Zona Manga – Historia del Manga (II) – 1900-1922: Las revistas ilustradas y el corazón de los niños

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En Julio de 2013 Hayao Miyazaki, creador de los Estudios Ghibli, sufrió un duro ataque por parte de los medios de comunicación de la derecha japonesa que, con ocasión del lanzamiento de su última película, Kaze Tachinu, acusaron a Miyazaki de ser un “traidor anti-japonés”. Lo que enfureció a la derecha, al margen del habitual mensaje pacifista de las películas de los Estudios Ghibli, fue una entrevista en la que Miyazaki pidió que el Estado japonés se disculpara claramente por haber mantenido una red de prostitución forzosa en toda Asia durante la Guerra del Pacífico, el llamado “sistema de las comfort women”. También solicitaba que se indemnizase a las víctimas que aún pudieran estar vivas. Esta es una cuestión que enfrenta a la derecha y a la izquierda japonesas desde los años cincuenta y las posiciones políticas de Miyazaki son coherentes con su trayectoria vital. La virulencia de la polémica tiene más que ver con la creciente fortaleza de los sectores conservadores del país que con un cambio en la idea política o artística de la Ghibli.

Esta explicación es satisfactoria pero insuficiente. Si queremos comprender de verdad el rol de Miyazaki y el Estudio Ghibli en la producción cultural contemporánea tenemos que remontarnos cien años atrás para valorar una guerra cultural que enfrentó dos concepciones opuestas de la infancia. En un bando veremos la idea del niño-guerrero, el señor de los animales, sirviente de la nación, siempre dispuesto a luchar contra los enemigos de la patria. En el otro bando, la perspectiva humanista; el niño que descubre la fantasía, que vive en armonía con la naturaleza y disfruta de la despreocupación de la infancia. Hayao Miyazaki, en tanto uno de los últimos representantes de la visión humanista del manga, hereda los sueños de tantos y tantos artistas que pasaron por las páginas de revistas como Kodomo no Kuni, o de Akai Tori. Enfrente, las aspiraciones belicistas de la Shonen Sekai o la Shonen Club. El enfrentamiento no es retórico; es político, es social, es cultural y, a partir de los años treinta, es a muerte.

La invención del niño en Occidente: los hijos de la burguesía

Entre 1895 y 1923 tiene lugar una explosión sin precedentes de lo que más adelante se considerará industria del manga y que haríamos mejor en denominar producción cultural orientada a la infancia. En cualquier caso, Japón se llena de revistas que ofrecen todo tipo de contenido –no solo gráfico- destinado al consumo de niños, niñas y adolescentes. Como se deduce de la introducción, estas revistas mantenían concepciones muy diferentes en lo que respecta a la naturaleza del niño, basadas en posiciones ideológicas enfrentadas. Por tanto, no podemos limitarnos a mencionar autores y revistas como si “el manga” fuera un fenómeno homogéneo, ajeno a la sociedad.

No siempre se ha considerado la infancia como un período concreto de la vida humana, ni todas las culturas han entendido siempre lo mismo por infancia. Podemos afirmar que a partir del Concilio de Trento se hace oficial la existencia del niño en Occidente, puesto que se le incluye como destinatario de los programas de estudio religiosos, muy en particular del Ratio Studiorum jesuítico. Sin embargo, en el siglo XVII la formación de los menores aún estaba medida en términos religiosos o políticos. Recordemos la proliferación de manuales y mentores de los jóvenes príncipes o de los hijos de la nobleza. Está admitido que fue Rousseau uno de los primeros en distinguir que el niño “no es un hombre en pequeño” y que su educación se debe adecuar a los diversos estadios de desarrollo del niño, tanto físicos como psicológicos. La obra en la que Rousseau aborda una preceptiva de la educación, aún influyente hoy en día, es el Emilio, de 1762.

Hay que tener en cuenta que Rousseau, como el conjunto de la Ilustración, se dirige a los hijos de la burguesía, no a todos los niños. Los hijos de los trabajadores o los desfavorecidos carecen de interés para Rousseau, puesto que “reciben lo que deben” según su lugar en la sociedad. Las capas altas, obviamente, han de ser reemplazadas por la burguesía con lo que Emilio propone una educación acorde con los valores y expectativas de una clase que pretende tomar el poder e imponer su propia visión del mundo. La burguesía es tan ajena a los salones de la aristocracia como lo es a las tabernas de la plebe; sus espacios predilectos son el hogar y los negocios. La mujer debe reinar en el hogar y el hombre debe competir en un mundo de movilidad social que acabe con la fotografía inmóvil del mundo social de las clases nobiliarias. El hogar como el “reposo del guerrero” (guerrero de los negocios) forma parte de la mitología de la burguesía. No es casual que en 1762, el mismo año en que se publicó el Emilio, se publicara también el Contrato Social. Son las dos grandes preceptivas de Rousseau: la que pretende educar al niño y la que pretende educar al conjunto de la sociedad.

Así, en el siglo XVIII ya queda definido que los niños existen y que educarlos es vital para perpetuar la misión histórica de la burguesía. El siglo XIX será el de la búsqueda de un lenguaje adecuado para comunicarse con ellos, la época de los cuentos de hadas y de las grandes compilaciones fantásticas. Sabiendo esto ya podríamos seguir pero hay que aclarar que, en este caso concreto, la experiencia japonesa no es la misma que la francesa o la británica, aunque sí tiene algo que ver con la de Prusia. Japón es lo que la sociología histórica denomina país de “segunda industrialización” o desarrollo tardío, y estos países tienden a adoptar la forma de lo que Luebbert denomina regímenes iliberales, bien fascistas, bien socialistas. Intentaré explicar muy brevemente la relevancia de esta cuestión.

La invención del niño en Japón: El tesoro de la nación

Las rutas hacia la modernidad no son ilimitadas, aunque sí son específicas de cada país. Algunos de los estados que se desarrollaron en el siglo XIX tuvieron que acelerar extraordinariamente su producción para igualarse a las potencias que ya habían superado la revolución industrial, como Francia o Gran Bretaña. Prusia, Japón o Rusia. A este respecto creo que el juicio de Barrington Moore sigue siendo totalmente preciso: allí donde la burguesía es débil, la vía hacia el liberalismo parlamentario es muy compleja. Es el caso de Italia, Rusia, Prusia, España, China o Japón. Si la elite agraria –la nobleza- es capaz de dominar al campesinado y unir sus interese a los de las elites empresariales, probablemente triunfe una solución fascista. Allí donde el campesinado no esté sometido a la elite rural, probablemente triunfe una revolución socialista. Esto no quiere decir que la burguesía sea el origen de la democracia, sino que en ausencia de burguesía la democracia liberal no se desarrolla, o se ve temporalmente interrumpida.

En el caso de Japón la Restauración Meiji fue un proyecto de modernización impuesto desde arriba por las viejas elites y, a pesar de que durante todo el período la conflictividad campesina fue muy notable, no fue suficiente para oponerse a la Restauración en solitario. El único rival político fueron las clases samurai más tradicionalistas, cuyo proyecto estaba claramente superado por los tiempos y las armas de sus rivales. La burguesía japonesa no fue un factor de movilidad social y agitación liberal, más bien al contrario: en época Meiji se consideraba que las “clases medias” eran gentes instruidas, fieles al Estado y, ante todo, un factor de equilibrio. Dicho de otro modo, la burguesía hizo suyo el proyecto estatal de la nobleza y se produjo una fusión en la que solo padecieron los elementos menos poderosos de la clase samurai. El hogar, el espacio doméstico, la competición empresarial, el talento para los negocios… los fundamentos de la ideología burguesa occidental se convierten, por pura asimilación, en ideología estatal en Japón. Tal y como sucedió en Prusia, el Estado será el espacio doméstico y el competidor por excelencia. No es de extrañar que Prusia y Japón sean dos de las naciones que con más entusiasmo abracen la idea de la competición darwinista por la supremacía imperial.

¿Cuáles son las consecuencias para el niño japonés y, regresando al tema que nos ocupa tras este largo rodeo, para las revistas gráficas y el manga? Si el espacio doméstico y la familia son parte del discurso del Estado –y no de una de sus clases-, la nación se convierte en un gigantesco hogar metafórico, y el deber de cada súbdito es formar su propio hogar para contribuir al esfuerzo del Estado. Esta es la base de la kokutai, la educación imperialista, que considera al niño el cemento de la sociedad: educar al niño permite reproducir los valores de la familia, y los valores de la familia son los valores del Estado. El niño se convierte en el kodakara (pequeño tesoro) de la nación y tal y como el Emperador reina en la tierra de los Yamato, el niño deberá reinar en su habitación y en sus juegos. Educadores como Nitobe Inazou o Iyawa Sazanami lo expresan con fórmulas muy conocidas, pero ninguna me parece tan profética como una frase aparecida en la revista Namida to Muchi (1919), que Mark Jones rescata en su magnífico Children As Treasures: Childhood and The Middle Class in Early Twentieth Century.

No importa lo hermoso o encantador que sea el niño, piensa siempre en su futuro como una lucha violenta por su propia existencia

Shonen Sekai, 1926, nº32
Shonen Sekai, 1926, nº32

Las revistas ilustradas para niños. Militarismo y competitividad

Tras dos entradas bastante apacibles (1 y 2), encaminadas a disfrutar del manga como arte, toca mancharse un poco las manos. Aunque la era Taisho es el período liberal por excelencia, convive el afán modernizador con la expansión del militarismo y del colonialismo. Veamos como trata Tokyo Puck, revista de crítica política dirigida al público adulto, a los ciudadanos chinos a la altura de 1911. La ilustración se burla de los esfuerzos reformistas de Sun Yat-Sen y otros revolucionarios que pretenden modernizar China, tanto cultural como políticamente. Cortarse la coleta era la metáfora utilizada en todo el mundo para simbolizar el compromiso chino con la modernidad.

Chinese luesquis en Tokyo Puck, 20 de Febrero de 1911, página 80
Chinese luesquis en Tokyo Puck, 20 de Febrero de 1911, página 80

Este es el clima en el que se desarrolla buena parte de la ilustración satírica de finales de la época Meiji y principios de la era Taisho. La ficción orientada al el público infantil incidía en temáticas heroicas y militares, muchas de ellas forjadas en la época de las guerras contra China. Se considera que la primera novela expresamente creada para jóvenes es Koganemaru (1891), de Iwaya Sazanami. Koganemaru, el protagonista, es un perro que busca vengarse del tigre que había asesinado a su padre. Veamos una ilustración correspondiente a la época de su lanzamiento.

Koganemaru 1891

La imagen del niño que maneja armas o domina a los animales es una presencia constante en las revistas de esta época. La siguiente portada pertenece al número de Enero de 1915 de Nihon Shonen.

Nihon Shonen 1915

El autor de Koganemaru ocupa un lugar importante en la historia del manga por haber creado en 1895 Shonen Sekai, pionera entre las revistas infantiles. Un simple repaso a alguna portada de la revista nos familiariza con esa imagen tan característica del Japón de principios del siglo XX: el niño vestido con uniforme militar, iconografía que autores como Suehiro Maruo o Kazuichi Hanawa han recuperado hasta convertirla en un arquetipo del manga de terror contemporáneo.

Shonen Sekai, Enero de 1917
Shonen Sekai, Enero de 1917

Anuncio en Shonen Sekai, número de Abril de 1915
Anuncio en Shonen Sekai, número de Abril de 1915

Aparte de Iwaya, Oshikawa Shuro es el autor más importante de los que han participado en Shonen Sekai. En esta revista publicó entre 1900 y 1907 su novela Kaitei Gunkan (La batalla de submarinos), una historia en la que el Capitán Sakuragi y su banda de patriotas derrotan sucesivamente a las más importantes potencias occidentales. Kaitei Gunkan se anticipó a la guerra contra Rusia y Oshikawa siguió escribiéndola durante y después del conflicto. En la novela los personajes japoneses solamente están movidos por el heroísmo y por la necesidad de luchar para garantizar su propia supervivencia en un mundo cruel y egoísta. Que yo sepa la novela no está traducida pero quien sienta curiosidad por el relato, ha servido de base para la película de ciencia ficción de 1963 Atragon.

El siguiente paso sería examinar la inmensamente popular Nichibei Miraisen (La guerra futura entre Japón y América), serializada desde 1922 en las páginas de Shonen Club. Esta novela, de Miyazaki Ichiu, se incardina en un movimiento ideológico que yo considero más relacionado con la Guerra del Pacífico que con la época Taisho. Examinaré Nichibei Miraisen en la entrada dedicada a la militarización de la sociedad japonesa y a la censura en el manga. Creo que lo comentado hasta ahora será suficiente para dejar clara la preeminencia de imágenes de violencia y militarismo en las revistas gráficas orientadas a niños. Para cerrar esta sección incluyo una imagen con varias portadas de la revista Shonen Club. La recopilación corre a cargo de Kyoshu Kurabu (Club Nostalgia), una web maravillosa dedicada a difundir y almacenar todo tipo de material de época Meiji y Taisho.

Portadas Shonen Kurabu

Madre sabia, buena esposa

El tema del manga femenino es tan complejo y sutil que en esta entrada solo voy a dar algunas pinceladas que nos puedan servir para comprender el papel que la ideología estatal confería a las chicas en la división del mundo infantil por géneros. En próximas entradas podré dedicar más tiempo al shojo prebélico, especialmente a Kurukurumichan, el personaje creado por Matsumoto Katsudi a principios de los años 30, o las portadas de Nakahara Junichi, muy influyente en las versiones más estilizadas de las representaciones femeninas posteriores.

De todos modos, creo que es importante tener en cuenta que, del mismo modo que la noción de infancia tiene un origen cultural y sociopolítico, el término shojo no surge por sí mismo de la sociedad japonesa, sino que se crea en un contexto determinado. El ideal de la mujer Meiji y Taisho lo resume la famosa expresión ryôsai kenbo (madre sabia, buena esposa), que aún hoy en día es considerada una aspiración deseable entre los sectores más conservadores. Las leyes de la época Meiji reconocieron a la mujer el derecho a acceder a la educación superior en 1899, pero las instituciones dedicadas a la educación femenina favorecían que la mujer se inhibiera del espacio público y se preparase para servir a su marido y mantener en orden su hogar. No puede sorprender, por tanto, el tono de las revistas para chicas de los años 10 y 20, pero quisiera empezar con una portada de Shojo Club que complica ligeramente el discurso.

Shojo Kurabu

La exaltación de los valores patrióticos y militares no era exclusiva de las revistas para niños. En Japón, más aún que en otros países, uno de los valores nacionalistas más repetidos era “la unión del frente doméstico y del frente bélico”, enfatizando así el papel de la nación en tanto familia a la hora de sostener el esfuerzo militar. No obstante, este matiz no debe estorbarnos para dar cuenta de la representación dominante de lo femenino en las revistas de era Meiji y Taisho. He seleccionado un par de portadas que pueden resultar suficientemente ilustrativas.

Shojo no Tomo, Agosto de 1921
Shojo no Tomo, Agosto de 1921

Shojo no Tomo, circa 1921
Shojo no Tomo, circa 1921

La mujer dedicada a la contemplación, a la familia y al hogar es el complemento imprescindible para el niño-guerrero, dominante y expansivo. Las revistas infantiles refuerzan patrones de género que cumplen una función ideológica pero, al mismo tiempo, crean esos mismos patrones. Es importante recordar que el período que estamos contemplando es fundacional: la Shonen Sekai y la Shonen Club moldean lo que debe ser un varón y la Shojo no Tomo o la Shojokai establecen las expectativas sociales de lo que debe ser una mujer.

Yuutosei vs Kodomorashii Kodomo o el niño-adulto vs la infancia despreocupada

La influencia de las revistas –y de otras manifestaciones culturales de la modernidad, como la publicidad o el cine, que sería demasiado prolijo considerar- contribuye a crear un nuevo modelo para los hijos de las crecientes capas medias. En la época Meiji las capas medias eran modelos de virtud y refinamiento. A partir de la época Taisho se impone el yuutosei, una nueva moral de las clases urbanas más o menos ilustradas, que podría traducirse por “estudiante superior”. Yuutosei es lo que hoy en día reconocemos a través de muchos manga, esa filosofía de la autosuperación, del esfuerzo incesante, la lucha por ser el mejor, por desarrollar al máximo las capacidades. Podríamos hablar de una meritocracia extrema: durante los años 10 y 20 las revistas promocionan que los niños busquen la excelencia constante en el estudio, el ejercicio, la guerra o el comportamiento moral. El niño debe ser el perfecto proyecto de soldado y la niña el perfecto proyecto de madre y esposa virtuosa. La competencia imperialista entre naciones tiene su corolario en el darwinismo social dentro de cada nación: ser el mejor para servir mejor a la patria. Esto es el yuutosei.

Algunos sectores progresistas y democráticos reaccionan contra esta exigencia asfixiante y reivindican que se recupere la esencia de la infancia. Es el movimiento del kodomorashii kodomo, que podríamos traducir por “niños realmente niños”. Dos publicaciones son claves para este movimiento: Akai Tori, revista fundamentalmente literaria, y Kodomo no Kuni, una de las revistas más interesantes de la historia de la ilustración japonesa. Los proponentes del kodomorashii kodomo quieren recuperar la separación entre edad adulta e infantil. La ideología estatal promovía activamente que los niños se esforzaran en todo momento como si fueran adultos plenamente responsables de sus actos, que compitieran incluso en el juego y en el deporte. Kodomo no Kuni, en cambio, intenta enfatizar las ideas de diversión, de ocio, de tiempo libre, de observación despreocupada.

Kawakami Shotaro, Horse Jump en Kodomo no Kuni, especial de verano de 1929
Kawakami Shotaro, Horse Jump en Kodomo no Kuni, especial de verano de 1929

No temo insistir porque captar esta idea es fundamental para comprender la política japonesa: reivindicar una infancia ociosa y no competitiva supone un desafío sistemático contra las estructuras de pensamiento tradicionales. En Kodomo no Kuni niños y niñas se divierten juntos sin importar su género, interrumpen sus tareas cotidianas para jugar con animales; están ausentes imágenes de violencia y agresión, no hay ataques racistas, ni exaltación competitiva.

Honda Shotaro, The Insects Orchestra, en Kodomo no Kuni, Septiembre de 1922
Honda Shotaro, The Insects Orchestra, en Kodomo no Kuni, Septiembre de 1922

Además, es importante resaltar el papel de la fantasía. Mientras que las revistas dominantes tienden a situar a los niños en guerras imaginarias o en escenas de sociedad, Kodomo no Kuni recurre a la fantasía para favorecer que los niños rompan sus lazos con el mundo de los adultos, con sus reglas y restricciones. Traducir a Andersen o a Lewis Carroll tenía una implicación política, tal y como los animales viajeros de Selma Langerlof cargaban con evidentes resonancias socialistas. En las páginas de Kodomo no Kuni vemos trabajar a socialistas utópicos como Ogawa Mimei, a pacifistas como Iwasaki Chihiro o a humanistas como Hatsuyama Shigeru. Además, la formación cosmopolita de muchos de estos artistas –que conocían el futurismo, el dadaísmo, el fauvismo…- imprime un sello de calidad especial a Kodomo no Kuni que lo relaciona con alguno de los desarrollos más interesantes del manga de postguerra.

Yasui Koyata, Railway Bridge en Kodomo no Kuni, diciembre de 1931
Yasui Koyata, Railway Bridge en Kodomo no Kuni, diciembre de 1931

La tímida democratización de la era Taisho permite actuar a este grupo, pero el clima reaccionario del período Showa termina con el movimiento. Cuando la ultraderecha militarista tome el poder en Japón a partir de los años treinta pocos serán capaces de oponerse. Entre los que alzarán la voz contra la fascistización de Japón y arriesgarán su vida en los años treinta nos encontraremos a muchos creadores de libros infantiles. La polémica desatada por las declaraciones de Hayao Miyazaki solo puede comprenderse del todo si tenemos en cuenta que cada película de la Ghibli es un acto de militancia política, consciente y controlado. La historia del manga no debiera comportarse como si el cómic fuera un medio neutro, al contrario; su principal tarea es proporcionar las claves que permitan comprender las implicaciones profundas de cada decisión artística. Hayao Miyazaki pertenece al mundo mágico de Kodomo no Kuni, de Iwasaki y de Hatsuyama. Defender la infancia como un período de felicidad ociosa, indiferente a los roles de género, ajeno a la violencia y a cualquier forma de competitividad era –y es- un acto subversivo.

Okamoto Kiichi, Flower Vieving en Kodomo no Kuni, Abril de 1928
Okamoto Kiichi, Flower Vieving en Kodomo no Kuni, Abril de 1928

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el tio berniJulio C. IglesiasJaviéasthur-kongKenrae Recent comment authors
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Kenrae
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Kenrae

Uau, genial artículo. No sólo por la historia del manga en sí sino, sobre todo, por la contextualización que realizas. Te felicito.

asthur-kong
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asthur-kong

Espectacular señor Iglesias! cuando dijo que saldría una entrega al mes de su Historia del Manga me sonó a poco pero viendo la calidad de sus articulos merece la pena la espera;además nombra usted tantas cosas que tengo que consultar que me basta con uno al mes.En cuanto al artículo,lo que comenta con respecto a la educación (sobre todo de las niñas)me recuerda a lo que Kazuo Koike narra en su cómic Lady Snowblood Regresa sobre la oposición de los ultranacionalistas japoneses a que en las escuelas(del final de la Era Meiji) se enseñase gimnasia sueca a las niñas japonesas

Javié
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Javié

Imteresantisimo e impresionante articulo, mis felicitaciones, me ha hecho pasar un rato muy ameno leyéndolo, la mayoría de los datos los desconocía por completo, ni si quiera tenia constancia del conflicto social-político que venia manteniendo Miyazaki con el gobierno japones, lo dicho, enhorabuena y mil gracias por el trabajo.

el tio berni
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el tio berni

Un artículo espléndido que me sirve para poner en la perspectiva adecuada muchas ideas difusas. Muchas ganas de empezar a leer esos artículos en los que ya entramos en harina. Aquí me tienes, pegado a la pantalla.