CAFÉ Y CIGARRO… MUÑECO DE BARRO
«Las personas en las que confiaba me traicionaron. El sistema judicial me falló. ¡Me robaron mi carrera, mi dinero, mi vida!»
Si bien no alcanza las cotas de popularidad de villanos como Joker, Dos Caras o Espantapájaros, Clayface es un personaje de sobra conocido para los seguidores de la Distinguida Competencia. Creado por Bill Finger y Bob Kane, Clayface vio la luz en viñetas por vez primera en Detective Comics #40. Corría el año 1940. Desde entonces, han sido varios los personajes que han utilizado el citado personaje en cómics de DC. Los nombres de Basil Karlo, Matt Hagen, Preston Payne, Sondra Fuller, Cassius Payne, Peter Malley, Todd Russell o Johnny Williams han estado íntimamente ligados con este malhechor tan modelable. Aunque hoy no toque hablar de su paso por el noveno arte, podemos destacar Batman: One Bad Day – Clayface #1 (con Jackson Lanzing y Collin Kelly a los guiones y Xermanico al dibujo) o los números del 22 al 25 de Batman: The Dark Knight, escritos por Gregg Hurwitz e ilustrados por Alex Maleev, en los cuales Clayface se erigía como antagonista que ponía en jaque al bueno del Cruzado de la Capa.
El primer borrador de Clayface llevó la firma de Mike Flanagan. El director de Doctor Sueño o La vida de Chuck, creador de series como La maldición de Hill House o Carrie, bebió de aguas animadas para entender a su protagonista. De esta forma, el episodio doble Feat of clay (Batman: La serie animada, 1992) sirvió de inspiración para levantar una película que sirviera como origen de personaje. Hossein Amini, guionista de Drive, tomó el testigo de Flanagan para acabar de pulir el libreto. Uno de los mayores aciertos de la película radica en haber sabido plasmar el espíritu dramático del personaje. Para su presentación en la gran pantalla, la versión de Matt Hagen fue la elegida. Esto es, el particular descenso a los infiernos de un exitoso actor de Hollywood, tras quedar su rostro desfigurado, es el punto de partida para la creación de una monstruosa criatura.
Siguiendo la máxima de James Gunn, mandamás de DC Studios, Clayface cumple con lo esperado permitiendo que el director James Watkins pudiese plasmar su estilo en la película sin sufrir de incómodas interferencias. El cineasta británico cuenta en su curriculum vitae con unas cuantas películas de esas que generan incomodidad. A lo largo de su carrera, Watkins se ha puesto detrás de las cámaras en cintas tan malrolleras como Eden Lake, La mujer de negro o No hables con extraños. Al más puro estilo David Cronenberg (La mosca), Clayface está sustentada en el bodyhorror. En una decisión más que coherente, teniendo en cuenta que nos encontramos con alteraciones grotescas, metamorfosis y degradaciones tanto físicas como mentales, Watkins ha llevado a buen puerto una cinta única en su especie. Surgida del mundo de las viñetas, Clayface es una película que hará las delicias de los amantes del género. Con Halloween a la vuelta de la esquina, Clayface se posiciona como una excelente opción para pasar un mal rato en salas de cine.
Al igual que Clayface (el personaje), Tom Rhys Harries se ha dado a conocer al gran público con este trabajo. El actor galés, visto en la serie de Netflix White Lines, ha encontrado su particular ticket dorado para alcanzar la popularidad. Rhys Harries encarna (nunca mejor dicho) a Matt Hagen, actor de origen humilde que, tras volver a Gotham para una entrevista, acaba celebrando en un club su nominación al Oscar. En estado de embriaguez termina liándose con una atractiva joven que resulta ser la pareja de Markos Szabo (David Dencik), un peligroso gángster. A la mañana siguiente, los hombres de Szabo desfiguran a Hagen. En una clara declaración de intenciones, Watkins no deja fuera de plano las mutilaciones que Matt sufre. Los espectadores podemos sentir el afilado cuchillo cercenando nariz y boca. Más allá de sus bonitas facciones, Rhys Harries se muestra creíble en los diferentes estados emocionales de un personaje cuya evolución es todo un carrusel.

Interpretando a Caitlyn Corr, Naomi Ackie (Mickey 17) es la actriz principal de Clayface. Corr es una doctora que investiga con nanocélulas en la clandestinidad. Tras varias operaciones plásticas insatisfactorias, Hagen ve en el trabajo de Corr la única forma de recuperar su rostro y, en consecuencia, su vida puesto que todo el entorno cercano o le ha traicionado o le ha dado la espalda. Ackie es el contrapunto perfecto de Rhys Harries forjando un personaje que, pese a tener buen fondo, se arriesga en exceso con experimentos de dudosa legalidad. A Naomi Ackie podremos verla el año que viene en They Follow (secuela de It Follows) y le auguramos un buen porvenir.
Del resto del reparto cabe destacar a Max Minghella interpretando a John Borrelli, detective de la policía de Gotham que, además, resulta ser el prometido de Caitlyn. El hijo del cineasta Anthony Minghella, conocido por su papel en El cuento de la criada, no puede destacar como consecuencia de un papel con pocos matices. Algo que tienen en común los personajes secundarios de Clayface que acaban estando al servicio de que el protagonista se transforme en ellos. Matt Hagen, el hombre de las mil caras.

Para lograr esas dosis de grima y repulsión, Watkins apostó por utilizar el mayor número de efectos reales y prácticos posible. Ejerciendo de alfareros, los artistas prostéticos realizaron un trabajo encomiable y el maquillaje funciona a las mil maravillas. Gracias a esto tenemos la que, seguramente, sea mejor escena de la película. En pleno vuelo, Matt nota como los párpados se le comienzan a fundir, por lo que no le quedará otra que ir al baño para tratar de abrírselos con unas tijeras. Si a esto le añadimos unas cuantas turbulencias, la secuencia, ya de por sí bastante escalofriante, goza de muchísima tensión. Una lástima que no se confíe en más momentos similares. La censura no forma parte del vocabulario de Clayface pero lo cierto es que, siendo la trama bastante oscura, podría haber sido una película mucho más inquietante. Lo que está claro es que, viendo películas como La sustancia o la reciente Resident Evil, el body horror está viviendo un momento muy dulce como subgénero del terror.
Recordando al personaje que interpretaba Eduardo Noriega en Abre los ojos, Matt Hagen sufre lo que no está escrito por perder su belleza. Clayface es una película que resulta predecible demostrando, una vez más, que la venganza es un plato (de arcilla) que se sirve frío. La piel que habito. Con el dilema de no saber si el comportamiento errático de Matt tiene que ver con las nanocélulas inyectadas o como consecuencia de las desgracias sufridas, James Watkins presenta a los espectadores un personaje trágico con ecos al Doctor Jekyll y al Fantasma de la Ópera. Clayface no es una película redonda. Sin embargo, teniendo margen de mejora, cabe destacar la valentía de otorgar protagonismo a un personaje periférico de Batman cambiando el tono por completo. Bien podrían hacer otros (no señalaremos a Sony porque es de mal gusto), fijarse en su reflejo.
Lo mejor
- La escena del avión.
- Haber apostado por el horror corporal habida cuenta de que el argumento lo requería.
- Tener como referente el capítulo doble de Batman: La serie animada y haber sabido trasladar su espíritu a la perfección.
Lo peor
- No hay lugar para las sorpresas. A cada momento sabes lo que va a ocurrir.
- Que no haga acto de presencia ningún ilustre gothamita.
- Podría haber sido una película más terrorífica.








