Edición original: Moon Knight: Fist of Khonshu vol.1 #11-15 USA (Marvel Comics, 2026)
Edición España: Caballero Luna: Puño de Khonshu 3. ¡Vete de aquí! (Panini Cómics, 2026)
Guion: Jed Mackay
Dibujo: Domenico Carbone
Entintado: Domenico Carbone
Color: Rachelle Rosenberg
Formato: Rústica. 120 páginas. 16,50 €€
MUERTOS Y ENTERRADOS
«Hora de irse. Sé bueno, Marc.»
La historia de Jed Mackay en La Casa de las Ideas es una de altibajos, después de una etapa al frente de los Héroes más Poderosos de la Tierra que para muchos resultó decepcionante y con una Patrulla-X que no parece causar sensaciones se podría pensar que el autor canadiense está de capa caída. De hecho Caballero Luna, la colección en la que se ganó su saltó a la fama, parece que editorialmente va dando tumbos y ha pasado ya por varios relanzamientos sin que el escritor haya dejado ir ni un ápice de control sobre el personaje. Y de esta manera llegamos a este tomo, en el que encontramos el final de una etapa que no es realmente un final. En formato rústica y publicado por panini cómics el tomo recoge los cinco últimos números de Caballero Luna: Puño de Khonshu antes de que la serie pase por un nuevo relanzamiento. Aquí Mackay busca demostrar una vez más ser merecedor de la confianza que se sitúa en su colección fetiche, y hoy nos toca juzgar si lo consigue.

La trama recupera elementos y personajes de otras colecciones pasadas, como Doctor Extraño: Cirujano Supremo, Caza Sangrienta, y principalmente de su primer volumen al frente de la cabecera. En estos números, además de una emotiva reunión de todos los personajes que forman parte del elenco principal para celebrar el cumpleaños de Marc, el equipo se ve obligado a ayudar al Destructor. El antiguo miembro de la Brigada de Demolición acude a la Misión de Medianoche reclamando una deuda después de haber ayudado a liberar a Marc durante los eventos de Caza Sangrienta, y alegando que ha sido maldecido y ahora le atormentan los espíritus. Caballero Luna debe hacer frente a los muertos al tiempo que a su pasado, mientras que el resto de la Misión de Medianoche se plantea la moralidad de ayudar a un supervillano.
El guion de Mackay es correcto, pero algo intrascendente. Sin duda, estamos ante una relajación general de lo que está en juego para los protagonistas después del primer arco. En aquella historia, además de extenderse durante casi 10 números frente a los 4 de este último arco (lo que tiene un efecto negativo en la estructura general de la serie), consistía en ver a Marc enfrentarse a un semidiós con bastantes alusiones a sus adicciones. Aquí se mantienen ciertos aspectos temáticos a través de la presencia de artefactos mágicos, pero la sensación general es mucho más cotidiana. El principal objetivo del argumento parece ser recordarnos la presencia de todos los personajes secundarios, sin que en ningún momento tengan un papel importante. Todo se resuelve de forma poco original y el guión acusa una falta de inventiva.
En el dibujo tenemos a un viejo conocido en el título, Domenico Carbone, con la colorista Rachelle Rosenberg completando el equipo creativo. Encuentro a Carbone bastante inconsistente en estas números. Si bien algunas páginas tienen un acabado limpio y lleno de textura y una composición que muestra una intención, la mayoría están abarrotadas de elementos que distraen, muestran un trazo y un acabado más tosco y resultan por tanto difíciles de leer. Los colores de Rosenberg siguen un camino parecido, sirviendo para dirigir hábilmente la mirada del lector en ocasiones, y en otras enmarañando la página hasta darle una apariencia atareada.

En definitiva, una experiencia con sus más y sus menos, pero más agria que dulce. Estamos en mi opinión ante uno de los arcos más flojos de Mackay en sus casi 5 años a cargo del personaje. La sensación que más destaca en mi lectura es una de disonancia. La historia no es mala per se, pero parece estar construida para una clase de serie que no existe. La primera parte de este volumen consistió en generar expectación en torno al antagonista y en elevar a personal la trifulca entre Marc Spector y Fairchild, aspirando a una épica que aquí dejamos de encontrar, centrándonos más en un tipo de arco que esperaríamos encontrar en un serial extenso que presenta y despacha una nueva amenaza cada pocos números. Mirando la serie en conjunto parece carente de dirección, el conflicto principal quedó resuelto en el tomo anterior y este aparece como una especie de prólogo. A esto se le suma un apartado artístico que está lejos de alcanzar la altura de Capuccio o Pramanik. Veremos qué camino sigue el siguiente relanzamiento.
Lo mejor
- Cuando se indaga en la mente de Marc Spector.
Lo peor
- Todo se siente bastante intrascendente.








