre todo, tras la cancelación de su colección-. Su sorpresa ante la situación es equiparable a la de la parroquia lectora y las respuestas a las preguntas de uno y otra serían respondidas en otra cabecera.

El número final es, probablemente, uno de los peores guiones que se han escrito en la historia de la franquicia. Para empezar, se fuerza la situación, creando un conflicto donde no lo hay y haciendo que determinados personajes se comporten de una forma muy distinta de la que les corresponde, tanto por definición como por lo que acontecía en sus series regulares -caso del Hombre de Hierro-. Para seguir, la intención de resolverlo todo en un único número redunda en la pésima caracterización de los personajes implicados y, para terminar, queda una extraña sensación de que vamos a tener al mismo can, pero con distinto collar. Ya llegará el turno de hablar de la breve aventura de Fuerza de Choque pero, en ese momento, las cosas no pintaban precisamente bien.

La franquicia férrica -con series de animación incluidas- duró más de lo previsto y menos de lo deseado pero, respecto de lo que vino después, hay que destacar el trabajo que Kurt Busiek haría con los Vengadores y con los Thunderbolts, para tratar el destino de Pájaro Burlón. Ello sirvió para un emotivo reencuentro con la membresía caída -justo antes del primer aniversario de la colección- y un misterio sobre la posibilidad de su retorno -amagado y luego cambiado por el de la Gata Infernal-. Años más tarde, Brian Bendis se encargaría de recuperarla, aprovechando el evento Invasión Secreta y demostrando la displicencia con la que se manejaba con la continuidad. El rescate -ejecutado de forma particularmente chapucera- abriría la puerta a nuevas aventuras en las que autores como Jim McCann demostraron cómo hacer buen uso del legado marveliano en general y del de los Vengadores Coasta Oeste en particular.

El anuncio de una nueva colección dedicada a los wacos / «novatos» permite asomarse a este tomo con otros ojos y recordar que, en el mundo de los negocios del tebeo, nada es para siempre y todo acaba retornando.

Portada del último número de la colección original
Disolución y renacimiento

  Edición original: Marvel Comics – marzo 1993 – enero 1994 Edición España: Comics Forum – diciembre 1994 Guión: Roy Thomas, Dann Thomas, Dave Ross, Dan Abnett, Andy Lanning Dibujo: Dave Ross, Andrew Currie Entintado: Tim Dzon, Don Hudson Color: Bob Sharen, Aaron McClellan Portada: Dave Ross Precio: 1750 pesetas…
Guión - 6.5
Dibujo - 6.5
Interés - 6.5

6.5

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As I Die
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As I Die

No es una crítica en sí, pero cansa leer en todos los textos del autor el “don” cada vez que se refiere a los artistas del cómic que está analizando, queda redundante y bastante pesado (además de innecesario, se sobreentiende el respeto a todos los autores que nombra).

sparkyal
Lector
sparkyal

A mí me gustó bastante esta etapa con la inclusión de Spiderwoman II en el equipo.
El último número fue bastante ridículo, las razones que daban para cerrar la sucursal habían pasado también en la Costa Este:
Poner en peligro a la hija de Julia (pasó con la hija de Crystal), destruir el rancho (¿Cuántas veces ha pasado con la mansión?) y un largo etc. de razones absurdas no tenían sentido.

piscolabi
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piscolabi

Coincido con As I Die, y ya lo mencione en otra entrada de “Don” Capote Perez.
Llega a cansar un poquito.
Que vale que sea una especie de marca de la casa, de estilo propio, pero entre el mucho y el poco….
No es especialmente grave, por supuesto, e importan mas otros valores suyos como el fondo de lo que cuenta, lo que se documenta etc…
Pero igualmente es cierto que no le costaba nada restringirse un pelin en su uso…