V de Vigilantes: Sobre Héroes y Antihéroes

La palabra “héroe” procede del griego, de una raíz cuyo significado es “proteger y servir” (sí, como el lema de la policía de Los Ángeles…). Un héroe, etimológicamente hablando, es alguien capaz de sacrificar sus necesidades, sus propios anhelos, en beneficio de los demás, a favor del prójimo, de los “otros” externos a su propio “yo”. El significado de la palabra héroe, está muy relacionado, como se puede apreciar, con la idea de sacrificio personal.

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua aporta cinco acepciones, de las cuales mencionaré, únicamente, las cuatro primeras (la última tiene que ver con el significado clásico de la palabra como nacido de la combinación de dioses y humanos). En su primer sentido entiende héroe como “varón ilustre y famoso por sus hazañas o virtudes”; también es el “hombre que lleva a cabo una acción heróica”; “el personaje principal de un poema o relato en que se presenta una acción, y especialmente épico”, y un “personaje de carácter elevado en la epopeya”.

Después de tanto significado de la palabra, del propio concepto de héroe, del que ya he hablado en alguna otra ocasión en este espacio semanal, os explicaré en qué invertiré estas líneas hoy; para ello os contaré una anécdota personal, que me sirve como introducción y como justificación del tema tratado.

El año pasado, Raúl J. Sinovas, especialista en cómic del programa radiofónico La Rosa de los Vientos, librero y amigo, accedió a darnos una charla sobre el mundo del tebeo en la Facultad de Comunicación de la Universidad Pontificia de Salamanca. Todos los martes por la mañana, los alumnos de 5º de Periodismo teníamos una asignatura denominada “Áreas de Especialización”. Yo estaba en la clase de “Especialización en Cultura”. Raúl Shogún nos amenizó la mañana. Durante un par de horas nos maravilló con sus “tesoros” personales en forma de páginas llenas de viñetas y esos colores que tenían los tebeos de antes, y nos contó algunas curiosidades y teorías mientras nosotros, los alumnos, tomábamos notas por si algo entraba en el examen.

La otra tarde me cansé de ver mi “torre” de apuntes de la carrera, y me decidí a colocarlos. Encontré los de “Cultura” y releí las anotaciones de aquella lejana charla y me sorprendí de nuevo (tal y como hice en aquella mañana de mayo) al encontrarme con algunas citas tomadas sobre un tema, o mejor dicho sobre un par de conceptos: “el héroe y el antihéroe”.

Al instante vinieron a mi mente varias ideas para dar forma a una columna sobre ello (también inspirado por algunos de vuestros comentarios, queridos lectores, de la semana pasada, en los que se mencionaban los colores asociados a los personajes) y empecé a recopilar los materiales para conformarla.

Y de esta pequeña anécdota (que al final ha resultado algo más larga de lo que pretendía) germinó este texto. Un texto repleto de significados y de significantes, donde héroes y antihéroes conviven y se mueven a sus anchas. Más tarde os pediré vuestra colaboración, como de costumbre; ahora, volvemos donde lo había dejado.

“Proteger y servir”, esas dos palabras, este breve lema resume la mejor definición de la condición del héroe y a la vez explica su sentido y su vocación, con una precisión extrema. Aunque la protección y el servicio no exigen del héroe unas habilidades sobrehumanas excepcionales, en el tebeo sí, y siempre se han mantenido asociadas a lo que conocemos como superhéroes. Sin embargo, según los clásicos, las cualidades de los héroes se concentran en cuatro virtudes: sabiduría, justicia, fortaleza y autodominio.

Comentario

Según el autor especialista en guiones Antonio Sánchez-Escalonilla, “de estas cuatro virtudes depende la identificación del espectador (léase aquí también ‘lector’) con el héroe y la credibilidad del propio personaje y de la historia en su conjunto”.

Estos cuatro rasgos son esenciales porque son los que predisponen al personaje principal de cualquier historia a embarcarse en la aventura y pueden cultivarse (en caso de no tenerse) durante todo un viaje iniciático (el viaje del héroe, del que hablamos en una de las primeras columnas). Desde luego, cabe esperar de todo héroe un comportamiento acorde con estas virtudes, que fueron definidas por Aristóteles en el segundo de los libros de La Retórica.

En Guión de aventura y forja del héroe, uno de los libros de Sánchez-Escalonilla, aparecen detalladas las cuatro cualidades.

“La fortaleza es una cualidad indispensable para afrontar los peligros, resistir el dolor y acometer los problemas. No debe entenderse sólo como mero vigor físico, sino también como prueba de tenacidad interior”. Aristóteles la entendía como la virtud “por la que se ponen en práctica bellas acciones en los peligros”. La energía, la audacia, la perseverancia y la grandeza en el ánimo a la hora de realizar proezas y acciones de todo tipo son siempre bien recibidas por los lectores, a los que nos encanta encontrarnos héroes de este estilo, de los que superan las pruebas y luchan contra la adversidad.

La justicia es el compromiso que debe tener el héroe. “Casi resulta un tópico referirse al carácter justiciero del héroe. Se supone que la causa defendida por todo aventurero es justa y legítima, y que su sentido de la honestidad le empujará a proteger a quienes sufren el abuso y la crueldad”. Esta virtud resulta más que evidente en todas (o casi todas) las historias de superhéroes. Unida a la cualidad de la justicia tenemos que encontrarnos con otras, como la honestidad, la integridad y la ejemplaridad de los personajes arquetípicos. Esta virtud, además, suele ponerse a prueba muy a menudo, y suele requerir un compromiso, un compromiso ligado a la fidelidad.

El autocontrol o el dominio de uno mismo es otra de las claves de la personalidad de todo héroe. William Benett explica en El libro de las virtudes que “en la autodisciplina uno es “discípulo” de sí mismo. Uno es su propio maestro, entrenador y preceptor. Es una relación extraña, paradójica y complicada. La incapacidad de dominar arrebatos, apetitos, pasiones e impulsos causa mucha infelicidad y angustia”. Llegados a este punto no puedo evitar pensar en Lobezno. Es un personaje que siempre está intentando llegar a ese estado de templanza total, donde sus pulsiones interiores no consigan dominarle por completo.

Comentario

Maquiavelo entendía el concepto virtud como “las acciones propias del hombre en contraposición a la fortuna”. Me gustaría citarle aquí, además de por ser uno de mis autores favoritos y el objeto de mi futura tesis doctoral, por tocar algo que creo necesario mencionar: la lucha del hombre contra la fortuna (contra su propio destino), que también se ejemplifica en la lucha del héroe por llegar a ser quién debe ser por sus propios medios. El Clark Kent de la serie Smallville siempre está intentando huir de lo que cree que su padre, Jor-El, pretende convertirle.

Comentario

De la suma de las tres virtudes: valor, justicia y autodominio, surge una cualidad del héroe que es integradora, la prudencia; pero entendida como “sabiduría práctica”, más que como mera cautela. “En su sentido original, prudencia significa ver más allá, contar con el futuro antes de tomar una decisión”, añade Sánchez-Escalonilla en su libro. Esto tiene verdadera relevancia en muchas de las historias de contenido superheroico donde los héroes viajan hacia delante o hacia atrás en el tiempo contando con toda la línea temporal antes de tomar una decisión.

Estas cuatro virtudes se combinan con otras características del héroe y nos facilitan la identificación con los personajes. “Los héroes poseen cualidades con las que todos podemos identificarnos y que bien podemos reconocer en nosotros mismos. Estas características responden a unas motivaciones universales inteligibles para todos: el deseo de ser comprendido y amado, de tener éxito, sobrevivir, ser libre, obtener venganza, remedir el mal y expresarse”, menciona Christopher Vogler en su libro El Viaje del Escritor.

Los defectos y las virtudes humanizan a los héroes acercando a lectores y personajes. Las debilidades, las imperfecciones, las manías, las rarezas y los vicios consiguen, casi de inmediato, que un héroe o cualquier personaje, nos parezca más verosímil y atractivo. Si no me creéis, pensadlo por un momento, cuáles son vuestros personajes favoritos, aquellos repletos de virtudes, o por el contrario preferís a los moralmente grises… Personalmente prefiero a estos últimos, prefiero a los antihéroes.

Comentario

Tanto en la literatura como en el cine, el término “antihéroe” hace referencia a algún personaje que posee algunas características que podríamos considerar “anti-éticas” si las comparásemos con otros héroes tradicionales. Este tipo de personaje generará actos que consideramos heroicos, pero lo hará mediante métodos que no lo son tanto, o debido a unas intenciones algo oscuras.

Podríamos definir a un antihéroe por ser un personaje que intenta construir sus propios valores, que resultan ser contravalores de lo que está socialmente bien visto. Se guían por sus propias brújulas morales y suelen tener una percepción atrofiada de la realidad. Si bien es cierto que este tipo de personajes suelen ser cambiantes y pueden buscar algún tipo de redención, tender a aplicar castigos…

Aunque “antihéroe” es un término algo resbaladizo que puede generar cierta confusión. Christopher Vogler explica de manera sencilla que “un antihéroe no es lo opuesto al héroe, sino un tipo de héroe muy concreto, uno que tal vez pudiera ser considerado un villano por encontrarse fuera de la ley, según la percepción de la sociedad, pero hacia quien el público principalmente siente simpatía”. La RAE lo define como “un personaje de una obra de ficción que aunque desempeña las funciones narrativas propias del héroe tradicional, difiere en su apariencia y valores”.

Comentario

Los antihéroes, según los especialistas, pueden ser de dos tipos: 1) personajes cuyo comportamiento es parecido al de los héroes más convencionales, pero que manifiestan un fuerte toque de cinismo o bien arrastran alguna herida (física o mental) del pasado; 2) héroes trágicos, figuras centrales de una historia que pueden no ser admirables ni de nuestro agrado y cuyas acciones podemos, incluso, considerar deplorables.

Ahora ha llegado el momento de vuestra participación, queridos lectores. En esta ocasión os invito a compartir y comentar los personajes antihéroes favoritos y a catalogarlos en uno de estos dos tipos. Empezaré yo mismo, aunque la dificultad es máxima, porque a mi juicio cualquier antihéroe podría estar en cualquiera de las dos categorías.

Como ejemplo de antihéroe por excelencia se me ocurren dos ejemplos (o quizá tres) uno de Marvel y uno de DC. En la primera editorial destaca Wolverine y en la segunda Batman.

Comentario

Hagamos un inciso para hablar de los colores (continuando la discusión surgida de columna de la semana pasada). Los personajes heroicos puros, como Superman, el Capitán América, Wonder Woman o Spiderman, visten con colores claros: con azules, blancos y rojos, que, curiosamente, son los colores de la bandera americana (y también parte de la cuatricomia de los modelos de impresión).

Comentario

Los antihéroes suelen usar en sus uniformes un predomino de colores oscuros, donde los negros y los grises predominan. Batman pasó del azul oscuro al negro, Lobo lleva el negro en sus escasas prendas, veamos cómo visten El motorista Fantasma o el Castigador, sí, de negro también. Incluso Lobezno y sus X-Forces (los antihéroes dentro de los X-Men) llevan trajes de camuflaje con tonos negros.

Comentario

Volvemos al tema, y seguimos con Logan. Lobezno es un héroe trágico, que sería un ejemplo perfecto para ilustrar el segundo tipo de antihéroes. Normalmente hace cosas que podemos considerar deplorables, como dice la teoría, es “el mejor en su trabajo” y no tiene un trabajo precisamente “bonito”. Como asesino no tiene precio y sus cómics (si caen en manos de buenos autores) siempre están repletos de suciedad, cervezas, peleas, sangre y SNICKT para todos…

Comentario

Batman, en cambio, suele comportarse, más o menos, como un héroe tradicional, como un maestro de detectives, como un amo de la deducción y de las artes marciales, pero arrastra heridas (tanto físicas como mentales) tan profundas que nunca le permitirán pasarse al lado claro de la balanza.

Comentario

El tercer ejemplo que me atrevo a apuntar (el resto os los dejo para vuestros comentarios) es Marv, de Sin City, un antihéroe que podría catalogarse en ambas categorías. Un antihéroe solitario y herido que podría ser un heroico caballero en su armadura deslustrada, un ser que ha rechazado la sociedad o que ha sido rechazado por ella. Cualquiera de sus diálogos desprende carisma. A mi gusto destaca el momento del confesionario: “Estas manos mías están empapadas de sangre… no de verdad, quiero decir. No hubiera venido sin lavármelas”.

Comentario

Y es que quizá sea eso lo que nos gusta de los antihéroes: que no suelen lavarse las manos, al menos no en sentido figurado. Cuando hay que hacer algo, lo hacen, sin importarles ni el precio ni las consecuencias.

Estos personajes podrían vencer en última instancia y podrían, quizá, gozar del beneplácito del público en todo momento; pero a ojos de la sociedad seguirán siendo proscritos, marginados, piratas, asesinos dementes o ladrones.

A menudo los antihéroes son hombres honorables que se han alejado de la corrupción existente en cada una de las capas de la sociedad, puede que sean antiguos policías, mercenarios o militares desencantados que terminaron operando en la sombra, contra la ley, contra lo establecido. Puede que sean héroes imperfectos que nunca lograrán superar a sus demonios internos, sino que son destruidos y finalmente abatidos por ellos. Aunque tengan muchísimos encantos y admirables cualidades, al final lo que prima son sus imperfecciones.

Comentario

Aún con todo, adoramos a estos personajes porque son rebeldes, porque desafían a la sociedad como a todos nosotros nos gustaría hacer. Aunque lo hacen sin olvidarse de lo que son: guardianes, hombres y mujeres valerosos, que no dudarán en “proteger y servir” a quienes lo necesiten. Un servicio de protección que siempre beneficia a otros, incluso en perjuicio de sus propios intereses, de su seguridad personal o de su propia vida. Y esa es la misma esencia del héroe, su mismo significado, en definitiva; aunque a los antihéroes no les preocupe tener las manos manchadas, ni siquiera de sangre.

Comentario

Nos leemos.