Eva Miranda

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La presente reseña ha sido realizada con la inestimable colaboración de Josep Rom.

Norma/GiardinoEVA MIRANDA. Cimoc Extra Color nº 224
Guión: Giovanni Barbieri
Dibujo: Vittorio Giardino
Álbum 22 x 29,5 cm, tapa blanda, 56 pág. Color. Precio: 11.00 €

Vittorio Giardino es uno de los autores europeos de cómic con una trayectoria más coherente a lo largo de los años. Nacido en Boloña en 1946 su “conversión” profesional de ingeniero electrónico en autor de historietas es realmente particular. El mundo profesional y cultural de este autor se caracteriza por una equilibrada combinación de rigor politécnico, literatura de género —en Max Fridman hay Greene y Le Carré, pero destacan las atmósferas del Eric Ambler de La máscara de Dimitrios (1939)—, una cultura familiar de influencias centro-europeas y el amor por los còmics de MacKay, Pratt y los historietistas de Disney: Gottfredson y Barks.

Existen cuatro ramas en la obra del dibujante italiano. La primera, protagonizada por el detective Sam Pezzo, en la que se manifiesta su admiración por Chandler y Hammett en un intento muy personal de adaptar el “hard-boiled” a la cultura europea.
La segunda, són las historias de espionaje de los años treinta de Max Fridman. Profundamente humanistas, en ellas se percibe la paradoja del Orwell de Homenaje a Cataluña (1937): el desconcierto del idealismo frente a los intereses políticos del estalinismo y la estrategia imperialista del nazismo.
La tercera rama es la más “literaria”. Jonas Fink resulta la obra más personal de Giardino, el relato de la vida de un chico de Praga en la década de los cincuenta donde se funden las raices literarias, familiares y culturales del autor.
El último grupo de cómics del boloñés es el “hedonista”, tanto Vacaciones Fatales como Little Ego, pese a la diferencia en los registros —la primera situa a los personajes en un contexto contemporáneo, europeo, burgués y confortable mientras que la segunda es un conjunto de fantasias eroticas— coinciden en un discurso sobre el placer y sus “resacas”: al final gran parte de los deseos se esfuman como los sueños.

En los primeros tres grupos de cómics impera la experiencia vital de los protagonistas, la aventura de la vida, la historia, la denuncia social y el compromiso ético. Huyendo en todo momento de maniqueísmos políticos, denunciando por igual lacras a derecha e izquierda, en estas obras destaca la verdad y la tragedia que esconden tras de sí las ansias de poder.

Pero si en general hasta ahora esas inquietudes se habían expresado siempre a través de géneros “serios”, esta vez Giardino se suma a Barbieri para seguir otros derroteros. Eva Miranda representa una evolución en la rama de las obras “hedonistas”. Tiene una estructura posmoderna, se construye como una narración referencial, pero Giardino no es un escritor posmoderno, su personalidad es crítica respecto a la cultura contemporánea, y el juego referencial sirve al autor para profundizar en sus inquietudes de siempre desde una nueva perspectiva.

En cuanto a vehículo formal, Eva Miranda es una parodia de las telenovelas de sobremesa, con insertos publicitarios incluidos. El guión da buenas muestras de ello en un ejercicio de mofa constante hacia los típicos clichés que presentan este tipo de productos. Y el dibujo también lo deja bien claro. Giardino altera su habitual estilo gráfico para llevarnos por estepas de histrionismo, exageración y cutrerío. En una metamorfosis que recuerda a alguno de los tics de nuestro Nazario, transportándonos también el guión en su tono hasta aquellos locos ochenta de nuestra industria del cómic. Personajes cómicos en su ordinariez, la trama va presentando los clásicos entuertos que se han establecido entre ellos, dignos de cualquier producto de esta clase “que se precie”.

Y es desde esa ordinariez, desde ese extremo grado de estupidez supina del que los personajes hacen gala, que Giardino ha decidido expresarse esta vez. Para dejarnos claro que, en el fondo, es precisamente estulticia lo que se esconde tras el ejercicio despótico del poder y estulticia es también lo que demuestran aquellos que sufren el despotismo sin cuestionarlo.

En medio de todo este entramado paródico, hace su aparición el personaje de Eva Miranda. La cual, a pesar de seguir siendo manejada como el resto bajo las estructuras narrativas de la sátira y la telenovela, aparece ante nuestros ojos como excepción al conjunto. Eva no es tonta. Eva es muy lista. Demasiado, ya se nota. Se nota en sus gestos, en su mirada, en como la dibuja Giardino. Se hace evidente la maestría de este dibujante italiano al transmitir con leves variaciones de estilo esa excepción que encarna la protagonista. Eva tiene un secreto. O dos. O tres. Es el único personaje que no nos resulta completamente transparente al primer vistazo. Desde ahí, entre risas, intuimos que Eva actuará de catalizador para subvertir la trama… y queremos saber hacia dónde. Bonito final para un primer número.

Casterman/Giardino

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“Me llamo Toni Boix y soy un DC-Adicto”. A pesar de que mi niñez esté inundada de Sal Buscema y mi adolescencia de Spirit, Metropol, Cimoc y Zona 84. Porque Zinco me devuelve al redil. Zinco y Wolfman y Perez y Moore y Totleben y Gibbons y Miller y Bolland y García López. Después, el ansía. La escasez. La falta absoluta de alegrías. Mueren las revistas de cómics y Zinco vegeta. Mi ilusión se marcha a hacer las Américas. Suerte del Previews… y de los cómics que se malvenden. Le pido a Raúl López que me deje escribir una reseña en Zona Negativa promocionando Fallen Angel… y el resto es esta historia.
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