Portada Animales domésticos, de Bianca Bagnarelli

Edición original: Animali domestici (Coconino Press, 2024)
Edición nacional/España: Animales domésticos (Salamandra Graphic, 2026)
Guion: Bianca Bagnarelli
Dibujo: Bianca Bagnarelli
Color: Bianca Bagnarelli
Traducción:: David Paradela López
Compuesto: Sergi Puyol
Formato y precio: Rustica con solapas. 224 páginas. 24,95€

Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

«Saber que dentro no tenemos ningún orden… Que no hay ninguna tira, pero que igualmente estamos llenos de mierda.»

La evolución del mercado del cómic ha provocado que cada vez tengamos menos posibilidades de leer historias de pocas páginas salvo en alguna antología. Un formato que, en la época dorada de las revistas, nos dio grandes historias y que cada vez es más difícil de ver por las reticencias de los editores a publicar cómics de carácter antológico. Así que para todos los que disfrutamos de esas narraciones estamos de enhorabuena con la aparición de Animales domésticos de la italiana Bianca Bagnarelli (Milán, 1988). Publicado el año pasado en Italia por Coconino Press y en España hace unas pocas semanas gracias a Salamandra Graphic. En sus páginas nos encontramos con 13 historias breves e independientes aparecidas entre 2013 y 2024 en revistas y cabeceras muy variadas. Por estas historias donde la soledad se entremezcla con lo cotidiano gano el año pasado premios tan prestigiosos como el Lucca Comics Gran Guinigi al mejor cómic de historias breves y el Premio Micheluzzi en la Comicon de Nápoles 2025.

Una joven que llama a una casa para pedir un favor de noche, un desengaño amoroso, un vieja por carretera tras una pérdida de un ser querido, un plan de venganza por celos… estas son las premisas iniciales de algunas de las historias que ha ido creando en los últimos años la autora italiana. Unas fabulas urbanas íntimas sin vinculo aparente y de longitud variable que va desde las cinco páginas hasta las casi treinta donde vemos como su estilo visual va cambiando ya que no están ordenados de forma cronológica. En ese apartado visual vemos cómo va jugando constantemente con el estilo que tiene ecos de autores tan brillantes como Miguel Vila o Rosemary Valero-O’Connell, pero creando uno propio en el que también vemos un gran gusto por jugar con la composición de página y el uso del color y la luz como herramientas narrativas. Algo que potencia unas historias donde los silencios y las miradas tienen un enorme peso. Todo dibujado con una elegante línea limpia y clara que mezcla a la perfección con los tonos pastel del color creando un contraste con la oscuridad y turbación que sienten algunos de sus personajes que están perfectamente dibujadas en sus rostros y palabras. Un gusto por dejar que sean las imágenes las que cuenten las historias que es de agradecer en estos días de historias sobrexplicadas que no exigen nada al lector.

Más allá de la presencia de varios animales domésticos que aparecen en algunas historias a primera vista no es sencillo encontramos elementos comunes en estos relatos breves. Quizás vemos como la gran mayoría de los personajes protagonistas viven con miedo salirse de lo establecido y les resulta muy difícil rebelarse para hacer lo que realmente quieren, como sucede con los animales domesticados a los que alude el título. Unos personajes que transitan en vida secuestradas por la cotidianidad y marcadas por la desconexión, la soledad, la introspección y todo lo que no se atreven a decir. Unas semejanzas muy sutiles pero que permiten dotar a cada historia de puntos en común que otorgan al volumen de una cierta sensación de unidad, algo similar a lo que vemos en los libros de maestros del relato breve como Raymond Carver, Alice Munro o por citar a un autor de cómic que parece una influencia clara: Adrian Tomine. Posiblemente uno de los mejores cuentistas en viñetas que ha dado el medio en los últimos años. Algo que es posible que discuta en un futuro Bianca Bagnarelli gracias a unas historias en las que como consiguen hacer los grandes cuentistas se entrelazan algunas de las emociones que todos sentimos ante un mundo que cada vez se torna en más hostil, individualista y frio, lo que hace que la obra despida una visión bastante pesimista y un sentido del humor sutil y algo cruel.

Estas historias que nos hacen cuestionarnos nuestra relación con el mundo son de un carácter muy universal, ya que todos nos podemos sentir identificados con algunas de las cosas que vemos. Algo a los que ayuda que transcurran en lugares que se antojan comunes en cualquier lugar, pero que no es posible identificar con ninguno en concreto.

Gracias a este Animales domésticos podemos descubrir a una nueva autora procedente de Italia, un país que en los últimos años no hace más que darnos alegrías a los amantes del cómic gracias a obras como Animales a la fuga, No me da la vida, El nido. El último banquete de Hitler o Todas las veces que me hice mayor y autores como Zerocalcare, Manuelle Fior, Miguel Vila o Flavia Biondi, entre muchos otros.

Con Animales domésticos Bianca Bagnarelli hace una inmisericorde y ácida foto fija de la angustia, la desconexión entre seres humanos y la soledad de la sociedad actual. Trece relatos que nos demuestran que en muy pocas páginas se pueden contar historias enormes que saben conectar de una forma muy especial con cada lector. Una autora con un estilo visualmente delicioso y una forma de contar que hace que deseemos tender la oportunidad de leer muchas más historias suyas. Si son cortas mejor.

Lo mejor

• Los diferente que es cada historia entre sí en todos los aspectos.
• La capacidad para contar mucho con pocas páginas.
• El trazo y el color de Bagnarelli.

Lo peor

• Que Bagnarelli tarde otros diez años en reunir historias para otro volumen como este.

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Diego García Rouco
Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
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