Grandes Sagas Marvel Iron Man nº 2: Muerte en el ciberespacio

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Edición original: Marvel Comics – agosto 1993 – julio-noviembre – 1994
Edición España: Comics Forum – julio 1995
Guión: Len Kaminski, Scott Benson
Dibujo: Tom Morgan, Kris Renkewitz, John Czop, Gene Colan, Mark Bright, Gabriel Gecko
Entintado: Fred Fredericks, Brad Vancata, Frank Percy, Tim Dzon, Al Williamson, Kevin Yates, Tom Morgan
Color: Ariane Lenshoek, Chris Eliopoulos, Troy Sayers, Bean Sean, Joe Andreani
Portada: Tom Morgan
Precio: 1750 pesetas (tomo en tapa blanda de 224 páginas)

 
Previamente, en la desventurada vida del Hombre de Hierro…

Dos fueron los tomos que la colección Grandes Sagas Marvel dedicó al vengador dorado. El cabeza de lata, al contrario de lo que aconteciera con sus colegas de la trinidad vengadora, siempre gozó de mejor suerte en el sello de Comics Forum. A la cancelación de su cabecera compartida con el Capitán Marvel seguiría una serie regular de cadencia mensual y, luego, un breve experimento que unió su destino editorial al del la Masa. Así como el Capi y Thor tienen aún etapas enteras inéditas por estos barrios, Iron Man solo cuenta con algún que otro número suelto -todo lo más, un puñado- sin excesiva trascendencia en el devenir de las andanzas de Antoñito Stark. Bajo distintos formatos y cabeceras, un poco a trompicones, la parroquia celtibérica había podido ver el final de la segunda etapa de David Michelinie y Bob Layton y el regreso de John Romita JR, esta vez bajo guiones de John Byrne.

Cuando el prolífico y polémico canadiense puso fin a su estancia en la serie del enlatado, los bártulos literarios quedaron en manos de Len Kaminski, un caballero que acompañó al dibujante Paul Ryan -responsable gráfico de la colección en la segunda mitad del período «byrneano»- durante los cruces de la cabecera en Operación: Tormenta Galáctica. Este nuevo guionista recibe a un Tony Stark cuyo sistema nervioso está seriamente dañado y cuyo estado de salud es todo menos halagüeño. La solución a su parálisis -producida por un atentado contra su vida, al final de la etapa de Michelinie y Layton- se convirtió en el caballo de troya que unos nuevos enemigos -los magnates gemelos Marrs- utilizaron para La II Guerra de las Armaduras, dejando a un Hombre de Hierro como vencedor de una pírrica victoria. Con estas premisas y, una vez superado el trámite de la participación en la guerra Kree-Shi’ar, Kaminski firmó una de las etapas más interesantes del personaje, junto a un dibujante tan competente como alejado de las modas imperantes en los noventa, el inglés Kevin Hopgood.

Kaminski y Hopgood crearon a Máquina de Guerra, la armadura que un moribundo Tony dejó a un reluctante Rhodey y que, a corto plazo, acabaría convirtiéndose en un personaje propio -como se vio en Máquina de Guerra: el origen-. Juntos pecharon con el encargo de que Stark -como marcaba la tradición de la época, iniciada en DC por Superman- pasara a mejor vida y entre ambos, llevaron a Iron Man a su tricentésimo número. De esos tiempos es la armadura que se tomaría como referente para las series de dibujos animados de mediados de los noventa y fruto de su labor fue la efímera existencia de una franquicia férrica, con Máquina de Guerra y Fuerza de Choque como series de acompañamiento. Buena parte de todo esto se publicó en España en la forma de serie limitada, bajo la denominación de Iron Man: Desde las cenizas -de la que tocará hablar un día de estos- pero, cuando Hopgood se despide de la colección, don Anthony está ya recuperado para la causa y la serie ha recuperado el interés del público. Su sustituto sería otro nombre habitual de esa década, pero de un estilo radicalmente distinto del de don Kevin: Tom Morgan. Bien conocido por estos barrios gracias a su labor en Punisher 2099, firmaría un puñado de números y acompañaría a don Len en su última época en la cabecera metálica.

Anuales pendientes

Muerte en el ciberespacio recoge muy pocos números de la serie regular, si lo comparamos con otros tomos de la colección Grandes Sagas Marvel. Como se ha dicho previamente, la colección del Hombre de Hierro había tenido relativa suerte en nuestro país, de modo y manera que esta entrega hace de puente entre Desde las cenizas y Las manos del Mandarín, la aventura que reunía a las tres colecciones de la escudería férrica. Como sobra espacio, es una buena ocasión para recuperar dos números anuales que aguardaban en el armario de los materiales inéditos, los correspondientes a los años 1993 y 1994.

Antes de continuar, es menester advertir que, en aquellos tiempos, los números especiales de cadencia anual habían pasado por diversas etapas. Así, tras dos años de aventuras que implicaban a toda serie digna de tener ese premio –La Guerra de la Evolución, ¡Atlantis Ataca!- se experimentó con las historias que agrupaban cabeceras según franquicia –El Factor Terminus, La búsqueda de Korvac, Días del futuro presente…- durante los tres años siguientes. Para 1993, se regresó a la fórmula clásica de aventuras independientes donde, como novedad, un nuevo personaje haría su aparición, bien para el lado del bien, bien para el lado del mal. Si vemos el experimento con la perspectiva que da un cuarto de siglo, hay que concluir que ninguno de esos fichajes llegó muy lejos. En el caso del Hombre de Hierro, la presentación fue para un villano -el Ladrón de Rostros- que servía para que Len Kaminski echara mano de los Amos del Silencio, un trío de guerreros japoneses, presentado durante el arco de introducción de la armadura de Máquina de Guerra y para que un antiguo amor de Stark, Meredith McCall, haga una breve reaparición.

Por su parte, los anuales de 1994 plantearon la idea general de que las historias se contaran desde el punto de vista de los villanos, cambiando la perspectiva tradicional. Al especial del Hombre de Hierro le cayó en suerte el Controlador, aquel simpático caballero de físico tocho, que contaba con unos divertidos discos para subyugar la voluntad de sus víctimas. Sin embargo, el interés principal de esta aventura no es tanto la figura de su protagonista como el equipo gráfico que acompaña a Kaminski: un trío de veteranos integrado por Gene Colan, Al Williamson y George Roussos. Una alineación de auténtico lujo, formada por venerables profesionales que, en esta ocasión, demostraron que quien tuvo, retuvo. Esto tiene especial mérito en el caso de Colan que, ya en esos días, se veía afectado por un severo caso de glaucoma.

A las historias principales acompañaron los consabidos materiales de relleno, donde encontramos nombres como los de Scott Benson -que firmaría junto a Kaminski la primera etapa de la colección independiente de Máquina de Guerra- o John Czop -que pondría los lápices para la miniserie protagonizada por una Spider-Woman venida a más, merced a su participación en la serie de los Vengadores Costa Oeste-. Nada digno de mención o recuerdo, más allá del apunte curioso de lo que hacían o dejaban de hacer los autores implicados.

Ilustración de Tom Morgan
Iron Man contra el Ladrón de Rostros

El ciberespacio según un guionista de mediados de los noventa

Una vez publicados los números especiales, toca abordar el arco argumental que da nombre al tomo y en el que el Hombre de Hierro tiene un encuentro con Vor / Tex, una entidad que habita el cíber-espacio y que consigue atrapar la conciencia de Tony Stark en el mundo digital, mientras ocupa el cuerpo físico de su víctima. La experiencia de poder experimentar a través de un ente orgánico es tan novedosa como atractiva, con lo que Vor / Tex llevará al organismo que parasita a experimentar todo tipo de excesos. Así, probará el néctar de la ebriedad y se propasará con Veronica Benning, la rehabilitadora y más reciente interés romántico de Tony. Las nuevas posibilidades de un cuerpo con base de carbono constituyen, a su vez, el talón de Aquiles de una entidad que no conoce el concepto de dolor. Stark recuperará su cuerpo, merced a su experiencia con distintas dolencias y a su capacidad para soportar el castigo. Sin embargo, no podrá evitar que, física y anímicamente, este adversario digital haya dejado su huella y le haya dejado en mala posición para afrontar la visita de un viejo colega, Máquina de Guerra.

Cuando Rhodey llega de visita a la empresa de Stark, las relaciones entre los dos antiguos amigos no pasan por mejor momento. Rhodes no perdona a su antiguo patrono que le ocultara la desesperada estrategia para salvarle de la muerte, abocándole a tomar un legado que no deseaba. Desde entonces, sus encuentros se han caracterizado por una abierta hostilidad, que llega a su clímax cuando James pretende obtener por las malas los planos de su armadura. La ruda petición derivará en un intercambio de galletas -repartidas fraternalmente entre un número de la colección del Hombre de Hierro y otro de la de Máquina de Guerra, recogido en el tomo para la ocasión- hasta que Bethany Cabe -que, en esos tiempos, actúa como jefa de seguridad de Stark- decide meter algo de sentido común en las dos cabezas enlatadas. El principio de reconciliación quedará truncado por la reaparición del Mandarín

Iron Man contra Máquina de Guerra
Entre amigos

En conclusión: la necesaria reivindicación de un guionista

Muerte en el ciberespacio constituye otro buen ejemplo del excelente trabajo que Len Kaminski hizo en la colección de Iron Man. Una vez más, demuestra tener un buen conocimiento de su oficio y un notable conocimiento de la dilatada historia de la colección cuyos destinos literarios tejía, presentando un tema que, en aquellos días, era novedoso. «Internet» era una palabra que empezaba a sonar; los ordenadores ya no eran percibidos como meros juguetes; la realidad virtual era un concepto que evocaba mil y una ideas distintas. El ciberespacio que presentan don Len y don Tom es consistente con el que encontramos en la línea 2099 y, de hecho, el guionista tratará otra vez con ese concepto, al abordar la creación de la versión futurista del Motorista Fantasma. La revisión actual de estos tebeos permite esbozar una sonrisa nostálgica, al comprobar qué previsiones sobre el futuro inmediato resultaron ser acertadas y cuáles no, bien por pasarse de frenada, bien por quedarse cortas. En todo caso constituye, como digo, un ejemplo del buen hacer de Kaminski, acompañado por un Morgan un poco más moderado que en la colección protagonizada por el Castigador del -por entonces- futuro oficial de Marvel.

La presencia de estos dos autores permanecería un poco más, colmando el período de vida de la breve franquicia férrica y anunciando el regreso al redil vengador, pero esa ya será historia para otro día.

  Edición original: Marvel Comics – agosto 1993 – julio-noviembre – 1994 Edición España: Comics Forum – julio 1995 Guión: Len Kaminski, Scott Benson Dibujo: Tom Morgan, Kris Renkewitz, John Czop, Gene Colan, Mark Bright, Gabriel Gecko Entintado: Fred Fredericks, Brad Vancata, Frank Percy, Tim Dzon, Al Williamson, Kevin Yates,…
Guión - 8
Dibujo - 7.5
Interés - 7.8

7.8

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manolin
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manolin

Len Kaminsky seria un serio aspirante a protagonizar una seccion en plan “que fue de?”…pues muy activo en los 90 hoy poco se sabe de el. Para mi fue uno de los mejores guionistas surgidos en una decada tan necesitada de ellos. Su etapa en IronMan me resulto interesante y creo que fue el que comenzo una tradicion de esta serie , el de mostrar como veia Iron Man las cosas desde dentro de su armadura, no solo a traves de las ranuras de los ojos , sino con un monton de pantallitas a los lados mostrando datos referentes a lo que veia, el enemigo que tiene enfrente, o el propio estado de la armadura. Creo que seria esta etapa un serio candidato a ocupar el puesto de la mejor segunda etapa del personaje despuel de las de Michelinie

Ignacio
Lector
Ignacio

Un cómic malo de solemnidad. Ridículo en el guión y horrendo en el dibujo.

Indefendible.