Días más largos que longanizas

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Edición nacional/ España: FUlgencio Pimentel.
Autor: Gabriel Corbera
Formato:. Cartoné en tela metalizada. 120 páginas. B/N.
Precio: 19.95€.

 

La labor de Fulgencio Pimentel a lo largo de los años es digna de contemplación y admiración, y es que han formado el catálogo de cómics (en mi opinión) más arriesgado de entre todas las editoriales españolas. Han publicado clásicos olvidados y algunos de los autores nacionales e internacionales más alternativos e interesantes del momento. Lo más digno de todo es que es una editorial que no se acomoda. Por supuesto, han encontrado autores que les han vendido bien y a los que ha seguido y sigue publicando, pero su labor no para de renovarse, tanto si hablamos de incluir autores nuevos como si hablamos de esa curiosidad que les caracteriza a la hora de arriesgar con sus ediciones: el material del papel, el brillo de la cubierta, un diseño distinto. Esta es para mí una de las señas que indican cuándo una editorial muestra inquietud, ganas de mejorar y, sobre todo, de traer buenos libros. Con la inclusión del cómic más largo de Gabriel Corbera hasta la fecha marcan un nuevo hito en su carrera. Corbera es uno de los autores españoles con más trayectoria en el panorama alternativo internacional, y sus obras son tan únicas y vanguardistas que la misión de vender tal material se presenta bastante difícil. Pero para eso está Fulgencio Pimentel.

Días más largos que longanizas es la historia de dos hombres, dos machotes forzudos y con modales de motero estereotipado que luchan por sobrevivir en un mundo postapocalíptico en el que se encontrarán con todas nada más que con ruinas, puertas cerradas, cadáveres y más y más muerte. Su viaje es una lucha por la supervivencia en un mundo totalmente extraño y devastado en el que su única fuente de subsistencia consisten en desplumar a los muertos que se encuentran de todo aquello que lleven encima y que pueda serles útil: una navaja, unas botas y una lata de cerveza. Lo primero que me viene a la cabeza después de leer unas páginas del cómic es la deuda e influencia (y también homenaje) que Corbera muestra de los videojuegos. La estructura del viaje de los protagonistas se basa en algo tan sencillo como «derecha» e «izquierda», que simbolizan el progreso de los personajes: si se mueven hacia la derecha, están avanzando, y si se mueven hacia izquierda, están retrocediendo. De esta forma, cuando los forzudos consigan abrir una puerta para encontrar otro montón de cadáveres al que registrar, se estarán moviendo a la derecha, mientras que si son atacados por unos monstruos y huyen, se moverán hacia la izquierda, con lo que estarán retrocediendo. Esta linealidad se complementa con el hecho de ver cómo los personajes avanzan de una habitación a otra, de una sala más grande a un nuevo espacio al aire libre, como si se tratara de los distintos capítulos o pantallas de un videojuego. El escenario es otro elemento importante que parece beber del imaginario de los videojuegos: un mundo en ruinas amenazado por unos monstruos. La espectacularidad y grandeza de los escenarios están ahí con la única función de meternos en un mundo totalmente ajeno pero al mismo tiempo de sorprendernos y darnos ese sentido de la maravilla con el que juegan tanto los videojuegos.

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La historia rechaza por completo la clásica estructura de presentación, nudo y desenlace. Nos encontramos con una historia que empieza en in media res: la historia ya ha empezado y nosotros somos solo testigos de lo que el autor nos quiera contar de ahí en adelante. Corbera no parece interesando en darnos respuesta a ninguna de las preguntas que puedan surgir mientras leemos. La aventura avanza poco a poco y vemos cómo los personajes van desgastándose; muestran, a pesar de su aspecto y modales, su humanidad, sus dudas ante un viaje que les tienta a rendirse. Una vez más, nos enfrentamos ante el mismo dilema de siempre: derecha o izquierda; luchar instintivamente por sobrevivir, o rendirse ante lo obvio y plantarse.

La fuerza de este cómic es la iconicidad con la que juega. Como se suele decir, Corbera «dibuja como quiere». Con esto se suele decir que el autor seguramente tenga capacidad para hacer algo mucho más detallista, «artístico», en el sentido conservador de la palabra. Lo cierto es que no sé si será capaz de más, pero sin duda ni importa ni creo que el autor quiera, ya que las intenciones de Corbera van mucho más allá de ser realista o canónico. Cuando quiere representar a un hombre enfadado, le dibuja mirando al cielo, gritando y con el cuello lleno de venas. Y con eso es suficiente. En este aspecto, Corbera hace un trabajo espléndido y no podemos decir que le falte talento. Es un estilo que requiere contemplar el cómic como medio como un abanico de posibilidades mucho más amplio al que estamos acostumbrados. Corbera no pretende hacer algo bonito o atractivo ni «se conforma», y es que no estamos hablando de ilustración: esto es cómic, y lo interesante es ver a dónde se puede llegar rompiendo con cada una de las barreras que tiene autoimpuestas. Queda muy lejos la idea que veía el cómic únicamente como ilustración más texto: el conjunto final es un producto indivisible, y Corbera, al final, decide quitar a riesgo de poner de más y relega en que ambas partes funcionen como un todo.

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Días más largos que longanizas nos habla de soledad en un mundo que nos es ajeno y de cómo acabamos mezclando lo real y lo irreal. En un momento, uno de los dos personajes dice que el peligro no está fuera, en ese mundo devastado, sino dentro de ellos mismos, en sus cabezas. La locura, la soledad, la búsqueda de algo que nunca llega. Si tomamos el viaje de los personajes como una metáfora de la vida misma, la historia nos muestra (más bien nos sugiere) una visión pesimista de a lo que nos enfrentamos: vamos ciegos a ninguna parte, una tarea únicamente de locos. Pero Corbera no es un sentimental: DMLQL es también uno de los tebeos más divertidos que he leído.

  Edición nacional/ España: FUlgencio Pimentel. Autor: Gabriel Corbera Formato:. Cartoné en tela metalizada. 120 páginas. B/N. Precio: 19.95€.   La labor de Fulgencio Pimentel a lo largo de los años es digna de contemplación y admiración, y es que han formado el catálogo de cómics (en mi opinión) más…
Narrativa - 8.5
Historia - 8.5
Interés - 9.5

8.8

DMLQL es un libro que arriesga, que sugiere pero no cuenta, hipnótico y absurdamente divertido.

Vosotros puntuáis: 0.66 ( 2 votos)
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mespinpe
mespinpe
Lector
22 julio, 2016 12:06

Pufff. Lo he ojeado y lo siento, pero no. Hasta aquí hemos llegado con el tema del dibujo. Corbera que haga los guiones, que seguramente serán magníficos (Fulgencio tiene criterio) pero que se busque un dibujante, que son 20 euracos y las librerías están a rebosar de novedades. Estilo 0. Johnny Ryan, Julie Doucet, Chester Brown, Elreydespaña, Beto Hernández SI. Esto NO. Un cuarto párrafo muy “excusatio non petita” y sustituir “dibujo” por “narrtiva” en las puntuaciones ya van previniendo el tema.
Viendo cómo muchas veces se identifica crítica negativa con trolleo, espero que no se interprete mi comentario como tal, pues creo que me he expresado de forma educada.
Un saludo y gracias por la reseña, Jesús.

mespinpe
mespinpe
Lector
En respuesta a  Jesús Játiva
22 julio, 2016 15:25

He rechazado sólo el dibujo, no el guión ni el cómic al completo, creo que se me he explicado perfectamente. Evidentemente no voy a opinar de una historia que no he leído (y de hecho le he presupuesto la valía al guión aún sin leerlo). Pero el DIBUJO no tiene ni calidad objetiva, ni personalidad propia. Y creo que los ejemplos que he puesto (todos ellos refiriéndome exclusivamente a su dibujo que es lo que estoy debatiendo, y todos ejemplos de personalidad) dejan bastante claro el porqué. Si es un cómic tan bueno (en guión y narración) seguro que ganaría enteros con otro dibujante mejor.

Reverend Dust
Lector
22 julio, 2016 12:49

Sí que ha llegado rápido este año el 28 de diciembre…