
Los aliens revientan a Stormwatch
No es fácil encontrar este cómic, y muy probablemente nunca veamos su reedición por motivos de licencias y derechos. Para mí era una lectura necesaria. Dos simples motivos, ver a mis queridos WildC.A.T.s de nuevo, así como disfrutar de la aniquilación de unos personajes maluchos como eran Stormwatch de la mano de los xenomorfos. Se trata de una necesidad básica, sin más que añadir y sin ningún tipo de exigencia adicional de carácter cultural o meta filosófico. En definitiva, no quería pensar, solo disfrutar.
Cuando se habla del cómic estadounidense de los años 90, resulta imposible ignorar el impacto de WildC.A.T.s y Stormwatch, dos pilares fundamentales del universo WildStorm que, a su vez, formaba parte de la revolución editorial impulsada por Jim Lee y amiguetes tras su salida de Marvel y la fundación de Image Comics en 1992.
A principios de los años 90, la industria del cómic estadounidense vivía una auténtica fiebre especulativa.
Portadas brillantes (ojo con los brilli-brilli que molaban un montón), personajes hipertrofiados a nivel muscular con bíceps como melones y tramas al estilo de un blockbuster de Michael Bay pero con tipos duros y poderes tope guapos, copias calcadas de los de Marvel y DC. En ese contexto, varios artistas estrella abandonaron Marvel para fundar Image Comics, con la intención de tener control creativo total sobre sus obras; y ganar mucha pasta que al final no olvidamos que el dinero lo mueve todo, después del amor (eso dicen).
Uno de esos artistas fue Jim Lee, quien creó WildStorm Productions, sello bajo el cual nacerían WildC.A.T.s y Stormwatch. A diferencia de otros universos superheroicos más tradicionales, el de WildStorm se caracterizaba por un tono más militarizado, conspirativo y de ciencia ficción dura.
Pero… ¿quiénes eran los WildC.A.T.s? Eran un grupo de seres en un principio mejorados genéticamente o de origen alienígena, liderados por Spartan, un androide que recordaba al estirado de Scott Summers. Su origen está profundamente ligado a la guerra entre dos razas alienígenas: los Kherubim y los Daemonitas. Espionaje, guerras secretas, invasiones alienígenas y la llegada de Alan Moore fueron lo que impulsaron a esta serie y salvar muy dignamente los trastos en lo que en definitiva eran colecciones un poquitín mediocres en líneas generales.
Por su parte, Stormwatch era el patito feo. Se trataba de una organización respaldada por la ONU que operaba como fuerza de intervención global ante amenazas superhumanas o alienígenas. Stormwatch aportaba al universo WildStorm una dimensión geopolítica, pero sin grandes aspiraciones, todo sea dicho. Por qué era el patito feo, sencillamente por dos motivos, los guionistas, a pesar de Ron Marz, y el dibujo. Además, los personajes nunca llegaron a cuajar, no molaban tanto como Grifter o Zealot.
Por otro lado, la franquicia de Alien siempre ha sido sinónimo de horror, biología hostil y supervivencia extrema. Desde la película original dirigida por Ridley Scott hasta su expansión en cómics por Dark Horse, los Aliens han sido utilizados en múltiples crossovers.
El cruce con WildC.A.T.s resultó ser muy interesante. La historia gira en torno a una misión que lleva a los WildC.A.T.s a enfrentarse con una infestación de xenomorfos en la base de Stromwatch (en un principio se pensaba que eran daemonitas lógicamente siendo un tremendo guiño ya que estos bichos son parecidos como lo fueron El Nido en su momento). Como es habitual, en este tipo de relatos, uno de los aspectos más interesantes del crossover es cómo reduce a los WildC.A.T.s a una escala más vulnerable, como lo fueron los Marines Coloniales en Aliens: El regreso. Veremos como la poderosa Zealot no se encuentra en su salsa y su espada forjada en Kera (su planeta natas) es corroída por el ácido de los aliens. Frente a los xenomorfos, la fuerza bruta no siempre es suficiente. Esto humaniza a personajes que normalmente parecen invencibles.
Aunque el crossover se centra en los WildC.A.T.s, el contexto de Stormwatch es importante para entender el universo en el que ocurre.
Centrándonos en StormWatch, la serie fue un completo bodrio desde el principio. Se intentó darle un carácter propio e incluso una de las ideas que dio algo de oxigeno fue adelantar material en el número 9 de la colección regular bajo la batuta de Ron Marz, con un futuro cercano desolador para el grupo. No estuvo mal, pero fue insuficiente. También fue incluida en el gran crossover Fire from Heaven, que me dejó sin blanca a mi tierna edad adolescente.
Al final y con las ventas en picado, la jugada editorial más acertada fue confiar la serie a alguien capaz de escribir ciencia ficción superheroica sin complejos y con una mirada distinta; Warren Ellis.
Cuando StormWatch cayó en manos del británico, actuó como quien compra una casa antigua y decide reformarla de arriba abajo. Cambio la plantilla mediante un ERTE, modificó la relación de puestos de trabajo y redefinió poderes, y dotó a varios personajes de un profundidad más oscura y compleja. Además, introdujo nuevas figuras que en el futuro cercano serían clave para cohesionar su propio rincón dentro del sello WildStorm.
Warren Ellis dejó muy claro claro que iba en serio con lo que estaba cociendo, y cuando recibió el encargo de cruzar la serie con los xenomorfos de Ridley Scott y H. R. Giger, se frotó, muy seguramente las manos pensando en la despedida más brutal y espectacular que he visto de unos héroes, muy al modo y manera de lo que hizo Bendis años después sin necesidad de xenomorfos.
Terminando con esta reseña, debo decir que Chris Sprouse sienta bien al comic, y podemos disfrutar de un buen dibujo que no está a la altura de su Tom Strong, por ejemplo, pero que cumple con su cometido. Me ha gustado disfrutar de unos WildC.A.T.s reconocibles, sin embargo, yo hubiese optado por un dibujante de un trazo más sucio, o que hiciese uso de sombras, claro oscuros o, en definitiva, que hubiese jugado con esa oscuridad que sienta tan bien a los aliens.
El resultado final es un cómic entretenido, visualmente potente y temáticamente coherente, que, sin ser imprescindible, ofrece una lectura interesante para quienes son fans de The Authority. Os he de decir que me ha gustado, pero me he llevado un chasco tremendo al leerlo tras tantos años con ganas de hincarle el diente. Me hubiese gustado ver más violencia, ser más gore, disfrutar de la muerte de cada integrante que se cargó Ellis, y no ver sólo su cadáver. Pero bueno eso ya es una cosa mía, y para gustos los colores.
Lo mejor
• Muerte y destrucción.
Lo peor
• No poder ver como los revienta pechos destrozaban a la peña.













