Vidas en suspenso.
«Más de 3500 menores no acompañados llegan a Bélgica. Faltan lugares de acogida y muchos de ellos viven en la calle. Discretos. Invisibles, incluso.»
En los últimos años los menores no acompañados se han convertido en uno de los principales focos de discursos de odio de la extrema derecha. Pero no sucede con todos, ya que nunca vemos como se criminaliza a los niños que tuvieron que venir de Ucrania, quizás es debido a que ellos tienen la suerte de tener el color de piel adecuado. Un problema que no es exclusivo de nuestro país, ya que la ola de extrema derecha lo ha internacionalizado. Un discurso que mezcla a partes iguales el racismo y la aporofobia y que está construido apoyándose en bulos fácilmente rebatibles. Sin embargo, cada vez cala más en algunos sectores de la sociedad que no les importa dejar en situaciones de desprotección a niños que en la mayoría de los casos llevan a cuestas un enorme sufrimiento. Pero resulta mucho más fácil culpar de los males de la sociedad a los débiles y vulnerables que a los poderosos que son quienes están detrás de ese discurso de odio que termina por deshumanizar a los migrantes. Por eso son tan necesarias obras que los traten como a seres humanos como sucede con la estupenda El invasor (Astiberri) de José Antonio Pérez Ledo y Alex Orbe que aborda la situación de uno de esos jóvenes o la recientemente publicada en España por Garbuix Books Moheeb en el aparcamiento de la belga Clara Lodewick (Bruselas, 1996). Una forma perfecta de entender la dolorosa situación que atraviesan todos ellos.

En su segundo cómic tras la sobresaliente Merel, también publicado por Garbuix Books, Clara Lodewick nos cuenta la vida diaria de Moheeb, un adolescente afgano refugiado que pasa los días en un aparcamiento a las afueras de una pequeña ciudad belga mientras espera la respuesta a su solicitud de asilo. Una situación de desarraigo y falta de apoyos, pese a contar con varios amigos en su misma situación, que hace que su salud mental este al límite a punto de estallar con su vida y futuro suspendidos en un impasse de incierta resolución.
Uno de los grandes aciertos de Lodewick es que la obra transcurre en su mayor parte en el entorno de ese aparcamiento, un lugar de paso para la gran mayoría de la gente, pero que para Moheeb y sus compañeros, Kais y Fazal, se convierte en un hogar obligado que es la prueba palpable de cómo sus vidas están paralizadas en el tiempo y llenas de incertidumbres. A lo largo de las páginas del cómic nos encontramos con un retrato intimo sobre la soledad, la incertidumbre de la espera y el trauma de no tener ningún control sobre tu destino. El cómic que se aleja de lo político y de la denuncia de todos los que se lucran con las rutas migratorias para ofrecernos un relato que va más allá del de inmigrante para mostrarnos a la persona detrás de esa etiqueta. Algo que unido a la decisión de no ahondar en el pasado de ninguno de ellos por dramático que pueda ser de forma que solo los vemos en su presente, solo la visión que podemos tener de ellos cualquier europeo, lo que nos debería hacer ver la importancia de cuidar a las personas sin tener en cuenta su origen o lo dramático de sus vidas. Una visión de su cotidianidad íntima y respetuosa que es la parte esencial de una historia que no necesita ni conflictos ni giros de guion para emocionar y hacer pensar. Todo narrado con un ritmo pausado y contemplativo donde los silencios revelan tanto como los diálogos y donde importa mucho más lo que no se dice que lo que se dice.

A través de la relación que Moheeb establece con la madre de su amigo Hugo y el resto de las personas que lo ayudan de forma desinteresada a través de ONGs, Lodewick refleja como algunas relaciones entre esos migrantes y las personas que les quieren ayudar se tornan bastante complejas que, en muchos casos, sirven para tapar carencias afectivas y de soledades nos deseadas por ambos lados. En ese caso tenemos un adolescente que echa de menos a su madre junto con una madre que no ha sabido serlo para su hijo. Algo que provoca que Moheeb termine por alejarse cuando comprende que de alguna forma ella trata compensarlo con él reduciendo su importancia como ser humano. También está latente el riesgo que supone para esos menores dormir en casas de personas que no conocen ya que dormir en casa de un desconocido puede entrañar más riesgos que dormir en la calle. Otro de los puntos importantes que aborda la obra es como simplemente se busca paliar sus problemas materiales de estos jóvenes, pero todos sufren la exclusión social, la intolerancia, el racismo, la presión policial y la criminalización constate que acaban llevando al límite su salud mental. Moheeb, Kais y Fazal representan tres formas diferentes de afrontar esos problemas. En el caso de Moheeb vemos que a pesar de ser alguien muy preocupado por la naturaleza al que lo largo de la obra vemos cuidando a pequeños animales que aparecen por el aparcamiento es incapaz de demostrar esa sensibilidad y empatía con las personas que lo rodean e incluso de hablar con su madre. Esta completamente encerrado en sí mismo atrapado con unos pensamientos que no llegamos nunca a saber del tomo por donde transitan, pero que le pesan como una losa. Un problema de aparente estrés postraumático que ni él quiere admitir por todos los tabús que seguimos teniendo con la salud mental.

El aparcamiento donde transcurre la historia se convierte en un lugar que es un reflejo en miniatura del mundo real, donde se dan cita una serie de personajes que están esperando algo. Moheeb y sus amigos migrantes esperan que la burocracia cumpla con los plazos marcados y les den los papeles que les permitan sacar sus vidas de la pausa obligado a en la que están inmersas, pero para otros como Hugo es un lugar donde escapar de una vida que no le llena por su incapacidad para aceptarse a sí mismo. Un lugar marcado para Moheeb por el aburrimiento, la precariedad y la sensación de no pertenecer a ningún lugar.
Visualmente nos encontramos con un estilo más realista que el que Lodewick empleo en su anterior obra. Algo que funciona muy bien con un cómic que le exige dibujar muchas veces un escenario urbano en el que vemos siempre de fondo las pequeñas historias cotidianas de las otras personas que pasan por el aparcamiento. Una atención al detalle que también vemos en un color realizado con aguadas que refleja muy bien la luz de cada momento del día y dota a toda la historia de una sensorialidad que casi nos permite saborear, oler y escuchar lo que pasa en el cómic. Narrativamente resulta muy notable la capacidad para reflejar todos esos tiempos muertos que tiene la vida de los chicos mientras esperan, al igual que algunas metáforas visuales que sirven para poner en imágenes los sentimientos del protagonista como la preciosa y esperanzadora escena con la que finaliza el cómic.
Con Moheeb en el aparcamiento Clara Lodewick firma un cómic que nos permite observar la realidad de un menor no acompañado cuando el sistema lo deja perdido en un limbo. Una historia que trata de humanizarlos para combatir un discurso de odio hacia ellos mostrándonos que solo son niños con unos problemas para relacionarse con otros y antes las dificultades inherentes al tránsito a la edad adulta que no difieren del todo de los que puede tener un adolescente europeo. Un retrato intimo sobre la espera, los problemas burocráticos y todos los problemas de una vida en los márgenes de un sistema que se muestra muy lento para dar soluciones a quienes más las necesitan. Un cómic que confirma todo lo que ya había apuntado en Merel.
Lo mejor
• El reflejo de la realidad de Moheeb.
• La forma en la que la narración de Lodewick consigue que sintamos la angustia que el peso de la espera le provoca a Moheeb.
• El uso del color.
Lo peor
• Que adolescentes como Moheeb tenga que vivir con las consecuencias de las campañas de odio lanzadas por mezquinos intereses políticos.










