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Género: Fantasía Medieval.
Creador Ryan Condal y George R.R. Martin.
Reparto: Milly Allcock, Emma D’Arcy, Emily Carey, Olovia Cooke, Paddy Considine, Matt Smith, Rhys Ifans, Steven Toussaint, Eve Best, Sonoya Mizuno, Fabien Frankel, Graham McTavish, Matthew Needham, Jefferson Hall, Harry Collett, Tom Glynn-Carney, Ewan Mitchell, Phia Saban, Bethany Antonia, Phoebe Campbell, Kurt Egyiawan, Kieran Bew, Abubakar Salim, Tom Taylor, Clinton Liberty, Tom Benett, Ellora Torchia, Ryan Corr, Ewan Mitchell, Phia Saban, Benjamin Evan Ainsworth, Fabien Frankel y otros.
Producción: HBO, 1:26 Pictures.
Canal: HBO Max

Hablar de La Casa del Dragón es hacerlo sobre una de las series más vistas del panorama actual. Sus tres temporadas, estrenadas en 2022, 2024 y 2026, se encuentran entre lo más visto de sus respectivos años y estamos ante una de las series favoritas del gran público.

Siendo así, y dado el amor que en esta casa profesamos por la inacabada obra de George R. R. Martin, tal y como os explicábamos en esta crítica correspondiente a El Caballero de los Siete Reinos, tarde o temprano teníamos que hablar de La Casa del Dragón.

La Casa del Dragón comienza unos doscientos años antes de los hechos ocurridos en Juego de Tronos y se basa, en concreto, en el libro Fuego y Sangre, escrito por George R. R. Martin, que narra la historia del reinado de la mitad de los reyes de la dinastía Targaryen. Por tanto, comienza con el reinado de Aegon el Conquistador, quien llegó a Poniente junto con sus hermanas y sus dragones, y finaliza con el comienzo del reinado de Aegon III.

Por el camino, dicho libro, como si de un libro de historia se tratara, va desgranando los distintos rumores y hechos de los reinados de cada uno de los Reyes Dragón, mezclando investigaciones de maestres de la época con conjeturas del maestre que escribe el libro, junto con chismes de bufones de la corte o de septones que prestaban servicio en la capital.

Entre los muchos reinados que describe este libro, el que quizás resulte más interesante es el de Viserys I, al menos en lo relativo a su final, pues la muerte por enfermedad de dicho rey, quien dejó escrito que su heredera sería su primogénita Rhaenyra, desembocó en el conflicto bélico y sucesorio que se dio en llamar la Danza de los Dragones y que puso en jaque a todo Poniente.

La Casa del Dragón

La serie, cuyo showrunner es Ryan Condal, con George R. R. Martin haciendo de consultor, sobre todo en la primera temporada, y escribiendo algún que otro capítulo, adapta dicho conflicto, pero en forma de serie de televisión. Es decir, lo que aquí vemos no se enfoca como si fuera un rumor de un bufón o un chismorreo de un septón dado a escuchar conversaciones ajenas, sino como el auténtico pasado de Poniente.

Al igual que la parte del libro que esta serie narra, La Casa del Dragón comienza con Viserys I (Paddy Considine), rey de Poniente, cuya esposa Aemma solo le dio una hija, Rhaenyra (Milly Alcock/Emma D’Arcy), siendo imposible para ambos concebir hijos varones.

Es por ello que Viserys decide nombrar sucesora a su hija Rhaenyra, para frenar con ello las aspiraciones arribistas de su hermano Daemon (Matt Smith), apodado el Príncipe Canalla, quien habría sido el siguiente en la línea sucesoria de no haber realizado Viserys dicho movimiento.

Sin embargo, Viserys contrae nuevas nupcias con Alicent Hightower (Emily Carey/Olivia Cooke), miembro de la familia más influyente de los Siete Reinos en aquel momento, la cual le da varios hijos, tanto varones como mujeres: Aegon (Tom Glynn-Carney), Aemond (Ewan Mitchell), Daeron (Benjamin Evan Ainsworth) y Helaena (Phia Saban).

El hecho de que Rhaenyra sea mujer y se oponga a la ley tradicional que marcaría que su hermano Aegon debería ascender al trono, así como que la propia Rhaenyra, de adulta, haya tenido hijos ilegítimos con Harwin Strong, siendo su marido Laenor Velaryon, hará que, a la muerte de Viserys, se desate una guerra civil en la que el bando de los Negros (el de Rhaenyra) se enfrentará al bando de los Verdes (el de Aegon) a lomos de sus dragones por ganar el derecho a sentarse en el Trono de Hierro.

La Casa del Dragón

Con un material de base tan rico, pues si algo caracteriza al mundo ficticio creado por George R. R. Martin es que éste está construido con todo detalle, siendo especialmente interesante todo lo relativo a la historia de ese mundo previa a los hechos que se narran en Canción de Hielo y Fuego, uno hubiera esperado una serie de mayor calidad.

Y es que sí, La Casa del Dragón es mejor que las temporadas quinta en adelante de Juego de Tronos, en las que Benioff y Weiss convirtieron una serie muy interesante en un juego de constantes golpes de efecto e incoherencias narrativas que tan solo buscaban generar impacto en el espectador por encima de una calidad construida sobre una trama bien orquestada.

La Casa del Dragón

Pero La Casa del Dragón es también inferior a las primeras cuatro temporadas de la serie original, y ello porque Ryan Condal ha heredado esa necesidad de generar impacto de las últimas temporadas de Juego de Tronos, apresurando las tramas y dando al espectador muertes, acción y romances de alcoba que en no pocas ocasiones se construyen desde la nada y con una base argumental casi nula.

Por ejemplo, la primera temporada (que, a juicio de quien esto escribe, es la mejor de las tres hasta ahora emitidas) pasa muy pronto al conflicto sucesorio, con un cambio de actrices en Rhaenyra y Alicent muy temprano y unas relaciones entre personajes que no se construyen por las prisas que tiene la serie por comenzar con la Danza de los Dragones. Habría sido mucho más deseable que la primera temporada hubiera alargado la juventud de las dos protagonistas para que todo se construyera con mucho más mimo.

La Casa del Dragón

En la segunda y en la tercera lo que tenemos son unos capítulos iniciales y finales en los que sí que ocurren cosas que hacen avanzar la trama, pero un resto de capítulos muy anodinos en los que no es que la calidad brille por su ausencia porque la serie se aleje del material original o porque no ocurran cosas de interés, sino porque lo que se ofrece son enredos sin sentido que solo están ahí para dar paso al siguiente gran momento impactante.

En otro orden de cosas, tanto la Alicent como la Rhaenyra del libro son personajes mucho más viles y grises que las de la serie. Y el problema no está, de nuevo, en que la serie se aleje del material original, sino en que se quiere hacer a las protagonistas buenas para que no sean «empoderadas y villanas» y mantener así un feminismo impostado que tiene miedo de mostrar mujeres que, por ser malas, no son menos empoderadas.

Con todo eso, estamos ante una serie entretenida, muy entretenida. He visto las dos primeras temporadas dos veces, y posiblemente haga esto con la tercera cuando se acerque la cuarta (y supuestamente última temporada de la serie). Ello solo es posible cuando una obra es lo suficientemente interesante como para poder revisionarse, ya que en televisión estamos hablando de una media de diez horas por temporada, lo que se haría insufrible si la experiencia fuera negativa.

Pero el problema es que, como ya ocurría con Juego de Tronos, para HBO esto no es una serie entretenida con la que rellenar su parrilla anual. Esta es LA SERIE de gran calidad, la alta televisión que la propia cadena equipara a éxitos como Los Soprano, The Wire o A dos metros bajo tierra.

Y es por ello por lo que, como espectador, espero de esta serie algo más, mucho más que el mero entretenimiento, máxime cuando tenemos a Matt Smith como uno de los principales personajes, actor británico que ha cosechado éxito en grandes series de la historia de la televisión como Doctor Who o The Crown.

La Casa del Dragón

Y es que el reparto de la serie no está mal, nada mal. Los mencionados actores desempeñan muy bien sus papeles, haciendo muy creíbles a los personajes, pero se nota que los problemas son sobre todo de planteamiento inicial del argumento y de un guion que se realiza sin apenas esfuerzo, yendo casi siempre por el camino fácil.

Destacan especialmente los papeles del ya mencionado Matt Smith como Daemon, Milly Alcock como la Rhaenyra más joven, Paddy Considine como Viserys, Steve Toussaint como Corlys Velaryon, la Serpiente Marina, y Eve Best como Rhaenys Targaryen.

En lo relativo a la banda sonora, esta está llevada a cabo por Ramin Djawadi, quien ya trabajó en Juego de Tronos, teniendo esta serie una banda sonora muy similar a la de la serie principal, puesto que, de hecho, hereda su opening.

Respecto a la fotografía, el mexicano Alejandro Martínez es el responsable de la misma, creando una serie que en ese aspecto hereda lo mejor de Juego de Tronos y va un paso más allá. Ello se hace notar especialmente en los efectos especiales relativos a los dragones. Si en Juego de Tronos teníamos tres dragones, aquí tenemos una docena y, en lugar de tratarse del mismo diseño pero con distinto color, como le ocurría a Drogon, Viserion y Rhaegal, aquí cada dragón es distinto, lo que da un plus de calidad en ese aspecto a esta serie.

De este modo, nada tiene que ver Syrax, el dragón de Rhaenyra, con Fuegosol, cabalgado por Aegon, y desde luego ver a Aemond a lomos del colosal Vhagar (dragón que fuera originariamente la montura de Visenya, hermana y una de las esposas de Aegon el Conquistador) o a Daemon batallando en el serpentino Caraxes constituye un auténtico disfrute visual.

Todo ello hace de esta serie un must que no puedo evitar revisitar o ver tan pronto como se estrena cada temporada, pero que considero que está muy por debajo de la calidad que un producto así exige, máxime cuando El Caballero de los Siete Reinos ha demostrado recientemente que todavía se pueden hacer grandes series basadas en el mundo creado por George R. R. Martin.

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